{"id":44381,"date":"2024-01-13T23:00:00","date_gmt":"2024-01-13T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-01-13T23:00:00","modified_gmt":"2024-01-13T23:00:00","slug":"un-mal-dia-3-de-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-mal-dia-3-de-6\/","title":{"rendered":"Un mal d\u00eda (3 de 6)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44381\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Parte I: &quot;<a href=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-mal-dia-1-de-6\/\">Un mal d&iacute;a (1 de 6)<\/a>&quot;<\/p>\n<p>Parte II: &quot;<a href=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-mal-dia-2-de-6\/\">Un mal d&iacute;a (2 de 6)<\/a>&quot;<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Parte III<\/p>\n<p>Con la ayuda del cierre a distancia, no me cost&oacute; nada encontrar el veh&iacute;culo en el estacionamiento. Era un Toyota Etios 5 puertas color blanco. Me acomod&eacute; en la butaca del conductor a las 8:27, seg&uacute;n el reloj del tablero. Tir&eacute; mi bolso con ropa sucia en el asiento trasero. Mi coraz&oacute;n galopaba con fuerza. Estaba a punto de robar un auto. Nada m&aacute;s ni nada menos. Claro que iba a devolverlo cuando todo terminara, pero solo yo sab&iacute;a eso. Con un poco de suerte, nadie se iba a enterar. El problema era justamente ese: la suerte, la puta suerte que parec&iacute;a empe&ntilde;ada en querer joderme la vida desde temprano. &iquest;Y si Ulises se daba cuenta y hac&iacute;a la denuncia a la polic&iacute;a? No, el pendejo le avisar&iacute;a primero a los padres antes de llamar al 911. Aunque eso no cambiaba las cosas. Ellos llamar&iacute;an inmediatamente a la polic&iacute;a. Y ese s&iacute; que ser&iacute;a un p&eacute;simo final. &iquest;Por qu&eacute; iban a creerme cuando les dijera que solo lo hab&iacute;a tomado prestado? &iquest;Se apiadar&iacute;an de m&iacute; cuando les explicara que, en definitiva, se trataba de un acto de reparaci&oacute;n porque el due&ntilde;o del veh&iacute;culo hab&iacute;a violado mi intimidad? Mmmm&hellip; La ley no funcionaba de esa forma. Si te llev&aacute;s un auto que no es tuyo, lo est&aacute;s robando. Si rob&aacute;s son un delincuente. Y si sos un delincuente vas a la c&aacute;rcel. Era as&iacute; de sencillo.<\/p>\n<p>La imagen de m&iacute; misma con las esposas puestas, en medio de un operativo policial, me inmoviliz&oacute;. Por un momento ca&iacute; en la cuenta de lo inevitable: que ya estaba todo perdido; que ni siquiera con el auto iba a lograr llegar a tiempo a la entrevista. Pero que a&uacute;n no era tarde para evitar un mal mayor. Estuve a punto de salir del coche y abandonar toda aquella locura. Ten&iacute;a la mano sobre el tirador de la puerta. Cerr&eacute; los ojos y respir&eacute; profundo una, dos, tres veces&hellip;<\/p>\n<p>El in&uacute;til de mi vecino nunca se dar&iacute;a cuenta. Entonces puse el auto en marcha y lo saqu&eacute; del estacionamiento.<\/p>\n<p>El tablero marcaba las 8:31. Afuera diluviaba. Activ&eacute; el limpiaparabrisas a m&aacute;xima potencia. No obstante, la visibilidad era baj&iacute;sima. Conduje con precauci&oacute;n hasta la avenida y, desde all&iacute;, en direcci&oacute;n a Retiro. El tr&aacute;nsito era lento, m&aacute;s lento de lo habitual, pero no se deten&iacute;a. Llegar antes de las 9 era una utop&iacute;a. No poder avisar de la demora agravaba a&uacute;n m&aacute;s el problema. Pero iba a llegar. Iba a encontrarme con Nelson Iriarte y le iba a dar todas las explicaciones del caso&hellip; Bueno, casi todas.<\/p>\n<p>A los 15 minutos de viaje ya me hab&iacute;a familiarizado tanto con el Etios de mi vecino que lo conduc&iacute;a como si fuese m&iacute;o. No era tan confortable como el Peugeot 208 de Emiliano, pero me calzaba perfecto. Como conoc&iacute;a el camino de memoria, me relaj&eacute; y me dej&eacute; llevar por mi auto robado. No es que estuviera orgullosa de ser una delincuente, ni mucho menos, pero el forro pervertido de Ulises se lo merec&iacute;a. M&aacute;s all&aacute; de que se trataba de su casa y de su ba&ntilde;o&hellip; &iquest;c&oacute;mo pudo violar as&iacute; mi intimidad? &iquest;C&oacute;mo alguien puede ser tan perverso de colocar una c&aacute;mara escondida dentro del inodoro? Adem&aacute;s, el pendejo ten&iacute;a las grabaciones de todo. All&iacute; se ve&iacute;a mi cuerpo desnudo, pero tambi&eacute;n se ve&iacute;a perfectamente mi cara. Hoy, sin falta, iba a tener que hablar seriamente con &eacute;l&hellip; Adem&aacute;s, el muy imb&eacute;cil me hab&iacute;a dejado con lo puesto, fuera de mi casa, sin celular, ni auto, ni documentos; sin dinero, sin nada&hellip; Y en el d&iacute;a m&aacute;s importante de mi vida.<\/p>\n<p>&mdash;Matarlo es poco. &mdash;Sentenci&eacute; en voz alta mientras conduc&iacute;a. La frase son&oacute; con extrema dureza y qued&oacute; flotando en el aire dentro del veh&iacute;culo cerrado. Qued&oacute; resonando en mi cabeza como un eco&hellip; Hasta que empez&oacute; a sonarme extra&ntilde;a&hellip;<\/p>\n<p>&iquest;De verdad? &iquest;Pod&iacute;a culpar de toda lo que me estaba pasando aquella ma&ntilde;ana a un pibe de 19 a&ntilde;os? &iquest;A un vecino desconocido que me hab&iacute;a ofrecido su casa y su ba&ntilde;o en un momento de desesperaci&oacute;n? Eso s&iacute;, con un precio: espiarme; hurgar en mi intimidad. Pero al que despu&eacute;s yo decid&iacute; (&iquest;como castigo? &iquest;como resarcimiento?) robarle el auto, as&iacute;, sin m&aacute;s. &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a mandado a un desconocido, solo, a hurgar en mi casa? &iquest;A buscar, nada m&aacute;s ni nada menos, que mi ropa interior? &iquest;No hab&iacute;a abusado yo tambi&eacute;n de su confianza? &iquest;Qui&eacute;n se hab&iacute;a metido sin permiso a hurgar en su cuarto, en su computadora personal?<\/p>\n<p>&mdash;Mi futuro depend&iacute;a de ello. &mdash;me justifiqu&eacute; en voz alta, y agregu&eacute;&mdash;: Y tambi&eacute;n todos los esfuerzos del pasado. Pero nada de todo eso lo justifica&#8230;<\/p>\n<p>Me hab&iacute;a espiado y me hab&iacute;a grabado, y eso era horrible. Pero la pregunta de fondo segu&iacute;a sin respuesta: Si lo de GlobaliaTech terminaba mal, &iquest;pod&iacute;a culpar de todo a mi vecino?<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; hubiese pasado, por ejemplo, si me hubiese resistido a la conducta abusiva de Emiliano de aquella ma&ntilde;ana? Si en lugar de haberle permitido cogerme mientras todav&iacute;a estaba dormida, lo hubiese quitado de un empuj&oacute;n&hellip; Si en lugar de haber hecho la vista gorda, le hubiese hecho el desplante que se merec&iacute;a&hellip; &iquest;Qu&eacute; hubiese pasado aquella ma&ntilde;ana? Podr&iacute;a haber saltado de la cama, furiosa, y haberme metido yo a la ducha antes que &eacute;l. Temprano aun hab&iacute;a agua. Pero en lugar de eso lo dej&eacute; continuar. Me cogi&oacute; como a una mu&ntilde;eca de goma, me humill&oacute; vaciando su semilla sobre m&iacute; cuerpo y se fue sonriendo. Yo decid&iacute; seguir durmiendo, como si nada, sintiendo piedad de m&iacute; misma y justificando mi conveniente sumisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Aquella ma&ntilde;ana tambi&eacute;n podr&iacute;a haber sido diferente si tan solo hubiese optado por imponer mis condiciones para el sexo. Incluso podr&iacute;a haber tenido mi propio orgasmo y, hasta quiz&aacute;s nos hubi&eacute;semos duchado juntos luego. Pero prefer&iacute; someterme a su deseo. Jugar, como siempre, a ser su nena obediente. Opt&eacute; por negar, una vez m&aacute;s, que Emiliano siempre me trat&oacute; como a una pendejita inexperta. Una boluda que siempre est&aacute; disponible para atender sus caprichos. Cuando alardeaba delante de sus amigos m&eacute;dicos que &ldquo;se estaba garchando a una pibita que parec&iacute;a una modelo&rdquo;, &ldquo;que hab&iacute;a sido la reina de la vendimia&rdquo;; y me lo contaba, y yo se lo festejaba y me re&iacute;a con &eacute;l. Cuando me ped&iacute;a que me vistiera &ldquo;medio putita, como a vos te gusta&rdquo; para ir a alguna cena o evento social, obviamente lo hac&iacute;a sin chistar. Y hasta con un poquito de morbo. Pero, sobre todo, porque sent&iacute;a que se lo deb&iacute;a. Que de alguna forma era lo que correspond&iacute;a por todo lo que hac&iacute;a por m&iacute;.<\/p>\n<p>La peor de todas fue la que me hizo en la fiesta de fin de a&ntilde;o de la cl&iacute;nica, hac&iacute;a exactamente un a&ntilde;o, justo antes de que me mudara con &eacute;l a su departamento. Est&aacute;bamos en pareja hac&iacute;a casi cuatro meses. En esa &eacute;poca yo segu&iacute;a viviendo en la residencia estudiantil pero &eacute;l me ayudaba mucho con mis gastos. Eso me permiti&oacute;, por ejemplo, salir del cuarto compartido y empezar a pagar uno individual.<\/p>\n<p>Me acuerdo que la fiesta era en un hotel top en Puerto Madero. Nunca me lo dijo en estos t&eacute;rminos pero, en pocas palabras, quer&iacute;a presentarme en sociedad. Quer&iacute;a mostrar a su nueva novia de 24 a&ntilde;os. Quer&iacute;a exhibirme como a un trofeo. Yo pod&iacute;a ser una pendeja al lado de un tipo de 45 a&ntilde;os, pero no me chupaba el dedo. Sab&iacute;a perfectamente cu&aacute;les eran las reglas del juego y las aceptaba. Fundamentalmente porque ten&iacute;a claro cu&aacute;les eran mis propios objetivos. Pero hab&iacute;a algo m&aacute;s: hacer el papel de nena sumisa se me daba bien&hellip;<\/p>\n<p>Aquella noche tocaba hacer el papel. Me puse un vestido azul strapless muy ajustado, con la falda hasta las rodillas, pero con un tajo frontal muy sugerente que cruzaba todo el muslo izquierdo&hellip; desde bien arriba. Por lo dem&aacute;s. Me puse unas sandalias negras de fiesta preciosas; una gargantilla de cuero, en compos&eacute; con el calzado, con un dije de plata muy fino en forma de media luna. El pelo siempre suelto.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos en la terraza, tomando champagne cerca de la barra. La est&aacute;bamos pasando genial. En un momento se acerca una pareja de vejetes muy (chetos) elegantes. Ella iba del brazo del se&ntilde;or. Era m&aacute;s alta y bastante m&aacute;s joven qu&eacute; &eacute;l. El viejo iba impecable con su cabello blanco y su esmoquin; era un poco m&aacute;s bajo que yo y sosten&iacute;a un vaso de Whisky en la mano. No ten&iacute;a menos de setenta a&ntilde;os pero estaba en forma. Inmediatamente Emiliano me los present&oacute; como el Dr. S&aacute;nchez Alvarado y su esposa. No hizo falta que me aclare que se trataba del due&ntilde;o de la cl&iacute;nica, il capo di tutti capi. Ya hab&iacute;a escuchado hablar de &eacute;l.<\/p>\n<p>Nos saludamos muy cordialmente. Hablamos de lo hermosa que estaba la noche. La se&ntilde;ora elogi&oacute; mi vestido y mi juventud. El viejo me hizo un chiste sobre el cuidado que deb&iacute;a tener con los anestesistas y su afici&oacute;n a experimentar con sus &ldquo;p&oacute;cimas&rdquo;. No entend&iacute; muy bien d&oacute;nde estaba la gracia, pero me sum&eacute; a las risas de los tres. Despu&eacute;s el viejo le hizo un gesto a Emiliano y ambos se fueron en direcci&oacute;n a otro grupo de personas pidiendo las disculpas del caso. Me qued&eacute; a solas con la se&ntilde;ora en una situaci&oacute;n un tanto inc&oacute;moda que desactiv&eacute; pronto con la excusa m&aacute;s obvia y efectiva del mundo: necesitaba ir al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Era una noche so&ntilde;ada. Calurosa, pero con una brisa suave que tra&iacute;a el r&iacute;o. Cuando volv&iacute; a la terraza hab&iacute;a perdido de vista a Emiliano. De modo que me dediqu&eacute; a beber y a observar a toda esa gente rica que le fascinaba mostrarse. Algunas personas estaban bailando; otras se hab&iacute;an acomodado en las peque&ntilde;as mesas perimetrales a conversar.<\/p>\n<p>Cuando Emi me aferr&oacute; desde atr&aacute;s por la cintura, me sobresalt&oacute; de tal modo que estuve a punto de tirar la copa por el aire.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ay! &iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s, tonto? Casi hago un desastre.<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja&hellip; Perd&oacute;n. No me pude contener al llamado de esas caderas.<\/p>\n<p>Entonces me gir&oacute; y me dio un beso en los labios.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde estabas? &mdash;pregunt&eacute;, cuando pude retomar el control de mi boca.<\/p>\n<p>&mdash;Hablando con el viejo. Le cont&eacute; que no pod&iacute;a irme tarde porque ten&iacute;a que llevar a una colegiala a la residencia estudiantil antes de las 12 de la noche para que la reina no se convierta en calabaza.<\/p>\n<p>&mdash;Dale, boludo&hellip; En serio&#8230; &iquest;Te coment&oacute; algo del cargo ese que me dijiste?<\/p>\n<p>&mdash;Algo me dijo, s&iacute;&hellip; Hay un tema con eso, Vero&hellip; &mdash;De repente abandon&oacute; el tomo jocoso y se puso solemne. &mdash;Y necesito tu ayuda.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Resulta que a mitad de a&ntilde;o, en una reuni&oacute;n con el equipo de cirug&iacute;a, yo le hab&iacute;a asegurado al viejo que la cl&iacute;nica iba a facturar m&aacute;s de un mill&oacute;n en el segundo semestre solo por el uso del quir&oacute;fano&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y?<\/p>\n<p>&mdash;Y ayer mostraron el balance del a&ntilde;o: No llegamos al mill&oacute;n por muuuy poco.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;l es el problema con eso? &iquest;Qu&eacute; ten&eacute;s que ver vos?<\/p>\n<p>&mdash;Nada. Pero hicimos una apuesta y la perd&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; apostaron? &iquest;Plata?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Plata? &iquest;Te parece que S&aacute;nchez Alvarado puede hacer una apuesta por plata conmigo?<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; se yo, Emi&hellip; &iquest;Qu&eacute; apostaron, entonces?<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, ah&iacute; viene la cosa&hellip; Medio en joda, medio en serio, me dijo que si yo ganaba la apuesta, el cargo de Jefe de Anestesiolog&iacute;a era m&iacute;o. &iexcl;Menos de diez mil d&oacute;lares faltaron! &iquest;Pod&eacute;s creer?<\/p>\n<p>&mdash;Ah&hellip; &iquest;Y si perd&iacute;as?<\/p>\n<p>&mdash;Bueno&hellip; De eso est&aacute;bamos hablando reci&eacute;n&hellip; El viejo cabr&oacute;n me encar&oacute;, muy a su estilo, me ofreci&oacute; un Coh&iacute;ba y me pregunt&oacute; si hab&iacute;a visto el balance. Le dije que s&iacute; y que estaba dispuesto a poner yo mismo la diferencia para llegar al mill&oacute;n. Ya sab&iacute;a por d&oacute;nde ven&iacute;an los tiros&hellip; Me quer&iacute;a joder&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; te dijo?<\/p>\n<p>&mdash;Se rio y me dijo que lo sent&iacute;a mucho, pero que &eacute;l hab&iacute;a ganado una apuesta y quer&iacute;a cobrarla. Medio en joda, medio en serio, le dije que ten&iacute;a raz&oacute;n, que me pidiera lo que quisiera.<\/p>\n<p>&mdash;Mmmm&hellip; &iquest;Y qu&eacute; te pidi&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;&ldquo;La bombacha de tu novia&rdquo;, me dijo. &ldquo;La que tiene puesta ahora&rdquo;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;Qu&eacute;!? Jajaja&hellip; &mdash;Fue una risa que se volvi&oacute; inc&oacute;moda enseguida cuando &eacute;l no la correspondi&oacute;. Como si no fuera un chiste&mdash;. Te estaba jodiendo, Emi. &iquest;C&oacute;mo va a ser tan zarpado el tipo? &iexcl;Es el jefe!<\/p>\n<p>&mdash;Puede ser. O no&hellip; No s&eacute;. El viejo es un c&iacute;nico hijo de puta. Pienso que ahora que perd&iacute;, ser&iacute;a una buena carta ir a fondo y pagarle la apuesta. Lo sorprender&iacute;a. Me dejar&iacute;a en carrera para el cargo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;En serio me dec&iacute;s? &iquest;Esa es la ayuda que necesitabas de m&iacute;? &iquest;Qu&eacute; te d&eacute; mi bombacha? &mdash; No pude evitar sonre&iacute;r por lo absurdo de la propuesta&mdash;. Est&aacute; con la mujer, Emi. Y vos sos su empleado, no te puede boludear de esa manera.<\/p>\n<p>&mdash;Estos tipos son as&iacute;, Vero. Vos no entend&eacute;s. No es como en la facultad. Estos tipos se creen los due&ntilde;os del mundo&hellip; Tienen mucho poder&hellip; Se encaprichan con algo y van para adelante.<\/p>\n<p>&mdash;Claro, yo soy una pendeja inocente que le falta calle, &iquest;no? &mdash;Me estaba empezando a sulfurar&mdash;. &iquest;Y vos, que te las sab&eacute;s todas&hellip;? &iquest;Qu&eacute; quer&eacute;s que haga? A ver&hellip; Decime.<\/p>\n<p>&mdash;Que te saques la bombacha y que me la des. &mdash; dijo, sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s loco de remate.<\/p>\n<p>Entonces Emi se acerc&oacute; y me habl&oacute; muy cerca del o&iacute;do:<\/p>\n<p>&mdash;Adem&aacute;s me calentar&iacute;a mucho saber que vas a estar toda la noche, pase&aacute;ndote entre toda esta gente sin tu tanguita.<\/p>\n<p>Yo sent&iacute; que se me erizaba la piel de la nuca y de detr&aacute;s de la oreja. Me conoc&iacute;a. Sab&iacute;a por d&oacute;nde. Me estaba arrinconando&#8230; Quer&iacute;a que me volviera su nena sumisa. El viejo lo hab&iacute;a desafiado y &eacute;l quer&iacute;a responderle. No era el capricho del viejo, era el capricho de mi novio. Era a &eacute;l a quien deb&iacute;a consentir. Entonces trat&eacute; de refugiarme en esa chispa de morbo que me provocaba la situaci&oacute;n. Est&aacute;bamos hablando muy cerca y muy despacio. Nuestras mejillas se rozaban.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ahora? &mdash;pregunt&eacute; sumisa, insegura.<\/p>\n<p>&mdash;Ya mismo.<\/p>\n<p>&mdash;Ok. Voy al ba&ntilde;o. Pero no tengo bolsillos y dej&eacute; la cartera en el auto. Ven&iacute; conmigo y te la paso cuando salgo.<\/p>\n<p>&mdash;And&aacute;. Ah&iacute; te alcanzo. Ya me la pusiste dura. &mdash;Susurr&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Vas a tener que aguantar. &mdash;Y me alej&eacute; moviendo el culo con elegancia.<\/p>\n<p>Entr&eacute; al ba&ntilde;o. No hab&iacute;a nadie. No hac&iacute;a falta meterme en un privado. Me mir&eacute; al espejo mientras met&iacute;a los dedos de mi mano derecha por el tajo frontal de la falda. Enganch&eacute; el pulgar y el &iacute;ndice en el el&aacute;stico de la tanga y tir&eacute; con cuidado hacia abajo. Era una pieza chiquita que sali&oacute; sin dificultad. Deslic&eacute; la prenda hasta las rodillas. Luego levant&eacute; un pie y despu&eacute;s el otro. Ya ten&iacute;a el premio conmigo. Antes de abandonar el ba&ntilde;o tuve que acomodarme el vestido que se me hab&iacute;a levantado por la maniobra. Pod&iacute;a ver por el espejo que en el nacimiento del tajo de la falda asomaba mi otro tajo natural. Iba a tener que andar con cuidado si no quer&iacute;a pasar un mal momento.<\/p>\n<p>&mdash;Malditos m&eacute;dicos perversos. &mdash;pens&eacute; con una media sonrisa. Y sal&iacute; al encuentro de mi novio con la tanga apretada en un pu&ntilde;o.<\/p>\n<p>Pero Emiliano no estaba all&iacute;. Quien s&iacute; aguardaba a mi encuentro era el mism&iacute;simo Dr. S&aacute;nchez Alvarado en persona. Me qued&eacute; dura. Est&aacute;bamos solos en el pasillo estrecho. Me mir&oacute; de arriba abajo mientras beb&iacute;a su Whisky.<\/p>\n<p>&mdash;Me dijo tu novio que ten&iacute;as algo para m&iacute;. &mdash;Y me tendi&oacute; su mano abierta.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de sobreponerme a lo intimidante de aquella situaci&oacute;n. Mir&eacute; a m&iacute; alrededor para estar segura de que nadie nos ve&iacute;a. Luego deposit&eacute; mi prenda sobre la mano del viejo sin decir una sola palabra. Este la examin&oacute; por un momento y despu&eacute;s la hizo desaparecer en el bolsillo interior del esmoquin con la gracia de un mago.<\/p>\n<p>&mdash;Buena chica. &mdash;dijo, y sigui&oacute; camino.<\/p>\n<p>Sal&iacute; de all&iacute; muy acalorada. Pod&iacute;a sentir el ardor en las mejillas.<\/p>\n<p>Cuando regres&eacute; a la terraza, Emiliano estaba en la barra disfrutando de otra copa de champagne.<\/p>\n<p>&mdash;Hab&iacute;amos quedado en otra cosa, &iquest;no? &mdash;Lo increp&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Eeeeh&hellip; Tranquila. &mdash;Me acarici&oacute; la mejilla con el dorso de la mano&mdash;. El viejo quiso ir en persona. &iquest;Qu&eacute; le iba a decir&hellip;? &iquest;C&oacute;mo te fue? &iquest;Te dijo algo?<\/p>\n<p>&mdash;Me dijo que era una buena chica. &mdash;respond&iacute;, con cara de ofendida.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y tiene raz&oacute;n! Sos la mejor, Vero. &iexcl;Mi reina de la uva! &mdash;Me rode&oacute; la cintura con un brazo y me bes&oacute; con ternura.<\/p>\n<p>No quer&iacute;a mirar el tablero del Etios para no ver la hora. No quer&iacute;a ponerme m&aacute;s nerviosa de lo que ya estaba. El tr&aacute;nsito sobre la avenida se empezaba a cargar conforme me acercaba a la zona de Retiro. En un memento se detuvo y aproveche para girar sobre el asiento trasero y rebuscar en el bolso la bolsita pl&aacute;stica donde hab&iacute;a guardado el labial y el rimmel. Ten&iacute;a que aprovechar las pausas. No hab&iacute;a forma ni de detener el tiempo, ni de teletransportarme a la compa&ntilde;&iacute;a. La suerte estaba echada. El tr&aacute;nsito volvi&oacute; a avanzar y mi mente volvi&oacute; a aquella terraza de Puerto Madero en la que Emiliano y yo jug&aacute;bamos, cada uno, su propio juego.<\/p>\n<p>La noche, como el malbec, fue mejorando con el paso del tiempo. Bailamos, nos re&iacute;mos y bebimos bastante. De vez en cuando, Emiliano me calentaba el o&iacute;do con alg&uacute;n comentario zarpado. Yo feliz con el cachondeo. Compartir ese espacio tan exclusivo, despojada de mi ropa interior, con toda esa gente que ol&iacute;a a perfume franc&eacute;s y habano caribe&ntilde;o, me daba un morbo que me ten&iacute;a bastante arriba. Al principio estaba muy pendiente del vestido, pero despu&eacute;s me fui relajando. Los m&eacute;dicos se daban la buena vida y yo la estaba pasando muy bien.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos bailando con una copa en la mano. Emi me aferraba por detr&aacute;s. Nos mov&iacute;amos r&iacute;tmicamente y yo le frotaba la entrepierna con el culo, con sutileza para no levantar sospechas. &Eacute;l me dec&iacute;a que se la estaba poniendo dura. Entonces yo me alejaba, pero &eacute;l me tomaba de la cintura y me acercaba de nuevo. Y otra vez le frotaba mis nalgas por el rabo. Ese era el jueguito hasta que en un momento me dijo que volv&iacute;a enseguida y desapareci&oacute; de mi vista. Me qued&eacute; bailando y bebiendo sola por un rato. Despu&eacute;s me acerqu&eacute; a la barra por una botella de agua mineral. Necesitaba hidratarme. Estaba acalorada y sedienta. Cuando vi a Emiliano acercarse, sab&iacute;a exactamente de d&oacute;nde ven&iacute;a. No era la primera vez que lo ve&iacute;a fruncir la nariz y morderse lo labios de esa manera.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Fuiste a tomar?<\/p>\n<p>&mdash;La dosis justa. &mdash;Como le gustaba decir a &eacute;l&mdash;. &iquest;Quer&eacute;s? Hay. Y est&aacute; muuuy bien.<\/p>\n<p>&mdash;Sab&eacute;s que no me gusta.<\/p>\n<p>&mdash;Tendr&iacute;as que aprovechar que ten&eacute;s un novio anestesista. Soy como tu cham&aacute;n. Puedo guiarte en tu viaje interior.<\/p>\n<p>&mdash;Sos un boludo.<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja. Me invit&oacute; el viejo. No le pude decir que no. &iexcl;Escuch&aacute; esto! Me dijo que necesitaba a un futuro jefe de anestesiolog&iacute;a para catar algo especial que le hab&iacute;an tra&iacute;do de Colombia.<\/p>\n<p>&mdash;Bueeeno. Parece que funcion&oacute; mi regalito&hellip; Me parece que ahora la deuda la ten&eacute;s conmigo. &mdash;Me mord&iacute; el labio inferior&mdash; Voy a pensar en algo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ah&hellip; El viejo tambi&eacute;n me hizo un comentario sobre eso&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sobre qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Sobre tu &ldquo;regalito&rdquo;. Me dijo que si la quer&iacute;as recuperar, que pasaras a buscarla por la suite 302.<\/p>\n<p>&mdash;Me est&aacute;s boludeando&hellip; &mdash;Y beb&iacute; un sorbo de agua de mi botella<\/p>\n<p>&mdash;Te juro, Vero. Me lo dijo.<\/p>\n<p>Entonces lo mir&eacute; a los ojos y le pregunt&eacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y para qu&eacute; me lo cont&aacute;s? &iquest;Me dejar&iacute;as ir? &iquest;Meter&iacute;as a tu novia, medio tocada, as&iacute; vestida, en una habitaci&oacute;n de hotel con tu jefe? &iquest;No le dijiste que era un desubicado?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo le voy a decir eso? Adem&aacute;s&hellip; El viejo es un provocador. Le gusta jugar con la gente, llevarla al l&iacute;mite. Nunca te har&iacute;a nada que vos no quieras.<\/p>\n<p>&mdash;Y vos ser&iacute;as capaz de meterme en esa habitaci&oacute;n con tal de no contradecirlo, &iquest;no? &mdash;Entre la bebida y el mal humor que estaba empezando a sentir, empec&eacute; a levantar la voz&mdash;: &iquest;Cu&aacute;l es tu l&iacute;mite, Emiliano? &iquest;Qu&eacute; te pens&aacute;s que soy, eh? &iquest;Tu putita que la pod&eacute;s manejar a tu antojo?<\/p>\n<p>&mdash;Shhh&hellip; Par&aacute; un poco&hellip; No es para hacer un esc&aacute;ndalo tampoco. Solo vas, te devuelve &ldquo;eso&rdquo; y ves qu&eacute; onda, nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>Esa &uacute;ltima frase me hizo estallar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Lo que le regal&eacute;? &iquest;Lo que YO le ragal&eacute;? &mdash;Mi indignaci&oacute;n iba en aumento&mdash;: &iquest;Quer&eacute;s que vaya a SU habitaci&oacute;n &quot;a ver qu&eacute; onda&rdquo;?<\/p>\n<p>&mdash;Beeeno, Cheee&hellip; No te lo tomes as&iacute;; no seas infantil&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Basta. Vamos. Me quiero ir. Quiero que me lleves a la residencia ahora. &mdash;Agarr&eacute; el celular y agregu&eacute;&mdash;: Te espero en el Lobby<\/p>\n<p>Me volv&iacute; con calma y me fui caminando despacio. Tampoco quer&iacute;a hacerle un desplante delante de su c&iacute;rculo social.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora te alcanz&oacute;. &mdash;Escuch&eacute; que me dec&iacute;a mientras me alejaba.<\/p>\n<p>No respond&iacute;. Si se tardaba mucho me iba a tomar un taxi. No estaba de humor para esperar.<\/p>\n<p>El ascensor comenz&oacute; a descender los seis pisos que me separaban de la planta baja. Me arregl&eacute; el vestido frente al espejo y me acomod&eacute; el peinado con la mano.<\/p>\n<p>La puerta se abri&oacute;. Hab&iacute;a mucho movimiento en el lobby. Me qued&eacute; inm&oacute;vil dentro del habit&aacute;culo. La gente pasaba delante del ascensor pero nadie ingresaba. &iquest;En serio estaba considerando volver a subir?<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; no?<\/p>\n<p>Ubicarme en el lugar de nena sumisa hab&iacute;a sido siempre su juego. Y yo lo sab&iacute;a, y no solo se lo consent&iacute;a, tambi&eacute;n lo jugaba porque me conven&iacute;a. Tambi&eacute;n ten&iacute;a mis propios objetivos en ese juego. &iquest;Entonces?<\/p>\n<p>Las puertas se cerraron y el ascensor comenz&oacute; a elevarse con un sutil impulso. Solo que esta vez mi destino se encontraba a mitad de camino entre el lobby y la terraza.<\/p>\n<p>Sal&iacute; finalmente del cub&iacute;culo en la tercera planta. La se&ntilde;al&eacute;tica del pasillo indicaba que las habitaciones 300 a 306, se encontraban hacia la izquierda.<\/p>\n<p>El cuarto 302 era el m&aacute;s alejado. Daba hacia el frente, de cara al R&iacute;o de la Plata. Llam&eacute; a la puerta. Al cabo de unos pocos segundos S&aacute;nchez Alvarado abri&oacute; y me invit&oacute; a pasar. Segu&iacute;a todav&iacute;a ataviado con su esmoquin negro.<\/p>\n<p>La habitaci&oacute;n era grande. Una cama cuadrada gigante, una mesa junto a la ventana con dos sillas y un amplio escritorio de madera sobre el que se encontraba una notebook encendida, era todo el mobiliario. M&aacute;s all&aacute; se encontraba el ba&ntilde;o y lo que parec&iacute;a un vestidor.<\/p>\n<p>&mdash;No hay tiempo para el descanso, parece&hellip; &mdash;dije, se&ntilde;alando la computadora, con la intenci&oacute;n de quebrar el inc&oacute;modo silencio.<\/p>\n<p>&mdash;Me aburren r&aacute;pido las fiestas. &mdash;respondi&oacute; cortante&mdash;: &iquest;Qu&eacute; te trae por ac&aacute;? &iquest;Est&aacute;s perdida?<\/p>\n<p>&mdash;Me dijo mi novio que ten&iacute;a algo para m&iacute;. &mdash;respond&iacute; usando casi las mismas palabras que hab&iacute;a usado &eacute;l en la puerta del ba&ntilde;o. Pero me correg&iacute;: &mdash;En realidad, me dijo que ten&iacute;a algo m&iacute;o.<\/p>\n<p>Entonces el viejo se acerc&oacute; y se par&oacute; frente a m&iacute;. El aroma intenso de su perfume invadi&oacute; mis fosas nasales. Era como un im&aacute;n. No pude retroceder. Era apenas m&aacute;s bajo que yo, pero yo me sent&iacute;a muy peque&ntilde;a.<\/p>\n<p>&mdash;Nena, si quer&eacute;s recuperar lo que es tuyo, vas a tener que tomarlo con tus propias manos.<\/p>\n<p>Emiliano ten&iacute;a raz&oacute;n. El viejo era un provocador. Yo conoc&iacute;a perfectamente cu&aacute;les eran mis l&iacute;mites, de modo que no ten&iacute;a nada que temer. Di un paso m&aacute;s hacia &eacute;l y le abr&iacute; la solapa izquierda del esmoquin. Ese era el juego.<\/p>\n<p>&mdash;Resultaste ser una chica muy atrevida&#8230; &iquest;C&oacute;mo era tu nombre?<\/p>\n<p>&mdash;Ver&oacute;nica. &mdash;respond&iacute;, mientras con una mano sosten&iacute;a la solapa y con la otra hurgaba en su bolsillo interno.<\/p>\n<p>Yo sab&iacute;a que all&iacute; hab&iacute;a guardado mi tanga, estaba segura, pero de all&iacute; solo saqu&eacute; un billete que result&oacute; ser de cien d&oacute;lares. Lo mir&eacute; con cara de que estaba jugando sucio, que me hab&iacute;a enga&ntilde;ado.<\/p>\n<p>&mdash;Pueden ser tuyos si te los gan&aacute;s, o los pod&eacute;s volver a dejar donde estaban. Vos eleg&iacute;s.<\/p>\n<p>Inmediatamente y con delicadeza devolv&iacute; el billete a su lugar. Luego repet&iacute; la misma resquisa pero esta vez del lado derecho. Cuando mis dedos &iacute;ndice y mayor se deslizaron dentro del bolsillo y entraron en contacto con el inconfundible encaje de mi tanga. El viejo, en un arrebato completamente impredecible, me pas&oacute; un brazo por detr&aacute;s de la cintura aferr&aacute;ndome contra s&iacute;. Inmediatamente despu&eacute;s de inmovilizarme meti&oacute; su mano libre a trav&eacute;s del tajo frontal de mi vestido para aferrarse a mi sexo desnudo. En menos de un segundo ya pod&iacute;a sentir uno de sus dedos hundirse dentro de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya encontraste lo que hab&iacute;as perdido? &mdash;pregunt&oacute;, mientras met&iacute;a el segundo dedo.<\/p>\n<p>Pegu&eacute; un respingo porque me sent&iacute;a invadida, pero no sent&iacute; dolor. El baile, el calor y el cachondeo hab&iacute;an cumplido su labor lubricante.<\/p>\n<p>&mdash;No vine por mi tanga. Vine porque &eacute;l me lo pidi&oacute;. &mdash;dije, queriendo simular una fortaleza que no ten&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n? Ah, si&hellip; El anestesista. &mdash;Y movi&oacute; sus dedos dentro de m&iacute;. &mdash;&iquest;No vas a hacer nada para ganarte ese billete? Te imaginaba una chica con m&aacute;s iniciativa.<\/p>\n<p>&mdash;No soy una puta.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que no.<\/p>\n<p>Estaba a punto de quitarle de un tir&oacute;n su mano invasora cuando &eacute;l mismo la retir&oacute; y liber&oacute; mi cuerpo. Yo di tres pasos hacia atr&aacute;s. &Eacute;l alz&oacute; su brazo y me mostr&oacute; los dedos humedecidos por mis propios jugos y mi transpiraci&oacute;n. Con la otra mano sac&oacute; su billete de cien d&oacute;lares del esmoquin y tambi&eacute;n lo coloc&oacute; frente a mis ojos. Luego acerc&oacute; los dedos jabonosos hacia mi boca y empez&oacute; a deslizarlos sobre mis labios&hellip; &iquest;Cu&aacute;nto m&aacute;s me iba a dejar humillar por ese viejo? &iquest;Por qu&eacute; no me hab&iacute;a largado inmediatamente de all&iacute;? El viejo me pasaba lentamente la yema de sus dedos por la cara interna de mis labios. Sent&iacute;a mi propio sabor mezclarse con mi saliva. En lugar de irme comenc&eacute; a lamerlos con la punta de la lengua. Ten&iacute;an un sabor suave y levemente salino. Engull&iacute; ambos dedos en mi boca y comenc&eacute; a succionar sin dejar de lamer&hellip; Despacio&hellip; Una, dos, tres veces. Lo mir&eacute; a los ojos y vi su expresi&oacute;n de lujuria&hellip; Quer&iacute;a que el viejo se enterara de lo bien que sab&iacute;a chuparla. Pero eso era todo. Despu&eacute;s di un paso atr&aacute;s y saqu&eacute; mi tanga del lado derecho de su esmoquin. La mano con el billete segu&iacute;a a la altura de mi vista. Entonces se lo arrebat&eacute; y sal&iacute; de la habitaci&oacute;n sin despedirme.<\/p>\n<p>Cuando el ascensor lleg&oacute; al lobby, vi el Peugeot de Emiliano estacionado en la puerta. Me estaba esperando.<\/p>\n<p>Sub&iacute; al auto sin mirarlo. Estaba furiosa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Fuiste? &mdash;me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>Como &uacute;nica respuesta la arroj&eacute; la tanga sobre la cara. &Eacute;l la cogi&oacute; con calma, se la llev&oacute; a la boca y pas&oacute; la lengua por la parte m&aacute;s delgada de la tela, la que desaparece entre las nalgas.<\/p>\n<p>Yo no quer&iacute;a mirar. No quer&iacute;a hablar. No quer&iacute;a estar all&iacute;. Solo manten&iacute;a mi pu&ntilde;o apretado sobre el billete de cien. Me lo hab&iacute;a ganado.<\/p>\n<p>Fuimos hasta la residencia sin hablarnos. All&iacute; me baj&eacute; sin despedirlo. Nunca me pregunt&oacute; qu&eacute; hab&iacute;a pasado en la habitaci&oacute;n del viejo, y nunca se lo cont&eacute;.<\/p>\n<p>Estuve una semana sin responder sus llamados. Realmente no sab&iacute;a si quer&iacute;a volver con &eacute;l. Me daba miedo estar con un tipo as&iacute;. No estaba dispuesta a jugar tan al l&iacute;mite. Pero tambi&eacute;n me preocupaba encarar el &uacute;ltimo a&ntilde;o de carrera sin contar con su apoyo. Adem&aacute;s, &eacute;l nunca me hab&iacute;a exigido nada hach&aacute;ndome en cara toda la ayuda que me brindaba. &Eacute;l nunca jug&oacute; esa carta para pedirme favores ni someterme a sus caprichos. En ese sentido, siempre hab&iacute;a sido muy generoso conmigo.<\/p>\n<p>La cuesti&oacute;n finalmente se resolvi&oacute; unos d&iacute;as despu&eacute;s, cuando me vino a buscar a la facultad, a la salida de un examen. Me invit&oacute; a almorzar y all&iacute; me propuso que me mudara con &eacute;l a su departamento y que dejara de trabajar para poder dedicarme full time a terminar la universidad. Nunca mencion&oacute; ni pregunt&oacute; nada de lo que hab&iacute;a pasado en la fiesta. Esa misma semana dej&eacute; la residencia y empezamos a convivir. A &eacute;l lo nombraron jefe del servicio de anestesiolog&iacute;a esa misma semana. Nunca volvimos a tocar el tema.<\/p>\n<p>Finalmente llegu&eacute; al estacionamiento subterr&aacute;neo de GlobaliaTech. Estacion&eacute; el Etios de mi vecino en el primer lugar libre que encontr&eacute;. Me mir&eacute; al espejo del parasol: todo impecable. Hab&iacute;a tenido tiempo de pasarme el brillo labial y el r&iacute;mel durante el camino. Antes de apagar el motor quise ver lo que ven&iacute;a evitando durante el viaje: el reloj del tablero. Marcaba las 9:22am. El panorama no era bueno, estaba llegando casi media hora tarde a una entrevista clave con el CEO de una multinacional. Ah, y sin previo aviso.<\/p>\n<p>El est&oacute;mago vac&iacute;o me hizo ruido. Pero no me iba a poner nerviosa justo ahora. Ten&iacute;a que confiar en m&iacute;. Baj&eacute; del auto. Presion&eacute; el bot&oacute;n de la llave. Las luces parpadearon y el Etios cinco puertas se cerr&oacute; autom&aacute;ticamente. Cruc&eacute; el estacionamiento en busca del ascensor.<\/p>\n<p>Absolutamente todo, durante aquella ma&ntilde;ana, hab&iacute;a conspirado contra la posibilidad de llegar a GlobaliaTech. Ahora que ya estaba all&iacute;, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s podr&iacute;a salir mal?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Parte I: &quot;Un mal d&iacute;a (1 de 6)&quot; Parte II: &quot;Un mal d&iacute;a (2 de 6)&quot; &#8212;&#8212; Parte III Con la ayuda del cierre a distancia, no me cost&oacute; nada encontrar el veh&iacute;culo en el estacionamiento. Era un Toyota Etios 5 puertas color blanco. 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