{"id":44635,"date":"2024-02-11T23:00:00","date_gmt":"2024-02-11T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-02-11T23:00:00","modified_gmt":"2024-02-11T23:00:00","slug":"la-cinta-roja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-cinta-roja\/","title":{"rendered":"La cinta roja"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44635\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hab&iacute;a pensado en hacerle algo especial. El formato de sexo de Pier lo hab&iacute;a interiorizado y me encantaba. Las circunstancias no permitieron que nos junt&aacute;semos ya que cuando nos conocimos yo trabajaba en un club nocturno y el acompa&ntilde;aba a mujeres muy mayores. Lo suyo fue muy temporal y dej&oacute; de &ldquo;escoltarlas&rdquo; al poco de conocernos, pero yo necesitaba todav&iacute;a varios meses para ahorrar.<\/p>\n<p>Estuve al borde de la tentaci&oacute;n de pedirle que me esperara, pero no fui capaz porque esos meses de espera hubiesen sido muy duros para un joven de veintitr&eacute;s a&ntilde;os. La esperanza era que cuando abandonase aquella vida pudiese pedirle comenzar una relaci&oacute;n, con un chico como &eacute;l que me hubiese respetado y al cual no le ten&iacute;a que esconder mi pasado, ni &eacute;l a m&iacute; el suyo.<\/p>\n<p>Fue un golpe muy duro cuando a las semanas me dijo que ya hab&iacute;a una chica en su vida. Lo &uacute;nico positivo fue que pude dejar aquella vida y tambi&eacute;n encontr&eacute; pareja. Se dej&oacute; con su novia, y a pesar de que nos encontr&aacute;bamos rechaz&oacute; mi ofrecimiento de dejar a mi pareja y emprender juntos el viaje de la vida<\/p>\n<p>Nuestro funcionamiento o entendimiento en la cama era pleno. Compart&iacute;amos y compartimos los mismos gustos. Somos amantes del Kama Sutra y de Pier aprend&iacute; a hacer las ataduras en la cama y disfrutar de ellas. Eso s&iacute;, guardando el m&aacute;ximo cuidado de no hacernos se&ntilde;ales y mi obsesi&oacute;n siempre ha sido darle el mayor placer ya que ha compartido esa misma obsesi&oacute;n hacia m&iacute;. Nuestro problema es que somos personas que hacemos mucho ruido y se nos escucha en las otras habitaciones.<\/p>\n<p>A &eacute;l le da verg&uuml;enza, pero no lo puede evitar, tiene un orgasmo tan potente como el que pueda tener una mujer. Tiene ese complejo hasta el punto que las primeras veces que lo hicimos se avergonzaba hasta casi llorar. Conmigo super&oacute; esa verg&uuml;enza ya que adem&aacute;s verle as&iacute; me hace sentirme m&aacute;s mujer y me arrastra al orgasmo.<\/p>\n<p>Quise hacerle algo especial y aunque estoy acostumbrada a atarle, quer&iacute;a darle m&aacute;s placer, solo su placer para que me arrastrase al m&iacute;o. Esta vez le at&eacute; los brazos en forma de cruz, pero le dej&eacute; libres las piernas porque le gusta moverlas. La segunda atadura a la cama fue en la cintura, para asegurarme de que no podr&iacute;a moverse. Ten&iacute;a la cabeza sobre la almohada, y la tercera atadura fue al cuello, para que no lo pusiese mover ni siquiera besarme. Esperaba que le hiciese alguna travesura, pero se confundi&oacute;. Lo que quer&iacute;a era pas&aacute;rmelo por la piedra, todo el placer para &eacute;l sin dejarle moverse. Empoderarme, convertirme en Andr&oacute;maca dominante. Le tap&eacute; los ojos para que no se diese cuenta que hab&iacute;a activado por detr&aacute;s de la almohada una grabadora y le descubr&iacute; los ojos. Qued&oacute; sin saber que se estaba grabando, mi travesura.<\/p>\n<p>Comenc&eacute; con su pene en mi boca hasta que me pidi&oacute; que parase. Sub&iacute; por su pecho hasta que nada separ&oacute; a mi sexo y su boca, sintiendo su lengua en mi interior y con su movimiento circular en mi cl&iacute;toris, hasta que me vi cerca del orgasmo llena de humedad y casi desesperada, me notaba totalmente abierta. Descend&iacute;, y le descubr&iacute; el glande para abrasarle con mi calor desde el primer momento. As&iacute; sucedi&oacute; por la intensidad de su rostro al montar sobre &eacute;l. Nada fren&oacute; porque yo lo ten&iacute;a muy abierto y el pene, que no es precisamente peque&ntilde;o, entr&oacute; hasta el fondo sin ning&uacute;n obst&aacute;culo.<\/p>\n<p>Varias veces not&eacute; el gesto de querer moverse para acompa&ntilde;arme en ritmo, pero le hab&iacute;a dado caza como la ara&ntilde;a a su presa. Tampoco sirvi&oacute; su intento de abrazarme o de tocar y comer mis pechos. La ara&ntilde;a le ten&iacute;a sujeto, preso. Not&eacute; su excitaci&oacute;n al ensancharse su pene dentro de m&iacute;. Una excitaci&oacute;n bestial que reforc&eacute; cuando me inclin&eacute; para que mis pechos tocasen su pecho y besarle. Pero besarle no cuando &eacute;l quer&iacute;a, sino cuando yo quer&iacute;a. La ara&ntilde;a se com&iacute;a a su presa.<\/p>\n<p>Empec&eacute; a escuchar sus jadeos, c&oacute;mo crec&iacute;an en intensidad. Yo sab&iacute;a que gem&iacute;a pero solo intentaba escucharle a &eacute;l, me excitaba y me destrozaba. Me notaba cada vez m&aacute;s h&uacute;meda. Los jadeos y gemidos se elevaban, deb&iacute;an hacer temblar las paredes. Su respiraci&oacute;n que ya me destrozaba y me hac&iacute;a arder se empez&oacute; a convertir en frases y palabras, unas muy cari&ntilde;osas y otras verdaderas groser&iacute;as, estado al que cuando llega pierde el control hasta el punto de que no sabe lo que dice y luego no lo recuerda. Tanto que una vez le dije sin darle importancia que me hab&iacute;a llamado puta y en cambio se puso a llorar y a pedirme perd&oacute;n. Esta vez le ten&iacute;a atrapado, no solo a &eacute;l sino tambi&eacute;n lo que dec&iacute;a, en aquella grabadora roja a la que ahora llamo la cinta roja. Y sin ser consciente yo tambi&eacute;n estaba en camino de quedar atrapada en aquella peque&ntilde;a grabadora.<\/p>\n<p>Cuando empieza a decir esas frases y susurros s&eacute; que emprende su camino hacia el orgasmo. Y acompaso mi ritmo. Cuando not&eacute; su orgasmo me excit&eacute; m&aacute;s, ya estaba desesperada, y le acompa&ntilde;&eacute; con el m&iacute;o. Me pos&eacute; a su lado e hice una cosa que es la que indica cuando Pier lo ha pasado en grande, que le he llevado a lo m&aacute;ximo, observ&eacute; su cara. Estaba rojita y brillante, con los ojos cerrados y una sonrisa como la de cuando un ni&ntilde;o sue&ntilde;a con algo que le gusta mucho. Me lo hab&iacute;a pasado por la piedra, me sent&iacute;a fuerte, mujer, empoderada. Se qued&oacute; varios minutos con los ojos cerrados con la respiraci&oacute;n entrecortada como si todav&iacute;a se proyectase su orgasmo, as&iacute; que aprovech&eacute; para parar la grabadora y le quit&eacute; todas la ataduras. Descansamos y dormimos un rato.<\/p>\n<p>Tras una ducha le cog&iacute; de la mano y le llev&eacute; a la cama de vuelta. Le mostr&eacute; la grabadora y puse en marcha la grabaci&oacute;n. Nos mir&aacute;bamos fijamente, y cuando empezamos a escuchar nuestros jadeos y gemidos not&eacute; como se hac&iacute;a muy intensa su respiraci&oacute;n y a m&iacute; me entr&oacute; un escalofr&iacute;o de placer. Se me volv&iacute;a a humedecer mi sexo y su pene estaba erecto como nunca. Ten&iacute;a ganas de ser penetrada pero no fue necesario hacerle un gesto, me tumb&oacute; coloc&aacute;ndose sobre m&iacute; penetr&aacute;ndome otra vez sin encontrar obst&aacute;culos. Solo hab&iacute;a entrado y estaba a punto de correrme y not&eacute; que tambi&eacute;n hac&iacute;a un esfuerzo atroz e inhumano por no correrse. La cinta roja nos atormentaba y se mezclaban los jadeos y gemidos de la grabaci&oacute;n con los que est&aacute;bamos haciendo. Fue muy poco tiempo el que tardamos en alcanzar un orgasmo que me dej&oacute; casi sin sentido y desorientada, y al como inm&oacute;vil y pensativo quince minutos. Como me vi recuperada, aunque me temblaba todo el cuerpo fui hasta el ordenador y copi&eacute; la grabaci&oacute;n para que no se perdiese. La cinta nos hab&iacute;a vencido, no la hab&iacute;amos aguantado. Ni Pier ni yo.<\/p>\n<p>Durante a&ntilde;os la cinta roja convivi&oacute; con nuestra sexualidad. A veces nos atrev&iacute;amos a ponerla cuando nos encontr&aacute;bamos. Empezamos a aguantar un poco m&aacute;s haci&eacute;ndolo con la cinta m&aacute;s que aquella primera vez, pero nunca fuimos capaces de vencerla, nunca hemos podido completar a escuchar la grabaci&oacute;n, siempre terminando antes. Aquella cinta roja surgi&oacute; de una noche especial de un momento concreto, surgi&oacute; de aquellos minutos en que nos sentimos dioses o h&eacute;roes, como Andr&oacute;maca y H&eacute;ctor. La cinta roja es un objeto de dioses, y nosotros solo somos un hombre y una mujer. Por eso siempre nos ha vencido y torturado, como una maldici&oacute;n.<\/p>\n<p>Mientras escribo estas letras tengo delante la cinta roja y como no puede ser menos la observo y me excito. Aprovecho estas letras para confesar a Pier lo que hago casi todos los d&iacute;as, ya que es mucho lo que pienso en &eacute;l y en aquella noche. Me desnudo y me tumbo en la cama, activo la cinta roja y la llevo al minuto en el que le escucho jadear y a mi gemir. Empiezo a acariciarme los pechos, pensando que es el quien me los acaricia. Y luego bajo la mano hasta mis partes m&aacute;s &iacute;ntimas que escuchando la cinta ya est&aacute;n totalmente h&uacute;medas. Introduzco los dedos, imagino los suyos y su lengua en mi cl&iacute;toris. Sus jadeos y sus palabras en la cinta me abrasan e imagino como me penetra. Todo se acelera, va muy r&aacute;pido y vuelvo a culminar con un orgasmo. Me quedo mirando la cinta, me tiembla la mano porque quiero llamarle, que me vuelva a visitar, pero no me atrevo porque siento que me rechazar&aacute;. Una verdadera maldici&oacute;n la cinta, la m&aacute;s bonita de las maldiciones, mi objeto preferido, mi fetiche.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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