{"id":46995,"date":"2024-04-30T22:00:00","date_gmt":"2024-04-30T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-04-30T22:00:00","modified_gmt":"2024-04-30T22:00:00","slug":"rebecca-negocia-el-alquiler-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/rebecca-negocia-el-alquiler-parte-i\/","title":{"rendered":"Rebecca negocia el alquiler (parte I)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"46995\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Rebecca se hab&iacute;a criado como hija adoptiva de una familia acomodada, era la ni&ntilde;a mimada y protegida por todos. Su piel trigue&ntilde;a y belleza mestiza, contrastaba con la tez casi p&aacute;lida de sus progenitores y hermanos. Hab&iacute;a sido muy bien educada y muy bien aprendida, siempre movi&eacute;ndose por los c&aacute;nones morales correctos. Con su determinaci&oacute;n y buena conducta logr&oacute; recibirse de abogada con 24 a&ntilde;os y convertirse en el orgullo de toda su familia<\/p>\n<p>Sin embargo, ya estaba cansada y la vida la encontraba en una situaci&oacute;n diferente. Como inmigrante en Espa&ntilde;a y bastante frustrada a sus 30 a&ntilde;os, estaba desarrollando una personalidad que hab&iacute;a reprimido durante a&ntilde;os. La misma actitud y determinaci&oacute;n que la llevaron a obtener su t&iacute;tulo, ahora la utilizaba para obtener lo que quer&iacute;a a toda costa. Un poco alejada de la correcci&oacute;n moral inculcada por sus padres, ahora aprovechaba sus habilidades de seducci&oacute;n y sensualidad natural. Sab&iacute;a que ten&iacute;a poder sobre el sexo masculino, y disfrutaba de ejercerlo.<\/p>\n<p>Su sonrisa tan simp&aacute;tica como sugerente, su profunda mirada de ojos marrones y sus labios carnosos lograban obtener frutos simplemente con un gesto. Ni que hablar si dejaba ver sus extravagantes pechos, con un tama&ntilde;o casi que desproporcionado para su metro sesenta de altura. Aunque con los a&ntilde;os hab&iacute;a descubierto que en ocasiones surg&iacute;a m&aacute;s efecto intentar tapar sus inocultables senos y dejar su moreno abdomen al descubierto, para que la imaginaci&oacute;n masculina hiciera el resto del trabajo en la cabeza del observador.<\/p>\n<p>Gracias a estos dotes, Rebecca no pagaba alquiler hac&iacute;a cuatro meses. Hans, el viejo alem&aacute;n due&ntilde;o del piso, llegaba todos los lunes a primera hora para obtener su &ldquo;pago&rdquo;. Un pudiente jubilado de 72 a&ntilde;os que hab&iacute;a elegido terminar su vida cobrando rentas frente al mediterr&aacute;neo, y disfrutando del sexo pago con mujeres mucho m&aacute;s j&oacute;venes que &eacute;l. Para Rebecca era la definici&oacute;n de un viejo degenerado, es decir, una oportunidad que no pod&iacute;a dejar pasar.<\/p>\n<p>Ya casi no exist&iacute;a interacci&oacute;n en su rutina semanal. Hans tocaba la puerta, al entrar le daba un beso a Rebecca, le ojeaba las tetas y le daba una nalgada. Se destapaba una cerveza y desparramaba su enorme y robusto cuerpo en el sill&oacute;n de un cuerpo. Rebecca, que con suerte hab&iacute;a alcanzado lavarse la cara, forzaba una simp&aacute;tica sonrisa y se acercaba todav&iacute;a un poco dormida o con resaca de las copas del fin de semana.<\/p>\n<p>Se arrodillaba, desabrochaba el pantal&oacute;n y dejaba caer el descuidado miembro de tama&ntilde;o est&aacute;ndar de Hans. Rebecca ya ten&iacute;a el proceso automatizado para hacerlo acabar. Tomaba el pene con una mano y lo masajeaba, mientras se inclinaba para comer sus huevos peludos, lo que le aseguraba una erecci&oacute;n casi instant&aacute;nea. Desde ah&iacute; era todo m&aacute;s f&aacute;cil: ensayaba el mejor &quot;fellatio&quot; que pod&iacute;a dar a las 8 de la ma&ntilde;ana y cuando cre&iacute;a que hab&iacute;a sido suficiente, le alcanzaba con mirar a Hans profundamente a los ojos, mientras frotaba sus enormes senos contra las piernas del viejo y actuaba algunos gemidos.<\/p>\n<p>Generalmente, el alem&aacute;n comenzaba a sacudirse bastante y emitir fuertes sonidos cuando estaba por eyacular, Rebecca se quitaba el velludo y oloroso miembro germ&aacute;nico de la boca, para terminar haci&eacute;ndole una paja con sus pechos debajo y recibir el semen del septuagenario en la inmensidad de sus senos. Alguna que otra vez, el alem&aacute;n no era tan intenso o Rebecca no estaba atenta, y terminaba con su boca cargada del espeso semen de Hans, lo que le generaba un profundo malestar y asco.<\/p>\n<p>La rutina ten&iacute;a siempre el mismo final. Rebecca le daba su mejor sonrisa, el alem&aacute;n la miraba completamente exhausto y le dec&iacute;a:<\/p>\n<p>&#8211; Te ganaste otra semana preciosa, nos vemos el lunes.<\/p>\n<p>Ella se iba al ba&ntilde;o con el sentimiento del deber semanal cumplido y feliz por haberse ahorrado otros cientos de euros. Hans lentamente se incorporaba, sub&iacute;a sus pantalones, acomodaba su panza y finalmente se retiraba, no sin antes hacer un fondo blanco con la cerveza.<\/p>\n<p>Pero aquel lunes caluroso de verano, todo parec&iacute;a distinto. Por alguna raz&oacute;n, Rebecca se despert&oacute; antes de sentir la puerta o el despertador. Algo bastante extra&ntilde;o, ya que ven&iacute;a de una noche de s&aacute;bado muy intensa, que la hab&iacute;a llevado a estar todo el domingo con una resaca infernal. A los 30, el cuerpo ya no respond&iacute;a como a los 20, pero Rebecca sol&iacute;a olvidarlo al momento de tomar o participar de alguna que otra propuesta sexual.<\/p>\n<p>Como todav&iacute;a faltaban 30 minutos para las 8, opt&oacute; por cambiar la rutina. Pens&oacute; que tal vez, si le daba algo m&aacute;s al viejo verde de Hans, pod&iacute;a ganarse dos semanas o por qu&eacute; no un mes de alquiler. Que tan distinto pod&iacute;a ser dejarse penetrar por ese miembro est&aacute;ndar y de tiro corto, si ya se lo estaba llevando a la boca todos los lunes.<\/p>\n<p>Rebecca se levant&oacute; y se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o. Lav&oacute; sus dientes y se meti&oacute; en la ducha. Su plan era arreglarse bastante, maquillarse y esperarlo con lencer&iacute;a, para buscar un acuerdo m&aacute;s beneficioso para ambas partes. Pero esta vez algo cambi&oacute;, por alguna raz&oacute;n la invad&iacute;a una profunda excitaci&oacute;n por el nuevo reto. Esta excitaci&oacute;n r&aacute;pidamente se torn&oacute; sexual, y los dedos de Rebecca fueron casi que solos hacia su entrepierna. No pudo evitar pensar miles de situaciones que pod&iacute;an darse al momento de sorprender a Hans con su nueva propuesta. Su mente divagaba en fantas&iacute;as mientras el agua de la ducha ca&iacute;a sobre su cuerpo y sus dedos se deslizaban suavemente por los largos labios de su vagina. Pero lo que parec&iacute;a el comienzo de un momento placentero, fue bruscamente interrumpido: son&oacute; la puerta.<\/p>\n<p>El puntual alem&aacute;n estaba llegando 15 minutos antes y Rebecca estaba desconcertada. Decidi&oacute; intentar recibirlo desnuda con una toalla tap&aacute;ndola, no iba a ser menos estimulante para ese viejo morboso. R&aacute;pidamente, se quit&oacute; la gorra de ba&ntilde;o y devolvi&oacute; su negra cabellera a su tradicional &quot;cola de caballo&quot; que disimulaba los estragos que hab&iacute;a sufrido su pelo el fin de semana. Se sec&oacute; lo m&aacute;s r&aacute;pido que pudo, mientras el insistente viejo golpeaba la puerta y tocaba el timbre sin parar.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Ya voy! &#8211; grit&oacute; Rebecca desde el ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Decidi&oacute; en mil&eacute;simas de segundo dejar caer la toalla. Ten&iacute;a miedo de que Hans se hubiese enojado y no quisiera seguir con el pago de siempre. Pens&oacute; que lo mejor ser&iacute;a abrir completamente desnuda y darle la sorpresa. Corri&oacute; por el pasillo sintiendo una brisa liberadora en su sensibilizada entrepierna y con sus enormes pechos rebotando entre s&iacute;. Se fren&oacute; frente a la puerta, tom&oacute; un respiro hondo, puso su sonrisa m&aacute;s pervertida y abri&oacute; la puerta&hellip;<\/p>\n<p>Pero qued&oacute; completamente en shock. Sus reflejos atinaron a taparse sus partes &iacute;ntimas completamente expuestas. Frente a ella, se alzaba una enorme se&ntilde;ora rubia, de unos 50 a&ntilde;os y con unos tacones altos que la elevaban a un metro ochenta del piso. Sus ojos verdes penetrantes miraban a Rebecca con una mezcla de sorpresa e indignaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;T&uacute; eres Rebecca? &#8211; dijo muy enojada la se&ntilde;ora rubia en un precario espa&ntilde;ol<\/p>\n<p>Rebecca se dio cuenta de que esta se&ntilde;ora tambi&eacute;n era alemana, y probablemente ten&iacute;a alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n familiar con su arrendador, por lo que tom&oacute; coraje, se destap&oacute; las partes nuevamente y respondi&oacute;:<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, soy yo &ndash; retrucando con el mismo tono agresivo.<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora dio un paso al frente y qued&oacute; cara a cara con Rebecca, quien se esper&oacute; lo peor. La presunta alemana la miraba desde arriba, y pon&iacute;a sus pechos casi que en la cara de la achicada treinta&ntilde;era.<\/p>\n<p>Un segundo de tensi&oacute;n pareci&oacute; detener el aire del lugar. De las miles de situaciones que pasaron por su cabeza en la ducha, ninguna se acercaba a lo que estaba sucediendo. La mirada era tan tensa que Rebecca sent&iacute;a una mezcla de miedo y respeto ante esa enorme diosa germ&aacute;nica. Pero antes de que le saliera ni una palabra, la se&ntilde;ora dijo en un tono firme pero m&aacute;s calmada:<\/p>\n<p>&#8211; Vengo a cobrar el alquiler&hellip;<\/p>\n<p>Continuar&aacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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