{"id":44771,"date":"2024-03-01T23:00:00","date_gmt":"2024-03-01T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-03-01T23:00:00","modified_gmt":"2024-03-01T23:00:00","slug":"de-toreros-y-cornadas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/de-toreros-y-cornadas\/","title":{"rendered":"De toreros y cornadas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"44771\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&ndash;Qu&eacute; puto asco, t&iacute;a.<\/p>\n<p>Ainhoa contemplaba la pantalla de su televisi&oacute;n mesmerizada, sin hacer caso a los comentarios de su novia. Sin embargo, ten&iacute;a raz&oacute;n. La periodista no pod&iacute;a sino recordarse a s&iacute; misma que solo estaba viendo esa corrida para documentarse sobre su siguiente entrevista.<\/p>\n<p>&ndash;Ainhoa, mi amor, &iquest;no puedes decirle que se la encarguen a otro? Es que esta barbaridad no deber&iacute;a ir ni siquiera en la secci&oacute;n de Cultura. T&uacute; te metiste&#8230; pues para escribir sobre pelis de Almod&oacute;var, o sobre novelas de Mar&iacute;a Due&ntilde;as. No sobre esta brutalidad.<\/p>\n<p>Ainhoa sonri&oacute; y acarici&oacute; las rastas de su novia Anisia. La bes&oacute; en la frente, sintiendo sus temblores. Por Dios, qu&eacute; llorica era a veces&#8230; aunque, para ser sincera, eso era lo que le hab&iacute;a hecho enamorarse de ella en la Facultad.<\/p>\n<p>&ndash;Sabes que no puedo hacer eso, Anisia. De las dos, soy la &uacute;nica que tiene un curro fijo, y&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;No me lo tienes que recordar, &iquest;eh?<\/p>\n<p>Acarici&oacute; de nuevo a su pareja, d&aacute;ndole &aacute;nimos, despu&eacute;s de todos los curr&iacute;culums infructuosos y las oportunidades desperdiciadas por su propia pereza.<\/p>\n<p>&ndash;Lo s&eacute;, solo te quiero decir que no puedo permitir que me echen. Si tengo que hacerle una entrevista a un matador de toros, se la hago.<\/p>\n<p>&ndash;Claro, y a Hitler tambi&eacute;n&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;Oye, pues si me dan la oportunidad, despu&eacute;s llevo a N&uacute;remberg al muy cabr&oacute;n, pero seguro que tendr&iacute;a algo interesante que decir.<\/p>\n<p>Su novia le dio un golpe en el hombro, claramente contrariada con esa salida de tono.<\/p>\n<p>&ndash;Joder, para que te burles de m&iacute; de esta forma, me sal&iacute;a m&aacute;s a cuenta seguir con un t&iacute;o&#8230;<\/p>\n<p>Ainhoa solt&oacute; una carcajada y consol&oacute; a su celosa novia mientras miraba de reojo la pantalla. Aquel espect&aacute;culo b&aacute;rbaro, por suerte, llegaba ya a su fin. La bestia hab&iacute;a ca&iacute;do, su conquistador se golpeaba el pecho con un furor guerrero que ni siquiera otros de su profesi&oacute;n sab&iacute;an imitar.<\/p>\n<p>La c&aacute;mara enfocaba al Carajillo, el torero que hab&iacute;a llevado a cabo la faena. Su mand&iacute;bula cuadrada todav&iacute;a se manten&iacute;a tensa, esos ojos verdes y fr&iacute;os parec&iacute;an mantener la tensi&oacute;n. Un moreno vitalista cubr&iacute;a toda su piel, desde su tez cincuentona hasta esas manos callosas que sosten&iacute;an un estoque manchado de sangre. Despu&eacute;s de su explosi&oacute;n de euforia triunfadora, dedic&oacute; a la c&aacute;mara una &uacute;nica sonrisa chula pero respetuosa, casi indiferente, como si le importara poco su vida. Teniendo en cuenta su modo de ganarse el pan, no le extra&ntilde;ar&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;Oye, pero por lo menos pon a este desgraciado en aprietos, &iquest;no? Creo que no le han preguntado nunca por los antitaurinos. Puedes tirar por ah&iacute;. Hacerle sudar, manteni&eacute;ndote neutral.<\/p>\n<p>&ndash;Ay, c&oacute;mo se nota que t&uacute; sacabas m&aacute;s nota que yo en la Facultad&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;Ya, y aun as&iacute; eres t&uacute; la que est&aacute; trabajando de periodista. No es justo, t&iacute;a.<\/p>\n<p>Le acarici&oacute; el cabello, consol&aacute;ndola.<\/p>\n<p>&ndash;Venga, guapa, no te pongas as&iacute;. Ya encontrar&aacute;s algo&#8230; y, si no, bueno&#8230; nos seguimos teniendo la una a la otra&#8230; y puedo demostrarte mi amor siempre que quieras&#8230;<\/p>\n<p>La reportera mordi&oacute; la mejilla de su novia, que la rechaz&oacute; con cierto fastidio.<\/p>\n<p>&ndash;No, hoy no me apetece. Ando cansada.<\/p>\n<p>&ldquo;Siempre andas cansada&rdquo; &ndash;pens&oacute; Ainhoa, pero de nada le servir&iacute;a decirlo. Pasaron el d&iacute;a viendo su podcast favorito sobre veganismo y haciendo un tofu algo desagradable para cenar.<\/p>\n<p>Cuando Ainhoa se meti&oacute; en la cama y cerr&oacute; los ojos, no vio a su novia, ni a su perro, no tampoco el retrato de Frida Kahlo que ten&iacute;a colgado en la pared. En la oscuridad, esos ojos de tequila barato parec&iacute;an fulminarla.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>La arena se le met&iacute;a a Ainhoa en el co&ntilde;o, su desnudez se asaba bajo el sol. Se sent&iacute;a observada, se sent&iacute;a vigilada. Las risas. Ah&iacute; estaban las risas de todas las chicas que se hab&iacute;an metido con ella por su condici&oacute;n, por su peso, por todas las taras que hab&iacute;a ido acumulando a lo largo de una vida de inseguridades.<\/p>\n<p>En su piel aparecieron heridas sangrientas de saetas, heridas como orgasmos, orgasmos como heridas.<\/p>\n<p>Despert&oacute; sudando, respirando entrecortadamente.<\/p>\n<p>Gru&ntilde;&oacute;, y tuvo que hacer un esfuerzo may&uacute;sculo para no golpear la cama en la que su novia segu&iacute;a durmiendo el sue&ntilde;o de los perezosos. Cuando no follaba, siempre ten&iacute;a pesadillas.<\/p>\n<p>Apag&oacute; el despertador y se prepar&oacute; para la entrevista: vestido corto con un estampado de margaritas, ahora que ven&iacute;a el verano. Su pelo rizado y casta&ntilde;o, recogido en una coleta. Se coloc&oacute; sus gafas redondas, deseando poder rendirse a ese miop&iacute;a relajada con la que miraba el mundo cuando no hab&iacute;a nada que hacer. Pero hab&iacute;a que reconocer que se miraba bonita en el espejo&#8230; aunque, pese a todos sus art&iacute;culos sobre positividad corporal, tambi&eacute;n hab&iacute;a que admitir que habr&iacute;a estado m&aacute;s bonita con diez o quince kilos menos.<\/p>\n<p>Sonri&oacute;, p&iacute;cara, y se agarr&oacute; las tetas delante del espejo. Eso tambi&eacute;n ten&iacute;a sus ventajas.<\/p>\n<p>Abandon&oacute; la casa y cogi&oacute; el coche. Recorri&oacute; en &eacute;l las calles de Sevilla con una mirada de forastera enamorada, ignorando el reloj y el calendario mientras se perd&iacute;a en sus rincones. Tambi&eacute;n, para qu&eacute; negarlo, centrarse en las esquinas de tan bella ciudad era un modo de postergar el encuentro con aquel profesador de una barbarie que llevaba denunciando m&aacute;s de una d&eacute;cada en sus redes sociales, de retrasar la enunciaci&oacute;n de unas preguntas que no sent&iacute;a como suyas ni podr&iacute;a formular adecuadamente.<\/p>\n<p>&ldquo;En fin, as&iacute; es la vida. Un curro es un curro&rdquo;.<\/p>\n<p>Ver la casa de aquel torero no ayudaba en nada. Su superficie blanca e imponente la empeque&ntilde;ec&iacute;a desde una altura se&ntilde;orial, su pulcritud sencilla era m&aacute;s apabullante que el barroquismo de cualquier mansi&oacute;n. Tuvo que llamar por el telefonillo desde detr&aacute;s de la valla para recordar que no estaba en el siglo XIX, y para ser recibida por una anacr&oacute;nica modernidad.<\/p>\n<p>&ndash;Buenos d&iacute;as &ndash;salud&oacute; una voz grave y tranquila desde el otro lado&ndash;. &nbsp;Supongo que viene por la entrevista, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>Ella cruz&oacute; los dedos, encomend&aacute;ndose a sus influencers de autocuidados favoritos para poder hacer frente a ese mal trago. Al menos, era un t&iacute;o educado: poca gente hablaba con tanto detenimiento por el contestador.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, soy yo, Andrea Riveiro. &iquest;Puedo&#8230; puedo entrar?<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, por supuesto.<\/p>\n<p>Pr&aacute;cticamente al segundo, se oy&oacute; el timbre, que le permiti&oacute; entrar al patio. All&iacute;, una figura alta y altiva atravesaba el umbral de la puerta.<\/p>\n<p>Estaba vestido con un sobrio traje negro y una camisa cuyos botones desatados permit&iacute;an apreciar un pecho peludo y viril. Su pelo engominado ya peinaba algunas canas, pero a juzgar por la sonrisa chulesca de su rostro duro y moreno, poco le importaba. Costaba creer que ese hombre tan seguro de s&iacute; mismo fuera el mismo energ&uacute;meno al que hab&iacute;a visto acabando con la vida de otro mam&iacute;fero.<\/p>\n<p>&ndash;Buenos d&iacute;as &ndash;salud&oacute; el matador de toros, d&aacute;ndole dos besos. Ol&iacute;a a desodorante y var&oacute;n Dandy&ndash;. Andrea Riveiro, &iquest;verdad? Est&aacute; usted m&aacute;s guapa a&uacute;n que en las fotos.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias &ndash;contest&oacute; ella, con la sonrisita tonta que esbozaba siempre que ten&iacute;a miedo.<\/p>\n<p>&ndash;Perfecto. Entremos. Por cierto, me encant&oacute; su art&iacute;culo sobre Vicente Aleixandre. Es uno de mis poetas favoritos, pero rara vez se le hace justicia.<\/p>\n<p>Not&oacute; que, mientras cerraba la puerta, le miraba el escote de forma disimulada. Sin embargo, aquello que normalmente habr&iacute;a suscitado asco y tal vez incluso alguna respuesta verbal, no le import&oacute; demasiado. Supuso que se deb&iacute;a a lo cansada que estaba de discutir con su novia, como para ponerse a discutir con desconocidos.<\/p>\n<p>La guio por el recibidor, en el que un cartel taurino marcaba la pauta para el resto de la casa, hasta una habitaci&oacute;n que parec&iacute;a un estudio.<\/p>\n<p>&ndash;Si quiere tomar fotos, adelante.<\/p>\n<p>Lo hizo, claro: c&oacute;mo perderse esa oportunidad de a&ntilde;adir a su portafolio esos cuernos de toro colgados en la pared, ese cartel taurino que tanto le hab&iacute;a llamado la atenci&oacute;n, la inesperadamente amplia biblioteca. Se sorprendi&oacute; de que, entre libros sobre toreo y, con la presencia prominente de Sangre y arena de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, hubiera una gran cantidad de novelas y ensayos de gran calado que, por la novedad de sus ediciones, no parec&iacute;an heredadas de alg&uacute;n familiar m&aacute;s culto que &eacute;l. Se pregunt&oacute; c&oacute;mo un hombre de letras, un hombre que hab&iacute;a visto mundo y hab&iacute;a tenido oportunidades, se hab&iacute;a dedicado a esa forma de entretenimiento tan s&aacute;dica.<\/p>\n<p>&ndash;Bueno, creo que ya estamos listos. Para le entrevista, quiero decir.<\/p>\n<p>La risita del torero le hizo morderse los labios instintivamente. La guio hasta las dos sillas de la mesa del comedor, donde se sentaron. Le tom&oacute; algunas fotos m&aacute;s, enfocando a su pecho mientras &eacute;l se deleitaba en el de ella. Y, entonces, dio comienzo a la entrevista.<\/p>\n<p>Empez&oacute; con preguntas inocentes sobre su carrera y sobre sus perspectivas de futuro, con alguna que otra pregunta personal para que estuviera relajado. Contest&oacute; de manera sucinta, con una actitud positiva que no hab&iacute;a esperado en un asesino. Y, aun as&iacute;, hab&iacute;a cierta perversidad en esas sonrisas y en el brillo p&iacute;caro de sus ojos. Como si estuviera delante de un toro manso. Domesticado, s&iacute;, pero con m&aacute;s de media tonelada de puro potencial destructor.<\/p>\n<p>Por supuesto, la pregunta ten&iacute;a que salir.<\/p>\n<p>&ndash;La tauromaquia est&aacute; en crisis. Se est&aacute; prohibiendo en algunas comunidades y pa&iacute;ses, el p&uacute;blico decrece, hay pol&eacute;mica&#8230; &iquest;es el fin?<\/p>\n<p>El Carajillo chasque&oacute; la lengua, movi&oacute; sus pupilas hacia arriba con tanta fuerza como sus estocadas. Sin duda, estar&iacute;a harto de la preguntita de marras.<\/p>\n<p>&ndash;Bueno, esto es como los propios toros, &iquest;no? A veces, las pobres bestias se rinden cuando les clavan muchas banderillas, y casi no tiene m&eacute;rito acabar con ellas de la sangre que han perdido. Pero, a veces, un toro bravo se revuelve contra la muerte. Es su momento de gloria en el que sus cuernos son como dos guillotinas y en el que te puede llevar por encima casi sin propon&eacute;rselo. Con nosotros, igual: cuanto m&aacute;s nos ataquen, m&aacute;s reivindicaremos nuestra forma de vida. Y yo cada vez veo a m&aacute;s j&oacute;venes en las plazas, seguramente por la tabarra que sus padres les habr&aacute;n estado dando con lo malos que son los toros. La juventud es rebelde y el toreo es vanguardia de nuevo, aunque a algunos no les guste.<\/p>\n<p>Quiso vomitar con la respuesta, pero se limit&oacute; a pensar en su contraataque.<\/p>\n<p>&ndash;Ha hablado de los pobres animales. &iquest;Usted siente l&aacute;stima por los toros?<\/p>\n<p>Pareci&oacute; casi ofendido por la pregunta, aunque esa ofensa se sald&oacute; solo con una sonrisa fiera.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Yo? Claro que s&iacute;. Yo respeto mucho al toro y, por eso, nunca lo hago sufrir innecesariamente.<\/p>\n<p>&ndash;Un animalista dir&iacute;a que, aun as&iacute;, lo mata&#8230;<\/p>\n<p>El Carajillo enarc&oacute; una ceja, disfrutando de su incomodidad.<\/p>\n<p>&ndash;Ya, igual que un animal mata a otros animales o un herb&iacute;voro se come las plantas. Y no solo por sobrevivir: los animales se matan para competir por las hembras, para defender a sus cr&iacute;as&#8230; y, s&iacute;, por diversi&oacute;n. El toreo, amiga m&iacute;a, es una ritualizaci&oacute;n de todos los instintos que es mejor dejar a un lado para vivir entre nosotros. Igual que el boxeo o las artes marciales, permite que la gente desahogue su lado s&aacute;dico sin peligro para terceros. Aunque a algunos les parezca cruel, es necesario.<\/p>\n<p>Estaba en completo desacuerdo con eso, pero asinti&oacute; como una tonta. Ver a alguien defender algo con tanta pasi&oacute;n era indeciblemente atractivo.<\/p>\n<p>&ldquo;Venga, Ainhoa, no pierdas las bragas. Es un puto asesino&rdquo;.<\/p>\n<p>Pero un puto asesino al que apuntaba con sus rodillas con la actitud sumisa de una colegiala.<\/p>\n<p>Cuando la entrevista termin&oacute;, el bravo sac&oacute; una botella de vino.<\/p>\n<p>&ndash;Ha sido una charla muy fruct&iacute;fera. Por favor, tome al menos una copa de esta botella. Es un licor muy bueno, y usted se lo merece.<\/p>\n<p>Ainhoa acept&oacute; con gusto: despu&eacute;s de haber estado recortando gastos durante meses por culpa de la vaga de Anisia, estaba bien darse un lujo como ese. El primer trago hizo que se le encendieran las mejillas.<\/p>\n<p>Hablaron de sus respectivas carreras, y descubri&oacute; en ese matador a un ser galante, sensible a su manera como un pintor. Los cuadros de su estudio, obras de car&aacute;cter figurativo frente a las birrias abstractas de los que solo compraban pinturas para ostentarlas, eran la prueba fehaciente de que le importaba el arte.<\/p>\n<p>&ndash;Entonces, sea sincera. &iquest;Es usted antitaurina?<\/p>\n<p>Le peg&oacute; un respingo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; lo dice?<\/p>\n<p>&ndash;Porque tengo dos ojos y dos orejas, y he visto lo inc&oacute;moda que estaba.<\/p>\n<p>&ndash;Pues&#8230; pues s&iacute;, soy antitaurina. Espero que no se ofenda.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;No, no, por supuesto! Estoy m&aacute;s que acostumbrado. De hecho, ha hecho usted una entrevista magn&iacute;fica pese a su animadversi&oacute;n a los toros.<\/p>\n<p>&ndash;A los toros no &ndash;corrigi&oacute;, sonriente, mientras ese hombre se acercaba a ella. Su sudor se le meti&oacute; en la nariz, su pecho se desboc&oacute;&ndash;. A la tauromaquia.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ja! Bien llevado, sin duda. Pero, en fin, parece usted una mujer culta y con las ideas en su sitio&#8230; y, bueno, dos personas con pensamientos distintos se pueden entender&#8230;<\/p>\n<p>La cogi&oacute; de la barbilla con delicadeza y, d&aacute;ndole tiempo a reaccionar, pos&oacute; un encendido beso sobre sus labios. Ella se dej&oacute; besar, tens&oacute; sus manos, sinti&oacute; c&oacute;mo el mundo se le ven&iacute;a encima y c&oacute;mo, despu&eacute;s de tanto tiempo sin gozar de un cuerpo ajeno, volv&iacute;a a girar.<\/p>\n<p>Se retir&oacute;, colorada.<\/p>\n<p>&ndash;Oiga, yo&#8230; tengo novia.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;S&iacute;? No parece haberle importado mucho.<\/p>\n<p>Y, sin dejar de sonre&iacute;r, la bes&oacute; de nuevo. Y Ainhoa sinti&oacute; el feminismo disolverse en la humedad de su entrepierna, que ese apuesto carnicero acariciaba ya con sus dedos.<\/p>\n<p>Sinti&oacute; un escalofr&iacute;o delicioso. Era acoso, era una agresi&oacute;n, pero&#8230; pero, joder, c&oacute;mo le pon&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;Oiga, por favor&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute;?<\/p>\n<p>&ndash;Yo&#8230; yo nunca he estado con ning&uacute;n hombre&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;Una pena, una chica tan guapa como usted&#8230; qu&eacute; desperdicio&#8230;<\/p>\n<p>&Eacute;l guio su mano hasta ese bulto que sobresal&iacute;a en su pantal&oacute;n, ese bulto que tanto se marcaba en las mallas y que tantos esc&aacute;ndalos de la prensa del coraz&oacute;n hab&iacute;a protagonizado. Era grande y duro, pero con un tacto m&aacute;s caliente que el consolador que su pareja se met&iacute;a a veces en las piernas como pat&eacute;tico suced&aacute;neo de la carne real. De la carne que, ahora se daba cuenta, llevaba echando de menos toda su vida.<\/p>\n<p>&ndash;Nadie&#8230; nadie se puede enterar&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;Por supuesto. Ya hace tiempo que me puse firme con los paparazzi.<\/p>\n<p>Ella asinti&oacute;, dejando que esa mano firme acostumbrada a matar la agarrara de una de sus generosas nalgas. &Eacute;l la guio hasta el sof&aacute; con calma, tumb&aacute;ndola. En ese momento, supo que estaba a&uacute;n a punto de salir corriendo cual vaquilla asustada. Pero, en su lugar, esboz&oacute; una sonrisa y se agarr&oacute; las ubres, comprobando risue&ntilde;a que ese animal se volv&iacute;a loco con ellas.<\/p>\n<p>Entre los dos le quitaron el vestido, dej&aacute;ndola en ropa interior. Las tetas se le sal&iacute;an del sujetador, sus jadeos eran ya notorios.<\/p>\n<p>&ndash;Qu&eacute; guapa eres&#8230;<\/p>\n<p>El torero lami&oacute; sus pezones tras retirarle el sujetador. Su habilidad con la lengua no era tan precisa como la de su novia, pero hab&iacute;a una pasi&oacute;n que a esta le hab&iacute;a faltado desde hac&iacute;a tiempo. El Carajillo, que seguramente quedaba con mujeres distintas todas las semanas, acud&iacute;a de todos modos a sus pechos como si fueran un delicioso man&aacute;, como si los necesitara para vivir. Y Ainhoa gozaba como una perra de esa devoci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;As&iacute;, joder, as&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>Goz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s cuando sinti&oacute; el aliento del matador en su ombligo, cuando sus mordiscos fueron descendiendo hasta sus amplios muslos.<\/p>\n<p>Retir&oacute; las braguitas de corazones como quien retira algo sagrado, con la misma reverencia y el mismo entusiasmo imp&uacute;dico. Sin perder un segundo, enterr&oacute; la lengua en el hoyo agradecido de una mujer que no hab&iacute;a sido estimulada en mucho tiempo. Y esta respondi&oacute; como era preceptivo responder, con un gru&ntilde;ido gutural de agradecimiento.<\/p>\n<p>Esa mamada de co&ntilde;o fue breve y r&aacute;pida, feroz y tempestuosa. El torero hizo una demostraci&oacute;n de destreza dibujando c&iacute;rculos en su cl&iacute;toris, haciendo que tuviera que agarrarse al sof&aacute; para contener su furor y no caerse al suelo.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;&#8230; s&iacute;, por favor, no pares, no vayas a parar&#8230; por Dios&#8230;<\/p>\n<p>Hac&iacute;a mucho que no invocaba el nombre del Alt&iacute;simo con tanta fuerza, tal vez desde que hab&iacute;a declarado a sus padres que no har&iacute;a la confirmaci&oacute;n. En ese momento, moviendo las caderas de forma tan potente y entusiasta, no pudo sino agradecer a Dios el haberla puesto en el camino de esa tormenta arrasadora con forma de lengua.<\/p>\n<p>&ndash;As&iacute;&#8230; ah, joder, no pares, no pares&#8230;<\/p>\n<p>Y no par&oacute;. Su saliva acarici&oacute; los l&iacute;mites de su vagina, la hizo temblar. Y, despu&eacute;s del temblor, el orgasmo. El dulce n&eacute;ctar que le hizo taparse la boca para no chillar, como si Anisia la pudiera o&iacute;r a&uacute;n desde tanta distancia. Pero, al sentir ese placer sin ataduras, su compromiso con Anisia le import&oacute; m&aacute;s bien poco.<\/p>\n<p>Dej&oacute; que el &eacute;xtasis se apoderara de ella y que se fuera, su fuerte respiraci&oacute;n fue un indicador suficiente para que la cara del torero saliera de entre sus piernas. Pero, a juzgar por aquella creciente protuberancia en sus pantalones, no hab&iacute;a terminado con ella.<\/p>\n<p>Se desabroch&oacute; con lentitud, dejando que Ainhoa degustara el momento, dejando que captara fragmentos de ese pedazo de carne antes de liberarlo por completo. Cuando lo hizo, ella se relami&oacute; del gusto y de la expectaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Madre m&iacute;a, eso s&iacute; que es un rabo de toro&#8230;<\/p>\n<p>La mano derecha del matador se cerr&oacute; en torno a su cuello.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;. Seguro que la bollera de tu novia no puede darte esto&#8230;<\/p>\n<p>Ese comentario, que en cualquier otra circunstancia le habr&iacute;a ofendido, le hizo re&iacute;r. Abri&oacute; las piernas, reconociendo instintivamente a ese hombre como el compa&ntilde;ero perfecto. Presa de sus pulsiones m&aacute;s at&aacute;vicas, ni siquiera le pidi&oacute; que se pusiera un cond&oacute;n. La punta de ese miembro roz&oacute; la entrada a su interior.<\/p>\n<p>&ndash;Empieza despacio&#8230;<\/p>\n<p>Entr&oacute; con delicadeza, incrustando en ella ese trozo de carne que provoc&oacute; una mordida de labios y que, sin esa barrera, habr&iacute;a suscitado abundantes gemidos. La posici&oacute;n del cuerpo de ese hombre, por encima de ella, era una muestra de superioridad que hizo que su co&ntilde;o se derritiera.<\/p>\n<p>Ese tipo sab&iacute;a controlar los tiempos. Primero le clav&oacute; su banderilla con movimientos r&aacute;pidos pero gentiles, como los primeros cautos acercamientos a una bestia a&uacute;n en perfecto estado de salud. Pronto, sin embargo, sus estacadas se fueron tornando m&aacute;s violentas, haciendo que su amante se retorciera de un delicioso dolor. Ainhoa expuls&oacute; un chillido, disfrutando por primera vez en su vida de un macho. Hab&iacute;a gozado de consoladores mucho m&aacute;s grandes que ese miembro, s&iacute;, pero guiados por una mano d&eacute;bil de mujer, no por esas h&aacute;biles caderas. Y sin ese calor que la llenaba por dentro, colocando en su interior la pieza de puzzle que le faltaba.<\/p>\n<p>&ndash;Venga, di la verdad&#8230; &ndash;susurr&oacute; &eacute;l, d&aacute;ndole palmadas en las tetas. Estas rebotaron, jubilosas&ndash;. Di la verdad, a ti te hac&iacute;a falta polla&#8230;<\/p>\n<p>La transformaci&oacute;n de ese hombre elegante en aquel salvaje no le result&oacute; chocante sino, por el contrario, muy atractiva. Se tom&oacute; unos segundos para responder mientras la taladraba con aquella despreocupaci&oacute;n tan deliciosa.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, joder&#8230; no s&eacute; c&oacute;mo he vivido sin polla durante tanto tiempo&#8230;<\/p>\n<p>Eso hizo sonre&iacute;r al Carajillo, que redobl&oacute; sus esfuerzos. Aquel semental golpe&oacute; su punto G con la fuerza entusiasta del conquistador.<\/p>\n<p>&ndash;Si es que todas las t&iacute;as sois iguales&#8230; &ndash;musit&oacute;, d&aacute;ndole un suave manotazo en el cuello&ndash;. A todas os va que os manejen&#8230; y, cuanto m&aacute;s feminazis, m&aacute;s sumisas sois&#8230;<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;S&iacute;! &iexcl;S&iacute;! &iexcl;S&iacute;, joder soy tuya! &iexcl;Soy tu perra feminazi! &iexcl;Pen&eacute;trame m&aacute;s, por favor! &iexcl;Hazme tuya!<\/p>\n<p>Esas s&uacute;plicas solo hicieron que aumentara la rapidez y brutalidad de sus embestidas, que crey&oacute; que la volver&iacute;an loca. Se pregunt&oacute; qu&eacute; pensar&iacute;a Anisia si la viera. Siendo tan d&eacute;bil como era, seguro que se pondr&iacute;a a llorar y caer&iacute;a en una depresi&oacute;n. Seguro que, aun as&iacute;, le suplicar&iacute;a que volviera con ella y le har&iacute;a sentirse culpable. Seguro que amenazaba con suicidarse y le echaba la culpa al heteropatriarcado.<\/p>\n<p>Imaginarse a su novia tan destrozada hizo que riera, malvada y animal, mientras aquel hombre segu&iacute;a empe&ntilde;ado en destrozar sus entra&ntilde;as.<\/p>\n<p>La agarr&oacute; de los hombros, trat&aacute;ndola como si fuera una mu&ntilde;eca de trapo y mir&aacute;ndola desde una posici&oacute;n prominente y de autoridad. Atac&oacute;, atac&oacute; sin piedad, d&aacute;ndole lo que siempre hab&iacute;a necesitado sin saberlo, trat&aacute;ndola como a una bestia derrotada. Y as&iacute; era.<\/p>\n<p>Cuando se corri&oacute; dentro de ella, ni siquiera hizo un amago de escapar. Dej&oacute; que su semen la llenara, que empapara su interior de ese calor de hom&iacute;nido dominante. Dej&oacute; escapar un suspiro de futura preocupaci&oacute;n, de futuros quebraderos de cabeza. Y, sobre todo, de placer.<\/p>\n<p>&ndash;Bueno, no ha estado mal &ndash;observ&oacute; el torero&ndash;. Anda, v&iacute;stete y vete, que tengo cena pronto. La verdad es que me gustar&iacute;a verte otra vez, tal vez&#8230; &iquest;qu&eacute; tal te vienen los mi&eacute;rcoles?<\/p>\n<p>Como hab&iacute;a sucedido a tantas otras mujeres antes que ella, la p&eacute;rdida de la virginidad la llev&oacute; a una repentina decepci&oacute;n. Aunque segu&iacute;a jadeando y rojiza en su semblante, se arrop&oacute; los pechos con las manos y asinti&oacute;, temerosa y volviendo de nuevo a la realidad.<\/p>\n<p>&ndash;Va&#8230; vale. Pues&#8230; encantada &ndash;dijo ella, sonriente&ndash;. Ya veremos cu&aacute;ndo quedamos.<\/p>\n<p>Se visti&oacute; con rapidez, abandon&oacute; la casa y, con la cabeza gacha (mir&oacute; a ambos lados para comprobar que nadie la ve&iacute;a) se meti&oacute; en una Farmacia para comprar la p&iacute;ldora del d&iacute;a despu&eacute;s. Joder, joder, joder&#8230;<\/p>\n<p>Volvi&oacute; a casa con una sensaci&oacute;n ambivalente de soledad y verg&uuml;enza, no queriendo admitir que hab&iacute;a pasado uno de los mejores ratos de su vida. Pero hac&iacute;a mucho tiempo que no se sent&iacute;a as&iacute;&#8230; tan deseada, tan guapa&#8230; tan zorra&#8230;<\/p>\n<p>&ldquo;No. No, no. Todo esto ha estado mal &ndash;pens&oacute;, imagin&aacute;ndose a s&iacute; misma en la piel de su novia&ndash;. Eres&#8230; eres una hija de puta, una cabrona&rdquo;.<\/p>\n<p>No, tampoco era eso, &iquest;verdad? Un error, un error tonto que pod&iacute;a tener cualquiera y que, de hecho, muchos ten&iacute;an. Un error que olvidar&iacute;a mientras trataba a su novia como a una princesa durante toda su vida. Y entonces, tal vez, pudiera dejar de sentirse culpable.<\/p>\n<p>Al volver a casa, dio un beso a Anisia, que se lo tom&oacute; con cierta guasa.<\/p>\n<p>&ndash;Anda, que podr&iacute;as haberme comprado un helado ya que estabas fuera. Joder, nunca piensas en m&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>Cualquier rastro de empat&iacute;a que pudiera haber tenido por ella se esfum&oacute;. Se retir&oacute; a su cuarto, donde cerr&oacute; el pu&ntilde;o y llor&oacute;. Llor&oacute; recordando las oportunidades perdidas, los desprecios, las constantes recriminaciones de esa morsa perezosa que no pod&iacute;a aceptar que tuviera m&aacute;s &eacute;xito que ella.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de llorar, sonri&oacute;. En cierto modo, era liberador.<\/p>\n<p>Lo siguiente que hizo fue descargar el Tinder y hacerse un perfil con las fotos subidas de tono que se hab&iacute;a hecho durante las semanas anteriores y no le hab&iacute;a mandado a Anisia con pereza. No se le ve&iacute;a el rostro, solo un camis&oacute;n en el que se apreciaban sus dos pechos del tama&ntilde;o de su cabeza. Temblaba de excitaci&oacute;n al subir esa imagen. Los cuernos en la cabeza de su novia estaban bien, pero ahora quer&iacute;a limarlos, regarlos, dejarlos crecer. Para que, si alg&uacute;n d&iacute;a se lo contaba, fueran m&aacute;s que un breve escarceo con un matador de toros.<\/p>\n<p>Su m&oacute;vil vibr&oacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;Hablando del rey de Roma&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>Una foto de su contacto: &quot;Carajillo&quot;. Su polla, de nuevo. Venosa, grande, magn&iacute;fica. Se toc&oacute; el cl&iacute;toris, recordando orgullosa c&oacute;mo se hab&iacute;a rendido ante &eacute;l. C&oacute;mo se hab&iacute;a hecho una con ese gal&aacute;n anacr&oacute;nico y engominado.<\/p>\n<p>Bloque&oacute; el contacto. S&iacute;, el Carajillo follaba bien, pero no quer&iacute;a dejar a una persona t&oacute;xica para empezar a salir con otro cabr&oacute;n. Ni con un cabr&oacute;n ni con nadie: ella, acababa de descubrirlo, no era mujer de un solo hombre. Ni de una sola mujer.<\/p>\n<p>Se masturb&oacute; furiosamente, apoyada en la encimera del ba&ntilde;o, mientras iba pasando de un perfil a otro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&ndash;Qu&eacute; puto asco, t&iacute;a. Ainhoa contemplaba la pantalla de su televisi&oacute;n mesmerizada, sin hacer caso a los comentarios de su novia. Sin embargo, ten&iacute;a raz&oacute;n. La periodista no pod&iacute;a sino recordarse a s&iacute; misma que solo estaba viendo esa corrida para documentarse sobre su siguiente entrevista. &ndash;Ainhoa, mi amor, &iquest;no puedes decirle que se la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":27441,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-44771","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44771","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/27441"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44771"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44771\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44771"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44771"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44771"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}