{"id":43741,"date":"2023-11-21T01:30:00","date_gmt":"2023-11-21T01:30:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-11-21T01:30:00","modified_gmt":"2023-11-21T01:30:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-41","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-41\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (41)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43741\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 36<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Pecado, penitencia y expiaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Siempre so&ntilde;ador y entusiasta con tus proyectos, las finanzas no te preocupaban tanto. En cambio, a m&iacute; los n&uacute;meros se me han dado bien, y al trabajar como asesora comercial, el olfato por el dinero se me agudiz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s. Por eso, cielo, cuando m&aacute;s pr&oacute;ximo parec&iacute;as estar de lograr tus sue&ntilde;os, despu&eacute;s de la fiesta de despedida de a&ntilde;o en la constructora, a la que por razones obvias no asist&iacute;, primero por cuidar la tos de Mateo, y segundo, para no estropearla si ve&iacute;as como me asediaba Jos&eacute; Ignacio, para sacarme a bailar, o alejarme de la multitud, hacia alg&uacute;n espacio escondido, d&iacute;as despu&eacute;s tras el almuerzo, tom&aacute;ndonos un caf&eacute; para ella, y mi delicioso cappuccino de vainilla, Carmencita me puso al tanto de la verdadera situaci&oacute;n financiera de la compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n<p>Camilo presta atenci&oacute;n a mis desconcertantes palabras, pues quiz&aacute;s esto no lo esperaba y de inmediato, su mirada de resentimiento hacia m&iacute;, pierde su temple y la agudiza, echando a la vez hacia atr&aacute;s, cabeza, y pecho.<\/p>\n<p>&mdash;A ras con apenas, sobreviv&iacute;a financieramente. Demasiada inversi&oacute;n, y los rendimientos esperados, se postergaban significativamente. Pr&eacute;stamos de aqu&iacute; y de por all&aacute;, no parec&iacute;an augurar buenos tiempos. Por eso, cielo, te pospon&iacute;an mes tras mes aquella reuni&oacute;n que esperabas con tanta ilusi&oacute;n, para nombrarte socio de ellos, aunque seg&uacute;n lleg&oacute; a escuchar Carmencita, la mayor&iacute;a de la junta directiva, inicialmente se opuso a la idea. M&aacute;s para don Octavio, el socio fundador, tu proyecto hotelero y eco sustentable, era revolucionario y con un futuro prometedor a mediano plazo. Pero como no contaban con un flujo de caja libre, para pagarte la suma que les solicitaste por tus dise&ntilde;os, pues la soluci&oacute;n m&aacute;s a la mano, era pagarte esa gran idea con acciones, e incorporarte a la junta directiva.<\/p>\n<p>&mdash;Ella me ratific&oacute; que, en Cartagena, se hallaba la soluci&oacute;n para equilibrar las arcas de la constructora, y de paso, atisb&eacute; la posibilidad de que ellos cumplieran con tus sue&ntilde;os, si finalmente se consegu&iacute;an compradores para el &uacute;ltimo de los Pent House de la primera torre, y en el primer nivel, la de un local suficientemente amplio, como para anclar all&iacute;, a una gran cadena de tiendas de ropa.<\/p>\n<p>A Camilo se le desgonzan ambos brazos, y su boca bien abierta, queriendo decir algo que no debe ser otra cosa m&aacute;s que un comprensible&hellip; &laquo;&iexcl;No te lo puedo creer!&raquo;, permanece a escasos treinta cent&iacute;metros de mi nariz. Esta actitud suya, tan afligida, quiz&aacute; se deba a que tambi&eacute;n por ellos, estaba siendo enga&ntilde;ado.<\/p>\n<p>&mdash;Por esta raz&oacute;n, mi amor, me dediqu&eacute; a averiguar con el jefe de ese proyecto en la costa atl&aacute;ntica, los valores de venta m&aacute;ximos y m&iacute;nimos, las especificaciones de los alrededores para magnificar su exclusividad, as&iacute; como los planos y las perspectivas, para rotarlos dentro del listado de los clientes que el magistrado me hab&iacute;a suministrado, y ofrecerlos en mi perfil falso de Instagram.<\/p>\n<p>&mdash;Muy cierto es, que a algunos de ellos los convenc&iacute; para que adquirieran nuevas casas de descanso en Pe&ntilde;alisa, pero a muchos otros, los paisajes, el clima y las instalaciones, no les llam&oacute; la atenci&oacute;n. Se les antojaban excesivamente comunes, con demasiada &laquo;muchedumbre&raquo;. Esos pocos, necesitaban ser admirados y envidiados por sus amistades, al vivir en un lugar mucho m&aacute;s exclusivo, privilegiado y m&aacute;s privado. Y mi prop&oacute;sito fue establecer una conexi&oacute;n entre esas personas, algunas con el capital necesario, y el ego encumbrado hasta las nubes, para hacerlo propietario de un hermoso y bastante costoso apartamento con una de las mejores vistas de La Heroica.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tan cierto es lo que me est&aacute;s diciendo? &mdash;Antecediendo a su respuesta, Mariana, se aferra con la mano diestra al borde de la bata que me cubre, elimina la distancia y de medio lado, su cabeza se apoya en mi pecho, para arrullarse con los latidos de mi coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Al cien por ciento. En cualquier momento puedes verificarlo con Carmencita. Ella, al igual que nosotros, termin&oacute; por dejar su trabajo con la constructora. No resisti&oacute; la presi&oacute;n que recib&iacute;a, y&hellip; Confes&oacute; que nos ayud&oacute;, y pues&hellip; Qu&eacute; igualmente le ayud&oacute; a Eduardo para ocultar nuestra afinidad sentimental, y se prest&oacute; para ayudarme a ingresar de forma falaz. Renunci&oacute; ese mismo d&iacute;a. &iquest;Tienes su n&uacute;mero? Por qu&eacute; yo s&iacute;. Si lo necesitas te lo facilito.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto que lo tengo. &mdash;Le respondo y aparto brevemente su cabeza, con el fin de observar en sus ojos, la honestidad de sus palabras. Y Mariana libera por la nariz, el &uacute;ltimo nubarr&oacute;n de su agotado cigarrillo, incluso el sobrante que, con seguridad, ahum&oacute; sus pulmones.<\/p>\n<p>&mdash;Resulta que, a o&iacute;dos de magistrado Archbold, lleg&oacute; el comentario y me llam&oacute;. Por estar&hellip; &iexcl;Puff! Estaba ocupada con Mar&iacute;a del Pilar, por eso no contest&eacute; su llamada y &eacute;l se puso entonces en contacto con el malparido de Eduardo, y este, que no ten&iacute;a idea de lo que yo tramaba, me fue a buscar por la noche a nuestra casa. Nos encerramos los dos en el estudio, para tener privacidad y t&uacute;, entre tanto jugabas con Mateo en la sala de estar.<\/p>\n<p>&mdash;Frente a &eacute;l, contact&eacute; al magistrado, y este me reproch&oacute; por no haberle proporcionado la informaci&oacute;n de primeras, y envidioso porque dos de sus colegas de la corte, hab&iacute;an demostrado su inter&eacute;s en contactarme, manifest&oacute; su deseo de ir a conocerlo, aprovechando que una convenci&oacute;n de jueces y abogados de toda Latinoam&eacute;rica, se realizar&iacute;a pr&oacute;ximamente en Cartagena. Planifiqu&eacute; entonces, junto a Eduardo, un viaje a La Heroica, elevando su inter&eacute;s y engrandeci&eacute;ndole el ego, al decirle que, de conseguir esa venta, m&aacute;s la del local del primer piso, a la cual, posteriormente, le dedicar&iacute;a toda mi atenci&oacute;n con algunos conocidos de mis hermanos, lograr&iacute;amos destacarnos tanto en la constructora, que &eacute;l podr&iacute;a ascender en el organigrama de la misma a la gerencia nacional de ventas y yo, lo reemplazar&iacute;a en la de Bogot&aacute; y la regi&oacute;n central.<\/p>\n<p>&mdash;Ilusa de m&iacute;, no lo vi venir. Yo solo quer&iacute;a ayudarte. &iexcl;Lo juro por lo m&aacute;s sagrado! Pero resulta cielo, que Fadia result&oacute; ser muy amiga de un familiar de la esposa del fundador de la constructora. No obstante, al interior de la junta directiva, exist&iacute;a un cierto recelo por su homosexualidad tan exagerada, m&aacute;s su disoluta vida de solter&oacute;n empedernido. No les atra&iacute;a establecer v&iacute;nculos con &eacute;l, a pesar de sus buenos contactos en el mundo de la moda, y sobre todo con los inversionistas de una multinacional espa&ntilde;ola. El negocio necesitaba urgentemente de un empuj&oacute;n, o&hellip; Un canje, si lo quieres llamar as&iacute;. Y tanto Fadia, como Eduardo, nuevamente sacaron provecho de su posici&oacute;n y de las circunstancias. &mdash;Camilo de inmediato, sin retirar las palmas de sus manos de mis mejillas, sospechando que de nuevo yo hubiese tenido que ofrecerme, me mira fijamente, con inseguridad.<\/p>\n<p>&mdash;El culo virginal de un joven vendedor, deseado en secreto por el primo de esa mujer, desde que lo conoci&oacute; en un concierto al cual asisti&oacute; Nacho, junto a su querida Grace, era el extra que aquel representante del grupo inversor extranjero tanto deseaba probar. Pero para entregar ese &laquo;tesoro&raquo;, por encima de la excelente comisi&oacute;n, a Jos&eacute; Ignacio se le present&oacute; la oportunidad de exigir, &ndash;a cambio de ponerse en cuatro&ndash; encontrarse all&iacute; en Cartagena, con su muy nombrada pero desconocida novia. &mdash;Le termino por aclarar.<\/p>\n<p>Mariana me sostiene la mirada, sin parpadear. Segura de lo que dice. No obstante, en su rostro percibo rastros de desconsuelo, aderezados con una profunda tristeza.<\/p>\n<p>&mdash; Yo desconoc&iacute;a ese acuerdo. Lo hicieron a mis espaldas mientras intentaba conseguir de forma honesta, alg&uacute;n interesado en el local comercial, pero el elevado costo, imped&iacute;a a los amigos y conocidos de mis hermanos hacerse con aquel inmueble. No fue, sino al llegar a la torre de apartamentos en Cartagena, acompa&ntilde;ada por Eduardo, el magistrado y el gerente de la zona norte, cuando me enter&eacute; de aquella otra patra&ntilde;a de Fadia, y que involucraba a Jos&eacute; Ignacio, a la esposa de don Octavio, y por supuesto a su familiar gay. Los vi en el parking del edificio y la sorpresa no fue solo m&iacute;a, sino que tambi&eacute;n se gest&oacute;, en el rostro de Jos&eacute; Ignacio al verme all&iacute;, tan bien acompa&ntilde;ada.<\/p>\n<p>Al parecer, los dos somos conscientes de que la temperatura de esta ma&ntilde;ana y de nuestra conversaci&oacute;n, va en aumento. En su frente y en mi espalda, en el puente de su nariz y por debajo de mis patillas, el sudor en peque&ntilde;as gotas emana, y por esta raz&oacute;n nos separamos. Mariana se me anticipa, y busca frescura dentro de la habitaci&oacute;n, encendiendo el aire acondicionado. Me quedo de pie, un paso delante del marco de las puertas ventanas, observ&aacute;ndola beber un poco de agua.<\/p>\n<p>&mdash;Durante la demostraci&oacute;n del apartamento, el magistrado comenz&oacute; a ponerle trabas al negocio. La distribuci&oacute;n de las luces indirectas en el sal&oacute;n y las de la cocina, por ejemplo. Lo peque&ntilde;o de uno de los ba&ntilde;os auxiliares, el que estaba a mano derecha de la entrada. O la tina de masajes en la alcoba principal, que no se le antojaba acorde al color de las cer&aacute;micas de las paredes. Y cosas as&iacute;. Como todo comprador quer&iacute;a un descuento, pero el valor que ofrec&iacute;a era rid&iacute;culamente inferior a lo acordado en Bogot&aacute;. En serio me sent&iacute; frustrada y el mal genio se fue instalando, junto a un molesto dolor, en el medio de mis sienes, pues aquella oportunidad de negocio, por su petulancia, se me estaba yendo al traste. Eduardo lo not&oacute; de forma inmediata, e intervino por unos momentos, hablando en privado con el magistrado. Al rato regresaron a la terraza donde los esperaba, ya un poco m&aacute;s calmada. Sonrientes los dos, dijeron al mismo tiempo mi nombre, y con su brazo extendido hacia m&iacute;, el magistrado Archbold, estrechando mi mano me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ten paciencia jovencita, y no apures a la vida, pues hay que vivirla con prudencia. No pretendas controlar los granos de arena que se precipitan por el cuello angosto del reloj de los a&ntilde;os, y mejor m&aacute;rcale a esos d&iacute;as y a las noches, tu propio tiempo. Marcha a tu ritmo, mujer. Elige bien los caminos que te lleven al &eacute;xito, y no deseches las oportunidades que se te presenten. Ilusi&oacute;nate con el panorama que se abre ante tus hermosos ojos, para conseguir finalmente tus objetivos. Yo, jovencita, puedo guiarte hacia &eacute;l, si llegamos a un acuerdo adicional que, por supuesto, no est&aacute; escrito.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo&hellip; &mdash;murmura Mariana, encorvada, d&aacute;ndome la espalda y revolviendo el interior de su bolso negro, hasta dar por lo visto con lo que buscaba. Al darse la vuelta, observo que sus finos dedos, se esmeran en destapar por un extremo, una barra de chocolate blanco. Lo desgastante de esta expiaci&oacute;n, le ha causado hambre.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres? &mdash;Y se acerca caminando lento, atenta a los dos cuadritos blancos con arroz crujiente del extremo, separ&aacute;ndolos del resto. Estiro mi mano para recibirlos, m&aacute;s la suya evita la m&iacute;a y sus dedos llevan la chocolatina directo a mi boca, se sonr&iacute;e y divide otro dos para ella.<\/p>\n<p>&mdash;Le dije&hellip;: Estoy vendi&eacute;ndole un apartamento exclusivo, adecuado para su imagen y su estilo de vida. &ndash;Intervine, sospechando la injerencia de Eduardo en el asunto. &ndash; &iexcl;Estar&iacute;a usted mejorando ese aspecto, impactando con seguridad a tanta gente importante que le sigue! La exclusividad que en Pe&ntilde;alisa usted no encontr&oacute;, aqu&iacute; en este sector de Cartagena la podr&aacute; obtener. &mdash;Dentellea una de las esquinas y de inmediato, lo mastica y lo diluye con un sorbo de agua, directamente de la jarra.<\/p>\n<p>&mdash;Y por vecinos no se preocupe. Dos expresidentes de la naci&oacute;n, dos pisos m&aacute;s abajo de este Pent House, vienen aqu&iacute; con cierta regularidad. Un famoso jugador de futbol, que tiene residencia en un pa&iacute;s europeo, pasa sus vacaciones con toda su familia, aqu&iacute; en las fiestas de a&ntilde;o nuevo, y ser&iacute;a el m&aacute;s cercano a usted, pues vive justo en el Pent House de al lado. Pero ese, no tiene la preciosa vista hacia la bah&iacute;a, que como ha podido observar, este que va a ser suyo, si posee.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes estar en lo cierto, jovencita, &ndash;me respondi&oacute; con su habitual tono de voz, la del hombre acostumbrado a ordenar&ndash; pero a esa exclusividad que me ofreces para pagar por estas fr&iacute;as y vac&iacute;as paredes, podr&iacute;as agregarle un poco del calor de&hellip; &iexcl;Tu intimidad y tu agradable compa&ntilde;&iacute;a! Si te interesa cerrar el trato, al precio original que pactaste conmigo en Bogot&aacute;, sin descuentos ni m&aacute;s objeciones, y con la anuencia de tu jefe, obviamente me encantar&iacute;a que esta noche, para celebrar, me acompa&ntilde;es a una cena aburridora, junto a unos miembros de la corte, y luego s&iacute;, tomarnos alguito por ah&iacute; en una discoteca, la que m&aacute;s te apetezca, y luego me dejes disfrutar de ese cuerpazo tuyo en la habitaci&oacute;n de mi hotel. &mdash;Y as&iacute;, cielo, este cuerpo de nuevo estuvo en oferta, pues mi nueva apariencia, blanca, rubia y tetona, como le gustaban las mujeres al magistrado, desat&oacute; la lujuria en &eacute;l, y su pose de digno representante de las leyes, claudic&oacute; ante la soluci&oacute;n sexual que Eduardo le esgrimi&oacute; cuando hablaron a solas.<\/p>\n<p>Lo dulce de su peque&ntilde;o obsequio, que no mastico, sino que lo dejo deshacerse sobre mi lengua, y bajo el paladar, me sabe amargo ahora, tras escuchar, como se entreg&oacute; de nuevo a un tipo viejo y desconocido.<\/p>\n<p>&mdash;La piel ajada de su mano diestra, me rasp&oacute; el ment&oacute;n con el dorso, y se inclin&oacute; para besarme en los labios con delicadeza, sellando el trato, pues no me opuse. No esquiv&eacute; sus rechonchos labios, ya que, pensando en el futuro y en ti, mentalmente me jur&eacute; que ser&iacute;a la &uacute;ltima vez que participar&iacute;a en lo que tanto me atormentaba. &mdash;Y en la zurda de Camilo, extendida y c&oacute;ncava, la frente por completo recala sudada en su palma, y tan solo alcanzo a escuchar su&hellip; &iexcl;Jueputa vida!, por reclamo.<\/p>\n<p>&mdash;En la Oficina de Registro de Instrumentos P&uacute;blicos, sentados frente a una mesa redonda despu&eacute;s de desayunar, se firm&oacute; el contrato de compra venta, y sentenci&eacute; de paso mi obligaci&oacute;n de servirle de blas&oacute;n, adornando su corpulencia con mi nueva fisonom&iacute;a, y al mismo tiempo, iluminando su sombra con mi fingida sonrisa.<\/p>\n<p>Conmocionado, Camilo se deja caer en el sill&oacute;n y con una sola mano sobre su cabeza, quiz&aacute;s con su imaginaci&oacute;n, est&eacute; trazando mi recorrido, y por ello, se revuelca desesperado la melena, intentando comprender mi prostituci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ese viernes por la tarde pase&eacute; con &eacute;l, enganchada a su brazo por las calles aleda&ntilde;as, a las plazas de La Independencia y de Los Coches, incluso lo hicimos como una pareja de amantes, dispareja en edades y en el color de las pieles, por la ciudad amurallada. Y en la noche tuvimos una cena con algunos colegas suyos y sus acompa&ntilde;antes femeninas, todas, al igual que yo, alquiladas. Salimos a bailar por Getseman&iacute;, primero en una y al rato visitamos otra, y despu&eacute;s de unas copas, manifest&oacute; que estaba cansado y me fui con &eacute;l a su hotel.<\/p>\n<p>&mdash;Me prostitu&iacute; nuevamente, aunque al arrendarle mi cuerpo para conseguir esa venta, lo hiciera con el firme prop&oacute;sito que me hab&iacute;a marcado como objetivo, para que, a la postre, tus sue&ntilde;os y los m&iacute;os, se hicieran realidad. S&iacute; Camilo. Me acost&eacute; con ese viejo, obligada externamente, pero interiormente, motivada por qu&eacute; a la larga, ambos seriamos felices, aunque yo lo padeciera. S&iacute;, mi vida. Lo sufr&iacute;, aunque no te lo parezca. &iexcl;Por vez primera, pas&eacute; la noche con un hombre, distinto a ti!<\/p>\n<p>Camilo decide ponerse en pie y sus pasos, &ndash;con el peso de mis malandanzas lastr&aacute;ndole cada pie&ndash; lo encaminan hacia el balc&oacute;n. De la mesita redonda toma con furia la botella de tequila, y bebe de un solo sorbo, lo poco que en ella quedaba. Me mira, bufa como un toro de lidia, y se me acerca. Con sus labios ya no tan resecos, pero s&iacute;, con sus ojos marrones, enormemente redondos y brillantes, como echando chispas, enrabietado aprieta el pu&ntilde;o, levanta su brazo diestro y lo blande en el aire, en frente de mi cara. Aprieta sus mand&iacute;bulas y&hellip; Se contiene. M&aacute;s, sin embargo, me demuestra con este gesto, todo su rencor y la decepci&oacute;n, ante m&iacute; severa pero necesaria honestidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es lo que te acabo de escuchar? Pasaste toda la noche con ese vejestorio embaucador&hellip; &iquest;Por mi culpa? &iexcl;Maldita embustera! &mdash;Mariana se asusta ante mi inusitado rencor, adornado con mis palabras vociferadas, y tras la equis de sus brazos por escudo, frente a su rostro, creyendo que la voy a lastimar, entre lloros me termina por decir&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Te llam&eacute;! Que&hellip;, quer&iacute;a hablar contigo. Necesitaba escuchar tu voz, para&hellip;, me urg&iacute;a encontrar en tus palabras, la conveniente fortaleza para&hellip;, para afrontar la perfidia de mis acciones, pero no ten&iacute;as se&ntilde;al o lo manten&iacute;as apagado. Tres veces o m&aacute;s, marqu&eacute; a tu n&uacute;mero, y como no respondiste, habl&eacute; con Naty, pues Iryna tampoco me aceptaba las llamadas. Estabas enfermo, constipado y con escalofr&iacute;os.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Nada grave, Meli! &ndash;Me coment&oacute; Naty, aliviando un poco mi preocupaci&oacute;n. &ndash; Ya sabes c&oacute;mo son de consentidos los hombres, y m&aacute;s &eacute;l. Estar&aacute; bien, bajo el cuidado de mi madre. Y por Mateo no te preocupes, pues junto a la nana, lo llevaremos al parque en un rato. &iexcl;P&aacute;sala rico y env&iacute;ame muchas fotos!<\/p>\n<p>&mdash;Tres noches y dos d&iacute;as perdida de ti, m&aacute;s cuando pod&iacute;a, averiguaba por tu salud, con Iryna o con Naty, y de paso escuchaba a nuestro hijo, relatarme sus aventuras, pues hac&iacute;a camping en la sala de nuestra casa, acompa&ntilde;ado por sus peluches y las historias de miedo que Naty le contaba mientras com&iacute;an papas fritas, palomitas de ma&iacute;z, salchichas fritas con queso, y la prohibida gaseosa antes de dormir.<\/p>\n<p>&mdash;Lo que quieres decir, obviamente, es que por conseguir que la constructora recuperara algo de lo que invirti&oacute;, para que yo pudiera avanzar con mi proyecto, &iquest;te tuviste que revolcar con ese viejo &laquo;cacreco&raquo;, all&aacute; en Cartagena? Qu&eacute; ese polvo que te echaste con ese vejestorio, &iquest;lo hiciste para favorecerme? &iquest;Al final quieres descargar sobre mis hombros, el peso de tu absurda decisi&oacute;n? &iexcl;Por Dios, Mariana! &iquest;En cu&aacute;l cabeza cabe semejante idea tan est&uacute;pida? &iexcl;Mierda! Ese cuento no se lo cree nadie m&aacute;s que t&uacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Nooo! No. Claro que no. Pero s&iacute; te hubiera puesto al tanto de la situaci&oacute;n, si yo te hubiese preguntado antes de&hellip; Comprometerme&hellip; Honestamente, Camilo&hellip; Resp&oacute;ndeme algo. Estando t&uacute; en mi lugar, y estoy segura de ello, t&uacute;, mi amor, &ndash;sin pens&aacute;rtelo dos veces&ndash; por hacer realidad mis metas, hubieras mandado al carajo tu sensatez, e igualmente te habr&iacute;as sacrificado por mi bienestar.<\/p>\n<p>&mdash;Te equivocas, Mariana. De cabo a rabo. Hallar&iacute;a la manera o buscar&iacute;a otros caminos. Intentar&iacute;a hallarle al problema otra soluci&oacute;n, y no har&iacute;a nada de lo que t&uacute; hicis&hellip; &iexcl;De eso! No te traicionar&iacute;a ni vender&iacute;a al mejor postor mi honorabilidad, mi dignidad, mi amor propio por nada del mundo; porque si no has ca&iacute;do en cuenta, nada conseguiste, porque todo, como puedes verlo ahora, lo perdiste.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Nada? &iquest;No har&iacute;as nada? Ok, ok. Pues d&eacute;jame decirte qu&eacute; yo en ese momento, sent&iacute; que la oportunidad de librarme de Eduardo y de paso, conseguirle a la constructora los beneficios para pagarte por tus dise&ntilde;os, se me estaba escapando de las manos. Dejarme besar, sobar y coger por otro tipo m&aacute;s, estando tan sucia y untada de mierda hasta el cogote, como ya lo estaba, sabiendo que ser&iacute;a la &uacute;ltima vez como lo ten&iacute;a planeado, era la opci&oacute;n m&aacute;s viable, aunque siguiera siendo deshonesta contigo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;La &uacute;ltima vez? Mariana, por favor. Despu&eacute;s de todo lo que has vivido, &iquest;te cre&iacute;as capaz de cerrar las piernas, para no cagarme m&aacute;s la vida con tus mierdas? &mdash;Con su mirada perdida, decide obviar mi inquietud, para continuar relat&aacute;ndome enojada, su postrera experiencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Crees que para m&iacute; eso no fue nada? &iquest;Te escuchas bien? &iquest;Sugieres que para m&iacute; fue muy f&aacute;cil, y que todo ello lo hice por gusto? Lo hice porque me importas demasiado, me sacrifiqu&eacute; por tu futuro, intentando que te cumplieran con esas propuestas. &iexcl;Si no quer&iacute;an hacerte socio, al menos que te pagaran bien por tus ideas! As&iacute; que cuatro c&oacute;cteles Margaritas consumidos por m&iacute;, y una botella de Old Parr a medio terminar para &eacute;l, que fueron la antesala de ese &uacute;nico y amargo polvo que me tuve que echar con el magistrado, aparte de escucharlo roncar toda la noche como un oso hibernando en su cueva, no eran nada para m&iacute;. Si lo hab&iacute;a hecho antes por hacer felices a otros&hellip;, &iquest;por qu&eacute; carajos no iba a entregar mi cuerpo una &uacute;ltima vez, a cambio del bienestar de mi marido?<\/p>\n<p>&mdash;Muchas gracias Sor Mariana, por ser tan desprendida y entregada a los dem&aacute;s. &ndash;Le respondo con iron&iacute;a y s&iacute;, con algo de amargura. &ndash; &iexcl;No debiste hacerlo, y punto! Estar&iacute;amos bien. Me buscar&iacute;a otro lugar para trabajar, o har&iacute;a algo diferente. No lo s&eacute;, Mariana, pero hubiera preferido mil veces, mendigar en la calle por unas cuantas monedas, para llevar la comida a casa, a que tuvieras que pasar por todo eso que t&uacute; llamas, tormento, arrastrando de paso nuestro amor, hac&iacute;a las catacumbas de este infierno, por el que estamos pasando.<\/p>\n<p>Mariana emite un sonido nasal. Un audible silbido tras la inhalaci&oacute;n profunda que requiere para tranquilizarse. De hecho, camina por el pasillo hasta toparse con la puerta y se gira lentamente; me ausculta de pies a cabeza y se devuelve, blandiendo su mano derecha, con el dedo medio extendido y doblados, los dos de al lado, en clara se&ntilde;al de su ofuscamiento. De su boca entreabierta, no solo se le escapa el c&aacute;lido aliento, sino que intentan surgir de all&iacute;, sus &laquo;justificadas&raquo; razones.<\/p>\n<p>&mdash;Y fue un infierno como dices. Tuve que someterme a ser su acompa&ntilde;ante de cama esa noche y, al otro d&iacute;a, dejar de ser su rubia asesora comercial para convertirme en la amante prepagada que contrat&oacute; con el fin de exhibir; s&iacute;, para pasearme a su lado y fanfarronearle en privado y por videollamada, a sus amigotes de la sala constitucional. Pero al avanzar la tarde, fui&hellip; &iexcl;Puff! Otra. &iquest;O la misma? Me convert&iacute; en la peor de las rameras que se pudieran contratar en las esquinas del centro hist&oacute;rico. Eduardo llam&oacute; al magistrado para invitarlo en el lounge bar del edificio a una fiesta especial, la que hab&iacute;a montado la dichosa novia de Jos&eacute; Ignacio, para celebrar que ambos negocios se hab&iacute;an concretado, y con aquellos ingresos, el futuro de tu proyecto pronto se convertir&iacute;a en realidad, y mi pendiente liberaci&oacute;n final, la ve&iacute;a ya muy cerca.<\/p>\n<p>&mdash;A llegar, la m&uacute;sica de una parranda vallenata campeaba por todo el lounge bar, gracias a un grupo musical que lideraba una mujer gordita, pero con bonita voz. No &eacute;ramos muchos, el gerente de ventas de la costa acompa&ntilde;ado por una mujer, el primo de la se&ntilde;ora Graciela, Jos&eacute; Ignacio, Eduardo, el magistrado y yo. El Dj, bastante joven, acomodaba una consola y sus cachivaches. Yo al verlo pens&eacute; de inmediato que era tal vez menor de edad. Y una chica, con el cabello tinturado la mitad de rojo cereza, y la otra de azul glacial, serv&iacute;a los tragos en el bar y se los alcanzaba a un mesero enjuto y canoso. No hab&iacute;a nadie m&aacute;s.<\/p>\n<p>Camilo vuelve a sumergirse en las abisales simas de su mente, cavilando en todo lo que acaba de escuchar, jugando con la argolla matrimonial, estirando la cadena dorada, balance&aacute;ndola ligeramente, hasta volv&eacute;rsela a acomodar sobre el centro de su pecho.<\/p>\n<p>&mdash;Bailamos con el magistrado algunos temas, &ndash;contin&uacute;o relat&aacute;ndole&ndash; beb&iacute; algunos cocteles, y en un momento dado, cuando el Dj cambi&oacute; de m&uacute;sica por algo m&aacute;s moderno, Nacho me invit&oacute; a bailar, y eso pareci&oacute; disgustarle al comprador del local, pero fue calmado por la contagiosa risa de Graciela, y el ofrecimiento en una bandeja cromada, de una monta&ntilde;ita de polvo blanco, y una delgada hoja de afeitar. Justo al lado, en una mesita baja, varias latas de bebidas energizantes y&hellip;, varias tiras de preservativos. Hablamos, por supuesto que lo hicimos mientras bail&aacute;bamos, sobre nuestro sorpresivo encuentro all&iacute; en Cartagena, los motivos de cada uno, y obviamente, lo extra&ntilde;o de viajar sin que Eduardo nos hubiera puesto al corriente.<\/p>\n<p>&mdash;Y all&iacute;, sin echarle la culpa al alcohol, aunque en algo aport&oacute;, al poco rato comprend&iacute; mi lugar en aquella funci&oacute;n. Jos&eacute; Ignacio se trababa con krippy junto a esa mujer y el comprador del local, mientras Eduardo esnifaba coca&iacute;na junto al magistrado, y yo pas&eacute; de las copas flautas, colmadas con champagne Dom Perignon, al aguardiente antioque&ntilde;o que beb&iacute;a el primo de la Grace, y de mis cigarrillos blancos a un cacho de marihuana, al que me convid&oacute; Jos&eacute; Ignacio.<\/p>\n<p>&mdash;Luego todo se desmadr&oacute;. En un descuido observ&eacute; qu&eacute; dentro de la piscina, ya desnudos estaban Nacho, su famosa novia y el primo de &eacute;sta. Abrazados los tres, bes&aacute;ndose entre ellos. Eduardo se manten&iacute;a algo apartado, recostado en una silla asoleadora y el magistrado Archbold se llevaba a la boca una pastillita azul, y la pasaba con un trago de esas bebidas cafeinadas. En el sal&oacute;n el gerente de ventas y la mujer que le acompa&ntilde;aba, amacizados bailaban una canci&oacute;n rom&aacute;ntica de la finada Celia Cruz.<\/p>\n<p>&mdash;El olor demasiado intenso a marihuana, agredi&oacute; mis fosas nasales, y las bocanadas de humo espeso, ara&ntilde;aron mi garganta. Y de mi espectacular vestido magenta y lentejuelas doradas, alquilado en un almac&eacute;n de Boca Grande, &ndash;para esa noche de gala&ndash; pas&eacute; a quedarme en ropa interior en medio de ellos. Con&hellip;, consum&iacute; unas rayas de coca y&hellip;, a partir de all&iacute; tengo recuerdos vagos, pero&hellip;, s&eacute; qu&eacute; me perd&iacute;. Me perd&iacute; del todo. Me olvid&eacute; de ti.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pero no corras, que igual te vamos a culear! &mdash;Me grit&oacute; de manera bastante soez pero efusiva, con su mirada perdida y su caminar embriagado, cuando sali&oacute; ella de la piscina y con su piel brillante, escurriendo flujos de aguas hacia el suelo, se vino hacia m&iacute;, con malas intenciones y yo, caminando de para atr&aacute;s, fui tomada por los brazos morenos del magistrado, y luego&#8230; Re&iacute;amos todos por igual, hasta que&hellip; &iexcl;Sucedi&oacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Esa boca suya tan grande se aproxim&oacute; a la m&iacute;a, y sus labios rollizos, como ventosas absorbieron de inmediato los m&iacute;os, con fuerza y deseo. En un momento dado, &ndash;superando las chillonas quejas del acorde&oacute;n, y el &laquo;currambero&raquo; ritmo de la guacharaca, un crisol de emociones y gru&ntilde;idos de placer salieron de otras gargantas. Dos metros m&aacute;s lejanos, dos cuerpos se entrelazaban ya, al borde de la piscina y sus gemidos y quejidos extendidos, expulsados hacia nosotros dos, lograron el cometido de calentarme y le dej&eacute; que me desapuntara el broche de mi brassier.<\/p>\n<p>Como errantes rel&aacute;mpagos, alumbrando en la oscuridad de mi mente, las im&aacute;genes a full color del informe, se api&ntilde;an y posteriormente se desenredan, iluminando mi desdicha al confirmar Mariana con aquellas palabras, su &uacute;ltima y extravagante entrega, que por supuesto, seg&uacute;n sus palabras, lo hac&iacute;a por m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Excitados por la desnudez de tantos cuerpos, embriagados y drogados, se me acercaron varios, y me acariciaron&hellip; &iexcl;Demasiadas manos! Entre ellas, las de Grace, la se&ntilde;ora de don Octavio, la dichosa novia de Jos&eacute; Ignacio. Aleda&ntilde;as mis tetas a sus no tan ca&iacute;dos pechos, y casi arrastrada, bes&aacute;ndome el cuello me acerc&oacute; a una silla playera. Pero no fui yo quien la us&oacute; primero. Le orden&oacute; al magistrado que fuera &eacute;l quien se acomodara primero. Con nerviosismo y menos retador, obediente acat&oacute; su deseo. De espaldas a &eacute;l, levant&eacute; un pie, y afirm&eacute; el otro en el borde de la silla pl&aacute;stica, y luego me sent&eacute; sobre&hellip; Sobre la panza del magistrado Archbold, extendiendo mi espalda sobre su pecho.<\/p>\n<p>&mdash;Se balance&oacute; bastante, y reneg&oacute; por no haber tenido tiempo suficiente para que su pastilla de sildenafilo, le hiciera efecto. Pero ri&eacute;ndose, se sostuvo la verga con sus dedos y me la clav&oacute;. Y ella, esa mujer ri&eacute;ndose, se abalanz&oacute; a lamerme, a chuparme all&iacute;, en mi cuquita, mientras ve&iacute;a de cerca, en primera fila, c&oacute;mo me pichaban. Me&hellip; Aquella sensaci&oacute;n de su lengua pase&aacute;ndose alrededor, me excit&oacute; bastante, m&aacute;s de lo que en aquel momento pudiera imaginar, pero tambi&eacute;n disfrut&eacute; al ver como Nacho se acomodaba por detr&aacute;s de ella y&hellip; Y creo que sin miramientos se la comenz&oacute; a culear. Luego sucedieron m&aacute;s besos, mas caricias, mas entregas y ofrecimientos, de los cuales todos&hellip; Todos, los prob&eacute;. &iexcl;Me arrepentir&eacute; por el resto de mis d&iacute;as, contigo alejado de mis brazos, y conmigo, aun profundamente enamorada de ti!<\/p>\n<p>&mdash;Con sobreactuados ayayais de ligero dolor tras cada embestida, y quejumbrosas suplicas para que no se contuviera, y termin&aacute;ramos los dos al tiempo en un cl&iacute;max, &ndash;real para el magistrado&ndash; un tanto fingido para m&iacute;, la mentirosa experta, tu mujer infiel, logr&eacute; que, para &eacute;l, se terminara la fiesta, una hora y media despu&eacute;s de haberla comenzado.<\/p>\n<p>&mdash;A media noche, concluy&oacute; todo, y para Eduardo, eternizar el momento de nuestro triunfo, se le convirti&oacute; en una est&uacute;pida obsesi&oacute;n. Y mientras los dem&aacute;s, se terminaban de vestir, all&iacute; junto a la piscina, nos indujo a ese abrazo que te pareci&oacute; tan rom&aacute;ntico y que, por otra estupidez de mi parte, acab&eacute; por besar a Jos&eacute; Ignacio delante de Eduardo, precisamente en el momento en el cual mi &aacute;ngel guardi&aacute;n, tomaba otra maldita fotograf&iacute;a, falso reflejo de lo que estaba viviendo. Regres&eacute; a mi hotel, sola y en taxi, despu&eacute;s de dejar al magistrado en el lobby de su hotel, tras rechazar su solicitud de quedarme tambi&eacute;n esa noche con &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Al otro d&iacute;a, por la tarde en el aeropuerto para tomar el vuelo de regreso a Bogot&aacute;, coincid&iacute; con Jos&eacute; Ignacio en la sala de abordaje. Su vuelo estaba por salir, el m&iacute;o lo har&iacute;a una hora m&aacute;s tarde. Con cierta verg&uuml;enza y timidez, tratamos el tema de la orgi&aacute;stica fiesta. Me pregunt&oacute; por mi cliente, con algo de celos en la composici&oacute;n de sus oraciones. Yo le respond&iacute; someramente sobre &eacute;l y sus actividades. Ambos, Jos&eacute; Ignacio y yo, ten&iacute;amos la certeza de haber realizado el negocio de nuestras vidas. Su comisi&oacute;n superaba un poco el monto de la m&iacute;a, pero eso era lo de menos, pues para m&iacute;, lo primordial se hab&iacute;a cumplido. Con las utilidades de aquellas ventas, muy seguramente la junta directiva podr&iacute;a tomar la decisi&oacute;n de hacerte finalmente socio o, por el contrario, cancelarte los derechos por tus dise&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces todo termin&oacute; as&iacute;? &iquest;Tan f&aacute;cil fue para ti? Te ba&ntilde;aste, te vestiste, y regresaste a mis brazos ese domingo por la tarde&hellip; &iquest;As&iacute; como si nada hubiera ocurrido, como si todo formara parte ya de la cotidianidad de tu vida? &iquest;En serio, Mariana? &iquest;No te sentiste mal conmigo? Ja, ja, ja, obviamente que no, pues tuviste la grandiosa idea de llamarme el domingo a la hora de las medias nueves, saludar primero que todo a Mateo, y luego s&iacute;, comentarme, &ndash;completamente dichosa&ndash; tu exitosa negociaci&oacute;n, sin aquellos pelos ni las otras se&ntilde;ales, solicit&aacute;ndome eso s&iacute;, que el bobito te fuera a recoger al aeropuerto, d&aacute;ndome el n&uacute;mero de tu vuelo y la hora aproximada de tu llegada, para posteriormente salir a comer crepes y waffles en el centro comercial, y as&iacute; celebrar en familia tu nuevo triunfo. &iexcl;Wow! Qu&eacute; cachaza la tuya, en serio.<\/p>\n<p>Camilo est&aacute; enojad&iacute;simo, con justa raz&oacute;n, m&aacute;s sin una total comprensi&oacute;n, resopla y quiere intervenir, para recriminarme o para maldecirme, m&aacute;s no lo dejo y decido implorarle por una nueva tregua.<\/p>\n<p>&mdash;Espera, cielo. A&uacute;n no termino. D&eacute;jame hablar y esc&uacute;chame con calma. &mdash;Y obediente, decide sentarse en la silla, para con los brazos cruzados, darme los minutos necesarios para terminar de explicarme.<\/p>\n<p>&mdash;Pues ni tan sencillo fue actuar frente a ti como si nada malo ni terrible hubiera sucedido en Cartagena. Aquella noche encerrada en el ba&ntilde;o de nuestra habitaci&oacute;n, me desnud&eacute; con ganas de darme una buena ducha con agua caliente. Te escuch&eacute;. &iexcl;Claro que te escuch&eacute;! Golpeaste con los nudillos la puerta que nunca hab&iacute;amos cerrado, y por eso me preguntaste angustiado&hellip; &laquo;&iquest;Estas bien? &iquest;Qu&eacute; tienes? &iquest;Te sientes enferma, mi amor?&raquo;. Siempre tan amoroso conmigo, tan preocupado y pendiente por m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Y con el agua cayendo sobre mi cabeza, desliz&aacute;ndose por mi espalda, no te respond&iacute;, ni lo intent&eacute;. No pod&iacute;a hablarte, pues lloraba como una pla&ntilde;idera. &iexcl;Esa es la verdad, cielo! Pues en mis o&iacute;dos, solo escuchaba los ecos de aquellas voces, de sus gemidos, de los sonidos de ultratumba y sus risas depravadas. Rememoraba las im&aacute;genes de todas esas manos, estruj&aacute;ndome los senos, o reptando por mis costillas, adem&aacute;s de esas bocas absorbi&eacute;ndome las tetas, babe&aacute;ndome las areolas, mientras dedos y lenguas se turnaban para lamer mi sexo, perseverando incontables minutos para encenderme sexualmente. No quer&iacute;a ser consciente de c&oacute;mo me entregaba as&iacute;, de esa manera, pero si sent&iacute; placer y eso me revolvi&oacute; las tripas y bastante m&aacute;s, mi alterada conciencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Asco y repulsi&oacute;n! De m&iacute;, de &eacute;l, de todos ellos. Ni siquiera las palmadas en mis nalgas hasta enrojec&eacute;rmelas, por parte del magistrado, o las groseras palabras con las que se refer&iacute;a a ciertas partes de mi cuerpo, lograron motivarme a llegar a un buen orgasmo. Su cuerpo sobre m&iacute;, tan pesado hasta sentir que me asfixiaba, oprimiendo con su barrigota mi vientre y mi deseo de respirar&hellip; Me torturaba y al verlo retorcer con sus callosas manos, mis tetas y de paso sin saberlo, mis entra&ntilde;as, vi en sus gestos de placer y en el brillo de sus morbosas miradas, el reflejo de mi propio infierno.<\/p>\n<p>&mdash;En esos momentos de soledad, &ndash;en los que cre&iacute; que no estabas cerca para evaluarme con esa mirada tuya, tan penetrante&ndash; tan solo pensaba en buscar una manera de alejarme de Eduardo. Me encontraba ansiosa por bloquearlo y alejarlo de nuestras vidas&hellip; Sin que llegaras a sospechar la causa y descubrir las verdaderas razones&hellip; Quer&iacute;a hasta matarlo. &iexcl;A los dos! Por supuesto que a Fadia tambi&eacute;n. Pero no la hallaba. &iquest;Irnos nuevamente? Imposible, pues tu sue&ntilde;o estaba a punto de concretarse y yo no iba a ser la piedra en tu camino para hacerte tropezar y as&iacute; evitar que se hiciera realidad. Aunque&hellip; &iexcl;Maldita sea! Lo fui, finalmente.<\/p>\n<p>&mdash;Deber&iacute;a esperar a que mi idea de promocionarlo ante los directivos, por intermedio de Carmencita, cuajara, al igual que mi nombramiento como nueva jefa de ventas. As&iacute; que mientras tanto, deber&iacute;a callar y hacerte parecer que no ocurr&iacute;a nada malo conmigo y seguir adelante con m&iacute;&hellip; &iexcl;Actuaci&oacute;n! Por ello, simulaba estar bien, pero lo que nadie sab&iacute;a era el temor que se hab&iacute;a instalado dentro de m&iacute;. Y es que adolec&iacute;a de amigas de confianza en quien apoyarme. Salvo Iryna, no exist&iacute;a ninguna persona en quien descargar sobre sus hombros el peso de este tormento. &iexcl;Y no, cielo, no me mires as&iacute;! T&uacute;, aunque ciertamente y por mucho, el m&aacute;s confiable, igualmente eras el menos indicado. Por eso cuando regresaba casa, me entregaba por completo a hacerlos felices todo el tiempo y cuando pod&iacute;a quedarme a solas en alg&uacute;n momento, meditaba&hellip; &iexcl;Pensando en todo!<\/p>\n<p>&mdash;Y en nuestra alcoba, estando t&uacute; ya dormido de medio lado, a m&iacute;, por el contrario, me costaba conciliar el sue&ntilde;o. Me abrazaba a ti, a tu espalda desnuda, rodeando con mis brazos a tu humanidad reposada e inocente, y yo culpable&hellip; &iexcl;Me separaba! Daba la vuelta y ajustaba la almohada. Acalorada, sacaba mis piernas de debajo de las sabanas, y muy ansiosa hasta pensaba en cambiar el colch&oacute;n, &ndash;ech&aacute;ndole la culpa de mis desvelos&ndash; y me giraba de nuevo, mirando la silueta de tu cuerpo, respirando muy tranquilo del lado derecho y me sent&iacute;a indecente, como si con mi presencia all&iacute;, tan cercana a tu izquierda, manchara con el color de mi piel nuestro pulcro lecho matrimonial.<\/p>\n<p>&mdash;Intentaba mantener cerrados los ojos, pensar en otras cosas, y contar ovejas&hellip; No me serv&iacute;a para nada. Las noticias relevantes del d&iacute;a, los chismes de la far&aacute;ndula o en la subida del d&oacute;lar que beneficiaba las exportaciones, y hasta memorizaba las fechas que se aproximaban para pagar los servicios p&uacute;blicos; vi de nuevo en mi mente el consejo de una youtuber &ndash;famosa, pero soltera&ndash; donde desvirtuaba la monogamia y avalaba la mescolanza sexual. &iquest;Sin amor existe placer? Pensaba en todas esas tonter&iacute;as porque al cerrar los ojos, no dorm&iacute;a recordando que debido a mi insensatez fui obligada a fallarte.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que ni t&uacute; ni nadie, se daban cuenta de la haza&ntilde;a que era levantarme sin dormir apenas nada, y salir del enredo de aquellas sabanas, ilesa y con una sonrisa cuando me saludabas con un ma&ntilde;anero beso y tras &eacute;l, tu acostumbrado te amo, pregunt&aacute;ndome un poco extra&ntilde;ado&hellip; &iquest;Dormiste bien? Y yo, con otro beso, una sonrisa y mi apretado abrazo, te respond&iacute;a&hellip; &iexcl;Perfectamente! Todo para tranquilizarte.<\/p>\n<p>&mdash;Quer&iacute;a frente a ellos, Eduardo y Jos&eacute; Ignacio, sentirme poderosa. Liberarme de su obsesivo capricho por sentirse el &laquo;number one&raquo; de los jefes de ventas del pa&iacute;s, y sin que ninguna de sus burlas hacia mis tetas o mi vestuario, me mantuviese atada a la silla en mi escritorio. Si lograba someterlos a mis caprichos, estaba segura de que nadie m&aacute;s en la vida tendr&iacute;a el poder de dominarme y hacerme sentir mal, salvo t&uacute;, con esa estricta rectitud. Si lo consegu&iacute;a con esos dos, podr&iacute;a hacer con los dem&aacute;s lo que se me antojara. Y eso mi vida, solo me concern&iacute;a a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No busqu&eacute; placer en mi est&uacute;pida traves&iacute;a, pues contigo ya lo ten&iacute;a y multiplicado hasta el infinito, por tu esmerado esfuerzo en ser un buen esposo y padre, un excelente amante, m&aacute;s el desinteresado amor que habitaba siempre en tu mirada, cada vez que lo hac&iacute;amos. Pero durante el trayecto, no te puedo negar que lo obtuve en contadas ocasiones. Ni siquiera fue lo mismo con&hellip; Con ella. Similar en las formas, pero diferente en su esencia. No s&eacute; si puedas comprenderme sin estar metido entre mis fibras. Es que con esas otras personas llegaba siempre prevenida, con los ojos bien abiertos y mis sentidos bien despiertos. A tu lado no. Pod&iacute;a caminar en medio de la oscuridad y dentro de ella, incluso hacerlo con los ojos cerrados. Confianza para m&iacute;, es sin&oacute;nimo de amor y mi amor eres t&uacute;, vida m&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Nunca dej&eacute; de ser tu dama, a pesar de reconocerme frente a los espejos de lugares tan distantes como ajenos a los de mi hogar, como una vil puta, y que aquellos con los que negociaba sellando tratos con mi labia y abri&eacute;ndome de piernas bajo distintas sabanas, me vieran como a una asesora comercial, patisuelta e interesada, o que tambi&eacute;n transmitiera la imagen de una puta fina, para sellar un buen trato.<\/p>\n<p>&mdash;Todos ellos, m&aacute;s unos cuantos enamorados de m&iacute;, por las redes sociales, perd&iacute;an conmigo la batalla de la conquista, por m&aacute;s que se esforzaran. Ni con obsequios o flores, palabras bonitas o promesas de viajes a lugares paradisiacos, ninguno pod&iacute;a vencer la consistencia del amor que sent&iacute;a por ti y por mi hijo, por mi hogar y permanecer dentro de nuestro tablero, sinti&eacute;ndome tu dama. Yo decid&iacute;a finalmente que entregar y cuando, hasta donde permitir y que pedir a cambio. Aunque fuera ese hijueputa de Eduardo, el que al comienzo me ofreciera como colorido empaque de un regalo.<\/p>\n<p>&mdash;En la cama, en un sill&oacute;n o tirada sobre una mullida alfombra, yo segu&iacute;a sinti&eacute;ndome una dama y de hecho fui tratada como tal. Tantas palabras bonitas, dichas por otras bocas, intentaban seducirme sin descanso, pero las dichas por ti a mi o&iacute;do, lograban mantenerme conquistada sin tanto esfuerzo, y con tus m&uacute;ltiples demostraciones de respeto y de cari&ntilde;o, hacia mi peque&ntilde;o y otras solo para m&iacute;, me hac&iacute;an sentir completamente tuya, e inmensamente feliz de compartir mis d&iacute;as a tu lado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me pas&oacute;? &iquest;Por qu&eacute; insist&iacute; en torcer mi destino, si era tan bonito? Yo no lo s&eacute; en realidad. &laquo;&iexcl;Mucho dulce empalaga, y una pizca de sal, da sabor a la vida!&raquo;. &mdash;Me dijo una tarde Fadia, mientras me ayudaba a maquillarme para cumplir con otra cita de negocios. No comprendo todav&iacute;a por qu&eacute; al empezar no me detuve. Porque motivo decid&iacute; avanzar, sin apenas rechistar. O tal vez, puede que me faltara algo y me sobraran tus mimos y tu protecci&oacute;n, pues as&iacute;, andando sola, aprend&iacute; a vivirme plena, con ofensas, por heridas y con burlas, por golpes a mi autoestima.<\/p>\n<p>&mdash;Experiment&eacute; como sentirme bella y deseada, con cada pas&oacute; que daba fuera de mi casa, y atraer con la perversi&oacute;n inscrita en una mirada, la aceptaci&oacute;n para firmar un contrato, y a dominar con un simple cruce de piernas o un p&iacute;caro aleteo de mis pesta&ntilde;as, el regateo de los clientes que se hac&iacute;an los dif&iacute;ciles. Nada atrae m&aacute;s a un hombre, o a una mujer, que aparentar inocencia, pero mezclada con un toque de lujuria, en un abrir y cerrar de ojos o de piernas, convertir un posible no, en una sumisa afirmaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Eres un amor de hombre, y tan esmerado en tus cuidados para Mateo y para m&iacute;, como no creo hallar nunca jam&aacute;s en otra persona. Agradezco tu esfuerzo, tu valor y la paciencia por escucharme. Noto claramente que tu intenci&oacute;n inicialmente era la de otorgarme tu perd&oacute;n, pero comprendo que con todo esto que has escuchado y que ha salido honestamente por mi boca, no lo conseguir&eacute; y tendr&eacute; que regresarme a Bogot&aacute;, sola, e incumpli&eacute;ndole la promesa a nuestro hijo. Ahora, Camilo, solo espero que me digas tu frase favorita: &iexcl;Lo que no sirve, que no estorbe!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Has terminado? &mdash;Y Mariana, se acomoda de medio lado, en la esquina izquierda de la cama, asintiendo con la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;Bien sabes lo que pienso sobre eso. Nada se acaba, no se termina y, por el contrario, continua el ciclo. Obviamente, no volveremos a lo mismo, a sentir igual, a vivir de manera similar. Hab&iacute;amos hablado desde el comienzo de nuestro noviazgo, y repetido poco antes de nuestra boda, que si llegado el momento, entre los dos surgiera un delicado conflicto, una discusi&oacute;n aparentemente insalvable, hablar&iacute;amos primero, escuchar&iacute;amos con atenci&oacute;n y luego de admitir nuestras fallas, &ndash;d&aacute;ndole la justa raz&oacute;n al otro&ndash; terminar&iacute;amos por darnos un tierno beso y un amoroso abrazo, pues jam&aacute;s las discusiones ser&iacute;an m&aacute;s importantes que el amor que nos profes&aacute;bamos.<\/p>\n<p>&mdash;Por todo lo que has relatado, no estoy seguro de si fuiste consciente de lo que en verdad a&ntilde;orabas. Ten&iacute;as en tu interior, y tal vez a&uacute;n permanezca incrustado en tu psiquis, las ganas de sentirte dominante con tus amantes y sometida ante m&iacute; para equilibrar tu balance. A mi modo de ver, disfrazaste esa fantas&iacute;a con una lucha de poderes y de g&eacute;neros. La mujer equilibrada y tolerante, enfrentada a la insensatez del hombre. Y a pesar de que llevabas a mi lado una vida satisfactoria, muy en lo profundo de tu ser, a&ntilde;orabas vivir de manera m&aacute;s aventurera y desquiciada.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;, Camilo, lo s&eacute;. Me esmer&eacute; en mejorar mis talentos, cuidar mi f&iacute;sico y adornarlo en cada encuentro con algo diferente, no solo con la ropa o los peinados, sino con nuevas t&eacute;cnicas sexuales y ofreci&eacute;ndome como una agradable dama de compa&ntilde;&iacute;a, no tanto por el dinero de las comisiones, tambi&eacute;n por mi deseo de ser reconocida como la mejor vendedora de la constructora, por encima de Jos&eacute; Ignacio, rompiendo sus marcas y que con mi esfuerzo, le otorgaran a Eduardo la direcci&oacute;n general de la comercializaci&oacute;n de todos los proyectos de la constructora a nivel nacional. Para quit&aacute;rmelo de encima, para que me dejara en paz, y as&iacute; finalmente, consiguiera la libertad de estar contigo, permanentemente en exclusiva y alegrarme por tu nueva posici&oacute;n en la constructora, como socio, finiquitando tu sue&ntilde;o, haciendo realidad el complejo hotelero, reutilizando esos containers usados y bajo tu buen juicio, con tus propias manos, darle al trajinado material una nueva oportunidad para lucir, alojando los sue&ntilde;os y los amores de cientos de seres que buscar&iacute;an un descanso merecido.<\/p>\n<p>&mdash;Me parece que a pesar de escuchar todo lo anterior, exculpando en algo tu proceder por la obligada presi&oacute;n que ejerci&oacute; Eduardo y su mujer sobre ti, y escucharte tan arrepentida, ahora s&iacute; que me preocupa tu estado mental. Si ya est&aacute; todo dicho, me parece entonces, que es momento de marcharme. &mdash;Me acerco hasta el mueble, y d&aacute;ndole la espalda, a su mirada curiosa por naturaleza, le digo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, pues, si ya no tienes m&aacute;s sorpresas guardadas por ah&iacute;, creo que esto es tuyo. Ya no me pertenece. Haz con esto lo que mejor creas. &mdash;Y del interior de mi mochila, extraigo el folder rojo con el cual, sorprendido en un principio, me inform&eacute; de la real situaci&oacute;n por la que atravesaba m&iacute;, aparentemente, ordenado universo.<\/p>\n<p>Absorta, se endereza, para recibirme la carpeta, sin poder cerrar su boca. La mira primero, y me observa ahora. De nuevo, su llanto aparece y en su cara de asombro, percibo igualmente su angustia y el quebranto.<\/p>\n<p>&mdash;Co&hellip; Como es que la&hellip; No es posible, Camilo. Qui&eacute;n&hellip; &iquest;Qui&eacute;n te la dio? &mdash;Le pregunto, y entre mi angustia y mi rabia, primero con la persona que se la entreg&oacute;, &ndash;incumpliendo aquella promesa&ndash; y segundo con mi esposo, por hacerme sufrir al relatarle con pelos y se&ntilde;ales todas las miserias de mi pasado, teniendo en su poder la certeza de mi deshonestidad, rebobino la pel&iacute;cula de aquel despido en mi cabeza, pues no tengo idea de quien me traicion&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;Qui&eacute;n fue?! Dime camilo. &iquest;Qui&eacute;n carajos me delat&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Resulta Mariana, que unos minutos despu&eacute;s de que te marcharas para tu reuni&oacute;n con la junta directiva, mientras terminaba de afeitarme, recib&iacute; una llamada de don Octavio.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Camilo? Hijo, me encantar&iacute;a que me acompa&ntilde;aras a desayunar, y as&iacute;, de paso, podemos tratar un tema de suma importancia para los dos. &iquest;Conoces el restaurante del centro financiero? &iquest;El que est&aacute; ubicado en la &uacute;ltima planta de la torre &laquo;C&raquo;?<\/p>\n<p>&mdash;Nunca he estado all&iacute;, pero s&iacute; s&eacute; d&oacute;nde est&aacute; ubicado. Deme unos cuarenta minutos y le llego all&aacute;. &iquest;Le parece, don Octavio?<\/p>\n<p>&mdash;Perfecto hijo, lo espero. &mdash;Me respondi&oacute; con total naturalidad, y enseguida me cort&oacute;. No pens&eacute; en nada raro. Tal vez quer&iacute;a comentarme en privado algo con respecto a los tr&aacute;mites que &eacute;l estaba efectuando en la gobernaci&oacute;n para la licencia de construcci&oacute;n, o algo por el estilo.<\/p>\n<p>&mdash;Termin&eacute; de vestirme apurado, aunque cambi&eacute; antes, la chaqueta ovejera de jean azul, por uno de mis abrigos largos, ya que me pareci&oacute; m&aacute;s formal, y acorde con la camisa a cuadros de algod&oacute;n, con sus colores claros, mi jean negro y mis botines azul petr&oacute;leo.<\/p>\n<p>&mdash;Al entrar al restaurante, me recibi&oacute; el hostess, a quien inform&eacute; la raz&oacute;n de mi presencia all&iacute;, y este de inmediato me llev&oacute; hasta su mesa. Estaba solo, tomando jugo de mel&oacute;n, calmado. Insisti&oacute; en que lo acompa&ntilde;ara tom&aacute;ndome un vaso tambi&eacute;n, pues seg&uacute;n &eacute;l, era excelente beberlo en ayunas para neutralizar la acidez estomacal.<\/p>\n<p>&mdash;Desayun&aacute;bamos en calma, y a medio terminar su ensalada c&eacute;sar, y yo, mis anillos de calamar apanados, sin darme pistas ni alarmarme, comenz&oacute; por alabarme.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo, hijo. Eres un buen hombre y un grandioso arquitecto. So&ntilde;ador como todos los que amamos construir con nuestros sue&ntilde;os, los de los dem&aacute;s. Con frecuencia, a hombres como t&uacute; o como yo, acostumbrados a ganarnos la vida, con el arte de visionar un cosmos mejor, nos toca batallar contra las poderosas razones y nuestras hambrientas pasiones.<\/p>\n<p>&mdash;Reci&eacute;n comenzaba a cucharear su caldereta de cangrejo, y yo a trocear mi &laquo;Piraruc&uacute; Acevichado&raquo;, cuando dio inicio a una filos&oacute;fica charla sobre nuestras labores como arquitectos y dise&ntilde;adores.<\/p>\n<p>&mdash;Y luchamos sin descanso, sin dormir, a veces varias noches seguidas, con tal de conseguir unir, de la mejor manera, la m&aacute;s adecuada y honesta, lo artificial con lo natural. Es el fundamento que considero m&aacute;s importante para nosotros los constructores. So&ntilde;amos con mejorar la belleza de este mundo, sin lastimarla ni menospreciarla.<\/p>\n<p>&mdash;De hecho, te consta que nuestras almas constructoras y pacificadoras, lo &uacute;nico que desean es aprovecharnos de sus paisajes, para decorar con ellos nuestros ambientes creados, y darle un poco m&aacute;s de comodidad y felicidad a&hellip; A lo que m&aacute;s nos importa, como a nuestros esmerados dise&ntilde;os. &iquest;Estoy en lo cierto Camilo? &mdash;Sin decir nada por tener la boca llena, tan solo asent&iacute; y el prosigui&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No obstante, por m&aacute;s que lo intentamos, muchas veces no logramos equilibrar con nuestra raz&oacute;n y todo nuestro esfuerzo, las necesidades ocultas de los dem&aacute;s. Ese estilo de vida apasionado y aventurero, que algunos de nuestros clientes, por lo general los m&aacute;s cercanos y selectos, no hallan en todo aquello tan bello y acomodado que les hemos construido, y que, a pesar de ello, aburridos desean cambiar. Y no podemos con todo, a pesar de nuestros esfuerzos.<\/p>\n<p>&mdash;Y ya en los postres, finalizando tanto &eacute;l como yo, nuestros Pralin&eacute;s de almendras, termin&oacute; por decirme&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Para beneficio propio, es fundamental, que la calidad de nuestras obras, pero sobre todo en nuestros proyectos de vida, no decaiga y se mantenga, alejando, eso s&iacute;, las tentaciones de las cantidades que nos ofrecen esos peque&ntilde;os logros, que, aunque suman, no contemplan toda la grandeza de nuestros esfuerzos.<\/p>\n<p>&mdash;Ciertamente, mariana, no era la primera vez que desayunaba con &eacute;l. Pero esa ma&ntilde;ana, al hacerlo solo, y escuch&aacute;ndolo con atenci&oacute;n, sospech&eacute; que suced&iacute;a algo. Pero no nada malo, simplemente cre&iacute; que, con aquel desayuno, &eacute;l me dar&iacute;a la noticia de que finalmente me har&iacute;a socio de su constructora.<\/p>\n<p>Iluso, idiota. Cuando el camarero se apareci&oacute; con la cuenta, me dijo sin cambiar el semblante&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Sin embargo, y con todo el aprecio que le tengo por la labor tan admirable con la que ha ejecutado su trabajo, y su denodada entrega a esta empresa, debo despedirlo, no sin antes entregarle esto. Y de su portafolio, tomo un sobre blanco y al entreg&aacute;rmelo me notific&oacute; su decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Internamente, por motivos que no le incumben a usted conocer, hemos realizado una investigaci&oacute;n al &aacute;rea comercial, y se ha descubierto que nos mintieron, usted y su esposa, la se&ntilde;ora Melissa Mariana L&oacute;pez, seg&uacute;n consta en este registro civil de matrimonio. Ella se vincul&oacute; a la constructora transgrediendo las normas establecidas, las que usted tambi&eacute;n conoci&oacute; cuando firm&oacute; el contrato laboral, y que, en uno de sus apartes, estipula que no se permiten relaciones amorosas entre los empleados. Y usted, mi apreciado arquitecto, ya se encontraba realizando su trabajo para nosotros. &iquest;Estoy en lo cierto, Camilo? &mdash;Me qued&eacute; boquiabierto, seguramente p&aacute;lido y en total fuera de lugar, Mariana.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Es correcto, Camilo Andr&eacute;s? &mdash;Volvi&oacute; a insistirme, pero esta vez usando un tono m&aacute;s autoritario en su voz.<\/p>\n<p>&mdash;Efectivamente. S&iacute; se&ntilde;or. &mdash;Le respond&iacute;. Muy nervioso, no te lo voy a negar, pero a la vez, intentando poner en orden todas tus &uacute;ltimas actividades, buscando la falla en ti, por la cual ellos hubieran iniciado una investigaci&oacute;n. Falta de ventas no eran la raz&oacute;n. &iquest;Dineros recaudados que no ingresaron debidamente a tesorer&iacute;a? T&uacute; no tendr&iacute;as necesidad de involucrarte con alg&uacute;n robo o desfalco. &iquest;Qu&eacute; otra cosa podr&iacute;a ser? &iquest;Cu&aacute;l la causa de que finalmente nos descubrieran el pastel? Y no lo hallaba, Mariana. Pero no me dio m&aacute;s tiempo de pensar, pues termin&oacute; por decirme&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Sus conceptos arquitect&oacute;nicos se realizar&aacute;n, pero no bajo su supervisi&oacute;n. Otras manos se encargar&aacute;n de ejecutarlo. Puede que, como yo, sea culpable en poco o en mucho de lo sucedido, y a pesar de que me he opuesto a su despido, no puedo ni debo cambiar las normas, que yo mismo ayude a establecer, torci&eacute;ndolas para favorecerlo. Por ello, la junta directiva ha decidido pagarle la suma de dinero que nos solicit&oacute; inicialmente para quedarnos con su proyecto hotelero. Ese acuerdo, firmado por usted con anterioridad y que dejamos en standby, guardado en un caj&oacute;n de mi escritorio, mientras sopes&aacute;bamos la viabilidad del proyecto y su probable inclusi&oacute;n dentro de la sociedad, lo ratificaremos en la notaria, la pr&oacute;xima semana. Y obviamente en la oficina de personal, Carmencita le har&aacute; entrega de sus prestaciones sociales, y de una carta de recomendaci&oacute;n por su dedicaci&oacute;n y excelente desempe&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Revis&eacute; el sobre y efectivamente all&iacute; se encontraban las copias del precontrato que hab&iacute;amos acordado por mis dise&ntilde;os, cedi&eacute;ndoselos por la suma de dinero que calcul&eacute;, ser&iacute;a el pago justo a mis noches en vela, y con la cual, el futuro educativo de nuestro hijo, estar&iacute;a m&aacute;s que asegurado hasta que decidiera, ya mayorcito, qu&eacute; carrera le gustar&iacute;a estudiar en la universidad.<\/p>\n<p>&mdash;No ten&iacute;a mucho m&aacute;s por decir o hacer ante la evidencia presentada por don Octavio, y me fui de aquel restaurante, pensativo e intranquilo, por saber de ti y c&oacute;mo te lo habr&iacute;as tomado. Igualmente, con ganas de encontrarme a Eduardo para pedirle explicaciones.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando sal&iacute; de la oficina de personal, escoltado por el jefe de seguridad, y despidi&eacute;ndome afectuosamente de una Carmencita, llorosa y afligida, pas&eacute; a recoger todas mis cosas, excepto los planos digitalizados, las perspectivas, los esquemas de distribuci&oacute;n, la lista de materiales requeridos, el estudio de color que me ayudaste a realizar para ambientar el exterior y los acabados de los contenedores, entreg&aacute;ndoselos a una desconcertada Elizabeth, en la que fue mi oficina en el piso once. La pobre no sab&iacute;a qu&eacute; estaba pasando y miraba para todas direcciones, donde los ojos de los ingenieros y sus secretarias, igualmente, se mostraban extra&ntilde;ados por mi silenciosa manera de alejarme de all&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Al llegar al ascensor fui llamado por esa persona que, con su grave voz, reclamaba mi atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Arquitecto?&hellip; &iexcl;Se&ntilde;or!&hellip; &iexcl;Por favor, don Camilo, espere! &mdash;Y aquel grito, consigui&oacute; que pisara el pedal del freno de mis pasos, y le prestara atenci&oacute;n. Se plant&oacute; en frente de m&iacute;, interponi&eacute;ndose entre el elevador y yo, sujet&aacute;ndome por un brazo, para inmovilizar mis ganas de bajar a tu piso, y salir los dos de all&iacute;, despedidos pero juntos. No muy feliz, pero con la tranquilidad interior de volverte a tener, en exclusiva para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Don Camilo, disculpe que lo detenga de esta forma, pero me gustar&iacute;a que me escuche antes de&hellip; Se&ntilde;or, creo que es mejor que no busque a su esposa ahora. &mdash;No comprend&iacute;a por qu&eacute; me animaba a que no oprimiera el bot&oacute;n del ascensor, todav&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Igual, ella ya dej&oacute; las instalaciones, sola y por sus propios medios.<\/p>\n<p>&mdash;Mejor dicho, don Camilo, lo que sucede es que&hellip; Yo s&eacute; una cosa que usted desconoce y es&hellip; Es que&hellip; Es mejor que usted sepa algo antes de ir a buscarla. Perm&iacute;tame lo acompa&ntilde;o hasta el s&oacute;tano, y all&aacute; le cuento.<\/p>\n<p>&mdash;Pero&hellip; &iquest;&iexcl;Qu&eacute; sucede Milton!? D&eacute;jeme seguir que tengo af&aacute;n. Necesito ir a buscar a mi mujer, debe estar destrozada con todo esto. &mdash;Y en esas se abrieron las puertas del elevador y entre los dos se mantuvieron las miradas. La m&iacute;a con evidentes signos de interrogaci&oacute;n. La de &eacute;l, con la frialdad de siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, Milton, ya estamos ac&aacute;, d&iacute;game que est&aacute; sucediendo, pero r&aacute;pido porque me tiene intrigado y para antier es tarde. Adem&aacute;s, debo buscar a alguien m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Ya tendr&aacute; tiempo para eso, cr&eacute;ame. Pero antes, arquitecto, pienso que debe darle una ojeada a este informe. &mdash;Me respondi&oacute; y despu&eacute;s de revisar con la mirada para todos lados, recarg&aacute;ndose contra una de las anchas columnas de cemento, de debajo de su saco, llev&aacute;ndose amabas manos hacia su espalda, se sac&oacute; una carpeta roja y me la entreg&oacute;. Esa que tienes ahora en tus manos. Y del bolsillo posterior del pantal&oacute;n, extrajo algo adicional y me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Su esposa, la se&ntilde;ora Melissa, no fue despedida &uacute;nicamente por su v&iacute;nculo matrimonial. Ella no solo enga&ntilde;&oacute; a la compa&ntilde;&iacute;a, sino tambi&eacute;n a usted. Lo lamento mucho arquitecto, cr&eacute;ame. S&eacute; bien el calvario por el que pasar&aacute;, despu&eacute;s de leer y ver esto, pues yo lo he vivido. Su se&ntilde;ora&hellip; Ella manten&iacute;a una relaci&oacute;n secreta con un compa&ntilde;ero de trabajo. El pedante ese, que se cree la &uacute;ltima Coca-Cola del desierto, entre otras cosas. Aqu&iacute; est&aacute; todo. Lo podr&aacute; observar con mayor&hellip; &iexcl;Claridad!<\/p>\n<p>&mdash;Y, me entreg&oacute; esto tambi&eacute;n. Una peque&ntilde;a unidad flash, qu&eacute; nunca fui capaz de insertarla en el puerto USB de mi computador, para husmear lo que hab&iacute;a en ella. Supongo que&hellip; Con m&aacute;s evidencias visuales, de todo lo que me has dicho. &iexcl;De aquello que no deseaba ver de ti! Es toda tuya tambi&eacute;n, Mariana. Tendr&aacute;s que decidir qu&eacute; hacer con ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;n me habla? &iquest;Cu&aacute;l relaci&oacute;n? &mdash;Intrigado le pregunt&eacute;, aunque en mi mente ya ten&iacute;a grabado el nombre de tu amante.<\/p>\n<p>&mdash;Su mujer lleva meses en una relaci&oacute;n sentimental, con el presumido de Jos&eacute; Ignacio Cifuentes. Pero no se preocupe por &eacute;l, ni por el jefe de ellos dos, su amigo Eduardo, el mismo que recomend&oacute; su proyecto a don Octavio, pero no para ayudarlo como usted o su se&ntilde;ora pensaban, sino para alejarlo de ac&aacute;. A ellos dos, igualmente, les pidieron la renuncia, aunque si por m&iacute; fuera, don camilo, le juro que, si hubiera estado en mis manos, a ese par les hubiese dado algo m&aacute;s que una carta y la liquidaci&oacute;n. Yo los hubiera sacado a patadas y trompadas, ech&aacute;ndolos sin nada. Por malparidos y pervertidos. Sobre todo, a ese hijo de puta cari bonito, que le encanta inmiscuirse con las mujeres de los dem&aacute;s, seduci&eacute;ndolas y destrozando relaciones, como lo ha hecho con la suya. &iexcl;C&oacute;mo lo hizo ya con la que yo sosten&iacute;a, cule&aacute;ndose a mi Mar&iacute;a!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Mar&iacute;a? Mar&iacute;a, la se&ntilde;ora de la caf&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Sshhh, s&iacute;. &iexcl;Esa misma! Los pill&eacute; en la cocina y&hellip; Bueno, eso ya no importa. Tenga, arquitecto, y l&eacute;alo antes de verse con su esposa, creo que por m&aacute;s doloroso que pueda ser, le abrir&aacute; los ojos y con eso, usted podr&aacute; tomar una buena decisi&oacute;n para el resto de su vida, y si me necesita para algo m&aacute;s, al final del informe encontrar&aacute; mi n&uacute;mero telef&oacute;nico. A m&iacute; s&iacute; me gustar&iacute;a colaborarle, con una que otra trompada a ese payaso siete mujeres. Mucha suerte don Camilo, y cr&eacute;ame que lamento mucho enterarlo hasta ahora de esa situaci&oacute;n, pero ten&iacute;a mis manos atadas.<\/p>\n<p>&mdash;Lo sab&iacute;a, maldici&oacute;n, lo sab&iacute;a. Desde que lo vi all&iacute;, de pie contra la puerta cerrada de la sala de juntas&hellip; Yo lo present&iacute;. &mdash;Al instante Mariana despega sus nalgas de la cama, y con el dorso de su mano derecha se retira la humedad en ambas mejillas, mir&aacute;ndome con dolor y frustraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Y tambi&eacute;n adivinaste, &iquest;que tu adiestrado amante, te desobedeci&oacute; y te pon&iacute;a los cachos con la se&ntilde;ora de servicios generales? &iquest;La compa&ntilde;era sentimental del jefe de seguridad?<\/p>\n<p>&mdash;Pues no me extra&ntilde;a para nada, ya que ese era un rumor que se corr&iacute;a de voz a voz, por los pasillos de esa oficina, desde que llegu&eacute; a trabajar. Para &eacute;l cualquier hueco era trinchera. &mdash;Le contesto a su malintencionada pregunta y me acerco a &eacute;l para promulgarle unas &uacute;ltimas palabras.<\/p>\n<p>&mdash;Desde siempre aprendimos a decirnos con miradas cuanto nos am&aacute;bamos, a solas, o rodeados por multitudes. Sent&iacute;amos que nos faltaban horas, minutos y segundos, para postergar las despedidas bajo el marco de la puerta, al acompa&ntilde;arme hasta mi casa. Ahora, solo quisiera echar atr&aacute;s el tiempo, y que los besos sinceros que nos dimos, los que dieron vida a nuestra relaci&oacute;n, renazcan entre los dos, que le vuelvan a surgir desde su coraz&oacute;n y que, en el tuyo, no desfallezcan los latidos por los m&iacute;os. &mdash;Y sacando valor de d&oacute;nde no parece haberlo, desato el nudo de esta bata, para abrir los pliegues de la tela y mostrarle mi cuerpo desnudo. Para&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No es muy tarde, cielo. A&uacute;n podr&iacute;amos&hellip; &iexcl;Podemos hacernos el amor, una &uacute;ltima vez! Ven dame tu mano. &iexcl;T&oacute;came aqu&iacute;! &mdash;Y coloco su mano en mi pecho, al ladito de mi seno izquierdo, y enseguida su otro brazo me rodea, me aprieta contra &eacute;l, pero&hellip; &iquest;Duda?<\/p>\n<p>Y en su abrazo me hace sentir a salvo. Mi coraz&oacute;n aliviado, en parte, acompasa el tamborilear del suyo. Entre la musculatura de sus brazos me calmo, pero quisiera estar con &eacute;l una vez m&aacute;s, sentirlo dentro m&iacute;o, retenerlo saboreando nuestro placer. Pero Camilo no quiere&hellip; &iquest;O s&iacute;? Tal vez igualmente le gustar&iacute;a, m&aacute;s su razonado orgullo herido, le dictamina que se me resista. Por eso apart&aacute;ndolo un poco le digo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Solo cuando deje de latir este coraz&oacute;n con fuerza, cada vez que est&eacute;s cerca de m&iacute;, sabr&eacute; que ya no me haces falta&hellip; Y aqu&iacute; en mi cabeza, &ndash;y le tom&oacute; su otra mano y la llevo a mi frente&ndash; tu rostro ya no aparezca con asiduidad&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;O en este lugar, &ndash;y le bajo la mano hasta hacer que me cubra con su palma mi pubis&ndash; ya no anhele acariciarme pensando en ti&hellip; Yo sabr&eacute;, Camilo Andr&eacute;s, que&hellip; Que he dejado de amarte. Y ten la seguridad que cara a cara, como lo hago ahora, te lo dir&eacute;. Pero en este instante, como en todos nuestros momentos pasados, te aseguro que te sigo amando.<\/p>\n<p>&mdash;Comprendo qu&eacute; no volveremos a ser&hellip; Qu&eacute; no seremos tan confiados como antes, pues hemos mudado de piel. A nuestra historia juntos, ya le hemos agregado otros cap&iacute;tulos, y no quiero imaginar que hasta ac&aacute; hayamos llegado, y en esta habitaci&oacute;n de hotel indolente, y sin nuestra habitual intimidad, quede escrita la despedida de lo que no alcanzamos a realizar.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto que me hago responsable de todos mis actos. Soy consciente del da&ntilde;o que le caus&eacute; a nuestra relaci&oacute;n. Lo que has escuchado, lo que has llegado a visualizar en tu mente, todas esas sensaciones de abatimiento, desolaci&oacute;n, rabia, tristeza, decepci&oacute;n y dolor, son todas culpa m&iacute;a. Y te agradezco por permitirme venir a verte, y sobre todo por escucharme nuevamente como al principio, desde que nos conocimos, cuando &eacute;ramos simplemente amigos. Necesitaba descargar en ti, todas mis verdades. &iexcl;Me has liberado!<\/p>\n<p>&mdash;Seguir&eacute; con mi tratamiento, para limpiar mi alma y salir de esa ansiedad que me estaba consumiendo a solas, cuando me di cuenta de que, estando tan perdida, se me escapaba de mis manos la felicidad que llegu&eacute; a tener contigo. Me he dado cuenta de las estupideces que hice, por ayudar a otras personas, sin avisarte, sin tenerte en cuenta. Trabajar&eacute; duro para educar bien a nuestro hijo, pero cielo, te necesito. Te juro que te necesito para que me ayudes con eso. Me urge que tus valores morales y &eacute;ticos, se los ense&ntilde;es y se los transmitas, mientras restauro con el tiempo, los m&iacute;os. &iexcl;Te amo! Te amo mucho, Camilo Andr&eacute;s Garc&iacute;a Romero. Te adoro, vida m&iacute;a. Estoy muy segura de ello, as&iacute; como&hellip; No dejar&eacute; de amarte por siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Mariana, sabes bien que yo te he amado desde el mismo momento en que te vi, de rodillas, abofeteada por el cobarde de tu exnovio. Pero ahora, a pesar de que te sigo amando, no puedo, esta vez, cumplir con tus deseos. Hacerte el amor, adorarte como lo hac&iacute;a, ya es imposible despu&eacute;s de que confirmaras con tu propia voz, todo lo que en ese maldito informe constaba y yo&hellip; Yo me negaba a creer.<\/p>\n<p>&mdash;Tendremos que contentarnos con recordar la &uacute;ltima vez que estuvimos juntos, esa noche que hicimos el amor.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te refieres a esa noche despu&eacute;s de mi regreso de La Heroica? &iquest;Esa noche que despu&eacute;s de un largo rato, al salir del ba&ntilde;o, me entregaste una infusi&oacute;n de manzanilla, esperando que, al beberla, se calmara mi malestar? &iquest;Esa &uacute;ltima vez, cuando lentamente abriste los costados de mi bata, y al verlos todav&iacute;a cubiertos por las ajustadas copas del sost&eacute;n, soltaste un suspiro de satisfacci&oacute;n y apresurado con tus dedos, me levantaste el brassier tom&aacute;ndolo por los aros, dej&aacute;ndolo arremangado bajo mi cuello? &mdash;Siento las palpitaciones de su coraz&oacute;n a trav&eacute;s de su mano. Tiembla igualmente, pero no la retira de mi pecho.<\/p>\n<p>&mdash;Desnudos, los miraste extasiado, no como lo haces ahora, pero aquella vez y sin previo aviso, encaramaste con desespero tus labios por las cumbres de mis senos, absorbiendo mis pezones, como si te estuvieses alimentando. Los globos de mis senos operados, bajo tus caricias, me ard&iacute;an, y te suplicaba que me las humedecieras con tu saliva, o que me las succionaras con m&aacute;s ganas. Quer&iacute;a que me las mordieras, lento y duro, y me sorprendieras de nuevo, al volver a golpe&aacute;rmelas con tus palmas. Necesitaba sufrir, sentir dolor, para limpiar con mi padecimiento, aquella &uacute;ltima falta. As&iacute;, con tus dientes aprisionando mis pezones, comenc&eacute; a excitarme y lograste que, sin tocarla, mi cuquita se humedeciera y chorreara flujos por mis piernas, abiertas para ti, exponi&eacute;ndome a voluntad para recibir la visita de tu boca o de tus dedos, y me penetraras con ellos o con tu lengua, prepar&aacute;ndome para qu&eacute; finalmente tu deseada verga, me horad&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Esa noche no! &ndash;La interrumpo. &ndash; Aquella vez solo tuve ganas de ti. Simple y llanamente fue sexo. Ese que &uacute;ltimamente tanto deseabas sentir. Me refiero a la del d&iacute;a anterior a tu intempestivo viaje. Esa s&iacute; fue la &uacute;ltima vez que te hice el amor y sent&iacute; que t&uacute; te entregabas a m&iacute;, con tu acostumbrada ternura. Con esa es qu&eacute; nos debemos quedar en la memoria.<\/p>\n<p>&mdash;Ya es tarde, son m&aacute;s de la diez. Voy a vestirme, y t&uacute; debes descansar un poco. Tu vuelo es por la tarde, supongo. &mdash;Con cuidado retiro mi mano de su pecho, pues debo dirigirme hasta el balc&oacute;n para recoger del espaldar de una de las sillas, mi b&oacute;xer que ya deben estar secos.<\/p>\n<p>Mientras me dirijo hacia all&iacute; voy recordando unas frases, un pensamiento que le&iacute;, aunque ahora no recuerdo exactamente, ni el libro ni el momento.<\/p>\n<p>&quot;El amor no se exige, no se suplica y mucho menos se mendiga, el amor se regala en miradas, en caricias, en tiempo inventado, en paciencia que se aprende, en consuelo compartido, en risas que secan l&aacute;grimas y en abrazos que te reconstruyen y en besos que te dan vida&quot;. &iexcl;Perd&oacute;name, mi amor!<\/p>\n<p>Le escucho hablar, a pesar de hacerlo a un volumen tan bajo, como si se lo estuviese diciendo a &eacute;l mismo. Susurr&aacute;ndole a su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Camilo? Cielo&hellip; &iquest;Me pides perd&oacute;n t&uacute; a m&iacute;? No, mi vida, soy yo la que tropec&eacute; con la misma piedra m&aacute;s de una vez, y por ello ca&iacute; en sus manos.<\/p>\n<p>&mdash;Pues s&iacute;, Mariana. Tambi&eacute;n debo pedirte perd&oacute;n, pues al escucharte y verte sufrir, me he sentido fatal. Fui un est&uacute;pido al no darme cuenta de nada por lo que estabas pasando, pero es que&hellip;, yo te ve&iacute;a normal como siempre, a pesar del exceso de cari&ntilde;os y mimos hacia Mateo. O en las noches m&aacute;s comprensiva, si me ve&iacute;as cansado, y m&aacute;s &laquo;arrecha&raquo; de lo normal, cuando con solo mirarte, entend&iacute;a que me ten&iacute;as muchas ganas.<\/p>\n<p>&mdash;Sin embargo, cuando cre&iacute;as estar a solas y sin que te dieras cuenta, yo te observaba a veces y me extra&ntilde;aba sentirte tan lejana y pensativa. Asum&iacute; que era, por cuestiones laborales, una normal preocupaci&oacute;n por tus negocios. Jam&aacute;s se me pas&oacute; por la mente el que estuvieras afrontando sola, esa situaci&oacute;n. Lo siento y en verdad lo lamento mucho. Perd&oacute;name. &iexcl;Deb&iacute; estar m&aacute;s atento!<\/p>\n<p>&mdash;No tienes por qu&eacute; culparte, cielo. Yo no tengo nada para perdonarte. Fui yo exclusivamente la culpable. Desde un inicio deb&iacute; confiar en ti. Ahora&hellip; Por supuesto que, al venir ac&aacute;, pretend&iacute; que regres&aacute;ramos juntos. As&iacute; imaginara temerosa, que podr&iacute;amos volver, sin que nuestros pasos marcharan lado a lado, aceptando que, por mi culpa, ya te habr&iacute;a perdido como hombre, como esposo, pero jam&aacute;s como el padre amoroso que eres y que tanto necesita Mateo. S&iacute;, mi vida, por supuesto que pretendo, &ndash;en medio de este inmenso dolor&ndash;, que nos demos la oportunidad de reconstruir lo nuestro, conquistarnos de nuevo, dejando todo atr&aacute;s y echando ra&iacute;ces en otro sitio, para amarnos. &iexcl;Para amarte y respetarte por siempre!<\/p>\n<p>Camilo termina de subirse las bermudas, y al escucharme, voltea su cabeza para mirarme, con asombro. Y aunque su gesto observo que quiere decirme algo, me anticipo a su cuestionamiento.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;, comprendo que te perd&iacute;. Solo hablaba de un sue&ntilde;o, de una ilusi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;El querer trabajar no fue el problema, Mariana. Fue por acatar una rid&iacute;cula solicitud, por una demostraci&oacute;n de poder&iacute;o precoz y casi adolescente, que cometiste ese desliz posterior y que, fue convenientemente filmado por un Judas Iscariote, que nos enga&ntilde;&oacute; a los dos, y que se convirti&oacute; en tu obligada perdici&oacute;n y en el calvario de nuestra relaci&oacute;n. &mdash;Me habla mientras abotona el tercer bot&oacute;n de su camisa.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que sepas que a pesar de todo no te odio y que jam&aacute;s he tenido la intenci&oacute;n de hacerte da&ntilde;o. Solo tuve miedo Mariana. Temor de explotar como un energ&uacute;meno al saber de tu enga&ntilde;o, y hacer estupideces, lastim&aacute;ndote y de paso, perjudicando la imagen de padre amoroso que tiene Mateo de m&iacute;. &mdash;Ahora va por el cuarto, pero me mira a los ojos.<\/p>\n<p>&mdash;Al principio claro que pens&eacute;, imagine y te visualice teniendo sexo con ese malparido. Me asque&eacute;. Pero luego eso pas&oacute; a un segundo plano cuando&hellip; Record&eacute; las &uacute;ltimas semanas, &iquest;sabes? Tus viajes tan seguidos y tus llegadas tarde. Las apresuradas caricias para calmar mi enojo y las frases&hellip; Tu frase favorita para minimizar mis reclamos. Tu cuerpo &laquo;compartido&raquo; como dices, &ndash;y entrecomillo la palabra para dej&aacute;rselo bien claro&ndash; pas&oacute; a un segundo plano. Lo importante para m&iacute; era el sentimiento, tu amor y mi confianza. Y eso fue lo que me impulso a marcharme. Ya te hab&iacute;a perdido f&iacute;sicamente, as&iacute; que pens&eacute;, que sentimentalmente tambi&eacute;n hab&iacute;a sucedido. Sobraba claramente en tu vida, necesitabas un espacio para entreg&aacute;rselo a &eacute;l. Y me fui. &mdash;Termina con el quinto, se sacude las mangas y se revisa el bolsillo donde se alcanza a ver todav&iacute;a la mancha.<\/p>\n<p>&mdash;Interiormente, algo se ven&iacute;a desprendiendo, dividi&eacute;ndose desde hac&iacute;a varios d&iacute;as en mi alma con tus comportamientos, &ndash;y ese viaje tan de repente, con un cliente especial a Cartagena&ndash; como si tuviera una emisora de radio dentro de mi cerebro, pero que, al girar el dial, sin encontrar la frecuencia deseada, solo pod&iacute;a escuchar entre el ruido de fondo, una especie de susurros, como advirti&eacute;ndome sobre mis desdichas. &mdash;Recoge su gorra y se la coloca. El bolso igualmente se lo tercia sobre el pecho.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y sabes? Ni siquiera me sent&iacute; abatido por tener que dejar que otros construyeran mi sue&ntilde;o de edificar el hotel eco sustentable, y m&aacute;s bien me empec&eacute; a angustiar por ti y por c&oacute;mo te lo habr&iacute;as tomado. Te llam&eacute; varias veces, pero no contestaste. Tampoco lo hizo Eduardo y me preocup&eacute; en verdad. Con mi idea dibujada en mis planos enrollados en tres tubos, el port&aacute;til bajo el brazo y la buena indemnizaci&oacute;n firmada y guardada en el bolsillo interior de mi camisa, me desped&iacute; agradecido, pero con rapidez, de la gente que trabaj&oacute; a mi lado y con Liz llorando desconsolada. Y sal&iacute; corriendo hacia el ascensor para bajar al s&oacute;tano, salir como volador sin palo en la camioneta, y empezar a buscarte para consolarnos mutuamente.<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Yo soy la verdad, que permanece en los labios que dicen a los cuatro vientos que me han olvidado! &iexcl;Yo soy la mentira, que se dibuja en la sonrisa de los que se ufanan de no hacerlo!&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? No te comprendo. Le pregunto, pues, en verdad no s&eacute; qu&eacute; quiere decir.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ahh? Nada, nada. Solo un pensamiento de Rodrigo, sobre la sinceridad de las personas. Aquellas que dicen querernos tanto y las que, sin hablarlo, lo demuestran m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces, te vas? &iquest;Ya no represento nada para ti?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, Mariana, me voy. Pero quiero que comprendas que sent&iacute; mucha rabia y dolor, y por eso me alej&eacute;. Los mantuve estancados, escondidos tan calmos en el lodo de mi vida sin ti en esta isla. S&eacute; que esperas con resignaci&oacute;n, mi veredicto. Un perd&oacute;n es lo que m&aacute;s quisieras de m&iacute;. Yo solo puedo otorgarte m&aacute;s de mil. Por qu&eacute; eres la mujer que m&aacute;s he amado, y has tenido la valent&iacute;a y los suficientes ovarios, para venir a darme la cara. Ese perd&oacute;n que esperas de m&iacute;, y el que varios amigos me han pedido que te conceda, te lo entrego desde aqu&iacute;, &ndash;me se&ntilde;alo la sien derecha&ndash; hasta aqu&iacute; en lo profundo de este coraz&oacute;n, que no ha dejado de palpitar por ti, ni un solo momento desde que te vi por primera vez, desde que me diste aquel, &iexcl;Si, quiero!, tan sonriente, y por supuesto, desde que me entregaste con sufrimiento y amor, esa vida que tanto amo, y por el cual te sent&iacute;a respirar, junto a m&iacute;, velando por su sue&ntilde;o y por los m&iacute;os.<\/p>\n<p>&mdash;Y el olvido que yo requiero, o el poder volver atr&aacute;s el tiempo, que estoy casi seguro no lograr conseguir, no lo hallar&eacute; si continuo a tu lado. Eso tomar&aacute; bastante tiempo, y tal vez nunca lo consiga. No s&eacute; c&oacute;mo seguir&eacute; sin ti en mi vida, si mi vida te la entregu&eacute; el d&iacute;a que me rend&iacute; ante tus ojos, estos mismos que llorosos me miran ahora y qu&eacute; a&ntilde;os atr&aacute;s, en la habitaci&oacute;n de un motel, me la pintaron de su precioso azul. Te amo, con toda mi alma, pero debemos continuar separados. Adi&oacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Espera! &mdash;Me detiene su grito y al girarme, la veo esculcando dentro de su bolso monogram.<\/p>\n<p>&mdash;Este sobre me lo hizo llegar a la casa, don Gonzalo. Es para ti. No tengo ni idea de lo que dice, porque todo est&aacute; escrito en japon&eacute;s, menos tu nombre y la direcci&oacute;n. &mdash;Y en sus manos se lo entrego. Lo toma y lo repasa con su mirada. Se sonr&iacute;e y me dice&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja, Mariana, es mandar&iacute;n. Gracias. Luego miro con calma de que se trata.<\/p>\n<p>No puedo reprimir este sentimiento y la abrazo. Le tomo la barbilla con mis dos dedos y deposito en sus labios un casto beso, el mismo que alimentar&aacute; por un tiempo mi soledad, las brumas de un futuro incierto, la ausencia permanente de su voz y de la mirada de ese par de cielos que me enamoraron y aun hoy, contin&uacute;an enloqueci&eacute;ndome.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora si me marcho, Mariana. Te amar&eacute; por siempre. Hasta el infinito&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y m&aacute;s all&aacute;!, cuando nuestras almas vuelvan a encontrarse! &mdash;Concluyo su frase favorita, y cierro mis ojos, pues por nada del mundo deseo que lo &uacute;ltimo que recuerde, sea a Camilo alej&aacute;ndose para siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 36<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Pecado, penitencia y expiaci&oacute;n. &mdash;Siempre so&ntilde;ador y entusiasta con tus proyectos, las finanzas no te preocupaban tanto. En cambio, a m&iacute; los n&uacute;meros se me han dado bien, y al trabajar como asesora comercial, el olfato por el dinero se me agudiz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s. Por eso, cielo, cuando m&aacute;s pr&oacute;ximo parec&iacute;as estar de lograr [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":18051,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-43741","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43741","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18051"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43741"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43741\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43741"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43741"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43741"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}