{"id":46355,"date":"2024-03-16T01:53:50","date_gmt":"2024-03-16T01:53:50","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-03-16T01:53:50","modified_gmt":"2024-03-16T01:53:50","slug":"el-enemigo-de-mi-marido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-enemigo-de-mi-marido\/","title":{"rendered":"El enemigo de mi marido"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"46355\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">6<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;&iquest;As&iacute; estoy bien? &mdash;le pregunt&eacute; a Alan.<\/p>\n<p>Di una vuelta para que me observara con atenci&oacute;n. Llevaba un vestido sastrero gris.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s sencillamente perfecta &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Pareci&oacute; tragar saliva. Estaba muy nervioso. Desde que me inform&oacute; de esa reuni&oacute;n de negocios que lo estaba. No pod&iacute;a culparlo. Alan ten&iacute;a una empresa de seguridad en la que contaba con cien empleados, incluyendo los administrativos. Pero el &uacute;ltimo a&ntilde;o fue p&eacute;simo. Uno de sus principales clientes, una cadena de laboratorios, decidi&oacute; rescindir el contrato. Lo malo de tener una empresa que ofrece servicio tercerizado es que el cliente puede hacer eso sin necesidad de dar muchas explicaciones. Ese fue el golpe m&aacute;s duro que recibimos despu&eacute;s de haber perdido algunos clientes menores. En realidad, perder clientes no es nada raro, pero cuando no entran otros nuevos, ah&iacute; s&iacute;, la cosa se pone complicada. Desde hac&iacute;a casi tres meses que ten&iacute;amos al treinta por ciento de los empleados sin un puesto. Aprovechamos para otorgarles las vacaciones que se les deb&iacute;an, sobre todo a los empleados m&aacute;s antiguos que arrastraban muchas semanas en su haber. Pero eso no quitaba que hab&iacute;a que pagarles el sueldo a una cantidad de empleados que no produc&iacute;an ingresos.<\/p>\n<p>Y ahora est&aacute;bamos en la cuerda floja. Y es que los a&ntilde;os anteriores no hab&iacute;an sido particularmente malos, pero tampoco particularmente buenos. As&iacute; que no ten&iacute;amos grandes ahorros para sostener la empresa. De hecho, esos ahorros ya hab&iacute;an desaparecido. Luego acudimos al &uacute;ltimo recurso: un pr&eacute;stamo bancario. Los intereses eran alt&iacute;simos, y ya nos estaba costando pagar las primeras cuotas. Lo cierto era que, si segu&iacute;amos as&iacute;, en cuesti&oacute;n de un par de meses quebrar&iacute;amos, dejando a muchas familias en la calle.<\/p>\n<p>As&iacute; que entend&iacute;a su nerviosismo. El potencial cliente al que &iacute;bamos a ver, ese tal Lorenzo, era, casi con toda seguridad, nuestra &uacute;ltima esperanza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ne ser&aacute; demasiado? &mdash;le pregunt&eacute; despu&eacute;s, se&ntilde;alando con la mirada mi vestido.<\/p>\n<p>Era de un color sobrio, y me llegaba hasta debajo de las rodillas. Me cubr&iacute;a los senos por completo. Era formal, s&iacute;. Pero tambi&eacute;n era bastante ce&ntilde;ido, dejando una silueta que quiz&aacute;s era demasiado sensual por tratarse de una reuni&oacute;n de negocios.<\/p>\n<p>Alan sonri&oacute; con tristeza.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s&hellip; &mdash;dijo, dudando&mdash;. No. Est&aacute; bien. Adem&aacute;s, ya no hay tiempo para que te cambies.<\/p>\n<p>De pronto me sent&iacute; insegura. La seducci&oacute;n siempre era un arma de doble filo. Pod&iacute;a abrirte muchas puertas, s&iacute;. Pero tambi&eacute;n pod&iacute;a cerrarlas. Si la persona a la que &iacute;bamos a ver consideraba mi atuendo inapropiado, podr&iacute;a hacerse toda clase de ideas que lo llevaran a decidir que no era buena idea hacer negocios con nosotros. No obstante, la realidad era que el vestido no era exagerado. Quiz&aacute;s era mi propio cuerpo el que, con total naturalidad, sol&iacute;a hacerme lucir sensual casi con cualquier prenda que usase.<\/p>\n<p>De todas formas, era raro que Alan me respondiera as&iacute;. Normalmente le gustaba exhibirme, fuera cual fuese la ocasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Nos subimos al auto, y fuimos al restor&aacute;n al que nos hab&iacute;a citado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; Lorenzo decidi&oacute; que nos reunamos por la noche? &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>No &eacute;ramos millonarios, y en el c&iacute;rculo en el que nos mov&iacute;amos las reuniones de negocios sol&iacute;an darse durante el d&iacute;a, en las oficinas del potencial cliente o en la nuestras.<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute;. Pero no me extra&ntilde;a que cada decisi&oacute;n que tome sea para dejar en claro qui&eacute;n tiene el poder.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a que Alan estaba muy contrariado con esa reuni&oacute;n. Y no solo era el hecho de que nuestra empresa podr&iacute;a llegar a tener una enorme dependencia de la empresa de Lorenzo, no. &Eacute;l sent&iacute;a cierta animadversi&oacute;n por ese tipo. Me dijo que lo conoci&oacute; hace a&ntilde;os. No entend&iacute; qu&eacute; clase de relaci&oacute;n ten&iacute;an. Se mostr&oacute; muy abstracto en ese punto, pero luego me confes&oacute; que hab&iacute;an tenido una ruptura que los separ&oacute; para siempre. Estaba claro que para que hubiera una ruptura, su v&iacute;nculo habr&iacute;a de ser significativo. Deduje que en realidad eran amigos, y que hab&iacute;a pasado algo grave entre ellos. Cuando intent&eacute; ahondar en el tema, Alan me dijo que no hab&iacute;a sucedido nada en concreto, sino que la actitud pedante de Lorenzo se hab&iacute;a vuelto intolerable. No parec&iacute;a estar mintiendo, aunque s&iacute; estaba claro que no me estaba contando toda la verdad. El d&iacute;a que hablamos de eso, vi un atisbo de verg&uuml;enza en su semblante. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a pasado realmente entre ellos?, me pregunt&eacute;. No obstante, lo alent&eacute; a dejar las viejas rencillas de lado. Adem&aacute;s, si el otro hab&iacute;a aceptado la reuni&oacute;n, era porque ya hab&iacute;a dejado el pasado atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sabe de nuestros problemas financieros? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>Era una pregunta que deb&iacute; hab&eacute;rsela hecho hac&iacute;a rato. Lo cierto es que no era una experta en negociaciones. Hab&iacute;a comenzado en la empresa como secretaria. Mi relaci&oacute;n con Alan fue el t&iacute;pico clich&eacute; del gerente con su secretaria, solo que nosotros de verdad nos enamoramos, y la cosa no qued&oacute; solo en lo sexual. Con el tiempo aprend&iacute; a tratar con los clientes, y consegu&iacute; a muchos de ellos (incluido el laboratorio que ahora nos dejaba al borde de la quiebra). Pero los negocios nunca fueron lo m&iacute;o. Hab&iacute;a mandado el curr&iacute;culum solo porque, a mis veinte a&ntilde;os, estaba sin empleo y no ten&iacute;a idea de qu&eacute; hacer de mi vida. A&ntilde;os despu&eacute;s Alan bromear&iacute;a con el hecho de que hab&iacute;a recibido a muchas postulantes mucho m&aacute;s calificadas que yo, pero que no pudo evitar escogerme a m&iacute;, por ser la m&aacute;s bonita. Eso me generaba sentimientos encontrados, pero con los a&ntilde;os pude aprender a no depender m&aacute;s de mi linda cara y de mi terso trasero.<\/p>\n<p>&mdash;No lo s&eacute;. Es probable &mdash;me respondi&oacute; Alan&mdash;. Pero, aunque no lo supiera, su posici&oacute;n de poder en esta negociaci&oacute;n es clara. Los casinos son enormes. Y su sociedad cuenta con diez de ellos, si no me equivoco. Aunque no pretenda contratarnos para todos ellos, seguramente la cantidad de vigiladores que solicite ser&aacute;n unos cuantos. Diez o veinte cuanto menos. Eso pone a una empresa peque&ntilde;a como la nuestra en desventaja. Puede regatear el precio. De hecho, casi seguro que lo va a hacer.<\/p>\n<p>Vi que la vena de su frente palpitaba, y que al cerrar la boca sus dientes se apretaban. No solo estaba preocupado, sino que parec&iacute;a furioso. Me pregunt&eacute; si era porque estaba imagin&aacute;ndose el escenario que hab&iacute;a descrito, o si hab&iacute;a otra cosa detr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s muy tenso &mdash;le dije. Llev&eacute; mi mano de u&ntilde;as largas a su entrepierna&mdash;. Si un empresario tan grande piensa en regatear, dejalo que lo haga. Eso lo va a hacer quedar como un imb&eacute;cil. Mientras podamos pagar el pr&eacute;stamo y el sueldo de los empleados, con eso nos basta. Ya pensaremos en tener rentabilidad despu&eacute;s de esto. Por ahora, el objetivo es no fundirnos. Un paso a la vez.<\/p>\n<p>Alan suspir&oacute; hondo y ahora estaba visiblemente m&aacute;s relajado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Fueron mis sabias palabras las que te aliviaron? &mdash;le pregunt&eacute;, mientras masajeaba su verga con mayor intensidad, sintiendo c&oacute;mo se pon&iacute;a dura.<\/p>\n<p>&mdash;Obvio, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s va a ser?<\/p>\n<p>&mdash;Entonces puedo dejar de hacer esto &mdash;dije, maliciosamente.<\/p>\n<p>&mdash;No. Por favor no pares &mdash;dijo &eacute;l, jadeante.<\/p>\n<p>Mi hombre era sencillamente hermoso. Delgado, rubio (muy rubio), de ojos celestes. Casi parec&iacute;a un actor de Hollywood. Una de las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles de nuestra relaci&oacute;n hab&iacute;a sido evitar que alguna de las mujeres que revoloteaban a su alrededor me lo robaran. &Eacute;l siempre me dec&iacute;a que eso era imposible, que &eacute;l me amaba. No es que no le creyera, pero un hombre como &eacute;l ten&iacute;a muchas opciones de d&oacute;nde elegir. Si yo le daba la oportunidad, si me descuidaba un momento, nadie me aseguraba que no se acostar&iacute;a con otra. De hecho, hasta el momento no ten&iacute;a la certeza de que nunca me hubiera traicionado. Pero tampoco era justo atormentarlo con cosas de las que no ten&iacute;a pruebas. Ojos que no ven, coraz&oacute;n que no siente. Bueno, mi coraz&oacute;n s&iacute; que se estremec&iacute;a cuando tem&iacute;a una traici&oacute;n. Pero la mayor parte del tiempo estaba bien, pues no hab&iacute;a visto nunca nada comprometedor como para encararlo por ello.<\/p>\n<p>Desabroch&eacute; su cintur&oacute;n y met&iacute; la mano dentro del pantal&oacute;n, ahora sintiendo el falo desnudo, ya completamente erecto.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora vas a tener que terminar lo que empezaste &mdash;me dijo, jadeante&mdash;. Pero no es buena idea llegar a una cena importante con el pantal&oacute;n lleno de semen. &iquest;Se te ocurre alguna idea?<\/p>\n<p>La avenida estaba bastante concurrida. Pero no me importaba. Al contrario, eso me excitaba. Era algo parecido a tener sexo en la v&iacute;a p&uacute;blica, aunque el veh&iacute;culo nos daba una m&iacute;nima intimidad. Adem&aacute;s, hasta ahora, solo lo estaba pajeando. No podr&iacute;an vernos desde otro veh&iacute;culo, salvo que prestaran mucha atenci&oacute;n. En cambio, lo que estaba a punto de hacer, s&iacute; que podr&iacute;a dejarnos expuestos.<\/p>\n<p>&mdash;Pero solo lo voy a hacer cuando est&eacute;s a punto de correrte &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Lo paje&eacute; unos minutos m&aacute;s, hasta que yo misma me di cuenta de que su orgasmo estaba a la vuelta de la esquina. Me inclin&eacute;. El hecho de que mi cabello estuvieran recogido en un rodete ayudaba a que lo hiciera con facilidad. Me met&iacute; la verga a la boca. Pens&eacute; que el semen iba a brotar instant&aacute;neamente, pero tuve que chuparlo un rato hasta que sali&oacute; disparado de esa peque&ntilde;a pero linda pija.<\/p>\n<p>&mdash;Mostrame &mdash;me dijo Alan&mdash;. Mostrame c&oacute;mo te tragas toda mi leche.<\/p>\n<p>Abr&iacute; la boca, mostrando el l&iacute;quido blanco y viscoso que ten&iacute;a en el interior. Despu&eacute;s tragu&eacute; todo. Volv&iacute; a abrirla, ahora sin rastros del semen. Nunca hab&iacute;a tenido inconvenientes en hacer esas cosas. De hecho, no entend&iacute;a c&oacute;mo algunas mujeres pon&iacute;an tantos reparos en tragarse el semen. Era rico, y los hombres enloquec&iacute;an cuando te ve&iacute;an hacerlo.<\/p>\n<p>&mdash;Me encanta que seas as&iacute; &mdash;dijo, mientras yo le abrochaba el pantal&oacute;n&mdash;. Una dama en la vida cotidiana, y una puta en el sexo &mdash;agreg&oacute; despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Me alegr&oacute; ver que su humor hab&iacute;a cambiado. Ya estaba mucho m&aacute;s relajado. Listo para asistir a la reuni&oacute;n de la que depend&iacute;a nuestro futuro econ&oacute;mico.<\/p>\n<p>&mdash;Eso apenas fue el aperitivo &mdash;le dije. Despu&eacute;s me acerqu&eacute;, y le susurr&eacute; al o&iacute;do&mdash;. Cuando lleguemos a casa vamos a festejar. Y tal vez, solo tal vez&hellip; deje que me la metas por atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Alan Sonri&oacute;. Ahora ya no estaba solo relajado, sino que muy entusiasmado. El sexo anal era algo que dejaba para ocasiones muy especiales. Durante el a&ntilde;o lo hac&iacute;amos dos o tres veces cuanto mucho. Para que yo accediera a eso no solo deb&iacute;a estar de humor, sino que ten&iacute;a que prepararme f&iacute;sicamente para hacerlo sin que hubiera ning&uacute;n inconveniente. Esa misma tarde me hab&iacute;a hecho un enema. La verdad es que no lo disfrutaba particularmente. Pero para &eacute;l era muy placentero. Creo que hacerlo por ese peque&ntilde;o orificio le generaba la sensaci&oacute;n de que ten&iacute;a una verga realmente grande. Nunca se hab&iacute;a mostrado con el autoestima baja por el tama&ntilde;o de su pene, el cual, sin ser diminuto, era a todas luces m&aacute;s peque&ntilde;o que el promedio. Pero no dudaba de que en muchas ocasiones se sent&iacute;a mal por ello. No es que me gustaran los penes particularmente grandes, pero para gozar con plenitud necesitaba de, al menos, un tama&ntilde;o est&aacute;ndar, cosa de la que &eacute;l carec&iacute;a. De todas formas, era un excelente amante. Con el sexo oral y con la ayuda de alg&uacute;n vibrador, siempre se las arreglaba para hacerme llegar al orgasmo. Despu&eacute;s, con su verga, solo hac&iacute;a la &uacute;ltima parte del trabajo. Me la met&iacute;a cuando ya estaba a punto caramelo, y eso nos generaba la sensaci&oacute;n de que lograba hacerme alcanzar el cl&iacute;max a base de penetraciones, cuando ambos sab&iacute;amos que eso no era cierto.<\/p>\n<p>En fin, lo importante era que nos llev&aacute;ramos bien en la cama.<\/p>\n<p>&mdash;Espero que &eacute;l pague la cuenta &mdash;dije, cuando llegamos al elegante restor&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Supongo que as&iacute; va a ser. Pero, en todo caso, uso la tarjeta. Tampoco podemos pasar por miserables &mdash;dijo Alan.<\/p>\n<p>Entramos al lugar en cuesti&oacute;n. Cuando lo hicimos, sent&iacute; su mano en mi trasero, frot&aacute;ndolo suavemente durante unos segundos. Era algo que hac&iacute;a, seg&uacute;n cre&iacute;a, cuando se sent&iacute;a inseguro. Como si el hecho de confirmar que yo era su mujer, con ese gesto tan obsceno, le devolviera ese seguridad perdida. No me molestaba que lo hiciera. Me gustaba poner cachondo a mi hombre en todo momento.<\/p>\n<p>Un estirado recepcionista nos llev&oacute; hasta la mesa en donde estaba sentado solo un hombre. Me sorprendi&oacute; que no fuera con nadie m&aacute;s. Se trataba de un hombre de pelo cort&iacute;simo, de piel bronceada. La mand&iacute;bula era un tanto cuadrada, y tanto esta como los p&oacute;mulos eran afilados. Ten&iacute;a una mirada incre&iacute;blemente intensa, que se pos&oacute; en m&iacute; por un tiempo que me sorprendi&oacute;, dadas las caracter&iacute;sticas de esa reuni&oacute;n. Pero luego la desvi&oacute; a mi marido.<\/p>\n<p>&mdash;Alan, querido &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Se puso de pie para estrecharle la mano. Me percat&eacute; de que era muy alto, quiz&aacute;s alcanzaba los dos metros. Adem&aacute;s, debajo de ese impecable traje que costar&iacute;a una fortuna, se notaba que estaba en excelente estado f&iacute;sico. Ten&iacute;a una sonrisa de perfectos dientes blancos. En cuanto a lo f&iacute;sico parec&iacute;a lo opuesto a Alan, quien era un rubiecito lindo pero un tanto desgarbado. Lorenzo era el t&iacute;pico macho Alpha. Con solo verlo se notaba. Y estaba terriblemente bueno, para qu&eacute; mentir.<\/p>\n<p>&mdash;Ella es Dana &mdash;me present&oacute; Alan&mdash;. Adem&aacute;s de ser mi mano derecha, es mi mujer.<\/p>\n<p>Extend&iacute; la mano para estrech&aacute;rsela, pero &eacute;l se inclin&oacute; y la bes&oacute;, en un gesto tan anticuado como encantador. Vi de reojo Alan. No me cab&iacute;a dudas que no le hab&iacute;a gustado, pero por suerte lo disimulaba muy bien.<\/p>\n<p>&mdash;Como siempre, querido &mdash;le dijo a mi marido&mdash;. Exquisito gusto cuando se trata de mujeres.<\/p>\n<p>Esta vez Alan se sonroj&oacute; levemente. Estaba claro que no solo era una felicitaci&oacute;n, como pretend&iacute;a ser, sino que era un halago hacia m&iacute;. Y eso que la reuni&oacute;n reci&eacute;n empezaba.<\/p>\n<p>Por suerte la cosa no fue a mayores. Supuse que era de esos tipos que no pod&iacute;an evitar se&ntilde;alar lo bellas que eran las mujeres que ten&iacute;an en frente, como si su opini&oacute;n importara. Aunque he de reconocer que en el caso de &eacute;l s&iacute; me result&oacute; halagador.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de una introducci&oacute;n, Lorenzo dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Bueno. La cosa es as&iacute;. Una de las empresas de seguridad que trabajan con nosotros, acaba de actualizar su precio. Normalmente no tenemos problemas con eso. La seguridad es lo principal en nuestro negocio. Pero los empleados de esta empresa cometieron ya muchos errores que no viene al caso mencionar. La cuesti&oacute;n es que, en este contexto, abonar ese aumento que pretenden resulta absurdo, por lo que simplemente decidimos deshacernos de ellos.<\/p>\n<p>Sent&iacute; la tensi&oacute;n en el aire. Yo misma estaba tensa. Entend&iacute; que ese tipo no nos ve&iacute;a como futuros socios, sino como potenciales empleados. En caso de cerrar un trato con &eacute;l, probablemente nos salvar&iacute;amos, pero estar&iacute;amos muy vulnerables. Eso en realidad ya lo sab&iacute;amos, pero ahora que lo escuchaba hablar me daba cuenta de lo contraproducente que podr&iacute;a ser trabajar con alguien como &eacute;l. Con la misma facilidad con la que hab&iacute;a decidido deshacerse de la otra empresa, pod&iacute;a hacer lo mismo con nosotros. En ese caso estar&iacute;amos perdidos. Pero la triste verdad era que sin &eacute;l, de todas formas est&aacute;bamos perdidos.<\/p>\n<p>&mdash;Entiendo &mdash;dijo Alan, mostr&aacute;ndose impasible, aunque sab&iacute;a que se sent&iacute;a como yo&mdash;. Pero mi empresa no se caracteriza por ser la m&aacute;s barata, sino por prestar un servicio de excelencia&hellip;<\/p>\n<p>Sigui&oacute; hablando, explicando c&oacute;mo nos desenvolv&iacute;amos, detallando lo estricto que era con los supervisores, quienes de esa manera se aseguraban de que los vigiladores cumplieran con sus tareas. Destac&oacute; tambi&eacute;n el centro de monitoreo con el que cont&aacute;bamos, cosa que no era muy com&uacute;n en una empresa relativamente peque&ntilde;a como la nuestra. Estaba exagerando nuestras virtudes, obviamente, pero no estaba mintiendo.<\/p>\n<p>Era arriesgado lo que estaba haciendo. Lo m&aacute;s seguro ser&iacute;a aceptar sus condiciones, y ofrecerle un precio muy rebajado. Aunque eso, si bien nos servir&iacute;a en el corto plazo, podr&iacute;a destruirnos en el largo plazo. Entre nuestras empresas se establecer&iacute;a una relaci&oacute;n carnal, s&iacute;. Pero en esa met&aacute;fora, la empresa de casinos de Lorenzo ser&iacute;a un enorme moreno con una verga de veinte cent&iacute;metro, y nuestra empresa ser&iacute;a una colegiala virgen a la que ese moreno se coger&iacute;a sin piedad.<\/p>\n<p>Pensar en esa met&aacute;fora sexual me puso extra&ntilde;amente cachonda. Los escuch&eacute; hablar un rato, e intervine cuando lo cre&iacute; necesario, para demostrar que no era un mero adorno. Hab&iacute;a temido que Lorenzo me lanzara miradas subrepticias. Era dif&iacute;cil que los hombres no lo hicieran cuando me ten&iacute;an cerca. Pero parec&iacute;a todo un profesional. Un ejecutivo que pensaba todo de manera racional.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno. Entonces, en principio necesitar&iacute;amos veinte vigiladores &mdash;dijo Lorenzo&mdash;. &iquest;Creen que pueden conseguirlos para el primero del mes siguiente?<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;ndo hab&iacute;a llegado la conversaci&oacute;n a ese punto? Lorenzo hab&iacute;a aceptado la tarifa que le cobr&aacute;bamos a todos nuestros clientes, y eso que por la cantidad de puestos que necesitaba cubrir pod&iacute;a negociar tranquilamente una quita del diez o del quince por ciento. &iquest;Por qu&eacute; no lo hab&iacute;a hecho? &iquest;La empresa anterior era m&aacute;s cara? Podr&iacute;a ser.<\/p>\n<p>&mdash;Claro. Aunque estemos con poco tiempo, seguro que los conseguimos &mdash;dijo Alan.<\/p>\n<p>Faltaban apenas cinco d&iacute;as para el cambio de mes. Conseguir veinte empleados en ese lapso de tiempo, sin arriesgarse a equivocarnos con las elecciones que hici&eacute;ramos, era casi imposible. Y bien sab&iacute;amos que contratar a la persona equivocada podr&iacute;a costarnos un contrato como ese. No obstante, a nosotros nos sobraban treinta empleados, por lo que no tendr&iacute;amos ese problemas. Alan fue muy astuto al no mencionar esto, as&iacute; parecer&iacute;a un m&eacute;rito nuestro conseguir ese personal en tan poco tiempo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno. No hay nada m&aacute;s que decir entonces &mdash;dijo Lorenzo. Mir&oacute; su reloj&mdash;. Ya me tengo que ir. Pero primero hagamos un brindis.<\/p>\n<p>As&iacute; lo hicimos. Y, como broche, la cuenta la pag&oacute; &eacute;l. De todas maneras yo apenas com&iacute; unos rolles de salm&oacute;n. Me hab&iacute;a preparado concienzudamente para darle el regalo prometido a Alan, y no iba a correr el riesgo de que alguna comida me cayera mal.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos contentos. Yo, en particular, me encontraba euf&oacute;rica. Pero mientras volv&iacute;amos a casa, Alan no tard&oacute; en ponerse serio.<\/p>\n<p>&mdash;Aunque nos pague lo que le pedimos&hellip; &mdash;dijo&mdash;. Vamos a hacer pr&aacute;cticamente sus empleados. A partir de ahora su cadena de casinos va a ser nuestra principal fuente de ingresos.<\/p>\n<p>&mdash;Puede ser. Pero aunque sea la principal, no es la mayor&iacute;a. Por ahora representar&aacute; el veinte por ciento de los ingresos &mdash;dije&mdash;. Si todo sale bien, dentro de poco puede duplicar la cantidad de vigiladores. Ya lo escuchaste. Hay algunos puestos que a&uacute;n quedan por cubrir. Y la otra empresa de seguridad con la que trabajan se re&uacute;san a cubrirlos. Cuando llegue el momento analizaremos si nos conviene o no.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s lo hacen porque son m&aacute;s inteligentes que nosotros &mdash;dijo Alan, pesimista.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s no est&aacute;n en la cuerda floja como nosotros &mdash;retruqu&eacute; yo, un poco hastiada de su negatividad. Pero insist&iacute; con mi optimismo&mdash;. No te preocupes. Esto es una buena se&ntilde;al. Tuvimos una mala racha, ahora viene la buena, y va a venir todo junto. Vamos a conseguir m&aacute;s clientes, y quiz&aacute;s hasta podamos sacarnos de encima al pedante ese en un a&ntilde;o o dos. Vamos a ser lo suficientemente grandes como para no necesitarlo. Vamos a concentrarnos en clientes chicos, como siempre. Muchos clientes chicos es mejor que uno grande. Eso lo sabemos. Pero mientras tanto tenemos que aceptar lo que nos toca.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;s raz&oacute;n, como en el dos mil catorce &mdash;dijo Alan, levemente esperanzado.<\/p>\n<p>El dos mil catorce fue nuestro mejor a&ntilde;o. Pasamos de tener treinta empleados a m&aacute;s de cien. Al otro a&ntilde;o llegamos a los ciento cincuenta. Ya nos ve&iacute;amos como una empresa enorme en un par de a&ntilde;os m&aacute;s. Pero de a poco la cosa se fue desinflando. Por suerte aquello fue paulatino, y volvimos a tener cien empleados sin muchos sobresaltos, ya que la plantilla se fue reduciendo de a poco a lo largo de dos a&ntilde;os. En el dos mil dieciocho la cosa fue estable. Y despu&eacute;s vino el terrible dos mil diecinueve, con el maldito laboratorio clav&aacute;ndonos un cuchillo por la espalda.<\/p>\n<p>&mdash;Quedate tranquilo. Nosotros nos vamos a terminar cogiendo a su maldita empresa de casinos, ya ves a ver &mdash;dije.<\/p>\n<p>Alan me mir&oacute; sorprendido por la alusi&oacute;n sexual. Era sabido que en las relaciones empresariales hab&iacute;a mucho de lo sexual, pero probablemente nunca me hab&iacute;a o&iacute;do decir ese tipo de comentarios.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. Es verdad. Nosotros nos vamos a coger a ese hijo de puta. Y no al rev&eacute;s &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>&iquest;Hab&iacute;a odio en sus palabras? Parec&iacute;a que s&iacute;. En la cena logr&oacute; comportarse con naturalidad. Quien lo viera no supondr&iacute;a, ni de lejos, que detestaba al otro tipo. &iquest;Eso significaba que Lorenzo tambi&eacute;n odiaba a Alan? Bien podr&iacute;a estar fingiendo igual que mi marido. Se me hizo un nudo en el est&oacute;mago. Por m&aacute;s que me hiciera la valiente, lo cierto era que s&iacute; est&aacute;bamos en sus manos. Ahora representaba un veinte por ciento de los ingresos. Pero ese veinte por ciento resultaba ser un n&uacute;mero inmenso si se consideraba que era la diferencia justa entre estar en quiebra y seguir de pie. De hecho, seguir&iacute;amos teniendo diez empelados de m&aacute;s, quien sab&iacute;a hasta cu&aacute;ndo, por lo que los gastos ser&iacute;an cubiertos con lo justo. Un m&iacute;nimo empuj&oacute;n y todo se desmoronar&iacute;a.<\/p>\n<p>Era pat&eacute;tico. A pesar de ser empresarios apenas &eacute;ramos de clase media. Hac&iacute;a a&ntilde;os que no ve&iacute;amos ganancias. Viv&iacute;amos de nuestro sueldo como si fu&eacute;ramos unos empleados m&aacute;s. Eran buenos sueldos, pero no puedo negar que cuando me enred&eacute; con quien fuera mi jefe hab&iacute;a fantaseado con cambiar el auto todos los a&ntilde;os y con viajar a Europa, al menos de vez en cuando.<\/p>\n<p>Pero apart&eacute; esos pensamientos de mi cabeza. Lo mirase por donde lo mirase, a partir de esa noche estar&iacute;amos mejor.<\/p>\n<p>Cuando llegamos a casa, le dije que me esperara en la sala de estar. Baj&eacute; con un sensual babydoll negro. Alan me agarr&oacute; de la mano, furioso, y me llev&oacute; hasta donde estaba un espejo enorme que nos mostraba en cuerpo completo. Me meti&oacute; la mano dentro del babydoll y me arranc&oacute; la tanga de un brusco movimiento, haci&eacute;ndola hilachas.<\/p>\n<p>&mdash;Me vas a tener que comprar una nueva &mdash;dije, sonriendo, aunque su repentina agresividad me asust&oacute; un poco.<\/p>\n<p>Alan nunca hab&iacute;a sido as&iacute;. Siempre fue dulce y cari&ntilde;oso. Los m&aacute;ximos arranques de violencia que ten&iacute;a consist&iacute;an en penetrarme con salvajismo, cosa que no era la gran cosa considerando el tama&ntilde;o de su miembro. Me pregunt&eacute; qu&eacute; le pasaba, pero enseguida entend&iacute; que se sent&iacute;a as&iacute; por la reuni&oacute;n que hab&iacute;amos tenido.<\/p>\n<p>De todas formas, no me desagradaba este cambio de personalidad. Me hab&iacute;a enamorado de su sensibilidad, de su fuerte conexi&oacute;n con su lado femenino, pero a veces me hastiaba tanta dulzura. A veces no quer&iacute;a un pr&iacute;ncipe azul, sino un lobo feroz, y en muy pocas ocasiones hab&iacute;a encontrado eso en mi marido.<\/p>\n<p>Alan escupi&oacute; su mano y me penetr&oacute; con los dedos. Me mir&eacute; en el espejo: el pelo color vino a&uacute;n recogido, pero ya no tan prolijamente debido a los movimientos de mi cuerpo, producto de c&oacute;mo mi marido me hund&iacute;a sus dedos en el culo. Me ve&iacute;a hermosa. A mis treinta a&ntilde;os me sent&iacute;a m&aacute;s mujer que a los veinte. Mir&eacute; a Alan, que jadeaba mientras me dilataba el ano con salvajismo. Ten&iacute;a los dientes apretados. Era como si me estuviera cogiendo con una ira contenida.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s sac&oacute; sus dedos y los reemplaz&oacute; por su pija. En esa estrecha cavidad pod&iacute;a sentirse un tit&aacute;n, un enorme hombre con una verga tambi&eacute;n enorme. Gem&iacute; de placer. Era dif&iacute;cil acabar haci&eacute;ndolo de esa manera, pero por momentos resultaba agradable. Adem&aacute;s, lo estaba haciendo por &eacute;l, no por m&iacute;. Mi alma de geisha siempre le jug&oacute; a favor, ya que, inconscientemente, consideraba su placer m&aacute;s importante que el m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Sos m&iacute;a. Sos m&iacute;a &mdash;dec&iacute;a, jadeante. Era algo que nunca hab&iacute;a dicho. Jam&aacute;s hab&iacute;a evidenciado ning&uacute;n sentimiento de posesi&oacute;n hacia m&iacute;, ni siquiera en los momentos de lujuria, en donde a veces se daba peque&ntilde;as licencias&mdash;. Solo m&iacute;a &mdash;repet&iacute;a.<\/p>\n<p>Me cogi&oacute; de parado frente al espejo. Y eyacul&oacute; adentro.<\/p>\n<p>&mdash;No te dije que hicieras eso &mdash;le dije, mientras sent&iacute;a un hilo de semen saliendo lentamente del orificio.<\/p>\n<p>Como &uacute;nica respuesta, Alan me dio una fuerte nalgada. De verdad estaba raro.<\/p>\n<p>Cuando est&aacute;bamos en el dormitorio, abrazados, desnudos, despu&eacute;s de haber hecho otra vez el amor, le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me vas a decir qu&eacute; pas&oacute; entre vos y Lorenzo en el pasado?<\/p>\n<p>Puede que fuera una pregunta inc&oacute;moda, pero era una pregunta que tarde o temprano deb&iacute;a responder. Y cre&iacute; que lo mejor para los dos era que lo hiciera lo antes posible.<\/p>\n<p>&mdash;&Eacute;ramos amigos &mdash;dijo. Eso ya me lo supon&iacute;a. Pero faltaba la otra parte de la historia. Las m&aacute;s importante. &iquest;Por qu&eacute; se hab&iacute;an peleado?&mdash;. Cuando &eacute;ramos m&aacute;s chicos. Antes de conocerte&hellip; Cuando ten&iacute;amos veinti&uacute;n a&ntilde;os&hellip; me acost&eacute; con su novia.<\/p>\n<p>Lo mir&eacute; a los ojos, con el ce&ntilde;o fruncido.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te cogiste a la mujer de tu amigo? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. Esa es la versi&oacute;n corta. Me cog&iacute; a la mujer de Lorenzo.<\/p>\n<p>No era tanto la an&eacute;cdota lo que me estremeci&oacute;. Muchas personas hac&iacute;an estupideces cuando eran j&oacute;venes. El tema es que eso no concordaba con el Alan que yo conoc&iacute;a. Adem&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; nunca me hab&iacute;a contado algo como eso?<\/p>\n<p>Sent&iacute; que, por m&aacute;s que me doliera, me ve&iacute;a obligada a reconocer que no conoc&iacute;a a mi marido tan profundamente como cre&iacute;a.<\/p>\n<p>&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;<\/p>\n<p>En los siguientes meses nuestra vida cambi&oacute; considerablemente. Pero sobre todo, Alan cambi&oacute;. Sol&iacute;a estar de mal humor con mucha mayor frecuencia que de costumbre. De hecho, antes era una cosa ins&oacute;lita verlo de mal humor, y ahora era lo m&aacute;s com&uacute;n. Sab&iacute;a que su cambio ten&iacute;a que ver con nuestra asociaci&oacute;n con Lorenzo. Su examigo era en extremo demandante. Tal como lo hab&iacute;amos vaticinado, nos trataba m&aacute;s como empleados que como socios. Siempre nos exig&iacute;a cambiar a alg&uacute;n vigilador porque, seg&uacute;n &eacute;l, no estaba bien aseado o por cosas igual de insignificantes a esa. Ya hab&iacute;amos tenido que prescindir de varios empleados por sus exigencias. Y lo peor era que en menos de medio a&ntilde;o de que empez&aacute;ramos a trabajar juntos, ahora el cincuenta por ciento de nuestros ingresos depend&iacute;an de &eacute;l. Hab&iacute;amos perdido algunos clientes peque&ntilde;os en el camino, y Lorenzo nos contrat&oacute; no solo para m&aacute;s puestos en los casinos, sino en otros negocios que ten&iacute;a.<\/p>\n<p>No es que nuestro v&iacute;nculo comercial fuera del todo negativo. Lorenzo pagaba todos los meses religiosamente. Pero, sin decirlo de manera expl&iacute;cita, siempre nos recordaba lo dependiente que &eacute;ramos de &eacute;l. Si un d&iacute;a decid&iacute;a dejar de contratarnos, inmediatamente nos ir&iacute;amos a la quiebra. Hab&iacute;amos pagado buena parte de nuestras deudas, pero otras tantas segu&iacute;an acumulando intereses, no ten&iacute;amos un peso de ahorro, y segu&iacute;amos sin acceso a cr&eacute;dito.<\/p>\n<p>No estaba segura de qu&eacute; era lo que perturbaba m&aacute;s a Alan. Lorenzo nos llamaba casi todos los d&iacute;as, por una cosa o por otra, y siempre que terminaban de hablar, por m&aacute;s que no se tratara de una conversaci&oacute;n densa, parec&iacute;a irritado. A veces era yo la que llamaba a la oficina de Lorenzo, m&aacute;s que nada para ver el tema de los pagos. A pesar de que no era necesario que hablase con &eacute;l directamente, siempre me atend&iacute;a, y se mostraba muy simp&aacute;tico. Alguna que otra vez hab&iacute;amos ido a su suntuosa oficina.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;mo te miraba, eh &mdash;me dijo Alan en una de esas ocasiones, cuando volv&iacute;amos en el auto.<\/p>\n<p>&mdash;A lo mejor fantasea con vengarse de vos y cogerse a su mujer &mdash;le dije, para luego apretar su verga&mdash;. Dejalo que mire. &iquest;A nosotros qu&eacute; nos importa?<\/p>\n<p>Para mi sorpresa, Alan apart&oacute; mi mano. Ten&iacute;a el ce&ntilde;o fruncido.<\/p>\n<p>&mdash;No me gusta que te mire as&iacute; &mdash;dijo, y no habl&oacute; m&aacute;s en todo el trayecto.<\/p>\n<p>Nuestra frecuencia sexual disminuy&oacute; considerablemente. Pero eso no era lo que m&aacute;s me preocupaba. Lo peor era que sent&iacute;a que la calidad del sexo hab&iacute;a desmejorado. Incluso en una ocasi&oacute;n Alan no pudo lograr endurecer lo suficiente su verga como para penetrarme. Hice de cuenta que no pasaba nada. Le dije que de seguro estaba cansado y estresado. Pero sab&iacute;a que fue un golpe duro para &eacute;l. Ya de por s&iacute; habr&iacute;a de ser dif&iacute;cil tener un miembro viril peque&ntilde;o, y si encima ahora no funcionaba como deber&iacute;a, ser&iacute;a un golpe al ego muy fuerte.<\/p>\n<p>Pero eso ocurri&oacute; solo una vez. Lo que no significaba que nuestra vida sexual estuviera mejorando. Alan me cog&iacute;a como si sintiese rabia al hacerlo, y acababa pronto, casi siempre llegando al cl&iacute;max &eacute;l solo.<\/p>\n<p>Creo que yo misma no alcanzaba a comprender que nuestro matrimonio se estaba desmoronando. Comprend&iacute;a que atraves&aacute;bamos una crisis, pero no asimilaba su gravedad.<\/p>\n<p>Por suerte en la empresa nos llev&aacute;bamos en general bien. Aunque ahora parec&iacute;amos m&aacute;s que nada socios. La sensualidad que sol&iacute;a surgir a veces, cuando &eacute;l me manoseaba en la oficina, o cuando ten&iacute;amos sexo sobre el escritorio, cuando todos los empleados ya se hab&iacute;an ido, hab&iacute;a quedado en el pasado.<\/p>\n<p>Pero yo estaba convencida de que solo era una crisis pasajera. Ya volver&iacute;an los buenos tiempos. Sin embargo, Alan estuvo raro durante unos d&iacute;as. Y cuando digo raro me refiero a que estaba de buen humor. Eso me alarm&oacute;. Deber&iacute;a hacerme feliz verlo bien, pero me daba cuenta de que yo no era la causa.<\/p>\n<p>As&iacute; que un d&iacute;a simplemente decid&iacute; revisar su tel&eacute;fono. Nos est&aacute;bamos preparando para salir a una cita a la que me cost&oacute; mucho convencerlo. Hac&iacute;a rato que no ten&iacute;amos un momento rom&aacute;ntico juntos. Cuando se meti&oacute; en el ba&ntilde;o, aprovech&eacute; para husmear en el aparato.<\/p>\n<p>Ah&iacute; estaba todo, sin que siquiera el imb&eacute;cil se hubiese molestado en cubrir sus huellas. Obvio que conoc&iacute;a su contrase&ntilde;a para desbloquearlo. No era est&uacute;pida. Como suelen decir, el que busca encuentra. Y yo encontr&eacute; la conversaci&oacute;n con Carolina. Una veintea&ntilde;era de senos gigantes. Le&iacute; todo lo que pude, descubriendo mensajes subidos de tono que claramente evidenciaban una traici&oacute;n. &ldquo;&iquest;No ten&eacute;s una foto sin la pollerita?&rdquo;, preguntaba Alan. A lo que la cuasi adolescente respond&iacute;a con risas. Alan le hab&iacute;a respondido una historia en donde la chica sal&iacute;a con una ropa muy sensual, de ah&iacute; su pregunta.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que Carolina, &iquest;eh? &mdash;le dije, cuando lo encar&eacute;.<\/p>\n<p>Nunca estuve tan enojada. Y no solo estaba furiosa por la traici&oacute;n, sino por el hecho de que me hiciera lidiar con ella, casi como si se hubiera quedado expuesto a prop&oacute;sito. Le dije de todo. Estuve durante minutos grit&aacute;ndole, ech&aacute;ndole en cara lo mal que me estuvo tratando en el &uacute;ltimo tiempo, lo hip&oacute;crita que era estando tan distante cuando en realidad estaba teniendo una relaci&oacute;n con alguien.<\/p>\n<p>&mdash;Dani, te juro que no hice nada &mdash;dijo &eacute;l una y otra vez.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a creer que acudiera a respuestas tan trilladas como esa. Que no era nadie realmente importante, que en verdad no hab&iacute;a pasado nada entre ellos, etc. Lo ech&eacute; del departamento. Esa noche dormir&iacute;a afuera, no me importaba en d&oacute;nde.<\/p>\n<p>&mdash;Y que no me enter&eacute; de que te vas a ver con esa putita &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Nuestra cita hab&iacute;a quedado arruinada. Tanto tiempo que me hab&iacute;a tomado ponerme linda, con ese vestido negro, corto y ce&ntilde;ido, el pelo planchado y el maquillaje perfecto. Luc&iacute;a exactamente como le gustaba a &eacute;l: como una puta fina.<\/p>\n<p>Entonces entr&oacute; el llamado de Lorenzo. Estuve a punto de hacer de cuenta que no hab&iacute;a escuchado el celular, pero deb&iacute;a comportarme como una profesional; Lorenzo era muy molesto, pero si llamaba un domingo por la noche era por algo.<\/p>\n<p>&mdash;Dana. Tu marido no me atiende, pero igual es lo mismo. Ya habl&eacute; con el in&uacute;til del supervisor de tu empresa. A partir de este momento prescindiremos de su servicio.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; pasmada. No necesitaba analizar las consecuencias de eso, pues ya lo hab&iacute;amos pensado mil veces.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, Lorenzo, intentemos calmarnos &mdash;dije, aunque yo misma no estaba nada calmada debido a lo que me acababa de enterar de mi marido.<\/p>\n<p>&mdash;Pero si yo estoy muy tranquilo &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Okey, pero vos sab&eacute;s lo que provocar&iacute;a una decisi&oacute;n como esa. No podr&iacute;amos soportar tener que deshacernos de la mitad del personal. Nos fundir&iacute;amos. Ciento cincuenta familias en la calle. Vamos, me imagino que lo que sucedi&oacute; fue muy grave. Por algo me llam&aacute;s. Pero debe haber alguna soluci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Un empleado tuyo vino a trabajar borracho &mdash;dijo Lorenzo, con total aplomo&mdash;. Y se agarr&oacute; a trompadas con un cliente. &Eacute;l dice que, supuestamente, el cliente caus&oacute; alborotos. Pero las c&aacute;maras y los testigos dicen algo bien diferente. Resulta que este idiota se propas&oacute; con la mujer del cliente, y obvio, el tipo hizo lo que har&iacute;a cualquier hombre.<\/p>\n<p>De verdad ese vigilador era un imb&eacute;cil. Pero si ese era el problema, deber&iacute;a bastar con echarlo. No me gustaba despedir a nadie, pero este parec&iacute;a tenerlo bien merecido.<\/p>\n<p>&mdash;Lorenzo, entiendo tu enojo. Pero, por favor, al menos dame la oportunidad de convencerte. Vos sab&eacute;s que la mayor&iacute;a de nuestros empleados son buenos &mdash;esgrim&iacute;, tratando de ocultar la desesperaci&oacute;n que sent&iacute;a por dentro.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento, Dana, me ca&eacute;s bien, pero no es la primera vez que ocurre un problema con tus empleados. Esta solo fue la gota que rebals&oacute; el vaso.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; carajos est&aacute; diciendo?, pens&eacute; para m&iacute;. Esta era la primera vez que ocurr&iacute;a algo de tal magnitud. Adem&aacute;s, el empleado del que hablaba hab&iacute;a sido contratado a las apuradas justamente porque Lorenzo exigi&oacute; cubrir un puesto nuevo de un d&iacute;a para otro. &iquest;Acaso su resentimiento contra Alan resultaba ser mucho mayor al que hab&iacute;a imaginado? No permitir&iacute;a que mi empresa desaparezca por algo que ocurri&oacute; hace una d&eacute;cada. No me pod&iacute;a imaginar siquiera lo que implicar&iacute;a despedir a todos nuestros empleados.<\/p>\n<p>&mdash;Lorenzo. Esta es una decisi&oacute;n muy importante para que la tomes en caliente, cuando el problema reci&eacute;n sucedi&oacute;. Desde ya te prometo que voy a despedir a ese vigilador, pero al menos esper&aacute; un poco para rescindir nuestro contrato. &iquest;Podemos vernos y hablar tranquilamente?<\/p>\n<p>&mdash;Ahora estoy en mi oficina, pero no creas que vas a poder convencerme &mdash;dijo&mdash;. Ten&eacute;s media hora para estar ac&aacute;.<\/p>\n<p>&iquest;Media hora? Ni siquiera ten&iacute;a tiempo de cambiarme. A la mierda, me dije. En todo caso le dir&iacute;a que sal&iacute; de una cena programada hace mucho tiempo, solo para verlo. Eso deber&iacute;a jugarme a favor.<\/p>\n<p>Me ped&iacute; un taxi. Pens&eacute; en lo curioso que era que estuviera trabajando a esas horas. &iquest;Ser&iacute;a debido a lo que ocurri&oacute; en el casino? Lo dudaba. Lorenzo ten&iacute;a intereses en m&uacute;ltiples negocios, as&iacute; que supuse que eso har&iacute;a que tuviera que ir a la oficina en d&iacute;as no laborales.<\/p>\n<p>Su cuartel general no estaba en ning&uacute;n casino. Alquilaba un piso en un moderno edificio de Puerto Madero. El guardia de seguridad me abri&oacute; la enorme puerta cuando llegu&eacute;. Se qued&oacute; at&oacute;nito al verme. Su mirada se fue indiscretamente a mis senos. No era de mi empresa, por lo que era natural que no me conociera. Mis empleados disimulaban mejor al encontrarse conmigo. &iquest;Pensar&iacute;a que Lorenzo hab&iacute;a contratado a una prostituta? No me naci&oacute; reprender al tipo, aunque en otro momento lo hubiera hecho. Ahora estaba preocupada por evitar que la empresa se fuera a pique. Ni me molest&eacute; en avisarle a Alan. Segu&iacute;a furiosa con &eacute;l. De hecho, prefer&iacute;a no verlo en ese momento, aunque supon&iacute;a que cuando viera la llamada perdida de Lorenzo, le devolver&iacute;a el llamado y este le dir&iacute;a que yo hab&iacute;a ido a su oficina.<\/p>\n<p>Pas&eacute; por el molinete, no sin percatarme de la insistente mirada del vigilador, que parec&iacute;a hipnotizado por mi trasero. Entr&eacute; al ascensor, y me mir&eacute; en el espejo que hab&iacute;a en sus paredes. Me ve&iacute;a bien. De hecho, me ve&iacute;a espl&eacute;ndida. El problema era que no era el aspecto de una mujer que iba a una desesperada reuni&oacute;n de trabajo. Los zapatos de tacos altos hac&iacute;an que mis piernas se vieran incre&iacute;bles. El vestido era tan corto que apenas cubr&iacute;a hasta un poco por debajo del trasero. El pelo estaba atado en un rodete, lo que generaba que mi cuello luciera elegante. Dos aros grandes y un collar dorado era lo que terminaba de darme ese aspecto de escort de lujo.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; al piso, y toqu&eacute; el timbre. No pod&iacute;a asegurarlo, pero en todo el edificio no parec&iacute;a haber nadie m&aacute;s aparte del vigilador de la entrada y del propio lorenzo. En efecto, fue &eacute;l mismo quien me abri&oacute; la puerta que daba directamente a su oficina.<\/p>\n<p>&mdash;Perd&oacute;n que venga as&iacute;, pero no tuve tiempo de cambiarme &mdash;fue lo primero que dije.<\/p>\n<p>&mdash;Pero si est&aacute;s perfecta. &iquest;Por qu&eacute; te disculp&aacute;s? &mdash;dijo &eacute;l&mdash;. Veo que Alan no va a formar parte de esta reuni&oacute;n. Mejor as&iacute;, porque no creo que su presencia sume algo.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s se nos una despu&eacute;s &mdash;dije, poni&eacute;ndome de repente a la defensiva.<\/p>\n<p>Entr&eacute; a la oficina. A pesar de que ya la conoc&iacute;a, no pod&iacute;a dejar de fascinarme por lo imponente que era. Era m&aacute;s amplia que el departamento que compart&iacute;a con Alan. Hab&iacute;a un living con sof&aacute;s Chesterfield de cuero y una coqueta mesa en el medio. El piso era de un reluciente m&aacute;rmol beige. En un extremo, despu&eacute;s de un escal&oacute;n, estaba su escritorio. Un mueble circular que separaba su exquisito sill&oacute;n ejecutivo de las sillas que estaban del otro lado. Era como si con ese mueble dejara en claro que quien fuera que se sentase frente a &eacute;l, no era un igual.<\/p>\n<p>Lorenzo ten&iacute;a un ego desmesurado, pero ten&iacute;a que reconocer que contaba con motivos para ser as&iacute;. Hasta donde sab&iacute;a, su familia era de clase media, tirando a baja, por lo que todo lo que hab&iacute;a conseguido hab&iacute;a sido por su cuenta. No dudaba de que estaba metido en negocios no muy legales que digamos, pero eso no quitaba que hab&iacute;a construido un imperio de la nada. Muchas veces me encontr&eacute; admirando su enorme ambici&oacute;n.<\/p>\n<p>Para mi sorpresa, no se sent&oacute; detr&aacute;s de su escritorio, sino que me indic&oacute; que me sentara en uno de los sof&aacute;s del living. Cuando cruc&eacute; las piernas, supe que durante un instante hab&iacute;a dejado a la vista mi ropa interior. No me import&oacute;. De hecho, dese&eacute; que me haya visto. &Eacute;l se coloc&oacute; a mi lado.<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute;, Dana, acept&eacute; esta reuni&oacute;n por cortes&iacute;a. Pero cuando se trata de negocios, suelo ser firme. Cuando algo no funciona, hay que cortar el problema de ra&iacute;z &mdash;dijo, con su voz rasposa y masculina.<\/p>\n<p>Estaba vestido con un impecable traje azul marino, y una corbata de seda del mismo color. Supuse que era Armani. Costar&iacute;a m&aacute;s de lo que Alan y yo gan&aacute;bamos en un a&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos, Lorenzo, no seas inflexible. &iquest;De verdad vas a juzgar nuestro desempe&ntilde;o como empresa por un hecho aislado? &mdash;dije, aunque ya sospechaba que no lo iba a hacer cambiar de opini&oacute;n con tanta facilidad. &eacute;l ten&iacute;a razones para estar molesto, pero lo que le hab&iacute;a dicho era cierto: no pod&iacute;a juzgar nuestro profesionalismo de los &uacute;ltimos seis meses por lo que hab&iacute;a hecho el idiota aquel.<\/p>\n<p>&mdash;Es que no es un hecho menor. Y no creas que tus empleados son tan eficientes como cre&eacute;s &mdash;dijo &eacute;l&mdash;. En fin, no quiero hacerte perder el tiempo, ni crearte falsas esperanzas. Esta asociaci&oacute;n con Alan termina hoy.<\/p>\n<p>Con qu&eacute; facilidad este tipo con ese elegante traje puede destruir a tantas familias de un plumazo, pens&eacute;, asqueada. Pero tambi&eacute;n not&eacute; algo. A pesar de que hac&iacute;a todo lo posible por mostrarse como un profesional, como un gerente fr&iacute;o y experimentado, sus ojos no dejaban de dirigirse a mis piernas y a mis tetas. Me deseaba. Eso era obvio. Y era muy probable que el hecho de que fuera la mujer del hombre que en el pasado le hab&iacute;a quitado a su pareja, le generaba un morbo especial, como as&iacute; tambi&eacute;n un sentimiento de revancha.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces, &iquest;es el fin? &iquest;As&iacute; de f&aacute;cil? &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>Separ&eacute; mis piernas, y volv&iacute; a cruzarlas, en un movimiento lento que indefectiblemente atrajo su atenci&oacute;n. Me pareci&oacute; notar que durante un instante contuvo el aliento.<\/p>\n<p>&mdash;Dana, esto no es personal &mdash;dijo&mdash;. De hecho, como te dije, vos me ca&eacute;s bien. Y no solo me ca&eacute;s bien, sino que creo que ser&iacute;as un gran elemento en mis empresas. Quisiera proponerte que seas mi asistente personal.<\/p>\n<p>Sonre&iacute;, con nerviosismo. As&iacute; que por ah&iacute; ven&iacute;a la cosa, me dije. Le arrebatar&iacute;a la empresa al tipo que tanto odiaba, e intentar&iacute;a quitarle su mujer. Hacer que trabaje para &eacute;l solo era el primer paso para tenerme cerca. Me indign&oacute; su pat&eacute;tica demostraci&oacute;n de poder. Pero no pod&iacute;a negar que resultaba eficiente.<\/p>\n<p>&mdash;Claro. Puedo ser tu secretaria. &iquest;Esa es tu fantas&iacute;a? &mdash;dije, con iron&iacute;a&mdash;. Tenerme entre estas paredes, yendo y viniendo con los papeles que ten&eacute;s que firmar. Con una minifalda diferente todos los d&iacute;as. Me mirar&iacute;as las piernas y el culo cada vez que saliera.<\/p>\n<p>&mdash;A mi &uacute;ltima secretaria la hac&iacute;a andar en tanga por esta oficina &mdash;dijo &eacute;l, como si nada.<\/p>\n<p>Sonre&iacute; con desprecio. Me puse de pie. Fui directo al gran ventanal que hab&iacute;a en el ala opuesta a su escritorio. La ciudad parec&iacute;a diminuta. Ya hab&iacute;a oscurecido. Observ&eacute; con nostalgia las cientos de luces que ve&iacute;a en la avenida. As&iacute; que a eso hab&iacute;a llegado, me dije. Me sent&iacute;a pat&eacute;tica, porque estaba consciente de que ese perverso hombre me ten&iacute;a entre la espada y la pared. Pero la ira que a&uacute;n sent&iacute;a por Alan de alguna manera opac&oacute; esa sensaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Deb&eacute;s sentirte muy poderoso ac&aacute; &mdash;dije&mdash;. Viendo a todo el mundo como si fueran moscas. Seguro te sent&iacute;s un gran hombre, disponiendo de la vida de los dem&aacute;s. Arruinando a centenas de familia de un plumazo. Sometiendo a las mujeres que dese&aacute;s, arrincon&aacute;ndolas con tu poder y con tu dinero.<\/p>\n<p>Lorenzo se acerc&oacute;, y se puso detr&aacute;s de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Dana, no seas tonta &mdash;dijo&mdash;. Cuando se trata de negocios hay que tener la cabeza fr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, lo s&eacute; &mdash;dije, sintiendo mis ojos ardiendo. Estaba a punto de largarme a llorar, pero me contuve.<\/p>\n<p>Entonces sent&iacute; su mano en mi pierna. No me sorprendi&oacute; que me manoseara, aunque s&iacute; me sorprendi&oacute; que no fuera directo a mi trasero. La mano era muy dura, y bastante &aacute;spera, por tratarse de un hombre de negocios. M&aacute;s bien parec&iacute;a la mano de un alba&ntilde;il. Los dedos subieron lentamente. Sent&iacute; mi vestido levant&aacute;ndose unos cent&iacute;metros, para que luego empezara a masajear mi muslo.<\/p>\n<p>&mdash;No voy a ser tu secretaria &mdash;dije&mdash;. Me vas a coger. Te vas a quitar el gusto de vengarte de Alan, y de acostarte con su mujer, tal como &eacute;l lo hizo con la tuya. Pero vas a seguir contrat&aacute;ndonos como empresa de seguridad. De todas formas eso es lo que quer&iacute;as, &iquest;no? A esto se reduce todo. Aunque finjas ser un profesional centrado y calculador, todo esto es para cogerme. Para desquitarte del golpe al ego que te dio mi marido hace tiempo. Bueno, te felicito. Ac&aacute; me ten&eacute;s.<\/p>\n<p>El movimiento de su mano se detuvo. Por un instante sent&iacute; que se dispon&iacute;a a retirar sus dedos de ah&iacute;, pero en cambio los subi&oacute;, en un movimiento mucho m&aacute;s brusco que el anterior, y empez&oacute; a acariciar mi vulva a trav&eacute;s de la bombacha.<\/p>\n<p>&mdash;Acepto. Por esta vez voy a perdonarlos &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Me baj&oacute; la bombacha hasta los tubillos. Luego se irgui&oacute;, me agarr&oacute; de las caderas y apoy&oacute; su verga en mi trasero. Era tan grande como lo insinuaba su estatura. Y el hecho de que durante a&ntilde;os el &uacute;nico pene que me hab&iacute;a penetrado fuera el peque&ntilde;o miembro de Alan hac&iacute;a que se sintiera inconmensurable.<\/p>\n<p>Empuj&eacute; con el trasero hacia atr&aacute;s y empec&eacute; a frotarme con aquel poderoso falo. Me encontr&eacute; haciendo movimientos obscenos con mi culo. Era como si estuvi&eacute;ramos perreando. Apoy&eacute; ambas manos en el vidrio y separ&eacute; las piernas. Me sorprendi&oacute; encontrarme tan excitada y entregada. El morbo que hab&iacute;a detr&aacute;s de esa relaci&oacute;n de poder entre nuestras empresas, y que ahora culminar&iacute;a con el presidente de los casinos cogi&eacute;ndose a la esposa de la peque&ntilde;a empresa de seguridad, me produjeron una lujuria incontrolable. Claro, la traici&oacute;n de Alan tambi&eacute;n hab&iacute;a contribuido a que en ese momento no tuviera reparos en convertirme en una puta; como as&iacute; tambi&eacute;n incid&iacute;a en mi cambio de &aacute;nimo esa magn&iacute;fica pija que ahora se restregaba en mis gl&uacute;teos.<\/p>\n<p>Pod&iacute;a vernos de manera difusa en el vidrio. Lorenzo se frotaba los labios con la boca, y observaba el movimiento de caderas que yo a&uacute;n hac&iacute;a, con incre&iacute;ble deleite. Luego arrim&oacute; sus labios a mi oreja. Me la chup&oacute;, y me susurr&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Alan siempre tuvo un exquisito gusto con las mujeres &mdash;dijo&mdash;. Eso s&iacute;, siempre eligi&oacute; a las m&aacute;s putas.<\/p>\n<p>Las palabras denigrantes no me hicieron cosquillas. Y es que ya hab&iacute;a aceptado el papel que me tocaba, y sab&iacute;a que no iba a cogerme de manera rom&aacute;ntica y caballerosa.<\/p>\n<p>Escuch&eacute; el cierre del pantal&oacute;n baj&aacute;ndose. &iquest;Me iba a coger con ese car&iacute;simo traje puesto? Por lo visto s&iacute;, pens&eacute;, al notar que ni siquiera se quitaba el saco.<\/p>\n<p>Hizo un movimiento p&eacute;lvico y de un momento a otro ya se encontraba adentro de m&iacute;. Su verga se abri&oacute; paso lentamente. Gem&iacute;, pues no pod&iacute;a hacer otra cosa mientras ese hermoso rabo se introduc&iacute;a lentamente en mi vagina. Se sent&iacute;a bien. Incre&iacute;blemente bien. Una oleada de culpa me atorment&oacute; durante unos instantes, mientras Lorenzo se meneaba detr&aacute;s de m&iacute;; pero enseguida la apart&eacute; de mi cabeza. Alan me traicion&oacute;, me dije.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de no pensar en eso. La verdad es que en ese instante toda mi vida estaba dando un vuelco. La relaci&oacute;n sana y feliz con mi marido parec&iacute;a haberse desmoronado, y yo me estaba cogiendo ni m&aacute;s ni menos que a su enemigo. As&iacute; que apart&eacute; esas conflictivas ideas y me dej&eacute; llevar por el morbo y la excitaci&oacute;n del momento. Solo iba a ser un momento. Quiz&aacute;s ni siquiera una hora. Algunos minutos en los que ser&iacute;a el juguete sexual de aquel taimado millonario.<\/p>\n<p>Torc&iacute; un poco el cuello para verlo cara a cara. Sus ojos marrones reflejaban no solo el placer, sino su arrolladora victoria. Para &eacute;l todo esto hab&iacute;a sido un juego. Un perverso juego en el que nos hac&iacute;a depender econ&oacute;micamente de nuestra sociedad, para que &eacute;l pudiera tirar de la soga cuando quisiera. Y ahora hab&iacute;a decidido hacerlo. Hab&iacute;a tirado de la soga y el resultado era que su verga se hab&iacute;a introducido en m&iacute;, y que yo estuviera gozando de sus embestidas, sin ning&uacute;n pudor, delante de ese vidrio, sabiendo que cab&iacute;a la posibilidad de quedar expuesta.<\/p>\n<p>&mdash;Manipulador hijo de puta &mdash;dije.<\/p>\n<p>Pero el jadeo con que se interrumpi&oacute; mi insulto dej&oacute; en evidencia que en ese punto mi cuerpo estaba completamente sumido en el goce que me generaba esa gruesa verga que me estaba hundiendo.<\/p>\n<p>Como era de esperar, &eacute;l solo se limit&oacute; a re&iacute;r, para luego empezar a embestirme con m&aacute;s fuerza. El vidrio era reforzado. No tembl&oacute; ni un poquito a pesar de que cada vez ejerc&iacute;a mayor presi&oacute;n con mis manos. Los jadeos de Lorenzo se tornaron cada vez m&aacute;s agitados, hasta que acab&oacute;.<\/p>\n<p>Se meti&oacute; en un rinc&oacute;n, en el que supuse que estaba el ba&ntilde;o y que ah&iacute; se sacar&iacute;a el preservativo. Me dej&oacute; ah&iacute;, con el vestido levantado y el culo al aire. Agarr&eacute; mi ropa interior, me la coloqu&eacute;, y acomod&eacute; mi vestido. Lorenzo volvi&oacute;. Quien viera lo prolijo e inmaculado que se encontraba no sospechar&iacute;a que acababa de echarse un polvo.<\/p>\n<p>&mdash;Quitate el vestido &mdash;me dijo.<\/p>\n<p>&mdash;Pero si ya hiciste lo que quer&iacute;as &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;No seas tonta. Pod&eacute;s quedarte quince o veinte minutos m&aacute;s. Te prometo que despu&eacute;s de eso, te libero.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me liber&aacute;s? &mdash;pregunt&eacute;, ofendida&mdash;. &iquest;As&iacute; que estoy secuestrada?<\/p>\n<p>&mdash;Claro que no. Pod&eacute;s irte cuando quieras. Pero si no quer&eacute;s que tu empresa se funda, quitate el vestido &mdash;insisti&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Hab&iacute;amos quedado en que si me cog&iacute;as no ibas a rescindir nuestro contrato &mdash;respond&iacute;, pat&eacute;ticamente, intentando encontrar una l&oacute;gica a toda esa situaci&oacute;n tan inusual.<\/p>\n<p>&mdash;No. Eso fue lo que vos asumiste. Me extra&ntilde;a Dana, sos una mujer de negocios. Siempre ten&eacute;s que tener en claro las cl&aacute;usulas de un acuerdo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;les son las cl&aacute;usulas de este acuerdo? &mdash;pregunt&eacute;, trag&aacute;ndome el orgullo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, simplemente que quiero hac&eacute;rtelo una vez m&aacute;s. En una rato tengo que ir a otra reuni&oacute;n, as&iacute; que no tengo tiempo para tus dudas. Quitate el vestido inmediatamente.<\/p>\n<p>A rega&ntilde;adientes, me lo quit&eacute;. Luego me dispuse a desabrochar mi brasier.<\/p>\n<p>&mdash;Todav&iacute;a no &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Se fue a su escritorio, y se sent&oacute; en el ostentoso sill&oacute;n acolchado. Me indic&oacute; que me acercara. No di m&aacute;s vueltas al asunto. Rode&eacute; el escritorio y fui a su encuentro.<\/p>\n<p>Me puse de rodillas. Cuando me inclin&eacute;, &eacute;l me detuvo. Me mir&oacute; desde arriba, examinado mi rostro con aparente meticulosidad. Entonces me percat&eacute; de que su celular estaba vibrando. Lo tom&oacute; y lo atendi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Alan. Bastante tarde me devolviste el llamado &mdash;dijo. Escuch&eacute; que mi marido le respond&iacute;a, seguramente dici&eacute;ndole que desde hac&iacute;a rato estaba intentando comunicarse&mdash;. Mir&aacute;, ahora no tengo tiempo de hablar con vos. Pero ya arregl&eacute; el asunto con Dana. Que ella te explique lo que hablamos. Ah, y otra cosa, Alan. Dana es una mujer de oro. Deber&iacute;as considerarte muy afortunado de que est&eacute; a tu lado.<\/p>\n<p>Colg&oacute;. Lo mir&eacute;, ahora con odio.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes &mdash;dijo&mdash;. Como hombre de negocios que soy s&eacute; que no es bueno presionar demasiado. Ahora me vas a chupar la pija, y nuestro acuerdo va a quedar sellado. Pod&eacute;s pensar lo que quieras de m&iacute;, pero no creo que me consideres como alguien que no cumple con su palabra.<\/p>\n<p>A&uacute;n sintiendo la rabia en todo mi ser, me inclin&eacute;, y empec&eacute; a mamar, sintiendo c&oacute;mo esa verga iba creciendo en mi boca.<\/p>\n<p>Cuando baj&eacute; por el ascensor me mir&eacute; en el espejo, temiendo tener el rostro sucio con semen. Pero no lo ten&iacute;a. Me lo hab&iacute;a tragado todo. Saqu&eacute; un caramelo de menta de mi cartera y me lo met&iacute; en la boca, para contrarrestar el sabor a semen que a&uacute;n sent&iacute;a en el paladar. En la planta baja me reencontr&eacute; con el vigilador, que esta vez me mir&oacute; a la cara con una evidente lascivia. Frunc&iacute; el ce&ntilde;o, pero nuevamente no pude decir nada. Sent&iacute;a el llanto en mi garganta; apenas hablara, empezar&iacute;a a lloriquear como una ni&ntilde;a. Adem&aacute;s, al fin y al cabo, el tipo no estaba errado en la impresi&oacute;n que hab&iacute;a dejado en &eacute;l. Seguramente se hab&iacute;a hecho la fantas&iacute;a de que era un puta de lujo y que durante todo ese tiempo estuve teniendo sexo con Lorenzo. Y ciertamente, no estaba nada alejado de la realidad.<\/p>\n<p>Volv&iacute; al departamento. Agradec&iacute; que Alan respetara mi decisi&oacute;n y no hubiera vuelto, a pesar de que ten&iacute;a todo el derecho de hacerlo, pues tambi&eacute;n era su casa. Pasaron un par de d&iacute;as, en los que no fui a la oficina, para no tener que cruz&aacute;rmelo. La excusa era que a&uacute;n estaba enojada con &eacute;l, pero tambi&eacute;n me sent&iacute;a culpable. Ahora que ten&iacute;a la cabeza un poco m&aacute;s fr&iacute;a, me di cuenta de que no estaba segura de que se hubiera acostado con otra mujer. Si bien esos mensajes eran en s&iacute; mismo una traici&oacute;n, no pod&iacute;a evitar sentir que lo que hab&iacute;a hecho yo hab&iacute;a sido mucho peor. Una parte de m&iacute; dese&oacute; que efectivamente se hubiera cogido a aquella veintea&ntilde;era, as&iacute; al menos est&aacute;bamos a mano. Pero Alan me juraba y perjuraba, en los mensajes que me mandaba a diario, que ni siquiera conoc&iacute;a en persona a esa chica. Y yo le cre&iacute;a. Muy a mi pesar, le cre&iacute;a.<\/p>\n<p>El d&iacute;a del reencuentro fue inevitable. Le pregunt&eacute; de nuevo si su traici&oacute;n hab&iacute;a escalado hasta lo carnal. Necesitaba que me lo dijera en la cara.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor &mdash;me dijo. Est&aacute;bamos en nuestra peque&ntilde;a sala de estar. Al decir esto, me agarr&oacute; de la mano. Instintivamente la apart&eacute;, pero al instante la dej&eacute; en mi rodilla, para que &eacute;l la tomara, esta vez sin reticencias de mi parte. Lo extra&ntilde;aba, y lo necesitaba&mdash;. Solamente era un histeriqueo por mensajes. No te niego que hice mal, y que si vos hicieras algo parecido me sentir&iacute;a igual de traicionado. Pero nunca me acost&eacute; con esa chica, ni con ninguna otra. Y nunca lo har&iacute;a.<\/p>\n<p>Le cre&iacute;a. Me hubiese gustado no hacerlo, pero le cre&iacute;a. Y entonces todo el mundo se me vino abajo. Hablamos un rato m&aacute;s sobre nuestros problemas de los &uacute;ltimos meses, incluyendo su violencia en la cama, y su bajo rendimiento sexual.<\/p>\n<p>&mdash;Todo es desde que conocimos a Lorenzo &mdash;dije.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. No te niego que desde que nos contrat&oacute;, me siento amenazado &mdash;dijo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tanto miedo ten&eacute;s de que se vengue de vos de alguna forma? &mdash;pregunt&eacute;, e inmediatamente pens&eacute; en que ya se hab&iacute;a vengado, aunque el pobre Alan nunca lo sabr&iacute;a, o eso esperaba.<\/p>\n<p>&mdash;No, no es eso &mdash;dijo. Frunc&iacute; el ce&ntilde;o. Siempre hab&iacute;a dado por sentado que su animadversi&oacute;n hacia Lorenzo ven&iacute;a por ese lado&mdash;. Es que&hellip; es un tipo poderoso, que a todas las mujeres les gusta. Y es obvio que est&aacute; caliente con vos.<\/p>\n<p>&mdash;Pero ya hablamos de eso &mdash;dije, algo irritada&mdash;. Dej&aacute; que desee lo que quiera. Nunca me va a tener. No entiendo por qu&eacute; tanta inseguridad de tu parte &mdash;agregu&eacute;.<\/p>\n<p>No ten&iacute;a idea de d&oacute;nde hab&iacute;a sacado el coraje como para armar semejante frase. Mam&aacute; siempre me hab&iacute;a dicho, cada vez que yo negaba alguna travesura, que ten&iacute;a la cara dura como una piedra, pero esto ya era demasiado.<\/p>\n<p>&mdash;Es que&hellip; no te dije la verdad en cuanto a mi alejamiento de Lorenzo &mdash;dijo Alan. Contuve el aliento, intuyendo lo que iba a decir a continuaci&oacute;n&mdash;. Yo nunca me acost&eacute; con su mujer.<\/p>\n<p>&mdash;&Eacute;l se cogi&oacute; a la tuya &mdash;dije, completando la frase. Alan asinti&oacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;Perdoname. Es que&hellip; supongo que en cierto punto estoy atado a los mandatos machistas. A los hombres no suele gustarles que se los considere un cornudo, y yo no soy la excepci&oacute;n.<\/p>\n<p>Comprend&iacute; todo. El cambio en la personalidad de Alan; la violencia que le despertaba depender tanto de Lorenzo, y que estuviera en todo momento como tema de conversaci&oacute;n; su bajo rendimiento sexual; lo poco viril que parec&iacute;a en los &uacute;ltimo meses. Todo cerraba. Hab&iacute;a reaparecido en su vida el hombre con el que la mujer que amaba lo hab&iacute;a enga&ntilde;ado, que adem&aacute;s era su amigo, y su destino econ&oacute;mico depend&iacute;a casi exclusivamente de ese hombre. Tambi&eacute;n record&eacute;, con rabia, algo que me hab&iacute;a dicho Lorenzo: &ldquo;Alan siempre tuvo un exquisito gusto con las mujeres. Eso s&iacute;, siempre eligi&oacute; a las m&aacute;s putas&rdquo;. Ahora esas palabras adquir&iacute;an nuevas dimensiones. Ahora me percataba de hasta qu&eacute; punto hab&iacute;a denigrado a mi marido, sin que se lo mereciera.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; horrorizada. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a pasar si se enteraba lo que hab&iacute;a hecho en la oficina de Lorenzo? Alan era un ser muy sensible. Pod&iacute;a tomar la peor decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de ocultar mi espanto. Llev&eacute; la conversaci&oacute;n de nuevo hacia lo que &eacute;l hab&iacute;a hecho. Dej&eacute; que hablara, y permit&iacute; que creyera que me hab&iacute;a convencido de perdonarlo.<\/p>\n<p>Pasaron algunos meses. Volvimos a ser una pareja unida. Todav&iacute;a no regres&aacute;bamos a los mejores tiempos, pero est&aacute;bamos mucho mejor que en esos oscuros meses. Ahora que Alan hab&iacute;a blanqueado sus temores, parec&iacute;a haberse sacado un enorme peso de encima, por lo que todos esos factores en los que hab&iacute;a empeorado, ahora se normalizaban.<\/p>\n<p>Pero yo no estaba muy bien que digamos. En todo momento tem&iacute;a que se enterara de lo que pas&oacute; aquella noche con Lorenzo. Estaba consciente de que ya no solo ten&iacute;a en sus manos a nuestra empresa, sino tambi&eacute;n a m&iacute;. Pero nuestra relaci&oacute;n comercial sigui&oacute; evolucionando. Hasta que un d&iacute;a recib&iacute; un llamado de aquel perverso hombre.<\/p>\n<p>&mdash;Dana, Dana. Ustedes de verdad me decepcionan &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Hab&iacute;amos hablado muchas veces por tel&eacute;fono durante ese tiempo, aunque hab&iacute;a logrado evitar verlo. En su momento hab&iacute;a pensado echarle en cara el hecho de que me hubiera ocultado el hecho de que &eacute;l siempre hab&iacute;a sido el malo de la pel&iacute;cula, quien traicion&oacute; a su amigo hace muchos a&ntilde;os; pero no ten&iacute;a sentido hacerlo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? &mdash;dije, controlando la ansiedad que siempre me generaba hablar con &eacute;l.<\/p>\n<p>Me encontraba en mi oficina. Sent&iacute; un nudo en el coraz&oacute;n. Si se comunicaba directamente conmigo cuando ocurr&iacute;a algo grave, era solo por un motivo.<\/p>\n<p>&mdash;Uno de tus empleados, ese tal Melgarejo, resulta que tiene antecedentes penales &mdash;explic&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Lorenzo, con todo respeto, siempre ped&iacute;s personal de un d&iacute;a para otro, y hacemos lo que podemos. Melgarejo tuvo un excelente desempe&ntilde;o en las entrevistas. Ahora entr&oacute; en un per&iacute;odo de prueba, y tiene derecho a adjuntar el certificado de antecedentes penales a lo largo de estos meses. Pero si efectivamente tiene antecedentes, puedo sacarlo. Solo quiero que entiendas que no tengo una bola de cristal con la que puedo saber sobre la vida de mis empleados sin que ellos me lo hayan mencionado.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que lo entiendo. El problema es que fue descubierto robando del bolso de una de las mozas del casino. El imb&eacute;cil fue visto en c&aacute;maras. Esto es motivo m&aacute;s que suficiente para desvincularme de ustedes. Ya estoy teniendo entrevistas con otras empresas.<\/p>\n<p>Maldito hijo de puta, pens&eacute;. Estaba claro que durante todos esos meses estuvo esperando que se diera la situaci&oacute;n adecuada para amenazarme nuevamente. Para orillarme hasta dejarme sin alternativas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quer&eacute;s que haga? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Que vengas a mi oficina a la noche &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;No, a la noche no &mdash;dije, susurrando&mdash;. No tengo ganas de inventar una excusa a mi marido para salir &mdash;aclar&eacute;. Y luego de pensarlo un rato, agregu&eacute;&mdash;: Voy ahora mismo para all&aacute;. Debe haber alg&uacute;n hotel cerca, &iquest;no?<\/p>\n<p>&mdash;Claro. Ya mismo me encargo. Y Dana, otra cosa&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;pregunt&eacute;, exasperada.<\/p>\n<p>&mdash;Me encanta que seas pragm&aacute;tica en los negocios.<\/p>\n<p>&mdash;Buen eufemismo para decir que te encanta que sea tan puta &mdash;dije, y colgu&eacute;.<\/p>\n<p>Luego fui a la oficina de Alan. Le dije que me sent&iacute;a mal y que necesitaba descansar.<\/p>\n<p>&mdash;Claro, cu&iacute;date &mdash;me dijo, y luego agreg&oacute;&mdash;: Te amo. Lo sab&eacute;s, &iquest;no?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, lo s&eacute; &mdash;dije. Sal&iacute; de la oficina y cerr&eacute; la puerta a mi espalda. Luego volv&iacute; a abrirla, encontr&aacute;ndolo con la cara de perrito triste con la que sab&iacute;a que lo hab&iacute;a dejado&mdash;. Yo tambi&eacute;n te amo &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Fin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>6 &mdash;&iquest;As&iacute; estoy bien? &mdash;le pregunt&eacute; a Alan. Di una vuelta para que me observara con atenci&oacute;n. Llevaba un vestido sastrero gris. &mdash;Est&aacute;s sencillamente perfecta &mdash;dijo &eacute;l. Pareci&oacute; tragar saliva. Estaba muy nervioso. Desde que me inform&oacute; de esa reuni&oacute;n de negocios que lo estaba. No pod&iacute;a culparlo. Alan ten&iacute;a una empresa de seguridad en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4947,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-46355","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46355","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4947"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=46355"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46355\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=46355"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=46355"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=46355"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}