{"id":46432,"date":"2024-03-22T23:00:00","date_gmt":"2024-03-22T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-03-22T23:00:00","modified_gmt":"2024-03-22T23:00:00","slug":"la-chica-del-tren","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-chica-del-tren\/","title":{"rendered":"La chica del tren"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"46432\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">6<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 21<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Era imposible no mirarla. Era de esas mujeres que despertaban inmediatamente lujuria en los hombres. Y no era solo por c&oacute;mo luc&iacute;a. Llevaba un minivestido negro, con las mangas largas y el cuello redondo, sin escote. Una prenda que cubr&iacute;a mucho (al menos en la parte superior), pero al ser tan ce&ntilde;ido, y al dejar las piernas desnudas, resultaba dolorosamente sensual. Pero como dije, no era solo su apariencia. Ten&iacute;a la piel blanca y brillosa, estaba delicadamente maquillada, con los labios pintados de un color rojo, apenas intenso. Su cabello azabache estaba recogido. Pero creo que la verdadera lascivia la despertaban sus ojos. Sus ojos y su mirada. Eran marrones, grandes. Produc&iacute;an una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a: parec&iacute;an incre&iacute;blemente expresivos, pero, a la vez, le daban a su portadora un indiscutible aire de misterio.<\/p>\n<p>Ambos compart&iacute;amos el mismo vag&oacute;n del tren subterr&aacute;neo. Era raro ver a una mujer con esa elegancia y esa sensualidad en un lugar as&iacute;. Imagin&eacute; que se dirig&iacute;a a una fiesta, o a una cita.<\/p>\n<p>Era imposible no mirarla. Pero me percat&eacute; de que estaba siendo demasiado evidente, as&iacute; que desvi&eacute; la mirada. Entonces not&eacute; de que no era el &uacute;nico que hab&iacute;a ca&iacute;do bajo su hechizo. Los pocos viajeros que nos acompa&ntilde;aban la violaban con sus ojos. Cuando alguno de ellos ca&iacute;a en la cuenta de que su escrutamiento estaba siendo demasiado obvio, al igual que me hab&iacute;a pasado a m&iacute;, miraba a otra parte. Pero era inmediatamente reemplazado por otro curioso que quedaba hipnotizado por esa criatura que parec&iacute;a delicad&iacute;sima y salvaje a la vez. Esto ten&iacute;a como consecuencia que no hubiera un solo instante en que aquella diosa estuviera siendo acechada.<\/p>\n<p>Estaba parada, a pesar de que hab&iacute;a muchos asientos libres. Supuse que era porque si se sentaba iba a empeorar su situaci&oacute;n, pues su entrepierna iba a llevarse toda nuestra atenci&oacute;n, ya que esperar&iacute;amos el momento en que ese peque&ntilde;o vestido la dejara expuesta y su ropa interior quedara a la vista de los degenerados que est&aacute;bamos en ese vag&oacute;n.<\/p>\n<p>Calcul&eacute; que la hermosa hembra ten&iacute;a veintisiete o veintiocho a&ntilde;os. Treinta cuanto mucho. Al principio cre&iacute; que era menor, pero luego decid&iacute; que su piel lozana, sin ninguna imperfecci&oacute;n, que trasluc&iacute;a suavidad con solo verla, le quitaban unos cuantos a&ntilde;os. No obstante, la manera en que parec&iacute;a llevar su feminidad, la habilidad con que se hab&iacute;a maquillado, la seguridad en su actitud, a pesar de estar siendo acosada por un horda de machos desconocidos que en ese instante solo pensaban en c&oacute;mo se ver&iacute;a sin ese vestidito, me instaron a pensar que ya hab&iacute;a pasado sus veinte a&ntilde;os hac&iacute;a tiempo.<\/p>\n<p>Se gener&oacute; una perversa complicidad entre los seis o siete hombres que est&aacute;bamos presente. Frente a m&iacute; hab&iacute;a un gordito calvo que me sonre&iacute;a, como si con esa sonrisa me transmitiera sus pensamientos libidinosos. No hac&iacute;a falta tener telepat&iacute;a para saber lo que pensaba.<\/p>\n<p>Lo que pas&oacute; despu&eacute;s fue que los acosadores dejamos la prudencia de lado. La mujer miraba al frente, a la ventanilla por la que solo se ve&iacute;an paredes oscuras. As&iacute; que ya no nos molestamos en no mirarla por m&aacute;s tiempo del debido; al contrario, todos los ojos se clavaron en ella. Yo la mir&eacute;, arriba abajo, deleit&aacute;ndome con su perfecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Llevaba un zapato negro de tacos altos. Las piernas parec&iacute;an interminables, pues no solo eran largas, sino que su corto atuendo resaltaba esa cualidad, haciendo que parecieran a&uacute;n m&aacute;s extensas. Eran unas piernas torneadas y ejercitadas, aunque no de manera exagerada. Supuse que se manten&iacute;a en forma, aunque no tanto por ir al gimnasio, sino m&aacute;s bien por correr. El vestidito comenzaba en la parte m&aacute;s alta de sus muslos. La tela se ajustaba a ellos, como as&iacute; tambi&eacute;n a sus carnosas nalgas. Bastar&iacute;a con levantarla unos cent&iacute;metros para poder acceder a ese exuberante cuerpo.<\/p>\n<p>Yo me encontraba en una posici&oacute;n m&aacute;s complicada que la mayor&iacute;a de mis secuaces, ya que mi asiento estaba alineado con el lugar en donde ella se encontraba parada, agarrada de una travesa&ntilde;o plateado. As&iacute; que me ve&iacute;a obligado a torcer el cuello para observarla. Pero esa posici&oacute;n tambi&eacute;n ten&iacute;a sus beneficios, pues acced&iacute;a a su figura de perfil, por lo que no solo pod&iacute;a escrutar su parte trasera, sino que tambi&eacute;n el frente. Su rostro era precioso, de p&oacute;mulos marcados, nariz peque&ntilde;a y respingona. Las tetas no eran enormes, pero ten&iacute;an un tama&ntilde;o considerable y que, debido a lo ajustado que era el vestido, los hac&iacute;an resaltar. Estaban firmes, y sobresal&iacute;an de su esbelta silueta.<\/p>\n<p>La chica cambi&oacute; el peso de su cuerpo a la otra pierna. Ahora parec&iacute;a algo inc&oacute;moda, pero ninguno de los hombres del vag&oacute;n iba a tener una actitud caballerosa esa noche. No s&eacute; exactamente cu&aacute;l fue el motivo por el que se sell&oacute; esa complicidad t&aacute;cita entre nosotros. En esta &eacute;poca era raro que sucedieran estas cosas. Quiz&aacute;s la impunidad que cre&iacute;amos tener nos daba alas para sacar la parte m&aacute;s machista y retr&oacute;grada de nosotros. Alguno podr&iacute;a decir que en realidad no est&aacute;bamos haciendo nada malo. Pero lo cierto es que la est&aacute;bamos acosando. Y ahora que ella parec&iacute;a ya incapaz de ignorar la lascivia creciente que hab&iacute;a en ese reducido espacio, no nos compadecimos con ella.<\/p>\n<p>Por fin el tren se detuvo en la estaci&oacute;n terminal. La mujer ya estaba cerca de la puerta, pero ahora se coloc&oacute; frente a ella, ansiosa por salir de ese lugar. Imagin&eacute; que esa noche le contar&iacute;a a sus amigas, o quiz&aacute;s a su pareja, la an&eacute;cdota: un grupo de depravados desnud&aacute;ndola con la mirada. Se quejar&iacute;a del patriarcado, de lo retrasada que estaba a&uacute;n la sociedad, de las cosas que ya no deber&iacute;an tolerarse. Pero ahora parec&iacute;a una cachorrita asustada, rodeada de un mont&oacute;n de perros callejeros, mucho m&aacute;s corpulentos que ella, que solo pensaban en aparearse con esa criatura angelical que milagrosamente se hab&iacute;a cruzado en sus mon&oacute;tonas vidas.<\/p>\n<p>El tren empez&oacute; a perder velocidad. Todos nos dirigimos a la puerta en donde estaba ella. Algunos ten&iacute;amos la excusa de que esa puerta era la m&aacute;s cercana, pero otros se hab&iacute;an acercado a ella con el &uacute;nico fin de tenerla cerca.<\/p>\n<p>Sent&iacute; el olor de su perfume. Not&eacute; que ten&iacute;a los dientes apretados. Parec&iacute;a asustada. Y tambi&eacute;n me di cuenta de que era m&aacute;s peque&ntilde;a de lo que me hab&iacute;a parecido. Le sacaba casi una cabeza. Los hombres se amontonaron a su espalda. El tren fren&oacute; con cierta brusquedad. Entonces hubo una sacudida en el vag&oacute;n. Algunos de los tipos hab&iacute;an terminado pegados a ella, supuestamente debido a la inercia del movimiento. Pero como era de esperar, uno de ellos se hab&iacute;a apoyado en ella de manera obscena. Se trataba del gordito pel&oacute;n. Su pelvis se apretaba con el goloso trasero de la chica. Ella se mostr&oacute; horrorizada, pero no dijo nada, quiz&aacute;s intuyendo que si se quejaba, el otro simplemente le dir&iacute;a que hab&iacute;a sido sin querer.<\/p>\n<p>As&iacute; que se limit&oacute; a intentar abrir la puerta, pues hab&iacute;a tenido la mala suerte de tomar la &uacute;nica l&iacute;nea de subtes que no ten&iacute;a puertas autom&aacute;ticas. Pero el nerviosismo le jug&oacute; en contra. Cuando intent&oacute; hacerlo, con ese extra&ntilde;o picaporte que hac&iacute;a un movimiento semicircular, corri&oacute; la puerta antes de lo debido, y esta se abri&oacute; apenas unos cent&iacute;metros.<\/p>\n<p>Escuch&eacute; que la chica suspiraba, exasperada. Entonces el hombre pelado se apret&oacute; m&aacute;s a ella, extendi&oacute; la mano y la llev&oacute; hasta el picaporte.<\/p>\n<p>&mdash;Permitime linda, yo te ayudo.<\/p>\n<p>El resto lo miramos con profunda admiraci&oacute;n. Todos ten&iacute;amos ganas de pasar de la mera observaci&oacute;n a intentar un contacto f&iacute;sico. La chica a&uacute;n no atinaba a decir nada, a pesar de que ahora era obvio que la estaban apoyando con intenciones sexuales. Pero la pobre estaba atrapada entre el mont&oacute;n de hombres que se encontraban a su espalda, y esa puerta que no terminaba de abrirse. El gordito pel&oacute;n fingi&oacute; que le costaba abrirla, cosa que le sirvi&oacute; para restregar la verga en el orto de su inocente presa con total impunidad. Ella se alej&oacute; de &eacute;l, poni&eacute;ndose ahora a un costado, frente a m&iacute;.<\/p>\n<p>Parec&iacute;a que esa perversa aventura colectiva hab&iacute;a llegado a su final, pero la osad&iacute;a del gordo, y el silencio impotente de la chica, me hab&iacute;an envenenado el alma lo suficiente como para decidirme a pasar el l&iacute;mite. Llev&eacute; mi mano directo a su trasero. Primero lo acarici&eacute; con suavidad, casi como si estuviera intentado que no notara que la estaba tocando. Pero no tard&eacute; en hacerlo con m&aacute;s intensidad. La calentura era inmensa y el tiempo apremiaba. Ella gir&oacute; para mirarme. Parec&iacute;a furiosa, como si con esa mirada me ordenara que retirara inmediatamente mi mano de su culo. Pero pudo sostener esa mirada apenas unos instantes. Enseguida de desarm&oacute;, para dar paso a una expresi&oacute;n de s&uacute;plica. Me estaba rogando que dejara de molestarla, aunque no dec&iacute;a ni una palabra. Parec&iacute;a que estaba a punto de largarse a llorar. Pero en lugar de liberarla de mi mano invasora, simplemente apret&eacute; la nalga con mayor violencia.<\/p>\n<p>Todo hab&iacute;a ocurrido en apenas algunos segundos. Por fin la puerta se abri&oacute;. Retir&eacute;, con mucha dificultad, mis dedos de ese perfecto gl&uacute;teo. A mis veinte a&ntilde;os jam&aacute;s hab&iacute;a acariciado algo tan hermoso, tan terso, redondo y suave como eso. Y era probable que jam&aacute;s lo volviera a hacer. La mujer sali&oacute; antes que nadie, pero en ese instante al menos tres manos desconocidas acariciaron su trasero, como si tambi&eacute;n quisieran llevarse un recuerdo de esa hembra. La chica se acomod&oacute; el vestido, pues uno de los depravados hab&iacute;a logrado levant&aacute;rselo un poco, y se fue dando pasos largos y veloces. Mis compa&ntilde;eros de viaje se dirigieron a la salida opuesta a la que ella se dirig&iacute;a, seguramente por miedo a que la chica se encontrara con alg&uacute;n polic&iacute;a y decidiera denunciarlos. Algunos me miraban sonriendo, con admiraci&oacute;n y envidia, pues hab&iacute;a sido m&aacute;s osado que ellos.<\/p>\n<p>Yo en cambio, me dirig&iacute; a la misma direcci&oacute;n que ella. Algo me dec&iacute;a que no era de las mujeres que denunciaban ese tipo de situaciones. Su actitud sumisa, y el hecho de que no hubiera pronunciado ni una sola palabra mientras era vejada por unos desconocidos, me hac&iacute;a pensar as&iacute;.<\/p>\n<p>Como era de noche la estaci&oacute;n estaba casi vac&iacute;a. Ni siquiera hab&iacute;a empleados a la vista. Pero me sorprendi&oacute; su velocidad. Subi&oacute; la escalera en un santiam&eacute;n. No hab&iacute;a girado a verme, pero parec&iacute;a haberse percatado de que alguien la persegu&iacute;a. Cuando llegaba al &uacute;ltimo escal&oacute;n, pude ver su ropa interior negra. Un &uacute;ltimo recuerdo de esa experiencia tan er&oacute;tica. Luego sali&oacute; de la boca del subte y se perdi&oacute; en la ciudad, la cual s&iacute; estaba muy concurrida.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de tranquilizarme. &iquest;Qu&eacute; pensaba hacer? &iquest;Violarla? Sacud&iacute; la cabeza, reconociendo que me hab&iacute;a comportado como un animal. Cuando sal&iacute; de la estaci&oacute;n, vi sus piernas largas antes de que terminara de meterse en un taxi, para luego cerrar la puerta del veh&iacute;culo.<\/p>\n<p>&mdash;Nunca voy a volver a verla &mdash;dije, pensando en voz alta.<\/p>\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Levantate, Nico, que ya lleg&oacute; tu hermano con su novia!<\/p>\n<p>Mam&aacute; gritaba innecesariamente al otro lado de la puerta de mi dormitorio. Hab&iacute;a golpeado con mucha fuerza, y en repetidas ocasiones, por lo que ya me estaba desperezando.<\/p>\n<p>&mdash;Ya voy, ya voy &mdash;dije.<\/p>\n<p>Entonces mam&aacute; abri&oacute; la puerta.<\/p>\n<p>&mdash;No se te ocurra aparecer con esa cara de muerto. Date una ducha r&aacute;pida, y ponete ropa limpia. Ayer te dej&eacute; una muda en el ropero.<\/p>\n<p>Cerr&oacute; la puerta, dej&aacute;ndome solo. Le hice caso, pues necesitaba espabilarme. Me fui directo a la ducha. Hab&iacute;a llegado a casa a las siete de la ma&ntilde;ana, pues me hab&iacute;a ido a un boliche con algunos amigos. Era el mediod&iacute;a, as&iacute; que para m&iacute; eso equival&iacute;a a madrugar. No entend&iacute;a por qu&eacute; le daban tanta importancia a la visita de mi hermano con su novia.<\/p>\n<p>Sergio era un soltero empedernido, y por lo visto, a sus treinta a&ntilde;os acababa de encontrar el amor. Supuse que para nuestros padres eso habr&iacute;a de ser m&aacute;s importante de lo que yo pod&iacute;a llegar a imaginar. En mi caso, no pod&iacute;a importarme menos.<\/p>\n<p>Mi hermano mayor era el hijo que todo padre quer&iacute;a tener. Ten&iacute;a una aguda inteligencia. Se hab&iacute;a recibido de abogado hac&iacute;a ya unos cuantos a&ntilde;os. Ten&iacute;a una situaci&oacute;n econ&oacute;mica s&oacute;lida. Hasta se hab&iacute;a comprado un peque&ntilde;o departamento, lo que era toda una proeza teniendo en cuenta la Argentina en que vivimos.<\/p>\n<p>Yo me llevaba bien con &eacute;l. Como ten&iacute;a casi una d&eacute;cada m&aacute;s que yo, nuestra relaci&oacute;n nunca fue sim&eacute;trica. &Eacute;l era el hermano mayor al que acud&iacute;a cuando ten&iacute;a problemas. Fue el que me ense&ntilde;&oacute; los primeros secretos del sexo, y hasta algunos trucos para relacionarme con el sexo opuesto. Lo admiraba, claro. Aunque a veces tambi&eacute;n me picaba el bicho de la envidia, porque la predilecci&oacute;n de nuestros padres para con &eacute;l era m&aacute;s que evidente.<\/p>\n<p>Lo peor era que no pod&iacute;a culparlos por eso. Yo era un chico que a sus veinti&uacute;n a&ntilde;os no parec&iacute;a tener un futuro prometedor. No hab&iacute;a hecho ninguna carrera, y los pocos cursos que hab&iacute;a hecho, termin&eacute; por abandonarlos. Tampoco ten&iacute;a un trabajo fijo, y realmente no me entusiasmaba mucho la idea. Ten&iacute;a en cambio empleos espor&aacute;dicos, generalmente en el rubro de pintura, con lo que ganaba suficiente dinero como para salir todos los fines de semana a emborracharme y a olvidarme de mi miserable vida.<\/p>\n<p>Era un desastre. Mis padres apenas me toleraban. Y si a&uacute;n lo hac&iacute;an era solo porque hab&iacute;a tenido la astucia de empezar a ganar mi propio dinero para mis vicios. Pero esos ingresos estaban lejos de ser suficientes como para no ser un dolor de cabeza para ellos. Si bien ya casi no les ped&iacute;a dinero, tampoco aportaba nada para la casa. desde hac&iacute;a meses que me preguntaban cu&aacute;ndo iba a tener un trabajo de verdad. Estaba consciente de que no ten&iacute;a mucho margen para ser un adulto de provecho, pero tampoco ve&iacute;a una soluci&oacute;n a corto plazo. Y es que era un vago de alma.<\/p>\n<p>Termin&eacute; de ducharme, algo exasperado. Las visitas de Sergio sol&iacute;an tener como efecto resaltar esas diferencias que hab&iacute;a entre nosotros ante los ojos de nuestros padres. Seguramente vendr&iacute;a bien vestido, con un corte de pelo prolijo, con su andar elegante de caballero ingl&eacute;s. Era un hombre alto, y por alg&uacute;n motivo que desconoc&iacute;a, las mujeres lo encontraban irresistible. Era en todos sentidos, lo opuesto a m&iacute;. Yo era vago, poco inteligente, carente del atractivo suficiente como para acostarme con una mujer salvo que tenga unos cuantos tragos encima. Era un looser en toda regla.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de apartar los pensamientos negativos que me embargaban. Sergio era un buen tipo, y siempre hab&iacute;a sido el mejor hermano mayor que alguien pudiera tener. Cualquier resentimiento que me generara, no era culpa suya, sino m&iacute;a, y, en todo caso, de mis padres.<\/p>\n<p>Baj&eacute; para almorzar con la familia.<\/p>\n<p>&mdash;Este es mi hermanito, Nico &mdash;dijo mi hermano apenas aparec&iacute; en el comedor.<\/p>\n<p>La mesa ya estaba servida, por lo que la chica que hab&iacute;a venido de visita estaba sentada. Durante un instante solo vi su cabellera negra. El pelo lacio estaba suelto. Entonces ella corri&oacute; la silla hacia atr&aacute;s, se puso de pie y gir&oacute; hacia m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Jessica, mucho gusto &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Se qued&oacute; un instante mir&aacute;ndome con el ce&ntilde;o fruncido. Le di un beso en la mejilla. Trat&eacute; de no mostrar mi sorpresa. Rode&eacute; la masa para luego sentarme frente a ella, que a su vez estaba al lado de Sergio.<\/p>\n<p>&quot;No es ella, no es ella&quot;, me repet&iacute;a una y otra vez.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s bien, Nico? &mdash;dijo pap&aacute;&mdash;. Est&aacute;s p&aacute;lido.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, todo bien &mdash;dije.<\/p>\n<p>Me llen&eacute; el vaso de agua y tom&eacute; casi todo de un solo trago.<\/p>\n<p>&mdash;Me parece que alguien est&aacute; con resaca &mdash;coment&oacute; mi hermano, bromeando.<\/p>\n<p>Escuch&eacute; la t&iacute;mida sonrisa de Jessica. Hasta el momento no me hab&iacute;a atrevido a mirarla de nuevo. Pero esa risa me anim&oacute;. Quiz&aacute;s de verdad me hab&iacute;a equivocado. Aunque ese rostro era dif&iacute;cil de confundir.<\/p>\n<p>Sent&iacute;a que las manos me transpiraban, y que el est&oacute;mago se me revolv&iacute;a. S&iacute;, ten&iacute;a resaca. Pero la mayor parte de todas esas sensaciones eran producto de la presencia de mi nueva cu&ntilde;ada.<\/p>\n<p>Hice un esfuerzo enorme para mirarla nuevamente. Todo el optimismo del &uacute;ltimo momento se vino abajo. Esa piel blanca y brillosa, como si fuera una mu&ntilde;eca; esos ojos penetrantes e indescifrables; ese pelo negr&iacute;simo; esa boquita de labios finos y sensuales. No pod&iacute;a haber otra mujer como esa. Era la chica del tren.<\/p>\n<p>Nunca hab&iacute;a sido muy hablador en las reuniones familiares, as&iacute; que no fue raro que casi no dijera palabra. De hecho, escuch&eacute; c&oacute;mo en un momento Sergio le dec&iacute;a al o&iacute;do que yo era bastante t&iacute;mido y callado, tir&aacute;ndome un salvavidas sin siquiera saberlo.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de analizar el comportamiento de Jessica. Parec&iacute;a levemente nerviosa, pero eso podr&iacute;a deberse al hecho de que estuviera conociendo por primera vez a la familia de su pareja. &iquest;Me recordar&iacute;a? Hab&iacute;a pasado casi un a&ntilde;o del suceso del tren subterr&aacute;neo. Quiz&aacute;s ni siquiera me hab&iacute;a reconocido. No obstante, no pod&iacute;a olvidarme de que hab&iacute;a girado y me hab&iacute;a mirado a la cara mientras yo le palpaba el culo. Tampoco era un detalle menor el hecho de que mi aspecto no era para nada diferente al que ten&iacute;a en esa &eacute;poca. Si bien tuve mis etapas de experimentar con colores en mi pelo y usar aros o piercings, esta &uacute;ltima etapa ten&iacute;a un estilo muy b&aacute;sico, de pelo cortado al ras, sin ning&uacute;n adorno. As&iacute; que, s&iacute;, me ve&iacute;a exactamente igual a cuando la hab&iacute;a conocido.<\/p>\n<p>Conclu&iacute; que a lo m&aacute;ximo que pod&iacute;a aspirar era a que pensara que yo era simplemente alguien parecido al degenerado del tren. Era posible que el tiempo que hab&iacute;a pasado no hubiera sido suficiente para que se olvidara de mis facciones, pero quiz&aacute;s s&iacute; bastaba para que no estuviera segura de que era yo. As&iacute; que procur&eacute; actuar con la mayor normalidad posible, aunque las manos me segu&iacute;an transpirando y el coraz&oacute;n parec&iacute;a querer salirse de mi pecho.<\/p>\n<p>Al final fue la actitud de la propia Jessica lo que me hizo quedarme levemente tranquilo. Hablaba con desenvolvimiento con mis padres. Nos cont&oacute; que era cardi&oacute;loga, y que hab&iacute;a conocido a Sergio cuando &eacute;l estaba haci&eacute;ndose unos estudios de rutina. &quot;Qu&eacute; hijo de puta este Sergio. Levant&aacute;ndose a preciosuras como esa incluso cuando iba al m&eacute;dico&quot;, pens&eacute; yo, entre admirado y resentido, como de costumbre.<\/p>\n<p>Por la tarde estuve todo el d&iacute;a pensando en ella. Hab&iacute;a tenido su hermoso orto entre mis manos, y eso me llenaba de lujuria. Pero no pod&iacute;a evitar pensar que eso era todo lo que tendr&iacute;a de ella, mientras mi hermano tendr&iacute;a acceso a todas las obscenidades que le brindar&iacute;a una hembra de ese calibre. Por la noche me tuve que hacer una paja pensando en ella, pues si no, me ser&iacute;a imposible conciliar el sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Durante los d&iacute;as y semanas siguientes estuve con cierto temor a que se destapara la olla. Quiz&aacute;s Jesica hab&iacute;a mantenido la compostura por respeto a nuestros padres; pero tal vez luego lo medit&oacute; mejor y le cont&oacute; todo a mi hermano. Le mand&eacute; unos mensajes a Sergio, simplemente salud&aacute;ndolo o pregunt&aacute;ndole alguna tonter&iacute;a, para tantear el terreno. Parec&iacute;a que todo estaba perfectamente normal.<\/p>\n<p>Me plante&eacute; las posibilidades. La primera era que ella ni siquiera me recordara, lo que seria la mejor opci&oacute;n, por lejos. Seguramente recordar&iacute;a el suceso, pero habiendo tantos hombres acos&aacute;ndola, quiz&aacute;s hab&iacute;a quedado en su mente de manera borrosa. Pero eso era mucho esperar, pues no pod&iacute;a olvidarme de que me hab&iacute;a mirado de frente mientras abusaba de ella. La segunda opci&oacute;n era la que ya hab&iacute;a pensado: me encontraba parecido al chico del tren, solo que no pod&iacute;a estar segura de que yo era el mismo, por lo que dejaba el tema de lado. La tercera opci&oacute;n era la que m&aacute;s tem&iacute;a: me hab&iacute;a reconocido.<\/p>\n<p>Y de esta &uacute;ltima alternativa se desprend&iacute;an muchas posibilidades. &iquest;Se guardar&iacute;a el secreto? Me resultaba dif&iacute;cil creer que eso pudiera pasar, pero no pod&iacute;a descartarlo. Al tener esa belleza y esa sensualidad tan sobresalientes, probablemente estaba acostumbrada a ese tipo de situaciones. Quiz&aacute;s ni siquiera me reprend&iacute;a por haber actuado de esa manera. Pero otra vez estaba fantaseando. La otra opci&oacute;n era que le contar&iacute;a todo a Sergio. Y de aqu&iacute; hab&iacute;a otras tantas opciones. &iquest;C&oacute;mo reaccionar&iacute;a mi hermano? &Eacute;l siempre me hab&iacute;a dicho que a las mujeres hab&iacute;a que tratarlas bien. Probablemente ni siquiera podr&iacute;a asimilar la idea de que su hermanito era un abusador. &iquest;Esto podr&iacute;a hacer que no le creyera a su novia? Podr&iacute;a ser. Quiz&aacute;s, incluso si ella estuviera segura de que hab&iacute;a sido yo el que la manose&oacute; en el tren, &eacute;l la convencer&iacute;a de que estaba equivocada.<\/p>\n<p>Mi cabeza estaba hecha un l&iacute;o. Lo &uacute;nico que quedaba era dejar que pasara el tiempo y ver c&oacute;mo evolucionaban las cosas.<\/p>\n<p>En efecto, a medida que pasaron d&iacute;as y semanas, y que no parec&iacute;a haber ninguna consecuencia por mis actos, me fui sintiendo m&aacute;s aliviado. Sergio no parec&iacute;a haberse enterado de nada. Al menos a trav&eacute;s de los mensajes espor&aacute;dicos que intercambi&aacute;bamos, no notaba nada inusual.<\/p>\n<p>Durante ese tiempo me replante&eacute; mi actitud durante aquel viaje. Nunca me hab&iacute;a comportado de esa manera. &iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;a cruzado la l&iacute;nea? Es cierto que muchas veces se me iban los ojos cuando ve&iacute;a a mujeres de cuerpos voluptuosos. Pero nunca hab&iacute;a ido m&aacute;s all&aacute; de eso. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a de diferente en lo que sucedi&oacute; con Jesica? Me dije que probablemente ten&iacute;a que ver con la impunidad. Verme con otros tipos igual de degenerados que yo; notar la impotencia de ella, incapaz de defenderse de tantos machos alzados; su sumisi&oacute;n, probablemente producto del miedo; el peculiar contexto en el que me encontraba, con una hermosa mujer a merced de la lascivia de tantos extra&ntilde;os. Y finalmente aquel gordito pelado, que se hab&iacute;a animado a restregar su verga en el resping&oacute;n trasero de mi cu&ntilde;ada. Todo eso junto me hab&iacute;a motivado a hacer algo que en cualquier otra circunstancia no hubiera hecho. Todo eso y su silencio, su inmovilidad, su aspecto de animalito acorralado.<\/p>\n<p>De solo pensar en eso me pon&iacute;a la pija como una roca. Se supon&iacute;a que meditaba sobre el asunto para recapacitar y mejorar como hombre. Pero lo &uacute;nico que lograba era calentarme tanto que necesitaba urgentemente hacerme una paja, recordando la preciosa sensaci&oacute;n de mis dedos hundi&eacute;ndose en su orto, e imaginando cu&aacute;ntas cosas podr&iacute;a hacerle.<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a hecho nada? Me encontr&eacute; haci&eacute;ndome esa pregunta en incontables ocasiones. Quiz&aacute;s simplemente no supo c&oacute;mo reaccionar, y por eso solo atin&oacute; a marcharse r&aacute;pidamente, como quien huye de un animal salvaje que lo persigue para com&eacute;rselo. Pero me llamaba la atenci&oacute;n el tema de su edad. Ahora sab&iacute;a que contaba con veintiocho a&ntilde;os. Ya ten&iacute;a una edad suficiente con la que se habr&iacute;a enfrentado a esas situaciones muchas veces. &iquest;No hab&iacute;a aprendido c&oacute;mo reaccionar? Una teor&iacute;a morbosa apareci&oacute; en mi mente: quiz&aacute;s ella sent&iacute;a cierta excitaci&oacute;n en esos momentos. A lo mejor andaba provocando a tipos desconocidos para que sacaran las garras. Despu&eacute;s de todo, si todos nos hab&iacute;amos animado a rodearla y acosarla, hab&iacute;a sido porque ella nos hab&iacute;a provocado silenciosamente. De pronto, una duda que me hab&iacute;a seguido desde ese d&iacute;a encontr&oacute; por fin una respuesta. Nunca hab&iacute;a entendido c&oacute;mo era que todos los hombres presentes hab&iacute;amos actuado de la misma manera. Y la respuesta era simple: hab&iacute;amos hecho exactamente lo que ella esperaba que hici&eacute;ramos.<\/p>\n<p>Pensar en esto tambi&eacute;n hac&iacute;a que, de un momento a otro, tuviera una potent&iacute;sima erecci&oacute;n. No hab&iacute;a caso. Lejos de recapacitar sobre mis actitudes, lo &uacute;nico que lograba cuando me ensimismaba en los recuerdos y en las fantas&iacute;as, era que mi deseo por mi cu&ntilde;ada se convirtiera en una peligrosa obsesi&oacute;n.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; el d&iacute;a que hab&iacute;a previsto que llegar&iacute;a, pues era obvio: el d&iacute;a en que volver&iacute;a a ver a Jesica. El nerviosismo me embarg&oacute;. Pero lo bueno era que despu&eacute;s de ese encuentro terminar&iacute;a por confirmar que mi crimen hab&iacute;a quedado impune. As&iacute; que necesitaba verla.<\/p>\n<p>Sergio me hab&iacute;a pedido que lo ayudara a pintar la casa, pues hab&iacute;a decidido cambiar el color de las paredes. Mi hermano mayor no era de molestarme pidi&eacute;ndome cosas como si mi haraganer&iacute;a le molestara. Pero una de las pocas cosas en las que yo era h&aacute;bil era en la pintura. As&iacute; que fui a su departamento, sabiendo que Jesica estar&iacute;a ah&iacute;.<\/p>\n<p>Pero lo que me encontr&eacute; fue mejor de lo que esperaba. Porque ella estaba sola.<\/p>\n<p>&mdash;Sergio fue a comprar cinco litros m&aacute;s de pintura &mdash;musit&oacute;.<\/p>\n<p>Mi cu&ntilde;ada se hab&iacute;a puesto ropas viejas y desgastadas. Un remera celeste, bastante ce&ntilde;ida, que marcaba sus erguidas tetas. Me sorprendi&oacute; verla con una pollera color crema. Estaba evidentemente deteriorada por el paso del tiempo; hab&iacute;a perdido su color. Pero no dejaba de ser llamativo que no eligiera un pantal&oacute;n. El pelo estaba recogido. A pesar de lucir como una versi&oacute;n femenina y sexy del chavo del ocho, no dejaba de lucir deslumbrante. Se ve&iacute;a de una forma totalmente opuesta a como la hab&iacute;a conocido. No obstante, descubr&iacute; que su magia no estaba en su vestido, ni en su maquillaje. Ahora mismo pod&iacute;a ver la misma belleza desbordante que hab&iacute;a visto aquella vez.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;pregunt&oacute;, cuando not&oacute; que la estaba observando con intensidad.<\/p>\n<p>&mdash;Nada, perd&oacute;n. Es que te manchaste con pintura en la mejilla derecha &mdash;dije, se&ntilde;alando la diminuta mancha celeste en su piel.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a actuado con rapidez, pero me reprend&iacute; por haber sido tan obvio. Trat&eacute; de interpretar su actitud. Lo primero que percib&iacute; fue que estaba tensa. &iquest;Ser&iacute;a mi paranoia? Me di un tiempo para decidir si esa impresi&oacute;n hab&iacute;a sido acertada.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, voy a seguir pintando la cocina. Cuando venga tu hermano pueden empezar con el dormitorio &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a una voz suave, casi susurrante. Pronunciaba con una claridad perfecta. No ten&iacute;a un tono en particular. No me sostuvo la mirada. Se perdi&oacute; en la cocina, casi como si estuviera escapando de m&iacute;. Y sus palabras claramente significaban que quer&iacute;a mantener distancia de mi persona. Las implicaciones eran evidentes: Jesica sab&iacute;a perfectamente qui&eacute;n era yo.<\/p>\n<p>Fui a la cocina. Ella estaba inclinada, metiendo el rodillo en el balde de pintura. Se qued&oacute; unos instantes en esa posici&oacute;n. No estaba haciendo nada de otro mundo, y sin embargo se ve&iacute;a irresistible. Su pierna derecha algo flexionada, su torso inclinado hacia adelante, su trasero sobresaliendo, los senos colgados en el aire, unos mechones rebeldes cayendo en su perfecto rostro. Era toda una modelito, y estaba ah&iacute; haciendo esa tarea t&iacute;picamente masculina, solo por mi hermano. Se notaba que lo amaba.<\/p>\n<p>Not&oacute; mi presencia, pero no se molest&oacute; en dirigirme la mirada, cosa que reforz&oacute; mi certeza de que de s&iacute; me hab&iacute;a reconocido.<\/p>\n<p>&mdash;No le cont&eacute; nada a Sergio &mdash;dijo de pronto.<\/p>\n<p>Podr&iacute;a haberme hecho el tonto y decirle que no sab&iacute;a de qu&eacute; me estaba hablando. Pero ya estaba cansado de sentirme con tanta incertidumbre. Adem&aacute;s, su afirmaci&oacute;n me pareci&oacute; algo positivo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno&#8230; obviamente no ten&iacute;a idea de que te ibas a convertir en la novia de mi hermano &mdash;dije.<\/p>\n<p>Ahora s&iacute; me mir&oacute;, con el ce&ntilde;o fruncido.<\/p>\n<p>&mdash;Se supone que no deber&iacute;as hacerle eso a ninguna mujer. Independientemente de si se trata de la novia de tu hermano o no &mdash;respondi&oacute;&mdash;. Adem&aacute;s, te cuento que para entonces ya estaba saliendo con Sergio.<\/p>\n<p>Eso no lo hab&iacute;a pensado. De alguna manera hab&iacute;a hecho cornudo a mi hermano. No sab&iacute;a c&oacute;mo sentirme al respecto. Pero entonces todo lo sucedido tom&oacute; dimensiones diferentes. Su inacci&oacute;n en el vag&oacute;n del tren hab&iacute;a sido llamativa, pero si encima estaba en pareja, me hac&iacute;a pensar que Jesica no era una buena novia para mi hermano.<\/p>\n<p>&mdash;En realidad, nunca lo hab&iacute;a hecho con ninguna mujer &mdash;dije sin embargo, guard&aacute;ndome mis especulaciones por el momento.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; lo hiciste esta vez? &mdash;pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>Me hablaba d&aacute;ndome la espalda. Pasaba con torpeza el rodillo en la pared.<\/p>\n<p>&mdash;Porque&#8230; &mdash;dije&mdash;. Como no te quejaste del otro tipo, pens&eacute; que no te ibas a molestar porque yo tambi&eacute;n lo hiciera.<\/p>\n<p>Pens&eacute; que mi iba a mirar con indignaci&oacute;n, o cuanto menos con estupefacci&oacute;n. Pero sigui&oacute; pasando el rodillo.<\/p>\n<p>&mdash;Pero cuando me tocaste creo que fui bastante clara en que me sent&iacute;a inc&oacute;moda &mdash;dijo. Y luego agreg&oacute;&mdash;: Adem&aacute;s, &iquest;de verdad pens&aacute;s que una mujer puede disfrutar de ser abusada por siete hombres a la vez?<\/p>\n<p>Vaya, pens&eacute;, ni siquiera yo ten&iacute;a en claro cu&aacute;ntos &eacute;ramos en ese vag&oacute;n, y ella parec&iacute;a estar segura del n&uacute;mero.<\/p>\n<p>&mdash;Por eso despu&eacute;s te solt&eacute; &mdash;dije&mdash;. Y con respecto a tu pregunta. Bueno&#8230; mi primera impresi&oacute;n fue que nos estabas provocando, y que te dejaste manosear. Solo reci&eacute;n cuando llegamos a la estaci&oacute;n te mostraste arisca.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ustedes me estaban reteniendo! &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Obviamente ten&iacute;a raz&oacute;n. Yo estaba transformando la an&eacute;cdota, para que al menos pensara que estaba convencido de que hab&iacute;a estado buscando ser abusada. Esa era una conclusi&oacute;n a la que hab&iacute;a llegado a posteriori, pero en ese momento simplemente me dej&eacute; llevar por el poder que ejerc&iacute;amos en ella, al ser tantos lobos para una sola caperucita.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, no es lo que yo recuerdo &mdash;dije.<\/p>\n<p>Me pregunt&eacute; cu&aacute;nto tiempo tardar&iacute;a mi hermano. La pinturer&iacute;a quedaba a solo cinco cuadras. El clima se hab&iacute;a tornado muy tenso. Aunque ella no le hubiera dicho nada, estaba jugado. Seguro Sergio notar&iacute;a el cambio de humor de su novia, y la llenar&iacute;a de preguntas hasta que le dijera la verdad. Estaba perdido. Pero eso, reconocer que no ten&iacute;a salvaci&oacute;n, me dio un nuevo impulso.<\/p>\n<p>&mdash;Lo est&aacute;s haciendo mal &mdash;dije&mdash;. Ten&eacute;s que dejar que el rodillo absorba m&aacute;s pintura, y ten&eacute;s que hacer movimientos m&aacute;s largos, y ejercer m&aacute;s presi&oacute;n en la pared.<\/p>\n<p>Ella se detuvo, y sigui&oacute; mi consejo. Se inclin&oacute; de nuevo, con una sensualidad que comprend&iacute; que era totalmente natural para mi cu&ntilde;ada. Cuando se irgui&oacute;, una enorme cantidad de pintura cay&oacute; al piso. Aunque estaba empapelado con diario, era probable que lo traspasara.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, quiz&aacute;s exageraste un poco con la cantidad &mdash;le dije, riendo.<\/p>\n<p>Pero eso no sirvi&oacute; para distender el ambiente. Jesica segu&iacute;a tensa. Me acerqu&eacute; a ella, por detr&aacute;s. Tom&eacute; su mano.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; &mdash;dije.<\/p>\n<p>Manipul&eacute; su mano con la m&iacute;a, para indicarle la manera correcta en que ten&iacute;a que pasar el rodillo. Al hacerlo, me apoy&eacute; en su espalda. Mi entrepierna apoyada en su trasero, el cual ella tiraba levemente para atr&aacute;s, debido a la posici&oacute;n en que se hab&iacute;a parado. Hicimos el movimiento una, dos, tres veces. Jesica se encogi&oacute;, evidentemente contrariada, pero no se apart&oacute; hasta despu&eacute;s de un rato.<\/p>\n<p>Sentir ese pulposo orto apret&aacute;ndose sumisamente en mi verga hizo que esta engordara.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, gracias por ense&ntilde;arme. Ahora puedo hacerlo sola &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Sonre&iacute;. Tuve el fuerte presentimiento de que me hab&iacute;a encontrado con una mina de oro. Me acerqu&eacute; a ella antes de que retirara la mano con el rodillo del balde. La tom&eacute; de esa mano. Ella solt&oacute; el rodillo y se dej&oacute; llevar por la presi&oacute;n que le estaba ejerciendo, hasta que se irgui&oacute;, y se encontr&oacute; de nuevo cara a cara conmigo.<\/p>\n<p>Su semblante tom&oacute; una expresi&oacute;n muy parecida a la que hab&iacute;a tenido cuando acarici&eacute; su trasero en el subte. Parec&iacute;a estar suplic&aacute;ndome.<\/p>\n<p>Met&iacute; mi mano en mi boca y moj&eacute; algunos dedos con saliva. Luego la llev&eacute; a su mejilla y la frot&eacute;, ah&iacute; en donde se hab&iacute;a manchado con pintura, hasta que esta desapareci&oacute;. Jesica solo hab&iacute;a atinado a retroceder un poco, encontr&aacute;ndose con la pared que hab&iacute;a estado pintando, manch&aacute;ndose la pollera en el acto.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, dejame en paz &mdash;dijo, en un susurro.<\/p>\n<p>Pens&eacute; que se iba a apartar, pero se qued&oacute; ah&iacute;, esperando a que yo fuera el que me alejara. Cosa que evidentemente no hice. Apoy&eacute; mi mano en su rodilla, y fui subi&eacute;ndola lentamente, penetrando por adentro de su pollera.<\/p>\n<p>No estaba seguro de qu&eacute; clase de mujer era Jesica. No es que pareciera sentir un poderoso deseo hacia m&iacute;, cosa que yo s&iacute; sent&iacute;a por ella. Pero por alg&uacute;n motivo se qued&oacute; ah&iacute;, completamente inm&oacute;vil, mientras mis dedos se frotaban en su muslo.<\/p>\n<p>Le corr&iacute; la bombacha a un costado y hund&iacute; dos de mis dedos en su jugosa concha. Ella suspir&oacute; profundamente. Su cuerpo se estremeci&oacute;. Sus senos parecieron hincharse. Me sorprendi&oacute; la amplitud de su sexo. Ella cerr&oacute; los muslos, para evitar que siguiera hurgando en su interior, pero ya era demasiado tarde, pues ya me encontraba adentro. La penetr&eacute; a mayor profundidad, hasta que los dedos que estaban cerrados se encontraron con la vulva. Mi cu&ntilde;ada gimi&oacute;. Su expresi&oacute;n de goce se interrumpi&oacute; inmediatamente por uno de rabia. Comprend&iacute; que lo que la molestaba no era que la estuviera penetrando con mis dedos, sino el placer de su propio cuerpo.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a verse m&aacute;s sensual, con sus labios separ&aacute;ndose contra su voluntad mientras yo le encastraba mis falanges sin piedad; con la tela de la pollera cayendo en mi brazo, que se perd&iacute;a en su entrepierna.<\/p>\n<p>Entonces escuchamos que la puerta principal estaba siendo abierta. Retir&eacute; la mano inmediatamente. La pollera de Jesica cay&oacute;, y se acomod&oacute; por s&iacute; sola.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Todo bien, cabez&oacute;n? &mdash;me dijo mi hermano.<\/p>\n<p>Lo salud&eacute; con un movimiento de cabeza. No pod&iacute;a darle la mano, ya que mis dedos estaban impregnados por los fluidos vaginales de mi cu&ntilde;ada. La hab&iacute;a puesto en mi bolsillo, lo que tambi&eacute;n ayudaba a esconder la erecci&oacute;n que me hab&iacute;a provocado la putita de mi cu&ntilde;ada.<\/p>\n<p>&mdash;Todo bien, permiso, me voy al ba&ntilde;o un toque &mdash;dije.<\/p>\n<p>No ten&iacute;a ganas de orinar, obviamente. Iba a lavarme la mano, pero tuve una tentaci&oacute;n. Ol&iacute; mis dedos. La muy puta estaba mojada. Por fin lo entend&iacute;a. Su expresi&oacute;n de s&uacute;plica no significaba que estaba pidiendo que dejara de abusar de ella; se deb&iacute;a a que se conoc&iacute;a muy bien, y sab&iacute;a que terminar&iacute;a por acceder a tener sexo conmigo. &iexcl;Si hasta se hab&iacute;a dejado penetrar mientras su novio volv&iacute;a de hacer unas compras!<\/p>\n<p>Nunca hab&iacute;a conocido a alguien como ella. &iquest;Mi hermano sabr&iacute;a de sus debilidades carnales? El pobre ya deb&iacute;a ser todo un cornudo. Me compadec&iacute; de &eacute;l. Pero lo cierto era que la vida hab&iacute;a sido muy generosa con Sergio. Yo ten&iacute;a derecho de gozar un poco tambi&eacute;n. Pod&iacute;a ser que solo estuviera recibiendo sus sobras, pues deb&iacute;a que conformarme con atacar a Jesica cuando se presentara la ocasi&oacute;n oportuna. Pero la adrenalina que me produc&iacute;a ese juego tan peligroso era un bonus que me embriagaba de placer.<\/p>\n<p>Sal&iacute; del ba&ntilde;o, quiz&aacute;s con demasiada tranquilidad despu&eacute;s de lo que hab&iacute;a pasado. Los escuch&eacute; discutiendo. Luego Jesica se march&oacute; sin saludarme.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? &mdash;pregunt&eacute;, tratando de controlar mi temor.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; deb&iacute;a hacer si ella le hab&iacute;a contado que le hab&iacute;a metido los dedos en su sexo? Habiendo presenciado su discusi&oacute;n, me dije que lo iba a negar a muerte, pues era probable que la pelea hab&iacute;a sido porque &eacute;l no le crey&oacute; cuando me denunci&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Nada, dice que la llamaron del trabajo y tiene que cubrir un turno de urgencia. Siempre es lo mismo con esta piba &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>El alma me regres&oacute; al cuerpo. No le hab&iacute;a contado nada. Aunque igual eso no garantizaba que luego lo hiciera. En todo caso, ya estaba hecho. No hab&iacute;a podido controlarme, ni ella tampoco.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Se llevan mal? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No. La verdad es que la adoro. Puede ser que por eso me choquen estas cosas que parecen insignificantes &mdash;explic&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno. Ella se comprometi&oacute; con ayudarte a pintar, pero por lo visto tiene otras prioridades. As&iacute; que es entendible que te molestes. Supongo &mdash;dije.<\/p>\n<p>La verdad era que ninguno de los dos ten&iacute;a experiencia con las relaciones. Yo porque hab&iacute;a tenido muy pocas relaciones, y todas espor&aacute;dicas. Y &eacute;l porque jam&aacute;s hab&iacute;a tenido una relaci&oacute;n seria. Pero me pareci&oacute; lo correcto apoyarlo, m&aacute;s a&uacute;n despu&eacute;s de estar a punto de cogerme a su novia.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Uy, esta piba se olvid&oacute; su mochila! Tiene las cosas del trabajo ah&iacute; &mdash;dijo de pronto Sergio.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquilo, yo se la llevo &mdash;dije&mdash;. Salvo que quieras ir vos, para decirle que la perdon&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;No. Me voy a hacer el ofendido durante todo el d&iacute;a. No hay nada mejor que un polvo de reconciliaci&oacute;n &mdash;dijo &eacute;l&mdash;. And&aacute;, llev&aacute;sela. Debe estar en la cochera. Espero que se de cuenta antes de sacar el auto.<\/p>\n<p>Agarr&eacute; la mochila y sal&iacute; del departamento. Tom&eacute; el ascensor y marqu&eacute; el subsuelo. Estaba incre&iacute;blemente ansioso. Esperaba que no estuviera subiendo mientras yo bajaba. Cuando se fue, pens&eacute; que jam&aacute;s iba a volver a tener una oportunidad tan clara de cogerme a Jesica. Pero ahora se me presentaba la revancha apenas unos minutos despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Cuando abr&iacute; la puerta corrediza para salir hacia la cochera, me encontr&eacute; con Jesica, quien justamente pretend&iacute;a subir por el ascensor.<\/p>\n<p>Le entregu&eacute; la mochila, pero cuando ella la tom&oacute;, no la solt&eacute;. Jesica tirone&oacute; pero yo segu&iacute;a aferrado a ella.<\/p>\n<p>&mdash;Basta &mdash;dijo&mdash;. Si segu&iacute;s molest&aacute;ndome, le voy a contar a tu hermano.<\/p>\n<p>Me dio gracia lo que me dec&iacute;a. Lo l&oacute;gico hubiera sido que ya se lo hubiera contado hac&iacute;a rato. Definitivamente hab&iacute;a algo que no estaba bien en esa chica. Y como yo no era ning&uacute;n caballero, pensaba explotar esa debilidad.<\/p>\n<p>La cochera estaba vac&iacute;a. Era bastante grande, pero hab&iacute;a pocos autos. Probablemente la mayor&iacute;a de los propietarios se hab&iacute;an ido por el fin de semana. De todas formas, solo uno de los ascensores bajaba hasta ah&iacute;, as&iacute; que si bajaba alguien m&aacute;s, me enterar&iacute;a con tiempo de sobra, pues en principio deber&iacute;an llamar al ascensor.<\/p>\n<p>Finalmente le entregu&eacute; la mochila. Pero la segu&iacute;a hasta el auto. Antes de que pudiera abrir la puerta del veh&iacute;culo, me abalanc&eacute; sobre ella, y rode&eacute; su cintura con los brazos, inmoviliz&aacute;ndola.<\/p>\n<p>&mdash;No &mdash;dijo ella, con debilidad, casi como si no se creyera su propia negativa&mdash;. Por favor, ya basta. Soy tu cu&ntilde;ada.<\/p>\n<p>&mdash;Una cu&ntilde;ada muy loca, y muy puta.<\/p>\n<p>Torci&oacute; el cuello para poder mirarme. No dijo nada, pero en sus ojos pude ver que hab&iacute;a dado en el clavo. Jesica ten&iacute;a serios problemas psicol&oacute;gicos. Quiz&aacute;s hasta era una paciente psiqui&aacute;trica. Me pregunt&eacute; si ambas cosas estaban relacionadas. Es decir, si su locura estaba directamente vinculada con su actitud sumisa y provocadora. Era lo m&aacute;s probable. &iquest;Ser&iacute;a una ninf&oacute;mana?<\/p>\n<p>&mdash;No quiero hacerlo. No quiero &mdash;dijo, esta vez levantando la voz.<\/p>\n<p>Trat&oacute; de zafarse. Pero mis brazos estaban cerrados como tenazas, inmoviliz&aacute;ndola a pesar de sus est&eacute;riles intentos. Como dije, no soy ning&uacute;n caballero, y a pesar de su negativa, no me olvidaba de que ten&iacute;a el sexo empapado.<\/p>\n<p>La liber&eacute; de un brazo, pero con el que a&uacute;n la ten&iacute;a atrapada, apliqu&eacute; mucha m&aacute;s fuerza, por los que sus intentos de librarse de m&iacute; segu&iacute;an siendo infructuosos. Le levant&eacute; la pollera y baj&eacute; su ropa interior. Me baj&eacute; el cierre del pantal&oacute;n, y la penetr&eacute;.<\/p>\n<p>Me sorprendi&oacute; la punter&iacute;a que tuve, considerando que ella a&uacute;n se mov&iacute;a. Pero una vez que tuvo mi pija adentro, se qued&oacute; quieta. Parec&iacute;a que estaba reconociendo que acababa de perder una batalla. Puso sus ojos en blanco, y su cuerpo desisti&oacute; de todo forcejeo. Su cuerpo se sent&iacute;a liviano, suave y caliente.<\/p>\n<p>La penetr&eacute; una vez m&aacute;s. La verga entraba con incre&iacute;ble facilidad. Jesica empez&oacute; a gemir.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No era que no quer&iacute;as? &mdash;dije yo, y la penetr&eacute; con m&aacute;s fuerza.<\/p>\n<p>Sent&iacute;a su suave trasero cada vez que le hund&iacute;a mi falo por completo. Ah&iacute; est&aacute;bamos, en el subsuelo del edificio en donde viv&iacute;a mi hermano, en esa cochera oscura, apare&aacute;ndonos sin poder controlarnos. Jesica hab&iacute;a apoyado las manos en el techo del coche. Hab&iacute;a separado las piernas y hab&iacute;a dejado que yo hiciera lo que quisiera, totalmente resignada. No ten&iacute;a un papel activo en la traici&oacute;n. De hecho, parec&iacute;a una mu&ntilde;eca inerte, simplemente dej&aacute;ndose ultrajar. Pero su cuerpo la traicionaba a cada rato, pues sus continuos gemidos no hac&iacute;an m&aacute;s que reflejar el goce que estaba experimentando.<\/p>\n<p>Acab&eacute; adentro de ella. No me hab&iacute;a molestado en ponerme un preservativo, y mucho menos me iba a molestar en eyacular fuera de su cuerpo.<\/p>\n<p>Jesica se subi&oacute; la bombacha y se acomod&oacute; la pollera. Parec&iacute;a abrumada. No quiso mirarme a los ojos. Pero yo la vi de perfil. Otra vez ten&iacute;a esa expresi&oacute;n de ira con la que parec&iacute;a reflejar la indignaci&oacute;n que sent&iacute;a hacia su propia excitaci&oacute;n, hacia su propia debilidad. Entr&oacute; al auto, y se fue.<\/p>\n<p>Mis padres se sorprendieron cuando se enteraron de que Jesica hab&iacute;a abandonado a Sergio. Y mi hermano era el m&aacute;s sorprendido. Durante un tiempo el temor volvi&oacute; a atormentarme. Era obvio que la loca de mi excu&ntilde;ada hab&iacute;a querido que la cogiera. Pero nada me quitaba que se inventara que la hab&iacute;a obligado. Pero nuevamente el paso del tiempo me hizo apaciguar mis miedos.<\/p>\n<p>Otro pecado hab&iacute;a quedado sepultado, y solo vivir&iacute;a en los recuerdos de Jesica y m&iacute;os.<\/p>\n<p>Estaba convencido de que ella desaparecer&iacute;a de nuestras vidas. Pero un d&iacute;a Sergio vino con la noticia de que la hab&iacute;a dejado embarazada.<\/p>\n<p>&mdash;Estamos intentando volver &mdash;coment&oacute;.<\/p>\n<p>Me dio mucha pena. Era obvio que segu&iacute;a enamorado de ella, y tambi&eacute;n era obvio que Jesica solo regresaba con &eacute;l para no criar a su hijo sola. Era pat&eacute;tico. Sin embargo, la posibilidad de volver a verla, yo por ende, de volver a cog&eacute;rmela, me resultaba muy tentadora.<\/p>\n<p>En una ocasi&oacute;n, cuando ya estaba de ocho meses, encontr&eacute; la oportunidad de estar a solas con ella, cosa que hab&iacute;a sucedido muy pocas veces. Ella se hab&iacute;a mostrado esquiva, y las ocasiones en las que volvimos a vernos siempre estaba mi hermano o mis padres en el medio.<\/p>\n<p>Suele decirse que cuando las mujeres est&aacute;n embarazadas, se ven m&aacute;s hermosas que nunca. Esto realmente no es cierto, ya que a algunas mujeres el embarazo les sienta terriblemente mal. Pero mi cu&ntilde;ada s&iacute; cumpl&iacute;a con esa m&aacute;xima. Era todo redondeces y sinuosidades. Los senos y el trasero parec&iacute;an querer desgarrar las prendas con las que apenas pod&iacute;a cubrirse. La piel, siempre perfecta, ahora gozaba de una luminosidad y una suavidad que superaba a la que siempre ten&iacute;a. El pelo negro estaba suelto. Un pelo oscur&iacute;simo y brilloso contrastando la hermosa palidez de su cuerpo.<\/p>\n<p>Nos encontr&aacute;bamos en el departamento de Sergio, que ahora era de ambos. &Eacute;l hab&iacute;a salido a comprar unos medicamentos. Pobre Sergio, jam&aacute;s sabr&iacute;a las cosas que esa mujer hac&iacute;a cada vez que &eacute;l iba a hacer alg&uacute;n mandado.<\/p>\n<p>No parec&iacute;a inc&oacute;moda con mi presencia. Hasta el momento hab&iacute;a cre&iacute;do que simplemente sab&iacute;a disimular muy bien. Pero ahora que est&aacute;bamos solos no se ve&iacute;a afectada por el hecho de estar a solas conmigo. Me inclin&eacute;, y apoy&eacute; la mano en su barriga.<\/p>\n<p>&mdash;Es tuyo &mdash;dijo.<\/p>\n<p>No me sorprendi&oacute;. Sergio me hab&iacute;a contado que, supuestamente, hab&iacute;a engendrado esa criatura en una noche en la que se le rompi&oacute; el preservativo. Pero era demasiada casualidad, y las fechas coincid&iacute;an con el d&iacute;a en el que la pose&iacute; en la cochera. Lo m&aacute;s probable era que Jesica haya pinchado los profil&aacute;cticos, para que, en caso de quedar embarazada, pudiera endilgarle la responsabilidad al hermano m&aacute;s responsable.<\/p>\n<p>Se me cruz&oacute; por la cabeza preguntarle por qu&eacute; no hab&iacute;a tomado las medidas necesarias para evitar que eso sucediera. Pero con esa enorme panza que evidenciaba su inminente maternidad, me pareci&oacute; imprudente. Adem&aacute;s, yo mismo no me hab&iacute;a cuidado cuando tuvimos sexo.<\/p>\n<p>Me inclin&eacute;, y le di un beso en la voluminosa barriga.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s me baj&eacute; el pantal&oacute;n, y le met&iacute; la pija en la boca, esperando a que mi hermano me diera tiempo suficiente para acabar. Pobre Sergio, pens&eacute;, mientras su mujer me com&iacute;a la pija, con nuestro hijo secreto en su panza.<\/p>\n<p>Fin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 21<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>6 Era imposible no mirarla. Era de esas mujeres que despertaban inmediatamente lujuria en los hombres. Y no era solo por c&oacute;mo luc&iacute;a. Llevaba un minivestido negro, con las mangas largas y el cuello redondo, sin escote. 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