{"id":44332,"date":"2024-01-09T23:36:38","date_gmt":"2024-01-09T23:36:38","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-01-09T23:36:38","modified_gmt":"2024-01-09T23:36:38","slug":"un-mal-dia-1-de-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-mal-dia-1-de-6\/","title":{"rendered":"Un mal d\u00eda (1 de 6)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44332\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p><u>Nota al lector<\/u>: Esta historia ha sido escrita de principio a fin y ser&aacute; publicada peri&oacute;dicamente. Espero que las disfrutes.<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>Me acost&eacute; con la certeza de que aquella noche se cerraba una etapa. Es cierto, todav&iacute;a faltaba dar el &uacute;ltimo paso. No obstante, sent&iacute; un alivio muy profundo por todo el camino recorrido. Despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de sacrificios y esfuerzo, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a salir mal?<\/p>\n<p>Hund&iacute; mi nuca en la almohada de plumas, me cubr&iacute; apenas con la s&aacute;bana y el techo oscuro de mi cuarto, apenas iluminado por el reflejo urbano de la ventana, me transport&oacute; 6 a&ntilde;os atr&aacute;s en el tiempo. Aquella primera noche en Buenos Aires fue igual pero diferente. Aquella Ver&oacute;nica Lann era la misma, pero distinta. En aquella oportunidad tambi&eacute;n se proyectaba sobre el cielo raso el reflejo de la ciudad, pero la cama de la residencia no ten&iacute;a ni punto de comparaci&oacute;n que este fabuloso King Size. Tambi&eacute;n era un diciembre caluroso. La habitaci&oacute;n compartida ten&iacute;a una &uacute;nica ventana que permanec&iacute;a abierta de par en par. El ruido constante de los motores y ca&ntilde;os de escape era el alto precio que deb&iacute;amos pagar por alguna brisa espor&aacute;dica cargada de humedad. Hoy pod&iacute;a disfrutar del silencio y de los veinticuatro generosos grados del aire acondicionado.<\/p>\n<p>Aquella primera noche me hab&iacute;a costado conciliar el sue&ntilde;o. Mi mente solitaria estaba abrumada de anhelos e inseguridades. Con apenas 19 a&ntilde;os hab&iacute;a logrado mi primer objetivo: llegar a Buenos Aires, a la gran ciudad. Pero me tocaba empezar de cero. Miles de preguntas se agolpaban en mi cabeza, pero hab&iacute;a una que gobernaba a todas; una que volv&iacute;a una y otra vez era la misma: &iquest;Podr&eacute;?<\/p>\n<p>Nac&iacute; y me crie en Mendoza. Mi padre era experto en vinos y trabajaba en una bodega importante. Cuando muri&oacute; yo era muy peque&ntilde;a. &Eacute;l le dej&oacute; a mam&aacute; el dinero suficiente para que me educara en el mejor colegio de Mendoza y ella cumpli&oacute; su deseo. Viv&iacute;amos de la pensi&oacute;n de pap&aacute; y todos los ahorros se destinaban para pagar la escuela privada, biling&uuml;e, en la que hice mi secundaria. Mam&aacute; nunca trabaj&oacute; y siempre vivimos con lo justo que nos permit&iacute;a su pensi&oacute;n. Ella siempre dec&iacute;a que el deseo de mi padre era que, despu&eacute;s del colegio, entrara a trabajar a la bodega. Pero yo ten&iacute;a otros planes. Por eso, durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o de la secundaria me inscrib&iacute; en secreto para participar en el certamen para la elecci&oacute;n de la reina de la vendimia y lo gan&eacute;. No me interesaba el concurso, pero s&iacute; el premio en efectivo. No era mucho, pero era mi pasaje de ida. El boleto a mi futuro. Desde entonces, la misma pregunta volv&iacute;a una y otra vez: &iquest;Podr&eacute;?<\/p>\n<p>Hoy, seis a&ntilde;os despu&eacute;s, tengo la certeza y la tranquilidad de saber que s&iacute;. Soy una flamante Licenciada en Marketing desde hace unos meses, recibida con honores, y ahora estoy aplicando para comenzar a trabajar en GlobaliaTech como asesora de ventas y mercadotecnia. El comienzo no fue sencillo, el dinero del premio se termin&oacute; en seis meses. Pero, poco a poco, las cosas se fueron acomodando. En los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles siempre me aferr&eacute; a mi objetivo. Todas las decisiones deb&iacute;an ajustarse a &eacute;l. Puede resultar un pensamiento demasiado pragm&aacute;tico, pero cuando el contexto no es favorable, no queda m&aacute;s alternativa que cambiarlo hasta crear otro que s&iacute; lo sea. Eso explica en gran medida c&oacute;mo pas&eacute; de la cucheta marinera del cuarto compartido en la residencia, a este lujoso King Size.<\/p>\n<p>Durante el &uacute;ltimo tramo de la Universidad, una amiga me present&oacute; a Emiliano. Hasta ese momento yo hab&iacute;a tenido algunas pocas parejas ocasionales, pero nada serio. Estaba muy enfocada en no descuidar mi carrera mientras trabajaba de camarera para mantenerme. Con Emiliano al principio me cost&oacute;. Nunca me hab&iacute;a imaginado estar con un tipo m&aacute;s de veinte a&ntilde;os mayor que yo. Cuando nos conocimos, &eacute;l reci&eacute;n se hab&iacute;a divorciado y se estaba mudando a un departamento en el barrio de Palermo, donde ahora vivimos desde hace un a&ntilde;o.<\/p>\n<p>&iquest;Si estoy c&oacute;moda? S&iacute;. &iquest;Si es el hombre de mi vida? No me hago esas preguntas tan idealistas. Lo cierto es que nos complementamos bien. &Eacute;l es m&eacute;dico anestesista y trabaja mucho desde muy temprano en la cl&iacute;nica m&aacute;s importante de Buenos Aires. Le va muy bien y no tiene hijos que mantener. Esto me permiti&oacute; dejar de preocuparme por lo econ&oacute;mico y abocarme a terminar mi carrera. Al comienzo me const&oacute; resignar mi autonom&iacute;a, pero luego entend&iacute; que se trataba de una inversi&oacute;n a largo plazo. &Eacute;l me ayudo a que lo viera de este modo.<\/p>\n<p>Lo cierto es que ma&ntilde;ana finaliza esta etapa que comenz&oacute; seis a&ntilde;os atr&aacute;s. Despu&eacute;s de una bater&iacute;a intensiva de cursos, ex&aacute;menes, test, procesos de selecci&oacute;n, focus groups, etc&eacute;tera, ma&ntilde;ana es mi &uacute;ltima entrevista con el Ingeniero Nelson Iriarte, el CEO en Argentina de GlobaliaTech. Lo que se eval&uacute;a en este caso es el nivel de ingl&eacute;s. Por eso estoy tranquila. Adem&aacute;s del colegio biling&uuml;e mi mam&aacute; me anot&oacute; en una academia desde los seis a&ntilde;os. Siempre me dec&iacute;a que era importante el ingl&eacute;s para vender los vinos a todo el mundo. Me hizo rendir todos los ex&aacute;menes internacionales. Hablo ingles de corrido casi como el espa&ntilde;ol. Estoy tranquila por eso y porque, a pesar de las inseguridades normales de estar en una situaci&oacute;n como esta, hoy tengo una gran certeza: Puedo.<\/p>\n<p>Mir&eacute; el celular para chequear una vez m&aacute;s que la alarma de las 7am estuviera activada. Luego lo dej&eacute; nuevamente sobre la mesa de noche. Con mi muslo desnudo roc&eacute; la rodilla de Emiliano. Ni se mosque&oacute;, estaba profundamente dormido. Cerr&eacute; los ojos. Los reflejos de las luces proyectadas en el techo fundieron a negro. Estaba tranquila, segura, convencida: nada pod&iacute;a salir mal.<\/p>\n<p>Cuando las gotas de lluvia comenzaron a serpentear por el cristal de la ventana y su sombra a proyectarse sobre el cielo raso como un enjambre de espermatozoides gigantes, yo ya estaba dormida.<\/p>\n<p>&mdash;Well, Ver&oacute;nica, tell me: Do you consider yourself a proactive person?<\/p>\n<p>&mdash;Of course, Mr. Nelson. I take each goal as a personal challenge.<\/p>\n<p>&mdash;Fine. And&hellip; Do you consider yourself a responsible girl?<\/p>\n<p>&mdash;Extremely. I always take care to reduce unpredictability as much as possible.<\/p>\n<p>&mdash;Interesting, but&#8230; Sometimes unexpected things just happen. How do you react to the unexpected?<\/p>\n<p>&mdash;Well, I&#8230; I&hellip; &mdash;La pregunta me descoloc&oacute;. Me gustaba tener todo bajo control y me intranquilizaba pensar en lo inesperado.<\/p>\n<p>&mdash;You get nervous?<\/p>\n<p>&mdash;Well&#8230; Maybe&hellip; a little.<\/p>\n<p>Entonces, Iriarte, quien estaba sentado frente a m&iacute; en el escritorio haci&eacute;ndome la entrevista, sali&oacute; repentinamente de mi campo visual. Su voz ahora proven&iacute;a de mucho m&aacute;s cerca&hellip; me hablaba al o&iacute;do. Yo estaba bloqueada y no pod&iacute;a girar para verlo. Extra&ntilde;amente Iriarte ya no usaba el ingl&eacute;s&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;s que te ayude a relajarte? &iquest;A bajar la ansiedad&hellip;?<\/p>\n<p>&mdash;Eso ser&iacute;a&hellip; very nice, Sr&hellip; &mdash;Escuch&eacute; mi propia voz como un balbuceo incoherente.<\/p>\n<p>Entonces empec&eacute; a sentir un cosquilleo intenso en la entrepierna. Estaba completamente desnuda. Instintivamente me contorsion&eacute; en la silla intentando cubrirme, pero pude sentir que algo se deslizaba dentro de m&iacute;&hellip; algo que me llenaba por dentro.<\/p>\n<p>&mdash;Mmm&hellip; Ac&aacute; abajo est&aacute; como la ma&ntilde;ana, Vero: todo empapado&hellip;<\/p>\n<p>La voz de Iriarte ya no le pertenec&iacute;a. Sent&iacute; que perd&iacute;a el control sobre m&iacute; misma, sobre la entrevista, sobre mi cuerpo&hellip; Entonces despert&eacute;.<\/p>\n<p>Abr&iacute; los ojos de golpe, pero al estar boca abajo no pude hacerme una imagen inmediata de la situaci&oacute;n. El primer registro de lo que suced&iacute;a no fue ni el peso del cuerpo que yac&iacute;a montado sobre mis muslos, ni el pist&oacute;n que entraba y sal&iacute;a lentamente de mi cuerpo&#8230; Solo pod&iacute;a sentir el roce continuo del costado de mi cara contra la almohada. Por esa fracci&oacute;n de segundo que dura el instante liminal entre sue&ntilde;o y vigilia, estuve segura que era Nelson Iriarte quien me ten&iacute;a tumbada de bruces sobre el King Size y me cog&iacute;a r&iacute;tmicamente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Eh&hellip;? &iquest;Qu&eacute; pasa? &iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s? &mdash;Logr&eacute; articular<\/p>\n<p>&mdash;Es una terapia para bajar el estr&eacute;s en momentos de tensi&oacute;n: Se llama garchar. &mdash;respondi&oacute; Emiliano con su sarcasmo habitual.<\/p>\n<p>Sent&iacute; que mi sangre se encend&iacute;a, aunque no precisamente por los efectos de la terapia. Era bronca, indignaci&oacute;n provocada por la situaci&oacute;n de sometimiento en la que me encontraba. Estuve a punto de estallar en gritos y pataleos, pero me enfoqu&eacute; en mi respiraci&oacute;n. Inhal&eacute; y exhal&eacute; tres o cuatro veces mientras los roces de todo el costado derecho de mi cara contra la almohada se intensificaban al ritmo de las estocadas de mi pareja.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vos nunca escuchaste hablar del consentimiento, no? &mdash;pregunt&eacute;, respondiendo a su sarcasmo&mdash;. &iquest;No te das cuenta que estoy durmiendo?<\/p>\n<p>&mdash;Te pregunt&eacute; si no te quer&iacute;as relajar con un ma&ntilde;anero y no me contestaste&hellip; Entonces lo tom&eacute; como un s&iacute;.<\/p>\n<p>Lejos de detenerse, intensific&oacute; sus embates. Sin voltear la mirada pod&iacute;a imaginarlo erguido sobre sus rodillas, balance&aacute;ndose sobre mi cuerpo inerte que yac&iacute;a entre sus piernas. Me resist&iacute;a a girar. No quer&iacute;a verlo.<\/p>\n<p>&mdash;Para mi generaci&oacute;n, el consentimiento es otra cosa, Emiliano&mdash;. Respond&iacute;, filosa, resignada, pero golpeando donde m&aacute;s dol&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ah, s&iacute;, pendeja? Ahora vas a ver la cogida que te pega este viejo meado. &mdash;replic&oacute; desafiante ante mi provocaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Entonces me agarr&oacute; del culo con ambas manos y me abri&oacute; como se abre una fruta madura. Sent&iacute; que los m&uacute;sculos de mi sexo y de mi ano se estiraban al l&iacute;mite, aunque no lleg&oacute; a lastimarme. Sus penetraciones empezaron a ser cada vez m&aacute;s profundas. Mi mente se confundi&oacute; entre la bronca y el placer. La terapia empezaba a hacer efecto sobre m&iacute;, pero no iba a concederle esa victoria. Entonces cerr&eacute; los ojos con fuerza y me obligu&eacute; a volver a mi sue&ntilde;o en plena conciencia. Expuls&eacute; a Emiliano del cuarto. No me cost&oacute; nada. Ahora era el ingeniero Iriarte quien me montaba con rudeza, abriendo mis nalgas y penetrando mi sexo con rudeza. Comenc&eacute; a gemir. El morbo de pensar que era el CEO de una multinacional el que me somet&iacute;a a su antojo, activ&oacute; algo en m&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>Emiliano se empoder&oacute; al percibir mi cambio de actitud.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, Ah&hellip; &iquest;Cu&aacute;ndo me vas a regalar&hellip; esa cola apretadita que ten&eacute;s? &mdash;rog&oacute; en medio del embate. Siempre obsesionado con lo mismo.<\/p>\n<p>&mdash;When your behavior better&hellip; &iexcl;Ah&hellip;! I will consider it, Mr. &mdash;contest&eacute; en voz alta.<\/p>\n<p>Le estaba respondiendo a Iriarte, no a Emiliano. Eso me provoc&oacute; un cosquilleo el&eacute;ctrico en el vientre que me hizo levantar levemente la cadera para facilitar y profundizar la penetraci&oacute;n. Esto pareci&oacute; tener un efecto catalizador en los &aacute;nimos de mi amante que empez&oacute; a acelerar las embestidas. Mi cuerpo sometido ya estaba a punto de explotar en un orgasmo liberador, pero justo en ese momento lleg&oacute; un gru&ntilde;ido animal desde mis espaldas. Inmediatamente, aquello que hab&iacute;a amanecido conmigo, dentro de m&iacute;, desapareci&oacute; repentinamente. De golpe me sent&iacute; absolutamente vac&iacute;a, hueca, anestesiada, inconclusa, sola&hellip; Los microtemblores que ya hab&iacute;an comenzado a recorrer mis piernas y presagiaban la intensidad del final, se cortaron en seco. El primer chorro caliente lo sent&iacute; a lo largo de toda mi columna vertebral. El segundo lleg&oacute; a&uacute;n m&aacute;s lejos, impactando sobre mi cabello y mi mejilla izquierda. El tercero, cuarto y quinto fueron perdiendo intensidad y ganando espesura. La mayor parte termin&oacute; sobre mis nalgas y mis orificios aun estirados por las manos opresivas de mi amante.<\/p>\n<p>&mdash;Uff&hellip; qu&eacute; polvo, nena&hellip; C&oacute;mo me gusta tu generaci&oacute;n. &mdash;Y despu&eacute;s agreg&oacute; la m&aacute;s est&uacute;pida de las preguntas jam&aacute;s formuladas&mdash;: &iquest;Te gust&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Of course, Mr.&mdash; Respond&iacute; con un suspiro desganado e insatisfecho que Emiliano nunca percibi&oacute; o que confundi&oacute; con agotamiento.<\/p>\n<p>Sin moverme, entredormida y en la misma posici&oacute;n en la que me hab&iacute;a despertado con su miembro caliente adentro, lo escuch&eacute; re&iacute;rse mientras abr&iacute;a la ducha.<\/p>\n<p>A los 20 minutos, su voz desde la sala me deseaba suerte con la entrevista, tambi&eacute;n dijo algo sobre que le hab&iacute;a calentado que le hablara en ingl&eacute;s. Justo despu&eacute;s cerr&oacute; la puerta del departamento. Sin mirar el reloj supe que eran las 6.30, como todas las ma&ntilde;anas desde que vivo con &eacute;l, sale a la misma hora. Ten&iacute;a treinta minutos m&aacute;s para descansar. No pensaba moverme hasta las 7. No hab&iacute;a acabado y no era la primera vez que me pasaba. Hab&iacute;a mentido sobre eso, y en eso tampoco era la primera vez. Sin embargo, no me sent&iacute;a del todo insatisfecha. Pensar que era otro tipo el que me estaba cogiendo, pero sobre todo hablarle a mi novio como si le hablara a ese otro tipo, hab&iacute;a sido una transgresi&oacute;n, una resistencia pasiva ante su avasallamiento. Eso me hab&iacute;a calentado bastante. Podr&iacute;a haberme hecho unos dedos para dar por concluido el tema, pero mi mente ya estaba en otro lado. Necesitaba descansar.<\/p>\n<p>Antes de volver a dormirme sent&iacute; la lluvia golpeando contra la ventana: &ldquo;est&aacute;s empapada como la ma&ntilde;ana&rdquo;, me hab&iacute;a dicho&hellip; &iquest;qui&eacute;n? &iquest;Emiliano o Nelson? Not&eacute; que el esperma de la mejilla hab&iacute;a empezado a resecarse. El d&iacute;a hab&iacute;a empezado con&hellip; &iquest;una violaci&oacute;n?&#8230; &mdash;&iexcl;No exageres, Vero! &mdash;Con un orgasmo (fallido) fingido, eso s&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s podr&iacute;a salir mal hoy? &mdash;Me pregunt&eacute;. Y me volv&iacute; a dormir por un rato. El d&iacute;a todav&iacute;a no hab&iacute;a comenzado&hellip; &iquest;o s&iacute;?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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