{"id":44193,"date":"2023-12-23T12:55:59","date_gmt":"2023-12-23T12:55:59","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-12-23T12:55:59","modified_gmt":"2023-12-23T12:55:59","slug":"como-conoci-a-mi-remordimiento-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/como-conoci-a-mi-remordimiento-ii\/","title":{"rendered":"Como conoc\u00ed a mi remordimiento (II)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44193\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Si llegas hasta aqu&iacute; tras leer la primera parte de esta confesi&oacute;n, compartir&eacute; contigo, an&oacute;nima\/o lector\/a, la peque&ntilde;a gran transformaci&oacute;n que ha sufrido mi vida de unos pocos meses hasta ahora.<\/p>\n<p>Te dej&eacute; a punto de darme una ducha, que se me antoj&oacute; en aquel entonces purificadora, como buscando limpiar mi conciencia a base de jab&oacute;n con aroma a coco.<\/p>\n<p>A&uacute;n sent&iacute;a un calor agradable en el interior de mi sexo mientras me terminaba de secar, muy despacio, con una toalla que suavemente acariciaba mi piel, mis curvas, mis pensamientos, paso previo a aplicarme una loci&oacute;n corporal a base de aceites arom&aacute;ticos. Cara, s&iacute;, pero a mi entender viendo los resultados, dinero bien empleado.<\/p>\n<p>Desde el ba&ntilde;o le escuch&eacute; llegar (a mi marido) y esper&eacute; unos segundos esperando que llegase hasta el dormitorio. Sal&iacute; desnuda, fingiendo sorprenderme al verle all&iacute;, buscando su mirada, esperando una reacci&oacute;n por su parte. Se acerc&oacute; y me bes&oacute;, si es que a juntar levemente los labios se le puede llamar beso. Me mir&oacute; algo extra&ntilde;ado, no era la reacci&oacute;n que esperaba, pero me coment&oacute; que ol&iacute;a muy bien, otro punto a favor de aquellos aceites esenciales.<\/p>\n<p>Dud&eacute; unos segundos si era conveniente precipitar un acercamiento o si por el contrario era buen momento para evaluar el estado de pasi&oacute;n en el que se encontraba nuestro matrimonio. El resultado no pudo ser m&aacute;s frustrante. Encontr&eacute; m&aacute;s pasi&oacute;n en los inm&oacute;viles cojines que adornaban la cama. Recordaba cuando me sorprend&iacute;a mientras me vest&iacute;a, abraz&aacute;ndome por detr&aacute;s, separando el cabello y bes&aacute;ndome en la nuca, tomando mis pechos entre sus manos, empuj&aacute;ndome con su cintura hacia las puertas del armario hasta que sent&iacute;a su miembro crecer entre mis nalgas, cuando me daba la vuelta, se agachaba y hund&iacute;a su cabeza entre mis piernas, separando mis muslos, ofreci&eacute;ndome la calidez de su aliento abrazando mi sexo, sacando a pasear una lengua golosa que ansiaba recorrer el interior de mis labios hasta encontrar ese peque&ntilde;o gran tesoro que yo le escond&iacute;a. Eran otros tiempos. No esperaba lo mismo, claro, pero s&iacute; que esperaba algo. Ser&iacute;a que aquella noche yo me encontraba agitada. Caliente, por qu&eacute; no decirlo, y esperaba algo de &eacute;l. Lo que fuese. Me hubiera conformado con que me mirase con deseo. Las noches de sexo divertido, con los a&ntilde;os, se hab&iacute;an convertido en mon&oacute;tonas. Hab&iacute;an pasado de ser frecuentes a ser puntuales y, casi sin darnos cuenta, a ser anecd&oacute;ticas.<\/p>\n<p>Mi marido no fue mi primer hombre, pero casi, as&iacute; que mi experiencia sexual no fue muy variada. No fue por falta de oportunidades, eso lo admito, sino por priorizar otros objetivos en esa vida que trataba de abrirse camino en los estudios y que so&ntilde;aba con cosas que desgraciadamente casi nunca se cumplieron.<\/p>\n<p>Mi primer contacto con el sexo masculino lo podr&iacute;a catalogar como de voyerismo. Estando en casa de una amiga nos atrevimos a espiar a su hermano a trav&eacute;s de la cerradura de la puerta del ba&ntilde;o. &Eacute;ramos 3 o 4 chicas, muy inocentes eso s&iacute;, y cuando lleg&oacute; mi turno me encontr&eacute; a un chico de unos 20 a&ntilde;os saliendo de la ducha, con una mata enorme de pelo oscuro y mojado entre las piernas y un pene que brotaba de aquella selva salvaje y ca&iacute;a fl&aacute;cido, balance&aacute;ndose al son de sus movimientos mientras sal&iacute;a de la ba&ntilde;era.<\/p>\n<p>No encontr&eacute; nada interesante en aquella visi&oacute;n salvo que se qued&oacute; grabada en mi mente como la primera polla que observ&eacute; en vivo.<\/p>\n<p>Tuve que esperar unos a&ntilde;os despu&eacute;s para volver a ver otro. Fue en una fiesta en una residencia universitaria. Del chico, ni me acuerdo bien de su cara y mucho menos de su nombre porque nos hab&iacute;amos conocido aquel d&iacute;a, pero le recuerdo por otra raz&oacute;n.<\/p>\n<p>Hab&iacute;amos salido por unas escaleras de emergencia donde no hab&iacute;a nadie y llev&aacute;bamos un buen rato bes&aacute;ndonos como si no hubiese otra cosa que hacer en la vida, como si fuesen los &uacute;ltimos besos antes de un apocalipsis. Nos trag&aacute;bamos nuestra saliva mientras las lenguas se golpeaban como anguilas metidas en un cubo y los labios nos ard&iacute;an de tanto roce. Llev&aacute;bamos as&iacute; ni me acuerdo cuanto cuando sent&iacute; que sus manos comenzaban a ascender desde mi cintura hasta mis pechos. Sent&iacute; un calor ascendiendo en mi interior y esper&eacute; a que aquellas manos torpes hicieran cumbre y, sin embargo, aquel momento no llegaba.<\/p>\n<p>Decid&iacute; ayudarle y tomando su mano la introduje bajo mi blusa, desplac&eacute; hacia arriba el sujetador y dej&eacute; que sus dedos hiciesen un mapa de mis tetas, que sintiesen mis pezones erguidos y duros, que los apretase. Le sent&iacute; acelerarse y las embestidas de su lengua contra la m&iacute;a se hicieron a&uacute;n m&aacute;s violentas. Se peg&oacute; a&uacute;n m&aacute;s a mi y sent&iacute; la firmeza de su entrepierna haci&eacute;ndose un hueco a la altura de mi bajo vientre, y mientras sus manos amasaban mis pechos como si fuesen a hacer pan con ellos, mi mano se desliz&oacute; desde el costado hasta el bot&oacute;n que cerraba sus vaqueros y con algo de suerte y unos dedos h&aacute;biles los consegu&iacute; desabrochar a la primera, sin despegar nuestras bocas que ya nos chorreaban por la comisura de los labios.<\/p>\n<p>Suspir&oacute; en una especie de sordo gemido ahogado en el mar que formaban nuestros besos y baj&eacute; mi mano introduci&eacute;ndola bajo su ropa interior a sabiendas de lo que all&iacute; encontrar&iacute;a, palpando a ciegas un pene que deb&iacute;a llevar erecto un buen rato. Mis dedos se cerraron sobre aquella masa caliente y palpitante, dura, y me pareci&oacute; que era enorme. Con la otra mano tir&eacute; de su ropa interior hacia abajo e instintivamente me separ&eacute; de &eacute;l para ver qu&eacute; hab&iacute;an pescado aquellas manos v&iacute;rgenes. Era un pene enorme. Largo y curvado hacia arriba, como haciendo un peque&ntilde;o arco. Estaba caliente y duro. Entre las sombras de aquel rinc&oacute;n en el que nos hab&iacute;amos situado acert&eacute; a ver su glande, rosado e hinchado.<\/p>\n<p>Vista con perspectiva, dir&iacute;a que ha sido la polla m&aacute;s grande que he tenido entre mis manos. Bajo su mirada extasiada us&eacute; mi otra mano para ayudarme a masajearle mientras pensaba que aquello no iba a caber en mi rosada rajita, primeriza, y aunque no ten&iacute;a intenci&oacute;n de follar aquella noche, por un instante sent&iacute; ganas de que aquel chico fuese el primero, y destaco lo de por un instante porque apenas hab&iacute;a empezado a acariciarle con mis manos, me mir&oacute;, me dijo que no pod&iacute;a aguantar m&aacute;s y acto seguido empez&oacute; a eyacular. Cuando aquella polla empez&oacute; a agitarse mientras descargaba no supe si soltarla o seguir agarr&aacute;ndola para evitar que me pusiese perdida de semen. Opt&eacute; por seguir agarr&aacute;ndola y acompa&ntilde;&aacute;ndola y me sorprend&iacute; de la cantidad de leche que estaba expulsando.<\/p>\n<p>Al cabo de unos segundos par&oacute; aunque yo segu&iacute; sosteniendo aquella fuente caliente entre mis manos. Me suplic&oacute; que siguiese masaje&aacute;ndole suavemente mientras parec&iacute;a tener peque&ntilde;os espasmos. Me hab&iacute;a ca&iacute;do leche en la blusa, aunque no me di cuenta en aquel momento, y me chorreaba semen caliente entre los dedos. Sent&iacute; por primera vez su viscosidad, su inconfundible olor, y me sent&iacute; incapaz de soltarla.<\/p>\n<p>Aquella noche no foll&eacute;. Tampoco me corr&iacute; porque tras masturbarle la cosa se enfri&oacute; un poco y se nos qued&oacute; un poco cara de &quot;&iquest;qu&eacute; estamos haciendo aqu&iacute;?&quot;.<\/p>\n<p>No me apeteci&oacute; que me tocase. Lo recuerdo y estoy segura de que la sensaci&oacute;n era &eacute;sa. Le hubiese vuelto a masturbar si me lo hubiese pedido, pero no me apetec&iacute;a que me tocase. Nos despedimos un rato despu&eacute;s y s&oacute;lo le volv&iacute; a ver meses despu&eacute;s en una tienda de discos. Iba acompa&ntilde;ado. Supuse que ser&iacute;a su novia. Sal&iacute; de la tienda sin que me viese. Confieso que me he masturbado en ocasiones recordando aquella polla e imaginando que me penetraba y me abr&iacute;a hasta hacerme gritar de placer. Hay situaciones que te llegan en un momento quiz&aacute;s demasiado temprano de la vida, y que seguramente hubiesen tenido otro desarrollo de haber sucedido una d&eacute;cada despu&eacute;s.<\/p>\n<p>A&uacute;n desnuda en el dormitorio, y ante la indiferencia de mi marido, opt&eacute; por vestirme y apurar las horas que quedaban de d&iacute;a, esperando que se terminase de consumir el peque&ntilde;o fuego que hab&iacute;a ardido en mi interior un rato antes.<\/p>\n<p>Aquella noche dorm&iacute; mal. Mi mente imagin&oacute; y mi conciencia empez&oacute; a formarse una opini&oacute;n de m&iacute; que no hab&iacute;a tenido nunca. Era el remordimiento por algo que no hab&iacute;a ni pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 Si llegas hasta aqu&iacute; tras leer la primera parte de esta confesi&oacute;n, compartir&eacute; contigo, an&oacute;nima\/o lector\/a, la peque&ntilde;a gran transformaci&oacute;n que ha sufrido mi vida de unos pocos meses hasta ahora. Te dej&eacute; a punto de darme una ducha, que se me antoj&oacute; en aquel entonces purificadora, como buscando limpiar mi conciencia a base [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":27464,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-44193","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44193","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/27464"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44193"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44193\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44193"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44193"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44193"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}