{"id":47040,"date":"2024-05-03T22:00:00","date_gmt":"2024-05-03T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-05-03T22:00:00","modified_gmt":"2024-05-03T22:00:00","slug":"cicatriz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cicatriz\/","title":{"rendered":"Cicatriz"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"47040\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&ldquo;Bonita cicatriz.&rdquo;<\/p>\n<p>Ese hab&iacute;a sido su comentario al recibir la foto que hab&iacute;a demorado m&aacute;s de una hora en sacarme, despu&eacute;s de probar varias poses, mir&aacute;ndome en el espejo del ba&ntilde;o, desnuda e inquieta.<\/p>\n<p>Diez meses hab&iacute;an pasado desde nuestro &uacute;ltimo encuentro. Diez meses durante los cuales mi vida hab&iacute;a cambiado del todo.<\/p>\n<p>&ldquo;Bonita cicatriz&rdquo;<\/p>\n<p>&iquest;Me est&aacute;s jodiendo?, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Desde hac&iacute;a un mes, una sonrisa torpe y agria se dibujaba encima de mi pubis. Me hac&iacute;a pensar en la de Jack, de Pesadilla antes de Navidad. Ahora era madre y Alejandro solo ve&iacute;a de m&iacute; la puta sonrisa de un mu&ntilde;eco de Tim Burton que ten&iacute;a en el vientre.<\/p>\n<p>A mi amigo el barbudo le hab&iacute;a parecido oportuno mencionarme que hab&iacute;a cambiado de categor&iacute;a cuando le hab&iacute;a anunciado que, por fin, hab&iacute;a dado la luz. &ldquo;Ya eres MILF &iexcl;jejeje! &iexcl;qu&eacute; rico, carajo!&rdquo;. No lograba compartir el entusiasmo de mi c&oacute;mplice de siempre, mi alter ego &ldquo;gordo, calvo y morboso&rdquo;, como le gustaba describirse [ver cuento Siracusa]. Frente a la inmensa felicidad de haber dado la vida, ten&iacute;a la vergonzosa sensaci&oacute;n de haber perdido parte de la m&iacute;a. Llevaba m&aacute;s de cuatro meses sin llegar al orgasmo, sola o con mi novio, embarazada o no, con lengua, dedos, verga, juguetes&hellip; No lograba franquear el umbral del placer. Imag&iacute;nense, una gozadora en serie como yo, condenada a dar sin recibir. Era injusto. Siempre les hab&iacute;a contentado a todos, incluso a una mujer la hab&iacute;a dejado seca. Siempre hab&iacute;a lamido, mamado, masturbado, tragado con gula. Siempre me hab&iacute;an encontrado empapada, abierta y sonriente. Siempre dedicada y amorosa, y, de la noche a la ma&ntilde;ana, hab&iacute;a perdido mi facultad en venirme. Un par de semanas despu&eacute;s, las cosas hab&iacute;an empeorado y cualquier tipo de penetraci&oacute;n me provocaba un dolor vivo e insoportable. Trataba de compensar esta desgracia con la satisfacci&oacute;n de darle placer a mi pareja y sentirlo explotar en mi boca cada vez que le daba la ocasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Le hab&iacute;a comentado a Alejandro mi consternaci&oacute;n frente a esta nueva discapacidad y mi melancol&iacute;a al ver mi deseo atrofiarse a medida que mi panza crec&iacute;a. Convencido de la eficiencia de sus cuidados, me hab&iacute;a comentado que era seguro que podr&iacute;a remediarlo con un par de azotes en mi culo.<\/p>\n<p>La vida me hab&iacute;a regalado a Alejandro hac&iacute;a un a&ntilde;o y medio (ver cuento El lector 1 y 2; Reencuentro con el lector). Si hasta aquel momento me estimaba ser afortunada, &eacute;l hab&iacute;a sido un insolente exceso de suerte. Demasiado. El pastel en la cereza. Una bendici&oacute;n que me llevaba diez a&ntilde;os y en los caminos desacomplejados de la m&aacute;s profunda arrechura. Cada uno estaba cumplido con su pareja y su familia, en el sexo y en la vida. Ser amantes era &ldquo;extra&rdquo; y, como nos sobraba algo de alma a los dos, hab&iacute;amos dejado crecer un amor mutuo y adicional al que ya conoc&iacute;amos. Nuestros encuentros siempre hab&iacute;an sido volc&aacute;nicos, era capaz de convertirme en verdadera perra, hubiera podido ladrar a sus pies. Su maestr&iacute;a para dar placer revelaba una dedicaci&oacute;n excepcional y, pensaba yo, un don que todas las mujeres de la humanidad hubieran tenido que poder disfrutar. Me enorgullec&iacute;a hacerlo venir c&oacute;mo y cu&aacute;ndo me daba la gana y que dejara escapar gemidos que se acercaban a quejas por experimentar tanto placer. En esos instantes, este dominador empedernido se encontraba bajo mi control, suspendido a mis caricias y a mi lengua, sufriendo al estar mantenido en la inquietud deliciosa de la lenta subida de un orgasmo.<\/p>\n<p>&ldquo;Bonita cicatriz.&rdquo;<\/p>\n<p>Hac&iacute;a un a&ntilde;o, le hubiera escrito algo provocador, que la ver&iacute;a de cerca cuando tuviera su lengua metida en mi concha, por ejemplo. Extra&ntilde;aba a Alejandro y mis propios deseos. Despu&eacute;s de un rato, le contest&eacute;, sin el ardor con el que me conoc&iacute;a, pero con amor y cari&ntilde;o. Me sent&iacute;a como un campo de cenizas en el cual los brotes j&oacute;venes traspasaban con pena la alfombra gris que cubr&iacute;a el suelo.<\/p>\n<p>&ldquo;Me gustar&iacute;a que me abrazaras.&rdquo;<\/p>\n<p>Record&eacute; su acento peninsular que contrastaba con el m&iacute;o m&aacute;s latino, su olor y las pecas que estrellaban sus muslos, la textura de su piel. Recorr&iacute;a mentalmente su cuerpo con mis dedos. Lo pod&iacute;a volver a vivir todo mentalmente sin esfuerzo. Alejandro segu&iacute;a latiendo dentro de m&iacute; y necesitaba verlo.<\/p>\n<p>R&aacute;pidamente convenimos de una fecha despu&eacute;s que terminara mi licencia por maternidad y que hubiera vuelto a trabajar. Los dos pod&iacute;amos tomar un d&iacute;a libre, a escondidas de nuestras parejas, salir temprano y regresar a casa tarde, argumentando que hab&iacute;amos tenido que visitar a nuevos colaboradores en una ciudad alejada.<\/p>\n<p>A medida que se acercaba la fecha, crecieron las ganas mutuas y, de mi lado, una angustia latente que conoc&iacute;a demasiado. Decepcionarlo, f&iacute;sicamente. Mi cuerpo ya no era el que hab&iacute;a conocido y que tanto lo hab&iacute;a excitado. Antes le mandaba fotos de mi culo o de cualquier rinconcito de mi piel, seg&uacute;n sus pedidos, sin ning&uacute;n pudor y eso me excitaba. Entonces, a pesar de todos mis esfuerzos para borrar los estigmas del embarazo, el miedo a que viera mis defectos hab&iacute;a reemplazado mi afici&oacute;n exhibicionista que hasta ahora le reservaba. Borraba al instante las fotos que me sacaba, observando siempre en ellas un detalle que hubiera podido disgustarle. Termin&eacute; por darle las razones de esta reserva, ya solo ve&iacute;a en mi reflejo celulitis, estr&iacute;as, tetas tristes, ojeras y una cicatriz de ces&aacute;rea. Cada una de las frases con las cuales Alejandro me contest&oacute; vibr&oacute; en mi pecho.<\/p>\n<p>&ldquo;Tu cuerpo es especial y espectacular.&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Tu cicatriz es un sitio sobre el que quiero correrme.&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Y como soy muy pervertido y muy sincero, quiero decirte una cosa.&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Vuelvo a tener ganas horribles de embarazarte y ser el padre de una nueva criatura tuya.&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Cari&ntilde;o, solo de pensarlo&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Segu&iacute;a una foto de su entrepierna donde se ve&iacute;a n&iacute;tidamente la forma de su verga, dura y gruesa, deformar el jean que llevaba. Sab&iacute;a que era una de las im&aacute;genes que m&aacute;s me excitaban, adivinar una erecci&oacute;n contenida debajo de una bragueta que parec&iacute;a a punto de ceder. Lo que &eacute;l llamaba perversi&oacute;n era para m&iacute; una inconfundible marca de deseo y de amor. No solo me quer&iacute;a cachar por todos los agujeros y llenarme de semen, no, tambi&eacute;n ten&iacute;a la fantas&iacute;a de que fuera suya, de apoderarse por completo de m&iacute;, ligarnos para siempre, pre&ntilde;&aacute;ndome.<\/p>\n<p>Amaba a este hombre.<\/p>\n<p>Felizmente para m&iacute;, durante el par de meses que precedieron nuestro encuentro, volv&iacute; progresivamente a recuperar mis facultades sexuales. Con una paciencia y un cari&ntilde;o infinitos, mi pareja se empe&ntilde;&oacute; en ayudarme a reconquistar mi cuerpo y, m&aacute;s precisamente, mi cl&iacute;toris y mi vagina. Los hombres de mi vida eran tesoros. Cuando sal&iacute; con mi carro a las seis de la ma&ntilde;ana aquel d&iacute;a de mayo tan esperado, hab&iacute;a recobrado la totalidad de mis habilidades para venirme cuando me daba la gana y cachar divinamente en cualquier posici&oacute;n. A estas alturas, ser&iacute;a in&uacute;til describirles el estado de febrilidad en el cual estaba mientras me acercaba a la ciudad donde Alejandro hab&iacute;a reservado una habitaci&oacute;n en el hotel de las &uacute;ltimas veces, encantador y discreto, cuyas paredes de piedras antiguas sol&iacute;an acoger y guardar nuestros gemidos.<\/p>\n<p>Era como si el tama&ntilde;o de mi caja tor&aacute;cica se hubiera reducido. Sent&iacute;a mis pulmones comprimidos, me esforzaba para respirar lentamente. Ya falta poquito, Sandra. A medida que la distancia entre nosotros se reduc&iacute;a, extra&ntilde;arlo se volv&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s insoportable. &iquest;C&oacute;mo mierda pude esperar tanto tiempo? Un a&ntilde;o, casi exactamente. Llevaba un a&ntilde;o sin disfrutarlo. Los mensajes que nos hab&iacute;amos mandado reiteradamente en las &uacute;ltimas semanas me hab&iacute;an encendido, m&aacute;s morbosos unos que otros. Hab&iacute;amos vuelto a compartirnos videos de cuando nos masturb&aacute;bamos, mirando bien la c&aacute;mara en el momento de venirnos. Al recordar su cara deliciosa y su suspiro de goce, sent&iacute; el eco de mis pulsaciones card&iacute;acas entre mis piernas.<\/p>\n<p>Por fin apagu&eacute; el motor en el peque&ntilde;o estacionamiento subterr&aacute;neo del hotel. Me mir&eacute; en el espejito del carro. A falta de maquillaje, llevaba un buen par de ojeras. La maternidad me marcaba la cara como una noche de fiesta, era como una resaca continua, pero puntuada por biberones y cambios de pa&ntilde;ales. Podr&iacute;as haberte arreglado un poco, pens&eacute; mientras pasaba la mano por mi cabello y fing&iacute;a una sonrisa para ver c&oacute;mo quedaba. Estaba bien lejos de la Sandra del &uacute;ltimo encuentro, la que hab&iacute;a llegado con falda, tacones, maquillaje discreto, depilada, sin ropa interior y con un detallito especial, a pedido de Alejandro [ver Reencuentro con el lector]. Hoy estaba con el cabello desordenado, zapatillas gastadas, y un jean y un polo que llevaban, me acababa de dar cuenta, los estigmas del &uacute;ltimo biber&oacute;n que hab&iacute;a dado a mi hijo. Respir&eacute; hondo, sal&iacute; de mi carro y, al cerrar la puerta, sent&iacute; una presencia en mi espalda. No me di la vuelta ni me mov&iacute;. La presencia se acerc&oacute; y, con ella, una respiraci&oacute;n y un olor que hubiera reconocido entre miles. Entre mis reflexiones e intentos para verme mejor en el espejito, no me hab&iacute;a dado cuenta de que Alejandro me observaba desde hac&iacute;a un rato, justo al lado de mi carro. Su aliento c&aacute;lido acarici&oacute; mi nuca. Cerr&eacute; los ojos en el momento que sent&iacute; sus labios contra mi piel. Empez&oacute; a regalarme besos suaves. Era un momento suspendido, una delicia de alivio y de excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Cuando estaba a punto de darme la vuelta para abrazarlo y besarlo, sus manos agarraron mis caderas y sent&iacute; su boca entreabrirse para dejar su lengua recorrer delicadamente el arco de mi cuello. Un escalofri&oacute; sacudi&oacute; mis hombros, las ganas que le ten&iacute;a volv&iacute;an a inundarme al recibir sus besos l&iacute;quidos. Su mano derecha se desliz&oacute; de mi cadera para agarrar firmemente mi entrepierna. Me mordi&oacute; levemente, era un maestro en el arte de prenderme. Se peg&oacute; a mi espalda, sent&iacute; su verga dura contra mis nalgas. Nos quedamos as&iacute; unos minutos, le dejaba comerme el cuello y amasarme la concha a trav&eacute;s de mi pantal&oacute;n. Me mojaba. El contacto de mi calz&oacute;n escurridizo contra mis labios &iacute;ntimos era riqu&iacute;simo. En lo que pareci&oacute; ser un paso de baile, nos encontramos pecho contra pecho y, por fin, nuestras bocas se juntaron. &iquest;A ustedes ya les ha pasado sentirse crecer y enredarse con alguien, como si fueran dos hiedras que se juntan para volverse imposibles de desenmara&ntilde;ar? Pues as&iacute; nos ve&iacute;a. Junt&aacute;bamos ramas, mientras nuestras lenguas se acariciaban con un amor que nos sorprendi&oacute; a los dos. &iquest;Tanto nos quer&iacute;amos?<\/p>\n<p>Durante estos minutos no dijimos nada, creo que tampoco nos miramos, form&aacute;bamos una sola entidad cuyos gemidos de animales golosos se perd&iacute;an en la penumbra y entre los carros estacionados. Alejandro desabroch&oacute; mi pantal&oacute;n y, llevando mi calz&oacute;n con &eacute;l sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, lo baj&oacute; hasta mis rodillas. Apenas tuve el tiempo de sentir el aire fresco correr sobre mi culo que abandon&oacute; mi boca, bajando repentinamente entre mis piernas. Sent&iacute; el contacto suave de su barba contra mis muslos y lo c&aacute;lido de su lengua que entreabr&iacute;a delicadamente mis labios. Abr&iacute; las piernas lo m&aacute;ximo que pod&iacute;a, limitada por mi jean. Empezaba a experimentar el vac&iacute;o insoportable que acompa&ntilde;aba las ganas de ser penetrada. No lo sab&iacute;a, pero iba a tener que aguantar un rato antes de que satisficiera estas ansias mientras cumpl&iacute;a con otras, m&aacute;s elaboradas y perversas, y que &eacute;l era el &uacute;nico capaz de provocar en m&iacute;. Con leng&uuml;etazos de gatito tomando su leche, lam&iacute;a mis carnes tiernas, saboreando cada gota de mi jugo.<\/p>\n<p>&mdash;Este co&ntilde;o&hellip; &iexcl;Joder!<\/p>\n<p>Alejandro se deleitaba. Desde la primera vez que me hab&iacute;a probado, mi entrepierna era para &eacute;l un 3 estrellas de la gu&iacute;a Michelin. Rend&iacute;a un culto a mi sabor con una devoci&oacute;n de beato, embardun&aacute;ndose copiosamente la boca, las mejillas y su hermosa barba negra con mis l&iacute;quidos cada vez que se le daba la ocasi&oacute;n. Sent&iacute; que mis piernas se debilitaban a medida que mi placer sub&iacute;a. Apoy&eacute; mi espalda en mi carro para estar m&aacute;s c&oacute;moda y volv&iacute; a cerrar los ojos. Fue el momento en el cual decidi&oacute; pasar a una velocidad superior, anhelaba m&aacute;s que todo sentirme venir y sab&iacute;a exactamente c&oacute;mo. Present&oacute; lo que me pareci&oacute; ser tres de sus dedos en la entrada de mi concha. Es mucho para empezar, le voy a pedir que sea m&aacute;s paulatino&hellip;, pens&eacute;. Pero apenas los hizo entrar un poco que solo tuve ganas de que me los clavara profundamente. Conoci&eacute;ndome perfectamente, los dej&oacute; as&iacute;, con una falange metida, ya que dejarme insatisfecha hasta que &eacute;l lo decidiera era sur juego favorito. Gem&iacute; un poco, moviendo mis caderas y tratando de bajar para que sus dedos me penetraran m&aacute;s. Hab&iacute;a despegado su boca de mi intimidad para levantar la cara y mirarme.<\/p>\n<p>&mdash;Te extra&ntilde;&eacute;, amor.<\/p>\n<p>&mdash;Uy&hellip; No tanto como yo &mdash;le contest&eacute; entre dos suspiros.<\/p>\n<p>Su boca se peg&oacute; de nuevo contra mi intimidad. Empez&oacute; a aspirar levemente mi cl&iacute;toris y mi placer se duplic&oacute;. Flexion&eacute; un poco las rodillas para bajar m&aacute;s sobre sus dedos, Alejandro acompa&ntilde;&oacute; mi movimiento, entrando m&aacute;s. Una vez tuvo sus dedos completamente metidos los empez&oacute; a mover, imitando el gesto de un &ldquo;ven aqu&iacute;&rdquo; dentro de mi concha. Sab&iacute;a que me pod&iacute;a sacar orgasmos muy potentes de esta manera, acompa&ntilde;ados por una cantidad considerable de l&iacute;quidos. Me invadi&oacute; un calor intenso, subiendo de mi culo hasta mis mejillas. A la delicia de sentir c&oacute;mo sus dedos me llenaban, se a&ntilde;ad&iacute;a una tremenda sensaci&oacute;n de ganas de orinar. Algo chorreaba lentamente en la parte interior de mis muslos. Alejandro hab&iacute;a soltado mi cl&iacute;toris y miraba con satisfacci&oacute;n la palma de su mano empaparse.<\/p>\n<p>&mdash;Muy bien&hellip; as&iacute;, muy bien&hellip; &mdash;susurraba &mdash;&iquest;te vas a correr para m&iacute;?<\/p>\n<p>&ldquo;!S&iacute;! y me voy a mear encima si sigues as&iacute;&#8230;&rdquo; pens&eacute; mientras solo sal&iacute;an de mi boca unos gemidos que trataba de contener.<\/p>\n<p>&mdash;No te he escuchado, &iquest;te vas a correr para m&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ahora&hellip; &mdash;estaba a punto de explotar.<\/p>\n<p>&mdash;Ah mira&hellip; &mdash;fing&iacute;a estar sorprendido con un falso candor en el tono, &mdash;&iquest;te vas a correr para m&iacute; porque eres mi puta?<\/p>\n<p>El solo hecho de escuchar esta frase termin&oacute; de ponerme por completo. Me avergonzaba y gozaba como una loca. Nunca hubiera aceptado esta palabra de otro. Pero Alejandro&hellip; Alejandro me cachaba con sus dedos en un estacionamiento subterr&aacute;neo y estaba a punto de hacerme venir, sac&aacute;ndome muchos fluidos que seguramente iba a tragar &aacute;vidamente. Se escuch&oacute; mi respuesta en un suspiro hondo mientras &eacute;l abr&iacute;a la boca y aplicaba su lengua contra mi concha para beberme. La onda del orgasmo me provoc&oacute; un squirt abundante que &eacute;l, sin sorpresa, sorbi&oacute; enseguida, aspirando lo m&aacute;s que pod&iacute;a con gemido ronco de animal satisfecho. Le daba de beber en su copa favorita cada vez que me lo ped&iacute;a. Con los muslos brillantes de l&iacute;quidos y el cl&iacute;toris hinchado, listo para otro turno, estaba dispuesta a hacer lo que &eacute;l quisiera para satisfacerlo. Me la hubiera podido meter en el culo en el parachoques del carro si le hubiera dado la gana. Lo hubiera ayudado, lubric&aacute;ndole la verga con una buena dosis de saliva m&iacute;a, de rodillas entre las manchas negras de aceite en el piso de cemento, con el calz&oacute;n bajado. S&iacute;, era su puta.<\/p>\n<p>Retir&oacute; sus dedos con delicadeza y se puso de pie chup&aacute;ndolos.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; rico regalo de reencuentro me hiciste, amor.<\/p>\n<p>Subi&oacute; mi calz&oacute;n y mi jean, y me abraz&oacute; con ternura.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos subiendo, que nos espera una cama confortable donde vas a poder descansar.<\/p>\n<p>Recog&iacute; mi cartera que hab&iacute;a ca&iacute;do en el piso y nos dirigimos hacia el ascensor, llev&aacute;ndonos de la mano. Me sent&iacute;a ingr&aacute;vida, Alejandro me hab&iacute;a hecho entrar en una nueva dimensi&oacute;n.<\/p>\n<p>La habitaci&oacute;n era luminosa, con una cama acogedora y unas s&aacute;banas blancas que invitaban a disfrutar de su caricia sobre una piel desnuda. Una vez la puerta cerrada, nos abrazamos con fuerza y nuestras bocas se volvieron a juntar. Me apretaba como si me hubiera querido romper los huesos. El amor me mol&iacute;a. Agarr&eacute; su polo y se lo quit&eacute;, descubriendo el pecho que tanto hab&iacute;a extra&ntilde;ado. Me pareci&oacute; que hab&iacute;a adelgazado pero su piel no hab&iacute;a cambiado. Era exactamente como la recordaba y, como si mis manos llevaran el molde de cada uno de sus poros, sus hombros, su pecho y su espalda volvieron a colocarse con exactitud en la yema de mis dedos. Reanudando con los cl&aacute;sicos del cine rom&aacute;ntico, mi boca baj&oacute; lentamente, entreabierta, bes&aacute;ndole el cuello, el pecho y la panza hasta llegar a la cintura de su jean. Mi lengua, al rozar su fina piel, hab&iacute;a dejado un camino ligeramente h&uacute;medo. Desabroch&eacute; el bot&oacute;n e hice bajar el cierre de su bragueta, que se abri&oacute; sobre un bulto duro y contenido por la tela delgada de un b&oacute;xer azul. Mi boca estaba a unos mil&iacute;metros de su verga, me pareci&oacute; sentir su calor irradiar mis labios. Mis ganas de hacer crecer el deseo de Alejandro fueron m&aacute;s fuertes que las de meterme su verga hasta la garganta y la bes&eacute; suave y castamente. Me puse de pie y regres&eacute; a sus labios, est&aacute;bamos hirviendo.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero verte desnudo &mdash;le dije.<\/p>\n<p>&mdash;Lo que t&uacute; digas.<\/p>\n<p>Se quit&oacute; lo que le quedaba de ropa con una sonrisa c&oacute;mplice y se ech&oacute; en la cama. A sus cuarenta y cinco a&ntilde;os, su cuerpo segu&iacute;a siendo una invitaci&oacute;n a la m&aacute;s grande lujuria. Lo hubiera recorrido con la lengua de los pies a las orejas, pero primero lo quer&iacute;a devorar con los ojos. Al lado de la cama, mi excitaci&oacute;n crec&iacute;a y me aturd&iacute;a mi posici&oacute;n de dominaci&oacute;n voyerista. Yo, vestida y de pie, mir&aacute;ndolo a &eacute;l, desnudo y echado, a la espera del m&aacute;s m&iacute;nimo de mis gestos. Despu&eacute;s de detenerse unos segundos en la hermosa multitud de pecas que ten&iacute;a en los muslos, mi mirada se hab&iacute;a quedado en su verga en erecci&oacute;n, el pedazo de carne m&aacute;s apetitoso que pod&iacute;a existir. Me mojaba y sent&iacute;a mi cl&iacute;toris hincharse, lo deseaba como nunca y lo quer&iacute;a disfrutar de todas las formas posibles, empezando por algo a lo que yo era aficionada en particular.<\/p>\n<p>&mdash;Me gustar&iacute;a que te tocaras.<\/p>\n<p>Ustedes lectores ya saben que ver a un hombre a quien le ten&iacute;a ganas mientras se masturba era una de mis perversiones favoritas, m&aacute;s a&uacute;n si lo hiciera mir&aacute;ndome. No me contest&oacute; y su mirada, de repente oscurecida por el morbo, se clav&oacute; en la m&iacute;a. Su mano derecha se dirigi&oacute; hacia su verga y empez&oacute; a acariciarla levemente, sin dejar de mirarme. Sus dedos envolv&iacute;an su sexo duro y se mov&iacute;an lentamente de arriba hacia abajo. Me estaba provocando con esta paja ligera que me frustraba mucho m&aacute;s que a &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que lo hagas m&aacute;s r&aacute;pido.<\/p>\n<p>&mdash;Para eso, tendr&iacute;as que lubric&aacute;rmela &mdash;me contest&oacute;, se&ntilde;alando su lengua con su otra mano, para que me quedara claro que no esperaba un tubo de gel.<\/p>\n<p>Me arrodill&eacute; al lado de la cama para estar a la altura de su verga. Me acerqu&eacute; abriendo la boca. Alejandro estallaba de j&uacute;bilo. Pese a fingir cierto desinter&eacute;s, no se mor&iacute;a por una buena mamada m&iacute;a, sino francamente por cacharme la boca al l&iacute;mite del ahogo, mirando mi saliva chorrear de mi boca. Como a una buena perrita, as&iacute; me quer&iacute;a. Mi mirada se volvi&oacute; traviesa y saqu&eacute; mi lengua para lamerlo, pero me detuve. En su punta, una perla transparente de l&iacute;quido brillaba. Cerr&eacute; la boca y me ech&eacute; un poquito hacia atr&aacute;s con una sonrisa de satisfacci&oacute;n cruel frente a su desconcierto, antes de escupirle una buena cantidad de saliva en la verga. No s&eacute; si era de placer o de frustraci&oacute;n, pero su gemido termin&oacute; de prenderme.<\/p>\n<p>&mdash;Ya est&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Falta un poco &mdash;me tendi&oacute; la mano con la palma hacia arriba.<\/p>\n<p>&iexcl;Un maestro, les digo! Si no le&iacute;a mis pensamientos, entonces estaba segura de que ten&iacute;a la capacidad de ver a trav&eacute;s de mi ropa que mi calz&oacute;n se hab&iacute;a convertido en charco. Baj&eacute; mi pantal&oacute;n y mi ropa interior, que se qued&oacute; unida a mi concha por un hilo viscoso. Alejandro lo recogi&oacute; con un dedo y lo llevo a su boca.<\/p>\n<p>&mdash;Eso ser&aacute; perfecto &mdash;dijo, satisfecho, despu&eacute;s de probar mi humedad.<\/p>\n<p>Su mano se peg&oacute; contra mis labios &iacute;ntimos y, apart&aacute;ndolas apenas, recogi&oacute; all&iacute; el jugo de la excitaci&oacute;n que me provocaba. Sonri&oacute; al ver mi cicatriz, con una breve mirada tierna que contrastaba con sus gestos deliciosamente obscenos.<\/p>\n<p>&mdash;Sandra, es realmente bonita esta cicatriz. Parece una sonrisa.<\/p>\n<p>No me dio tiempo de contestarle que a m&iacute; me hac&iacute;a pensar en el mu&ntilde;eco Jack, regal&aacute;ndome un espect&aacute;culo que me quitaba el habla. Alejandro se masturbaba mir&aacute;ndome a los ojos con la mano lubricada por mis propios fluidos. El gesto era preciso e insistente, sus dedos encerraban la parte alta de su sexo, se deslizaban perfectamente y, a cada movimiento hacia abajo, se descubr&iacute;a su glande brillante e hinchado. Controlaba perfectamente su placer, haci&eacute;ndolo crecer paulatinamente, con la boca entreabierta que me dejaba adivinar su lengua. Morbo puro. Me excitaba hasta un punto que nunca hab&iacute;a alcanzado solo por mirar. En unos segundos, hab&iacute;a superado a todas las pel&iacute;culas porno que m&aacute;s me encend&iacute;an. Baj&eacute; mi mano y empec&eacute; a tocarme tambi&eacute;n, tratando de controlar mi gesto al igual de &eacute;l. No quer&iacute;a venirme todav&iacute;a, pero Alejandro aceler&oacute; su gesto, sin dejar de mirarme. Entre su jadeo que empezaba a escucharse y su verga recta y dura como un palo que parec&iacute;a a punto de explotar, acab&oacute; con la contundencia que yo fing&iacute;a. Luchando para no meterme dedos y presionar de una vez mi cl&iacute;toris para llegar al orgasmo, termin&eacute; de quitarme la ropa bajo la mirada voraz de mi amante. Me sub&iacute; en la cama, casi temblando de ganas, y me instal&eacute; a cuatro patas, d&aacute;ndole la espalda.<\/p>\n<p>&mdash;Oh mira&hellip; Mira qui&eacute;n se est&aacute; poniendo muy perra&hellip; &mdash;coment&oacute; con una voz melosa y burlona.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que me la metas &mdash;le contest&eacute;, arqueada y abriendo las piernas.<\/p>\n<p>Ya quer&iacute;a dejarme llevar, abandonarme a sus cuidados expertos y dejar que me guiara hasta el colmo. Se acerc&oacute;, agarr&oacute; mis nalgas y su lengua me recorri&oacute; de la concha hacia el ano. Se me escap&oacute; un gemido. Alejandro repiti&oacute; el movimiento varias veces, la saliva que cargaba su lengua se mezclaba con mis fluidos, seguramente su barba se empezaba a mojar. Cada recorrido de abajo hacia arriba terminaba con unos lamidos cada vez y m&aacute;s insistentes en mi ano. La punta de su lengua me abr&iacute;a suavemente. Baj&eacute; mi pecho y dej&eacute; descansar mi cabeza en mis antebrazos. En esta posici&oacute;n, mi culo se ve&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s expuesto, parec&iacute;a rezar para estar cachada. Sent&iacute; que uno de sus pulgares reemplaz&oacute; a su lengua en la entrada de mi ano, para que se quedara entreabierto y listo para entrar m&aacute;s profundo si se lo pidiera. Pas&oacute; la punta de su verga entre los labios de mi concha, jugando a que se deslizara entre ellos sin penetrarme. Mov&iacute; mi culo para tratar de sentarme y hacerlo entrar. Para mi m&aacute;s grande satisfacci&oacute;n, no se ech&oacute; para atr&aacute;s y me dej&oacute; empalarme lentamente en su sexo, jadeando. Su pulgar entr&oacute; por completo en mi ano al mismo tiempo y Alejandro empez&oacute; a mover sus caderas, penetr&aacute;ndome profundamente.<\/p>\n<p>Por fin, mi concha pod&iacute;a tragarse su verga. Me llenaba y se escuchaba el delicioso chasquido l&iacute;quido que le encantaba. Su mano libre agarr&oacute; una de mis tetas firmemente, la amas&oacute; un breve rato y empez&oacute; a pellizcar mi pez&oacute;n. Al mismo tiempo, y sin dejar de cacharme, me clav&oacute; por completo su pulgar en el culo sin encontrar resistencia. Me avergonz&oacute; la docilidad de la parte m&aacute;s &iacute;ntima de mi cuerpo, que traicionaba una creciente y nueva afici&oacute;n para el sexo anal. Parec&iacute;a dirigir mis caderas para que me moviera sobre su verga con este dedo anclado en mi ano. El ligero pero agudo dolor que provocaba en mi pez&oacute;n entr&oacute; en resonancia con el est&iacute;mulo de mi ano, como si estuvieran conectados por unos hilos tensos e hirvientes.<\/p>\n<p>&mdash;Tu culo se abre solito&#8230; &iquest;luego me dejar&aacute;s met&eacute;rtela por ah&iacute;? &mdash;me pregunt&oacute; entre dos respiros hondos.<\/p>\n<p>Alejandro estaba obsesionado por el sexo anal conmigo, probablemente porque solo una vez lo hab&iacute;a dejado cacharme el culo, para quedarme con algo precioso que no se le entregaba autom&aacute;ticamente. Me satisfac&iacute;a hacer crecer sus ansias a distancia, mand&aacute;ndole el tipo de fotos que le obligaban a salir corriendo de su despacho para ir a masturbarse en los ba&ntilde;os de su oficina: las de mi culo ocupado por el plug que me hab&iacute;a regalado o por otros juguetes m&aacute;s contundentes. A su pedido, tambi&eacute;n le comentaba cuando mi novio me la met&iacute;a, insistiendo en los detalles m&aacute;s obscenos. Lo dejaba por ejemplo imaginar c&oacute;mo gozaba de una doble penetraci&oacute;n, la concha ocupada por un dildo y el culo abierto, chorreando de gel y cachado a lo loco por una verga gruesa. La sola idea de que me la metiera ah&iacute; me dio tanto morbo que un par de caricias firmes en el cl&iacute;toris eran lo que me faltaba para llegar al orgasmo.<\/p>\n<p>&mdash;Vida&hellip; me voy a venir&hellip; &mdash;le dije, mientras empezaba a tocarme.<\/p>\n<p>Par&oacute; sus movimientos, manteniendo su dedo en mi culo y jalando mi pez&oacute;n m&aacute;s fuerte. Mis dedos corrieron entre mis labios, masturbarme con su verga metida era una delicia.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;rrete para m&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>Mi gemido le contest&oacute;, ronco y animal, mientras una ola de placer se derramaba en mi cuerpo.<\/p>\n<p>Me dej&eacute; caer en la cama bocarriba, sonriendo al techo con los ojos cerrados. Alejandro se acerc&oacute;, me bes&oacute; largamente, cort&aacute;ndose para pronunciar palabras de amor que terminaron de derretirme. Su ternura repentina, que volv&iacute;a a descubrir a cada uno de nuestros encuentros, no dejaba de sorprenderme, pasaba con una facilidad y una naturalidad desconcertantes de un extremo a otro. Me acariciaba suavemente el vientre, dibujando c&iacute;rculos alrededor de mi ombligo. Su mano baj&oacute; un poco m&aacute;s y sus dedos recorrieron mi cicatriz, lentamente.<\/p>\n<p>&mdash;Me encantar&iacute;a pre&ntilde;arte, no tienes idea.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; tengo&#8230; &mdash;le dije sonriendo, &mdash;a ti te da morbo, pero a m&iacute; me parece bonito.<\/p>\n<p>Los dos sab&iacute;amos que era imposible, lo que nos dejaba espacio para desarrollar esta fantas&iacute;a a gusto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te acuerdas que te hab&iacute;a dicho que me quer&iacute;a correr en tu panza enorme mientras estabas embarazada?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ah&iacute; entend&iacute; que tu perversi&oacute;n ten&iacute;a l&iacute;mites muy remotos, o que no los ten&iacute;a en absoluto.<\/p>\n<p>La mirada de Alejandro se oscureci&oacute; a medida que una sonrisa casi inquietante iluminaba su barba. Estaba claro que se le acababa de ocurrir alguna idea excesivamente cerda, lo que, obviamente, me volvi&oacute; a encender. Se enderez&oacute; y se puso a horcajadas sobre m&iacute;, de modo que su boca estuviera a la altura de mi pubis y que solo le faltara bajar un poco las caderas para que su verga entrara en mi boca. Despu&eacute;s de besar mi cicatriz con delicadeza, su boca baj&oacute; un poco m&aacute;s y su lengua se hizo un camino entre mis labios &iacute;ntimos, todav&iacute;a h&uacute;medos de mi goce precedente. Teniendo sus bolas a la altura de mi boca, las empec&eacute; a lamer, recorri&eacute;ndolas por completo. Me esmeraba por cubrirlas con una importante cantidad de saliva y las sent&iacute;a tensarse, reacci&oacute;n en cadena de la violenta erecci&oacute;n que ten&iacute;a. No iba a resistir mucho a las ganas de met&eacute;rmela en la boca.<\/p>\n<p>Nuestros lamidos rec&iacute;procos duraron un largo y delicioso momento, hasta que yo decidiera pasar a una velocidad superior. Abr&iacute; la boca para invitarlo a entrar y hacerle entender que quer&iacute;a m&aacute;s. Reaccion&oacute; r&aacute;pido y correctamente, y empez&oacute; a cacharme la boca como los dos esper&aacute;bamos. Su verga se deslizaba con vigor entre mis labios, guiada por mi lengua medio sacada, hacia la entrada de mi garganta, c&aacute;lida y acogedora. Sab&iacute;a que tambi&eacute;n quer&iacute;a sensaciones m&aacute;s intensas y sus labios se posicionaron sobre mi cl&iacute;toris y lo empez&oacute; a succionar. Me arque&oacute; un placer vivo y repentino, lo que tuvo como resultado hacer entrar por completo su sexo en mi boca. Nuestros suspiros ahogados se respond&iacute;an y escucharlo me arrechaba m&aacute;s a&uacute;n. Entonces, cuando me meti&oacute; dos y, a mi pedido, tres dedos para acompa&ntilde;ar su succi&oacute;n, explot&eacute; una vez m&aacute;s, con su verga profundamente clavada en la boca.<\/p>\n<p>Este &uacute;ltimo orgasmo m&iacute;o lo hizo gemir tan fuerte como yo, estaba muy cerca de venirse tambi&eacute;n. Se retir&oacute; de mi boca y empez&oacute; a pajearse r&aacute;pidamente, qued&aacute;ndose en la misma posici&oacute;n, con sus nalgas justo arriba de mi cara. Mi lengua se aventur&oacute; hacia su ano, prodig&aacute;ndole t&iacute;midamente al inicio, la caricia m&aacute;s suave que se pudiera esperar. Exploraba el umbral de su m&aacute;s profunda intimidad, atrevi&eacute;ndome a forzarlo apenas con la punta de mi lengua, animada por sus gemidos, cada vez m&aacute;s fuertes y roncos, a medida que su masturbaci&oacute;n se aceleraba.<\/p>\n<p>&mdash;Uy&hellip; zorrita m&iacute;a&hellip; &iexcl;me voy a correr! &mdash;me dijo.<\/p>\n<p>La punta de mi lengua se hizo m&aacute;s dura y entr&oacute; apenas en su ano que cedi&oacute; en el momento en que lleg&oacute; al orgasmo. Un grito de placer reson&oacute; en la habitaci&oacute;n y sent&iacute; su leche caer sobre mi vientre.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; a sus cabales y se sent&oacute; a mi lado mientras permanec&iacute; echada, paralizada por el placer y la felicidad. Con uno de sus dedos, recogi&oacute; algo de semen que chorreaba en la sonrisa que llevaba en la panza desde que era madre y lo llev&oacute; a mi boca.<\/p>\n<p>&mdash;Es a&uacute;n m&aacute;s bonita as&iacute;, esta cicatriz, &mdash;me dijo, fingiendo la expresi&oacute;n de un artista satisfecho de su obra.<\/p>\n<p>Lam&iacute; su dedo sin contestarle y con cierta gula, hab&iacute;a extra&ntilde;ado su sabor. Alejandro me hab&iacute;a llevado una vez m&aacute;s hacia un morbo exquisito, cumpliendo con nuestras m&aacute;s inconfesables fantas&iacute;as.<\/p>\n<p>En este momento, nunca hubiera imaginado que est&aacute;bamos todav&iacute;a bien lejos del m&aacute;ximo de nuestras capacidades y de nuestra imaginaci&oacute;n&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 &ldquo;Bonita cicatriz.&rdquo; Ese hab&iacute;a sido su comentario al recibir la foto que hab&iacute;a demorado m&aacute;s de una hora en sacarme, despu&eacute;s de probar varias poses, mir&aacute;ndome en el espejo del ba&ntilde;o, desnuda e inquieta. Diez meses hab&iacute;an pasado desde nuestro &uacute;ltimo encuentro. Diez meses durante los cuales mi vida hab&iacute;a cambiado del todo. &ldquo;Bonita [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":20157,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-47040","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/47040","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20157"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=47040"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/47040\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=47040"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=47040"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=47040"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}