{"id":44304,"date":"2024-01-08T23:00:00","date_gmt":"2024-01-08T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-01-08T23:00:00","modified_gmt":"2024-01-08T23:00:00","slug":"a-escondidas-con-malena-la-psicopedagoga-con-bastones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/a-escondidas-con-malena-la-psicopedagoga-con-bastones\/","title":{"rendered":"A escondidas con Malena, la psicopedagoga con bastones"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44304\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El rostro de Malena es bien proporcionado, bellos ojos verdes alumbran donde posan la mirada; una boca ancha y de labios carnosos tientan a la mordida. La nariz un poco alargada pero bella al fin, dan un aire ani&ntilde;ado que rejuvenece una d&eacute;cada a esta psicopedagoga de cuarenta y cinco a&ntilde;os. Adem&aacute;s, la mujer siempre mira desconfiada, los ojazos abiertos como si una ola la fuera a tragar en cualquier momento, lo cual suma delicadeza. Su cuerpo es peque&ntilde;o en proporciones, los senos humildes; sin embargo, siempre est&aacute;n bien armados por el sost&eacute;n y a veces, de la blusa o polera salen a relucir pezones de cabo de berenjena.<\/p>\n<p>Malena huele rico y casi siempre usa polleras largas debido a una diplej&iacute;a que la obliga a utilizar bastones canadienses para movilizarse. El contraste entre el polleron y lo ce&ntilde;ido de la prenda superior que convergen en una cintura de avispa es realmente atractivo. Generalmente trato de llegar antes que ella a la oficina que compartimos en el colegio secundario hebraico para verla sentar y bajar el cierre de sus botas de cuero, tal liberaci&oacute;n produce en Malena un suspiro que orilla lo sexual.<\/p>\n<p>Soy uno de los pocos profesores no jud&iacute;os de la instituci&oacute;n y a veces se hace dif&iacute;cil el d&iacute;a a d&iacute;a porque los asuntos importantes se hablan en idish. Malena y yo compartimos oficina en la planta baja pero tenemos diferentes jerarqu&iacute;as, ella es encargada de supervisar legajos y de asesoramiento psicopedag&oacute;gico; en cambio, yo termine ah&iacute; porque no hay espacio en el sal&oacute;n de profesores y adem&aacute;s, est&aacute; impl&iacute;cito que asista a mi compa&ntilde;era en tareas propias de un cadete como sacar fotocopias y subir las escaleras para distribuir el papeler&iacute;o.<\/p>\n<p>Cuando no doy clases, pasamos entre seis y ocho horas juntos, apenas interrumpidos por alg&uacute;n auxiliar que nos alcanza una vianda o docente que consulta. Malena realiza las entrevistas por zoom, por tanto debo hacerme imperceptible esos ratos. La relaci&oacute;n es buena, pero cuando parece que puedo avanzar al siguiente nivel de confianza, mi compa&ntilde;era se acomoda el flequillo casta&ntilde;o y se impregna de un distante profesionalismo. Malena tiene la man&iacute;a de llevarse los l&aacute;pices a la boca y escribir con ellos entre los dientes, lo cual termina por astillar la madera. Descubr&iacute; que cuando me habla con el grafo en la boca, la deformaci&oacute;n de su voz por ffff y mmm permite entrever alg&uacute;n goce sexual.<\/p>\n<p>Malena est&aacute; en zoom y yo debo ser imperceptible. La engrapadora se me escapa de la manos y cae al suelo rebotando hasta los pies de ella. Me agach&oacute; instintivamente y estoy debajo del escritorio, levant&oacute; la vista y puedo ver un v&eacute;rtice de la bombacha blanca de mi compa&ntilde;era. Toco su pierna y recuerdo que lo m&aacute;s probable es que ella no sienta nada por la par&aacute;lisis. Sin embargo, Malena se lleva la mano a la falda y acomoda una pierna cerrando la panor&aacute;mica. El pu&ntilde;o cerrado y diminuto queda apoyado sobre su entrepierna. Me siento abochornado, pero de repente me toman del pelo y me aprisionan contra la falda. Se corta la se&ntilde;al, te escribo luego -comenta la psicopedagoga y finaliza la comunicaci&oacute;n. La cara incr&eacute;dula y picara de mi compa&ntilde;era me tranquiliza. Traba la puerta- susurra.<\/p>\n<p>Lo hago, subo la radio y vuelvo al escritorio; la abrazo de atr&aacute;s, ella sentada, comienzo a besar el cuello frutalmente aromatizado y a morder la boca roja y carnosa. Mis manos acarician senos erectos y mi dedos alcanzan la vagina. Todo es rosa y perfumado, cada vez m&aacute;s h&uacute;medo. Malena se acuesta sobre la mesa y entonces subo la pollera, bajo braga y de a poco y dulcemente la penetro desde atr&aacute;s. La vagina se estrecha lo cual hace m&aacute;s placentero todo. Su cuello, su torso, todo es fr&aacute;gil y bien proporcionado; me dej&oacute; ir, ella gira la cabeza y veo su pupilas dilatadas, la boca deformada de ricura. Me incorporo y me acomodo la vestimenta; tras el episodio er&oacute;tico recobro conciencia que estoy en el trabajo.<\/p>\n<p>Pero la oficina est&aacute; pegada a la entrada del colegio y es imperceptible; nadie nunca se detiene apurado por llegar a tiempo o escapar temprano: la puerta de hierro ciega es parte del canal de circulaci&oacute;n. Sonre&iacute;mos p&iacute;caramente y casi no hablamos, volvemos al trabajo; el resto de la semana dar&eacute; clases y no tendremos contacto.<\/p>\n<p>Es lunes, me acerco y susurro a mi compa&ntilde;era, pregunto tibiamente por qu&eacute; me bloque&oacute; de whatsapp -soy casada suspira -veo sus dedos y confirm&oacute; que solo hay anillos y no alianzas.<\/p>\n<p>-Pero est&aacute; todo ok, a mi me sirve lo que hicimos y si a vos te hace bien, no hay problema. Comprende que ir a un telo es imposible, yo con los bastones canadienses, cualquiera me reconoce. Le doy la raz&oacute;n con la mirada.<\/p>\n<p>Hay ratos que largamos todo y nos besamos apasionadamente para luego volver a nuestras tareas con indiferencia. Sus labios carnosos y rojos se complementan bien con la lengua. No puedo dejar de besarte -digo y ella sonr&iacute;e mordi&eacute;ndose los labios para taparse la boca con la palma de la mano. Cuando se vac&iacute;a la planta baja, mi compa&ntilde;era se acerca a mi escritorio, deja los bastones de lado y se recuesta sobre mi regazo, enseguida abre la cremallera y yo ya estoy volando. Gime, me mira a los ojos, lame, me vuelve a mirar con verdor y sigue chupando y succionando. Traga y escupe en una servilleta, me limpia, se acomoda y sale para su casa.<\/p>\n<p>Es martes y Malena llega quince minutos tarde, jornada docente y la acci&oacute;n se produce en el tercer piso. Me saluda con un beso y me pide que la acompa&ntilde;e a la biblioteca. Est&aacute; ataviada con un bolso que cuelga de un bast&oacute;n. Lo tomo y avanzamos, yo sigo sus desplazamientos con calma. Atravesamos la puerta. Cierro y trab&oacute;. Cuando Malena se quita el abrigo descubro que bajo su polera no hay sost&eacute;n, sus pezones resaltan y bailan sobre la tela. Le quito la prenda, es la primera vez que veo su torso desnudo, distingo una bandada de lunares que rodean su pez&oacute;n derecho, totalmente ciruela y erecto. Nos besamos y pollera afuera. Sus piernas est&aacute;n r&iacute;gidas pero no distr&oacute;ficas.<\/p>\n<p>Ella se recuesta en el sill&oacute;n, acomoda las piernas las cuales sostiene con los brazos. En poco tiempo la penetro y el coito es dulce pero ella gime, es mucho el ruido y puede atraer curiosos. En el bolso hay una pa&ntilde;oleta, dale, amordazame. Susurra. Atravieso su bocaza con la tela roja y luego anudo en la nuca, sus comisuras se empapan. Vuelvo al trabajo y la mordaza distorsiona los gemidos y suspiros de una manera a&uacute;n m&aacute;s sexy. Terminamos agarrados de las manos como trenzados en lucha libre, ella escupe a trav&eacute;s de la tela. Desprendo la mordaza y me incorporo, Observo a Malena en el arte de vestirse, contorsionando el cuerpo y acomodando las piernas muertas.<\/p>\n<p>Es mi&eacute;rcoles. Malena me saluda fr&iacute;amente y me pide que vaya a buscar el botiqu&iacute;n a preceptor&iacute;a en el primer piso. Recorro la planta baja casi desierta, la mayor parte de la superficie la ocupa el patio interno y despu&eacute;s dependencias poco concurridas como el sal&oacute;n originalmente de auxiliares, que de a poco se han apropiado de un aula en el primer piso quedando el recinto como vestuario. Despu&eacute;s la garita de seguridad, la biblioteca y el dep&oacute;sito. Vuelvo, dejo el botiqu&iacute;n en el escritorio de mi compa&ntilde;era y enseguida me manda a llevar unos legajos al tercer piso, me podr&iacute;a haber ahorrado el viaje- susurro.<\/p>\n<p>Entr&oacute; a la oficina y Malena me esperaba en mi escritorio, la boca vendada con cinta blanca, las mu&ntilde;ecas atadas. Gime pero no puede mantener el car&aacute;cter y sonr&iacute;e, lagrimea. Se recuesta boca abajo sobre la mesa, descubro que no tiene bragas lo cual me incinera. La penetro f&aacute;cil y ella sigue gimiendo apagadamente; comienzo a mover mi pene dentro de su cuerpo y ella hace un bollo con las hojas. Continuo, su cuerpo se estremece, su conducto se vuelve de roca, placer infinito, sigo y por fin descargo. Malena se arranca la mordaza y queda boca abierta, como aturdida, despu&eacute;s de unos minutos nos desprendemos. Ella se acomoda, toma los bastones y parte al ba&ntilde;o a lavarse.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 El rostro de Malena es bien proporcionado, bellos ojos verdes alumbran donde posan la mirada; una boca ancha y de labios carnosos tientan a la mordida. La nariz un poco alargada pero bella al fin, dan un aire ani&ntilde;ado que rejuvenece una d&eacute;cada a esta psicopedagoga de cuarenta y cinco a&ntilde;os. Adem&aacute;s, la mujer [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":25391,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[31],"tags":[],"class_list":["post-44304","post","type-post","status-publish","format-standard","category-sexualidad"],"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44304","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/25391"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44304"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44304\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44304"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44304"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44304"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}