{"id":44242,"date":"2023-12-31T23:00:00","date_gmt":"2023-12-31T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-12-31T23:00:00","modified_gmt":"2023-12-31T23:00:00","slug":"mil-ojos-de-las-azoteas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mil-ojos-de-las-azoteas\/","title":{"rendered":"Mil ojos de las azoteas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44242\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>-&iquest;Qu&eacute; te parece? -pregunt&oacute; Jack con entusiasmo al abrir la puerta.<\/p>\n<p>Era la primera vez que me invitaba a casa a comer. Llevaba tiempo habl&aacute;ndome sobre un peque&ntilde;o tesoro que hab&iacute;a encontrado en su nueva casa y ten&iacute;a que ense&ntilde;&aacute;rmelo. Cuando llegu&eacute;, aquel viejo piso no me dio la sensaci&oacute;n de albergar tesoros y, mientras &eacute;l terminaba la comida, miraba de reojo por las esquinas tratando de averiguar de que se trataba. Termin&oacute; de cocinar y nos repartimos platos, cubiertos, la comida y una neverita con bebidas y salimos nuevamente a las escaleras de la comunidad para subir hasta el &uacute;ltimo piso. All&iacute; hab&iacute;a una puerta de chapa y cristales rotos, claramente mal encajada, de estas que tienen truco para abrirlas. Se pele&oacute; con la llave, la empuj&oacute; a la vez que la levantaba y realizaba extra&ntilde;os movimientos, ya bien estudiados, &iexcl;et voil&agrave;! Por fin ese tesoro del que me hab&iacute;a hablado.<\/p>\n<p>-&iexcl;Guau! -dije ri&eacute;ndome, con cierta sorna, pero satisfecha con &ldquo;su tesoro&rdquo;.<\/p>\n<p>Rodeada de edificios cuatro y cinco plantas m&aacute;s altos, la azotea de Jack quedaba escondida entre hormig&oacute;n, pero con unas vistas impresionantes a toda la costa de la ciudad. Hab&iacute;a montado all&iacute; su humilde jaima con unas telas viejas, un sof&aacute; destartalado del que prefer&iacute; no saber su origen y una mesita baja. Escudri&ntilde;&eacute; con la mirada, di un gesto de aprobaci&oacute;n y me pas&oacute; una cerveza. Para ojos de muchos aquello ser&iacute;a una cutrez, pero para dos pobres diablos como nosotros aquello era un verdadero tesoro. Brindamos con nuestras latas de marca blanca como si fuera un gran reserva y nos pusimos a devorar la comida como perros hambrientos.<\/p>\n<p>Cuando tuvimos la barriga llena, nos escurrimos en el sof&aacute;, satisfechos y preparados para una larga digesti&oacute;n en el peque&ntilde;o y precario para&iacute;so. Tom&aacute;ndome la confianza que pensaba tener, me desabroch&eacute; el pantal&oacute;n del vaquero y me remangu&eacute; la camiseta, ense&ntilde;ando barriguita. Mi anfitri&oacute;n, viendo lo dispuesta que fui, desabroch&oacute; su cintur&oacute;n y sigui&oacute; mi ejemplo.<\/p>\n<p>Desde las altas ventanas de sus vecinos, que nos vigilaban como atentos centinelas, se escuchaba el ruido del fregar de los platos, de las familias viendo la tele en la sobremesa y a algunos rezagados que llegaban a casa ahora y a&uacute;n estaban preparando los cubiertos. El sol y el calorcito del verano que se acercaba apretaban bien, pero las telas de la rudimentaria jaima y la brisa marina, que llegaba lo suficiente para dejar su olor y regular la temperatura, convert&iacute;an aquel humilde rinc&oacute;n en uno de los mejores sitios para estar a esas horas.<\/p>\n<p>Nos fuimos dejando caer y el sopor de la digesti&oacute;n comenz&oacute; a hacer su efecto. Casi dormida, me escurr&iacute; por el respaldo del sof&aacute; hasta que el cuerpo de Jack me fren&oacute;. Al notar mi peso caer, estando ya batido en duelo con Morfeo, se recoloc&oacute; y me ech&oacute; el brazo por encima para que no quedara aplastado entre mi cuerpo y el sof&aacute;. No se si de manera intencionada o no, con esa mano que quedaba sobre mi costado desnudo empez&oacute; a hacer unas agradables cosquillitas a las que respond&iacute; con suaves caricias en su barriga. Encontr&aacute;ndonos los dos en estado de letargia, el suave mecer de nuestras manos se envalenton&oacute; y emprendieron estas viajes m&aacute;s largos: la suya explor&oacute; mi cadera, la m&iacute;a se adentr&oacute; en su camiseta, con idas y venidas cada vez m&aacute;s largas, llegando hasta su pecho en una direcci&oacute;n y hasta su pantal&oacute;n desabrochado en la otra.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a varios minutos que hab&iacute;a dejado el sopor atr&aacute;s y los viajes de mi mano fueron totalmente conscientes tras los descubrimientos que ocultaba el pantal&oacute;n. Una risilla muy corta, pero reveladora, y unos dedos cada vez m&aacute;s juguetones confirmaron que no era la &uacute;nica que hab&iacute;a despertado. Ya estaba bien de viajar por hoy. Plant&eacute; mi mano sobre su hinchado paquete y toquete&eacute; bien, sin revelar a&uacute;n su contenido. Su mano respondi&oacute; desliz&aacute;ndose firme desde mi cadera, pasando por mi barriga, como si me galoparan caballos salvajes por mis adentros, buscando la entrada a mi camiseta, hasta llegar al sujetador.<\/p>\n<p>Agarr&eacute; su polla, me agarr&oacute; una teta. Tir&eacute; del calzoncillo hacia abajo y qued&oacute; frente a m&iacute; su nabo grande y bien tieso. Un temor me acech&oacute; en ese momento, pues las ventanas parec&iacute;an cientos de ojos clavados sobre nosotros. Divis&eacute; arriba y abajo, de izquierda a derecha. Se escuchaban los mismos ruidos de familias comiendo y viendo la tele. A esas horas no hay nadie mirando por las ventanas. Eso cre&iacute; o quise creer, da igual, ya estaba decidido. Me met&iacute; la polla en la boca, el coraz&oacute;n me lat&iacute;a a mil; no tard&oacute; en sincronizarse con el torrente sangu&iacute;neo de las venas de su nabo. Era hora de comerse el postre.<\/p>\n<p>Me reincorpor&eacute; y puse toda mi dedicaci&oacute;n en esa mamada. Parec&iacute;a que segu&iacute;a poni&eacute;ndose m&aacute;s grande y m&aacute;s dura a&uacute;n y su tama&ntilde;o empezaba a atosigarme. Me la saqu&eacute;, la agarr&eacute; con una mano mientras cog&iacute;a aire y contempl&eacute;. &iexcl;Me encanta, joder!<\/p>\n<p>En ese momento, Jack aprovech&oacute; mi despiste para abalanzarse sobre m&iacute;, tumb&aacute;ndome de nuevo en el sof&aacute;, comi&eacute;ndome la boca con la misma ansia que comimos minutos antes. Tan centrada estaba en ese beso que no me di cuenta de lo que tramaba y, cuando entraron esos dedos por mis bragas, solt&eacute; un gemido que se tuvo que escuchar en toda la manzana. Los sonidos de las ventanas parecieron apagarse. Frenamos los dos y buscamos asomado a alguien que nos hubiera escuchado; pero el muy cabr&oacute;n, aunque suave, no paraba de dibujar circulitos en mi cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>No aguant&eacute; m&aacute;s de tres segundos, &iexcl;suficiente comprobaci&oacute;n! Devolv&iacute; el golpe y me abalanc&eacute; yo ahora sobre &eacute;l. Qued&oacute; recostado al otro lado y yo, a cuatro patas sobre el sof&aacute;, volv&iacute; a por mi postre. Jack resoplaba conteniendo los gemidos, sin olvidarse de echar un vistazo a las ventanas de vez en cuando. Estando yo centrada en la mamada, estir&oacute; el brazo hasta mi culo, me baj&oacute; los pantal&oacute;n y, con esfuerzo, lleg&oacute; como pudo hasta mi co&ntilde;o. Ten&iacute;a dudas, ten&iacute;a verg&uuml;enza. Muchos ojos a nuestro al rededor, pero no aguantaba m&aacute;s. Saqu&eacute; de un tir&oacute;n bragas y pantalones juntos, hice un chequeo r&aacute;pido de mi co&ntilde;o y, al ver que estaba empapada, no dud&eacute; m&aacute;s.<\/p>\n<p>Me escup&iacute; en la mano, le agarr&eacute; la polla, tante&eacute; el camino y &iexcl;ufff!, la gravedad hizo el resto. Sent&iacute; un calambrazo por todo el cuerpo que confirmaba que la polla est&aacute; bien adentro. En ese momento, me cost&oacute; moverme, sobrepasada por el calambre de placer; ni abrir bien los ojos pod&iacute;a. Jack parec&iacute;a decidido a echarme un cable: meti&oacute; las manos bajo la camiseta (la cual no me quit&eacute; por precauci&oacute;n)y, abriendo bien las manos, me agarr&oacute; para ayudarme a marcar el ritmo. Poco a poco, sin que me soltara, empezaba a encauzar la situaci&oacute;n. Nos mordimos la lengua tratando de ahogar nuestros gemidos, pero el chapoteo de mi co&ntilde;o y el choque de mi culo sobre sus muslos nos delataba. Me dio absolutamente igual y, ya que hab&iacute;a cogido el ritmo, no pensaba recatarme ahora.<\/p>\n<p>Conserv&eacute; la camiseta por precauci&oacute;n, pens&eacute;, pero &eacute;l bien que pod&iacute;a quit&aacute;rsela. Y as&iacute; hice. Se la arrebat&eacute; con violencia, contemplando al instante cada rinc&oacute;n de su pecho, agarrando bien sus hombros desnudos sin dejar de trotar sobre &eacute;l. Pens&eacute; despu&eacute;s que, aunque tuviera que conservar la camiseta, el sujetador tambi&eacute;n pod&iacute;a ir fuera. Nada m&aacute;s hacerlo, sus manos se volvieron locas amas&aacute;ndome los pechos a la vez que levantaba la cintura, clav&aacute;ndomela en el cielo de la boca.<\/p>\n<p>Las voces de alerta de nuestras cabezas cada vez ten&iacute;an menos autoridad. No le bast&oacute; con amas&aacute;rmelas y tuvo que levantarme la camiseta, esa que estaba empe&ntilde;ada en conservar como seguro, y me devor&oacute; las tetas con la misma pasi&oacute;n con la que le com&iacute; momentos antes la polla, sosteni&eacute;ndolas en peso con las manos como si fueran dos preciados melones. Aprovechamos para respirar, bajamos el ritmo y nos miramos a la cara. La golfer&iacute;a se hab&iacute;a adue&ntilde;ado de nuestros rostros, nos retorcieron las facciones y sud&aacute;bamos como cerdos. Segu&iacute;a estando guap&iacute;simo.<\/p>\n<p>Me puse a tope de nuevo, sin avisar. Cerr&oacute; los ojos, goz&aacute;ndolo, y sus manos se volvieron locas por mi cuerpo. Un peque&ntilde;o gemido se escap&oacute; de nuevo, haciendo que mi compa&ntilde;ero abriera los ojos y, con una ligera sonrisa, me pidiera que tuviese cuidado. De verdad que quer&iacute;a hacerlo, de verdad que lo intent&eacute;. Cerraba la boca y apretaba los dientes, luchaba contra mi ser, pero no hab&iacute;a manera. Un grito de gozo, un grito de verdad, se escap&oacute; por mi garganta y, acto seguido, escuchamos el ruido de una persiana abri&eacute;ndose.<\/p>\n<p>Ech&eacute; mi cuerpo contra el suyo, buscando una cobertura contra el respaldo del sof&aacute;, como si el enemigo nos disparara. Escudri&ntilde;amos las fachadas, en busca del curioso tras las ventana. Nuestros corazones iban a explotar. &iexcl;Nos hab&iacute;an visto seguro! Ya no hab&iacute;a teles sonando ni sonido de cubiertos en la mesa. Demasiado silencio.<\/p>\n<p>Pero tambi&eacute;n demasiada lujuria.<\/p>\n<p>Seguimos escondidos tras la trinchera, sabiendo que, si alguien nos espiaba, nos podr&iacute;a ver igual, pero no paramos de besarnos, de tocarnos, de masturbarnos el uno al otro. Estando los dos tumbados, &eacute;l tras de m&iacute;, alc&eacute; una pierna, agarr&eacute; su polla sin mirar y le indiqu&eacute; el camino. No tard&oacute; en coger ritmo y nuestras preocupaciones se disiparon una vez m&aacute;s. Me dej&eacute; hacer, me dej&eacute; disfrutar y que me disfrutaran. Ahogaba mis gemidos, pero no pod&iacute;a cerrar la boca ni ocultar una fuerte y profunda respiraci&oacute;n que me delataba. Una de sus manos, que no hab&iacute;an soltado mis pechos pese al cambio de postura, se encarg&oacute; ahora de sostener mi pierna en alto y aquello fue la se&ntilde;al. Sus embestidas se hicieron m&aacute;s fuertes, m&aacute;s profundas. Yo, privada as&iacute; de toda obligaci&oacute;n, me zambull&iacute; en el placer que sent&iacute;a y mi mente desapareci&oacute; de aquel lugar. Fueron solo unos segundos en los que no ve&iacute;a ni escuchaba nada, en los que no sabr&iacute;a decir si contuve mis gemidos o grite como una loca. La bomba del orgasmo estall&oacute; y me dej&oacute; rota, mi cuerpo pesaba cien veces m&aacute;s, pero me sent&iacute;a volando. Fueron solo unos segundos, hasta que ca&iacute; de golpe sobre el lugar que hab&iacute;a abandonado, recordando todos los ojos que nos vigilaban. No sab&iacute;a si hab&iacute;a gritado o no, pero ech&eacute; corriendo la mano a mi boca para encerrar cualquier sonido que pudiera salir de ella.<\/p>\n<p>Vi en ese momento a mi compa&ntilde;ero, ya con la polla fuera y paje&aacute;ndose para acompa&ntilde;arme en el camino del orgasmo. Me gir&eacute; para estar de frente a &eacute;l, pegaditos. Acerqu&eacute; mi mano hasta su miembro, pidi&eacute;ndole el testigo. Me lo pas&oacute; y, tras unos breves segundos mene&aacute;ndosela con fuerza, sent&iacute; en la barriga los chorros de semen caliente. Nos besamos como guarros, sin decir una palabra y con los ojos brillantes de placer. De repente, se escuch&oacute; el ruido de un televisor; despu&eacute;s otro y otro, y decenas de vecinos haciendo vida rutinaria, como si los estuvieran encendido a todos de golpe. Nos re&iacute;mos y nos abrazamos, mientras por mi mano goteaban las gotas de su polla que a&uacute;n no hab&iacute;a soltado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 -&iquest;Qu&eacute; te parece? -pregunt&oacute; Jack con entusiasmo al abrir la puerta. Era la primera vez que me invitaba a casa a comer. Llevaba tiempo habl&aacute;ndome sobre un peque&ntilde;o tesoro que hab&iacute;a encontrado en su nueva casa y ten&iacute;a que ense&ntilde;&aacute;rmelo. 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