{"id":44742,"date":"2024-02-27T23:00:00","date_gmt":"2024-02-27T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-02-27T23:00:00","modified_gmt":"2024-02-27T23:00:00","slug":"el-ladron-de-neumo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-ladron-de-neumo\/","title":{"rendered":"El ladr\u00f3n de Neumo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44742\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">4<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ocurri&oacute; un martes a la noche, el fr&iacute;o normal a mitad de invierno se hac&iacute;a sentir y el viento intenso acentuaba la sensaci&oacute;n del bienestar hogare&ntilde;o. Neumo era un barrio tranquilo a las afueras de un estado que rara vez ve&iacute;a actuar a las fuerzas del orden, salvo alg&uacute;n accidente de tr&aacute;nsito no poseo memoria de haberlos encontrado actuando, tambi&eacute;n por eso elegimos vivir ah&iacute;, y por la cercan&iacute;a a la f&aacute;brica de ensamblado automotriz donde trabaj&aacute;bamos Paula y yo.<\/p>\n<p>Ella ten&iacute;a 27 a&ntilde;os y yo 31 en el desafortunado d&iacute;a del acontecimiento y hacia 5 meses que viv&iacute;amos en esa casa grande, antigua de techo de teja y estufa amplia que decoraba el comedor. Era un d&iacute;a m&aacute;s a pesar del clima embravecido de exterior, la le&ntilde;a crepitaba encendida en la estufa cuando nos fuimos a acostar a orillas de las 22 horas. Paula le&iacute;a una biograf&iacute;a no autorizada y yo trataba de encontrar un cap&iacute;tulo de los Simpson cuando Zeus (nuestro perro) comenz&oacute; con un ladrido insistente.<\/p>\n<p>-Te dije que era mejor entrarlo. Avis&oacute; mi mujer algo molesta. No le prest&eacute; atenci&oacute;n y contin&uacute;e cambiando la tv de canal. El can sigui&oacute; porfiado y agot&oacute; mi paciencia.<\/p>\n<p>-A que le ladrar&aacute; ?&#8230; pregunte saliendo de la cama.<\/p>\n<p>-Seguro que a una comadreja o un gato. Dijo mi polilla pasando la p&aacute;gina.<\/p>\n<p>As&iacute; que sal&iacute; a ver porque tanto esc&aacute;ndalo, baj&eacute; las escaleras puse un tronco m&aacute;s al pasar por la estufa y sal&iacute; apresurado para ver al barbilla enloquecido con la soga estirada ense&ntilde;ando sus colmillos al &aacute;lamo que se mec&iacute;a con fuerza, entre la niebla espesa. A unos veinte metros se hamacaba el coloso entre el fr&iacute;o y la l&uacute;gubre visi&oacute;n, Zues se aplaco y la curiosidad hizo que fuera a corroborar que era lo que inquietaba al animal. Un golpe seco y fuerte me llev&oacute; al suelo de repente y me encontr&eacute; mirando desde abajo a tipo pardo y con una careta de de payaso.<\/p>\n<p>Totalmente aturdido intente ponerme de pie, y otro golpe aterriz&oacute; mi humanidad. El acero de un cuchillo se pos&oacute; en mi garganta y una voz de ultra tumba reson&oacute; en mi cabeza.<\/p>\n<p>-Lev&aacute;ntate, despacio. Y vamos a casa. Sugiri&oacute; el extra&ntilde;o de manera convincente. El err&aacute;tico vaiv&eacute;n de mis pasos llevaron al sujeto dentro de mi casa. Zeus llor&oacute; cuando pasamos cerca como presintiendo lo que vendr&iacute;a.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Cuantos hay? Retumb&oacute; la voz dentro de la m&aacute;scara.<\/p>\n<p>-Dos, mi esposa y yo. Ll&eacute;vese lo que quiera&#8230; supliqu&eacute;.<\/p>\n<p>Momentos m&aacute;s tardes llegamos a la habitaci&oacute;n, Paula qued&oacute; petrificada. Sus ojos turquesa saltaron de las gafas y la boca tembl&oacute; cortando un grito aterrador, el libro vol&oacute; por los aires y de un salto se puso en pie. Se hab&iacute;a quitado el pantaloncillo de la pijama probablemente para darme mi premio y las bragas lila adornaban su piel a la altura de sus muslos.<\/p>\n<p>El tipo me ato con un precinto las manos a la espalda y los pies y ante las s&uacute;plicas fervientes de mi mujer hizo lo mismo con ella. Luego nos empuj&oacute; a la cama y sali&oacute;.<\/p>\n<p>-No quiero gritos. Me llev&oacute; unas cosas y me voy. Era negro y alto casi un metro noventa, espigado muy atl&eacute;tico. La voz se le distorsionada con la careta, escuchamos sus pasos bajar la escalera a prisa. Ten&iacute;amos mucho miedo, Paula no dejaba de sollozar y fui preso de una total impotencia.<\/p>\n<p>&#8211; que haremos? mira como te dej&oacute;&#8230; dec&iacute;a mi polilla embargada totalmente en desesperaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Tranquila, roba y se va. Le asegure mientras se escuchaba el revoltijo que estaba haciendo abajo.<\/p>\n<p>Cuando pareci&oacute; haberse ido porque no escuch&aacute;bamos m&aacute;s nada, otra vez los pasos anunciaron que escalaba la escalera. Tra&iacute;a una bolsa de tela al hombro, repleta de nuestras pertenencias y se qued&oacute; parado en el marco de nuestra puerta, contempl&aacute;ndonos. Extrajo la faca de entre sus ropas y Paula grito, &eacute;l le dijo que no mostrando su juguete y se dej&oacute; caer en medio de nosotros. Puso su cuchillo helado, debajo de mi oreja y comenz&oacute; a sobarle las nalgas a mi mujer. Cerr&eacute; mis ojos y o&iacute; cuando cort&oacute; el precinto de la piernas de ella, cuatro o cinco minutos despu&eacute;s se par&oacute;, La pija empinada de potente perpetrador reluc&iacute;a cerca de unos de sus muslos y el jogging deportivo delat&oacute; su imponente presencia&#8230;<\/p>\n<p>-Hay dos maneras de hacer esto, dijo quit&aacute;ndose el pantal&oacute;n y el b&oacute;xer de un tir&oacute;n.<\/p>\n<p>-Una es la r&aacute;pida sin gritos ni violencia y la otra es mas salvaje. Ustedes elijen.<\/p>\n<p>La suerte estaba echada. Mi coraz&oacute;n empez&oacute; a cabalgar extasiado y mi esposa no quitaba la vista del tremendo pedazo del afro que lo de ver cuando apag&oacute; la luz. Me tiro de la cama junto con la escaza ropa que le quedaba a Paula.<\/p>\n<p>Los primeros quejidos de mi mujer me avisaron que el payaso hab&iacute;a entrado y poco despu&eacute;s en un arrebatador vaiv&eacute;n de sacudidas la primera eyaculaci&oacute;n del visitante en un venerado grito de gozo. La segunda cogida fue menos intensa pero mucho m&aacute;s larga.<\/p>\n<p>El desgraciado cumpli&oacute; su palabra, y se march&oacute; sin m&aacute;s da&ntilde;o que ya hab&iacute;a hecho. Se llev&oacute; su bolsa repleta de cosas y se llev&oacute; varios polvos de mi mujer, que a juzgar por lo que confes&oacute; mucho m&aacute;s tarde le encantaron, a pesar del miedo en un principio.<\/p>\n<p>Nunca hicimos la denuncia por verg&uuml;enza y de vez en cuando , cuando el perro ladra salimos a ver si hay reincidencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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