{"id":44183,"date":"2023-12-22T23:00:00","date_gmt":"2023-12-22T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-12-22T23:00:00","modified_gmt":"2023-12-22T23:00:00","slug":"confesiones-1-tienda-de-abarrotes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/confesiones-1-tienda-de-abarrotes\/","title":{"rendered":"Confesiones (1): Tienda de abarrotes"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44183\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">8<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Tengo un tienda de abarrotes. Mi esposo e hijo me ayudan en ocasiones, aunque cada quien se presenta cuando quiere. Tengo m&aacute;s de 40 y despu&eacute;s de tener a nuestro hijo, nos cuidamos para no tener otro ni por accidente. Cuando mi marido se hizo la vasectom&iacute;a, supe que era por andar de picaflor porque ambos ya hab&iacute;amos cumplido 30 y el &ldquo;ni&ntilde;o&rdquo; ya ten&iacute;a casi entraba a la universidad, a m&iacute; me quedaban apenas unos a&ntilde;os de fertilidad y &eacute;l pens&oacute; que iba a creerle que era para no volver a embarazarnos.<\/p>\n<p>Tras la operaci&oacute;n, quiso despistarme y actuamos como cuando &eacute;ramos novios, lo hicimos al acostarnos y al despertar las primeras semanas. Pero pronto se volvi&oacute; a apartar de m&iacute;, como ya lo hab&iacute;a hecho antes de su intervenci&oacute;n. &Eacute;l cree que me est&aacute; viendo la cara, pero la suya no es la &uacute;nica en el mundo, ni siquiera en la cuadra.<\/p>\n<p>Para empezar, est&aacute; don Camilo, un vecino que religiosamente se presenta cada ma&ntilde;ana a comprar su peri&oacute;dico y el pan para acompa&ntilde;ar su caf&eacute;. Desde que su mujer e hijos lo abandonaron por briago y apostador, acabar en un anexo y tratar de rehacer su vida, comenz&oacute; su ritual de compras. Un d&iacute;a especialmente caluroso, en el que yo decid&iacute; ponerme vestido y una blusa fresca, pude ver c&oacute;mo luchaba para separar su mirada de blusa. Lejos de molestarme, aprovech&eacute; para inclinarme y confirmar que, en efecto, el pobre segu&iacute;a de cerca cada vez que la tela de mi atuendo se mec&iacute;a.<\/p>\n<p>Cada vez que abr&iacute;a, s&eacute; que es cuesti&oacute;n de minutos para que llegue s&oacute;lo hasta que lo veo babear como ni&ntilde;o hambriento me acuerdo de abotonar bien mi blusa y le agradezco por hacerme notar mi descuido. Ser coqueta se me da desde ni&ntilde;a y es un gusto que pienso seguir d&aacute;ndome mientras la edad y el f&iacute;sico a&uacute;n me den oportunidad. Mi cintura no es lo que alg&uacute;n d&iacute;a fue, pero mis otros atributos hacen que a&uacute;n se acent&uacute;e lo suficiente para no necesitar una faja. La fruta nos llega fresca y un poco &quot;verde&quot; para que est&eacute; en las mejores condiciones, pero todos sabemos que logra su punto m&aacute;s dulce una vez est&aacute; madura.<\/p>\n<p>As&iacute; pasaron un par de semanas hasta que hace poco, el se&ntilde;or de ausent&oacute; y al d&iacute;a siguiente, un ni&ntilde;o vino en su nombre a pedirme lo que &eacute;l siempre se llevaba. Result&oacute; ser que el don se hab&iacute;a accidentado y ten&iacute;a la pata enyesada, as&iacute; que aquel ni&ntilde;o, que viv&iacute;a en la misma calle, era su nuevo mandadero. Un buen d&iacute;a, en el que mi marido se hab&iacute;a quedado en el local, decid&iacute; que era momento de ser una buena vecina y le ped&iacute; al ni&ntilde;o que me dejara acompa&ntilde;arlo a casa del accidentado. Entr&eacute; con &eacute;l a la casa, cara al verme entrar a su cuarto fue la de estar viendo un fantasma y de inmediato despidi&oacute; al menor para invitarme una taza de caf&eacute;.<\/p>\n<p>&Eacute;l ten&iacute;a caf&eacute; servido en su bur&oacute;, pero a m&iacute; me apetec&iacute;a m&aacute;s un poco de leche. Pobre, me beb&iacute; toda la que ten&iacute;a ah&iacute;, acumulada, antes de regresar a la tienda, eso s&iacute;, no sin antes despedirme y decirle que marcara al n&uacute;mero de la tienda para pedir lo que necesitara de ahora en adelante. Y as&iacute; lo hizo, &eacute;l ya sab&iacute;a que los fines de semana siempre hab&iacute;a alguien que me ayudaba y pod&iacute;a quedarse en el local mientras yo iba a llevarle su pedido y hacerle un poco de compa&ntilde;&iacute;a. Por m&aacute;s que me ofrec&iacute;a un poco de su pan dulce, yo siempre prefer&iacute; el virote acompa&ntilde;ado de leche. Han pasado un par de semanas y todav&iacute;a falta para que puedan quitarle el yeso, pero el muy sinverg&uuml;enza me dice de vez en cuando que piensa romperse la otra pata cuando sane, aunque ya le dije que nada nos impide compartir una taza de caf&eacute; de vez en cuando.<\/p>\n<p>Es algo brusco y a veces no es el m&aacute;s refinado al hablar, pero siempre ha sido muy respetuoso conmigo. Dice que sabe algo de costura y podr&iacute;a ayudarme a revisar esos botones que a veces me causan problemas con la blusa, los revisa muy de cerca y sostiene con firmeza la tela sin que me quite la prenda. Yo me la quitar&iacute;a para que se la quedara y la examinara con calma, pero como tengo que regresar a la tienda al poco rato, pues me la dejo puesta y lo dejo examinarla todo lo que necesite. Necesita cambiar de lentes, porque siempre pega su cara. A veces dice que es el hilo, otras, que es el corte de la blusa, nom&aacute;s no se decide.<\/p>\n<p>Sus manos son nudosas, pero son grandes, me pregunt&eacute; si en realidad ser&iacute;an capaces de hacer trabajos tan minuciosos, as&iacute; que le ped&iacute; que me ayudara primero con un hilo que ten&iacute;a deshilach&aacute;ndose de mi vestido. Confirm&eacute; que s&iacute; necesita unos anteojos nuevos, por m&aacute;s que pegara su cara a mi pubis, debajo de la tela, no pod&iacute;a encontrar ese hilo y tuvo que recurrir a tentar con esas yemas. Fue la prueba de fuego me demostr&oacute; que, aunque rugosos, esos dedos sab&iacute;an ser delicados todav&iacute;a, mi ropa no corre peligro. Esa vez, acompa&ntilde;&oacute; su caf&eacute; con un poco de miel que extrajo &eacute;l mismo y de lo mucho que lo disfrut&oacute;, llegu&eacute; a pensar en dejarlo pasar a revisar mi reserva en la trastienda, pero para eso tengo a Fabi&aacute;n.<\/p>\n<p>El encargado de surtirnos de art&iacute;culos de limpieza es un joven, tendr&iacute;a apenas unos veintitantos, un poco robustito pero con un buen par de brazos y algo m&aacute;s. Algo le vi desde la primera vez que lleg&oacute; a sustituir al anterior repartidor, &iquest;qu&eacute; era? No sabr&iacute;a decirlo con exactitud, esa forma de caminar, esa mirada llena de algo m&aacute;s que deseo, era hambre. Claro que aprovech&eacute; en su siguiente vuelta para pedirle que me ayudara a subir unas cajas en la trastienda, tuve que pedirle que sostuviera la mini escalera porque &eacute;l no sabr&iacute;a d&oacute;nde ten&iacute;a que acomodar las cosas y la casualidad hizo que debajo de mi falda (que no era corta pero estaba un poco por encima de lo que deb&iacute;a usarla) no hubiera m&aacute;s que mi piel desnuda y algo&hellip; hidratada. Su cara roja s&oacute;lo me sonri&oacute; cuando le di las gracias por ayudarme y pedirle que me hiciera saber si hubiera forma de agradecerle mejor.<\/p>\n<p>A su siguiente visita, s&oacute;lo hizo falta decirle que necesitaba ayuda con algo en la trastienda para que sus manos me levantaran la falda y comprobara que aquel descuido m&iacute;o de dejar las bragas debajo del mostrador se hab&iacute;a repetido. Me hinqu&eacute; para suplicarle que perdonara mi torpeza y que no le contara a nadie, le rogu&eacute; con tanta insistencia que por accidente, su cintur&oacute;n se abri&oacute;, al igual que el cierre y el resto del pantal&oacute;n. Bien dicen que la intuici&oacute;n de una mujer es nuestro sexto sentido y finalmente comprob&eacute; qu&eacute; era lo que m&aacute;s me gustar&iacute;a de ese nuevo repartidor.<\/p>\n<p>Para cada cerradura hay una llave, tengo una que casi nunca se abre a menos que le meta mano yo misma, tiene su ma&ntilde;a. Pero vi que Fabi&aacute;n tiene una llave asombrosa, m&aacute;gica, dir&iacute;a yo. No es la m&aacute;s grande que he probado, pero es la m&aacute;s ancha hasta la fecha. Ni siquiera pude esperar, en cuanto la vi supe que ten&iacute;a que hacer la prueba, me hizo ver estrellas mientras la abertura ced&iacute;a con cada empuje hasta que mi cerradura tuviera la forma de su llave. Siento que la mand&iacute;bula se me podr&iacute;a desencajar cuando la veo de cerca, por eso prefiero que disfrute probar sin miedo ese caj&oacute;n que no cierra cuando necesito ayuda en la bodeguita, lo cual coincide siempre con sus visitas. &iexcl;Qu&eacute; descuidada soy! Siempre que viene algo les pasa a mis pantaletas, seguramente es porque se manchan cuando pienso que est&aacute; por llegar. Gracias a Fabi&aacute;n, mis lunes son menos aburridos.<\/p>\n<p>Obviamente, tampoco voy a dejar de lado a los de los refrescos, las papas y las galletas. Oye, esos pobres vienen siempre apurados y apenas tienen tiempo de descansar por sus rutas. Aunque hay quienes me dejan ya sea al final de la ruta o al inicio, saben que puede haber tr&aacute;fico o a veces, las cuentas tardan en salir y eso es lo que hace que se entretengan cuando pasan a nuestro local. Yo cuento con ello, por eso siempre tengo despejada el &aacute;rea de descargue para cuando s&eacute; que les toca pasar.<\/p>\n<p>Una habilidad necesaria en este negocio es saber despachar con rapidez y eficiencia. No tengo tiempo de quejarme del olor a sudor y dem&aacute;s cosas que aderezan esos chiles, el servicio tiene que hacerse en cuesti&oacute;n de minutos o puede afectarles m&aacute;s en su itinerario. Ya sea una cuenta larga o corta, uno tiene que darle la atenci&oacute;n que se merece en cada descargue. Yo lo entiendo, su trabajo no siempre es f&aacute;cil y a veces, hacen falta m&aacute;s de uno para acomodar la mercanc&iacute;a en la trastienda y por algo Dios me dio un par de manos, para ayudar con lo que no me quepa en esta boquita que poco o nada puede decir mientras revisamos cuidadosamente el inventario que entra y sale. Hay quienes me preguntan si necesito ayuda para acomodar algo m&aacute;s all&aacute; adentro, pero, como dije, para eso tengo a Fabi&aacute;n.<\/p>\n<p>Esos muchachos casi nunca duran, los cambian de ruta o se salen de trabajar y aunque algunos pasan a visitar de vez en cuando, siempre he tenido que repetirles que esto es un negocio chiquito y de momento no estamos buscando empleados. Pero a veces no comprenden todas las razones que amablemente les vuelvo a compartir en la trastienda y vuelven a intentar su suerte, a ver si esta vez s&iacute; estamos contratando. Ni modo, hay gente que les entra por uno y les sale por el otro, lo bueno es que no me molesta explicarles a detalle, despu&eacute;s de todo, muchos son j&oacute;venes y parece que les interesa mucho saber por qu&eacute; no pueden trabajar conmigo.<\/p>\n<p>Son algunos de los peque&ntilde;os pormenores que este oficio tiene para m&iacute;. Afortunadamente, mi esposo tiene un empleo estable de lunes a viernes y mi hijo ya se gradu&oacute; de negocios internacionales. &Eacute;l es quien m&aacute;s me insiste en que cierre el negocio y deje de trabajar, pero &eacute;l no entiende que este negocio, aunque sea chiquito, no s&oacute;lo me da para el gasto sino que tambi&eacute;n me llena a nivel personal y de maneras que ni &eacute;l se imagina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>8 Tengo un tienda de abarrotes. Mi esposo e hijo me ayudan en ocasiones, aunque cada quien se presenta cuando quiere. Tengo m&aacute;s de 40 y despu&eacute;s de tener a nuestro hijo, nos cuidamos para no tener otro ni por accidente. 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