{"id":44294,"date":"2024-01-07T23:00:00","date_gmt":"2024-01-07T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-01-07T23:00:00","modified_gmt":"2024-01-07T23:00:00","slug":"la-vida-secreta-de-la-chica-buena-de-clase","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-vida-secreta-de-la-chica-buena-de-clase\/","title":{"rendered":"La vida secreta de la chica buena de clase"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44294\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>-&iexcl;Mirad, el clavito de Pablito, &iexcl;qu&eacute; chiquitito! &iexcl;Jajaja!<\/p>\n<p>Esas risas tuvieron un cruel eco en el instituto p&uacute;blico. Aunque los chavales de Segundo de Bachillerato, con dieciocho a&ntilde;os cumplidos, ya deber&iacute;an estar por encima de aquellas burlas infantiles, la mayor&iacute;a de ellos se rieron del pobre alumno al que iba dirigida la broma, en parte por la popularidad de quien se la hab&iacute;a gastado y en parte porque era una v&iacute;ctima f&aacute;cil, marginada, que no se iba a defender. Unos pocos mantuvieron una impostada cara de seriedad, y otros (otras, sobre todo) trataron de ocultar su sonrisita, pero no hab&iacute;a duda: la chanza hab&iacute;a ca&iacute;do en gracia.<\/p>\n<p>El afectado, el pobre Pablo Soto, se subi&oacute; los pantalones y los calzoncillos, tapando velozmente el diminuto pene que su compa&ntilde;ero de clase hab&iacute;a dejado al descubierto tras bajarle los calzones. Esa cosita peque&ntilde;a, insignificante tanto en longitud como en grosor, hab&iacute;a sido objeto de burlas desde que los m&aacute;s cafres de la clase la hab&iacute;an visto en los vestuarios de Educaci&oacute;n F&iacute;sica. Como los pavos reales comparando sus plumas con las de otros pavos para seducir a sus hembras, los matones de la clase hab&iacute;an corrido a humillarlo, a hacerse grandes en comparaci&oacute;n con su pat&eacute;tico compa&ntilde;ero. Y, a juzgar por los pibones con los que sol&iacute;an andar, funcionaba.<\/p>\n<p>El pobre Pablo, adem&aacute;s, era un blanco f&aacute;cil. No destacaba en los deportes (su raqu&iacute;tico y peque&ntilde;o f&iacute;sico se lo habr&iacute;a impedido), ni en los estudios (su cerebro frito por las redes sociales y el porno no daba para m&aacute;s), ni en las relaciones sociales, ni en las artes, ni en nada. Era feo, era soso, era un cobarde, era un llor&oacute;n de mierda de una familia pobre. Y ahora se ocultaba en un rinc&oacute;n durante el recreo, tapando las l&aacute;grimas de sus ojos con el brazo.<\/p>\n<p>Y ah&iacute; estaba esa risa, esa odiosa risa. Max, el t&iacute;o que m&aacute;s le hab&iacute;a humillado en toda su vida, hac&iacute;a comentarios malsonantes mientras se dirig&iacute;a a cambiarse tras la clase de gimnasia. Contempl&oacute; su melena con odio, mientras se alejaba con sus colegas Javi y Jorge, y con las t&iacute;as de su pandilla. Pablo se mordi&oacute; los labios. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a un t&iacute;o como ese ser tan popular? &iquest;Un tipo tan s&aacute;dico, tan imb&eacute;cil, tan despreciable? Apret&oacute; los pu&ntilde;os, imaginando ese para&iacute;so so&ntilde;ado en mil pel&iacute;culas donde el chico majo acababa saliendo con la chica guapa al final, donde sus talentos eran reconocidos, donde todo acababa saliendo bien y un providencial &quot;The End&quot; aparec&iacute;a en pantalla.<\/p>\n<p>Cuando vio a la chica a la que deseaba, sin embargo, quiso que la tierra se lo tragara para que no lo viera llorar. Pero, pese a todo, ver la figura de Cristina en el recreo hizo que una sonrisa tenue se dibujara en su cara.<\/p>\n<p>-Eh, Pablo, &iquest;qu&eacute; tal? &iquest;Quieres hablar?<\/p>\n<p>Neg&oacute; con la cabeza, limit&aacute;ndose a abrazarla. Reprimi&oacute; un gemido al sentir sus tetas peque&ntilde;as pero firmes a trav&eacute;s de su jersey verde. Su pene se irgui&oacute; hasta alcanzar su m&aacute;ximo de nueve cent&iacute;metros, algo que le avergonz&oacute; enormemente. Pero ella no se dio cuenta.<\/p>\n<p>-No, gra&#8230; gracias.<\/p>\n<p>-Venga, ven conmigo, no te preocupes.<\/p>\n<p>Cristina era pr&aacute;cticamente la &uacute;nica que le trataba bien. Una de las mujeres m&aacute;s brillantes de la clase y que, con ese cerebro privilegiado y esa belleza p&aacute;lida y elegante, podr&iacute;a llegar a donde ella quisiera. Ese cuello de cisne, que desembocaba en su rostro angelical, a su vez rodeado de su lindo cabello marr&oacute;n con flequillo, hab&iacute;a ocupado durante a&ntilde;os un lugar prominente en sus sue&ntilde;os m&aacute;s dulces y h&uacute;medos. Hasta los flecos de su camisa bajo el jersey le parec&iacute;an indeciblemente sexys.<\/p>\n<p>-No lo entiendo-se quej&oacute; Pablo, oculto bajo un &aacute;rbol, mientras ella le abrazaba-. No entiendo c&oacute;mo ese imb&eacute;cil puede ser tan popular con&#8230; con sus amigos y con las mujeres. No s&eacute;, a veces pienso que no merece la pena ser bueno&#8230;<\/p>\n<p>Cristina le acarici&oacute; la cara.<\/p>\n<p>-No digas eso, guapo. T&uacute; eres mejor que &eacute;l, mejor que todos esos imb&eacute;ciles. Y, bueno, puede que a &eacute;l se le den mejor los deportes o los estudios, pero el mundo ser&iacute;a mejor con m&aacute;s personas como t&uacute; en &eacute;l. Yo me lo paso muy bien contigo.<\/p>\n<p>Se le ilumin&oacute; la cara al o&iacute;r &quot;guapo&quot; de esa boca, pese a que era consciente de que no era mejor que Max y sus amigos. Todos ellos hab&iacute;an tenido novia ya, y m&aacute;s de una, y &eacute;l todav&iacute;a segu&iacute;a mat&aacute;ndose a pajas de cinco minutos en el ba&ntilde;o de su casa. Pero, gracias a Dios, exist&iacute;a gente como Cristina en el universo.<\/p>\n<p>-Oye, Cristina, deber&iacute;as irte con tus amigas. No te vendr&iacute;a bien que te vieran conmigo. Sobre todo, despu&eacute;s de&#8230;<\/p>\n<p>Le mostr&oacute; a Cristina sus mu&ntilde;ecas, donde todav&iacute;a estaban las marcas de la navaja que le hab&iacute;a mantenido fuera de clase durante un mes. Se hab&iacute;a intentado cortar las venas unos d&iacute;as despu&eacute;s de que Max pasara por el grupo de clase el v&iacute;deo en el que se follaba a una chica de otro instituto. Las odiosas comparaciones, los gemidos que nunca oir&iacute;a, la certeza de que nadie le amar&iacute;a jam&aacute;s&#8230; le hab&iacute;an llevado a cometer esa locura. Pero ahora estaba bien, o eso quer&iacute;a pensar.<\/p>\n<p>-Pablo, lo que te pas&oacute; no fue culpa tuya. Quien no lo entienda, quien te vea como el raro&#8230; es el que verdaderamente est&aacute; mal. Si necesitas mi ayuda, d&iacute;melo. Y, oye, alg&uacute;n d&iacute;a tendremos que tomarnos ese batido que me dijiste.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; tal te viene esta tarde?<\/p>\n<p>Ver c&oacute;mo chasqueaba la lengua hizo que, de nuevo, se le cayera el mundo encima.<\/p>\n<p>-&iquest;Y eso?<\/p>\n<p>-Tengo que estudiar, Pablo, ya lo sabes. Se acercan los ex&aacute;menes y tengo que tener una buena media si quiero estudiar Medicina.<\/p>\n<p>Pablo asinti&oacute;, tragando sus l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>-Claro. Ya ver&aacute;s, lo vas a petar.<\/p>\n<p>Clara sonri&oacute; y le dio un beso en la mejilla. Se alej&oacute;, con su perfume de jazm&iacute;n y sus andares de hada del bosque, con esa gracia y esa bondad admirada por alumnos y profesores, con esa reputaci&oacute;n impermeable a cualquier contacto que pudiera tener con un marginado como &eacute;l.<\/p>\n<p>Sin que nadie lo supiera, se apoy&oacute; en una pared para mirar el m&oacute;vil. Y, al ver lo que hab&iacute;a, se mordi&oacute; el labio.<\/p>\n<p>&quot;Ya tengo lo que me pediste, zorra. Nos vemos esta tarde en mi habitaci&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p>Tecle&oacute; con rapidez:<\/p>\n<p>&quot;Ah&iacute; estar&eacute;, papi&quot;.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Cristina le hizo el Bizum a su profesora particular de viol&iacute;n para que no le dijera a sus padres que no hab&iacute;a ido a sus lecciones. Despu&eacute;s, consult&oacute; los mensajes de su m&oacute;vil, respondiendo dulcemente a los memes de sus amigas y al grupo de WhatsApp de la familia. Al revisar sus &uacute;ltimos mensajes, vio un largo soliloquio de Pablo, quej&aacute;ndose de su soledad. Suspir&oacute;: pobre chico. Seguramente fuera una forma de decirle sutilmente que le gustaba, sin tener que arriesgarse. Pero, aunque sent&iacute;a l&aacute;stima por &eacute;l, ahora sus problemas eran lo ultimo que le interesaba.<\/p>\n<p>&quot;Tranquilo, Pablo. Seguro que encontrar&aacute;s a alguien&quot;-minti&oacute;. Quiz&aacute;s con eso tuviera para pajearse durante toda la tarde.<\/p>\n<p>Una vez resueltos todos sus compromisos, se alis&oacute; el pelo y lleg&oacute; de nuevo a la casa. A la fat&iacute;dica y gloriosa casa donde perd&iacute;a su dignidad todos los jueves y a la que, sin embargo, se pasaba toda la semana queriendo volver. Mir&oacute; a ambos lados de la calle: aunque era la hora de la siesta, quer&iacute;a asegurarse de que nadie le viera. Nerviosa, con las piernas tr&eacute;mulas y el coraz&oacute;n acelerado, llam&oacute; al timbre. Se llev&oacute; el dedo &iacute;ndice a la boca, esperando la respuesta. Y, cuando oy&oacute; la voz de Max, el pecho le dio un vuelco.<\/p>\n<p>-Sube, zorra.<\/p>\n<p>Torci&oacute; el gesto y volvi&oacute; a mirar a su alrededor tras abrir la puerta. Le hab&iacute;a dicho al muy cabr&oacute;n que no le dijera esas cosas cuando los pudieran o&iacute;r&#8230; pero, en fin, era lo que tocaba. Mientras sub&iacute;a las escaleras y su falda corta dejaba al descubierto sus n&iacute;veas piernas, sorb&iacute;a aire por la nariz, ansiosa por probar lo que esos hijos de puta le hab&iacute;an prometido.<\/p>\n<p>Al llegar a la puerta, llam&oacute; al timbre, tan t&iacute;mida como la primera vez. La voz de Javi le respondi&oacute;:<\/p>\n<p>-&iexcl;&iquest;Qui&eacute;n es!?<\/p>\n<p>Apret&oacute; los pu&ntilde;os. Odiaba ese ritual, pero sab&iacute;a por qu&eacute; lo hac&iacute;a. Pens&oacute; en la coca&iacute;na, y eso le dio fuerzas para susurrar:<\/p>\n<p>-Vuestra puta sumisa.<\/p>\n<p>-&iexcl;No lo oigo! &iexcl;M&aacute;s fuerte!<\/p>\n<p>-&iexcl;Vuestra puta sumisa!-grit&oacute;, furiosa, y se tap&oacute; la boca casi al instante. Mierda, si alguien la hab&iacute;a o&iacute;do, si ven&iacute;an a ver qu&eacute; suced&iacute;a&#8230;<\/p>\n<p>Por suerte, la puerta se abri&oacute; al instante. Ellos tambi&eacute;n deb&iacute;an de estar ansiosos por foll&aacute;rsela. Corri&oacute; hacia dentro, solo para encontrarse con la figura musculosa de Jorge, que le puso la mano en una nalga.<\/p>\n<p>-Mira, est&aacute; deseando tragarse nuestras pollas.<\/p>\n<p>Javi, m&aacute;s gordo, le dio un beso en la boca que ella acept&oacute; sumisamente, disimulando su asco. Sin proleg&oacute;menos, sin preliminares ni hostias. Sus amos eran as&iacute;.<\/p>\n<p>-Pues, venga, vamos a llevarla al comedor. Que no veas lo impaciente que se ha puesto Max&#8230;<\/p>\n<p>Cristina ech&oacute; un vistazo a ese piso alquilado. Evidentemente, un pisazo como ese no pod&iacute;a explicarse &uacute;nicamente por la riqueza de sus padres, sino tambi&eacute;n por la pasta que esos chicos ganaban trapicheando. Todos los chicos y, sobre todo, las chicas sab&iacute;an eso. Todos sab&iacute;an lo que algunas muchachas hac&iacute;an para conseguir su dosis de coca gratis, y todos sab&iacute;an que la mayor&iacute;a volv&iacute;a por all&iacute; para probar sus pollas de nuevo. Pero nadie sab&iacute;a que una muchacha tan mod&eacute;lica como ella formaba parte de su har&eacute;n de drogadictas. Y, aunque eso le avergonzara, no pod&iacute;a evitar excitarse por su doble vida.<\/p>\n<p>Javi se quit&oacute; el cintur&oacute;n, confiando en que su grasa mantendr&iacute;a el pantal&oacute;n en su sitio. Con su respiraci&oacute;n pesada y f&eacute;tida, coloc&oacute; la cinta alrededor del cuello excepcional de Cristina. Esta trag&oacute; saliva mientras ese cerdo se re&iacute;a, llev&aacute;ndola a trav&eacute;s de su casa como si fuera una perra mientras su amigo Jorge le masajeaba el culo. Atravesaron las bolsas de Doritos, las latas de cerveza, los paquetes de chicles&#8230; hasta llegar al sal&oacute;n.<\/p>\n<p>All&iacute; se encontraba Max, ya desnudo, con esa delgadez fibrosa que le hizo babear, y con su polla erecta de dieciocho cent&iacute;metros lista para recibirla. Ese d&iacute;a no se hab&iacute;an andado con tonter&iacute;as.<\/p>\n<p>-Vaya, no&#8230; &iquest;no quieres saber c&oacute;mo me ha ido el d&iacute;a?-brome&oacute;, intentando ganar algo de poder en esa conversaci&oacute;n, pero no pod&iacute;a quitar la mirada de ese miembro endurecido.<\/p>\n<p>-No. Ya s&eacute; que te has dedicado a lamerle las heridas a ese maric&oacute;n. Ahora solo me interesa que me lamas otra cosa.<\/p>\n<p>-Jolines, no hables as&iacute; de Pablo&#8230;-se quej&oacute; d&eacute;bilmente. Max era el que m&aacute;s le puteaba, y el que lo hac&iacute;a de las formas m&aacute;s insidiosas y s&aacute;dicas. Y el que m&aacute;s le pon&iacute;a.<\/p>\n<p>-Bueno, si tanto quieres defender al subnormal de tu amigo, vete de aqu&iacute;. Si quieres tu dosis, ponte de rodillas y ch&uacute;pale la polla al t&iacute;o que m&aacute;s odia.<\/p>\n<p>Mir&oacute; la bolsita de coca sobre la mesilla, promesa de grandes placeres, de la sensaci&oacute;n m&aacute;s euf&oacute;rica que jam&aacute;s hubiera experimentado. Como una condenada a la horca, sin capacidad de decidir sobre su propio destino, camin&oacute; hacia ese desgraciado y, cuando estuvo a dos pasos de &eacute;l, se puso de rodillas.<\/p>\n<p>-Si pudiera ver a su zorrita ahora&#8230;<\/p>\n<p>Cristina iba a decir algo, pero en la mirada de Max hab&iacute;a una amenaza latente: ponte a chupar ahora, est&uacute;pida, o lo lamentar&aacute;s. Y ella, acord&aacute;ndose de la bolsa, se meti&oacute; la punta de su nabo en la boca. Una vez m&aacute;s, hab&iacute;a ca&iacute;do.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a el mismo sabor salado de siempre. Y, como siempre, Max la agarr&oacute; del pelo, oblig&aacute;ndola a meterse su miembro cada vez m&aacute;s.<\/p>\n<p>-Venga, hoy vas a llegar hasta el fondo&#8230;<\/p>\n<p>Sus dos matones se acercaron a ellos, y se sacaron sus pollas. La de Jorge, m&aacute;s peque&ntilde;a de lo normal pero no tanto como la del pobre Pablo. Y la de Javi, algo m&aacute;s corta que la de Max, pero muy gruesa. Se situaron a ambos lados de su l&iacute;der, mir&aacute;ndola con deseo.<\/p>\n<p>-Venga, puta, traga&#8230;<\/p>\n<p>Cristina se ruboriz&oacute; mientras su garganta se resent&iacute;a. Le faltaba el aire, se le pon&iacute;a la piel de gallina, pero ten&iacute;a que demostr&aacute;rselo. Ten&iacute;a que demostrarle que no era una ni&ntilde;a tonta de pap&aacute;, que ella era mejor que cualquiera de esas chonis con las que se juntaba. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, reprimiendo el v&oacute;mito, introdujo toda esa carne en su garganta por unos segundos y retir&oacute; la boca. Tosi&oacute;, con el l&iacute;quido preseminal manchando sus labios.<\/p>\n<p>-Esperad un momento, que me quite el jersey&#8230;<\/p>\n<p>-&iexcl;Venga, r&aacute;pido, hostias!-le apremi&oacute; Jorge, que sac&oacute; su m&oacute;vil. Cristina palideci&oacute;.<\/p>\n<p>-Oye, oye, guardad los m&oacute;viles-pidi&oacute;, en un tono artificialmente agresivo, todav&iacute;a con el sabor de su polla en la boca.<\/p>\n<p>-Pues a obedecer. &iexcl;Venga!<\/p>\n<p>Se quit&oacute; el jersey y, bot&oacute;n a bot&oacute;n, su camisa de manga corta. Esos tres cerdos babearon al observar su tronco desnudo, su perfecta piel, esos dos mont&iacute;culos que ten&iacute;a por tetas.<\/p>\n<p>-Mira, hoy se ha quitado el sujetador como dijiste&#8230;-se burl&oacute; Javi. Roz&oacute; con su grueso nabo la mejilla de la chica, que sinti&oacute; un escalofr&iacute;o. Mir&oacute; hacia arriba, como un ratoncito ante una camada de gatos. El gordo le abri&oacute; la mand&iacute;bula a la fuerza, foll&aacute;ndole la boca como si estuvieran en una peli porno. Las n&aacute;useas no se hicieron esperar, pero quiso disimularlas. Un poco m&aacute;s, se dijo. Un poco m&aacute;s y tendr&eacute; mi premio&#8230;<\/p>\n<p>Max golpe&oacute; a Jorge en el hombro, que la apunt&oacute; con su m&oacute;vil. Cristina se retir&oacute;, asustada, tap&aacute;ndose las tetas con los brazos, solo para encontrarse con sus crueles risas.<\/p>\n<p>-Oye, oye, yo no he accedido a que me graben.<\/p>\n<p>-Mira, este es un v&iacute;deo solo para nosotros-le explic&oacute; Max-. Para hacernos pajas cuando nos falte una putita a la que penetrar. Y, si quieres tu dosis, har&aacute;s lo que te digamos.<\/p>\n<p>-Mira, yo no soy una de tus puti&#8230;<\/p>\n<p>Javi la empuj&oacute;, haci&eacute;ndole caer al suelo, y le puso el pie en el cuello. Fr&iacute;o y fuerte, le cortaba la respiraci&oacute;n. Su pulso se aceler&oacute; por el miedo.<\/p>\n<p>-A callar y a chupar.<\/p>\n<p>Se puso de rodillas de nuevo, obedeciendo sumisamente. El m&oacute;vil grab&oacute; c&oacute;mo volv&iacute;a a meterse el pene de Javi en la boca, ante las risas de sus compa&ntilde;eros.<\/p>\n<p>-Venga, que vas a dejar a mis compa&ntilde;eros sin mamada&#8230;<\/p>\n<p>Se retir&oacute; otra vez, mirando las tres pollas erectas que ten&iacute;a delante, a&uacute;n preocupada por la c&aacute;mara. Solo de pensar en que la pod&iacute;an ver sus padres, sus profesores, sus amigas&#8230; no, habr&iacute;a preferido que se la tragara la tierra. As&iacute; que tendr&iacute;a que mantenerlos contentos.<\/p>\n<p>Fue chupando sus pollas de una en una, rozando con su lengua el l&iacute;quido preseminal que empezaba a salir de sus capullos. Se olvid&oacute; de la c&aacute;mara mientras demostraba las dotes que hab&iacute;a ido adquiriendo desde que esos bestias la hab&iacute;an desvirgado hac&iacute;a seis meses. Se meti&oacute; la polla de Jorge entera en la boca, exagerando su arcada, y luego intent&oacute; hacer lo propio con la de Max, qued&aacute;ndose a cuatro cent&iacute;metros de su meta. Javi le empuj&oacute; la cabeza, provoc&aacute;ndole espasmos dolorosos y una sensaci&oacute;n acuciante de asfixia. Pero se sent&iacute;a orgullosa de lo lejos que hab&iacute;a llegado.<\/p>\n<p>-Joder, chavales, esta mojigata ha ido aprendiendo. Ya casi la chupa mejor que la lumi a la que nos petamos ayer.<\/p>\n<p>Ese cumplido val&iacute;a m&aacute;s para ella que los de todos sus profesores juntos. Se imagin&oacute; a su estricto padre contempl&aacute;ndola en esa situaci&oacute;n, y no pudo evitar que una sensaci&oacute;n de calentura recorriera su tronco desnudo. Continu&oacute; trabajando en esas tres pollas, masajeando dos de ellas mientras chupaba otra, perdida en ese trabajo mec&aacute;nico y degradante. Le encantaba, joder. Le encantaba.<\/p>\n<p>-As&iacute; me gusta, zorra&#8230;<\/p>\n<p>Max fue el primero en terminar, aunque ya sab&iacute;a que tendr&iacute;a m&aacute;s corridas listas para ella. La agarr&oacute; del pelo con fuerza, destrozando su cuidadoso peinado, y explot&oacute; dentro de ella. El torrente de semen inund&oacute; su laringe, y &eacute;l la retuvo durante tanto tiempo que no pudo ni siquiera respirar. Solt&oacute; las pollas de sus dos compa&ntilde;eros y, cuando finalmente la liber&oacute;, tosi&oacute; chorros de blanco salado y delicioso.<\/p>\n<p>-Zo&#8230; zorra-musit&oacute; Javi. Su gruesa polla se apoy&oacute; en su frente antes de eyacular. Ella sinti&oacute; una repugnancia extrema al notar c&oacute;mo su espeso semen descend&iacute;a por su rostro, rozando sus labios hasta detenerse en sus pezones. Jorge, probablemente el menos soci&oacute;pata de los tres, le permiti&oacute; tomar aire antes de meterle de nuevo el miembro en la boca. Se la foll&oacute; con lentitud, cediendo el m&oacute;vil a Max, que capt&oacute; magistralmente ese momento m&aacute;gico en que el hombre se rinde a sus instintos reproductores y deja de fingir que puede durar seis horas con una mujer. Una sacudida mostr&oacute; que se corr&iacute;a, retir&aacute;ndose elegantemente y dejando solo unas gotitas de semen en la boca.<\/p>\n<p>-Menudo cuadro hemos dejado-se burl&oacute; Max, agarr&aacute;ndola del pelo. Su pene, semifl&aacute;cido, la apuntaba acusador-. Di la verdad, perra. Has disfrutado, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>Vejada, cubierta de la semilla rancia de esos tres macarras, solo pod&iacute;a pensar en la coca que le hab&iacute;an prometido. Aun as&iacute;, respondi&oacute;:<\/p>\n<p>-He disfrutado como una perra.<\/p>\n<p>-Venga, s&eacute; sincera. &iquest;El maric&oacute;n de Pablo podr&iacute;a hacerte disfrutar as&iacute;?<\/p>\n<p>-Pues&#8230; no, no lo creo.<\/p>\n<p>-&iquest;Y eso?<\/p>\n<p>Chasque&oacute; la lengua, algo molesta.<\/p>\n<p>-Porque tiene el pene muy peque&ntilde;o y una actitud algo&#8230; femenina. No es mala gente, pero lo prefiero como amigo.<\/p>\n<p>Esos tres macacos rieron y dejaron de grabar. Le indicaron con gestos que se sentara en el sof&aacute;.<\/p>\n<p>-La verdad es que no entiendo como una piba tan rica como t&uacute; se junta con un pichafloja como &eacute;l.<\/p>\n<p>Lejos del &eacute;xtasis irreflexivo de la felaci&oacute;n, se sinti&oacute; mal por su amigo.<\/p>\n<p>-Oye, no est&aacute; bien que os met&aacute;is con &eacute;l. Es un buen chico, de verdad, solo que un poco&#8230;<\/p>\n<p>-&iquest;Feo?<\/p>\n<p>-&iquest;Subnormal?<\/p>\n<p>-&iquest;Pat&eacute;tico?<\/p>\n<p>Se le escap&oacute; una risita que no le pas&oacute; desapercibida a esos tres matones.<\/p>\n<p>-Va, hay que reconocer que es un imb&eacute;cil-insisti&oacute; Max-. Es de esa gente que sobra en el mundo. Ni siquiera para suicidarse sirve.<\/p>\n<p>Eso no le gust&oacute; a Cristina, que no dud&oacute; en mostrar su descontento.<\/p>\n<p>-Oye, dejad al chico en paz. No entiendo por qu&eacute; le hac&eacute;is eso.<\/p>\n<p>Max la agarr&oacute; del pelo con fuerza, haci&eacute;ndole da&ntilde;o, y ella trag&oacute; saliva.<\/p>\n<p>-Lo hacemos porque podemos, y punto. Y mira qu&eacute; otras cosas podemos hacer&#8230;<\/p>\n<p>La invit&oacute; a sentarse junto a &eacute;l en el sof&aacute; y le mostr&oacute; el m&oacute;vil.<\/p>\n<p>-Ahora vas a ver que no eres la &uacute;nica-le indic&oacute; Javi, sob&aacute;ndole las tetas. Cabizbaja, la muchacha fij&oacute; la mirada en el tel&eacute;fono.<\/p>\n<p>Lo primero que vio fue el v&iacute;deo de una chica t&iacute;mida de su clase, Alicia, atragant&aacute;ndose con los penes de los tres, y vomitando en consecuencia. M&aacute;s adelante, otro v&iacute;deo en el que Javi penetraba con dureza a Leticia, la choni de la clase, que chillaba como una puerca y le ped&iacute;a m&aacute;s. Despu&eacute;s, una grabaci&oacute;n en la que los chavales se turnaban para abusar de una prostituta de aspecto miserable. Luego, otro v&iacute;deo en el que una muchacha bajita de su mismo curso pero de otra aula brincaba en la polla de Max y dejaba que &eacute;l le tirara de las coletas.<\/p>\n<p>-Mira, salta como una pulga&#8230;-se burl&oacute; Jorge.<\/p>\n<p>-S&iacute;, colega. Luego os la dejo catar, que a las putillas hay que quebrarlas pronto para que luego no te salgan tan mojigatas como esta.<\/p>\n<p>Pellizc&oacute; los pezones de Cristina, haci&eacute;ndole saltar del dolor y provocando la risa de sus amigotes. Ella se sinti&oacute; cada vez m&aacute;s cohibida, en parte por ese festival de los horrores que le acababan de ense&ntilde;ar.<\/p>\n<p>-Oye, &iquest;no&#8230; no le habr&eacute;is ense&ntilde;ado el v&iacute;deo que me tomasteis a nadie? Es que tengo una reputaci&oacute;n que proteger, &iquest;sab&eacute;is? Ya s&eacute; que os da igual, pero&#8230;<\/p>\n<p>Javi puso los ojos en blanco.<\/p>\n<p>-Joder, qu&eacute; pesada. &iexcl;Que no, hostia! Max, dale ya la coca, a ver si deja de joder y empieza a joder de otra forma.<\/p>\n<p>Su colega esboz&oacute; una sonrisa ladina e hizo caso a su sugerencia. Cuando movi&oacute; la bolsita delante de ella, como la campanilla de un perro, consigui&oacute; que su actitud ligeramente rebelde se calmara. Un hilo de saliva cay&oacute; de la boca de la chica.<\/p>\n<p>Max le mostr&oacute; su miembro, ya duro de nuevo, y dej&oacute; que ella lo acariciara. Se roci&oacute; la polla con esos polvos y le indic&oacute; con la mano que la tomara.<\/p>\n<p>-Venga, que aqu&iacute; he juntado tus dos cosas favoritas.<\/p>\n<p>Mientras sus colegas volv&iacute;an a grabar, ella esnif&oacute; de su pene, convertida en esa chica que sus padres nunca hab&iacute;an pensado que ser&iacute;a. Esper&oacute;, paciente, a que surtiera efecto. Y, entonces, todas las humillaciones le parecieron pocas. Se habr&iacute;a humillado mil veces m&aacute;s, un mill&oacute;n de veces m&aacute;s, para sentir ese &eacute;xtasis inigualable. Se levant&oacute;, a&uacute;n desnuda, bailando delante de esos cabestros con la certeza de que jam&aacute;s podr&iacute;a volver a entusiasmarse con igual intensidad sin esos polvos blancos. Max se acerc&oacute; a ella y la agarr&oacute; de las nalgas. Su co&ntilde;o, especialmente receptivo en esas situaciones, le correspondi&oacute; con una humedad que no le pas&oacute; desapercibida. Rezumaba alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>-Eres la m&aacute;s puta de todas las que han pasado por aqu&iacute;&#8230;-susurr&oacute;, y la agarr&oacute; de la vagina con fiereza. Masaje&oacute; su cl&iacute;toris con los dedos, haciendo que ella gimiera. El ruido de su placer hizo que los otros dos orangutanes rieran.<\/p>\n<p>-Oye, dime la verdad-le dijo Javi, con la polla fl&aacute;cida todav&iacute;a pero deseoso de humillar a alguien m&aacute;s pat&eacute;tico que &eacute;l-. Tu amiguito Pablo no podr&iacute;a tocarte as&iacute;, &iquest;a que no? No podr&iacute;a hacerte gozar tanto como nosotros.<\/p>\n<p>Ella se mordi&oacute; los labios, olvid&aacute;ndose de todo atisbo de decencia, de todo lo que le hab&iacute;an ense&ntilde;ado en misa y la escuela. En ese momento, solo exist&iacute;a el placer.<\/p>\n<p>-No, &eacute;l&#8230; no creo que nunca llegue a estar con una mujer. No creo que nunca llegue a ser tan bueno con los dedos ni con ninguna parte de&#8230;-gru&ntilde;&oacute; como un animal en celo-&#8230; de su cuerpo.<\/p>\n<p>Max solt&oacute; una carcajada y la situ&oacute; contra la pared, con el culo en pompa, lista para ser penetrada. Se fue poniendo el cond&oacute;n, que apenas le cab&iacute;a en esa tranca. Ella movi&oacute; las caderas, pidiendo que se la metieran.<\/p>\n<p>-Venga, por favor, f&oacute;llame.<\/p>\n<p>-&iquest;C&oacute;mo? No te he o&iacute;do bien.<\/p>\n<p>Cristina suspir&oacute;.<\/p>\n<p>-&iexcl;Que me folles, joder!<\/p>\n<p>-Bueno, bueno. Como desee usted.<\/p>\n<p>Sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, se la clav&oacute;. Al principio despacio, para que sus paredes vaginales se fueran acostumbrando de nuevo al tama&ntilde;o de su miembro. Pero, enseguida, deprisa. Y luego llegaron los azotes, los esputos, las embestidas feroces. Max la golpe&oacute; con tanta sa&ntilde;a que sus nalgas se tornaron rojas casi al instante, pero ella se limit&oacute; a gemir mientras &eacute;l segu&iacute;a foll&aacute;ndosela de pie. Ojal&aacute; todo pudiera ser as&iacute;, pens&oacute;. Ojal&aacute; no tener m&aacute;s preocupaciones que el placer sin l&iacute;mites, que mover las caderas mientras ese cabr&oacute;n la taladraba desde detr&aacute;s.<\/p>\n<p>La c&oacute;pula continu&oacute; durante varios minutos durante los que ella goz&oacute; como nunca, durante los que se esforz&oacute; en parecer digna pero tuvo que rendirse ante el animal que llevaba dentro. Sus aullidos debieron de o&iacute;rse en todo el edificio, pero le importaba tan poco como la dignidad de su amigo.<\/p>\n<p>-Va, cont&eacute;stame a lo que te voy a preguntar-le orden&oacute; Max en un susurro, mordi&eacute;ndole la oreja-. &iquest;Vale, gatita?<\/p>\n<p>-Miau&#8230;<\/p>\n<p>-Cont&eacute;stame. El Pablo este&#8230; en verdad es muy pat&eacute;tico, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>-S&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>La azot&oacute; con tanta fuerza que parec&iacute;a que le hubieran dado un latigazo. Sigui&oacute; foll&aacute;ndosela, notando la humedad de su co&ntilde;ito prieto. Este derramaba gotas sobre el suelo, para el regocijo de sus dos colegas.<\/p>\n<p>-Dilo m&aacute;s fuerte&#8230;<\/p>\n<p>-&iexcl;S&iacute;!-grit&oacute;, entre el dolor y el orgasmo, con la mirada perdida entre el universo que parec&iacute;a expandirse en esa pared-. &iexcl;Joder, Pablo es pat&eacute;tico! &iexcl;T&uacute; eres mucho mejor, machote! &iexcl;F&oacute;llame, joder, soy tuya! &iexcl;Soy tuya!<\/p>\n<p>&Eacute;l continu&oacute; penetr&aacute;ndola con un salvajismo atroz, hasta que la agarr&oacute; de las caderas con una fuerza sobrehumana. Aull&oacute; mientras el semen se le escapaba de nuevo, le dio dos azotes que sonaron como tambores. Ella gimi&oacute;, sumisa, con un chillido que se fue apagando paulatinamente.<\/p>\n<p>Y, luego, Max se la sac&oacute;.<\/p>\n<p>-Zorra&#8230;-susurr&oacute;, quit&aacute;ndose el cond&oacute;n. La agarr&oacute; del cuello y le hizo darse la vuelta. Sostuvo el preservativo y le apunt&oacute; a la boca. Cristina sac&oacute; la lengua como una perrita buena mientras un hilo de semen iba cayendo. Glup, glup. Salado, denigrante. Delicioso.<\/p>\n<p>Con las piernas temblorosas, aguard&oacute; el turno de Jorge: Javi no podr&iacute;a correrse m&aacute;s de una vez, pero s&iacute; su colega. Empezaba a tambalearse, pero ten&iacute;a que aguantar. Sobre todo, si quer&iacute;a que la volvieran a llamar la semana siguiente, si quer&iacute;a volver a sentir el universo eclosionado en su nariz.<\/p>\n<p>Mientras Jorge se la follaba y ella segu&iacute;a gimiendo, Max revis&oacute; los v&iacute;deos con su colega. Le dedic&oacute; un gui&ntilde;o que la muchacha, presa del &eacute;xtasis, no pudo ver. El sexo continu&oacute; durante diez minutos m&aacute;s, momento en el que Jorge rellen&oacute; su cond&oacute;n de la leche que Cristina le hab&iacute;a sacado.<\/p>\n<p>Al acabar, Cristina se duch&oacute; y visti&oacute; r&aacute;pidamente, confiando en que sus padres no sospecharan nada. Abandon&oacute; la habitaci&oacute;n sin despedirse, con la verg&uuml;enza de siempre. Cuando estuvo lejos, sin embargo, se permiti&oacute; una sonrisa p&iacute;cara. Qu&eacute; ganas de que volviera a ser jueves de nuevo.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>A Pablo le llegaron varios mensajes, que &eacute;l confiaba en que fueran de Cristina. Desde su cama, acudi&oacute; raudo a las vibraciones de su escritorio. Sin embargo, al ver al remitente, solt&oacute; un gemido triste. Max, c&oacute;mo no. Hab&iacute;a intentado bloquearlo hac&iacute;a poco, pero &eacute;l le hab&iacute;a dado tal paliza por ello que no hab&iacute;a tenido m&aacute;s remedio que aceptar sus v&iacute;deos. Esos v&iacute;deos en los que aparec&iacute;a follando con mujeres que &eacute;l nunca podr&iacute;a tener, a veces con mensajes hirientes que le recordaban su pat&eacute;tico lugar en el mundo.<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a, sin embargo, iba a ser peor.<\/p>\n<p>El v&iacute;deo empezaba como todos, s&iacute;, pero tuvo que reprimir un gemido ahogado al ver a su protagonista. Las l&aacute;grimas afloraron, quem&aacute;ndole la cara como &aacute;cido, cuando reconoci&oacute; las risas que rodeaban a la mujer con la que so&ntilde;aba todos los d&iacute;as.<\/p>\n<p>-No&#8230;-susurr&oacute;, fuera de s&iacute;, agarr&aacute;ndose de los pelos-. No, no, por favor&#8230; t&uacute; tambi&eacute;n, no&#8230;<\/p>\n<p>Pero s&iacute;. Y lo vio todo. Vio c&oacute;mo chupaba, c&oacute;mo recib&iacute;a las embestidas, c&oacute;mo se tragaba la corrida del hombre que le hac&iacute;a la vida imposible. Y, lo peor de todo, oy&oacute; lo que dec&iacute;a. Oy&oacute; la confirmaci&oacute;n de sus peores miedos, oy&oacute; c&oacute;mo su &uacute;nico consuelo le insultaba de esa forma tan cruel. Y llor&oacute;, llor&oacute; como un ni&ntilde;o, llor&oacute; con mocos y pucheros, de forma pat&eacute;tica. Junto al v&iacute;deo, un mensaje:<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Ves? Hasta la puta de tu amiga est&aacute; de acuerdo. Eres pat&eacute;tico, y nunca vas a tener a nadie junto a ti. Vas a morir solo, subnormal. M&aacute;s vale que te vayas haciendo a la idea&quot;.<\/p>\n<p>Tir&oacute; el m&oacute;vil al suelo, furioso. Se mir&oacute; la polla, peque&ntilde;a pero dura ante esos humillantes v&iacute;deos. Pens&oacute; en lo que disfrutaban los hombres como &eacute;l, en lo bien que lo pasaban, en c&oacute;mo estaban siempre rodeados de mujeres. Pens&oacute; en toda una vida de humillaciones, en toda una vida sufriendo las odiosas comparaciones con el resto de habitantes del planeta Tierra.<\/p>\n<p>Saltar por la ventana fue f&aacute;cil. Lo dif&iacute;cil vino despu&eacute;s. Estuvo agonizando una hora, arrepinti&eacute;ndose de su decisi&oacute;n, de su cobard&iacute;a, maldiciendo a su suerte. Luego, la muerte decidi&oacute; concederle la &uacute;nica clemencia de su vida: el final.<\/p>\n<p>Se investig&oacute; a gran parte de los alumnos de la clase por incitaci&oacute;n al suicidio, pero la causa se archiv&oacute; por falta de pruebas. Al principio, la gente fingi&oacute; que le importaba la vida de ese imb&eacute;cil. Hicieron un acto de despedida y varias charlas contra el acoso escolar, solo para que todos se olvidaran de &eacute;l en unos meses y las t&iacute;as siguieran follando con los que lo hab&iacute;an matado. Hasta su familia, al principio destrozada, acab&oacute; comprendiendo que viv&iacute;an mejor sin ese llorica.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, tras la graduaci&oacute;n, Max mand&oacute; una foto al grupo de clase. Era la foto de una l&aacute;pida donde pod&iacute;a leerse el nombre de Pablo, y una foto tambi&eacute;n de su enorme polla y de un culo cubierto de semen delante de ella. Un culo p&aacute;lido, elegante, un culo que algunos creyeron reconocer. No se ve&iacute;a bien a la mujer que aparec&iacute;a con Max en la foto, pero algunos comentaron entre susurros que se trataba de Cristina. Por supuesto, tal cosa era absurda. Una chica decente como ella nunca har&iacute;a eso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 -&iexcl;Mirad, el clavito de Pablito, &iexcl;qu&eacute; chiquitito! &iexcl;Jajaja! Esas risas tuvieron un cruel eco en el instituto p&uacute;blico. 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