{"id":43701,"date":"2023-11-14T15:41:02","date_gmt":"2023-11-14T15:41:02","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-11-14T15:41:02","modified_gmt":"2023-11-14T15:41:02","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-40","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-40\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (40)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43701\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 30<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ni tan blanca, ni tan fr&iacute;a.<\/p>\n<p>Mi cabeza contin&uacute;a morando sobre sus pies, y mis ojos a medio abrir, perpendicularmente otean esta silenciosa habitaci&oacute;n. En ella observo los agradables rayos matutinos que la invaden y de paso, transforman mi zozobra y la verg&uuml;enza, por igual nuestro sufrimiento, &ndash;y por ah&iacute; derecho, la furia suya&ndash; en una calma moment&aacute;nea que ambos precisamos para continuar sobreviviendo a este cataclismo.<\/p>\n<p>La proyecci&oacute;n luminosamente c&aacute;lida de esta ma&ntilde;ana, atraviesa los cristales de las puertas ventanas entreabiertas, con la colaboraci&oacute;n del viento que d&oacute;cil abanica los velos blancos, y que, con sus variadas cabriolas, crean sombras en las cer&aacute;micas del piso, extendiendo los contornos de los muebles, difumin&aacute;ndolos despu&eacute;s, otorg&aacute;ndome un distractor reposo bobo, pero liberador.<\/p>\n<p>La mudez de Camilo, m&aacute;s su respiraci&oacute;n atenuada luego de hacer sus descargos, y esta posterior falta de movimiento, me otorga un soplo de vida que preciso, para entre suspiro y suspiro, conseguir disipar de a poco mi llanto, y recapacitar en todo lo que acabo de escuchar. Nunca antes mis entra&ntilde;as se hab&iacute;an sentido tan heridas por sus reclamos. Jam&aacute;s llegu&eacute; a sospechar que Camilo se atreviera a buscarlo, para por supuesto, terminar por enfrentarlo. No dimension&eacute; la cat&aacute;strofe tan inmensa que causar&iacute;a en mi misma, si Camilo llegaba a enterarse de mis andanzas. Menoscab&eacute; su confianza, desmoron&eacute; en mi esposo su dignidad, haciendo trizas su masculino ego.<\/p>\n<p>Lo imagin&eacute; tantas veces, &ndash;aterrada y nerviosa&ndash; a solas mientras Camilo yac&iacute;a tan tranquilo y dormil&oacute;n, inocente a mi costado. En las primeras escenas, se me aparec&iacute;a ofuscado. En las otras tras enterarse del agravio, meditabundo. Y en las postreras, visiblemente destrozado. Me sent&iacute; mal, me culpaba por ello y por eso mismo, me esforc&eacute; por ocult&aacute;rselo. Pero ahora, escucharle y verlo sufriendo en vivo y en directo, todo ha sido mucho m&aacute;s impactante y arrasador. Continua mi mente visualiz&aacute;ndolas, repas&aacute;ndolas una y otra vez, como si las estuviera yo, leyendo en la pantalla de mi tel&eacute;fono m&oacute;vil, aunque ya est&aacute;n grabadas en mi memoria.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo&hellip; &Eacute;l&hellip; &iexcl;Es un mentiroso! Y t&uacute; no&hellip; &iquest;No le habr&aacute;s cre&iacute;do todo lo que dijo? &mdash;Barboteo, pues al parecer todav&iacute;a me hace falta tomar m&aacute;s aire, y apaciguar el llanto que persiste en horadar mis conductos lacrimales, mientras libero sus pies del peso de mi testarudez, y verticalizo mi morfolog&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Te&hellip; Te habr&aacute;s dado cuenta entonces, que no te ment&iacute;. &Eacute;l, por vanagloriarse delante tuyo, se invent&oacute; caprichosamente muchas cosas que no sucedieron o no fueron tan ajustadas a la realidad como te las expuso. &iexcl;No me desvirgo el culo, tan solo por darte un ejemplo! Fuiste t&uacute; el primero y a &eacute;l&hellip; A ese est&uacute;pido solo se lo di a probar la noche antes que nos despidieran. Cuando llegu&eacute; a casa el viernes, un poco antes de la alborada. &mdash;Llevo mi mano derecha primero a la altura de mi cuello. Luego sobre esta, la zurda, para con ambas comprimirme el gaznate y sentir como trago saliva.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Por favor, cr&eacute;eme algo m&aacute;s! Estuve siempre muy pendiente de K-Mena, y te aseguro que ella lleg&oacute; virgen al altar. Y sinceramente no creo que, a su regreso de la luna de miel con Sergio, despu&eacute;s ella&hellip; Hubiese tenido ganas de acostarse con &eacute;l. Me lo hubiera contado porque me ten&iacute;a confianza, as&iacute; como me detall&oacute; todo lo que sucedi&oacute; en San Andr&eacute;s, los cinco d&iacute;as que pasaron am&aacute;ndose, felices por tener finalmente, todo el sexo por el que aguardaron. S&eacute; que eso fue otra de sus mentiras, para hacerse ver ante ti, como el tipo irresistible de siempre. &iexcl;De eso estoy segura!<\/p>\n<p>Continua sin moverse, inanimado, mi amor agonizante. Mientras mis manos nerviosas pero vivas, descienden y bien abiertas, frotan de arriba para abajo, y viceversa, la piel desnuda de mis muslos.<\/p>\n<p>&mdash;Adem&aacute;s, luego de&hellip; De esa primera vez en su casa, &eacute;l quiso mantener conmigo el kit completo del cortejo. Pretend&iacute;a que, en la pantalla de su m&oacute;vil personal, un mensaje m&iacute;o lo despertara cada ma&ntilde;ana, o en el buz&oacute;n de voz del tel&eacute;fono empresarial, &ndash;antes de irme a la cama contigo&ndash; le diera a &eacute;l las buenas noches, con el sonido de un beso m&iacute;o para utilizarlo, no como somn&iacute;fero, sino para so&ntilde;ar conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto. Como era tu nuevo beb&eacute;&hellip; &iexcl;Te necesitaba! &mdash;Carraspeando todav&iacute;a acostado boca arriba, sumido a&uacute;n en su natural reconcomio, Camilo lanza roncas sus puyas, como salpicaduras de aceite hirviente en parab&oacute;licas trayectorias, colisionando por completo en mis o&iacute;dos, &ndash;tan ardientes all&iacute;&ndash; formando al instante ampollas dolorosas en mi alma.<\/p>\n<p>&mdash;A esos pedidos, me negu&eacute; rotundamente, &ndash;Cierro mis ojos y contin&uacute;o explic&aacute;ndole, asumiendo el ardor. &ndash; pues no quer&iacute;a convertir lo espor&aacute;dico, en un concubinato digital, ni muchos menos exponerme a que por su fanfarroner&iacute;a, o por descuido, otros ojos se dieran por enterados. &mdash;&iquest;Mejor levantarme para tomar ahora s&iacute;, de un solo trago lo que resta del c&oacute;ctel?<\/p>\n<p>&mdash;Y en el d&iacute;a, cuando coincid&iacute;amos en la m&aacute;quina expendedora del d&eacute;cimo piso, sin moros en la costa, o aprovech&aacute;ndonos de nuestras repentinas soledades en la sala de ventas de los apartamentos al sur de la ciudad, discretamente nos tom&aacute;bamos una y m&aacute;s de mil fotograf&iacute;as, encerrados o por la calle, abrazados o con nuestras manos juntas y los dedos bien arrunchados. Solter&oacute;n inconsciente y optimista, deseaba presumirme. Yo sensata y prohibida, inevitablemente terminaba por raparle el celular, y bajo amenazas de dar fin a nuestro incipiente amancebamiento, &ndash;y no frecuentar m&aacute;s el rect&aacute;ngulo de su cama&ndash; le borraba todas aquellas evidencias.<\/p>\n<p>&mdash;Mariana&hellip; &iquest;Puedes por favor, dejar de adornar tu romance? Me desagrada escucharte ya, hablar de ello. Mejor esfu&eacute;rzate por salvar en algo tu pellejo. &iquest;No te parece? &mdash;Me aconseja, recomponi&eacute;ndose un poco.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ok, ok! Lo siento, pero es que yo no sostuve ning&uacute;n romance, Camilo. En verdad lo que ocurri&oacute;, fue que &eacute;l se encaprich&oacute; conmigo, y de mi parte solo fue una relaci&oacute;n incidental; solo fue un recurso utilizado para mi conveniencia y por ello, dej&eacute; de tener contacto con &eacute;l tras nuestro despido, y esas putas&hellip; Esas fotograf&iacute;as no quieren decir nada. &ndash;Y temblorosas mis piernas, soportan el peso del tronco, y esta testa les ordena avanzar hasta acercarme a la bandeja. &ndash; Ni siquiera pens&eacute; que las utilizar&iacute;a para decorar esas insociables paredes. Es un embustero t&iacute;pico, un arrogante consumado, y frente a ti, exager&oacute; e invent&oacute; cosas para seguir exhibi&eacute;ndose, como el puto amo y macho conquistador, que tanto te ofend&iacute;a. Solo fanfarroneaba frente a ti.<\/p>\n<p>&mdash;Si se decidi&oacute; a utilizarlas, fue debido a la necesidad de superar la soledad en la que siempre ha vivido y que te he contado, pero las colg&oacute; para seguir vanaglori&aacute;ndose ante los dem&aacute;s de su liderazgo y sus aires de indispensable. Siempre quiso impresionar a quienes le rodeaban. &iexcl;Hacerse notar! Te consta. Sentirse el centro de atracci&oacute;n para todo el mundo, era su ilusi&oacute;n y su medicina, porque realmente est&aacute; solo y eso le aterra. &mdash;Este primer sorbo ya no quema, ni le hace cosquillas a mi garganta. &iquest;Mis cigarrillos? &iexcl;Ahh, s&iacute;. &iexcl;En la mesita redonda!<\/p>\n<p>&mdash;Y as&iacute; pas&oacute; contigo. Exactamente lo comprob&oacute; con tu visita, ya que en ti hall&oacute; lo que buscaba conseguir, colgando esas malditas fotograf&iacute;as. Quer&iacute;a que le preguntaran, &ndash;como lo hiciste t&uacute;&ndash; para saber qui&eacute;nes eran los que le acompa&ntilde;aban, pero eso t&uacute; ya lo sabias. &iquest;D&oacute;nde fueron tomadas? Ser&iacute;a la siguiente inquietud para que &eacute;l, con toda su petulancia a flor de piel, la despejara. Sin embargo, la mayor&iacute;a de los escenarios los reconoc&iacute;as, salvo uno. Ese &uacute;ltimo retablo, tan cuadrado y bien centrado, &ndash;obviamente con premeditaci&oacute;n&ndash; ser&iacute;a el s&uacute;mmum de los cuestionamientos para su egolatr&iacute;a. &iexcl;&iquest;Cual, de todas sus hembras, era la mujer que el besaba?!<\/p>\n<p>&mdash;Y entonces all&iacute; contigo, cometi&oacute; el tr&aacute;gico error, al ufanarse de ser el due&ntilde;o de lo que, para este coraz&oacute;n y esta mente, nunca fue de &eacute;l. &iexcl;Jajaja! Pavone&aacute;ndose frente al verdadero due&ntilde;o. Me lo imagino y me causa gracia. &iexcl;S&iacute;, s&iacute;! Tuvo que ser un baldado de agua fr&iacute;a para su calenturienta pedanter&iacute;a. &mdash;&iexcl;Buaghh! Este trago, ya no sabe a nada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y sabes porque m&aacute;s, te digo que te minti&oacute; y exager&oacute; todo? Porque su novia, la tal Grace, nada m&aacute;s ni nada menos, era la esposa del due&ntilde;o de la constructora y madre de uno de los socios, y tras ser descubiertos, con seguridad ella tambi&eacute;n, arrepentida u obligada, lo habr&iacute;a desechado. &Eacute;l se estaba pichando a una mujer casi veinte a&ntilde;os mayor. &iexcl;A una vieja que podr&iacute;a ser su madre!<\/p>\n<p>Me fijo en la botella de tequila, qu&eacute; todav&iacute;a encierra en su fondo, algunos mililitros del ardor que me urge para proseguir con mi defensa.<\/p>\n<p>&mdash;Con seguridad tenia magullado su ego, porque yo igualmente, no lo busqu&eacute; m&aacute;s. Exactamente eso fue lo que le sucedi&oacute;, las semanas siguientes, cuando me reclam&oacute; que no le prestaba atenci&oacute;n por estar pendiente de La Pili, y los otros negocios que hab&iacute;a realizado aquel puente festivo. Luego de que lleg&aacute;ramos de trabajar en Pe&ntilde;alisa, me dediqu&eacute; exclusivamente a finiquitar mis negocios y a &eacute;l lo dej&eacute; aparte. Eso le molest&oacute;. &mdash;&iexcl;Ouchh! En verdad quema.<\/p>\n<p>&mdash;Ummm, como te dec&iacute;a. Se enfad&oacute; porque no volv&iacute; a salir con &eacute;l a solas, o al bar con ellos, los dos viernes siguientes. &iexcl;Y te consta, Camilo!, porque hasta muy tarde, despu&eacute;s de dejar dormido a Mateo en su cama, los d&iacute;as de esas dos &uacute;ltimas semanas, t&uacute; mismo me colaboraste al organizar y armar los dossieres, con toda la informaci&oacute;n financiera para presentarlos a los bancos y a la fiduciaria, y de esa manera, conseguir cerrar ese mes como la primera en ventas. &mdash;Ni afirma ni lo niega.<\/p>\n<p>&mdash;Adem&aacute;s yo, a partir de noviembre, me propuse a como diera lugar, cerrar el negocio de Mar&iacute;a del Pilar, y darle a Diana esa buena noticia cuando regresara de sus vacaciones. &mdash;Abandono la habitaci&oacute;n y la botella por un momento, para encenderme un cigarrillo.<\/p>\n<p>Con la primera aspirada, reteniendo el humo en los pulmones, me ubico bajo el marco de las puertas ventanas y observo a Camilo, que me escucha y medita con sus ojitos cerrados. S&eacute; que no me creer&aacute; tan f&aacute;cilmente, pero&hellip; Le intentar&eacute; explicar.<\/p>\n<p>&mdash;Ese beso fue otra actuaci&oacute;n, una simulaci&oacute;n de d&oacute;cil entrega para ambos. Pero sobre todo para Eduardo. Ese malparido &aacute;ngel guardi&aacute;n, se encontraba feliz por haber concretado los dos negocios m&aacute;s grandes e importantes para el equilibrio financiero de la constructora. S&iacute;, mi cielo, me viste besarme con &eacute;l en esa foto, en aquel &uacute;ltimo viaje a La Heroica. La miraste y te llenaste de odio, decepci&oacute;n y resentimiento, con justa raz&oacute;n. Aquella instant&aacute;nea tomada por Eduardo, &ndash;curiosamente algo embriagado&ndash; le confirmaba a tu razonamiento, que todos tus recelos estaban bien fundamentados. &mdash;Camilo, apoy&aacute;ndose en ambos antebrazos, despega la espalda del colch&oacute;n, interesado en escuchar bien, mi defensa.<\/p>\n<p>&mdash;M&aacute;s lo &uacute;nico que debes observar, ahora al recordarlo, es que hab&iacute;a conseguido finalmente mi objetivo. El de mantenerlo interesado exclusivamente en m&iacute;, hasta enamorarlo con la intenci&oacute;n de destrozarlo desde adentro primero, y con suerte, m&aacute;s algo de ayuda extra de parte de Carmencita, unos d&iacute;as despu&eacute;s de que nombraran a Eduardo como gerente de ventas a nivel nacional, &ndash;mirando los resultados y mi curr&iacute;culum v&iacute;tae&ndash; la junta directiva con seguridad me elegir&iacute;a como su reemplazo al mando del grupo de ventas de Bogot&aacute; y la zona central.<\/p>\n<p>&mdash;Pero hubo un flagrante error en tus c&aacute;lculos, en los de Eduardo y en los de ese Don Juan de vereda. &iquest;No fue as&iacute;? &mdash;Me replica Camilo, levant&aacute;ndose de la cama.<\/p>\n<p>&mdash;Efectivamente, no contaba con&hellip; una investigaci&oacute;n a nuestras andanzas. &ndash;Y aunque Camilo quiere intervenir, no le dejo interrumpirme y prosigo. &ndash; Pero por eso mismo quiero que te quede muy claro que no sent&iacute; por Jos&eacute; Ignacio, nada tan fundamental como para desequilibrar mi amor por ti. Me gust&oacute; f&iacute;sicamente cuando lo vi, pero me disgusto su personalidad cuando lo conoc&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Por mi deseo de salir de casa, para hacer con mi vida algo m&aacute;s que ser &uacute;nicamente un ama de casa, no ca&iacute; en cuenta de que, entre mis nuevas obligaciones laborales y tu ascendente carrera en la constructora, nos distanciar&iacute;amos sutilmente con el tiempo, poco a poco, y exactamente al contrario de lo que Fadia, me hab&iacute;a hecho imaginar. Y entonces permit&iacute;, que aquella rutina diaria por el dulce sabor al triunfo, se convirtiera en esa toxina, que gota a gota, y descuido tras descuido, &ndash;todos m&iacute;os, pero con culpa de terceros&ndash; envenenara nuestra relaci&oacute;n, hasta casi matarla.<\/p>\n<p>&mdash;Perd&oacute;name, mi amor. &iexcl;Perd&oacute;name! Antepuse primero, al amor que me ofrec&iacute;as sin dilaciones, una liberaci&oacute;n injustificada. Todo fue culpa m&iacute;a como ya has escuchado de mi boca. T&uacute;, mi amor, jam&aacute;s tuviste que ver con mi ca&iacute;da, y mucho menos, nada pudiste hacer para evitar asistir a mi sepelio. Fui una est&uacute;pida ego&iacute;sta, alej&aacute;ndote del manejo en com&uacute;n de mi estilo de vida. Una vil prostituta, que vivi&oacute; los &uacute;ltimos meses seg&uacute;n mis vanidosas creencias, actuando seg&uacute;n mis peculiares pensamientos, y con sentimientos contradictorios, pues respetaba las ideas de los dem&aacute;s, siempre y cuando no interfirieran con las m&iacute;as, incluido tu parecer. &mdash;Continua de pie, sin dar otro paso, pegado al borde de la cama y sin&hellip; &iexcl;Sin mirarme!<\/p>\n<p>&mdash;No involucr&eacute; sentimientos de cari&ntilde;o, mucho menos de amor por &eacute;l. &iquest;L&aacute;stima? Efectivamente algo de eso existi&oacute;. Un sentimiento de pesar y compasi&oacute;n por su situaci&oacute;n, pero hasta ah&iacute;. El resto fue pura pantomima. Y est&aacute; bien que no lo creas, y que pienses que te miento por f&iacute;sica necesidad de limpiarme algo de este asqueroso fango. Y s&iacute; a eso que sent&iacute; por &eacute;l, le quieres poner el rotulo de otro tipo de inter&eacute;s, perfecto, m&aacute;s yo s&eacute; muy bien que no fue as&iacute;. Estabas perdido y totalmente equivocado, mi vida, por la enquistada comparativa, machista y tan viril, de toda la vida.<\/p>\n<p>&mdash;Con ese idiota, nunca te fui infiel sentimentalmente, pues no lo dese&eacute; como hombre, porque m&aacute;s macho que t&uacute;, nunca lo fue. &mdash;Ahora s&iacute; me mira fumar, estupefacto.<\/p>\n<p>Claudicando, Mariana con los ojos h&uacute;medos y sus azules brillos desconsolados, descuelga un brazo sobre su cadera derecha. La otra mano, mantiene el pico de la botella de tequila, apoyada sobre su labio inferior y en el borde de este, la rodada gota cristalina que duda entre despe&ntilde;arse por ese abismo de carne, o bordearlo por la comisura izquierda y ser bebida junto al siguiente sorbo.<\/p>\n<p>&mdash;En su lugar, cielo, y aqu&iacute; quer&iacute;a llegar, si por alguien pudiste llegar a temer en verdad perderme, obviamente si te hubieses dado cuenta, y a trav&eacute;s de todo mi envilecido periplo, llegando a sentir algo m&aacute;s que corp&oacute;reo, fue por, y hacia ella.<\/p>\n<p>En su mirada derrotada, y dentro de su garganta seguramente llena todav&iacute;a de m&aacute;s palabras, que pugnan por salir de su boca con otras explicaciones que no ha querido darme, detecto con bastante claridad, el enrevesado camino por donde ella desea continuar. Racional para ella, incongruente para m&iacute;. &iexcl;Tambi&eacute;n me han entrado las ganas de fumar!<\/p>\n<p>&mdash;Mi prioridad era sentirme a gusto con esa mujer interior, que era tan admirada exteriormente por mi belleza y por mis &eacute;xitos laborales. Y tu&hellip; T&uacute;, mi vida, nunca hubieses compartido el ata&uacute;d que me fabriqu&eacute;, para seguirme por tu amor hasta esa maldita eternidad, cumpliendo con todos mis caprichos, como siempre lo hac&iacute;as. Jam&aacute;s estuviste de acuerdo con mi est&uacute;pido desvar&iacute;o laboral, y ni hablar de mi rezagada quimera sentimental los &uacute;ltimos meses que estuvimos juntos.<\/p>\n<p>&mdash;Pues a ver, Mariana. A m&iacute; s&iacute; me gustar&iacute;a saber&#8230; &iquest;Cu&aacute;l fue esa necia utop&iacute;a que no llev&eacute; a cabo contigo? Por qu&eacute; yo, lo hice todo contigo. Lo que te propuse, y hasta donde quisiste llegar o dejarme hacerte. &iquest;O no? &mdash;Le consulto mientras me encamino hacia el balc&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Intercambiar parejas, Camilo!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;Queee?! &iexcl;Eso jam&aacute;s! Nunca se me cruz&oacute; por la mente&hellip; Cederte y&hellip; Verte&hellip; Escucharte, o&hellip; &iexcl;No! Simplemente no. &mdash;Le respondo completamente asombrado, y con el cigarrillo entre mis dedos, a&uacute;n sin encender.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Lo ves? Y aunque yo lo present&iacute;a, tambi&eacute;n ve&iacute;a en ti una necesidad de aventura, una adicional fantas&iacute;a, para excitarte mucho m&aacute;s, cielo. Cuando ve&iacute;amos esas pelis porno, t&uacute;&hellip; Se te ve&iacute;a el fuego en la mirada, y entonces cre&iacute; que a ti&hellip; Es que te pon&iacute;as tan cachondo, Camilo, al ver como a la protagonista se la cog&iacute;an entre dos o con otra mujer, y explotabas con tanta pasi&oacute;n dentro m&iacute;o, que yo&#8230; Llegu&eacute; a pensar que te gustar&iacute;a probarlo alg&uacute;n d&iacute;a. &mdash;La llamarada de su encendedor, flashea sus labios y tras una humareda blanca y espesa, su mirada contrita y la boca abierta, me advierten que ha pensado en algo y est&aacute; por intervenir.<\/p>\n<p>&mdash;Obviamente era lujuriosamente l&uacute;dico, verlas contigo. Probamos ciertas poses viendo en la pantalla, o despu&eacute;s de ver a esos actores en acci&oacute;n, utilic&eacute; contigo como complemento de la escena, uno de esos juguetes que te compraste, pero solo hasta ah&iacute;. Jug&aacute;bamos a ser tres, y a tener una fantasiosa inclusi&oacute;n, m&aacute;s nunca tuve la&hellip; &iexcl;No ten&iacute;a la intenci&oacute;n de permitir que otro hombre te pusiera las manos encima! Yo, Mariana, estaba feliz con nuestra mon&oacute;gama relaci&oacute;n. Me bastabas t&uacute; y nuestros er&oacute;ticos juegos. Contigo a medio desnudar, era m&aacute;s que suficiente para mi diversi&oacute;n. Por eso te entregu&eacute; todo mi amor, con deseo y, sobre todo, con respeto. Te fui fiel hasta&hellip; &iexcl;Hasta donde m&aacute;s pude!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Acaso llegaste a pensar, que me hubiera gustado compartirte con ese Playboy de playa? &iexcl;Mierda, que puta locura! &iquest;Y yo con quien lo har&iacute;a? &iquest;Con su dichosa novia, la esposa de don Octavio? &iexcl;Por favor, Mariana! Parece que perdiste el tiempo conmigo, psicoanalizando mi gusto sexual, y yo el m&iacute;o contigo, durmiendo con una mujer que internamente era tan extra&ntilde;a. Cre&iacute; que nos conoc&iacute;amos.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, cielo. Con ese est&uacute;pido, &iexcl;Jam&aacute;s de los jamases! Pero&hellip; Fue con esa otra persona, con la que s&iacute; llegu&eacute; a fantasear, pensando seriamente en c&oacute;mo, cu&aacute;ndo y en donde hacerlo, los tres. Pero varias veces en nuestra cama, mientras me hac&iacute;as el amor, al insinu&aacute;rtelo, rechazaste de plano si quiera intentarlo.<\/p>\n<p>&mdash;No me vas a culpar por eso. Fantasear no es lo mismo que actuarlo en la realidad. Disfrutar esas escenas de vez en cuando, no son un inconveniente, mientras las mantengas reguardadas en tu cabeza. Todo se val&iacute;a, mientras las manej&aacute;ramos entre nosotros, dentro de nuestros &iacute;ntimos espacios, en la privacidad de nuestro mundo. Pero Mariana, al volverlas realidad, haciendo esas entregas tan tangibles, existir&iacute;a el peligro de que aquello que nos gustaba imaginariamente, al ver c&oacute;mo, efectivamente se cumplir&iacute;a con otras personas, en verdad nos har&iacute;an sentir terriblemente mal, al menos en mi caso. Porque eso me llevar&iacute;a inevitablemente a evaluar mi desempe&ntilde;o y preguntarme&hellip; &iquest;Qu&eacute; me hace falta para que mi mujer lo busque en otros?<\/p>\n<p>&mdash;Y la &uacute;nica respuesta a ese intento de placer ego&iacute;sta tuyo, pero compartido por m&iacute; para darte el gusto, seria sentirme, como me sucedi&oacute; contigo sin verte, &ndash;aunque sospech&aacute;ndolo los &uacute;ltimos d&iacute;as de febrero&ndash; castrado emocionalmente. &mdash;Termino por acl&aacute;rale mi posici&oacute;n al respecto.<\/p>\n<p>&mdash;Ok. A ver. Jos&eacute; Ignacio me gust&oacute;, f&iacute;sicamente, s&iacute;. Pero detest&eacute; siempre su manera de ser tan presumido, y a pesar de equilibrar un poco la balanza debido a su conmovedora historia de vida, nunca se me pas&oacute; por la mente que fuera con &eacute;l. &iexcl;Ni loca! Esa persona, la que s&iacute; me llam&oacute; poderosamente la atenci&oacute;n fue&hellip; Esa otr&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;D&eacute;jame adivinar. &iquest;Te movi&oacute; el piso ella? &mdash;La interrumpo, y la observo asentir con firmeza.<\/p>\n<p>&mdash;Mar&iacute;a del Pilar, es a sus 40 y tantos a&ntilde;os, una mujer especial y &uacute;nica. Amada por cientos de seguidores en sus redes sociales y odiada por los detractores que objetan sus puntos de vista, bastante socialistas eso s&iacute;. Aparte de llamar la atenci&oacute;n por los rizos apretados de sus cabellos, su cara ovalada y de tez blanca como la m&iacute;a, con algunas arrugas visibles en el cuello y las patas de gallina apenas notorias al final de sus p&aacute;rpados, por encima de eso, es m&aacute;s atrayente por su personalidad arrolladora y su car&aacute;cter afable pero decidido frente a las c&aacute;maras y los micr&oacute;fonos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te estas escuchado Mariana? Eres igualita a ese malparido siete mujeres. Esa diva tan famosa, tiene la edad suficiente para ser tu madre. &iexcl;Por favor!<\/p>\n<p>&mdash;Pues s&iacute;, tienes raz&oacute;n. &iexcl;Podr&iacute;a ser, m&aacute;s no lo es! Muy pocas mujeres ostentan esa gracia suya tan enigm&aacute;tica, al hablar tan claro solicitando algo sin amedrentarse. Lo que le llama la atenci&oacute;n, lo qu&eacute; le gusta y lo que no, lo va soltando sin preocuparse del que dir&aacute;n. Las opiniones le resbalan, &ndash;como si estuviese toda ella recubierta de tefl&oacute;n&ndash; gracias a sus a&ntilde;os siendo la vedette de los programas de televisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Desde que nos conocimos, nos sobraron las palabras para expresar la amigable sororidad que entre las dos surg&iacute;a. Al observarla detalladamente, escondidos entre sus alocados pensamientos, tras los rizos apretados sobre la frente, flojos y ondulantes por debajo de los hombros, sus ojos inmensos y grises, destacando sobre uno de ellos, un leve corte en su ceja izquierda, su personalidad emancipada, liberal, curiosa, e impetuosa me fue envolviendo y ella&hellip; &iexcl;Me cautiv&oacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Incre&iacute;ble. &iexcl;&iquest;Que puta locura es esta?!<\/p>\n<p>&mdash;M&aacute;s, sin embargo, esa sonrisa de ficticia felicidad, ocultaba a los flashes de las c&aacute;maras y al calor de las luminarias en el set del telediario, o en las portadas de las revistas donde la entrevistaban, un alma rota. Y a pesar de aparentar en las pantallas, ser tan f&aacute;cil de amar y, por lo tanto, hacerse desear, realmente en su intimidad era otra. Complicada y dif&iacute;cil de comprender para aquellos que no la ten&iacute;an tan de cerca.<\/p>\n<p>&mdash;De figura esbelta, carne firme, boca besable, piel blanca ligeramente bronceada desde la base del cuello hacia abajo, con sus pechos peque&ntilde;os pero muy firmes, como los ten&iacute;a yo antes; pezones de un rosa oscuro, duros, erectos al instante de sentir un leve roce, y el vientre plano, ligeramente marcado, indicando a la visi&oacute;n de quien se lo observara, el camino hacia un pubis ani&ntilde;ado, depilado por completo, y con los labios mayores de su vagina, floreciendo como p&eacute;talos de un bello tulip&aacute;n, destacando en medio del arco que se le forma en la parte alta de sus muslos. Todas esas caracter&iacute;sticas la convirtieron tras varios encuentros furtivos, en una de mis fantas&iacute;as sexuales favoritas. Y all&iacute;, donde t&uacute; no ten&iacute;as cabida al principio, con esos comienzos ego&iacute;stas, me llegu&eacute; a asustar.<\/p>\n<p>&mdash;Fue tan avasallador el sentimiento por querer estar continuamente a su lado, que necesit&eacute; urgentemente hablarlo con alguien m&aacute;s. Pens&eacute; confesarme con una de mis amigas de la universidad, pero la cercan&iacute;a y amabilidad de Iryna, me hicieron decantarme por ella y, confesarle esas ultimas sensaciones; por supuesto, revelarle mis comienzos de puta obligada e infiel esposa por mi est&uacute;pida idea de venganza y protecci&oacute;n, as&iacute; que una tarde al comenzar diciembre, sentadas en el parque, mientras Mateo jugaba con sus amiguitos, le hice un resumen de todo y en parte descans&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces, nuestra vecina rusa, ya lo sab&iacute;a todo&hellip; &iquest;Cuando pas&oacute; lo nuestro?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, Camilo. Creo que, por eso mismo, Iryna se tom&oacute; la licencia de meterse contigo. La enter&eacute; de buena parte de mi agon&iacute;a pasada y luego de c&oacute;mo, La Pili, se convert&iacute;a con el pasar de los d&iacute;as en una de mis clientas preferidas, aunque su compra no la tuviera muy definida. Le confes&eacute; que me gustaba estar cerca de ella y compartir sus charlas hablando sobre el arte contempor&aacute;neo, escucharla cantar baladas rom&aacute;nticas en portugu&eacute;s, y pasar tiempo admirando su hermosura, respetando sus silencios mientras se fumaba varios porros, repas&aacute;ndose con la punta de la lengua los labios, al tomarse dos copas seguidas de vino tinto, porque la relajaba y de paso, le llegaban a su mente im&aacute;genes con ideas que la pon&iacute;an muy cachonda.<\/p>\n<p>&mdash;Fueron varios los momentos inicialmente, en que mi mente, &ndash;estando las dos rodeadas de muchas personas&ndash; la imaginaba sola para m&iacute;&hellip; Para el deleite de mi boca y las manos, deseando recorrer sin premura esas piernas largas y llamativas, vigorosas y encantadoras, sin llegar a ser muy membrudas, que la destacaban en la pantalla chica. Dej&eacute; que mis deseos dominaran mi racionalidad, solo por ella, aceptando pasar ratos largos sometida a sus caprichos, y que usara mi cuerpo para su placer. En verdad, para nuestro com&uacute;n gozo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Desde cu&aacute;ndo sucedi&oacute;? &iquest;Fue cuando viajaron a Villa de Leyva?<\/p>\n<p>&mdash;No. Ese viaje, inicialmente no tuvo nada que ver. El primero y el segundo fueron estrictamente laborales. Sin embargo, esos dos, reafirmaron la atracci&oacute;n inicial que nos conect&oacute;. Fue en La Candelaria, donde me sedujo al mostrarme otro mundo. El suyo tan oculto. Y para el tercer viaje a su casa, todo se concret&oacute;. &mdash;La expresi&oacute;n de asombro en Camilo, lo dice todo. No se imaginaba algo as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Una llave antigua, &ndash;contin&uacute;o aclar&aacute;ndole&ndash; de aquellas tan cl&aacute;sicas, consistente de una pieza cil&iacute;ndrica perforada, en forma de tubo, con una paleta acanalada al final, con tres &uacute;nicos dientes al costado como clave, y al otro extremo la parte ancha en forma de tr&eacute;bol, esmeradamente tatuada en el foso de su codo izquierdo, fue la entrada que me ofreci&oacute; a la intimidad de su mundo. Bueno, no solo a m&iacute;, tambi&eacute;n a F&eacute;lix, el gerente del banco, y permitirle atisbar un poco, por puro morbo, al malparido de Eduardo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo as&iacute;? &iquest;Un tatuaje para qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Su negocio se me estaba complicando, y una tarde en la oficina, est&aacute;bamos F&eacute;lix, Eduardo y yo analizando su perfil crediticio, busc&aacute;ndole una salida. Ella lleg&oacute; sola, sin su pareja, y sin esperar a ser anunciada, ingres&oacute; y salud&aacute;ndonos de mano, se sent&oacute; a mi lado. Escuch&oacute; todos los impedimentos, y por supuesto reneg&oacute; de la opci&oacute;n de hipotecar su propiedad en Villa de Leyva para subsanarlos. Sin llegar a un acuerdo, se levant&oacute; y gui&ntilde;&aacute;ndome un ojo, inicialmente me invit&oacute; exclusivamente para ver junto a ella, una obra de teatro. Pero como ellos estaban atentos y los dos la escucharon, les extendi&oacute; por igual la invitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cuando fue eso?<\/p>\n<p>&mdash;Las noches de los mi&eacute;rcoles eran tuyos. &iquest;No? Los jueves y los viernes, los m&iacute;os. &iquest;Recuerdas? Un mi&eacute;rcoles a mitad de noviembre, Eduardo te llamo, se disculp&oacute; y te dijo que ir&iacute;a conmigo a un evento al que nos hab&iacute;an invitado. Luego hablamos tu y yo, para confirmarte la versi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No tengas miedo, preciosa! &mdash;Me dijo cu&aacute;ndo al terminar la funci&oacute;n teatral, dejando a su pareja disfrutar junto a los actores, de los aplausos y los brindis, me dej&eacute; arrastrar por ella hacia las calles empedradas del a&ntilde;ejo barrio, escoltadas dos pasos m&aacute;s atr&aacute;s, por el gerente y por supuesto, por mi pervertido &aacute;ngel guardi&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;De hecho, aunque ahora te parezca que andamos solas, hay suficientes ojos, pendientes de cuidar nuestros movimientos. No te preocupes, existe bastante seguridad privada, pues mucho turista viene por ac&aacute;. Por eso, a los que, a estas horas de la noche veas recorrer estas laber&iacute;nticas v&iacute;as, &ndash;como nosotras&ndash; no son tan despistados como tal vez lo llegues a pensar, mi hermosa Blanca Nieves. &mdash;Le &laquo;cuchilleaba&raquo; a mi oreja derecha y los vellos de mi nuca erizados, respond&iacute;an a su calurosa voz.<\/p>\n<p>&mdash;Lo matutinos rubiecitos ojiazules, tan longil&iacute;neos con sus mochilas a cuestas, tal vez s&iacute;. O quiz&aacute;s sean los mismos, &laquo;mu&ntilde;equita&raquo;, solo que aprovechan la luz del d&iacute;a para hacer los contactos necesarios, y beneficiarse de las sombras nocturnas, con la secuaz estrechez de las calles, para ubicar con tranquilidad a quien les dispense la droga que ans&iacute;an desde temprano, y algo de la extrema acci&oacute;n sexual que desean ver y practicar. &mdash;Enfatiz&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;La Pili, se esmer&oacute; en guiarnos, mientras yo, debido a los altos tacones de mis zapatos, hacia equilibrio con ellos, caminando sobre las piedras romas y humedecidas de las ce&ntilde;idas calles. &mdash;Camilo toma el cenicero y al estar recostado sobre la baranda de madera, lentamente se deja caer al suelo, escuch&aacute;ndome con atenci&oacute;n, mientras de sus labios no se quiere apartar, el tramo amarillo de su cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Hay mucho &laquo;pirobito&raquo; homosexual dispuesto, querida, y &laquo;combos&raquo; de muchachitas menores de edad, que ofrecen sus servicios de compa&ntilde;&iacute;a mediante tarjetas de presentaci&oacute;n. La mayor&iacute;a son administradas por gente adinerada, que tambi&eacute;n alquila las habitaciones de estas casas, para consumar la perdici&oacute;n. Y otras edificaciones, son prestadas para organizar fiestas y eventos como al que vamos a asistir, sin mayores reparos, pues son herencias familiares casi abandonadas, salvo los fines de semana. Fachadas de casas viejas, pero por dentro coraz&oacute;n, sus estructuras se utilizan para otros cuentos.<\/p>\n<p>&mdash;Lloviznaba todav&iacute;a, cuando se detuvo frente a un portal de madera, totalmente pintado de verde manzana. F&eacute;lix y Eduardo nos flanquearon, y escucharon con claridad el final de su descripci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pero tambi&eacute;n viven personas muy cultas y bastante intelectuales, sibaritas refinados, escritores bohemios, m&uacute;sicos y artistas, sin distinguir sin son los m&aacute;s famosos en la Tv, o los influyentes miembros de las redes sociales. Tambi&eacute;n concurren los an&oacute;nimos maestros, en el callejero arte de divertir a los transe&uacute;ntes, y sobrevivir a la inclemencia del d&iacute;a, mendigando sus monedas. Con todos ellos, hemos formado una especie de club privado, para conversar de arte y poes&iacute;a, intercambiar conceptos filos&oacute;ficos, y discutir tesis sobre la &eacute;tica o las costumbres de culturas lejanas, con varios amigos extranjeros. Incluso hemos llegado a sorprendernos con algunas pr&aacute;cticas que han estado perdidas. Y ya entrada la madrugada, en ocasiones muy puntuales, tratamos de satisfacer otros temas de nuestro inter&eacute;s. &mdash;Y al concluir su explicaci&oacute;n, con tres golpes dio a conocer al interior de aquella casa, su llegada.<\/p>\n<p>&mdash;Una peque&ntilde;a ventana se abri&oacute;, y ella arremang&aacute;ndose la esquina del chal y luego la manga de su blusa tejida en lana, frente a ella coloc&oacute; aquel tatuaje, y los goznes de la puerta chirriaron macabramente, cedi&eacute;ndonos el paso. Ya dentro en una circular estancia, el hombre y la mujer que nos dieron la muda bienvenida, recogieron los abrigos y los sacos, su bolso y el m&iacute;o. Sin cedernos el paso, ni decir ni una sola palabra, nos indicaron que, sobre una bandeja de plata, dej&aacute;ramos nuestros tel&eacute;fonos celulares.<\/p>\n<p>&mdash;La privacidad es un derecho fundamental, y m&aacute;s en este lugar, mi peque&ntilde;a Blanca Nieves. &mdash;Asent&iacute; sonriente, y todos acatamos la orden.<\/p>\n<p>&mdash;El fr&iacute;o de la calle, all&aacute; dentro ya no se sent&iacute;a. Yo la segu&iacute; primero, y detr&aacute;s de m&iacute;, ellos dos. La minifalda con la que exhib&iacute;a sus piernas, era tan corta que, por momentos, al caminar delante m&iacute;o, pod&iacute;a verle la raya divisoria en sus nalgas, y hacerme imaginar su &laquo;fundillo&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Al fondo de un luengo pasillo, cruzando el patio central, con su antiqu&iacute;simo pozo de piedra caliza, &ndash;de al menos metro y medio de di&aacute;metro, rodeado por un bosque de frondosos cedros y arrayanes&ndash; ambarinas luces y estruendosas risas, parec&iacute;an darnos la bienvenida, mientras en el ambiente aleda&ntilde;o, el aroma a Palo Santo y una niebla bastante espesa pero baja, como la que se usa en las discotecas, nos aguardaba, tres o cuatro metros m&aacute;s adelante.<\/p>\n<p>Mariana hace una pausa en su relato, y en frente m&iacute;o, contra el vidrio de la puerta ventana, igualmente deja resbalar su espalda y termina por acomodar sus piernas, semi dobladas, en medio de las m&iacute;as. Estira su brazo y en el cenicero con delicadeza, deja que se apague sola la colilla. Se frota las manos. Observa con detenimiento las caricias que las yemas de los dedos de su mano diestra, realizan sobre la palma y las falanges de la izquierda. No se cubre la entrepierna y se la veo, tan suave y lisa, con los pliegues bien cerrados, como asumiendo desde ya, nuestra triste despedida.<\/p>\n<p>&mdash;En el solar de aquella casa, ya estaba armado un toldo, o quiz&aacute;s para acl&aacute;rate mejor, debo decirte que era una gran carpa usada, como la de un circo ambulante. Incluso estaba remendada con parches rojos y amarillos, en la cumbre y en el costado, cerca de la entrada. Por dentro estaba tenuemente iluminada, pero eso s&iacute; muy bien decorada. &mdash;Ladea la cabeza hacia su derecha y con los ojos cerrados, contin&uacute;a relat&aacute;ndome, sobre aquello que no ten&iacute;a idea.<\/p>\n<p>&mdash;Sillas de espaldares altos, ataviadas todas con telas blancas muy ajustadas por detr&aacute;s con cintas negras cruzadas, semejando un delicado cors&eacute;. Y al frente de estas, lo que me parecieron mesas largas, pero demasiado bajas. Toda la manteler&iacute;a era negra con impresas flores de Liz purpuras y los cubiertos, as&iacute; como la vajilla, donde se hab&iacute;an alimentado los otros invitados m&aacute;s temprano, &ndash;con sobras en algunos de ellos&ndash; permanec&iacute;an desordenados sobre cada una de ellas, todo de estricto color dorado. Por colgantes festones, pend&iacute;an gruesas cadenas, fustas de cuero, m&aacute;scaras adornadas con plumas de colores, y varias cuerdas de fique gruesas.<\/p>\n<p>Su cabeza gira nuevamente y al regresarla, abre los ojos y me mira brevemente. Mariana pliega los p&aacute;rpados, y lleva ambas manos hasta sus mejillas, oprimi&eacute;ndoselas, en un gesto de ansiedad.<\/p>\n<p>&mdash;En una de las esquinas alrededor de una mesa de billar, varias personas reunidas observaban, bebiendo lo que parec&iacute;a ser un costoso whiskey irland&eacute;s. Algunas comentaban emocionadas las analizadas tacadas, y otras en completo silencio, se besaban y acariciaban sin pena por debajo de las ropas, rest&aacute;ndole importancia al resultado del juego. Varios hombres, y casi todas las mujeres, lo hac&iacute;an a medio vestir; pero los dos maduros billaristas, se encontraban concentrados en la partida, completamente desnudos, salvo por collares anchos y con remaches, alrededor de sus cuellos, y con cromadas cadenas, que ca&iacute;an libres por sus espaldas, hasta media nalga.<\/p>\n<p>&mdash;Y en el otro extremo, vi de rodillas a un hombre y una mujer, ante un gran tablero de ajedrez, fabricado en reluciente vidrio templado y cada una de las treinta y dos fichas, eran figuras f&aacute;licas delicadamente talladas. Los reyes, grandes consoladores, al igual que las reinas m&aacute;s bajas y los extremos eran ligeramente curvados. Succionadores de cl&iacute;toris por alfiles, &laquo;plugs&raquo; anales hac&iacute;an las veces de estilizados caballos, y torres esbeltas con esf&eacute;ricas protuberancias. Todos los peones eran tapones anales de id&eacute;ntico tama&ntilde;o y forma. Los dos jugadores ataviados con trajes de l&aacute;tex de un brillante negro, y cubiertos con m&aacute;scaras los rostros. En sus bocas, mordazas con bolas rojas que les imped&iacute;an emitir sonidos comprensibles, debat&iacute;an en sus mentes, la siguiente movida.<\/p>\n<p>&mdash;Y un poco alejada del centro, una jaula de al menos metro y medio de alto. En ella, una mujer morena, tan delgada como hermosa, con grilletes en sus manos y varias cuerdas enrolladas alrededor de sus senos, la cintura y ambas piernas separadas, era obligada a mantener sus nalgas pegadas a las rejas y por entre estas, era penetrada desde afuera, por un grandul&oacute;n velludo, canoso, y flacuchento viejo calvo. La chica sollozaba mucho, pero no adolorida como supuse, sino complacida por el esclavo trato al que era sometida.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pobrecita! Vaya espect&aacute;culo presenciaste. &iquest;Y a todas estas, tu diva que te dec&iacute;a? Y&hellip; &iquest;Qu&eacute; cara hac&iacute;an el gerente y el malparido de Eduardo?<\/p>\n<p>&mdash;La Pili, pl&aacute;cidamente sonriente. Sin habla yo, y estupefacto el gerente, m&aacute;s el malparido ese, se encontraba dichoso. Se hallaba en su salsa, el infeliz. Ella me miraba, atenta a mi reacci&oacute;n ante aquella escena, y tom&aacute;ndome de la mano, me hac&iacute;a sentir cada una de las embestidas del anciano a la muchacha, apret&aacute;ndomela con fortaleza, solt&aacute;ndomela con suavidad, repetitivamente.<\/p>\n<p>Recoge sus piernas, hasta que aprieta las pantorrillas con la parte posterior de sus agraciados muslos, y utiliza las rodillas como apoyos para sus codos, y al final de la rampa de sus brazos, una mano se monta sobre la otra, ladea su cabeza hacia la derecha, e inexpresiva me mira de soslayo. Luego, lentamente cierra los ojos y contin&uacute;a sosegada recordando.<\/p>\n<p>&mdash;Y as&iacute;, agarrada a ella, le segu&iacute; los pasos hasta salir de aquella carpa por el otro lado, y nos dirigi&oacute; hasta el ala oriental de aquella antigua casona, hasta que llegamos a un corredor con varias habitaciones, a lado y lado; ninguna enfrentada, todas sin puertas, y cada uno de esos claroscuros cuartos, con ambientes similares. &iexcl;Te lo podr&aacute;s imaginar! Demasiadas veladoras amarillas sobre estantes de madera y velones altos en el suelo; manilas y sogas desenrolladas, cuerdas que tensaban la piel de alguna mujer, decorando el ambiente con ella suspendida en el aire, en una posici&oacute;n extra&ntilde;amente ofrecida. Cadenas y esposas, inmovilizando a un hombre desnudo a una equis de madera oscurecida y de espaldas a nosotros los espectadores, una mujer entrada en a&ntilde;os y algo obesa, le plantaba en las nalgas y en la espalda, varios latigazos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;M&aacute;s duro! &mdash;Le solicitaba a la mujer, un fornido hombre vestido de frac y con una m&aacute;scara de piel marr&oacute;n, cubri&eacute;ndole el rostro.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Son marido y mujer! No te preocupes, mu&ntilde;equita. Por lo visto esta semana &eacute;l esposo, no se ha portado muy bien y el corneador lo quiere reprender. &mdash;Me coment&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Rollos de terciopelos carmes&iacute;es, cubr&iacute;an las paredes de otra de aquellas habitaciones. Personas de diferentes edades y colores de piel, entraban, permanec&iacute;an un tiempo y sal&iacute;an. Diversas escenas orgi&aacute;sticas, pero en cada una de ellas, mucho de castigo por gusto, y dolorosas humillaciones por placer y lujuria. &iexcl;Puff! Demasiados golpes secos, algunos gritos desgarradores, y bastantes gemidos placenteros. Todo un mundo desconocido, presentado en vivo y en directo, con mucho sadismo, expuesto ante mis ojos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gust&oacute;? &mdash;le indago a Mariana, pues quiero sonsacarle, si por eso o por esa otra mujer, su actitud y apetencia sexual, cambi&oacute; nuestra intimidad.<\/p>\n<p>&mdash;Eso mismo me pregunt&oacute; Mar&iacute;a del Pilar, pero a tu inquietud, ella le agreg&oacute; una proposici&oacute;n a futuro.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo practicamos, Blanca Nieves? &mdash;Indag&oacute; con suspicacia, y dej&eacute; que mi cordura se envileciera bajo la apasionada tonalidad de su voz.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Un d&iacute;a de estos, bruja malvada! Cuando me le pueda perder a este par de enanos. &mdash;Le susurr&eacute; a su o&iacute;do, y le plant&eacute; un sonoro beso en la mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No hicieron nada m&aacute;s? &iquest;No te obligaron a hacer algo raro esa vez? &mdash;Le pregunto, pues recuerdo un aparte de los mensajes que constaban en el informe, donde Eduardo y ella, intercambiaban opiniones y nombraban a la famosa presentadora, comentando entre ellos, sus extravagantes gustos. Eduardo le insinuaba probar, y Mariana sencillamente admit&iacute;a que le gustar&iacute;a experimentar.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, cielo. De hecho, salimos los tres en direcci&oacute;n al costado derecho, hacia el costado occidental de la casona. All&iacute; en medio de un sal&oacute;n muy amplio, estaban otras personas, todas glamorosamente vestidas, sentadas en c&oacute;modos sof&aacute;s y sillones de piel de lagarto, algunos hombres fumando puros cubanos, y las mujeres, no todas, cigarrillos normales, dialogando entre s&iacute;, ajenos al parecer de lo que ocurr&iacute;a en las otras estancias de la casa. Se saludaron afectuosamente con Mar&iacute;a del Pilar y ella nos fue presentando, uno a uno.<\/p>\n<p>&mdash;Recuerdo a un franc&eacute;s muy alto y flaco, elegante, fumando pipa, y con alg&uacute;n cargo importante en la embajada de su pa&iacute;s. Tambi&eacute;n a una chica rubia de cabello corto semi ondulado, que reconoc&iacute; de inmediato, actriz y presentadora de noticias, al parecer muy amiga de La Pili, y que disfrutaba de la conversaci&oacute;n con aquel franc&eacute;s junto a su novio, otro famoso artista de cine y televisi&oacute;n. Me present&oacute; igualmente con otras personas, periodistas, un petulante abogado casi calvo, una cirujana pl&aacute;stica que curiosamente conoc&iacute;a al m&eacute;dico qu&eacute;, para esa &eacute;poca, estaba por realizarme la operaci&oacute;n del busto, y varias m&aacute;s con las que apenas cruce el saludo. &mdash;Camilo frunce el ce&ntilde;o, recordando seguramente aquellos d&iacute;as, cuando regres&oacute; de su viaje al Choc&oacute; y se encontr&oacute; con la sorpresa de verme en nuestra cama, acostada boca arriba y en compa&ntilde;&iacute;a de mi madre, su hermana menor, y por supuesto de nuestra vecina. No le gust&oacute; mucho que me hubiese aumentado el busto, lo not&eacute; en el brillo de sus ojitos marrones, pero como siempre, por su inmenso amor hacia m&iacute;, acat&oacute; mi parecer y no me arm&oacute; pataleta.<\/p>\n<p>La botella de tequila, est&aacute; sobre la mesa. Un trago es lo que requiero ahora, directo de ella, puro, sin nada que lo suavice. Estiro mi brazo, el izquierdo, pero no la alcanz&oacute;. Mariana se sonr&iacute;e levemente al notar mi intenci&oacute;n y es ella quien, ajust&aacute;ndose los costados de la bata, se arrodilla y la destapa. Bebe primero un trago, se agacha y me la alcanza, con el sabor de sus labios humectando el pico de la botella.<\/p>\n<p>&mdash;Y para hablar de lo que acab&aacute;bamos de observar nos invit&oacute; a sentarnos frente a una preciosa chimenea, &ndash;le explic&oacute; a Camilo, mientras lleva el pico de la botella a su boca&ndash;, en las paredes, muchos estantes de cedro con cientos de libros, y alrededor una exposici&oacute;n de cuadros de paisajes amaz&oacute;nicos vividos y coloridos, realizados por aquel pintor cuyo apellido no he sido capaz de memorizarme nunca. &Eacute;l no se encontraba all&iacute;, pero s&iacute; estaba una mujer, la esposa seg&uacute;n me instruy&oacute; La Pili, charlando risue&ntilde;a con las personas que admiraban esas obras, intentando seguramente conseguir compradores.<\/p>\n<p>Mariana decide incorporarse, pero no para alejarse, sino para recostar su espalda contra la superficie acristalada, y seguir rememorando sus aventuras con aquella mujer qu&eacute; la impact&oacute; tanto. Se lleva las manos al rostro, junt&aacute;ndolas por las palmas sobre su nariz, y dentro de ellas, suspira voluntariamente.<\/p>\n<p>&mdash;Una copa de champa&ntilde;a rosada en su mano y otra en la m&iacute;a. Whiskey sin hielo en la diestra de Eduardo, y una copita de co&ntilde;ac en la de F&eacute;lix, despersonificaron nuestras impresiones. Mi supuesto &aacute;ngel guardi&aacute;n, fascinado por lo que hab&iacute;a visto, esbozando su maquiav&eacute;lica sonrisa. Espantado el gerente, palidecido sin articular palabras, parec&iacute;a querer marcharse lo m&aacute;s pronto posible. E intrigada yo, le ped&iacute;a algunas explicaciones a La Pili, quien someramente me aclar&oacute; algunas, las otras&hellip; Esas quedamos en hablarlo luego, privadamente.<\/p>\n<p>Otro trago le permite a Mariana, tomar aliento para proseguir.<\/p>\n<p>&mdash;Recuerdo que, al regresar a casa, todav&iacute;a permanec&iacute;as despierto, trabajando sobre unos planos topogr&aacute;ficos, concentrado por completo en ellos. Y en el suelo un reguero de bocetos con tus contenedores dispuestos de varias maneras, en medio selv&aacute;ticos paisajes. Te sorprend&iacute; con un beso y mis brazos rodearon tu pecho desde atr&aacute;s y&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Y nos fuimos para la cama y all&iacute;, mientras te desmaquillabas, me relataste tu aburridora experiencia. La verdadera, con la obra de teatro que no comprendiste por sus di&aacute;logos bizantinos. La maquillada, con tu visi&oacute;n de ese mundo tan &laquo;intelectual&raquo; &ndash;con el movimiento de mis dedos entrecomillo esa ir&oacute;nica palabra&ndash; que, por lo visto, caus&oacute; esa revoluci&oacute;n en las semanas venideras. &mdash;Dejo en el cenicero, al igual que Mariana, que agonice mi colilla, sin comprimirla.<\/p>\n<p>&mdash;No solo de vestuario, &ndash;le recalco&ndash; mucho menos de tus cotidianos h&aacute;bitos, pero al cambiar de peluquer&iacute;a, mudaste el hermoso color natural de tus cabellos, y al dejar de asistir al gimnasio del club, para inscribirte en otro, m&aacute;s al nororiente, vari&oacute; tu mentalidad y con ello, en tu cuerpo tatuaste en tu espalda, ese mensaje tan diciente, y tras el paso de los d&iacute;as, por las noches, tu manera de actuar conmigo en nuestra alcoba. &mdash;Mariana extiende su mano y se apodera de la botella. Un trago corto por lo poco que nos resta por consumir, le permite calmar su sed, mientras se derrumba nuevamente frente a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;M&aacute;s dominante, dices? Con mandatos imperiosos y en ocasiones&hellip; &iquest;Usando un tono despectivo? S&iacute;, eso pretend&iacute;, pero te rebelaste a mis gustos por amarrarte al cabecero de la cama, y con el cintur&oacute;n de seda de mis batas, o con tus propias corbatas, si yo las ten&iacute;a m&aacute;s a mano, involucrarte en esas nuevas aficiones m&iacute;as. Y para lograr que perdieras tus miedos a mi oscuridad, vend&eacute; tus ojos con mis pa&ntilde;oletas satinadas, y apagu&eacute; tus gemidos o tus suplicas, con mis tangas atarugadas dentro de tu boca.<\/p>\n<p>&mdash;Se limpia el alcohol de ambos labios, con el dorso del dedo &iacute;ndice, y alarga su discurso.<\/p>\n<p>&mdash;Pero como vi que no te gust&oacute;, cambi&eacute; de t&aacute;ctica al poco tiempo. Decid&iacute; ser para ti, como lo era para ella. &iexcl;D&oacute;cil, sumisa y entregada! Pero mi parte dominante, que tambi&eacute;n pugnaba por salir a flote, la utilic&eacute; con Jos&eacute; Ignacio, para acercarlo cuando necesitaba alejarlo de K-Mena, y, por &uacute;ltimo, con el apocado gerente del banco, para que hiciera lo que fuera necesario, con tal de conseguir la aprobaci&oacute;n del pr&eacute;stamo para la casa de Mar&iacute;a del Pilar.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;Que?! Con ese tipo tambi&eacute;n&hellip; &iquest;Tu?<\/p>\n<p>&mdash;Dos veces coincid&iacute; con &eacute;l, en la misma habitaci&oacute;n, con ellos. Juntos, pero no revueltos, cielo. Digamos que le fuimos perdiendo el miedo, hasta que le cogimos el gusto. Mar&iacute;a del Pilar y yo, exclusivas en nuestro espacio, para hacer nuestras cosas. F&eacute;lix, repartiendo su descubierta afici&oacute;n por recibir dentro suyo a Bruno, la pareja de La Pili, y de darle azotes con gusto, a la secretaria del gerente general de su banco. Compart&iacute; con &eacute;l, espacios en su mundo oculto, con desnudas vistas, pero sin derecho a roces. Y al final de diciembre, para m&iacute; una comisi&oacute;n por la venta de la casa en Pe&ntilde;alisa y para &eacute;l, un aumento significativo de salario.<\/p>\n<p>&mdash;Por lo visto te saliste con la tuya. &iexcl;Que pervertida eficiencia!<\/p>\n<p>&mdash;Comprendo que imagines ver, lo que no tienes a la vista. Pero, lo que no alcanzas a imaginar ni a observar, fue el calvario en mi interior. Experimentar fue la motivaci&oacute;n inicial. Tras su dominaci&oacute;n y mi entrega, con sus golpes y las vejaciones a mi cuerpo, comprend&iacute; despu&eacute;s, que eso era lo que precisaba, y casualmente lo encontr&eacute; en ella. Necesitaba de alguien que me sometiera, porque yo, mi vida, requer&iacute;a ser castigada por no haberte hecho caso, para terminar despu&eacute;s, traicionando tu amor y subastando mi fidelidad. Quer&iacute;a sufrir, me urg&iacute;a ser castigada, y bajo tus amorosas manos, no lo encontrar&iacute;a f&aacute;cilmente. Me das candela, &iquest;Por favor?<\/p>\n<p>&mdash;Me fuiste abandonando mientras ella te iba ense&ntilde;ando un nuevo camino, ese donde el descontrol de tus actos, &ndash;saltan chispas, nace la flama y Mariana aspira con su elegancia acostumbrada&ndash; disciplinaron nuestros posteriores encuentros en nuestra alcoba. T&uacute;, pretendiendo que te palmoteara con fuerzas en las nalgas y en las plantas de tus pies, y yo, arrepentido tras la lujuria, besando, lamiendo y adecentando con ung&uuml;entos, el enrojecimiento de las marcas que te caus&eacute; por obedecerte. &mdash;Mariana expulsa el humo por entre la abertura de rosa de su boca, y al frotarse la nariz, se dentellea inconsciente el labio inferior, perfor&aacute;ndose el lunar.<\/p>\n<p>&mdash;Dices que necesitabas ser reprendida por mis manos, pero al mismo tiempo manten&iacute;as luego esa actitud lejana y displicente hacia m&iacute;, durante el d&iacute;a. Cre&iacute; que te comprend&iacute;a, pero te hab&iacute;as vuelto tan incomprensible, que decid&iacute; dejarte libre, aunque las cuatro paredes de nuestra casa, te mantuvieran apresada a nuestro matrimonio. Cambiaste tanto que estaba decidiendo abandonarte, solo que entre Mateo y mi nostalgia, me amedrent&eacute; para ponerle hora y fecha a la propuesta de divorcio. &mdash;Mir&aacute;ndome fijamente, el sol brilla diminuto en la esquina inferior del topacio de sus iris, y en el borde de su parpado inferior, se exhibe ante los m&iacute;os, la marea de su quebranto.<\/p>\n<p>&mdash;Una noche, o dos, despu&eacute;s de echar por tierra mis sue&ntilde;os de pasar vacaciones antes de a&ntilde;o nuevo, los tres fuera del pa&iacute;s, llegaste de nuevo tarde, y al quedarte fundida a mi lado en la cama, por el cansancio de tus citas de negocios, me percat&eacute; de un llamativo c&aacute;rdeno en tu piel, semi oculto en el lateral del comienzo de tu cuello. &mdash;Mariana se despeina la onda elevada sobre su frente, con la mano libre, mientras con la diestra, ocupada en el medio de sus dedos por el filtro blanco, recolecta con la palma, las l&aacute;grimas que fluyen sobre su mejilla izquierda.<\/p>\n<p>&mdash;Y a pesar de que usabas esos pijamas algodonados que te causaban tantos acaloramientos, el final de tu espalda descubierto por tu pose acurrucada, me permiti&oacute; observar varios ara&ntilde;azos naciendo desde un extremo del rombo que forman tus pozos de Venus, hacia abajo hasta el nacimiento de tus nalgas. Obviamente al no ser yo el causante, imagin&eacute; que ese culo tuyo hab&iacute;a sido profanado horas antes, por un extra&ntilde;o. Y ese otro, no pod&iacute;a ser m&aacute;s que aquel odioso compa&ntilde;ero tuyo. &iexcl;Que equivocadas estaban mis sospechas!<\/p>\n<p>Finalmente deja de observarme y baja la cabeza, resignada. Endereza la espalda y con ese movimiento la vuelve a elevar. Se le tensa el cuello, y el hoyuelo en su ment&oacute;n apunta directamente hacia m&iacute;. Tras limpiarse la nariz, matizando ese absorbente sonido con el carraspeo, dos veces consecutivas en su garganta, Mariana me da a entender que est&aacute; a punto de acl&aacute;rame algo&hellip; &iexcl;Algo m&aacute;s!<\/p>\n<p>&mdash;En su cabello enmara&ntilde;ado y decolorado, en porciones rubios por delante de mechones m&aacute;s oscuros, y otros naturalmente canosos, parec&iacute;a radicar su temperamento rebelde, dominante y autoritario. Pero en el plenilunio de sus redondos ojos, taciturna, sus impulsos reflejados en ellos, ced&iacute;an ante mi firme decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ella tambi&eacute;n lo dese&oacute; desde un principio, pero respet&oacute; mi decisi&oacute;n de no &laquo;utilizarlo&raquo;, porque era privativo de mi marido. &iexcl;Puff!<\/p>\n<p>&mdash;Esas propiedades tan exclusivas del matrimonio, &ndash;y por eso lo detesto tanto&ndash; son las que precisamente hacen m&aacute;s divertido el arte del enga&ntilde;o, y al mismo tiempo, m&aacute;s deseable pecar, para ambas partes. La fidelidad para m&iacute;, peque&ntilde;a Blanca Nieves, nada tiene que ver con el &laquo;hacer&raquo;, sino con el &laquo;no sentir&raquo;. Nada tiene que ver, lo que con nuestros cuerpos hacemos o nos dejamos hacer, con lo que justamente se siente en el coraz&oacute;n, al regresar de donde partimos, y nos invade la felicidad ante el palpitante renacer nuestro, en un simple abrazo, de esa &uacute;nica persona a la que si amamos. &mdash;A La Pili, le encantaba filosofar, en alg&uacute;n descanso de nuestras vespertinas y espor&aacute;dicas sesiones de obediencia y dominaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;En un momento del atardecer, con ella aspirando su cacho de marihuana, observando las arboladas colinas de su propiedad, donde la convenc&iacute; finalmente de aprovechar ese paisaje para colocar unos glampings, lucr&aacute;ndose del creciente turismo en la regi&oacute;n, y yo aspirando la venenosa nicotina de mi cigarrillo, por broma m&aacute;s que por deseo, utilic&eacute; para provocarla, la expresiva frase que usabas conmigo para sentenciarme el futuro de una de nuestras noches de sexo, con una leve modificaci&oacute;n en el pronombre y su provocadora posesi&oacute;n. &laquo;Este culo ser&aacute; tuyo alg&uacute;n d&iacute;a, claro que s&iacute;, pues solo a ti, este asterisco te gui&ntilde;a el ojo y te coquetea&raquo;.<\/p>\n<p>A Camilo le noto afligido, tras revelarle haber formado parte de mi enga&ntilde;o, estando ausente, pero siempre presente cuando necesitaba con urgencia, uno de sus abrazos al volver junto a &eacute;l. &iquest;Le cuento o no le cuento, como sucedi&oacute;? Ya lo destroc&eacute;. &iquest;Qu&eacute; importa ya, untarme m&aacute;s de mierda, sino me voy a salvar?<\/p>\n<p>&mdash;Una tarde, estando ella encimo m&iacute;o, abraz&aacute;ndome despu&eacute;s de hacerle un buen sexo oral que la desgonz&oacute; sobre mi rostro, me besaba el cuello y la clav&iacute;cula vecina, not&eacute; que abr&iacute;a con sus piernas las m&iacute;as, intentando posicionar aquel miembro artificial m&aacute;s abajo de mi vagina encharcada, pero sin preparaci&oacute;n no me sent&iacute; capaz de dejarle avanzar m&aacute;s. Logr&eacute; evitarla, moviendo mi cadera hacia un lado, bastantes veces, pero despu&eacute;s ella abri&oacute; mis piernas con ambas manos, con suficiente fuerza, y yo vencida, ya no opuse resistencia. Me at&oacute; por los tobillos al camastro y yo&hellip; &iexcl;No le dije nada!<\/p>\n<p>&mdash;Jug&oacute; con la cabezota de su siliconado dildo negro entre los pliegues de mi cuquita, durante muchos minutos y en esos mismos instantes, volvi&oacute; su boca a mi cuello para morder y succionar mi piel a su antojo. Escurr&iacute; entre mis palabras un ruego simple. &laquo;&iexcl;No me dejes marcas!&raquo;, pero le rest&oacute; importancia a mi suplica y me mordi&oacute; varias veces, la parte m&aacute;s baja de mi cuello y clav&oacute; sus u&ntilde;as en mis nalgas a la vez. Por supuesto que me doli&oacute;, me enfad&eacute;, pero me gust&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Muerde tambi&eacute;n mis tetas, le dije con mi vocecita de ni&ntilde;a, tan aguda como la de una soprano sometida. &laquo;&iexcl;Te los morder&eacute;, solo cuando me apetezca! &iexcl;T&uacute; aqu&iacute; no das las ordenes, mi peque&ntilde;a Blanca Nieves!&raquo;. &mdash;Esa respuesta, obviando mi querer, indic&aacute;ndome quien mandaba cuando estaba con ella, no hizo m&aacute;s que excitarme con el dolor que me causaban las punzadas de sus u&ntilde;as incrust&aacute;ndose en mi culo, y sus dentelladas en el l&oacute;bulo de mi oreja derecha. Lo estaba disfrutando en verdad, pensando justamente en ti, y en la posibilidad de que te dieras cuenta del morado aspecto en ciertas zonas de mi piel, y celoso me preguntaras que me hab&iacute;a ocurrido, para poder responderte sin verg&uuml;enza alguna, que la causante era una mujer.<\/p>\n<p>Mariana ha decidido levantarse y caminar, cigarrillo en mano hasta el otro extremo del balc&oacute;n. Necesita un tiempo para proseguir y ox&iacute;geno para revelarme lo placentero que fue para ella, estar con esa mujer.<\/p>\n<p>&mdash;Ummm, aferrada a mis caderas la &uacute;ltima vez, con aquel consolador aceitado, atado a su cintura, ella empez&oacute; a enterr&aacute;rmelo, desesperada por hacerme gritar ante el inaugural dolor, gemir posteriormente mientras alcanzaba un veloz orgasmo. Yo la dej&eacute; moverse detr&aacute;s m&iacute;o, como oculta Mar&iacute;a del Pilar quer&iacute;a o estaba acostumbrada tras su capucha de l&aacute;tex, doblando mis piernas y levant&aacute;ndome por la cintura con su brazo izquierdo, un poco, apoy&aacute;ndose con la otra mano sobre la manta. Igualmente me incorpor&eacute; a medias para ofrecerle a su palma uno de mis senos, luego ella con su cabeza en medio de mis tetas, resopl&oacute; por el esfuerzo y absorbiendo un pez&oacute;n, con enjundia percuti&oacute; dentro de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Con mis ojos cerrados, sintiendo como me penetraba y lo sacaba, a veces a medias y otras por completo de m&iacute; ano, utilic&eacute; aquellas sensaciones f&iacute;sicas para serle desleal mentalmente, e imaginarme que eras t&uacute;, sensorialmente, quien me lo introduc&iacute;a. A su desvestido &iacute;mpetu, le coloqu&eacute; el smoking de tu dedicaci&oacute;n, pues a pesar de sentir rico, ese placer no era suficiente para m&iacute;. Precisaba del tuyo, tan particularmente m&iacute;o. Indescriptible por tu entrega, distinto en esencia y motivaci&oacute;n. Nuestros tiempos compaginados y prudentes en la mayor&iacute;a de las ocasiones, cuando nos hac&iacute;amos el amor, contrastaban con sus excesivas y fieras maneras de poseerme, solo parecidas a las nuestras, cuando solo sexualmente batall&aacute;bamos por ganar el bendito relax tras obtener nuestros orgasmos.<\/p>\n<p>&mdash;La querencia en ella, por el contrario, al parecer era inagotable. Concentrada en hacerme sentir dolor y placer consecutivamente, utilizaba interludios para cambiar mi postura tras sus desaforados golpes, y peque&ntilde;as pausas luego, para restaurar mi pulso, nuestras frecuencias card&iacute;acas, y consentirme con sus mimos. M&aacute;s los dos, ella y t&uacute;, anteponiendo al propio, ese com&uacute;n inter&eacute;s por satisfacer mi placer. Amoroso el tuyo, pervertido el de ella.<\/p>\n<p>Sobre el pu&ntilde;o izquierdo, posa su ment&oacute;n, abre su par de cielos, pero no me mira. Tan solo observa la emanaci&oacute;n danzante del humo de su cigarrillo, sostenido entre sus falanges medias. No s&eacute; valorar exactamente la raz&oacute;n. &iquest;Ser&aacute; por pena? O porque al recordarlo, &iquest;lo estar&aacute; anhelando?<\/p>\n<p>&mdash;Distintas a las tuyas, sent&iacute; sus manos aglutinar las carnes de mis nalgas y separarlas por la hendidura, d&aacute;ndome a entender que estaba pr&oacute;xima su quietud por el cansancio en sus caderas. Los dedos de las tuyas, hubiesen dibujado las iniciales de nuestros nombres, o un coraz&oacute;n inmenso para desde la zona sacra, hasta el surco de mi nalga derecha, avanzar con deleite hasta el hoyito que hab&iacute;a sido tu objetivo y ascender de nuevo. Ella no hacia esa clase de distinciones, y lo quer&iacute;a todo de golpe, penetrarme una &uacute;ltima vez a la brava, urgida de hacerme sufrir y, por lo tanto, hacerme sentir particularmente suya.<\/p>\n<p>&mdash;Comprend&iacute; que deber&iacute;a apurarme, llegar antes que ella a mi c&uacute;spide y aminor&eacute; aquel bombeo retras&aacute;ndome. Afloj&eacute; la tensi&oacute;n con la que mi esf&iacute;nter, le aprisionaba la verga de silicona, y ya izada y liberada, se la agarr&eacute; con la mano para introduc&iacute;rmela de nuevo, lo suficiente y a mi ritmo, para que La Pili tomara un respiro y no se diera por vencida todav&iacute;a. Me clav&eacute; con precisi&oacute;n y agrado sobre aquel arn&eacute;s, pero en mi mente lo hac&iacute;a sobre la tuya, una y otra vez. Y otra y en seguida&hellip; Enseguida, una tonada de er&oacute;ticos jadeos, con suspiros y grititos intercalados, se escaparon de mi garganta, y anhelando por la tuya, &ndash;tambi&eacute;n por un beso profundo de tu boca&ndash; me sent&eacute; entera sobre la suya, magreando sus peque&ntilde;as tetas, y al frotar los labios hinchados de mi vulva contra su mano enguantada, explot&eacute; con fuerza mojando su pene falso, sus correas negras y la frazada de lana.<\/p>\n<p>Con el cigarrillo apretado entre sus dientes, su par de topacios clavados en los m&iacute;os, Mariana extiende sus brazos hacia lo alto, se estira por completo y resopla con potencia, &ndash;espantando la fumarola&ndash; y los descarga luego por detr&aacute;s de su cabeza, donde entrelaza sus dedos sobre la nuca y suspira aliviada, al parecer ya, m&aacute;s desahogada.<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;nto de realidad y veracidad hay en su historia? Hay personas que se enganchan a la verdad, en las narrativas que cuentan de sus propias mentiras. &iquest;Todav&iacute;a Mariana, estar&aacute; sumida en su mitoman&iacute;a? Su honestidad al revelarme este escondido amor&iacute;o con su diva, me ha sorprendido. &iquest;Debo comprender su situaci&oacute;n y verlo todo desde un &aacute;ngulo de m&aacute;s realismo y menos ilusi&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;Haciendo memoria, fue precisamente despu&eacute;s de que te vi al llegar a casa luciendo tu nuevo look. Cabello ondulado, unos cent&iacute;metros m&aacute;s cortos de lo habitual, pero con un color rubio que, si bien te sentaba bien, para m&iacute; acostumbrada cotidianidad, supuso un toque de intriga, al verte tan diferente f&iacute;sicamente, y que cuadraba muy bien con tus recientes cambios de actitud hacia m&iacute;. Y aunque de manera amorosa te alab&eacute;, muy dentro de m&iacute; se encendieron las alarmas de la infidelidad.<\/p>\n<p>&mdash;Por ello estuve m&aacute;s pendiente de tus cambios de humor, &iquest;sabes? Tambi&eacute;n de los peque&ntilde;os detalles que antes pasaba por alto, por descuidado o por confiado, como aquellas nuevas palabras incorporadas a tu l&eacute;xico, o esos nuevos gestos decididamente m&aacute;s coquetos en tu mirada, y en la forma desafiante de colocar tus manos sobre las caderas, despu&eacute;s de tener los brazos cruzados frente a tu pecho escuchando mis quejas por tus frecuentes retrasos, para acentuar tu desagrado por mis reclamos. E incluso me percat&eacute; de que exagerabas el vaiv&eacute;n de tus caderas al caminar por los pasillos de la constructora.<\/p>\n<p>&mdash;Pero no solamente me fij&eacute; en tu parte est&eacute;tica, si no que curiosamente, utilic&eacute; sentidos que estaban all&iacute;, pero manten&iacute;a descuidados. &iquest;O acostumbrados? &ndash;En la frente, Mariana exhibe marcadas las arrugas por la inquietud. &ndash; Por ejemplo, mi olfato. &mdash;Le esclarezco y de paso, me pongo en pie.<\/p>\n<p>&mdash;Para intentar descubrir si hab&iacute;as mantenido relaciones sexuales antes de llegar a la casa, frotando la punta de mi nariz contra el lineal tapete de tus vellos p&uacute;bicos, &ndash;mientras existieron&ndash; y desde all&iacute; utilizando mis fosas nasales zigzagueando entre los pliegues de tu vulva hasta merodear, con la ayuda de tu mano presionando mi coronilla, la entrada de tu gruta. &mdash;Avanzo dos pasos, balanceando mi mano diestra con el &iacute;ndice extendido, acerc&aacute;ndome a su esquina.<\/p>\n<p>&mdash;Y el del gusto, al saborear con cierta prevenci&oacute;n los pliegues alrededor de tu abertura vaginal, pues debido al alcohol, &uacute;ltimamente llegabas muy &laquo;arrecha&raquo; y mojada, despu&eacute;s de rumbear con tus compa&ntilde;eros, o departir con tus posibles clientes en cenas inaplazables, que convenientemente eran confirmadas los mi&eacute;rcoles m&iacute;os, &ndash;entre jarras de cerveza y tragos de whiskey&ndash; por tu &aacute;ngel guardi&aacute;n, y que seg&uacute;n t&uacute;, la causa era que durante todo el d&iacute;a me extra&ntilde;abas montones, y solo deseabas arribar a nuestra alcoba, para con la calentura de tu sexo y esos &iexcl;Te Amo! maullados, solventar las horas en las que resignado deb&iacute;a en silencio frente a nuestro hijo, acallar mis objeciones y olvidarme de ti, las horas que tu necesitabas. No porque no sintiera ya nada, sino porque todo en la casa me gritaba que la noche estaba incompleta, porque al igual que a m&iacute;, le faltabas t&uacute;. &mdash;Mariana en silencio, agacha la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;A veces ol&iacute;as a la mujer de siempre, y manten&iacute;as el inconfundible aroma que mi olfato memoriz&oacute; de ti. En otras varias, esa fragancia era tenue, imperceptible tras una anticipada acicalada a tu intimidad, a pesar de tus aguantadas ganas; y el obst&aacute;culo inicial, por la resequedad en tu vagina, era un claro s&iacute;ntoma de que no llegabas tan necesitada o dispuesta, d&aacute;ndome a entender, &ndash;sin expresadas objeciones por mi parte&ndash; que me buscabas simplemente por cumplir nuestro establecido compromiso marital.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&iacute;a la leve idea de que tu amante era uno solo, y por supuesto qu&eacute; su f&iacute;sico y el g&eacute;nero, inscrito en mi cabeza, para nada me indicaba que estando cerca en parte, lo estaba tan lejos al mismo tiempo, de tus nuevas apetencias sexuales.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo, cielo. Yo no pretend&iacute; lastimarte de esa manera. Hacerte sentir apartado de m&iacute; y, sobre todo, minimizarte y acostumbrarte a mis horarios, al parecer felices para esa mujer vanidosa y callejera. Obligados, cansinos o hasta rutinarios, para la mujer de entrecasa. Es verdad mi vida, que no era posible para tu imaginaci&oacute;n, proyectar otro escenario, en donde mi deslealtad sucediera a tus espaldas con una mujer. No ten&iacute;as manera de intuirlo, amor m&iacute;o.<\/p>\n<p>Mi marido sacude su cabeza, en un l&oacute;gico intento de querer comprenderme. Estando cerca, no se ha atrevido a avanzar un paso m&aacute;s. Yo si lo dar&eacute;, porque quiero y&hellip; Necesito ofrecerle a su imaginaci&oacute;n, algunos apuntes de esa realidad que, por lo visto, tambi&eacute;n pas&oacute; por alto.<\/p>\n<p>Mi mano izquierda la poso sobre su hombro derecho, y doblando mi brazo, recorto la distancia que &eacute;l no se atrevi&oacute; a dar, para decirle&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Pero hay algo m&aacute;s, que por lo visto t&uacute; no sabes. &mdash;Camilo de inmediato arruga la frente y achina suspicaces sus ojitos, intrigado y sorprendido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 30<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Ni tan blanca, ni tan fr&iacute;a. Mi cabeza contin&uacute;a morando sobre sus pies, y mis ojos a medio abrir, perpendicularmente otean esta silenciosa habitaci&oacute;n. 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