{"id":47282,"date":"2024-05-21T22:00:00","date_gmt":"2024-05-21T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-05-21T22:00:00","modified_gmt":"2024-05-21T22:00:00","slug":"mis-dudas-sobre-adriana-cap-1-fragm-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mis-dudas-sobre-adriana-cap-1-fragm-1\/","title":{"rendered":"Mis dudas sobre Adriana (cap. 1 &#8211; fragm. 1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"47282\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La verdad es que cuando llegamos a la quinta ya iba m&aacute;s que cansado, el d&iacute;a hab&iacute;a estado lleno de trabajo, alistar el viaje hab&iacute;a sido m&aacute;s dif&iacute;cil de lo que hab&iacute;a pensado y solo en el carro de Mauricio hab&iacute;a estado sentado casi nueve horas seguidas, eso me doli&oacute; m&aacute;s que otra cosa esa noche. La verdad, lo &uacute;nico que quer&iacute;a era llegar pronto y descansar.<\/p>\n<p>Por un momento pens&eacute; que hab&iacute;a podido ser lo mismo para Adriana, a ella se le hab&iacute;a presentado la oportunidad de viajar m&aacute;s temprano junto a Julieta y Sebasti&aacute;n en su carro mientras a nosotros si nos hab&iacute;a tocado dar m&aacute;s vueltas. Aun as&iacute;, el viaje era pesado y me alcanc&eacute; a apiadar de mi esposa, aunque para ser sincero, ella siempre parec&iacute;a tener cuerda para rato, a pesar de sus m&uacute;ltiples ocupaciones, siempre parec&iacute;a tener ganas de m&aacute;s sobre todo cuando se trataba de fiestas o eventos, parec&iacute;a tener una bater&iacute;a ilimitada. Admiraba eso de ella, porque a pesar de tener la misma edad m&iacute;a, 36, siempre hab&iacute;a sido mucho m&aacute;s activa, mucho m&aacute;s din&aacute;mica, era como si ella estuviera engendrada por un fuego ardiente mientras que yo apenas parec&iacute;a un pedazo de metal fundido con otros pedazos ordinarios que serv&iacute;a para hacer algunas cosas simples y nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>La verdad, siempre me pregunt&eacute; c&oacute;mo hab&iacute;amos terminado cas&aacute;ndonos si &eacute;ramos tan diferentes, por ejemplo, ella era hermosa, divina, de cuerpo bien cuidado y yo no era gordo, pero tampoco delgado ni cuidado; no era grande: uno setenta y cinco de estatura y algo as&iacute; como sesenta y nueve kilos de peso, m&aacute;s bien flaco, con algo de panza &mdash;aunque m&aacute;s de la costumbre de la silla que de otra cosa&mdash;, aun as&iacute;, a pesar de todo esto, me ve&iacute;a pesado, cansado, tieso como una piedra que no se ha movido en a&ntilde;os y que solo recibe el rayo del sol directo o las gotas de una tormenta sin detenerse a pensar si puede cubrirse o no.<\/p>\n<p>Adriana era distinta, era alegre, era divertida, parec&iacute;a que disfrutaba la vida en todo momento y que todo lo que le pasaba fuera bueno o malo lo convert&iacute;a en una aventura pasajera. As&iacute; lo reflejaba, era divina, con un buen cuerpo producto de sus noches en el gimnasio, unos senos firmes aun (claro, no quiso tener hijos, cosa que a mi si me ilusion&oacute; alguna vez, sin embargo, las cosas no se dieron y yo prefer&iacute; no insistir y respetar su decisi&oacute;n) y una cola envidiable. Un metro sesenta en el que cualquier prenda le quedaba magn&iacute;fica. Cuando la conoc&iacute; su cabello era casta&ntilde;o, pero lo fue aclarando con el tiempo hasta llegar a ser casi una rubia natural, sus ojos claros combinan a la perfecci&oacute;n, pero lo que m&aacute;s me gustaba de ella era su sonrisa, iluminaba cualquier sitio. Parec&iacute;a que la alegr&iacute;a y ella eran amantes permanentes.<\/p>\n<p>Y todo eso era curioso porque en el papel mi vida era mejor que la suya. Yo soy contador p&uacute;blico y consegu&iacute; un empleo de termino fijo en la petrolera m&aacute;s grande del pa&iacute;s. Si bien es cierto que el trabajo era m&aacute;s que mec&aacute;nico, me desempe&ntilde;aba muy bien en lo que hac&iacute;a y en lo que hab&iacute;a estudiado, aparte que recib&iacute;a un buen sueldo, no el mejor claro, pero si era muy bueno comparado con el del resto de zombies con los que me encuentro cada d&iacute;a en la calle. Aun as&iacute;, la vida para Adriana parec&iacute;a distinta, comenz&oacute; a estudiar administraci&oacute;n de empresas, pero no t&eacute;rmino, luego estudio negocios internacionales, pero tampoco termin&oacute; y al final, lo que hizo fue conseguir trabajo y comenz&oacute; a vagabundear entre puestos temporales y contratos a pocos meses. Siempre me gener&oacute; dudas su vida laboral, era la &uacute;nica mujer que conoc&iacute;a que parec&iacute;a no preocuparse por eso y que no le importaba estar all&iacute; o all&aacute; o cambiar de trabajo con cierta frecuencia, se pod&iacute;a decir que era una aventurera dispuesta a recopilar experiencias (hoy en d&iacute;a ya s&eacute; qu&eacute; clase de experiencias le gustaba recopilar). Aun as&iacute;, siempre consegu&iacute;a un buen trabajo y siempre le sacaba la mejor tajada al momento, nunca se arrepent&iacute;a de sus decisiones porque siempre &mdash;y ahora lo entiendo&mdash; gozaba al m&aacute;ximo con esas oportunidades.<\/p>\n<p>Justo esa fue una de las causas del dichoso paseo que me termin&oacute; por aclarar todas las dudas que ten&iacute;a en mi vida; hacia pocos meses se le hab&iacute;a acabado el contrato en una empresa que vend&iacute;a libros er&oacute;ticos (de ah&iacute; la afici&oacute;n que le cog&iacute; al tema) y hab&iacute;a pasado un buen tiempo buscando algo sin encontrar una buena oferta que le gustara y la conquistara. Despu&eacute;s de varias semanas inciertas logr&oacute; encontrar trabajo en una inmobiliaria, vendiendo apartamentos en una nueva urbanizaci&oacute;n y, como siempre, parec&iacute;a que le estaba yendo lo bastante bien como para volver a re&iacute;r, a gozar y a bailar como era su costumbre. No ganaba lo mismo que yo, ni ten&iacute;a las garant&iacute;as de mi puesto y mi contrato, pero se ve&iacute;a m&aacute;s alegre que de costumbre y para celebrar el hecho se invent&oacute;, junto a sus amigas, esas vacaciones que resultaron ser tan escalofriantes para m&iacute;.<\/p>\n<p>Bueno, la verdad es que no se las invent&oacute; sola, sino que todo naci&oacute; en una reuni&oacute;n dos fines de semana atr&aacute;s con nuestros amigos de ese momento. Todos tenemos amigos que van y vienen, dependiendo nuestras vidas, en la universidad, en nuestro trabajo, en nuestro barrio; algunos duran mucho y otros poco, son pasajeros, como yo creo que fueron estos amigos que pasaron en mi vida y que fueron testigos de mi ca&iacute;da m&aacute;s baja.<\/p>\n<p>Uno de mis grandes amigos era Mauricio, compa&ntilde;ero m&iacute;o del trabajo, con el que llevaba ya un par de a&ntilde;os habl&aacute;ndome y pas&aacute;ndome cuentas; no trabaj&aacute;bamos en la misma oficina, pero si en el mismo departamento, nos hab&iacute;amos hecho compadres de botella y, poco a poco, hab&iacute;amos incluido a nuestras esposas en la amistad. Gabriela, la esposa de Mauricio era una mujer que me agradaba mucho, deportista aficionada, le gustaba correr, mantenerse en forma, due&ntilde;a de un cuerpo muy bien balanceado, senos medianos, cola mediana, nada exagerado, pero todo arm&oacute;nico que la hac&iacute;a ver espectacular, cabello negro hasta un poco m&aacute;s abajo de los hombros, ojos oscuros y, sobre todo, muy interesante, muy inteligente y con ese aire de recatada que yo admiraba tanto.<\/p>\n<p>Al principio, nos gustaba hacer planes los cuatro: tomar, bailar (aunque eso a m&iacute; tampoco se me daba muy bien), almorzar (aunque yo siempre cocinaba y nadie me ayudaba) y alg&uacute;n plan un poco loco como alguna salida de campo, alguna marat&oacute;n de cinco kil&oacute;metros o subir a pie el edificio m&aacute;s alto de la ciudad para ver al resto como hormigas laboriosas. La verdad, todo eso ya me parec&iacute;a normal, de hecho, me gustaba compartir nuestro tiempo con ellos, hablar un poco con Gabriela y que Adriana pudiera re&iacute;r y distraerse con las imprudencias de Mauricio.<\/p>\n<p>Me encantaba verla re&iacute;r, ver a mi esposa feliz.<\/p>\n<p>En nuestros seis a&ntilde;os juntos (tres de novios y tres de casados) ya me hab&iacute;a acostumbrado a muchas cosas de ella, a llevarle la cuerda en muchos caprichos, a aceptar su forma de ser, de bailar, de vestir, a sus llegadas tarde, a sus lanzadas salvajes y hasta que los tipos de toda clase la miraran y pasaran saliva gruesa, a veces me sent&iacute;a hasta halagado y envidiado por tener semejante vieja a mi lado. No me molestaban esos piropos, esas miradas o esas bocas babeantes, todo eso para m&iacute; ya era normal y, la verdad, de no ser porque era mi mujer yo tambi&eacute;n la hubiera mirado igual de embobado. Y supongo yo que esa rutina nos hizo perder ese misterio y lo que para algunos era un tesoro inalcanzable, para mi termin&oacute; convirti&eacute;ndose en algo simple, rutinario, normal o intrascendente. Por eso me gustaba compartir tiempo con nuestros amigos, porque nos serv&iacute;an de excusa para distraernos, para respirar de tantas cosas vistas y para tapar con apariencias que nuestra vida estaba condenada al fracaso, al igual que mi vida sexual con mi bella Adriana.<\/p>\n<p>A veces pienso que ella ten&iacute;a toda la raz&oacute;n y por eso hizo lo que hizo. Yo no era hombre para ella.<\/p>\n<p>Poco tiempo atr&aacute;s de aquel paseo, tal vez unos seis o siete meses antes, se hab&iacute;an unido a la amistad Sebasti&aacute;n comenz&oacute; siendo un compa&ntilde;ero de gimnasio de Mauricio y termin&oacute; siendo uno de sus amigos m&aacute;s cercanos. La verdad era que yo sab&iacute;a que trabajaba en un concesionario vendiendo carros, pero poco m&aacute;s que eso. Sin embargo, era un tipo bien, ch&eacute;vere, divertido y siempre lleno de an&eacute;cdotas de sus conquistas, de esas an&eacute;cdotas que uno se las imagina y de las que quiere ser el protagonista. Eso era lo que m&aacute;s me gustaba de su amistad; esa forma de contar sus cosas como si se trataran de una serie de televisi&oacute;n o de las p&aacute;ginas de un magaz&iacute;n pornogr&aacute;fico. A veces me inspiraba en sus relatos para pegarle un buen polvo (a mi manera) a Adriana, y notaba como a ella le gustaba sentir esas cosas m&aacute;s especiales que las simples y b&aacute;sicas de costumbre.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n era experimentado a pesar de ser un poco m&aacute;s joven que nosotros, tendr&iacute;a alrededor de unos 30 a&ntilde;os, con un cuerpo de gimnasio, incluso algo pasado de musculo para mi gusto, es decir, a m&iacute; no me gusta, pero me refiero a que Sebasti&aacute;n no ten&iacute;a solo el cuerpo de hombre atl&eacute;tico, sino que ya comenzaba a rozar el hiper musculo de los fisiculturistas. Eso s&iacute;, mientras nosotros con Mauricio nos bajamos diez cervezas casi sin respirar, Sebasti&aacute;n prefer&iacute;a levantar diez kilos m&aacute;s de pesas o hacer diez minutos m&aacute;s de cardio. Y, obviamente, con ese cuerpo y ese cuidado en su peinado y en su barba corta, no le era dif&iacute;cil conseguir citas con mujeres tan espectaculares como &eacute;l. As&iacute; como le pasaba a Adriana con los hombres, le pasaba a Sebasti&aacute;n con las mujeres, siempre que sal&iacute;amos ellas lo miraban de reojo e incluso alguna se atrev&iacute;a a decirle algo p&iacute;caro frente a todos.<\/p>\n<p>Obviamente, la autoestima de los bonitos no se compara con la resignaci&oacute;n de nosotros los seres terrenales y esquel&eacute;ticos.<\/p>\n<p>Para ser sincero, admiraba algunas cosas de Sebasti&aacute;n, como su porte, su seguridad y la atracci&oacute;n que generaba en esas mujeres hermosas que se le entregaban casi sin resistencia, pero yo estaba seguro que &eacute;l tambi&eacute;n envidiaba mi sueldo, mi seguridad laboral y, en especial, a mi mujer.<\/p>\n<p>Como dije, poco a poco se comenz&oacute; a integrar a nuestro peque&ntilde;o grupo y su inclusi&oacute;n definitiva fue cuando, unos cinco meses atr&aacute;s, nos present&oacute; a su novia: Julieta. Ella encaj&oacute; a las mil maravillas con el grupo, desde el principio se mostr&oacute; alegre, con iniciativa y con muchas cualidades, estaba terminando una carrera en dise&ntilde;o que hab&iacute;a visto alargada por su profesi&oacute;n: modelo de lencer&iacute;a en revistas de cat&aacute;logo y en empresas nacionales. Gracias a su trabajo, no solo se robaba la atenci&oacute;n de todos, sino que tambi&eacute;n le hab&iacute;a regalado calzones y brasieres a Adriana y a Gabriela como nadie m&aacute;s lo ha hecho en la vida. Y, por el hecho de ser modelo, pues se la pasaba viajando mucho, conociendo mucho y manteniendo muchos contactos importantes. Varias veces hab&iacute;a salido en televisi&oacute;n, en esos programas de las ma&ntilde;anas, desfilando en tanga o en ligueros, yo siempre me los perd&iacute;a porque siempre me pillaban trabajando, aunque me desquitaba despu&eacute;s cuando ve&iacute;a algunas grabaciones que me mandaba Mauricio por correo, incluso algunas im&aacute;genes un poco m&aacute;s &ldquo;exclusivas&rdquo; que el propio Sebasti&aacute;n me compart&iacute;a y que eran todo un deleite para mis sentidos. Esos 27 a&ntilde;os se le notaban en todas partes: la juventud, la lozan&iacute;a y esa radicaci&oacute;n propia de una princesa como ella. Era todo un personaje.<\/p>\n<p>Como sea, a medida que, ahora los seis, nos acerc&aacute;bamos y nos hac&iacute;amos m&aacute;s c&oacute;mplices, nuestros planes se hac&iacute;an m&aacute;s cercanos. Primero fueron salidas a cenar o a bailar los fines de semana, luego pasamos a hacer un grupo en el chat en donde todos particip&aacute;bamos y coment&aacute;bamos que pel&iacute;cula ver o por qui&eacute;n votar y hab&iacute;amos hecho alguna fiesta para alg&uacute;n cumplea&ntilde;os o eventos por el estilo, que nos sacaban de la rutina y nos acercaban a&uacute;n m&aacute;s. Todos parec&iacute;amos felices y satisfechos con nuestro para&iacute;so exclusivo.<\/p>\n<p>Incluso ya desde hac&iacute;a tiempo a las mujeres del grupo les ven&iacute;a rondando la idea de hacer un paseo, unas vacaciones, algo en donde pudi&eacute;ramos disfrutar de la playa, del mar y de las ventajas de tener a tres mujeres hermosas cerca de nosotros, pero nunca se hab&iacute;a dado, por una u otra raz&oacute;n &mdash;a veces por el trabajo de Julieta, a veces por falta de tiempo o a veces por el clima&mdash; la cosa nunca se hab&iacute;a logrado&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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