{"id":47330,"date":"2024-05-26T22:00:00","date_gmt":"2024-05-26T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-05-26T22:00:00","modified_gmt":"2024-05-26T22:00:00","slug":"el-nuevo-curso-vii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-nuevo-curso-vii\/","title":{"rendered":"El nuevo curso (VII)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"47330\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Enrique aguardaba impaciente a que su novio retirase los billetes de la taquilla. La d&aacute;rsena del autob&uacute;s estaba pr&aacute;cticamente vac&iacute;a a pesar de ser viernes, aunque el s&uacute;bito fr&iacute;o para estar a inicios de octubre y lo temprano de la hora pod&iacute;an ser factores a tener en cuenta. La temperatura en la &uacute;ltima semana se hab&iacute;a desplomado dr&aacute;sticamente, rozando incluso las temperaturas bajo cero, al mismo ritmo que aumentaba la pasi&oacute;n entre ambos. Observando la encantadora sonrisa de su chico mientras cog&iacute;a ambos billetes y se encaminaba hasta donde le esperaba, con las mochilas de ambos a los pies, no pudo por menos que sentirse inmensamente feliz.<\/p>\n<p>Con los dedos entumecidos por el fr&iacute;o el joven consult&oacute; la hora en el tel&eacute;fono. A&uacute;n no eran las nueve de la ma&ntilde;ana. Se sent&iacute;a algo culpable por saltarse un d&iacute;a de clases, pero Carlo hab&iacute;a prometido cogerles los apuntes y la idea de pasar m&aacute;s tiempo a solas con Dami&aacute;n hab&iacute;a resultado demasiado tentadora como para dejarla pasar. Por no decir que el joven estaba tan ilusionado por la idea de ver a su abuela y presentarle como su novio a la anciana que no hab&iacute;a podido siquiera pensar en ir m&aacute;s tarde. Contempl&oacute; de nuevo como el joven se acercaba, con sus el&aacute;sticos andares de bailar&iacute;n y su aura de seguridad y carisma y agitando ambos billetes en la mano.<\/p>\n<p>El sensual vaiv&eacute;n de sus caderas era notable incluso bajo la pesada trenca de lana verde militar. El cansado sol oto&ntilde;al arrancaba destellos de cobre de su cabello ondulado y su radiante sonrisa iluminaba toda su cara, marcando sus hoyuelos. Correspondiendo con una sonrisa id&eacute;ntica acarici&oacute; las hendiduras de sus mejillas en cuanto estuvo a su alcance, recorriendo los peque&ntilde;os espacios con infinita ternura. Dami&aacute;n le bes&oacute; la palma de las manos, recogiendo su mochila del suelo y colg&aacute;ndosela de los hombros. Llevaba toda la semana de un humor excelente y su alegr&iacute;a era contagiosa.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n juguete&oacute; con la capucha de la cazadora de Enrique, ribeteada de falsa piel. El azul oscuro de la prenda parec&iacute;a resaltar el color tan claro de sus ojos brillantes y dulces. Se mor&iacute;a de ganas por besarle. Intuyendo lo que quer&iacute;a Enrique se puso de puntillas y le ofreci&oacute; los labios, dejando que fuese &eacute;l quien consumase el beso. Cuando se separaron abraz&oacute; la estrecha cintura de su novio, refugi&aacute;ndose en la prenda de lana que cubr&iacute;a su cuerpo atl&eacute;tico y flaco. Las manos de Dami&aacute;n acariciaron el pelo casta&ntilde;o del chico, en silencio, dej&aacute;ndole descansar contra su pecho. Los remolinos casta&ntilde;os del joven eran indomables, a&uacute;n as&iacute;, Dami&aacute;n se deleitaba intentando peinarles, con suaves y lentas caricias que consegu&iacute;an estremecer el cuerpo de su novio.<\/p>\n<p>Enrique rememor&oacute; los d&iacute;as pasados desde que el lunes le propusiera ir con &eacute;l a conocer a su abuela. Esa noche hab&iacute;an dormido en su apartamento, pero el resto de la semana se la hab&iacute;an pasado en el pulcro pisito de Dami&aacute;n despu&eacute;s de que intercambiasen cada uno un juego de llaves: Enrique hab&iacute;a cedido su juego de reserva a Dami&aacute;n, y lo mismo hab&iacute;a hecho su novio. El ritmo de la universidad se hab&iacute;a vuelto m&aacute;s duro y m&aacute;s exigente, por lo que la mayor&iacute;a de las tardes las hab&iacute;an invertido en la biblioteca estudiando juntos, anim&aacute;ndose el uno al otro. Muchas veces se un&iacute;an Carlo y Thal&iacute;a. Otras, estudiaba s&oacute;lo con Carlo, ayud&aacute;ndole a ponerse al d&iacute;a mientras Dami&aacute;n trabajaba, y el jueves s&oacute;lo con Thal&iacute;a. La chica hab&iacute;a resultado ser una compa&ntilde;era de estudios fant&aacute;stica y una persona divertida e ir&oacute;nica.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hab&iacute;a retomado el gimnasio. Carlo estaba exultante cuando el mi&eacute;rcoles le vio aparecer con Dami&aacute;n. Al principio hab&iacute;a estado algo inseguro, pendiente de conseguir la aprobaci&oacute;n de su novio m&aacute;s que de los ejercicios, pero pronto se relaj&oacute;. Las indicaciones precisas y seguras del italiano, sumadas a la actitud positiva de su novio consiguieron terminar de disipar su inseguridad. Dami&aacute;n nunca cuestion&oacute; a Carlo, y tampoco estuvo pendiente de &eacute;l de forma obsesiva, por lo que pudo disfrutar observ&aacute;ndole trabajar. Cuando estaba de cara al p&uacute;blico se convert&iacute;a en otra persona, desplegaba todo su carisma interior y se compenetraba a las mil maravillas con el italiano. Carlo y &eacute;l formaban un d&uacute;o incre&iacute;ble e inmejorable.<\/p>\n<p>Las noches hab&iacute;an sido lo mejor. Por cansados que estuviesen hab&iacute;an conseguido encontrar siempre tiempo para un rato &iacute;ntimo. Enrique not&oacute; como se le encend&iacute;an las mejillas mientras recordaba la noche anterior. Hab&iacute;a sorprendido a Dami&aacute;n con el lubricante de fresa, que hab&iacute;a rescatado de su piso al volver de la biblioteca. Cuando subi&oacute; al apartamento de su novio usando el que ahora era su propio juego de llaves, encontr&oacute; a Dami&aacute;n cocinando una tortilla de patatas. Enrique se hab&iacute;a mantenido en silencio, parado en la puerta. La expresi&oacute;n de su novio era de intensa concentraci&oacute;n mientras bat&iacute;a los huevos y les a&ntilde;ad&iacute;a a las patatas y a la cebolla. Cuando consigui&oacute; darla la vuelta exitosamente la expresi&oacute;n de orgullosa satisfacci&oacute;n hubiera bastado para que se rindiese a sus pies si no estuviera ya enamorado.<\/p>\n<p>&ndash;Eres todo un chef &ndash;coment&oacute; abraz&aacute;ndole por la espalda y besando su hombro&ndash;, mi chef &ndash;remat&oacute; con cierto aire posesivo.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n hab&iacute;a intentado girarse para besarle despu&eacute;s de apartar la tortilla del fuego, dej&aacute;ndola en un plato sobre la encimera, pero Enrique no se lo hab&iacute;a permitido. Le hab&iacute;a retenido contra su cuerpo, sujet&aacute;ndole por la cintura. El joven tom&oacute; asiento en una de las sillas de la cocina y desabroch&oacute; su pantal&oacute;n, neg&aacute;ndose a soltar a su chico que se re&iacute;a, comenzando a excitarse. Enrique mordisque&oacute; la parte baja de la espalda del joven, causando que gimiese y se retorciera para alcanzarle. Besando la columna arriba y abajo le baj&oacute; los pantalones y tambi&eacute;n el b&oacute;xer, revelando unas nalgas perfectas, redondas y con la piel de alabastro. Sin poder contenerse mordi&oacute; la carne tierna al tiempo que destapaba el bote de lubricante y extend&iacute;a un poco entre ellas.<\/p>\n<p>&ndash;Todo un cocinero, el m&aacute;s guapo y el m&aacute;s sexy. Pero yo he tra&iacute;do mi propio postre.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se hab&iacute;a re&iacute;do, sorprendido y a la vez muy cachondo por el s&uacute;bito asalto de su novio, normalmente m&aacute;s sumiso y tranquilo. La lengua blanda y h&uacute;meda de Enrique recorri&oacute; de pronto la hendidura entre ambas nalgas, deteni&eacute;ndose al llegar a su ano. Presionando con ligereza consigui&oacute; relajar el orificio lo bastante como para poder introducirla, sin embargo, se retir&oacute; para poder echar m&aacute;s lubricante. El sabor dulz&oacute;n y casi empalagoso consegu&iacute;a hacerle salivar con m&aacute;s intensidad que cuando no le usaba, por lo que aprovech&oacute; esa cualidad para pegar sus labios al estrecho conducto, formando un perfecto sello de carne que evit&oacute; que la saliva se escapase, impuls&aacute;ndola dentro del recto del joven gracias a la lengua.<\/p>\n<p>&ndash;Cari&ntilde;o&hellip; el postre viene despu&eacute;s de la cena, no antes &ndash;protest&oacute; Dami&aacute;n agarr&aacute;ndose a la mesa para evitar caerse.<\/p>\n<p>Enrique se hab&iacute;a limitado a ignorarle, agarrando su pene con su mano y masturb&aacute;ndole de arriba abajo cada vez m&aacute;s deprisa. Su propio pene quedaba desatendido, pero le daba igual, pronto tendr&iacute;a su mejor recompensa. Cuando se separ&oacute; del joven quedaron conectados por un largo hilo de saliva que termin&oacute; cayendo sobre el regazo de Enrique. Agarrando a Dami&aacute;n por las caderas pas&oacute; su pene entre sus nalgas varias veces, antes de mover su pelvis hacia arriba. Venciendo la ligera resistencia inicial, Enrique se abri&oacute; camino por su ano, escuchando los roncos gemidos de su chico que se dej&oacute; caer sobre su regazo.<\/p>\n<p>Se movi&oacute; con m&aacute;s velocidad, acariciando el pecho del muchacho y masturb&aacute;ndole a la vez. Sus dedos exploradores hab&iacute;an encontrado los sensibles pezones. Pellizcando los delicados bultos de carne forz&oacute; a Dami&aacute;n a pegarse m&aacute;s a &eacute;l, separ&aacute;ndole las piernas con las suyas. Ni siquiera le hab&iacute;a desnudado del todo, tal era su ansia por tenerle. Cubri&oacute; de besos el cuello del chico, hasta hundir la nariz en las ondas rojizas de su cabellera. Inhal&oacute; el aroma de su pelo y aument&oacute; la velocidad, penetr&aacute;ndole con fuerza, cada vez m&aacute;s deprisa. Frot&oacute; ligeramente el frenillo del joven y apret&oacute; el glande en su mano, desliz&aacute;ndola de nuevo por su tronco hasta la base.<\/p>\n<p>Los gemidos de Dami&aacute;n aumentaron en intensidad y sus manos resbalaron de la mesa, agarr&aacute;ndose al bazo de su novio que segu&iacute;a bes&aacute;ndole el cuello, cerca de la oreja esta vez. El orgasmo fue tan repentino que su espalda se arque&oacute; sin que pudiese evitarlo, impuls&aacute;ndole hacia delante. Se habr&iacute;a ca&iacute;do de no tener el brazo de Enrique rodeando su pecho. Uno tras otro los cuatro chorros de semen salieron despedidos de su pene, aterrizando en parte sobre la mano de su novio y en parte en el suelo. Jadeando con fuerza sinti&oacute; como las embestidas de Enrique se aceleraban, buscando ahora su propio orgasmo.<\/p>\n<p>Con una mirada lasciva y provocadora en sus ojos de gato Dami&aacute;n hab&iacute;a sostenido la mano de Enrique y, mir&aacute;ndole fijamente, hab&iacute;a sacado la lengua y lamido su propia eyaculaci&oacute;n. Inclin&aacute;ndose sobre su novio consigui&oacute; besarle, introduciendo su lengua en la boca del joven y pas&aacute;ndole el semen en un beso que excit&oacute; tanto al chico que le catapult&oacute; al orgasmo. Enrique apret&oacute; m&aacute;s estrechamente al muchacho contra su cuerpo mientras terminaba. Introduci&eacute;ndose cuanto pudo en el angosto ano de Dami&aacute;n llen&oacute; su interior, bes&aacute;ndole repetidas veces en los labios, la mand&iacute;bula, las mejillas y el cuello.<\/p>\n<p>Cuando por fin le permiti&oacute; bajar y le ayud&oacute; a limpiarse y a vestirse, la tortilla ya estaba tibia. Dami&aacute;n hab&iacute;a vuelto a besarle, sent&aacute;ndose de nuevo en su regazo y acariciando su cabello casta&ntilde;o, exactamente igual que hac&iacute;a ahora. Centrando su atenci&oacute;n de nuevo en el presente Enrique le estrech&oacute; con m&aacute;s fuerza, inspirando hondo para llenarse completamente del aroma de su novio, una mezcla de ropa y piel limpias, desodorante y gel de ducha. El ruidoso autob&uacute;s lleg&oacute; a la d&aacute;rsena con el chirrido de los neum&aacute;ticos contra el asfalto. De mala gana se separ&oacute; de Dami&aacute;n que le estrech&oacute; la mano con la suya. Enrique recogi&oacute; su mochila del suelo y dej&oacute; que su novio se le adelantase, subiendo primero al largo veh&iacute;culo.<\/p>\n<p>Se acomodaron en los pen&uacute;ltimos asientos del autob&uacute;s, sin soltarse la mano en ning&uacute;n momento. Por un instante Enrique pens&oacute; que el conductor dir&iacute;a algo al verlos con las manos entrelazadas, pero se limit&oacute; a coger los billetes que le ofrec&iacute;a Dami&aacute;n sin variar su cara de perpetuo aburrimiento y sin prestarles la m&aacute;s m&iacute;nima atenci&oacute;n. En el gigantesco autob&uacute;s tan solo subi&oacute; otra pasajera: una anciana con dos muletas a modo de apoyo para caminar y que ocup&oacute; el asiento reservado a minusv&aacute;lidos. Dami&aacute;n acarici&oacute; el cuello de Enrique con ternura y cuando el autob&uacute;s se puso en marcha tendi&oacute; su abrigo sobre los dos.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s nervioso? &ndash;pregunt&oacute; en un susurro suave y comedido.<\/p>\n<p>&ndash;Un poco &ndash;reconoci&oacute; Enrique sonri&eacute;ndole con embarazo&ndash;. Me da miedo no caer bien a tu abuela &iquest;sabes?<\/p>\n<p>Dami&aacute;n frot&oacute; las manos de Enrique con las suyas, reactivando la circulaci&oacute;n y consiguiendo que entrasen ligeramente en calor. Sonri&oacute; para darle &aacute;nimos y bes&oacute; la mejilla suave y helada.<\/p>\n<p>&ndash;No te preocupes por eso. Conozco a mi abuela y s&eacute; que vas a encantarle, pero si necesitas ayuda para relajarte&hellip;<\/p>\n<p>La mano de Dami&aacute;n se desliz&oacute; por dentro del pantal&oacute;n de Enrique que dio un respingo y se apart&oacute; ligeramente de su novio. Sus dedos fr&iacute;os se aventuraron por el pubis lampi&ntilde;o del joven que se mordi&oacute; los labios y procur&oacute; mantenerse lo m&aacute;s quieto posible, sin emitir ning&uacute;n sonido. Aunque ten&iacute;a el pene de su chico al alcance de la mano esper&oacute; a tenerla m&aacute;s caliente. En cuanto roz&oacute; la piel de la base Enrique se apart&oacute;, cerrando las piernas con fuerza y agarrando la mu&ntilde;eca de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Aqu&iacute; no, por favor.<\/p>\n<p>Sus ojos azules imploraban que se detuviese. Dami&aacute;n se inclin&oacute; hacia delante y le dio un tierno beso en los labios, retirando su mano con delicadeza y dej&aacute;ndola sobre el regazo del chico, con la palma hacia arriba. Enrique entrelaz&oacute; sus dedos con los de Dami&aacute;n, mir&aacute;ndole con ansiosa preocupaci&oacute;n. Nunca antes le hab&iacute;a dicho que no a nada y no sab&iacute;a c&oacute;mo se tomar&iacute;a su negativa.<\/p>\n<p>&ndash;Eh, tranquilo. Si no quieres est&aacute; bien, no a todo el mundo le gusta jugar en p&uacute;blico.<\/p>\n<p>&ndash;No me siento c&oacute;modo. Quiz&aacute;&hellip; con el tiempo&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Esperar&eacute; hasta que t&uacute; quieras. Y si no quieres, no pasa absolutamente nada. Tambi&eacute;n est&aacute; bien.<\/p>\n<p>Ambos j&oacute;venes contemplaron el paisaje, que pasaba de urbano a rural y de llano a monta&ntilde;oso conforme el viaje transcurr&iacute;a. Enrique cabeceaba somnoliento, recostado contra el hombro de Dami&aacute;n que le arrop&oacute; m&aacute;s con su abrigo y acarici&oacute; su pelo con delicadeza. Las ojeras del joven le hab&iacute;an preocupado, dorm&iacute;a menos de lo que consideraba necesario. El viaje le servir&iacute;a para descansar. Enrique se removi&oacute; ligeramente, encontrando un apoyo m&aacute;s c&oacute;modo sobre el hombro de Dami&aacute;n que solt&oacute; una risilla sofocada contra su manga y se concentr&oacute; en uno de los numerosos libros que almacenaba en su tel&eacute;fono.<\/p>\n<p>Las horas pasaron tranquilas y sin sobresaltos. Enrique segu&iacute;a dormido sobre el hombro de Dami&aacute;n, que hab&iacute;a avanzado notablemente en su lectura. Cuando reconoci&oacute; el horizonte del pueblo donde hab&iacute;a pasado buena parte de su infancia sacudi&oacute; con ternura el hombro de su novio, que abri&oacute; los ojos con esfuerzo y reprimi&oacute; un bostezo contra el dorso de la mano, mir&aacute;ndole desubicado. Aquellos peque&ntilde;os gestos bastaban para que se derritiese entero, quiz&aacute; por la confianza y naturalidad que demostraban.<\/p>\n<p>&ndash;Despierta, bello durmiente, hemos llegado.<\/p>\n<p>El chico se frot&oacute; los ojos, ligeramente aturdido. El autocar se hab&iacute;a detenido en una peque&ntilde;a estaci&oacute;n desierta. Con las piernas algo entumecidas tras tres horas en la misma postura los chicos salieron del veh&iacute;culo, ajust&aacute;ndose las mochilas en los hombros. Enrique mir&oacute; con curiosidad a su alrededor. Aunque lejos de su facultad, no estaba tan lejos de la ciudad como hab&iacute;a pensado y, a&uacute;n as&iacute;, el paisaje monta&ntilde;oso y verde que le rodeaba parec&iacute;a de otro mundo. Altos abetos blancos crec&iacute;an por las monta&ntilde;as y hasta el pie del mismo pueblo y el aire fr&iacute;o ven&iacute;a h&uacute;medo, arrastrando un olor a hielo y a naturaleza salvaje que se mezclaba con el humo de le&ntilde;a que sal&iacute;a de algunas chimeneas. Dami&aacute;n dio un par de toques en su hombro para que le siguiera y ech&oacute; a andar cruzando una ancha plaza, rodeada por peque&ntilde;as tiendas de comestibles en su mayor&iacute;a. El aspecto pintoresco y r&uacute;stico resultaba agradable y acogedor, casi de cuento a pesar de los bloques de pisos.<\/p>\n<p>Cuanto m&aacute;s andaban menos visibles resultaban los bloques de viviendas, dando paso a casas individuales. Conforme avanzaban m&aacute;s se espaciaban las casas, con grandes jardines y paredes de piedra o encaladas de blanco. Casi a la salida del pueblo se alzaban peque&ntilde;as casas molineras de una o dos plantas, cuyos jardines delanteros palidec&iacute;an frente al tama&ntilde;o de los traseros. Enrique alcanz&oacute; a ver una o dos peque&ntilde;as huertas y unos cuantos perros, mestizos de talla grande en su mayor&iacute;a, les recibieron con hostiles ladridos tras verjas de hierro forjado. Acerc&aacute;ndose m&aacute;s a Dami&aacute;n que parec&iacute;a conocer de sobra el camino el joven le dio la mano.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute; un poco barrido &iquest;no? &ndash;coment&oacute; al percatarse de la ausencia de gente.<\/p>\n<p>&ndash;La mayor&iacute;a de la gente est&aacute; en el trabajo, cari&ntilde;o. Adem&aacute;s, este pueblo siempre se anima m&aacute;s en verano, en invierno es bastante h&uacute;medo y fr&iacute;o, suele nevar mucho. Eso s&iacute;, en Navidad est&aacute; siempre precioso, con las luces y los adornos naturales. Vamos, es aqu&iacute;.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n apret&oacute; m&aacute;s el paso, dirigi&eacute;ndose a una casita coqueta de dos pisos, paredes blancas y techos saledizos con tejas de un color marr&oacute;n oscuro. El pulcro jard&iacute;n todav&iacute;a presentaba flores de vivos colores: hortensias rosas, moradas y azules conviv&iacute;an con margaritas de pr&iacute;stino color blanco, pensamientos bicolores amarillos y negros, rojos y negros y negros enteros. Matas de lavanda todav&iacute;a en flor atra&iacute;an a gordas abejas que zumbaban incansables, entre las rocas que delimitaban las jardineras crec&iacute;an grandes coles ornamentales y junto a los muros bajos que cercaban la parcela, encalados de blanco, grandes matas de oloroso brezo alternaban con rosales que a&uacute;n conservaban aqu&iacute; y all&iacute; inmensas rosas de delicado tono rosa y violeta pastel.<\/p>\n<p>Entre tanta exuberancia vegetal, una mujer mayor, peque&ntilde;a y regordeta tarareaba ensimismada mientras cavaba y abonaba, vestida con un delantal de jard&iacute;n, altos guantes de jardiner&iacute;a, deportivas, vaqueros viejos y una sudadera c&oacute;moda. Al acercarse Enrique comprob&oacute; que lo que hab&iacute;a tomado al principio por un pa&ntilde;uelo blanco anudado tras la cabeza era en realidad su pelo, espeso y largo, recogido en un pulcro rodete en la nuca. Dami&aacute;n solt&oacute; su mano y corri&oacute; hacia la mujer, que dej&oacute; de tararear al verle, poni&eacute;ndose de pie con sorprendente agilidad y extendiendo los brazos para recibirle. El joven la abraz&oacute; por la cintura, inclin&aacute;ndose para ello, e iz&aacute;ndola en el aire la dio varias vueltas mientras la estrechaba en un abrazo de oso y la mujer se re&iacute;a con viveza.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Mi ni&ntilde;o! &iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a, mi ni&ntilde;o, que alegr&iacute;a m&aacute;s grande! &iquest;Has viajado bien? &iquest;Qui&eacute;n es ese chico?<\/p>\n<p>Parlanchina como siempre, su abuela ni siquiera le dej&oacute; responder antes de volver a preguntarle. Viendo la ancha sonrisa de Dami&aacute;n, id&eacute;ntica a la de su abuela hasta en los hoyuelos, Enrique no pudo por menos que corresponder con otra semejante. La mujer ten&iacute;a un aire bondadoso que, sumado al marco campestre, la confer&iacute;a el mismo aire que a las hadas madrinas que viese en las ilustraciones de los cuentos. Sus ojos difer&iacute;an de los del chico, pues presentaban un tono casta&ntilde;o intenso, vivaces e inteligentes. Se retir&oacute; los guantes manchados de barro y se acerc&oacute; al joven, con el brazo de Dami&aacute;n sobre los hombros.<\/p>\n<p>&ndash;Enrique, esta es mi abuela Isabel &ndash;present&oacute; el chico. La mujer se adelant&oacute; y bes&oacute; sus mejillas con familiaridad antes de que siguiese&ndash;. Abuela, Enrique es mi novio.<\/p>\n<p>&ndash;Encantada de conocerte. &iexcl;Menudo chico m&aacute;s guapo! &iexcl;Y qu&eacute; ojazos! &iquest;Compa&ntilde;ero tuyo de la universidad? Seguro que entonces tambi&eacute;n es inteligente.<\/p>\n<p>Las mejillas del chico se encendieron ante semejante despliegue de halagos. La devolvi&oacute; los besos con timidez y cambi&oacute; el peso de un pie a otro mientras la mujer les preced&iacute;a a la vivienda. El interior de la casa, luminoso y limpio, ol&iacute;a maravillosamente a galletas, bizcocho y cacao caliente. Los suelos oscuros reluc&iacute;an reci&eacute;n encerados y las paredes blancas se encontraban cubiertas de cuadros y fotos enmarcadas. Con pasitos en&eacute;rgicos la abuela de Dami&aacute;n los llev&oacute; directamente hasta la cocina, parloteando sin parar sobre lo delgados que estaban, que se ve&iacute;an cansados, lo buena pareja que hac&iacute;an&hellip; Enrique mir&oacute; con sorpresa a la mujer, que derrochaba energ&iacute;a movi&eacute;ndose de aqu&iacute; a all&aacute;, tan atareada como una abeja obrera. En un minuto dispuso en la mesa chocolate, galletas y bizcocho e inst&oacute; a los chicos a sentarse tras lavarse las manos.<\/p>\n<p>&ndash;Id comiendo, yo tengo que terminar en el jard&iacute;n delantero, que despu&eacute;s tengo que ducharme e ir a comprar. Luego le ense&ntilde;as la casa y el jard&iacute;n de atr&aacute;s &iquest;de acuerdo? Y te he dejado s&aacute;banas y una toalla, s&aacute;cale otra. Mejor no, ya se la saco yo cuando termine en el jard&iacute;n que he cambiado de sitio las cosas en esta limpieza.<\/p>\n<p>Enrique observ&oacute; pasmado como sal&iacute;a tras soltar su discurso, tarareando de nuevo. Dami&aacute;n se ech&oacute; a re&iacute;r, sujet&aacute;ndose el vientre con las manos y dobl&aacute;ndose hacia delante. Gratamente divertido al ver la sorpresa de su novio. Le sirvi&oacute; un trozo de bizcocho y dio un mordisco del suyo, manch&aacute;ndose los labios de az&uacute;car glas&eacute;.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Tu abuela desayuna bebidas energ&eacute;ticas o es siempre as&iacute;? &ndash;pregunt&oacute; incapaz de contenerse y con los ojos azules abiertos de par en par.<\/p>\n<p>&ndash;Siempre ha sido as&iacute;. Antes ten&iacute;a a mi abuelo, pero mi abuelo falleci&oacute; muy pronto, cuando mi padre ten&iacute;a&hellip; seis o siete a&ntilde;os &ndash;coment&oacute; tras hacer memoria&ndash;. Se qued&oacute; sola y tuvo que poder con todo. Sac&oacute; adelante el trabajo y a mi padre. Y despu&eacute;s casi me crio a m&iacute; porque mis padres trabajan much&iacute;simas horas.<\/p>\n<p>Enrique asinti&oacute;, comprensivo. Saber que hab&iacute;a criado sola a un hijo le hac&iacute;a verla bajo una luz nueva. Debajo de esa apariencia dulce y bondadosa hab&iacute;a acero puro. Agradeci&oacute; interiormente no estar a malas con ella. Ten&iacute;a pinta de ser terrible una vez que se enfadaba. Dieron buena cuenta de los dulces charlando amistosamente. Por un acuerdo t&aacute;cito se abstuvieron de comentar nada de la facultad, descansando mientras com&iacute;an. Con un suspiro satisfecho Enrique dej&oacute; el taz&oacute;n vac&iacute;o sobre la mesa. Durante todo ese rato la abuela de Dami&aacute;n no hab&iacute;a vuelto a la cocina, pero la hab&iacute;a visto entrar y salir sin pausa de la casa: recogiendo, barriendo, ordenando y siempre tarareando.<\/p>\n<p>&ndash;Ven, te ense&ntilde;ar&eacute; la casa y el jard&iacute;n &ndash;dijo el joven poni&eacute;ndose de pie y estir&aacute;ndose al mismo tiempo.<\/p>\n<p>&ndash;Vale.<\/p>\n<p>&ndash;Arriba est&aacute;n las habitaciones, mejor subimos ahora y as&iacute; dejas la mochila si quieres.<\/p>\n<p>La habitaci&oacute;n de Dami&aacute;n era peque&ntilde;a, pero con la mejor vista de la casa. Dominaba el amplio jard&iacute;n trasero y ten&iacute;a una vista fant&aacute;stica de la parcela de al lado, donde destacaba la piscina y una casona reformada que aunaba tradici&oacute;n y modernidad. Con curiosidad examin&oacute; los posters de las paredes, de diversos grupos de m&uacute;sica, algunos sorprendentes y otros esperados. El escritorio despejado era de madera oscura, igual que el armario, encastrado detr&aacute;s de una cama amplia sobre la que descansaban dos montones de toallas bien dobladas, una en azul y la otra en blanco. Las estanter&iacute;as estaban abarrotadas de libros y c&oacute;mics, y una vieja videoconsola a&uacute;n estaba conectada a un peque&ntilde;o televisor anclado en la pared. Enrique dej&oacute; la mochila sobre el escritorio, imitando a Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Me esperaba un cuarto distinto. Pero me gusta, es muy t&uacute; &ndash;dijo Enrique con una sonrisa mientras se&ntilde;alaba hacia los p&oacute;steres y los c&oacute;mics.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No me digas? Tuve una &eacute;poca muy nerd en el instituto. Antes de pasar a bachiller.<\/p>\n<p>Enrique le abraz&oacute; por la cintura y Dami&aacute;n le bes&oacute; en el cuello. A Dami&aacute;n se le antoj&oacute; irresistible. Despojados de los abrigos, ambos j&oacute;venes llevaban gruesos jers&eacute;is de lana y vaqueros, en tonos verdes los de Dami&aacute;n y azules los de Enrique. El joven col&oacute; las manos por debajo de la ropa, acariciando la espalda y el vientre delgado de su novio que le sonri&oacute; empuj&aacute;ndole a la cama. Las piernas de Enrique chocaron contra el colch&oacute;n, perdiendo el equilibrio y arrastrando a Dami&aacute;n en su ca&iacute;da.<\/p>\n<p>&ndash;Levanta anda, mejor ser&aacute; que haga primero la cama, o al menos coloque la s&aacute;bana por encima. Saca la ropa de la mochila si quieres, puedes colocarla en mi armario.<\/p>\n<p>El joven obedeci&oacute; y Dami&aacute;n retir&oacute; las toallas de la cama, coloc&aacute;ndolas sobre el vac&iacute;o escritorio. Al tiempo que estiraba la s&aacute;bana sobre el colch&oacute;n su novio le colocaba la ropa en el armario. En el interior colgaban pantalones y camisetas, evidenciando que, aunque no viv&iacute;a all&iacute; de forma regular, consideraba la vivienda de su abuela su segundo hogar. Enrique no pudo resistirse y examin&oacute; las camisetas y los viejos vaqueros algo ra&iacute;dos. Apartando las prendas a un lado colg&oacute; pulcramente la ropa de recambio tanto suya como de su novio y retir&oacute; el ch&aacute;ndal que ambos empleaban a modo de pijama y para estar por casa, dejando ambos doblados sobre el escritorio. En cuanto termin&oacute; Dami&aacute;n tir&oacute; de su mu&ntilde;eca, devolvi&eacute;ndole a la cama y haciendo que se sentase sobre su regazo.<\/p>\n<p>&ndash;Ven aqu&iacute; &ndash;susurr&oacute; besando su cuello y acariciando despacio su pecho, buscando los pezones.<\/p>\n<p>Enrique le dedic&oacute; una sonrisa tierna. Dami&aacute;n exhib&iacute;a una sonrisa traviesa mientras le miraba. Sus ojos verdosos estaban llenos de lujuria y amor, y cuando le estrech&oacute; entre los brazos relucieron intensamente. Sus labios coralinos buscaron los rosados de Enrique, devor&aacute;ndolos como un hambriento har&iacute;a con un fest&iacute;n. Su lengua se adentr&oacute; en la boca de su novio que jade&oacute; y le devolvi&oacute; el beso, enredando los dedos en las ondas cobrizas y despein&aacute;ndolas en su frenes&iacute;. Cuando se separaron no era &eacute;l el &uacute;nico que jadeaba.<\/p>\n<p>Con deliberada lentitud Dami&aacute;n sujet&oacute; la cara de Enrique entre sus manos. Sus ojos verdosos se clavaron en los suyos, transparentes y limpios, llenos de confianza y amor. Dami&aacute;n descendi&oacute; por la mand&iacute;bula del joven, mordisqueando la piel hasta llegar al cuello. Inclin&oacute; la cabeza de su novio hacia un lado y lentamente clav&oacute; sus blancos dientes justo al lado de la nuez de Ad&aacute;n, succionando despu&eacute;s con los labios y notando la vibraci&oacute;n ocasionada por el gemido del joven, que tirone&oacute; del cabello rojizo de Dami&aacute;n. Enrique volvi&oacute; a gemir y acarici&oacute; los sedosos mechones que resbalaban entre sus dedos, mientras la boca de su pareja segu&iacute;a descendiendo. Sus c&aacute;lidas manos segu&iacute;an sosteniendo su cara, acariciando las mejillas con los pulgares y a la vez reteni&eacute;ndole en el sitio.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n retir&oacute; las manos de Enrique de su pelo y bes&oacute; las palmas con cari&ntilde;o, gesto habitual en &eacute;l y con el que pretend&iacute;a dar a entender que no rechazaba las caricias, que tan solo quer&iacute;a algo diferente. Sosteni&eacute;ndole la espalda le guio hasta acostarle sobre el colch&oacute;n. Con una sonrisa planeando en su rostro levant&oacute; despacio el jersey de punto mientras besaba el cuello del chico, que se levant&oacute; ligeramente para permitirle sacar la gruesa prenda de lana por encima de su cabeza. La camiseta que llevaba por debajo no tard&oacute; en correr la misma suerte, yendo a parar al suelo. Con el pecho desnudo y expuesto a la habitaci&oacute;n sin caldear los sensibles pezones no tardaron en endurecerse. El joven se vio sacudido por un escalofr&iacute;o que se intensific&oacute; cuando Dami&aacute;n apoy&oacute; su mano, larga y c&aacute;lida, justo en el centro del pecho.<\/p>\n<p>La sonrisa de Dami&aacute;n se acrecent&oacute; mientras se desprend&iacute;a de su propio jersey. En la entrepierna de sus vaqueros se apreciaba un bulto de tama&ntilde;o m&aacute;s que considerable. Ignorando moment&aacute;neamente a su novio se deshizo de sus botas, dej&aacute;ndolas caer a los pies de la cama. Retir&oacute; las deportivas de Enrique y sus calcetines y reteniendo juntos ambos pies bes&oacute; los empeines hasta los tobillos. El chico se mantuvo inm&oacute;vil, agradeciendo no tener apenas cosquillas. Enrique solt&oacute; el bot&oacute;n y la bragueta de los vaqueros y elev&oacute; las caderas. Dami&aacute;n no le defraud&oacute;. Agarr&oacute; la prenda por las perneras y tir&oacute; de ella hasta conseguir sacarla, pero cuando Enrique ya se dispon&iacute;a a hacer lo mismo con el b&oacute;xer su novio le detuvo.<\/p>\n<p>&ndash;Ah, ah. D&eacute;jatele puesto por ahora.<\/p>\n<p>&ndash;Vale&hellip; &iquest;Por qu&eacute;? &ndash;Pregunt&oacute; Enrique retirando el flequillo de Dami&aacute;n hacia atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;Porque adoro verte as&iacute;. Est&aacute;s demasiado sexy.<\/p>\n<p>Enrique se rio con suavidad, levantando el cuerpo sobre los codos y besando a su novio que volvi&oacute; a empujarle sobre la cama con una sonrisa traviesa. Los vaqueros ca&iacute;dos dejaban a la vista las crestas il&iacute;acas y el comienzo del pubis, ense&ntilde;ando una franja de vello rojizo antes de la cintura el&aacute;stica de los b&oacute;xers grises. Enrique llev&oacute; sus dedos a esa fina l&iacute;nea y la acarici&oacute; con delicadeza, deleit&aacute;ndose en la textura sedosa de la piel y del vello. Dami&aacute;n se coloc&oacute; sobre &eacute;l y acarici&oacute; sus pezones con los dedos. Pellizc&oacute; los peque&ntilde;os bultos, los estir&oacute;, jug&oacute; con ellos y tir&oacute; hacia arriba hasta que Enrique se retorci&oacute; debajo de &eacute;l, soltando gemidos y jadeando.<\/p>\n<p>El joven se inclin&oacute; sobre &eacute;l, con sus ojos de gato clavados en los suyos, y sacando despacio la lengua rode&oacute; el pez&oacute;n recorriendo despacio la aureola y deleit&aacute;ndose en la textura m&aacute;s rugosa y el contraste con la piel del pecho. Enrique gem&iacute;a, acariciando la espalda de su novio y contemplando como se mov&iacute;a su cuerpo delgado y atl&eacute;tico sobre &eacute;l. Cada peque&ntilde;o movimiento causaba que los m&uacute;sculos bailasen bajo la piel cremosa en un espect&aacute;culo que se le antojaba er&oacute;tico y sensual a partes iguales. Dami&aacute;n mordi&oacute; la aureola y arrastr&oacute; los dientes hasta el pez&oacute;n, pellizc&aacute;ndole con fuerza suficiente como para que los gemidos de su novio se convirtieran en gritos que ahog&oacute; contra su brazo.<\/p>\n<p>Separ&oacute; los dientes despacio, pasando de nuevo la lengua por las peque&ntilde;as marcas dejadas mientras sus dedos se encargaban del otro. Empuj&oacute; la carne con el pulgar hacia arriba y hacia abajo y la aplast&oacute; con suavidad, jugando con la presi&oacute;n mientras sus labios succionaban sobre el otro. Enrique acab&oacute; por cerrar los ojos, completamente embebido por las sensaciones que estremec&iacute;an su cuerpo y no le daban tregua. Cuando Dami&aacute;n se retir&oacute; sus pezones estaban hinchados, sensibles y palpitaban ligeramente. Enrique empuj&oacute; con suavidad la cabeza de su novio hacia abajo, hacia la m&aacute;s que notable erecci&oacute;n que se apreciaba apenas contenida por los b&oacute;xers, pero Dami&aacute;n se sent&oacute; sobre la cama, separando las piernas y tirando de su novio que se arrodill&oacute; en la cama delante de &eacute;l.<\/p>\n<p>&ndash;Ven, cari&ntilde;o. Tengo algo para ti, algo que quiero que tragues.<\/p>\n<p>Enrique sinti&oacute; como su propio pene daba un ligero respingo dentro de la ropa interior. Avanz&oacute; despacio hacia Dami&aacute;n y solt&oacute; su vaquero, terminando de desnudarle. El largo y grueso pene de su novio salt&oacute; hacia fuera entre los rizos cobrizos del pubis. Veinti&uacute;n cent&iacute;metros de carne, casi veintid&oacute;s, se dirigieron directamente a su boca, con el glande brillante debido al l&iacute;quido preseminal que empezaba a gotear. Dami&aacute;n retuvo a Enrique que ya empezaba a inclinarse sobre &eacute;l, con la boca entreabierta y los ojos fijos en su premio.<\/p>\n<p>&ndash;No tan r&aacute;pido, tigre. Primero desn&uacute;date, d&eacute;jame ver c&oacute;mo sale.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute;s mand&oacute;n, pero me encanta. No sabes c&oacute;mo me excita cuando te pones as&iacute; &ndash;replic&oacute; sonriendo.<\/p>\n<p>Con las manos sobre la cintura las desliz&oacute; por su cuerpo en una larga y sensual caricia. Agarr&oacute; el el&aacute;stico del b&oacute;xer y lo baj&oacute; despacio por sus piernas. Su pene salt&oacute; de su prisi&oacute;n y golpe&oacute; contra su vientre antes de quedar firme y duro, apuntando hacia delante. Dami&aacute;n alarg&oacute; la mano y le acarici&oacute; despacio arriba y abajo, usando sus dedos para frotar el frenillo haciendo que el prepucio se retirase y volviese a cubrir el glande con cada caricia. Enrique gimi&oacute; y termin&oacute; de quitarse la ropa. La mano de Dami&aacute;n baj&oacute; hasta los test&iacute;culos y acarici&aacute;ndoles despacio tir&oacute; de ellos con suavidad, forz&aacute;ndole a acercarse a &eacute;l.<\/p>\n<p>Sus labios se encontraron y la lengua de Dami&aacute;n invadi&oacute; la boca de Enrique mientras sus penes se juntaban. Abarc&aacute;ndolos con una &uacute;nica mano Dami&aacute;n los acarici&oacute; juntos, frot&aacute;ndolos uno contra el otro y con la mano a la vez. Enrique temblaba y gem&iacute;a a pesar del beso, con sus manos recorriendo el cuerpo de su novio con ansia, tirando de su pelo sin percatarse de ello siquiera. Dami&aacute;n sujet&oacute; sus mu&ntilde;ecas y con una amplia sonrisa en la que se marcaban plenamente sus hoyuelos bes&oacute; las clav&iacute;culas de su novio antes de empujarle hacia abajo. Enrique pas&oacute; la lengua por sus labios y, sin hacerse de rogar, se coloc&oacute; a cuatro patas. Dami&aacute;n se acomod&oacute;, con una mano sobre la cabeza de su novio y la otra en su baja espalda, justo antes de los gl&uacute;teos.<\/p>\n<p>Mir&aacute;ndole a los ojos Enrique sac&oacute; la lengua y la pas&oacute; despacio por el pene de su novio, desde la base hasta el glande. Dami&aacute;n se mordi&oacute; el labio inferior, perlas contra coral, y movi&oacute; la pelvis hacia arriba, incit&aacute;ndole a seguir. Enrique pas&oacute; la lengua por los labios y sin hacerse de rogar meti&oacute; todo el glande en su boca. En un experto movimiento rode&oacute; la corona con la punta de la lengua, disfrutando del sabor salado y algo &aacute;cido del l&iacute;quido preseminal. Acarici&oacute; los muslos con las manos, deleit&aacute;ndose con la suavidad de la piel al tiempo que bajaba despacio la cabeza.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n acarici&oacute; los rebeldes mechones casta&ntilde;os de su novio, dej&aacute;ndole hacer a su ritmo. Su lengua blanda y h&uacute;meda recorr&iacute;a despacio su pene, prepar&aacute;ndolo, haciendo que la saliva escurriese por su piel hasta llegar a su pubis y los test&iacute;culos. Enrique baj&oacute; despacio la cabeza, dejando que el gran pene de su novio se deslizase por su garganta. Controlando las arcadas acarici&oacute; la parte interna de los muslos y las ingles. Con una mano sopes&oacute; los test&iacute;culos de Dami&aacute;n, extendiendo la saliva por el escroto y apretando y soltando alternativamente mientras segu&iacute;a tragando su pene.<\/p>\n<p>Pas&oacute; la lengua por cada una de las escasas venas, arrancando suaves gemidos a Dami&aacute;n que acarici&oacute; su cabellera con la punta de sus dedos, en una delicada caricia que consigui&oacute; estremecerle. Retir&oacute; la mano de su baja espalda y la dej&oacute; sobre la nuca del joven, masajeando su cuello con delicadeza. En cuanto Enrique volvi&oacute; a tragar desplaz&oacute; su mano hacia el frente del cuello, sintiendo c&oacute;mo se distend&iacute;a la garganta del joven cuando su gran pene pas&oacute;. Con un &uacute;ltimo esfuerzo consigui&oacute; llevarlo hasta el final, notando que su nariz se apoyaba contra el pubis. Escuch&oacute; el jadeo sorprendido de su novio y le mir&oacute; con sus dulces ojazos azules. Era la primera vez que consegu&iacute;a tragarlo entero sin tener arcadas.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Ves? &ndash;jade&oacute; Dami&aacute;n acariciando su pelo&ndash;. Te dije que al final lo conseguir&iacute;as, solo era cuesti&oacute;n de pr&aacute;ctica.<\/p>\n<p>Las mejillas de Enrique se ti&ntilde;eron de color y sac&oacute; despacio el pene de su novio de la boca, dejando dentro &uacute;nicamente el glande. Al notar que Dami&aacute;n sofocaba una risa divertida contra el pliegue del codo una nueva resoluci&oacute;n asom&oacute; a sus ojos. Apret&oacute; m&aacute;s los labios en torno al pene de su chico y tras apretar los dientes ligeramente para recobrar su atenci&oacute;n baj&oacute; de nuevo la cabeza, acelerando m&aacute;s y m&aacute;s hasta volver a tragarse todo su pene.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n jade&oacute;, tirando de su pelo suavemente para detenerlo. En cuanto Enrique sinti&oacute; el tir&oacute;n apret&oacute; con suavidad los test&iacute;culos de Dami&aacute;n, a modo de advertencia silenciosa mientras su lengua recorr&iacute;a sin tregua toda la piel del pene del joven que jade&oacute; y se rindi&oacute;, dejando que siguiera a su antojo. Enrique acarici&oacute; con suavidad sus test&iacute;culos notando como el glande de Dami&aacute;n golpeaba su garganta al entrar de nuevo una y otra vez. Sent&iacute;a su saliva acumularse, mezclada con el l&iacute;quido preseminal. Inundaba su boca de un gusto salado que le excitaba y le animaba a esforzarse m&aacute;s.<\/p>\n<p>Ruidos h&uacute;medos sal&iacute;an de su boca y se mezclaban con los gemidos de Dami&aacute;n que le acariciaba el pelo mir&aacute;ndole embobado. Se mor&iacute;a de ganas de que Enrique siguiese y a la vez quer&iacute;a que parase y poder tenerle para &eacute;l. Enrique volvi&oacute; a deslizar el pene del joven por su boca, hasta sacarlo por completo. Antes de ello, sin embargo, succion&oacute; con fuerza el glande, que adquiri&oacute; un vivo color rojizo. Dami&aacute;n estaba a punto de incorporarse cuando Enrique sujet&oacute; sus mu&ntilde;ecas por encima de su cabeza.<\/p>\n<p>&ndash;Ah, ah&hellip; De eso nada &ndash;le detuvo Enrique mir&aacute;ndole fijamente&ndash;. Tuviste tu oportunidad y la dejaste pasar, ahora es mi oportunidad.<\/p>\n<p>Estaba a punto de protestar cuando Enrique le silenci&oacute;, bes&aacute;ndole con pasi&oacute;n mientras sub&iacute;a y se sentaba a horcajadas sobre sus muslos. Sin soltar sus mu&ntilde;ecas procur&oacute; sostenerlas con una &uacute;nica mano, guiando el largo pene de Dami&aacute;n entre sus nalgas. Dami&aacute;n intent&oacute; hablar, pero de nuevo se lo impidi&oacute; Enrique. Su lengua danzaba dentro de la boca de su novio, impidi&eacute;ndole decir una sola palabra. Sus gemidos se alternaban con los de Enrique, que se mov&iacute;a sobre &eacute;l, consiguiendo que su pene se frotase de continuo entre sus nalgas. Sus dientes aferraron el labio inferior de Dami&aacute;n y tir&oacute; de &eacute;l con cierta malicia, solt&aacute;ndolo de golpe para pasar sus labios por su nuez de Ad&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Es&hellip; &iexcl;Espera! &ndash;jade&oacute; Dami&aacute;n excitado&ndash;. Necesitamos lubricante, no quiero que te hagas da&ntilde;o.<\/p>\n<p>Con una mirada de suficiencia Enrique tir&oacute; de sus pezones para hacerle callar. Apoyando el glande contra su ano se relaj&oacute; y empuj&oacute;, dejando que entrase despacio. Notaba la falta de lubricante y la falta de preparaci&oacute;n, pero los gemidos y jadeos de Dami&aacute;n le espoleaban, le daban fuerza. No llegaba a ser doloroso, pero se aproximaba bastante. Le estaba abriendo, forzaba las paredes de su recto venciendo su d&eacute;bil resistencia mil&iacute;metro a mil&iacute;metro. Se detuvo unos segundos para respirar y despu&eacute;s volvi&oacute; a descender despacio, perseverando. Con roncos jadeos apret&oacute; m&aacute;s la presa sobre las mu&ntilde;ecas de su novio, aprovechando la mano libre para masturbarse con ganas mientras sent&iacute;a entrar los &uacute;ltimos cent&iacute;metros.<\/p>\n<p>Por fin qued&oacute; sentado sobre Dami&aacute;n, que solt&oacute; el aliento qued&aacute;ndose inm&oacute;vil como una estatua, temeroso de moverse por si Enrique no estaba preparado para eso a&uacute;n. Retorci&oacute; las manos y consigui&oacute; soltar sus mu&ntilde;ecas. Acarici&oacute; con cuidado la cara de Enrique que le mir&oacute; entre jadeos y bes&oacute; sus dedos. Apoy&oacute; la mano junto a la cabeza de Dami&aacute;n y se inclin&oacute; para besar su cuello, acariciando la suave piel con sus labios, mordiendo a veces, lamiendo y usando la lengua para trazar complejos caminos que se entrecruzaban una y otra vez.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s bien? No te doler&aacute; &iquest;no? &ndash;consigui&oacute; preguntar sosteniendo la cara de su novio.<\/p>\n<p>&ndash;Eres grande, ha costado m&aacute;s de lo que hab&iacute;a pensado, pero estoy bien &ndash;respondi&oacute; sonriendo con orgullo&ndash;. De verdad.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n abraz&oacute; a su novio con ternura, dejando en sus manos la decisi&oacute;n de moverse o no. Enrique comenz&oacute; a cabalgarlo despacio, algo inseguro todav&iacute;a. Hasta ese momento siempre hab&iacute;a tomado Dami&aacute;n la iniciativa, movi&eacute;ndose con calma y con cuidado al principio para que se acostumbrase, por una vez quer&iacute;a sorprenderlo. Elev&oacute; su cuerpo sobre sus rodillas hasta que casi todo el pene de Dami&aacute;n estuvo fuera, reteniendo dentro tan solo el glande. Mordi&eacute;ndose el labio inferior gimi&oacute; en voz baja y acarici&oacute; el pecho blanco y lampi&ntilde;o del joven que acarici&oacute; su espalda sin presionarle, gimiendo y jadeando. Los t&iacute;midos movimientos de Enrique le parec&iacute;an una dulce tortura, le manten&iacute;a casi al l&iacute;mite.<\/p>\n<p>Cogiendo confianza Enrique volvi&oacute; a bajar, arqueando la espalda hacia dentro en cuanto sinti&oacute; como el pene de Dami&aacute;n volv&iacute;a a llenar su interior. Sus gemidos volvieron a crecer en volumen y pronto se mezcl&oacute; el entrechocar de sus cuerpos conforme el joven se acostumbraba y aceleraba m&aacute;s y m&aacute;s. Dami&aacute;n comenz&oacute; tambi&eacute;n a mover sus caderas, impulsando a Enrique hacia arriba y recibi&eacute;ndole al bajar. Subido sobre &eacute;l, recibi&eacute;ndole entero, estaba irresistible.<\/p>\n<p>En un fluido movimiento incorpor&oacute; el torso, abraz&aacute;ndose a Enrique y mordiendo su hombro con fuerza no exenta de delicadeza. Sus dientes apresaron un cerco de piel y apretaron mientras succionaba con fuerza, dejando una marca rojiza y escuchando como gem&iacute;a Enrique. Ansiando escucharle de nuevo volvi&oacute; a morder otro pedazo de piel, descendiendo por su pecho que ya comenzaba a perder el tostado veraniego. Lami&oacute; lentamente el pez&oacute;n y sujet&aacute;ndole por la cintura le anim&oacute; a moverse m&aacute;s deprisa, sujetando su pene con la mano y frotando el frenillo.<\/p>\n<p>Enrique gimi&oacute; y jade&oacute; con m&aacute;s fuerza. Dami&aacute;n siempre le volv&iacute;a loco. Sus ojos verdosos brillaban con deseo mientras acariciaba su cuerpo y le mord&iacute;a. Las marcas de sus dientes descend&iacute;an desde su cuello a su pecho y sus manos &aacute;giles acariciaban su piel sin darle tregua. Ahora completamente abierto le cabalgaba sin tregua, apoy&aacute;ndose en sus hombros y acariciando las suaves ondas cobrizas de su melena. Tirando de los sedosos mechones levant&oacute; la cara de su novio, dej&aacute;ndola a escasos cent&iacute;metros de la suya.<\/p>\n<p>&ndash;Te quiero, te quiero much&iacute;simo.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se lanz&oacute; sobre sus labios, conmovido y excitado a partes iguales. Enrique consegu&iacute;a llevarle al l&iacute;mite. Era la combinaci&oacute;n perfecta de erotismo, lujuria, ternura y amor. Sent&iacute;a su pene cada vez m&aacute;s duro e hinchado, siendo tragado sin tregua por el estrecho interior de Enrique, que parec&iacute;a decidido a exprimirle. Estrech&aacute;ndolo m&aacute;s contra su cuerpo se movi&oacute; m&aacute;s deprisa, acompa&ntilde;ando a su novio una y otra vez mientras intentaba contenerse en vano. El orgasmo le alcanz&oacute; repentinamente. Enrique not&oacute; c&oacute;mo se paralizaba y jadeaba, con la espalda arqueada y los muslos tensos debajo de su cuerpo.<\/p>\n<p>Cuando Dami&aacute;n cay&oacute; sobre la cama, respirando entrecortadamente y con el brazo cubri&eacute;ndole los ojos. Enrique se inclin&oacute; sobre &eacute;l, sumamente satisfecho, al tiempo que dejaba que el pene de Dami&aacute;n se deslizase fuera de su cuerpo. Retir&oacute; el brazo de la cara de su novio, besando sus mejillas suaves desde la comisura de sus labios hasta la oreja. Normalmente Dami&aacute;n ten&iacute;a mucho m&aacute;s aguante y experiencia que &eacute;l, jam&aacute;s hab&iacute;a visto que estuviese as&iacute;. Una sensaci&oacute;n c&aacute;lida de orgullo y poder se extendi&oacute; por su pecho mientras besaba delicadamente el l&oacute;bulo antes de atraparlo con sus dientes.<\/p>\n<p>&ndash;A&uacute;n no hemos terminado, mi amor, pero falta poco &ndash;le susurr&oacute; al o&iacute;do mientras acariciaba su pecho&ndash;. Abre.<\/p>\n<p>Abriendo sus ojos gatunos Dami&aacute;n obedeci&oacute; sin rechistar ni dudar por un solo instante. Colocando una rodilla a cada lado de la cabeza de su novio Enrique descendi&oacute; lentamente. Por un momento pareci&oacute; que iba a ofrecerle su pene o sus test&iacute;culos, pero con un movimiento de caderas consigui&oacute; que tan solo rozase la nariz de Dami&aacute;n antes de situar su ano justo encima de la boca del joven. Dami&aacute;n sac&oacute; la lengua, sintiendo que su pene daba un respingo debido a la excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sacando la lengua la introdujo en el ano de su novio. Ya estaba a punto de rozarle con sus manos cuando Enrique las sujet&oacute; con las suyas, entrelazando los dedos y acariciando despacio la palma con sus pulgares. Baj&oacute; su cuerpo un poco m&aacute;s, asegur&aacute;ndose de dejar a Dami&aacute;n espacio m&aacute;s que suficiente para respirar sin asfixiarle. Su lengua bailaba dentro de su interior, recogiendo su semen y trag&aacute;ndolo al tiempo que intentaba alcanzar la pr&oacute;stata de Enrique que gem&iacute;a y se mov&iacute;a sin parar, retorci&eacute;ndose de placer encima de su novio.<\/p>\n<p>Con los ojos cerrados Dami&aacute;n estaba atento a cada peque&ntilde;o movimiento, a los gemidos de Enrique cuando acariciaba un punto u otro dentro de &eacute;l. Levant&aacute;ndose a medias qued&oacute; completamente pegado a su novio, con su nariz profundamente enterrada en sus test&iacute;culos y la lengua extendida al m&aacute;ximo. Sus dientes rozaron los delicados pliegues de su ano mientras cerraba m&aacute;s los labios, succionando despacio y tirando de la piel dentro de su boca.<\/p>\n<p>&ndash;Ya&hellip; ya est&aacute; cielo, muy bien.<\/p>\n<p>Enrique se levant&oacute; y baj&oacute; despacio por el cuerpo de Dami&aacute;n, que le mir&oacute; sin comprender por qu&eacute; le deten&iacute;a cuando tanto estaba disfrutando. Sus ojos azules brillaban y ten&iacute;a las mejillas enrojecidas. Con un movimiento lento y sensual comenz&oacute; a masturbarse encima de su novio. Dami&aacute;n ni siquiera intent&oacute; incorporarse, disfrutando inmensamente del er&oacute;tico espect&aacute;culo que le ofrec&iacute;a. Su mano sub&iacute;a y bajaba por su pene, frotaba el frenillo, el glande y la corona y descend&iacute;a de nuevo mientras usaba la otra mano para pellizcar y jugar con sus pezones. Sus gemidos eran dulces y sus ojos no se apartaban del rostro de su novio.<\/p>\n<p>Moviendo la mano m&aacute;s deprisa jade&oacute;, not&aacute;ndose cerca. Sus duros pezones de color cacao mostraban la punta enrojecida y purp&uacute;rea, igual que el glande de su pene, extremadamente duro y h&uacute;medo. Dami&aacute;n casi pod&iacute;a sentir el intenso calor que irradiaba y ve&iacute;a palpitar las venas. Finalmente, con un gemido que era casi un grito, Enrique lleg&oacute; al orgasmo. Largos y espesos chorros de semen cayeron al pecho desnudo de Dami&aacute;n que sostuvo a Enrique por los hombros hasta que los espasmos de su orgasmo remitieron.<\/p>\n<p>En cuanto termin&oacute; Enrique se sinti&oacute; invadido de una s&uacute;bita timidez. Echando mano de su mochila rescat&oacute; del bolsillo delantero un paquete de pa&ntilde;uelos y limpi&oacute; el pecho de su novio con uno de ellos, arroj&aacute;ndolo despu&eacute;s a la basura. Con cuidado para no golpearle se tumb&oacute; a su lado, acomod&aacute;ndose sobre el brazo extendido de Dami&aacute;n que le miraba sin decir nada.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Ha&hellip; ha estado bien? &ndash;pregunt&oacute; inseguro&ndash;. Si no te ha gustado yo&hellip;<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le silenci&oacute; con un beso al tiempo que acariciaba su pecho. Sus labios coralinos se apretaron contra los de Enrique que le abraz&oacute;, acariciando las ondas rojizas de su cabello.<\/p>\n<p>&ndash;Ha estado genial, jam&aacute;s te hab&iacute;a visto as&iacute;, pero de verdad, ha sido&hellip; incre&iacute;ble. Ha sido fant&aacute;stico.<\/p>\n<p>Enrique sonri&oacute; feliz y bes&oacute; el hombro y el cuello de Dami&aacute;n, descendiendo despu&eacute;s por su brazo mientras se acurrucaba. En contra de lo que esperaba, su novio se puso de pie. Tirando del brazo de Enrique le lanz&oacute; su ropa interior, cogiendo despu&eacute;s las toallas.<\/p>\n<p>&ndash;Ven, mi abuela tiene paciencia y no creo que venga a molestar, pero se muere porque te ense&ntilde;e todo esto.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le guio por el pasillo tras ponerse tan solo los b&oacute;xers, llevando bajo el brazo ropa y toallas, y le abri&oacute; la puerta del ba&ntilde;o. Peque&ntilde;o, alicatado en blanco y tan limpio que reluc&iacute;a por los cuatro costados. No hab&iacute;a jab&oacute;n ni champ&uacute; en las estanter&iacute;as de la amplia ducha por lo que Enrique dedujo que era un ba&ntilde;o secundario, destinado a ser usado s&oacute;lo por Dami&aacute;n. Su intuici&oacute;n se confirm&oacute; al ver que el chico se inclinaba y sacaba un jab&oacute;n nuevo con aroma a lavanda del mueble de debajo del lavabo.<\/p>\n<p>Ambos chicos se limpiaron entre risas, sec&aacute;ndose el uno al otro con dulces besos y caricias. Al vestirse de nuevo Dami&aacute;n recorri&oacute; las marcas dejadas por sus dientes en el cuerpo de Enrique, bes&aacute;ndole una vez m&aacute;s cada una de ellas antes de que el chico las cubriese con el jersey. D&aacute;ndole la mano Dami&aacute;n le guio por la planta superior, ense&ntilde;&aacute;ndole las diversas habitaciones. La de sus padres estaba vac&iacute;a, y en la de su abuela qued&oacute; fascinado por una c&oacute;moda de roble macizo que, seg&uacute;n Dami&aacute;n, estaba hecho de cero por su abuelo.<\/p>\n<p>Al bajar al piso inferior vieron a la abuela del joven trasteando en la cocina, preparando lo que promet&iacute;a ser una fant&aacute;stica cena y una comida ligera. Con una sonrisa la anciana indic&oacute; a los j&oacute;venes que siguiesen y que no se molestasen en entrar en la cocina. Dami&aacute;n llev&oacute; a su novio al sal&oacute;n, donde los muebles de estilo cl&aacute;sico armonizaban con los suelos de madera oscura y las cortinas transl&uacute;cidas que cubr&iacute;an lo que parec&iacute;a ser un gran ventanal orientado al jard&iacute;n.<\/p>\n<p>Con una amplia sonrisa Dami&aacute;n descorri&oacute; una de las cortinas, revelando una puerta corredera de cristal. Reteniendo un momento la mano de Enrique bes&oacute; tiernamente sus nudillos antes de precederle al jard&iacute;n trasero. El chico sonri&oacute; y se hizo a un lado, el jard&iacute;n trasero siempre hab&iacute;a sido su parte preferida de la casa de su abuela si descontaba su propio dormitorio, y no quer&iacute;a perderse la cara que pon&iacute;a Enrique al verlo.<\/p>\n<p>Enrique contempl&oacute; con curiosidad a su novio. Estaba ilusionado y se mor&iacute;a de ganas por ense&ntilde;arle lo que quiera que fuese que hab&iacute;a fuera. Cediendo a su deseo sali&oacute; al exterior, qued&aacute;ndose quieto en el vano de la puerta. Sus ojos azules se abrieron de par en par al tiempo que su boca formaba una perfecta &ldquo;o&rdquo;. Dami&aacute;n sonri&oacute; con orgullo y rodeando sus hombros con el brazo bes&oacute; la parte superior de su cabeza, inhalando el aroma de sus cabellos. As&iacute; enlazados ambos avanzaron, juntos y enamorados.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Gracias a todos por leer este sexto relato de la saga y el apoyo dado. Espero de coraz&oacute;n que os haya gustado y que sig&aacute;is apoyando esta serie.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de un hiato de m&aacute;s de un a&ntilde;o siento que debo dar algunas explicaciones. Ser&eacute; breve aqu&iacute; y me explayar&eacute; m&aacute;s en los comentarios si a&uacute;n quedan dudas o reproches. Durante el tiempo en que no he escrito o publicado mi salud no ha sido la mejor, ni a nivel mental ni f&iacute;sico. Adem&aacute;s, diversos problemas personales complicaron mucho el que tuviese tiempo o inspiraci&oacute;n para sentarme y escribir contenido er&oacute;tico. Escribir es mi pasi&oacute;n, no mi trabajo, y por desgracia para escribir ficci&oacute;n er&oacute;tica necesito cierta inspiraci&oacute;n ya que no es f&aacute;cil pensar en situaciones rom&aacute;nticas cuando tu mente no est&aacute; en condiciones. Poco a poco ir&eacute; retomando esto y volver&eacute; al tiempo normal de publicaci&oacute;n, aunque ruego algo de paciencia en este primer y segundo mes hasta que me aclimate de nuevo. Quiero reiterar mi agradecimiento a los lectores y a los que me han estado mandando mensajes, vuestro apoyo lo es todo.<\/p>\n<p>Si quer&eacute;is que escriba algo para vosotros pod&eacute;is pedirlo a trav&eacute;s de mi email, si la tem&aacute;tica me gusta y dispongo de tiempo, os har&eacute; un relato personalizado. Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Enrique aguardaba impaciente a que su novio retirase los billetes de la taquilla. La d&aacute;rsena del autob&uacute;s estaba pr&aacute;cticamente vac&iacute;a a pesar de ser viernes, aunque el s&uacute;bito fr&iacute;o para estar a inicios de octubre y lo temprano de la hora pod&iacute;an ser factores a tener en cuenta. 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