{"id":44504,"date":"2024-01-26T23:00:00","date_gmt":"2024-01-26T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-01-26T23:00:00","modified_gmt":"2024-01-26T23:00:00","slug":"las-alas-del-angel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/las-alas-del-angel\/","title":{"rendered":"Las alas del \u00e1ngel"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44504\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Lo peor eran las alas. A&uacute;n a su avanzada edad, se defend&iacute;a razonablemente bien con esas manos y esos dedos que a otros dibujantes le resultaban tan complicados de plasmar en el papel. Sus pechos eran generosos, no solo en su desproporcionado tama&ntilde;o sino tambi&eacute;n en el esfuerzo que supon&iacute;an: esos dos c&iacute;rculos, o dos medios c&iacute;rculos cuando Ang&eacute;lica llevaba puesta su toga blanca, eran muy sencillos de dibujar y lo que m&aacute;s alabanzas suscitaba entre sus escasos fieles. Sus curvas eran m&aacute;s complejas, sin duda, sobre todo a trav&eacute;s de esos ropajes de los que invariablemente acabar&iacute;a despoj&aacute;ndose. Ten&iacute;a que encontrar el punto intermedio entre el recato y el erotismo, y hab&iacute;a quedado insensibilizado al erotismo con toda la pornograf&iacute;a que hab&iacute;a visto durante los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os. Pero todav&iacute;a se manejaba bien, sobre todo cuando miraba sus viejas ilustraciones.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, las alas&#8230; si ya de joven le hab&iacute;a costado poner una pluma detr&aacute;s de otra, si le hab&iacute;a costado hacer las alas de Ang&eacute;lica consistentes y et&eacute;reas al mismo tiempo, esa tarea se convert&iacute;a en misi&oacute;n imposible a su edad. Borr&oacute; la chapuza que hab&iacute;a hecho, dejando a su celestial creaci&oacute;n sin esos dos ap&eacute;ndices que terminaban de convertirla en el icono que era. O que, en propiedad, hab&iacute;a sido. Los chavales de hoy en d&iacute;a se hac&iacute;an pajas con dibujitos japoneses en vez de con su arte.<\/p>\n<p>El zumbido de ese artefacto infernal que llamaban err&oacute;neamente tel&eacute;fono le sac&oacute; de su mesa de trabajo. Se incorpor&oacute; con dificultad (si su vida hubiera sido un tebeo, habr&iacute;a incluido una onomatopeya para describir el horroroso ruido de sus huesos) y consult&oacute; el m&oacute;vil, &aacute;vido de novedades. Si resultaba ser un correo spam, iba a tirarlo por la ventana.<\/p>\n<p>Sin embargo, al leer la misiva digital que le hab&iacute;an mandado los organizadores de ese evento de c&oacute;mic, casi dese&oacute; que hubiera sido eso.<\/p>\n<p>&quot;Buenos d&iacute;as. Lamentamos informarle de que, pese a que apreciamos su contribuci&oacute;n al Noveno Arte, el calendario ya est&aacute; establecido y no podemos modificar ning&uacute;n acto. Asimismo, la titularidad de los stands es inamovible, por lo que no podemos ofrecerle un espacio.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, nuestro evento es para todos los p&uacute;blicos, por lo que sus proyectos no son los m&aacute;s adecuados para nuestra propuesta.<\/p>\n<p>Le agradecemos su inter&eacute;s y le deseamos lo mejor. Un saludo&quot;.<\/p>\n<p>Y ya estaba. Despu&eacute;s de una vida dej&aacute;ndose los dedos y los ojos, una respuesta que habr&iacute;a sido ofensiva hasta para un chaval primerizo que manda sus inexpertas vi&ntilde;etas a alguna editorial francesa. Rabioso, empez&oacute; a escribir su desafiante respuesta:<\/p>\n<p>&quot;Estimados mingafr&iacute;as puritanos:<\/p>\n<p>He podido comprobar en vuestra p&aacute;gina web que en esta edici&oacute;n hab&eacute;is invitado a dos actores, a un youtuber y a varios j&oacute;venes que se disfrazan de personajes que, en muchas ocasiones, provienen de los videojuegos u otras formas de entretenimiento que nada tienen que ver con la historieta.<\/p>\n<p>Sinceramente, creo que no me merezco este ninguneo. En los ochenta, antes de que muchos de esos chavales (y quiz&aacute; ustedes) nacieran, Ang&eacute;lica vend&iacute;a m&aacute;s que la Vampirella o la Red Sonja. Y, aunque no soy un Moebius ni un Hal Foster, ni mis guiones ten&iacute;an la profundidad de un Art Spiegelman, segu&iacute;a siendo arte. Entre paja y paja, mis historias daban que pensar. Pero parece que hay m&aacute;s sitio en vuestra mierda de evento para gilipollas que solo saben gritar en Internet que para m&iacute;.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, no quer&iacute;a despedirme sin destacar vuestra hipocres&iacute;a al condenar mis dibujos como inapropiados cuando varios de vuestros invitados viven de ense&ntilde;ar su cuerpo en Internet, disfrazados de los mismos cinco personajes. Yo, por lo menos, acepto que lo que hac&iacute;a era arte er&oacute;tico. Pero vosotros conden&aacute;is mis dibujos y acept&aacute;is esa forma de prostituci&oacute;n virtual, y ahora seguramente me respond&aacute;is que alguien ense&ntilde;ando las tetas o marcando el paquete no est&aacute; necesariamente sexualizado. Venga, idos a tomar por culo.<\/p>\n<p>En fin, seguir&eacute; dibujando. Solo espero que, cuando me muera, no me hag&aacute;is un homenaje&quot;.<\/p>\n<p>Mir&oacute; el mensaje durante varios minutos, paladeando la humillaci&oacute;n a la que someter&iacute;a a esos ni&ntilde;atos imberbes que hab&iacute;an decidido que ten&iacute;a que conformarse con su mierda de jubilaci&oacute;n en vez de ganarse unas perras firmando c&oacute;mics y regalando dibujos. Se los imagin&oacute; recapacitando, pidi&eacute;ndole perd&oacute;n, tal vez creando una pol&eacute;mica que hiciera que sus p&aacute;ginas originales se revalorizaran.<\/p>\n<p>Se imagin&oacute; tambi&eacute;n el precio de la luz y el agua subiendo, y se imagin&oacute; depender de los organizadores de ese evento o de sus amigos al a&ntilde;o siguiente. Resopl&oacute; y puso el dedo sobre la tecla retroceso.<\/p>\n<p>&laquo;Tendr&iacute;a que haberlo copiado para cuando me diagnostiquen un c&aacute;ncer o algo as&iacute;&raquo; -pens&oacute; con amargura, pero decidi&oacute; dejarlo estar. Al menos &eacute;l tendr&iacute;a la victoria moral.<\/p>\n<p>-Bueno, ahora&#8230;<\/p>\n<p>Ahora, nada. Porque, sin la posibilidad remota de que le pagaran por sus dibujos, ten&iacute;a poco sentido agarrar el l&aacute;piz, ni hablar ya de la tinta.<\/p>\n<p>Hizo descender sus ojos sobre el l&aacute;piz como un juez har&iacute;a caer su martillo. Por culpa de ese l&aacute;piz. Por culpa de ese l&aacute;piz hab&iacute;a tenido que cenar un bocadillo de ch&oacute;ped, por culpa de ese l&aacute;piz sus mejores ideas hab&iacute;an sido olvidadas en suplementos y revistas que ahora acumulaban polvo, por culpa de ese l&aacute;piz hab&iacute;a tenido que conformarse con una foca fr&iacute;gida que le hab&iacute;a humillado a diario durante sus treinta a&ntilde;os de matrimonio.<\/p>\n<p>No supo si tos&iacute;a o lloraba, solo que tuvo que agarrar uno de sus papeles para limpiar sus gafas. Pese a todo, fue un papel vac&iacute;o, sin la efigie sagrada de Ang&eacute;lica dibujada en &eacute;l.<\/p>\n<p>Se dirigi&oacute; a sus estanter&iacute;as, mirando esos tebeos que casi agradec&iacute;a no haber podido vender. La mayor&iacute;a se encontraban sepultados en revistas er&oacute;ticas de poca monta que el desarrollo natural de los acontecimientos hab&iacute;a acabado condenando al ostracismo, y pocas veces hab&iacute;an sido reeditados en un formato decente. Pero, aun as&iacute;, segu&iacute;a habiendo lectores de su quinta que de vez en cuando le mandaban correos cantando las bondades de Ang&eacute;lica o explicando c&oacute;mo hab&iacute;a revolucionado sus hormonas adolescentes.<\/p>\n<p>&laquo;Aunque luego esos cabrones no me compran un triste dibujo&raquo; -pens&oacute;, cabizbajo. Ay, tendr&iacute;a que haber nacido veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, y se habr&iacute;a forrado haciendo dibujos guarros en Internet. O veinte a&ntilde;os antes, y no le habr&iacute;a pillado tan fuerte la crisis de los medios impresos. O, qu&eacute; cojones, no haber nacido en ninguna coordenada espaciotemporal. Tal vez eso hubiera sido lo mejor.<\/p>\n<p>Aun as&iacute;, pens&oacute; al hojear esas p&aacute;ginas donde aparec&iacute;a su creaci&oacute;n, algunos de esos dibujos y esos guiones justificaban una vida. La f&oacute;rmula era sencilla: Ang&eacute;lica bajaba del cielo para ayudar a alg&uacute;n desdichado y, en el camino, hab&iacute;a alg&uacute;n chiste o encuentro de car&aacute;cter sexual. Tanto daba que ense&ntilde;ara las tetas para que un cura superara su crisis de fe como que su desnudez en la v&iacute;a p&uacute;blica permitiera a un manifestante huir de la Polic&iacute;a. Esos argumentos rutinarios le hab&iacute;an permitido hacer cr&iacute;tica social y religiosa, y estaba orgulloso del fondo de humanismo que hab&iacute;a conseguido imprimir a historias como esas. Se hab&iacute;a llevado elogios y se hab&iacute;a llevado un buen dinero de las ventas. Aunque sus editores todav&iacute;a le deb&iacute;an un pico considerable.<\/p>\n<p>&laquo;Me deben mucho m&aacute;s de lo que jam&aacute;s me dar&aacute;n&raquo; -pens&oacute;, amargado. Tumbarse en la cama sol&iacute;a suponer un remedio para sus males, pero solo cuando pod&iacute;a dormir. No cuando la tos y el fr&iacute;o cortaban cada respiraci&oacute;n. No cuando pod&iacute;a confirmar, por la humedad de sus s&aacute;banas, que lo que le hab&iacute;a hecho quitarse las gafas era el llanto.<\/p>\n<p>Aun as&iacute;, su cuerpo decidi&oacute; hacerle el &uacute;nico favor que le hab&iacute;a hecho ese lustro y le permiti&oacute; dormir.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Cuando despert&oacute;, era de noche. El fr&iacute;o invernal, de nuevo, hab&iacute;a encontrado su lugar a trav&eacute;s de las ventanas y las puertas de su destartalado piso. Se arrop&oacute; con las s&aacute;banas, tiritando y tosiendo de nuevo. Pens&oacute; en levantarse y hacerse la cena, pero solo lo pens&oacute;. Hac&iacute;a demasiado fr&iacute;o.<\/p>\n<p>La tos y las l&aacute;grimas le recordaron que, lejos de esos mundos de fantas&iacute;a que solo su l&aacute;piz consegu&iacute;a trasladar imperfectamente al mundo real, segu&iacute;a siendo un ente f&iacute;sico, un ser pat&eacute;ticamente decadente. Un puto viejo que hab&iacute;a dejado de cotizar y que, en consecuencia, se hab&iacute;a convertido en una carga para todos los j&oacute;venes que pensaban que nunca se encontrar&iacute;an en su situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&laquo;Que se vayan todos a la mierda&raquo; -pens&oacute;, con los ojos abrasados por el agua. &Eacute;l ten&iacute;a sus principios, ten&iacute;a sus logros, era mejor que todos ellos. Y, sin embargo, solo de pensar en su absurda rutina (en cocinar, en dibujar, en irse a la cama una y otra vez tras la tit&aacute;nica tarea de salir a hacer la compra), le daban ganas de que todo terminara. Me rindo, Dios, dec&iacute;a. No s&eacute; qu&eacute; te he hecho, y espero que no sea nada personal, pero me rindo. Cerr&oacute; los ojos, sollozando como un beb&eacute;, dej&aacute;ndose llevar por esa oscuridad que no exig&iacute;a nada de &eacute;l para devorarlo, que no le juzgar&iacute;a ni le har&iacute;a sufrir cuando acabara con su existencia.<\/p>\n<p>La luz que respondi&oacute; a su ruego fue tan brillante que tuvo que despegar los p&aacute;rpados, contra todos sus instintos, para poder constatar que exist&iacute;a. Y exist&iacute;a, tal y como &eacute;l la hab&iacute;a concebido. Su pecho lati&oacute; al ritmo de majestuosas trompetas celestiales, anonadado ante la imaginaci&oacute;n que se tornaba en esquizofrenia.<\/p>\n<p>Porque lo que estaba delante de &eacute;l habr&iacute;a sido considerado imposible, aunque &eacute;l estaba seguro de su certeza, porque ning&uacute;n hombre habr&iacute;a podido imaginar algo como eso. Como esas curvas, amplias y maternales, que la toga blanca no pod&iacute;a ocultar. Como esos pechos cuya enormidad a&uacute;n tapada era imposible de ignorar por un viejo que, de puro viejo, se hab&iacute;a vuelto infante de nuevo. Por su pelo radiante y rubio, de una pureza que ninguna mujer real tiene. Por ese rostro de estatua esculpida por cuerpos celestiales en pasional explosi&oacute;n.<\/p>\n<p>Por sus alas, que rodeaban con un halo flam&iacute;gero a esa Ang&eacute;lica que hab&iacute;a imaginado hac&iacute;a tanto tiempo. Ella se acerc&oacute; a &eacute;l, acariciando sus mejillas con un tacto que hizo que la gelidez de su piel desapareciera.<\/p>\n<p>Alz&oacute; su mano tr&eacute;mula hacia ella, cuyos ojos tiernos habr&iacute;an sido anatema del deseo en cualquier otra circunstancia, pero que estaban acompa&ntilde;ados de una belleza angelical que apelaba tanto a los instintos carnales como a los m&aacute;s elevados entendimientos. Hipnotizado, toc&oacute; la mejilla de esa aparici&oacute;n, notando c&oacute;mo dentro de sus calzoncillos reviv&iacute;a algo que cre&iacute;a muerto. Su erecci&oacute;n, pura y viril como la de un adolescente, salud&oacute; a la musa que tanto le hab&iacute;a eludido durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os.<\/p>\n<p>El dibujante intent&oacute; decir algo, pero la voz se resisti&oacute; a escapar de sus labios agrietados y viejos. Ella lo not&oacute;, y tal vez por eso coloc&oacute; un dedo sobre su boca. Luego, se inclin&oacute; sobre &eacute;l, rozando con sus dos paradis&iacute;acas protuberancias el pecho hundido de su creador. Le acarici&oacute; la cara con un cari&ntilde;o que no depend&iacute;a de la visibilidad de sus abdominales o del grosor de su cuenta bancaria, con una empat&iacute;a que no ped&iacute;a nada a cambio.<\/p>\n<p>Sus labios se rozaron con el ardor de dos galaxias copulando, con unos besos breves que parec&iacute;an aterrizar justo cuando los necesitaba. Intercambi&oacute; r&aacute;pidos y furtivos mordiscos con la excelsa criatura, dejando atr&aacute;s cualquier atisbo de duda o de miedo. No se explicaba c&oacute;mo hab&iacute;a aparecido en su habitaci&oacute;n una mu&ntilde;equita como esa, pero sab&iacute;a que esa ser&iacute;a la &uacute;ltima oportunidad de llevarse un recuerdo l&uacute;brico y agradable al otro mundo. Si es que exist&iacute;a tal cosa.<\/p>\n<p>&laquo;A la mierda&raquo; -pens&oacute;, con una boba sonrisa, al ver c&oacute;mo ese rostro se separaba de &eacute;l al besarlo, al notar en ella una respiraci&oacute;n excitada y sentir el palpitar de su sangre divina al tocar su cuello. Agarr&oacute; sus pechos, que no cab&iacute;an en sus manos, y experiment&oacute; un tacto de nube lluviosa en verano, de algod&oacute;n de az&uacute;car en la feria del pueblo. Las apret&oacute; con delicadeza primero, luego con fuerza, gozando de esas dos mamas maravillosas, de una suavidad que le hizo sentirse en el cielo. Tal vez lo estaba.<\/p>\n<p>La mano del &aacute;ngel se pos&oacute; en su estern&oacute;n, oblig&aacute;ndole a retirarse gracias a una fuerza sobrehumana. Por un momento pens&oacute; que lo hac&iacute;a como castigo por haber tocado sus pechos, pero nada m&aacute;s lejos de la realidad: al contrario, aquello parec&iacute;a haberla excitado. Ang&eacute;lica se mordi&oacute; el labio, contemplando a ese mortal cuyo pene recib&iacute;a sus asaltos con un entusiasmo que nunca se ablandaba. Acarici&oacute; su miembro a trav&eacute;s de sus pantalones, con tal destreza que el l&iacute;quido preseminal los manch&oacute; en cuesti&oacute;n de segundos. El artista jade&oacute;, animal, seducido. Su creaci&oacute;n expuls&oacute; una risita que nada ten&iacute;a de perversa, que cay&oacute; sobre &eacute;l como un chorro de agua fr&iacute;a en una boca sedienta. Le baj&oacute; los pantalones y los calzoncillos, dejando al descubierto una polla veterana, pegada a dos cojones en los que la gravedad hab&iacute;a hecho sus estragos. Pero, en ese momento, mientras ella se agachaba para que sus genitales quedaran al nivel de sus ojos, ni la mujer m&aacute;s exigente habr&iacute;a podido ponerle un pero.<\/p>\n<p>Y ella no se lo puso. Por el contrario, sus dos manos n&iacute;veas se cerraron con gentileza en torno a sus g&oacute;nadas, masaje&aacute;ndolas. La criatura sonri&oacute;, sin perder su halo de bondad. Sus alas se movieron, juguetonas, mientras la lengua del &aacute;ngel ascend&iacute;a desde la base de su miembro hasta la punta, una y otra vez. El dibujante gimote&oacute;, aferr&aacute;ndose a las s&aacute;banas para no caerse del placer. Un hilo de baba ca&iacute;a de &eacute;l, el masaje segu&iacute;a estimulando sus zonas er&oacute;genas m&aacute;s ignotas.<\/p>\n<p>-S&iacute;&#8230; s&iacute;, querida, s&iacute;&#8230; te amo&#8230;<\/p>\n<p>Ella volvi&oacute; a re&iacute;r y detuvo los preliminares. Sin retirarse siquiera el cabello, sin usar las manos, se meti&oacute; su polla en la boca, bautiz&aacute;ndola con esa saliva almibarada. Y, luego, abajo. Abajo del todo, como ninguna profesional hab&iacute;a sabido hacer. Y, luego, arriba. Glup, glup, glup. Un ruido que otros llamaban pecaminoso e infernal, pero que &eacute;l no pod&iacute;a sino asimilar al Para&iacute;so del que hab&iacute;a surgido ese ser.<\/p>\n<p>La mamada fue lenta, rom&aacute;ntica, preciosa como un poema torpe escrito por un ni&ntilde;o a su maestra. Cuando lleg&oacute; a su fin, se derram&oacute; dentro de ella con un alarido, expulsando ese semen ya inservible para la vida pero que su organismo ansiaba liberar.<\/p>\n<p>Ang&eacute;lica se retir&oacute;, a&uacute;n sonriente, y juguete&oacute; con ese pene que empezaba a quedarse fl&aacute;cido.<\/p>\n<p>-Espera&#8230; no creo que pueda&#8230;<\/p>\n<p>Le mir&oacute; fijamente con esos ojos de oc&eacute;ano calmado, sin dejar de rozar las venas de su aparato con sus u&ntilde;as. La sensaci&oacute;n que aquello le caus&oacute; fue maravillosa, casi mejor que el sexo oral. Su miembro lati&oacute;, como si su mero contacto pudiera devolverle la vida. Alcanz&oacute; un estado semifl&aacute;cido y, a&uacute;n manchado con su blanca pasi&oacute;n, supo reconocer la belleza que ten&iacute;a delante.<\/p>\n<p>El &aacute;ngel se incorpor&oacute;, batiendo sus alas, y se alz&oacute; como la ornamenta m&aacute;s destacada en su mugriento cuarto. Alz&oacute; el brazo hacia ella, temblando de miedo como un drogadicto que acaba de descubrir que el amor de su vida es la hero&iacute;na.<\/p>\n<p>-Espera&#8230; no te vayas, por favor&#8230;<\/p>\n<p>Ella lo mir&oacute; desde su evidente superioridad, sin arrogancia, sin conmiseraci&oacute;n. Despeg&oacute; sus labios para hablar con un dulce timbre que masturb&oacute; sus t&iacute;mpanos:<\/p>\n<p>-No te voy a abandonar.<\/p>\n<p>Tras decir eso, sucedi&oacute; un milagro. Uno peque&ntilde;o en comparaci&oacute;n con lo que hab&iacute;a visto, uno de tantos, pero un milagro al fin y al cabo. Y es que su toga, sin que ella tuviera que hacer ning&uacute;n movimiento, se dej&oacute; caer al suelo. El artista estuvo a punto de dejarse los ojos en esa figura que la ausencia de ropajes revelaba, y que tantas veces hab&iacute;a dibujado sin saber que podr&iacute;a aparecer ante &eacute;l.<\/p>\n<p>Su figura de reloj de arena, de un reloj blanco de m&aacute;rmol, destacaba sin duda por sus dos pechos. Dos pechos m&aacute;s grandes que su cabeza, pero sin la rigidez artificial de las tetas operadas. Esas dos ubres eran una parte org&aacute;nica de esas carnes rollizas, de un cuerpo perfecto que Rubens se habr&iacute;a muerto por pintar. Sus alas, regias y orgullosas, la hicieron volar hacia &eacute;l. El pene del dibujante reaccion&oacute; del &uacute;nico modo posible, erecto como nunca antes. Habr&iacute;a jurado que ganaba uno o dos cent&iacute;metros, cent&iacute;metros que la ausencia de una mujer como esa le hab&iacute;a negado.<\/p>\n<p>Esa beldad sobrenatural pos&oacute; sus labios vaginales, rosados y tiernos, en su glande. Se frot&oacute; contra &eacute;l, dejando escapar gemidos de pasi&oacute;n que no pod&iacute;an ser falsos, sin llegar a descender sobre el falo que ansiaba empalarla, que hab&iacute;a nacido para ello. Como una pluma remolona que se resiste a aterrizar en el pavimento, el cuerpo angelical de su creaci&oacute;n descendi&oacute;, dejando que el pene de ese pobre mortal se clavara en ella. Y que, despu&eacute;s de unos minutos de espera gloriosa, desapareciera enterrado en su interior.<\/p>\n<p>Entonces, empez&oacute; a botar.<\/p>\n<p>La fricci&oacute;n masaje&oacute; su poste que, cual espada llameante de arc&aacute;ngel, se incrust&oacute; sin problemas en su nuevo hogar. El &aacute;ngel apoy&oacute; sus manos en el pecho de &eacute;l, masaje&aacute;ndole con la suavidad de unas manos que nunca se hab&iacute;an ensuciado en ese mundo. Sus caderas se mov&iacute;an con una cadencia deliciosamente impredecible.<\/p>\n<p>Ese ritmo, al principio lento y dulce, se acab&oacute; tornando en una cabalgata pasional. Los pechos de esa euf&oacute;rica mujer botaban, haci&eacute;ndole babear.<\/p>\n<p>-Ven aqu&iacute;-suplic&oacute;-. Quiero&#8230; quiero tocarlos, por favor&#8230;<\/p>\n<p>Ella obedeci&oacute;, inclinando su tronco sin dejar de moverse. El artista sostuvo esas tetas mientras hac&iacute;a pat&eacute;ticos intentos de embestirla desde abajo. Ansioso, se meti&oacute; sus pezones en la boca, chupando con fruici&oacute;n, pose&iacute;do por el entusiasmo m&aacute;s infantil. Engull&oacute; todo lo que pudo, succionando como si esperara que algo saliera.<\/p>\n<p>Y sali&oacute;.<\/p>\n<p>Aunque se sorprendi&oacute;, no dej&oacute; de chupar cuando la leche escap&oacute; de sus pezones. Se trataba de una leche condensada y dulce, de una calidad mucho mayor a la que podr&iacute;a haber encontrado en una lata. Esa ambros&iacute;a se desliz&oacute; por su garganta, d&aacute;ndole energ&iacute;as renovadas. La abraz&oacute;, rozando sus alas, mientras los dos aumentaban el ritmo. El artista gru&ntilde;&oacute;, Ang&eacute;lica gimi&oacute;. Se miraron a los ojos, compartiendo un momento de conexi&oacute;n que solo pod&iacute;a existir entre dos seres que se hab&iacute;an creado el uno al otro. Azot&oacute; sus nalgas, tan enormes como hermosas.<\/p>\n<p>Llegaron a su cl&iacute;max al mismo tiempo. Ang&eacute;lica chill&oacute;, recibiendo gustosa su semilla, soltando sobre su pene unos jugos del sabor de la miel. Se retir&oacute;, revoloteando ligera y sonriente. Su expresi&oacute;n ten&iacute;a la candidez de una primavera que piensa que derrotar&aacute; al invierno para siempre.<\/p>\n<p>Le tendi&oacute; la mano.<\/p>\n<p>-S&iacute;gueme-implor&oacute;, sin perder su compostura. Extendi&oacute; la mano hacia &eacute;l-. Ven conmigo.<\/p>\n<p>El historietista permaneci&oacute; tumbado, entre resuellos de la m&aacute;s variada &iacute;ndole, pero que denotaban un entusiasmo que se impuso al cansancio.<\/p>\n<p>-&iquest;A d&oacute;nde me llevar&aacute;s?<\/p>\n<p>El beso en su frente fue ominoso, pero no le import&oacute;.<\/p>\n<p>-A donde nunca tendr&aacute;s que sufrir de nuevo.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a lo que quer&iacute;a decir. No era tonto, y se hab&iacute;a labrado una carrera atendiendo a los simbolismos. Quiz&aacute;s en su juventud habr&iacute;a rechazado su oferta, alegando un deber hacia el arte o la historieta, pero hab&iacute;a cumplido con ese deber hac&iacute;a mucho. Por eso, sin mirar atr&aacute;s, se dej&oacute; llevar de la mano, ascendiendo con unos ojos llorosos de j&uacute;bilo.<\/p>\n<p>Por delante de ellos se abr&iacute;a una escalera hecha de nubes.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Durante el &uacute;ltimo evento del c&oacute;mic espa&ntilde;ol, hubo una gran cantidad de actos y exposiciones. Entre los concursos de disfraces y las firmas de libros hubo una de ellas que pas&oacute; relativamente desapercibida, pero que logr&oacute; arrancarle una l&aacute;grima a m&aacute;s de un visitante.<\/p>\n<p>Se trataba de los &uacute;ltimos bocetos de un olvidado artista, expuestos despu&eacute;s de una repentina muerte por infarto atribuida a los efectos secundarios de la viagra que hab&iacute;an encontrado en su organismo. Independientemente de las tr&aacute;gicas circunstancias de esos dibujos, estos eran excepcionales para un hombre de m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os. Los pechos de Ang&eacute;lica eran firmes y realistas, esa sonrisa era excepcional, las manos eran la envidia de cualquier artista primerizo que se limita a calcar.<\/p>\n<p>Pero lo m&aacute;s llamativo de todo eran las alas. Unas alas que parec&iacute;an escapar del papel, volando con una libertad que solo da la inexistencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Lo peor eran las alas. A&uacute;n a su avanzada edad, se defend&iacute;a razonablemente bien con esas manos y esos dedos que a otros dibujantes le resultaban tan complicados de plasmar en el papel. Sus pechos eran generosos, no solo en su desproporcionado tama&ntilde;o sino tambi&eacute;n en el esfuerzo que supon&iacute;an: esos dos c&iacute;rculos, o [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":27441,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":{"0":"post-44504","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-fantasias-eroticas"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44504","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/27441"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44504"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44504\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44504"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44504"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44504"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}