{"id":44206,"date":"2023-12-25T23:00:00","date_gmt":"2023-12-25T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-12-25T23:00:00","modified_gmt":"2023-12-25T23:00:00","slug":"un-parroco-blasfemo-sacrilego-y-muy-lascivo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-parroco-blasfemo-sacrilego-y-muy-lascivo\/","title":{"rendered":"Un p\u00e1rroco blasfemo, sacr\u00edlego y muy lascivo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44206\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">42<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>En mi juventud era raro que en mi c&iacute;rculo m&aacute;s &iacute;ntimo de amistades hubiera personas que no compartiesen mis inquietudes pol&iacute;ticas, filos&oacute;ficas, gustos musicales, etc.<\/p>\n<p>Romp&iacute;a la norma un colega, al que conoc&iacute;a desde la infancia, que aunque era todo lo contrario a m&iacute;, manten&iacute;amos el contacto.<\/p>\n<p>Juan, que as&iacute; se llama el colega, no era parte de mis pandillas de juerga de los findes, ya que no era trasnochador. Nuestros encuentros eran m&aacute;s de tardeo y terraceo.<\/p>\n<p>&Eacute;l es un ferviente cat&oacute;lico y conservador en pol&iacute;tica. Yo soy todo lo contrario. Soy materialista filos&oacute;fico, o sea ateo, y muy progresista en pol&iacute;tica.<\/p>\n<p>Con Juan suelo entablar largos debates, charlas muy placenteras. Mantenemos la conversaci&oacute;n dentro del respeto y la cordialidad.<\/p>\n<p>&Eacute;l para darle m&aacute;s consistencia a sus argumentos recurre a citas de San Agust&iacute;n, Tom&aacute;s de Aquino y Ren&eacute; Descartes. Yo para rebatirlo, realzo mis argumentos con citas de Jean Meslier, Bar&oacute;n de Holbach y Friedrich Nietzsche, entre otros.<\/p>\n<p>Juan disfruta mucho con nuestras discusiones porque le dan la oportunidad de expresar sus pensamientos y desarrollarlos, aunque sea con alguien que no los comparta. La mayor&iacute;a de sus colegas universitarios no est&aacute;n muy interesados en la filosof&iacute;a o la teolog&iacute;a y enseguida le ponen excusas para no tener que aguantarle la chapa. Por mi parte, agradezco el tener un conversador enfrente que no repita lo mismo que yo, que difiera, porque eso me estimula a exprimirme m&aacute;s la sesera y a buscar buenos argumentos con los que intentar rebatirlo.<\/p>\n<p>&Eacute;l compaginaba los estudios con el cargo de sacrist&aacute;n en una parroquia. Tambi&eacute;n hac&iacute;a las labores de jardiner&iacute;a y recadero en la casa parroquial donde viv&iacute;a el nuevo sacerdote. Este era un hombre de unos 40 a&ntilde;os, casi obeso y con una alopecia incipiente. Vino a sustituir a Don Genaro, el cura de toda la vida, que por fin decidi&oacute; retirarse a la edad de 82 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>El nuevo sacerdote, que se llamaba Don Antonio, solo estar&iacute;a de forma interina, mientras no mandaran al que se quedar&iacute;a de forma definitiva.<\/p>\n<p>Juan, una tarde de las que reserv&aacute;bamos para nuestras divagaciones filos&oacute;ficas, de repente, cambi&oacute; de tema para hacerme part&iacute;cipe de sus malas impresiones respecto al nuevo sacerdote. Los escasos tres meses que Don Antonio llevaba ya en la parroquia le estaban dejando a Juan una sensaci&oacute;n de fuerte decepci&oacute;n.<\/p>\n<p>Os transcribo, de boca del propio Juan, la confidencia que me hizo hace ya mucho tiempo y que yo comparto encantado con vosotros.<\/p>\n<p>Pues, Jonathan, escucha. Un d&iacute;a que estaba por los jardines de la iglesia, cerca del cementerio, lleg&oacute; una mujer de estas que van de se&ntilde;oronas, con sus abrigos de vis&oacute;n. Ten&iacute;a unos 50 a&ntilde;os. Me pregunta por Don Antonio. Le digo que est&aacute; en la sacrist&iacute;a haciendo unas gestiones. La mujer se dirige al lugar. Unos minutos m&aacute;s tarde sale Don Antonio y me dice:<\/p>\n<p>&ndash;Voy a confesar a Do&ntilde;a Eulalia. No nos molestes en todo ese tiempo.<\/p>\n<p>&ndash;Muy bien. Yo seguir&eacute; con la poda &ndash;le contesto.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de terminar de podar las enredaderas empec&eacute; a cortar el c&eacute;sped.<\/p>\n<p>El caso es que llevaba casi media hora inmerso en mis faenas cuando me percato de que Do&ntilde;a Eulalia todav&iacute;a no hab&iacute;a abandonado la iglesia. Era mucho tiempo para una confesi&oacute;n. As&iacute; que, decido entrar en la iglesia, de forma sigilosa, porque la intuici&oacute;n me dec&iacute;a que algo raro estaba pasando. Observo que la puerta de la sacrist&iacute;a est&aacute; cerrada. Me tomo la licencia de pegar la oreja en dicha puerta. Se oyen unos cantos gregorianos que salen de una minicadena. Pero lo escandaloso es que por debajo de estos cantos se escuchaban, no sin cierta dificultad, unos gemidos y jadeos de fondo. Decido salir de la iglesia a paso ligero por miedo a ser pillado y vuelvo al trabajo.<\/p>\n<p>Al cabo de unos 10 minutos veo salir a Do&ntilde;a Eulalia de la iglesia, algo acalorada y despeinada. Se iba colocando bien el abrigo y se despide con un &ldquo;Adi&oacute;s, mozo&rdquo;.<\/p>\n<p>A partir de ese momento me empiezo a dar cuenta de que estoy sirviendo a un cura que romp&iacute;a el molde de los que hab&iacute;a conocido anteriormente. Pero el asombro no hab&iacute;a llegado a su culmen.<\/p>\n<p>Un domingo en una Homil&iacute;a no se le ocurre mejor idea que elogiar al Papa Alejandro VI y al Marqu&eacute;s de Sade. La mayor&iacute;a de los feligreses son de escasa o nula educaci&oacute;n y no sab&iacute;an nada de la trayectoria de estos dos personajes hist&oacute;ricos. Solo se quedaron con el dato de que eran un Papa y un Marqu&eacute;s y eso les sirvi&oacute; para no tener que indagar m&aacute;s. Pero yo, que s&iacute; conoc&iacute;a sus biograf&iacute;as y obras, me horroric&eacute; de que un p&aacute;rroco los mencionase y halagase desde el p&uacute;lpito.<\/p>\n<p>Don Antonio ten&iacute;a unas reuniones los martes y viernes de 20 h a 23 h, en la casa parroquial, con la directora de todos los catequistas de la comarca y con la presidenta de la Asociaci&oacute;n de Amas de Casa Cat&oacute;licas. Dec&iacute;a que eran para planificar las actividades pastorales. A esas horas ya no estaba el servicio, que suele plegar a las 19 h.<\/p>\n<p>Yo, despu&eacute;s de todo lo que iba descubriendo y a medida que iba conociendo al personaje, me tem&iacute;a que aquellas reuniones eran para todo menos para hablar de temas parroquiales.<\/p>\n<p>Como ten&iacute;a una copia de la llave de su casa (para llevarle la compra cuatro veces por semana y para otros menesteres), decid&iacute; una noche allegarme por all&iacute;, bien pasadas las 21 h, para dar un cierto margen de tiempo.<\/p>\n<p>Desde fuera se ve&iacute;a luz en el sal&oacute;n. Abr&iacute; la puerta con mucho cuidado para no hacer ruido, me descalzo y me acerco a gatas hasta el umbral del sal&oacute;n. Me sent&iacute;a protegido por la oscuridad del pasillo.<\/p>\n<p>No por esperado me caus&oacute; menos conmoci&oacute;n. Tuve que santiguarme tres veces ante lo que estaba viendo. No me lo pod&iacute;a creer.<\/p>\n<p>Postrada en un sof&aacute; estaba la directora de catequistas, semidesnuda. En una de sus manos ten&iacute;a un crucifijo, de aspas redondeadas, el cual se introduc&iacute;a por el co&ntilde;o y con el que se follaba as&iacute; misma, a buen ritmo.<\/p>\n<p>En medio de la sala estaba a cuatro patas la presidenta de la Asociaci&oacute;n. Don Antonio sujet&aacute;ndola por detr&aacute;s le zumbaba bien el conejo mientras le zurraba el trasero, en ocasiones, con las palmas de las manos.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a algo que le envolv&iacute;a la base del pene. Fij&aacute;ndome bien me di cuenta de que era un Rosario de plata. Con cada embestida este chocaba con fuerza en la vulva de la presidenta y hac&iacute;a el caracter&iacute;stico sonido met&aacute;lico.<\/p>\n<p>Aquellas personas de mentes perversas, que ten&iacute;an a su cargo la formaci&oacute;n moral de nuestros ni&ntilde;os y el cuidado de nuestros ancianos, ve&iacute;an en lo sacr&iacute;lego un motivo para el regocijo y el deleite.<\/p>\n<p>Descubr&iacute; que a Don Antonio tambi&eacute;n le excitaba blasfemar, pues cada vez que abr&iacute;a la boca soltaba perlas como &ldquo;Me cago en Dios y en la guarra que lo pari&oacute;&rdquo;. Y esta era de las m&aacute;s suaves.<\/p>\n<p>Cuando Don Antonio estaba a punto de correrse la sac&oacute; del co&ntilde;o y sacudi&eacute;ndosela unas tres o cuatros veces, comenz&oacute; a eyacular y a llenarle las nalgas de semen a la presidenta. Esta tambi&eacute;n, unos minutos antes, hab&iacute;a tenido un orgasmo que la hizo chillar como una perra en celo.<\/p>\n<p>La directora, al ver el espect&aacute;culo que ten&iacute;a delante, aceler&oacute; su particular follada con el crucifijo y se corri&oacute; emitiendo un alarido tan fino, que casi me da&ntilde;a los t&iacute;mpanos.<\/p>\n<p>Se tomaron un piscolabis y unas copichuelas mientras recuperaban fuerzas.<\/p>\n<p>Sus conversaciones giraban sobre la ingenuidad del populacho y de lo f&aacute;cil que es manipularlo para que sirva d&oacute;cilmente a los intereses del Trono y del Altar&hellip; y por supuesto, de los poderes f&aacute;cticos como el Capital, la Banca y la nobleza.<\/p>\n<p>A medida que segu&iacute;an haciendo escarnio del pueblo llano se iban poniendo a tono.<\/p>\n<p>Don Antonio se sent&oacute; en un sof&aacute;. La directora se mont&oacute; encima y comenz&oacute; a cabalgarlo, mientras lo besaba con pasi&oacute;n. La presidenta de vez en cuando le sacaba la polla y se la chupaba un rato antes de volver a meterla dentro del chumino de su compa&ntilde;era de juergas. Don Antonio iba cambiando de jinete alternativamente, pero esta vez quiso correrse en el chochito de la directora.<\/p>\n<p>Antes de que salieran del sal&oacute;n para ir a la cocina o al cuarto de ba&ntilde;o, decid&iacute; que ya hab&iacute;a visto bastante y que ser&iacute;a mejor marcharse, para no poner en riesgo la operaci&oacute;n por causa del exceso de curiosidad&hellip; y tambi&eacute;n de morbo, porqu&eacute; no decirlo.<\/p>\n<p>No perd&iacute; la fe aunque me cuesta cada d&iacute;a m&aacute;s creer en la jerarqu&iacute;a eclesial.<\/p>\n<p>Esto me cont&oacute; mi colega Juan hace pr&aacute;cticamente 30 a&ntilde;os. Por suerte para &eacute;l, aquel sacerdote a los pocos meses se fue, dejando el puesto al que lleg&oacute; de forma definitiva. De hecho, a&uacute;n contin&uacute;a all&iacute; a d&iacute;a de hoy.<\/p>\n<p>Juan me llam&oacute; hace unos meses para informarme de que Don Antonio hab&iacute;a fallecido a la edad de 74 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>No se me ocurri&oacute; otra cosa que expresar un &ldquo;&iexcl;Que Belceb&uacute; lo tenga en su Gloria!&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>42 En mi juventud era raro que en mi c&iacute;rculo m&aacute;s &iacute;ntimo de amistades hubiera personas que no compartiesen mis inquietudes pol&iacute;ticas, filos&oacute;ficas, gustos musicales, etc. Romp&iacute;a la norma un colega, al que conoc&iacute;a desde la infancia, que aunque era todo lo contrario a m&iacute;, manten&iacute;amos el contacto. Juan, que as&iacute; se llama el colega, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":27191,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":{"0":"post-44206","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-confesiones"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44206","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/27191"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44206"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44206\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44206"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44206"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44206"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}