{"id":44444,"date":"2024-01-20T23:00:00","date_gmt":"2024-01-20T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-01-20T23:00:00","modified_gmt":"2024-01-20T23:00:00","slug":"veronica-la-enfermera-energica-y-sumisa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/veronica-la-enfermera-energica-y-sumisa\/","title":{"rendered":"Ver\u00f3nica, la enfermera en\u00e9rgica y sumisa"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44444\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ver&oacute;nica es enfermera y tiene cuarenta a&ntilde;os. No es la t&iacute;pica uniformada de relato er&oacute;tico sino, una profesional de carne y hueso que habita los hospitales en el conurbano bonaerense. No supera el metro sesenta, cuerpo triangular, tez trigue&ntilde;a y pelo negro lacio a los hombros y siempre recogido con coleta cuando cumple de guardia. Su rostro es ovalado, con pera casi en punta; las cejas denotan car&aacute;cter fuerte que confirman ojos oscuros y grandes; la nariz aguile&ntilde;a y los labios delicadamente rellenos, siempre me recuerdan a Scully de &ldquo;los expedientes X&rdquo;. Precisamente, con unos pocos kilos m&aacute;s y cinco cent&iacute;metros menos, mi amante es la versi&oacute;n &ldquo;fotocopia no color&rdquo; de Gillian Anderson.<\/p>\n<p>La conoc&iacute; en un gig en un bar en Banfield. &Eacute;ramos unos cincuenta parroquianos, todos amigos y familiares del artista; ella me llam&oacute; la atenci&oacute;n por el brillo de sus pantalones de cuero en la penumbra. Se le notaba en&eacute;rgica pese a su altura y me propuse seguir con la mirada aquella figura bru&ntilde;ida; pronto conclu&iacute; que no ten&iacute;a pareja o al menos no la acompa&ntilde;aba aquella noche) y que paraba con otras dos mujeres, algo m&aacute;s grandes en edad y volumen.<\/p>\n<p>De aquella tr&iacute;ada de enfermeras, Ver&oacute;nica destacaba en presencia; en un claro de luz verdosa pude ver sus pechos firme y en punta, la remera clara trasluc&iacute;a el sost&eacute;n a tono. Me acerqu&eacute; y charlamos, sus compa&ntilde;eras facilitaron el contacto entre risas c&oacute;mplices: soltera, un hijo, vive con los padres en Lomas de Zamora. Su casa quedaba de paso y me ofrec&iacute; a alcanzarla hasta su hogar; en la salida del local nos zarandeamos para besarnos y acariciarnos contra un pilar de luz. Estuvimos quince minutos apretando, escurriendo manos y labios por toda superficie. Sus senos adem&aacute;s de hermosos, eran firmes, jugando le desprend&iacute; el sost&eacute;n y los pezones rebotaron como en una helada. Subimos al auto y nos dirigimos a un telo por la zona; ella durante el camino me acarici&oacute; la entrepierna, lo cual casi nos cuesta un roce con otro autom&oacute;vil.<\/p>\n<p>Entramos entre carcajadas a la habitaci&oacute;n y nos recostamos en la cama; sus tetas me pesaban, el roce de mi pecho con sus pezones enhiestos me excitaba al punto que termin&eacute; por lamerlos. Ver&oacute;nica se quit&oacute; el pantal&oacute;n y fui arriba. Intent&eacute; penetrar pero faltaba lubricaci&oacute;n &#8211; despacito, despacito -susurro Ver&oacute;nica apretando los labios hermosos en pucherito. Por fin, pude abrir paso dentro de la cavidad h&uacute;meda y tibia; quise quedarme a vivir pero el deber llamaba y comenc&eacute; a mover la pelvis en&eacute;rgicamente con golpes circulares, directos y expansivos a cada mil&iacute;metro de la vulva. Sent&iacute; el cl&iacute;toris duro y me concentr&eacute; en aquella zona, mi compa&ntilde;era me apret&oacute; los brazos exclamando -&iexcl;&iexcl;que rico!!, &iexcl;ah&iacute;, as&iacute;!. Luego de unos minutos, ella estiro las piernas contra&iacute;das. Terminamos y como premio recib&iacute; un beso h&uacute;medo.<\/p>\n<p>Mientras descansamos extendidos en la cama y viendo nuestro reflejo en el techo a sonrisa descolgada, tome nota de la fuerza de aquel diminuto cuerpo acostumbrado a levantar y mover personas mucho m&aacute;s pesadas y grandes en el hospicio: Ver&oacute;nica era, fundamentalmente, un derroche de energ&iacute;a. Nos pusimos de costado, frente a frente y ella sonri&oacute; picara, apretando los labios. carnosos. Sus patas de gallo y peque&ntilde;os surcos en la frente, visibles por los foquitos led en el respaldo, desmintieron el &iacute;mpetu juvenil de mi compa&ntilde;era.<\/p>\n<p>En circunstancias comunes, Ver&oacute;nica me hubiera pasado desapercibida y claramente, ella se encontraba de alguna manera obnubilada por su conquista. Yo era un gringo alto y con modos de clase acomodada, lo cual me resultaba culposamente pat&eacute;tico pero imposible de ocultar. Ver&oacute;nica susurro algo e instintivamente puse mi mano sobre su boca, apagando el habla. Ella no se amilan&oacute; e insisti&oacute;, a lo cual respond&iacute; incrementando la presi&oacute;n. La enfermera mir&oacute; abajo y comenz&oacute; a masajear el pene visiblemente erecto.<\/p>\n<p>Intento de nuevo emitir palabra y no pudo; sonri&oacute; nuevamente picara y continu&oacute; con la maniobra hasta que por fin, contrariada, corri&oacute; la cara y pregunt&oacute; -&iquest;queres taparme la boca? Asent&iacute;, inc&oacute;modo en la intemperie . Ver&oacute;nica se estir&oacute; hasta su cartera y tom&oacute; una pa&ntilde;oleta brillosa con la cual cubri&oacute; su boca y luego anud&oacute; al cuello. Ella me ofreci&oacute; la espalda y entonces, la penetr&eacute; por detr&aacute;s. La enfermera acomodo mi pene en su vagina y arremet&iacute; con el mayor esfuerzo.<\/p>\n<p>Su reflejo en la pared espejada me excitaba. Amordazada, sus expresiones de goce y dolor se extend&iacute;an hasta las pupilas dilatadas; los gemidos y suspiros entrecortados volv&iacute;an todo m&aacute;s placentero hasta desvincularme de aquel ensamble de cuerpos en un furioso apret&oacute;n de manos. Nuevamente est&aacute;bamos enfrentados, Ver&oacute;nica gimi&oacute; brevemente, sugiri&oacute; con los ojos negros que le retirara la mordaza, lo cual hice amablemente. En un movimiento &aacute;gil y r&aacute;pido, la mujer se coloc&oacute; delante m&iacute;o en cucharita. Puse mi pene apagado entre sus nalgas; ella tom&oacute; mi mano y la pos&oacute; sobre su boca y as&iacute; dormimos hasta la ma&ntilde;ana siguiente.<\/p>\n<p>Nos mensajeamos durante la semana, ella derrochaba inter&eacute;s y yo apat&iacute;a; cuando yo estaba a punto de liquidar la conversaci&oacute;n, Ver&oacute;nica encend&iacute;a el chat recordando la mordaza y las mil y una ideas que ten&iacute;a para un pr&oacute;ximo encuentro. Me coment&oacute; como una mujer tan en&eacute;rgica y frontal encuentra placer en verse dominada.<\/p>\n<p>Pase con el auto a buscarla al hospital y me cost&oacute; reconocerla: con el cabello recogido y el ambo celeste cubierto por una campera de cuerina no hab&iacute;a destellos de la persona de aquella noche en Banfield. En zapatillas era mucho m&aacute;s baja de lo que pod&iacute;a recordar. Mi amante subi&oacute; al auto y nos besamos. &iquest;Qu&eacute; contas gringo perverso?- susurro mir&aacute;ndome divertida; &iquest;como le va la enfermera juguetona? -conteste.<\/p>\n<p>Ver&oacute;nica me ofreci&oacute; mu&ntilde;ecas y una pa&ntilde;oleta en mano. Ate fuerte el nudo simple y seguimos viaje entre miradas y chascarrillos. Detenidos frente al sem&aacute;foro, en el torpedo vibraba un l&aacute;piz: cuando tom&eacute; el grafo, mi compa&ntilde;era adivin&oacute; mi intenci&oacute;n y lo mordi&oacute; delicadamente. Continuamos quince minutos entre gemidos y miradas c&oacute;mplices.<\/p>\n<p>Entramos al hotel y estacionamos en la cochera individual junto a la puerta de la habitaci&oacute;n. Ver&oacute;nica se recost&oacute; sobre mi regazo y desprendi&oacute; mis pantalones ofreciendo una felatio de las m&aacute;s dulces de mi vida. Esa mujer sab&iacute;a mover la lengua y prensar los labios, cuando acab&eacute;, ella trago a conciencia los restos. Estaba tan satisfecho que podr&iacute;a haber puesto la reversa y volver a casa.<\/p>\n<p>Mi compa&ntilde;era me mir&oacute; midiendo mi semblante. Veni, mira, en mi cartera tengo algo para vos, yo no puedo abrirla porque estoy amarradita- dijo exhibiendo sus mu&ntilde;ecas enlazadas. Encontr&eacute; un esparadrapo blanco, corte un pedazo y lo aplique sobre los labios de mi amante. Di la vuelta, abr&iacute; la puerta del auto y tom&eacute; a mi compa&ntilde;era de los brazos; cargada sobre mis hombros, entramos a la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Arroje a Ver&oacute;nica sobre la cama, ella sonri&oacute;, quiso decir algo pero la mordaza se lo imped&iacute;a. Los labios aprisionados en el rect&aacute;ngulo transl&uacute;cido solo desped&iacute;an gemidos secos. Levant&eacute; a mi compa&ntilde;era y ella se apoy&oacute; sobre la mesada; entonces, baj&eacute; su ambo. Ver&oacute;nica, bombacha entre los tobillos estaba totalmente h&uacute;meda. Costo nada penetrarla, a medida que aumentaba el vigor de mis intervenciones, la mirada desfigurada por placer de mi amante volv&iacute;a sobre mi desde el reflejo de la pared espejada. Los gemidos y alaridos doblegados por la cinta poderosamente ce&ntilde;ida sobre la boca nos excitaba a ambos.<\/p>\n<p>Cuando terminamos, ambos &eacute;ramos un charco de sudor, pero la mordaza, firmemente adherida segu&iacute;a all&iacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Ver&oacute;nica es enfermera y tiene cuarenta a&ntilde;os. No es la t&iacute;pica uniformada de relato er&oacute;tico sino, una profesional de carne y hueso que habita los hospitales en el conurbano bonaerense. 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