{"id":44447,"date":"2024-01-20T23:00:00","date_gmt":"2024-01-20T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-01-20T23:00:00","modified_gmt":"2024-01-20T23:00:00","slug":"con-arturo-lejos-de-casa-parte-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/con-arturo-lejos-de-casa-parte-2\/","title":{"rendered":"Con Arturo lejos de casa (parte 2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44447\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">5<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Un silencio total se apoder&oacute; de esa habitaci&oacute;n, interrumpido solamente por los comentaristas deportivos del partido que estaba a punto de reiniciar en su segundo tiempo. Yo sent&iacute;a cierta paz inquietante despu&eacute;s de haber develado ese secreto tan delicado a otro hombre.<\/p>\n<p>No, esta vez no se trataba de un fulano de tal an&oacute;nimo, escondido tras el escrito de un chat con el que sabes de antemano que no te vas a ver nunca, ni sabr&aacute; cu&aacute;l es tu nombre verdadero, no. Esta vez yo hablaba con un hombre, real, de carne y hueso a quien miraba de frente a sus ojos, que sab&iacute;a mi nombre, que estaba all&iacute;, sentado a mi lado, tan tangible que pod&iacute;a tocar con mi mano, que me ten&iacute;a abrazado como consol&aacute;ndome. Como hace un amigo de siempre muy a pesar de lo reci&eacute;n conocidos. Eso lo cambiaba todo.<\/p>\n<p>Arturo se fue a orinar al ba&ntilde;o cuya puerta quedaba al extremo de la habitaci&oacute;n. Se pod&iacute;a escuchar chorro de sus orines caer en la taza mientras yo miraba la tv un poco distra&iacute;do. El celular que hab&iacute;a dejado justo en la cama, a mi lado, comenz&oacute; a sonar. En la pantalla se pod&iacute;a leer en dos l&iacute;neas &ldquo;ClaudiAmor est&aacute; llamando&rdquo;. Arturo grit&oacute;.<\/p>\n<p>A: Oye, que pena, &iexcl;me pasas el celu por favor! Es mi mujer.<\/p>\n<p>Tom&eacute; el celular, me levant&eacute; y se lo llev&eacute; con diligencia. La puerta estaba apenas entreabierta. Pod&iacute;a divisar desde afuera a Arturo que estaba de pie y de espaldas frente a la taza que ya casi no sonaba. Al parecer, estaba ya en las &uacute;ltimas de su micci&oacute;n.<\/p>\n<p>R: Toma &ndash; le dije t&iacute;midamente desde afuera y medio empujando la puerta.<\/p>\n<p>Me dijo que pasara porque desde afuera era cierto que mi mano no alcanzaba a entrar tanto como para que &eacute;l pudiera tomar el m&oacute;vil. Abr&iacute; completamente entonces y me ubiqu&eacute; bajo el vano de la puerta. El tel&eacute;fono sonaba todav&iacute;a y &eacute;l se daba las sacudidas finales habituales de despu&eacute;s de mear. Extend&iacute; mi mano para que el pudiera tomarlo, pero la llamada se perdi&oacute;. &Eacute;l, de todos modos, se gir&oacute; entonces para tomar el celular. No pude evitar ver lo que vi. Todo fue muy r&aacute;pido. Por unos segundos su pene n&iacute;tido, desnudo, colgando inerte entre su calzoncillo acomodado debajo de sus bolas, lucia ante mis ojos con una potencia arrolladora. Un vello p&uacute;bico bien arreglado de hilos finos encima de su piel clara coronaba con decoro ese miembro liberado de las ropas.<\/p>\n<p>Un golpe de pudor me hizo alzar la mirada torpemente que se estrell&oacute; con la de Arturo. El, con gesto sereno, se hab&iacute;a dado cuenta que mi mirada acababa de explorar con inter&eacute;s la geograf&iacute;a de su sexo. Me sent&iacute; inc&oacute;modo, delatado, pillado, a pesar de que fue &eacute;l quien se gir&oacute; de forma total y deliberada. Simplemente le quit&eacute; la mirada y sal&iacute; disparado del ba&ntilde;o hacia la cama y continuar viendo el juego. Despu&eacute;s de todo, yo hab&iacute;a ido al ba&ntilde;o a llevarle su celular.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; en la cama, algo ofuscado, nervioso y a la vez estimulado. Procesando en ese instante lo sucedido en el ba&ntilde;o. &iquest;Porque se gir&oacute; as&iacute; para tomar el celular? &iquest;Era necesario eso? &iquest;No le bastaba acaso con extender su mano izquierda, tomar el m&oacute;vil y con la otra seguir sosteniendo su pene si acaso lo requer&iacute;a? &iquest;Fue una torpeza de su parte o bien buscaba adrede que yo le viera su miembro? Arturo hablaba con su mujer en el ba&ntilde;o, al parecer ella volvi&oacute; a llamar o tal vez el devolvi&oacute; la llamada. El punto es que, a m&aacute;s de toda la incomodidad que me invad&iacute;a, la imagen viva de su pene rosado colgando se hab&iacute;a fijado en mi mente como una luz potente que erotizaba mis pensamientos.<\/p>\n<p>A los pocos minutos Arturo sali&oacute; del ba&ntilde;o, se desped&iacute;a de su mujer al venir andando hacia la cama. No dijo nada. Solo se sent&oacute; nuevamente a mi lado, justo donde estaba antes de irse al ba&ntilde;o. Yo me puse tenso. No quer&iacute;a mirarlo a la cara. Me sent&iacute;a como un pedazo de tonto. Me hice el concentrado en el juego, pero no lo estaba en absoluto. Las cervezas me ten&iacute;an algo mareado. Hubo un silencio glacial por unos pocos, pero eternos minutos.<\/p>\n<p>A: Oye, que pena lo del ba&ntilde;o, te soy honesto, no s&eacute; bien porque, pero quer&iacute;a que me la vieras.<\/p>\n<p>Rompi&oacute; el silencio as&iacute; no m&aacute;s. Muy a su estilo, certero y directo que lograba sorprenderme e inquietarme.<\/p>\n<p>R: &iquest;Ah s&iacute;? &iquest;Y eso? &iquest;Porque quer&iacute;as mostr&aacute;rmela? &ndash; respond&iacute; con creciente interrogante y susto en el cuerpo.<\/p>\n<p>A: Es que no s&eacute;, tal vez porque est&aacute;bamos hablando de esas cosas y no s&eacute;, no s&eacute;, realmente no lo s&eacute;. Creo que estoy ya medio borracho.<\/p>\n<p>No dije nada. Simplemente quer&iacute;a saber si &eacute;l iba a agregar algo m&aacute;s. Y as&iacute; fue.<\/p>\n<p>A: Dime &iquest;Te molest&oacute; cuando me la viste?<\/p>\n<p>Otra vez me supo descolocar con una de esas preguntas incomodas que no dejaban salida y que yo no sab&iacute;a c&oacute;mo responder. Pero esta vez, el alcohol ya jugaba a favor de la desinhibici&oacute;n. Adem&aacute;s, a estas alturas, la confesi&oacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil ya yo la hab&iacute;a hecho. Responder abiertamente ahora, me result&oacute; m&aacute;s fluido y natural. Yo mismo me sorprend&iacute; de sentirlo as&iacute;.<\/p>\n<p>R: Pues, &iquest;qu&eacute; te digo? Creo que no me molest&oacute;.<\/p>\n<p>A: Est&aacute; bien. Tranquilo. Me encanta tu franqueza. Ya sabemos c&oacute;mo es esto. No tiene nada de malo.<\/p>\n<p>Sent&iacute; un miedo aterrador, pero quer&iacute;a ser honesto. No quer&iacute;a que &eacute;l pensara lo contrario cuando en el fondo, s&iacute; me hab&iacute;a gustado mirar su pene y m&aacute;s a&uacute;n, me gustaba hallarme en esta situaci&oacute;n, a pesar del nervio. Arturo continu&oacute;.<\/p>\n<p>A: &iquest;Te digo algo?<\/p>\n<p>R: Dime &ndash; dije con voz nerviosa.<\/p>\n<p>A: Con todo lo que he aprendido, visto y vivido. Yo puedo estar seguro, sin miedo a equivocarme, que, a ti, las vergas te gustan.<\/p>\n<p>Fue una sentencia certera. Me sent&iacute; desnudo frente al mundo cuando me dijo eso. Extra&ntilde;amente, experiment&eacute; un alivio al escuchar eso. Al saber que no era yo quien ten&iacute;a que decir esa afirmaci&oacute;n, sino que era &eacute;l mismo quien lo hab&iacute;a deducido a manera de conclusi&oacute;n con la certeza de un cient&iacute;fico despu&eacute;s de haber probado sus hip&oacute;tesis.<\/p>\n<p>Por vez primera vez desde que sal&iacute; disparado del ba&ntilde;o, le mir&eacute; a los ojos. Su mirada era serena y transmit&iacute;a el brillo de extraviado que da el trago, pero tambi&eacute;n mucha bondad.<\/p>\n<p>R: Como t&uacute; dices. Uno es curioso.<\/p>\n<p>Otra vez se arrim&oacute; y me abraz&oacute; con la misma afabilidad de viejo amigo con la que lo hab&iacute;a hecho minutos antes.<\/p>\n<p>A: No pasa nada, hombre. Si te gustan, es totalmente normal y ventajoso.<\/p>\n<p>R: &iquest;Como ventajoso?<\/p>\n<p>A: Pues, hombre, ponte a pensar. Eso quiere decir que sexualmente encuentras placer no solo viendo conchas y tetas, que son bien ricas, por cierto, sino tambi&eacute;n pingas. Acabas de multiplicar por dos el n&uacute;mero de personas con las que puedes darte gusto, ja, ja.<\/p>\n<p>Me re&iacute; con &eacute;l. Era tontamente cierto lo que dec&iacute;a. Estando as&iacute; juntos, abrazados, desinhibidos, hablando de sexo prohibido, lejos de mujeres, solos en esa habitaci&oacute;n de hotel barato, todo eso, produjo una atm&oacute;sfera de complicidad que animaba los esp&iacute;ritus del morbo. Morbo de hombre. Morbo b&aacute;sico y animal. Morbo sin sensualidad. Morbo desbocado simplemente.<\/p>\n<p>&Eacute;l se puso de pie frente a mi entre risas. Se bajo su pijama hasta sus muslos gruesos, bloqueando mi visi&oacute;n del juego que estaba bien aburrido. Me dijo que verle a &eacute;l era mucho m&aacute;s emocionante que el partido malo que estaban pasando. Su calzoncillo breve, oscuro con la marca &ldquo;Bench&rdquo; escrita en letras blancas se revel&oacute; ante mi mirada. Yo solo sonre&iacute;a nerviosamente viendo cada detalle de su bulto. Era la primera vez en toda mi vida que tan cerca tenia a un hombre en actitud er&oacute;tica para m&iacute;. El nervio segu&iacute;a all&iacute; acompa&ntilde;&aacute;ndome, pero no me imped&iacute;a disfrutar. Era algo extra&ntilde;amente encantador.<\/p>\n<p>A: Mira, a ti que te gustan los bultos.<\/p>\n<p>Yo no atinaba a decir nada. El regocijo y el morbo me abrumaban, pero el nervio se desvanec&iacute;a. Pero si, si, si quer&iacute;a estar all&iacute; y quer&iacute;a que todo eso estuviera pasando. Si, s&iacute;, me gustaba definitivamente eso. El bulto agreste que crec&iacute;a con cada segundo. Todo era tan er&oacute;tico. Tan masculinamente er&oacute;tico.<\/p>\n<p>A: &iquest;Puedo ver el tuyo?<\/p>\n<p>R: &iquest;Mi bulto?<\/p>\n<p>A: Si, pero m&aacute;s tus bultos ja, ja.<\/p>\n<p>R: Me da verg&uuml;enza.<\/p>\n<p>A: Ven, ponte de pie. Yo te ayudo.<\/p>\n<p>Me levant&eacute; sonriendo. Arturo, mismo, deshizo el bot&oacute;n de mi pantal&oacute;n y bajo mi corredera con sutileza habl&aacute;ndome cerca de mi cara con su rostro morboso y aliento a cerveza &ndash; Vamos a ver que tienes por aqu&iacute;. Baj&oacute; mi pantal&oacute;n que cay&oacute; hecho un trapo encima de mis calcetines. Su mano pas&oacute; ligeramente por mi bulto delantero, sin tocar mucho y tomo mis caderas con cada mano. Me gir&oacute; hasta yo quedar de espaldas hacia &eacute;l. Me encantaba la sensaci&oacute;n de dejarme llevar. Emiti&oacute; un silbido.<\/p>\n<p>A: Pero si eres nalg&oacute;n, nalg&oacute;n. Tienes mejor culo que mi mujer.<\/p>\n<p>R: No exageres.<\/p>\n<p>A: No exagero. Que culo que te gastas.<\/p>\n<p>R: Ya, en serio. Dime la verdad. &iquest;T&uacute; has estado con hombres? &iquest;Porque te gustan tantos los culos de hombres?<\/p>\n<p>A: No s&eacute;, no s&eacute;. Es un gusto adquirido. &iquest;A ti porque te gustan los bultos? &iquest;Sabes por qu&eacute;? Te aseguro que no. Y s&iacute;, yo ya he cogido hombres. Varias veces y desde joven. Ya despu&eacute;s te cuento. Es una larga historia.<\/p>\n<p>Esa revelaci&oacute;n, produjo en m&iacute; un morbo profundo, intensamente nuevo y extra&ntilde;o que venci&oacute; por fin los nervios a tal punto que fui consciente de que mi pene se abultaba irremediablemente. Me sent&iacute;a excitado y seducido. Era todo tan raro y placentero a la vez.<\/p>\n<p>El acariciaba mis nalgas por encima de mi b&oacute;xer y eso era muy excitante e irresistible. Su aliento chocaba en mi nuca y por vez primera experiment&eacute; la seducci&oacute;n masculina. Su pene duro bajo el algod&oacute;n de su prenda se pegaba entre mis nalgas y esa sensaci&oacute;n me daba un cosquilleo agradable en todo mi cuerpo. Arturo baj&oacute; mi prenda un poco y mir&oacute; mi culo al desnudo.<\/p>\n<p>A: Dios m&iacute;o, y velludito lo tienes. Mis preferidos. Amigo, t&uacute; eres un encanto.<\/p>\n<p>R: &iquest;En serio? &iquest;Te gustan as&iacute;?<\/p>\n<p>A: Uf, pero no sabes cuanto, hm<\/p>\n<p>Yo sab&iacute;a que no habr&iacute;a marcha atr&aacute;s. Que yo me estaba entregando a los abismos de una experiencia sexual profundamente magn&eacute;tica. De pie, all&iacute; junto a la cama, de espaldas a la TV, Arturo me respiraba al o&iacute;do. Su mano derecha hurgaba y manoseaba mi pene endurecido que &eacute;l mismo se encarg&oacute; de liberar de mi ropa mientras su mano izquierda apretujaba con ganas y de forma algo ansiosa mis nalgas. Sentirlo all&iacute;, detr&aacute;s de m&iacute;, en actitud de macho era tremendamente er&oacute;tico.<\/p>\n<p>A: La tienes dura, papi. Eso quiere decir que te gusta esto. &iquest;Verdad? &ndash; me preguntaba al o&iacute;do con voz baja y desgarrada.<\/p>\n<p>R: Si, s&iacute;, s&iacute;, me gusta &ndash; le respond&iacute; arqueando mi cuello hacia detr&aacute;s casi pegando mis orejas a sus labios c&aacute;lidos.<\/p>\n<p>A: Que rico que te guste. Yo sab&iacute;a que te gustaba esto. Voy a ser tu macho.<\/p>\n<p>Cuando dijo eso, un placer inesperado, femenizante me invadi&oacute; y la erecci&oacute;n se me hizo a&uacute;n m&aacute;s tensa. Erecci&oacute;n que &eacute;l ayudaba a mantener viva al no dejar de tocar mi verga.<\/p>\n<p>A: Dime. &iquest;Me dejas que sea tu macho esta noche? &ndash; me lo pregunt&oacute; entre jadeos casi besando mis o&iacute;dos.<\/p>\n<p>R: Si-i-i-i, por favor. Tu eres, eres, eres mi macho.<\/p>\n<p>No s&eacute; porque sentirme as&iacute; era tan morboso. O&iacute;rle decir eso, que &eacute;l era mi macho, me sacaba un profundo placer desconocido. Algo de mi esencia animal m&aacute;s escondida y necesaria.<\/p>\n<p>Me desnud&oacute; sin prisas. Me quito mi franela entre caricias y tumbo al suelo mi prenda interior. Yo me hall&eacute; as&iacute;, desnudo, completamente desnudo ante un hombre. Esa sensaci&oacute;n que pasa como algo banal en las escenas porno, no lo es en absoluto en el mundo real. Las sensaciones que produce sentirte libre de tus ropas y que otro semejante te mire tu desnudez con deseo animal es placentera, muy placentera.<\/p>\n<p>No sab&iacute;a yo bien que hacer, donde ponerme o que no hacer. Solo me dejaba llevar de las manos del macho. Y eso me encantaba. Me pidi&oacute; entonces que me sentara al borde de la cama. Lo mire de frente por fin. Su mirada era distinta ahora, ten&iacute;a un brillo fulgurante. El deseo era galopante. Su boca estaba m&aacute;s rojiza, relajada, como si le hubieran engrosado repentinamente los labios. Lo not&eacute; m&aacute;s varonil que nunca. Su franela blanca aun la ten&iacute;a puesta, su pijama haciendo uno ocho, alrededor de sus pies descalzos y su b&oacute;xer negro ahora si abultado, muy abultado. Su verga estaba dura, acomodada un poco hacia un lado, se pod&iacute;a entrever en el relieve del algod&oacute;n de su prenda interior que aun &eacute;l no se hab&iacute;a quitado. Ni me lo cre&iacute;a. Estaba yo con mis narices cerca, muy cerca de un pene ajeno verdadero. El coraz&oacute;n parec&iacute;a que se iba a salir por mi boca. No supe si era susto, emoci&oacute;n, nervio, morbo o todo a la vez.<\/p>\n<p>A: B&aacute;jamelo para que veas que ah&iacute; all&iacute; &ndash; me dijo al tiempo que se despojaba de su franela.<\/p>\n<p>Su pecho, con pocos vellos estaba al desnudo. Antes nunca eso me hab&iacute;a parecido er&oacute;tico para ser honesto, pero no s&eacute; bien porque raz&oacute;n, verle as&iacute;, todo el pecho descubierto, su abdomen aplanado por la disciplina f&iacute;sica y su ombligo peque&ntilde;o con el caminito de vellos que iba descendiendo y poni&eacute;ndose m&aacute;s tupido, parec&iacute;a enloquecerme tanto como cuando una linda mujer voluptuosa se me desnuda. El olor de jab&oacute;n fresco se mezclaba con un aroma de hombre.<\/p>\n<p>Por fin posee mi mano encima de su bulto. Lo ten&iacute;a duro, muy duro y hasta pude detectar el palpito de su miembro.<\/p>\n<p>A: Abultadita, as&iacute; como te gusta, papi.<\/p>\n<p>Baj&eacute; por fin el b&oacute;xer lentamente y su verga sali&oacute; disparada. El pene sali&oacute; de sus amarras, en absoluta erecci&oacute;n y apunt&oacute; groseramente a mi rostro. Su punta chata de color parecido a un rosado dejaba esbozar una gota liquida que luego bajo en forma de hilillo espeso. Arturo estaba bien excitado y hab&iacute;a ya babeado un poco. Una vena central le daba un aspecto viril que intensificaba mi deseo. Lo mir&eacute; as&iacute;, sin tapujos por fin, como si se tratara de una obra de arte. Y es que lo era de alg&uacute;n modo. Era un pene bello. Al menos a mi gusto. Recto, algo grueso y de tonos claros. Ni largo ni corto. Adornado con un pubis bien mantenido. Un olor entre jab&oacute;n fresco, orines, liquido preseminal y piel de hombre, se mezclaba.<\/p>\n<p>A: Dale caricias, dale besitos, dale, amor. Lo necesita.<\/p>\n<p>Sus frases ocurrentes, no solo me seduc&iacute;an, sino que me divert&iacute;an. Explor&eacute; ese falo como juguete nuevo. Lo ol&iacute; como perro sabueso en un espacio nuevo. Lo acaricie resbal&aacute;ndola y por mi mejilla mis labios impregn&aacute;ndome de sus olores. Todo con calma, sentado all&iacute; en esa cama de hotel. Toqu&eacute; sus test&iacute;culos rosados de fino pelaje y di besitos tibios y t&iacute;midos en el glande. La acarici&eacute; despacio y poco a poco esas caricias se fueron perfilando en una paja r&iacute;tmica. Era tan fascinante mirar el cuero de su verga escondiendo y revelando la carne redondeada del glande. Su liquido transparente y baboso sal&iacute;a entonces en mayor cantidad. Pero no aguant&eacute; m&aacute;s la tentaci&oacute;n carnal. Lo mir&eacute; a sus ojos encendidos de morbo y decid&iacute; consumar esa fantas&iacute;a atragantada en mis deseos desde hac&iacute;a mucho tiempo. Pos&eacute; mi lengua en el glande, jugueteando en el frenillo y la resbal&eacute; despu&eacute;s por toda la textura viril, agreste y potente del falo irrigado de venas. Iba saboreando cada palmo del tallo, hasta que mis narices hundidas en su pelaje p&uacute;bico me imped&iacute;an ir m&aacute;s all&aacute;. El olor a macho era absoluto y me resultaba grato.<\/p>\n<p>A: Hm, as&iacute; papi, as&iacute; vas bien.<\/p>\n<p>Sus ojos desde arriba chocaban con los m&iacute;os. Nos mir&aacute;bamos con complicidad. Arturo ten&iacute;a una mirada de morboso enfermo que empinaba mis ganas. Entonces lo com&iacute;. Lo fui metiendo en mi boca. Cent&iacute;metro a cent&iacute;metro, calibrando su grosor con mis labios. Llenando lentamente mi boca de sus carnes. Identificando sus sabores. Mi lengua se ensuci&oacute; de su jugo espeso y pude saborearlo. Sabia a morbo, a sexo, a pecado, a ganas, a semen, a orines, a sudores, a macho, a hombre, a todo lo que es un hombre. El olor a verga me ten&iacute;a anonadado. Sentir en mi lengua la lisura suave del glande y tambi&eacute;n la rugosidad del falo potente que daba p&aacute;lpitos me encantaba. Yo chupaba. Si, y era verdad. Yo lo estaba chupando. Era yo por fin haciendo lo que muchas veces en pajas hab&iacute;a fantaseado hacer. No me lo cre&iacute;a. Si. Era real esta vez. Era de carne y &ldquo;no&rdquo; hueso, pero era real. Era bella ese verga. Mas bonita que todas las que hab&iacute;a accidentalmente visto en mi vida. Mas preciosa que la de Miguel mi primo, Augusto mi colega, Lorenzo mi vecino, Antonio mi amigo, y que la del profe de m&uacute;sica y de algunos otros incognitos en orinales p&uacute;blicos y de heteros curiosos de pajas ocasionales por webcam. Mas linda que todas las vergas que en la porno mir&eacute; con morbo. Mam&eacute; y mam&eacute; hasta embriagarme de &eacute;l.<\/p>\n<p>Mi quijada estaba vencida. Mi boca abierta en acto de felaci&oacute;n sostenido tambi&eacute;n se agotaba. Arturo gem&iacute;a y jadeaba. Su mano guiaba a ratos el ritmo halando con ternura mis cabellos y empujando desde atr&aacute;s mi cabeza para hundir su verga en mi boca. Not&oacute; mi agotamiento. Sac&oacute; su pene mojado. Se agacho para hasta que su rostro qued&oacute; a mi altura.<\/p>\n<p>A: Lo chupas rico. No sabes lo que estoy gozando. Gracias te doy. Uf.<\/p>\n<p>En ese instante me asust&eacute; al o&iacute;r su tel&eacute;fono sonar. Otra vez era su esposa. Mi reflejo fue de alejarme y buscar mis ropas para vestirme. El me hizo un gesto con sus manos y su rostro de que me calmara. Me qued&eacute; atento. Con su dedo &iacute;ndice en sus labios me hizo el gesto universal de pedir silencio. Lo hice. El respondi&oacute; con tranquilidad y de pie con su pene que hab&iacute;a perdido algo de erecci&oacute;n frente a mi habl&oacute; con su mujer. Mi coraz&oacute;n lat&iacute;a de tensi&oacute;n. Me acarici&oacute; mi cabeza y la fue empujando hacia su verga. La met&iacute; otra vez en mi boca. Se la segu&iacute; mamando despacio mientras &eacute;l hablaba monos&iacute;labos con su mujer. Hasta alcance a escuchar un poco la voz femenina de ella cuando los comentaristas deportivos en la TV dejaban de hablar. Inexplicablemente, esa situaci&oacute;n me dio mucho morbo y tambi&eacute;n a Arturo que recobr&oacute; r&aacute;pido su erecci&oacute;n m&aacute;xima con su verga dentro de mi boca. Colg&oacute; la llamada. Hizo un gesto de alivio y sonri&oacute; para indicar que todo estaba bajo control.<\/p>\n<p>Me tom&oacute; de la mano y me levant&oacute;. Estuve de pie frente a frente. Nuestros penes erectos se chocaban cual espadas y ambos nos divert&iacute;amos mirando hacia abajo como su falo se rozaba con el m&iacute;o. Me fue tornando hasta que nuevamente le di la espalda. Me daba golpecitos y apretujones en mis nalgas.<\/p>\n<p>A: Acu&eacute;state as&iacute;. Boca abajo.<\/p>\n<p>R: Cuidado. No tenemos cond&oacute;n.<\/p>\n<p>A: Lo s&eacute;, lo s&eacute;, pero no me vayas a dejar con estas ganas. Te lo pido por favor.<\/p>\n<p>R: Me da miedo.<\/p>\n<p>Pero en ese momento yo no ten&iacute;a fuerzas para resistirme. Mi alma ped&iacute;a a gritos experimentar sexo con Arturo. No creo que me perdonar&iacute;a no haber aprovechado ese momento. Y tampoco &eacute;l estaba por la labor de dejar pasarlo. Su verga palpitaba y su ansiedad por mi culo se le sal&iacute;a por los poros.<\/p>\n<p>R: &iquest;Eso duele? Me da miedo.<\/p>\n<p>A: Yo se tratar bien a un culito. Tengo experiencia. Vas a ver que te va a gustar.<\/p>\n<p>Me tumb&eacute; en la cama boca abajo, desnudo con mi culo al aire. No pod&iacute;a ver lo que Arturo hac&iacute;a. Me daba tensi&oacute;n cuando sent&iacute; que su pene golpeaba mis nalgas, no lejos de mi ano. Me lo iba a meter. Dios. Me lo iba a meter. Pero entonces un calor tibio h&uacute;medo, y desconocido invadi&oacute; mi culo regal&aacute;ndome un placer profundo. Me tom&oacute; un par de segundos entender que &eacute;l me estaba chupando el culo. Su lengua juguetona hurgaba, lamia, revoloteaba, y mi culo lleno de nervios sensibles se dilataba. Jam&aacute;s me hubiera imaginado un placer tan intenso que me hac&iacute;a ver colores. Me estaba comiendo el culo con ganas, con morbo, con fuerza de macho. Me hac&iacute;a vibrar una fibra interna de goce femenino. Me encantaba y creo que ni fui consciente de que empec&eacute; a gemir y gemir con lujuria. Su boca fue subiendo por mi espalda y su pecho rozaba mis nalgas hasta que detr&aacute;s de mis o&iacute;dos y escuch&eacute; su voz vulgar jadeante y desgarrada.<\/p>\n<p>A: Volt&eacute;ate, tu culo est&aacute; listo. Est&aacute; pidiendo verga.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>5 Un silencio total se apoder&oacute; de esa habitaci&oacute;n, interrumpido solamente por los comentaristas deportivos del partido que estaba a punto de reiniciar en su segundo tiempo. 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