{"id":47200,"date":"2024-05-13T22:00:00","date_gmt":"2024-05-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-05-13T22:00:00","modified_gmt":"2024-05-13T22:00:00","slug":"la-busqueda-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-busqueda-iv\/","title":{"rendered":"La b\u00fasqueda (IV)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"47200\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Isa sali&oacute; a la calle con pasos r&aacute;pidos y confiados. La segu&iacute;an Mario y Mon&iacute;, metros atr&aacute;s, callados y con los ojos en el piso.<\/p>\n<p>Por supuesto, todos estaban bastante excitados por el faje que hab&iacute;a tenido en aquel caf&eacute; oscuro, pero viv&iacute;an esa excitaci&oacute;n de formas muy distintas. Isa se hab&iacute;a asegurado de tener un rol completamente activo, casi podr&iacute;amos decir &ldquo;servicial&rdquo;, y sus compa&ntilde;eros s&oacute;lo la hab&iacute;an tocado sobre la ropa. Su excitaci&oacute;n era una excitaci&oacute;n de ver y de tocar, y de raspar leve y frustradamente sus piernas en busca de un contacto.<\/p>\n<p>Mon&iacute; y Mario estaban en un caso muy distinto, y salieron del caf&eacute; como borrachos. As&iacute; como a los borrachos el aire fr&iacute;o del exterior los despierta a la fuerza, pero al mismo tiempo renueva su embriaguez y hace que piensen &ldquo;estoy peor de lo que pens&eacute;, &iquest;ahora c&oacute;mo voy a caminar?&rdquo;, justo as&iacute; el brillo fresco de la tarde-noche golpe&oacute; a Mario y a Mon&iacute;. &Eacute;l ten&iacute;a problemas para seguir el paso de Isa, puesto que llevaba una erecci&oacute;n notable; Mon&iacute;, que hab&iacute;a tenido dos orgasmos, sent&iacute;a doblarse sus rodillas y, ahora, en el exterior, se daba cuenta de su cansancio.<\/p>\n<p>Nadie recordaba bien c&oacute;mo hab&iacute;an quedado en dirigirse a un motel llamado Atman-Artha, que quedaba al final de esa calle, dorada por los &uacute;ltimos rayos del sol. Mon&iacute; pensaba que ni Isa ni ella sol&iacute;an ir a moteles. Ambas buscaban precisamente a la clase de hombres que tienen casas propias y encuentran un gusto burgu&eacute;s en presumirlas a sus amantes. La propuesta, entonces, debi&oacute; venir de Mario. Mario, por su parte, estaba tan ofuscado que no recordaba m&aacute;s que el primer beso de Mon&iacute; y el momento en el que Isa le hab&iacute;a dicho &ldquo;c&oacute;getela&rdquo;.<\/p>\n<p>Isa caminaba varios metros adelante y cada tanto se volteaba para lanzarles miradas maliciosas. En alg&uacute;n momento, a varias cuadras del motel, mir&oacute; a Mon&iacute; e hizo con los dedos el signo de una &ldquo;V&rdquo;, en el que meti&oacute; su lengua a toda velocidad, como si fuera un camale&oacute;n. La imagen excit&oacute; tanto a Mon&iacute; que sus efectivamente se vencieron y estuvo a punto de caer. Mario le prest&oacute; su brazo para evitar que cayera, y le dio apoyo para volver a incorporarse. Mon&iacute; se sorprendi&oacute; de que fuera tan fuerte como para soportarla; Mario se sorprendi&oacute; de que fuera tan ligera. Se miraron un largo instante, sonriendo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Por el amor de Dios! No tienen que esperar a que lleguemos para darse un beso, &iquest;saben? &mdash;se burl&oacute; Isa, copiando el tono sarc&aacute;stico de Mon&iacute;.<\/p>\n<p>La sonrisa de ambos se volvi&oacute; risa; una risa de compa&ntilde;erismo, y sencillamente siguieron caminando. Casi de inmediato, Mon&iacute; confes&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Yo no he ido nunca a un motel.<\/p>\n<p>&mdash;No tiene nada de especial &mdash;dijo Mario, tratando de tranquilizarla&mdash;. Las s&aacute;banas son duras y los ba&ntilde;os exc&eacute;ntricos. Poco m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo vamos a registrarnos? &mdash;pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo que &ldquo;c&oacute;mo&rdquo;? &mdash;dijo Isa, regresando sobre sus pasos para abrazar a Mon&iacute;, con un cari&ntilde;o burl&oacute;n. &mdash;Mi amor, &iquest;acaso te molesta que el recepcionista sepa que vamos a hacer un tr&iacute;o?<\/p>\n<p>&mdash;De verdad te matar&iacute;a hablar m&aacute;s bajo, &iquest;verdad, zorra? &mdash;le contest&oacute; Mon&iacute; a Isa, entre dientes.<\/p>\n<p>Los tres rieron. Nadie le contest&oacute; a Mon&iacute; su pregunta, pero ella no volvi&oacute; a preguntarlo. Se encontraron de pronto frente al motel, que se anunciaba en letras grandes pero opacas, como si no quisiera ser visto.<\/p>\n<p>&mdash;Pasen ustedes dos, que parecen una linda parejita &mdash;dijo ella.<\/p>\n<p>&mdash;Rep&iacute;telo y te dir&eacute; que pareces t&uacute; &mdash;dijo ella con sa&ntilde;a.<\/p>\n<p>Mon&iacute; no quer&iacute;a imaginarse como pareja de Mario. &Eacute;l era mayor que ella, y de una clase social con la que ella no quer&iacute;a identificarse. No era objetivamente atractivo (si es que existe algo as&iacute;), ni pod&iacute;a ser para ella algo m&aacute;s que una &ldquo;b&uacute;squeda&rdquo;, una aventurilla semanal. Es cierto que ahora efectivamente quer&iacute;a tener sexo con &eacute;l, pero eso era s&oacute;lo por la manera en la que se hab&iacute;an dado las cosas. Precisamente por eso, no le iba a permitir a su amiga que ilusionara a Mario de esa forma. Otra cosa era Isa, que enloquec&iacute;a a Mon&iacute; completamente. No la quer&iacute;a llamar &ldquo;su novia&rdquo;, porque Mon&iacute; se sent&iacute;a heterosexual&hellip; o algo as&iacute;. Pero aun as&iacute; se preguntaba con cierta tristeza &ldquo;ay Isa, &iquest;por qu&eacute; no quieres que nos registremos juntas?&rdquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Ustedes pasen. Yo despu&eacute;s &mdash;insisti&oacute; Isa, acerc&aacute;ndose a Mario y d&aacute;ndose un profundo beso. &mdash;Queen.<\/p>\n<p>&mdash;Como gustes &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>El recepcionista no estaba, por lo que Mon&iacute; y Mario dedicaron unos segundos a explorar el diminuto recibidor. Hab&iacute;a tres sillas de mimbre, compactas y resistentes, a los lados de una mesa de vidrio. Dos fuentecitas atravesaban un peque&ntilde;o jard&iacute;n zen de arena fina, manchado con piedras y musgo. El agua de las fuentes se encontraba en el centro del jard&iacute;n; all&iacute; abajo deb&iacute;a haber una bomba que reciclaba el agua para reiniciar el ciclo. Dos libreros, extra&ntilde;amente cerca de las fuentes, ten&iacute;an t&iacute;tulos que ni Mario ni Mon&iacute; hab&iacute;an visto nunca. Desde arriba de los libreros, estatuas dioses desconocidos los ve&iacute;an con ojos p&iacute;caros.<\/p>\n<p>Mon&iacute; acerc&oacute; su dedo me&ntilde;ique a la mano de Mario, quien roz&oacute; la mano de ella. De roce en roce, se tomaron las manos, mientras admiraban ese cuarto extra&ntilde;o, donde s&oacute;lo se escuchaba el flujo del agua.<\/p>\n<p>&mdash;Buenas noches &mdash;dijo el recepcionista, con un tono de cort&eacute;s impaciencia.<\/p>\n<p>&mdash;Muy buenas &mdash;dijo Mario, con una voz respetuosa y divertida, que Mon&iacute; s&oacute;lo le hab&iacute;a conocido como profesor. &mdash;Disculpe, no notamos que usted hubiera regresado, queremos&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; se refiere con &ldquo;regresado&rdquo;?<\/p>\n<p>&mdash;Oh, es que cuando llegamos, usted no estaba.<\/p>\n<p>&mdash;No. Cuando llegaron, yo estaba. No puede ser de otra manera. Yo siempre estoy aqu&iacute;.<\/p>\n<p>El recepcionista, que estaba sentado detr&aacute;s de un vidrio grueso, deb&iacute;a medir un poco m&aacute;s que ella y un poco menos que Mario. Profundamente moreno, delgado y de ojos vidriosos, usaba una poblada barba de candado que resaltaba sus labios gruesos. El traje azul marino resaltaba el color de su piel. Lo extra&ntilde;o del di&aacute;logo hizo intervenir a Mon&iacute;, quien adem&aacute;s se sent&iacute;a llamada por el atractivo de aquel desconocido.<\/p>\n<p>&mdash;No, de verdad. Vimos la recepci&oacute;n: usted no estaba.<\/p>\n<p>&mdash;Debo insistir en que no es posible. Yo siempre estoy aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Muy bien: le reconocemos much&iacute;simo su trabajo &mdash;concluy&oacute; Mario. &mdash;Queremos una habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Elija usted el tipo &mdash;dijo el hermoso recepcionista, se&ntilde;alando un cartel en el que ven&iacute;an los tipos de cuarto y sus precios<\/p>\n<p>Mario se sinti&oacute; muy preocupado: no encontraba uno con la cama queen size, como quer&iacute;a Isa. El exprofesor de pronto sinti&oacute; que toda la noche se frustrar&iacute;a si no encontraba el cuarto adecuado.<\/p>\n<p>&mdash;All&iacute; &mdash;le se&ntilde;al&oacute; Mon&iacute; con una sonrisa.<\/p>\n<p>Mario respir&oacute; aliviado, le respondi&oacute; al recepcionista y pag&oacute; la cantidad indicada. Recibi&oacute; las llaves y agradeci&oacute;.<\/p>\n<p>Mario y Mon&iacute;, a&uacute;n de la mano, empezaron a caminar a la habitaci&oacute;n asignada. Oyeron abrirse nuevamente la puerta autom&aacute;tica. Isa entr&oacute; a toda prisa, y cruz&oacute; la recepci&oacute;n sin inmutarse.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;orita, &iquest;a d&oacute;nde va? &mdash;pregunt&oacute; el recepcionista, visiblemente preocupado.<\/p>\n<p>&mdash;Voy con ellos &mdash;dijo se&ntilde;alando a Mario y a Mon&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Viene con nosotros &mdash;dijo Mon&iacute; r&aacute;pidamente.<\/p>\n<p>&mdash;Espere&hellip; &mdash;sigui&oacute; el recepcionista, a&uacute;n preocupado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quiere venir tambi&eacute;n? &mdash;dijo Isa, deteni&eacute;ndose y gui&ntilde;&aacute;ndole el ojo. &mdash;Porque por m&iacute; lo invitar&iacute;a&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No. No es posible. Yo siempre estoy aqu&iacute; &mdash;dijo el recepcionista. Su tono empezaba a ser maquinal otra vez. &mdash;&iquest;Qu&eacute; hora de salida les hab&iacute;a dado?<\/p>\n<p>&mdash;Pagamos por noche, no por hora &mdash;dijo Mario. &mdash;Sal&iacute;amos a las 7.<\/p>\n<p>&mdash;Que sea a las 11, &iquest;les parece? Algo me dice que necesitar&aacute;n m&aacute;s tiempo &mdash;dijo sonriendo el recepcionista.<\/p>\n<p>Mario se qued&oacute; sin palabras, y s&oacute;lo pudo hacer una extra&ntilde;a reverencia con el cuello. Mon&iacute; e Isa imitaron burlonamente esta referencia, y los tres se adentraron en el motel, riendo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o, guapo y generoso! &mdash;dijo Isa en voz alta &mdash;Perm&iacute;tanme, que me derrito.<\/p>\n<p>&mdash;En verdad era muy guapo &mdash;dijo Mario. Las amigas compartieron una mirada de extra&ntilde;eza. &iquest;Tambi&eacute;n su profesor era bisexual, despu&eacute;s de todo?<\/p>\n<p>&mdash;Es muy guapo. Es mi orgullo &mdash;dijo una voz, que sal&iacute;a de un cuarto abierto<\/p>\n<p>Los tres saltaron asustados, pero se recuperaron pronto. En realidad era solamente una anciana, cuidadosamente arreglada, enfundada con un vestido morado brillante. Detr&aacute;s de ella, lo que parec&iacute;a ser un cuarto adaptado, ten&iacute;a una especie de peque&ntilde;a tienda.<\/p>\n<p>&mdash;Servicio a la habitaci&oacute;n, o las cosas que necesitan antes de llegar. &iquest;Seguros de que tienen todo lo que hace falta?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tenemos? &mdash;dijo Mon&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No, no tenemos &mdash;dijo Mario, y pidi&oacute; condones, pasta y cepillo de dientes.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;El caballero piensa en su boca! Parece que hoy va a beber de las fuentes de leche y miel, como dicen las Escrituras. &mdash;dijo la anciana; aunque era un chiste, la situaci&oacute;n m&aacute;s bien los asustaba.<\/p>\n<p>Cuando les entreg&oacute; los condones y lo dem&aacute;s, y ya se iban, la anciana tom&oacute; a Isa por la mano y le susurr&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Isa, Isa. Apu&eacute;stale a Mon&iacute;, a Mon&iacute;. Entre m&aacute;s le das gusto al profesor, m&aacute;s se fija ella en &eacute;l. &iquest;Lo notas, verdad, mi ni&ntilde;a? Como dice el dicho: &ldquo;Dos caballos bien herrados, corren m&aacute;s felices juntos&rdquo;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dijo? &mdash;contest&oacute; Isa, mortalmente asustada de que la desconocida supiera sus nombres.<\/p>\n<p>&mdash;Digo que el servicio a la habitaci&oacute;n es m&aacute;s caro &mdash;contest&oacute; la anciana. &mdash;Si esto ya est&aacute; caro, &iexcl;imag&iacute;nense que se los lleve all&aacute; arriba y me tengan que pagar por verles las nalgas!<\/p>\n<p>Isa no se qued&oacute; pensando en eso. &iquest;La anciana hab&iacute;a hablado sobre su encuentro con Mario y con Mon&iacute;? Neh. Isa m&aacute;s bien se lo atribuy&oacute; a su imaginaci&oacute;n, a cualquier desvar&iacute;o que pudiera tener la anciana, y a alguna cosa que ella misma estuviera pensando. Subi&oacute; feliz Mario y con Mon&iacute; por unas escaleras de caracol, hasta el piso donde una puerta verde y alta los dej&oacute; entrar al cuarto.<\/p>\n<p>Mon&iacute; se imaginaba s&aacute;banas, cortinas y decorados de color rojo sanvalent&iacute;n, con una tele enorme para poner porno y un sill&oacute;n que, con forma de escultura vanguardista, invitara a practicar las posiciones m&aacute;s antinaturales. No parec&iacute;a haber televisi&oacute;n; la cama era de color crema, el resto del cuarto era caf&eacute; y plateado. Diminutos jardincitos zen adornaban los bur&oacute;s, el lavabo, y hasta el interior del ropero. Todo eso era muy intimidante, porque Mon&iacute; quer&iacute;a tener sexo con alguno de los dos (o con ambos, no estaba segura), pero el lugar m&aacute;s bien parec&iacute;a adecuado para una noche en calma.<\/p>\n<p>&mdash;Parece que necesitas ayuda &mdash;dijo Isa, lleg&aacute;ndole por la espalda.<\/p>\n<p>Le pas&oacute; el brazo por el abdomen, abraz&aacute;ndola justo debajo de los pechos. Se agach&oacute; para estar a su misma altura, col&oacute; su cabeza por sobre el hombro de Mon&iacute;, y bes&oacute; su mejilla. Antes de que Mon&iacute; se hubiera dado cuenta, Isa ya estaba besando y lamiendo la cima de su oreja.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; estabas triste. Necesitabas una amiga&hellip; una amiga que te tocara y que te hiciera sentir especial &mdash;dijo Isa, mientras Mon&iacute; sent&iacute;a sus cabellos rubios hacerle cosquillas en la oreja &mdash;Pero, &iquest;y yo? &iquest;Te diste cuenta de que no me tocaste nunca? Desde que est&aacute;bamos en el metro te veo verme. S&eacute; que te gusta mi cuerpo. Te siento erizarte cuando me acerco a ti, &iquest;y aun as&iacute; esperas que sea s&oacute;lo yo quien &ldquo;te trabaje&rdquo;?<\/p>\n<p>Isa bes&oacute; el espacio detr&aacute;s de la oreja, y Mon&iacute; dej&oacute; escuchar un gemido. Entonces Isa la solt&oacute;, sin importarle nada, y fue con Mario. Mon&iacute; se qued&oacute; desolada, parada en seco, sin saber qu&eacute; hacer, sintiendo que se iba a caer nuevamente.<\/p>\n<p>&mdash;La prefieres, &iquest;verdad? No me contestes. Ya me lo dijiste antes &mdash;dijo Isa a Mario, abraz&aacute;ndolo y poniendo sus labios enfrente de los de &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Yo no dije nada sobre eso &mdash;quiso decir &eacute;l. Y era verdad.<\/p>\n<p>&mdash;Te dije que no me contestaras &mdash;lo interrumpi&oacute; ella. &mdash;Ya las dos sabemos que te la quieres coger. Pero antes voy yo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No! &mdash;dijo Mon&iacute;, a la vez molesta de que su amiga la hubiera dejado con las ganas, y feliz de que se hubiera sentido celosa. &mdash;Con &eacute;l no, quiero decir. Antes voy yo, pero contigo.<\/p>\n<p>Isa se volte&oacute; a ver a Mon&iacute;. Mario aprovech&oacute; la oportunidad y le tom&oacute; un hombro con cada una de sus manos suaves y pesadas, para que no se diera la vuelta. Mon&iacute; entendi&oacute; la idea y se acerc&oacute; a su amiga, a la que bes&oacute; par&aacute;ndose en las puntas de los pies. Isa se agach&oacute; para que Mon&iacute; pudiera besarla sin esfuerzo. Mon&iacute; tom&oacute; la cara de Isa y le zamp&oacute; tres besos, breves pero intensos. Luego se juntaron sus frentes, y Mon&iacute; baj&oacute; por el cuerpo de Isa, dibujando su silueta, desde sus hombros hasta sus caderas, de las que se aferr&oacute; con fuerza. Un escalofr&iacute;o recorri&oacute; a Isa, cuya reacci&oacute;n fue retroceder, no con los pies, sino con el torso. Mario estaba a&uacute;n detr&aacute;s de ella, y hab&iacute;a empezado a masajearle los hombros. Cuando se hizo hacia atr&aacute;s, Isa pudo sentir la erecci&oacute;n de &eacute;l en un gl&uacute;teo. Ahora se sent&iacute;a entre la espada y la pared, y eso le fascinaba.<\/p>\n<p>Al contrario de Mon&iacute;, Isa s&iacute; llevaba un brasier, del mismo color que su blusa, y que llegaba s&oacute;lo hasta cubrir ligeramente el pez&oacute;n. Su intenci&oacute;n era que la prenda no se viera en lo absoluto, para no afectar la delicada apariencia de su escote garigoleado. Mon&iacute; reconoci&oacute; el brasier cuando recorri&oacute; el cuerpo de su amiga, y pens&oacute; que empezar por el pecho, como a ella le hubiera gustado, quiz&aacute; habr&iacute;a sido muy complicado. As&iacute;, empez&oacute; a besar las clav&iacute;culas de su amiga, y el espacio generado entre ambos pechos.<\/p>\n<p>&mdash;Estamos ya algo calientes para estas cosas, &iquest;no? Desv&iacute;steme de una vez &mdash;le dijo Isa.<\/p>\n<p>Mario estaba acariciando con las u&ntilde;as la nuca de Isa, mientras le daba besitos en la cabeza. &Eacute;l parec&iacute;a no haberse inmutado con el comentario de la chica, que sin embargo reconoci&oacute; su emoci&oacute;n porque el miembro le creci&oacute; a&uacute;n m&aacute;s sobre el trasero de ella.<\/p>\n<p>Mon&iacute; desabroch&oacute; el pantal&oacute;n de mezclilla de Isa, y se lo quit&oacute; con alguna dificultad. Sus fuertes y anchas piernas se resist&iacute;an. Pero Mon&iacute; aprovech&oacute; ese tiempo para cubrir de besos el vientre de su amiga, los huesos que sobresal&iacute;an en sus costados y el nacimiento del corto vello rubio en su entrepierna (se ve que se hab&iacute;a rasurado hac&iacute;a no mucho). Cuando el pantal&oacute;n por fin cay&oacute; a los tobillos de su amiga, Mon&iacute; se anim&oacute; a retirar hacia un lado la ropa interior de su amiga, negra como todo el conjunto, para darle un besito junto a los labios vaginales.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No seas sucia! Compramos pasta de dientes. Si me vas a comer la raja, l&aacute;vate un poco.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; no tuviste esos cuidados hace rato, cuando me la comiste as&iacute; como estabas y casi casi en p&uacute;blico &mdash;le contest&oacute; Mon&iacute;, juguetona.<\/p>\n<p>&mdash;Pues si no te parece bien, ahorita que te vayas a lavar los dientes, te lavas tambi&eacute;n lo de all&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Aho, pero no te voy a dejar con el profe, &iquest;qu&eacute; te pasa? &mdash;contest&oacute; Mon&iacute;, d&aacute;ndole m&aacute;s besos en esa zona a Isa. &mdash;Te conozco. Si regreso en treinta segundos, ya lo vas a tener bien enfundado.<\/p>\n<p>&mdash;Te prometo que no pasar&aacute; &mdash;dijo Mario.<\/p>\n<p>&mdash;Te tomo la promesa &mdash;dijo Mon&iacute;, que hab&iacute;a vuelto a tutearlo. &mdash;Porque si pasa algo, te quedas sin todo esto.<\/p>\n<p>Y se se&ntilde;al&oacute; a s&iacute; misma, con ambas manos y recorriendo todo su cuerpo, tentadoramente. Un contoneo serpentino hizo que su vestido se recorriera hacia arriba, y cuando se alej&oacute;, Mario no pudo evitar seguirla con la vista, a ver si el vestido revelaba algo m&aacute;s que sus blancos muslos. No fue as&iacute;, pero Isa pudo sentir el inter&eacute;s de Mario por su amiga.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No le parece grosero que me haga sentir c&oacute;mo Mon&iacute; lo excita? &mdash;le pregunt&oacute; Isa, cuando Mon&iacute; ya estaba lav&aacute;ndose.<\/p>\n<p>&mdash;Lo es, disculpa. Me alejo &mdash;contest&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Isa ri&oacute; y opin&oacute; que Mario estaba tom&aacute;ndose las cosas muy en serio. Isa fue quien se alej&oacute; y, se dej&oacute; caer en la cama, para terminar de quitarse el pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; piensa de mis piernas?<\/p>\n<p>&mdash;Me gustar&iacute;a tenerlas a ambos lados de la cara.<\/p>\n<p>&mdash;Tsss. Mucho m&aacute;s prosaico de lo que imaginaba &mdash;dijo ella, y ambos rieron.<\/p>\n<p>Mario se sent&oacute; en la cama tambi&eacute;n, a un lado de Isa y toc&oacute; una de sus piernas.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; tersas son &mdash;opin&oacute;, mientras acariciaba con el dorso de su mano la parte superior del muslo.<\/p>\n<p>Isa quer&iacute;a que la abriera de piernas y la masturbara, pero Mario s&oacute;lo la estaba acariciando, de una manera tan tierna e inocente como hace un momento acariciaba su nuca. As&iacute; que insisti&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Y de mis pechos, &iquest;qu&eacute; piensa?<\/p>\n<p>Mario, que para ese momento estaba viendo las piernas de Isa, volte&oacute; a ver sus ojos. Isa lo ve&iacute;a tambi&eacute;n. Comenzaron a acercarse y finalmente se besaron. Mario de inmediato llev&oacute; una mano al pecho de Isa. Sus dedos se colaron por las orlas de la blusa, reconocieron y exploraron las faldas de aquel monte enorme. Finalmente, aunque sab&iacute;a que Isa protestar&iacute;a, se intern&oacute; en el brasier y busc&oacute; un pez&oacute;n, que acarici&oacute; con delicadeza, primero en c&iacute;rculos, por fuera, y luego oprimiendo ligeramente su mont&iacute;culo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Fuera, fuera! &mdash;dijo Isa, quit&aacute;ndole la mano de all&iacute;. &mdash;&iexcl;Va a hacer grande mi brasier!<\/p>\n<p>Mario ya no se pod&iacute;a contener m&aacute;s. Empez&oacute; a besar intensamente el cuello de Isa, mientras tomaba el otro pecho. Isa empez&oacute; a gemir entre risas nerviosas. Mario de nuevo atac&oacute; su pez&oacute;n, e Isa ya no tuvo fuerza para neg&aacute;rselo. Luego, Mario retir&oacute; su mano de all&iacute; y la fue llevando a la pierna de Isa. Mientras le besaba el cuello, sub&iacute;a a lo largo de su pierna imperceptiblemente, y se adentraba poco a poco en la cara interna de su muslo, hasta que toc&oacute; su ropa interior&hellip;<\/p>\n<p>Y en ese momento Mon&iacute; sali&oacute;. Al ver la escena, se apresur&oacute; a toda prisa a la cama. Mario pens&oacute; que iba a molestarse, pero se sent&oacute; del otro lado de Isa, y empez&oacute; a hacerle lo mismo que &eacute;l. Mientras Mario le besaba el cuello, Mon&iacute; bes&oacute; su boca. Ella tom&oacute; la mano que &eacute;l ten&iacute;a en la vagina, y la llev&oacute; al pecho de Isa, le indic&oacute; que abriera la mano y que agarrara todo lo que pudiera del pecho de su amiga. Lo forz&oacute; a apretar. Ella estaba agarrando el pecho de Isa, a trav&eacute;s de la mano de &eacute;l. Cuando sinti&oacute; que los movimientos ya ven&iacute;an de Mario (ya eran buscados por &eacute;l), Mon&iacute; retir&oacute; su mano.<\/p>\n<p>&mdash;Eso, eso &mdash;le dijo Mon&iacute; a Mario, satisfecha. &mdash;Qu&eacute; tetas, &iquest;verdad? &iexcl;Pues qu&eacute;date all&iacute;!<\/p>\n<p>&mdash;No les digas &ldquo;tetas&rdquo;, suena muy&hellip;, &iexcl;oye! &mdash;empez&oacute; a decir Isa, pero fue interrumpida.<\/p>\n<p>Mon&iacute; hab&iacute;a quitado la mano de Mario, porque quer&iacute;a la vulva de Isa para ella. Se apresur&oacute; a quitarle la ropa interior, y tom&oacute; de lleno la vaina de su amiga.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me est&aacute;s diciendo que no tienes lindas tetas, amor? &mdash;le dijo Mon&iacute;, mientras ubicaba el punto exacto desde el que Isa estaba produciendo humedad. A partir de ese punto, Mon&iacute; esparci&oacute; el l&iacute;quido con la vagina entera, en un giro gr&aacute;cil y pausado, con los dedos anular y cordial.<\/p>\n<p>&mdash;Te estoy diciendo que no les digas as&iacute; &mdash;contest&oacute; ella. &mdash;Adem&aacute;s, &iquest;qui&eacute;n te dio permiso?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Permiso? Con esta humedad, hasta puedo decir que me invitaste &mdash;contest&oacute; Mon&iacute;, mientras le alcanzaba al cl&iacute;toris una parte del l&iacute;quido, y lo oprim&iacute;a delicadamente de los costados.<\/p>\n<p>&mdash;S&oacute;lo no me metas los dedos &mdash;dijo Isa gimiendo, esperando que Mon&iacute; hiciera precisamente eso.<\/p>\n<p>Dicho y hecho, Mon&iacute; desliz&oacute; sin ninguna dificultad los dos dedos dentro de la vagina de Isa. Apenas hab&iacute;an entrado, los sac&oacute;. Luego repiti&oacute; varias veces. Quer&iacute;a sentir como Isa se contra&iacute;a un poco en cada nueva penetraci&oacute;n. A veces los dedos permanec&iacute;an afuera un momento, acariciando los labios de la rubia, mientras la mu&ntilde;eca de Mon&iacute; empujaba el cl&iacute;toris. Finalmente, los dedos se introdujeron casi enteros, de un solo golpe. Esto no era extra&ntilde;o, puesto que Isa estaba muy h&uacute;meda y puesto que Mon&iacute; llevaba ya unos minutos meti&eacute;ndole la punta de los dedos. Isa grit&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Por fin te dignaste!<\/p>\n<p>&mdash;Yo tengo t&eacute;cnica, mi amor. T&eacute;cnica y fricci&oacute;n. Si lo que quieres es llenarte con algo, no soy yo a quien necesitas.<\/p>\n<p>&iexcl;Mario! Isa en ese momento record&oacute; a Mario, que le estaba besando a&uacute;n el cuello y le amasaba un pecho con fiereza. Deb&iacute;a estar a reventar, el pobre. Isa intent&oacute; llevarle la mano al miembro: quer&iacute;a sacarlo y masturbarlo para que se integrara a la acci&oacute;n. Pero no pudo, apenas llev&oacute; su mano al pantal&oacute;n de &eacute;l, se qued&oacute; paralizada. Mon&iacute; empez&oacute; a mover su mano intensamente e Isa ya no pod&iacute;a pensar ni hacer nada m&aacute;s. Isa se puso completamente roja y empez&oacute; a dar grititos agudos.<\/p>\n<p>&mdash;Me est&aacute;s cogiendo con la mano &mdash;dijo Isa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; tonter&iacute;as dices! &mdash;contest&oacute; Mon&iacute;, a pesar de que el di&aacute;logo de su amiga la halagaba mucho y la invitaba a acelerar la velocidad.<\/p>\n<p>Entonces, Mario le quit&oacute; a Isa la blusa. Le desaboton&oacute; los tres ojales que la blusa ten&iacute;a debajo del pecho y se la quit&oacute; por la cabeza. Isa lo acept&oacute; sin prestarle mucha atenci&oacute;n, pero este movimiento permiti&oacute; a Mon&iacute; empezar a besar otra vez el vientre de Isa, sin dejar de masturbarla. Como pudo, Mon&iacute; se puso de rodillas frente a Isa, que a&uacute;n estaba sentada en la cama, y comenz&oacute; a hacerle sexo oral. Mario le recogi&oacute; el cabello, y Mon&iacute; empez&oacute; con una maravillosa rapidez. Sus labios apresaban los pliegues de Isa, y su lengua se deslizaba por los labios menores de ella. El cl&iacute;toris emerg&iacute;a, brillante, rosado y perfectamente redondo de entre sus pliegues carnosos, dej&aacute;ndose besar por Mon&iacute;, que cada tanto lo succionaba y lengueteaba. Mientras, sus dedos entraban y sal&iacute;an de la vagina vigorosamente. El olor a mujer la embriagaba. Para ese momento, Mario sosten&iacute;a a Isa entre sus brazos, mir&aacute;ndola a los ojos y sonriendo con compa&ntilde;erismo.<\/p>\n<p>&mdash;A ti te gustar&iacute;a que, en lugar de sus dedos&hellip; &mdash;le dijo Isa a Mario varias veces, pero sin poder terminar el comentario.<\/p>\n<p>Por un momento, Mon&iacute; dej&oacute; de hacerle sexo oral a Isa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s listo? &mdash;le pregunt&oacute; Mon&iacute; a Mario, sin hablar, s&oacute;lo moviendo los labios.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n deber&iacute;a hacerle sexo oral &mdash;contest&oacute; &eacute;l con la misma t&eacute;cnica, ayud&aacute;ndose de cierta m&iacute;mica.<\/p>\n<p>Mon&iacute; hizo una mueca, ladeando los labios fruncidos. Esa mueca quer&iacute;a decir &ldquo;ahora o nunca&rdquo;. Con toda delicadeza, Mario dej&oacute; que Isa cayera sobre la cama. Isa cerr&oacute; los ojos y dej&oacute; que Mon&iacute; continuara. Ella por fin dej&oacute; de masturbarla, se subi&oacute; a la cama con Isa, separ&oacute; completamente sus piernas y la tom&oacute; fuertemente de las nalgas, desde abajo. As&iacute;, empuj&oacute; el cuerpo de Isa contra su boca y, mientras acariciaba su lindo trasero, le met&iacute;a la lengua, o hac&iacute;a movimientos circulares a todo lo largo de la vulva.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Mario se hab&iacute;a quitado el pantal&oacute;n y la ropa interior, se hab&iacute;a puesto un cond&oacute;n y se hab&iacute;a acercado a las amigas. Mon&iacute; lo sinti&oacute; acercarse, se gir&oacute; un momento, y puso una mano fuertemente sobre el miembro de su exprofesor. Mario crey&oacute; que Mon&iacute; iba a masturbarlo, pero parec&iacute;a solamente estar comprobando que la dureza fuera suficiente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa? &mdash;pregunt&oacute; Isa, contrariada de que Mon&iacute; hubiera dejado de besarla.<\/p>\n<p>&mdash;El profe te quiere coger. &iquest;C&oacute;mo vas? &iquest;Prefieres eso, o sigo?<\/p>\n<p>Con este di&aacute;logo, Isa se puso de pie rapid&iacute;simo. Todo lo que pas&oacute; entonces fue torpeza. Los tres estaban demasiado excitados como para pensar con claridad. Isa abraz&oacute; a Mario, lo bes&oacute; con rudeza y lo puso contra una pared. All&iacute; empez&oacute; a masturbarlo sobre el cond&oacute;n, e intent&oacute; introduc&iacute;rselo, sin mucho &eacute;xito. Entraba el glande, pero Isa era demasiado alta como para que la posici&oacute;n funcionara bien.<\/p>\n<p>&mdash;Ay&uacute;dame &mdash;le pidi&oacute; a Mon&iacute;.<\/p>\n<p>Mon&iacute; se agach&oacute; y, tomando el miembro de Mario, lo llev&oacute; hasta la vagina de Isa. Lo frot&oacute; una y otra vez, para molestarlos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;M&eacute;telo de una vez! &mdash;le dijo ella.<\/p>\n<p>Mon&iacute; sab&iacute;a que no iba a entrar as&iacute;. Se levant&oacute;. Hizo que Isa se diera la vuelta, para que quiera la espalda a Mario. La reclin&oacute;, poniendo las manos de ella sobre sus propios hombros. Entonces, Isa sinti&oacute; como el miembro de Mario entraba desde atr&aacute;s, inundando su vagina. La entrada hab&iacute;a sido perfectamente fluida, y a partir de ese momento comenzaron una serie de embestidas, que Isa sent&iacute;a intensamente, detenida por el cuerpo de Mon&iacute; y por los brazos de Mario.<\/p>\n<p>Isa sinti&oacute; c&oacute;mo su amiga dirig&iacute;a su mano nuevamente a su cl&iacute;toris desnudo y expuesto. La empez&oacute; a masturbar, mientras Mario entraba en ella. El efecto fue inmediato: su vagina se cerr&oacute;, y la penetraci&oacute;n, de golpe, descendi&oacute; de ritmo, pero aument&oacute; en intensidad. Mario necesitaba m&aacute;s fuerza para cogerse a Isa, pero la nueva estrechez lo presionaba en cada cent&iacute;metro de &ldquo;su ser&rdquo;, y eso era delicioso. Isa, por otro lado, sent&iacute;a c&oacute;mo se contra&iacute;a entera. La contracci&oacute;n creada por la masturbaci&oacute;n de pronto se transform&oacute; en un orgasmo.<\/p>\n<p>Cuando Mon&iacute; vio los ojos perdidos de su amiga, y not&oacute; que ten&iacute;a problemas para mantenerse en pie, le indic&oacute; a Mario que parara. Isa se recost&oacute; en el suelo, con la piernas abiertas. Mon&iacute; vio a Mario con una sonrisa maliciosa, y le hizo un gesto con la cabeza en direcci&oacute;n a Isa, para indicarle que se la siguiera cogiendo. &Eacute;l se acost&oacute; en el suelo, sobre ella, y la penetr&oacute; misioneramente. Isa se gimi&oacute; y no dej&oacute; de gemir, hasta que, uno o dos minutos despu&eacute;s, dijo casi imperceptiblemente:<\/p>\n<p>&mdash;M&aacute;s r&aacute;pido.<\/p>\n<p>Mon&iacute; se sent&oacute; en la cama y vio por varios minutos c&oacute;mo segu&iacute;a la acci&oacute;n, masturb&aacute;ndose. Mario intentaba acelerar el ritmo cada vez que Isa se lo ped&iacute;a &mdash;y lo pidi&oacute; varias veces. En ocasiones no pod&iacute;a, y trataba de compensarlo penetr&aacute;ndola de forma m&aacute;s profunda o m&aacute;s sensible, dibujando ochos; bes&aacute;ndole el cuello, los brazos, el nacimiento del pecho. Esos momentos parec&iacute;an gustarle mucho a Isa, que agarraba las nalgas de Mario y las empujaba contra ella, clav&aacute;ndoles unas u&ntilde;as cortas, pero agudas.<\/p>\n<p>Isa ya estaba sensible y lleg&oacute; sin problemas a su segundo orgasmo antes de que Mario terminara. Buf&oacute; profundamente, con un tono que a Mario le record&oacute; el sonido de los b&uacute;hos.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy acabada &mdash;dijo ella, aquejada por la fricci&oacute;n y por el cansancio.<\/p>\n<p>Mario ayud&oacute; a Isa a levantarse y la llev&oacute; a la cama. Ten&iacute;a una erecci&oacute;n en su mayor momento, y Mon&iacute; temi&oacute; que intentara penetrarla en el acto, ahora que su amiga estaba noqueada. Pero no fue el caso.<\/p>\n<p>&mdash;Si quieres, puedo ir a lavarme, para hacerte un poco de sexo oral &mdash;dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Mon&iacute; lo vio con una sonrisa.<\/p>\n<p>&mdash;No. Quiero que me ruegues, como hab&iacute;amos dicho &mdash;dijo ella.<\/p>\n<p>&mdash;Mon&iacute;&hellip; Por favor, qu&iacute;tate el vestido.<\/p>\n<p>Mario le baj&oacute; su cierre. Mon&iacute; se quit&oacute; el vestido.<\/p>\n<p>Salieron los pechos blancos, de pez&oacute;n compacto, erguido por la noche, que era fresca, y por el deseo, encendido. Mario le bes&oacute; los pechos, atrapado en un hechizo, como se besa lo santo, diciendo para s&iacute; mismo:<\/p>\n<p>&laquo;Ni los blancos alcatraces tienen un pez&oacute;n tan vivo&raquo;.<\/p>\n<p>Mon&iacute; lo empuj&oacute; en la cama. Sus muslos humedecidos le puso en torno a las piernas, y al erecto miembro quiso ponerlo bajo su concha y frotarlo entre sus lirios.<\/p>\n<p>El cabello de Mon&iacute; parec&iacute;a, a la luz, cobrizo, y mientras Mon&iacute; fing&iacute;a montar a Mario, &eacute;ste dijo, viendo c&oacute;mo por su pecho flu&iacute;an sus rojos rizos:<\/p>\n<p>&laquo;los empavonados bucles le brillan como dos r&iacute;os&raquo;<\/p>\n<p>Mon&iacute; casi llora al escuchar ese di&aacute;logo. Para evitarlo, puso cara de molestia, y tom&oacute; el miembro de Mario, que condujo hasta la entrada de su vagina.<\/p>\n<p>&mdash;Vuelva a decirlo, si se atreve, profesor.<\/p>\n<p>&mdash;&ldquo;Los empavonados bucles&hellip;&rdquo; &mdash;empez&oacute; Mario, pero Mon&iacute; se introdujo el miembro de golpe, y se empez&oacute; a coger a su exprofesor atl&eacute;ticamente.<\/p>\n<p>Mario no pas&oacute; mucho tiempo recostado. Ver&iacute;a los pechos de Mon&iacute; describir c&iacute;rculos hermosos al botar y se alz&oacute; de la cama para estrecharlos y besarlos. Luego, puso sus dos manos a los costados, y las us&oacute; como apoyo para empujar su cadera al ritmo que le marcaba Mon&iacute;, quien a su vez, se hab&iacute;a reclinado hacia atr&aacute;s, en una postura parecida a la de &eacute;l, para que Mario pudiera verla mejor.<\/p>\n<p>Entonces Isa, que hasta entonces hab&iacute;a parecido estar dormida, se levant&oacute; e hizo lo mismo que Moni hab&iacute;a hecho con ella: empez&oacute; a masturbarla. Mario no pudo con la estrechez adicional que eso le dio al sexo de Mon&iacute;, y su pene sali&oacute; proyectado fuera.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Isa! &mdash;se quej&oacute; Mon&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ya lo regreso, amor. Ya lo regreso.<\/p>\n<p>Isa sigui&oacute; masturbando a Mon&iacute;, pero tambi&eacute;n obligando al pene de Mario a entrar en ella. En la mente de Mon&iacute;, Isa estaba usando el pene de Mario para cog&eacute;rsela. El hecho de tener sexo con &eacute;l, pero a trav&eacute;s del deseo de ella, le daba much&iacute;simo morbo. Mon&iacute;, que respiraba con mucha dificultad y se hab&iacute;a puesto muy ruborizada, culpaba a Isa de su estado: la ten&iacute;a enloquecida. Por eso, le desabroch&oacute; el brasier y se lo arrebat&oacute;. Le empez&oacute; a lamer los pezones difusos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ja! Hasta crees. Si el profe Mario lo tiene muy claro &mdash;dijo Isa, quit&aacute;ndose del pecho la cara de Mon&iacute;, y agarr&aacute;ndola desde atr&aacute;s &mdash; Las tetas de esta noche son las tuyas.<\/p>\n<p>Desde atr&aacute;s, Isa estruj&oacute; ambos pechos de Mon&iacute;, haci&eacute;ndola dar un grito, y bes&aacute;ndole la oreja. Esta imagen fue imposible de controlar para Mario, quien tuvo un orgasmo. Sin embargo, para su enorme fortuna, se trataba de uno de esos orgasmos tras los cuales el hombre no pierde dureza y (a riesgo de romper el cond&oacute;n) puede seguir a&uacute;n un buen rato m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que lo mataste &mdash;dijo Isa, viendo la cara que hizo Mario en el momento del orgasmo.<\/p>\n<p>&mdash;Pues yo lo siento muy vivo &mdash;dijo Mon&iacute;, mientras se segu&iacute;a cogiendo a Mario.<\/p>\n<p>Isa tom&oacute; su celular y puso una canci&oacute;n con la que ella y Mon&iacute; sol&iacute;an perrear. Mon&iacute; la reconoci&oacute; de inmediato y empez&oacute; a seguir el ritmo, toc&aacute;ndose ella misma los pechos y la cara, y revolvi&eacute;ndose el cabello. Mientras, miraba a Mario de forma no ya seductora, sino sucubesca.<\/p>\n<p>Mario ya no pudo m&aacute;s. La tom&oacute; de las nalgas de Mon&iacute; y empez&oacute; a llevar el ritmo: la jal&oacute; contra su cuerpo una y otra vez, ensart&aacute;ndola en su miembro, que sal&iacute;a casi completo y completo se volv&iacute;a a meter. Mon&iacute;, que no se esperaba eso, empez&oacute; a gemir y a ara&ntilde;ar la espalda de Mario, de la que se abraz&oacute; fuertemente.<\/p>\n<p>&mdash;Parece que el profe te va llevar al buen lugar, mi amor &mdash;le dijo Isa, refiri&eacute;ndose al orgasmo.<\/p>\n<p>Mon&iacute; ya no la estaba escuchando. Mario la tom&oacute; en vilo, la tir&oacute; sobre la cama. Se ech&oacute; sobre ella y le mordi&oacute; delicadamente el cuello. El peso de Mario excitaba a Mon&iacute;, que se revolv&iacute;a debajo de &eacute;l. Ambos acabaron al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Cuando se separaron, Isa se puso en medio de ellos y estuvo unos minutos besando a uno y a otro, pero Mon&iacute; y Mario quedaron profundamente dormidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Isa sali&oacute; a la calle con pasos r&aacute;pidos y confiados. La segu&iacute;an Mario y Mon&iacute;, metros atr&aacute;s, callados y con los ojos en el piso. Por supuesto, todos estaban bastante excitados por el faje que hab&iacute;a tenido en aquel caf&eacute; oscuro, pero viv&iacute;an esa excitaci&oacute;n de formas muy distintas. 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