{"id":47350,"date":"2024-05-28T22:00:00","date_gmt":"2024-05-28T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-05-28T22:00:00","modified_gmt":"2024-05-28T22:00:00","slug":"un-jefe-con-un-secreto-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-jefe-con-un-secreto-i\/","title":{"rendered":"Un jefe con un secreto (I)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"47350\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">11<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 20<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El ambiente en la oficina era igual que siempre: agotador. Nadie dudaba de la capacidad de Diego para los negocios, pero su presencia como jefe y presidente de su propia empresa de nuevas comunicaciones resultaba terriblemente intimidante. Era estricto, severo, enfocado al cien por cien en su negocio y muy intimidante. No permit&iacute;a un solo error, ni tampoco un solo retraso en la entrega de documentos. Quiz&aacute; por eso, tan solo Sebas hab&iacute;a aguantado m&aacute;s de seis meses trabajando directamente bajo &eacute;l como su ayudante y mano derecha.<\/p>\n<p>Sebas no acababa de entender la mala fama de Diego. M&aacute;s all&aacute; de su exigencia en los negocios y con sus subordinados, encontraba a su jefe amable y de trato f&aacute;cil. Las escasas ocasiones en que hab&iacute;a conseguido que saliese pronto del trabajo a tomar una ca&ntilde;a con &eacute;l para celebrar alg&uacute;n &eacute;xito laboral le hab&iacute;a encontrado agradable, incluso divertido y extrovertido. Tan solo en el trabajo se convert&iacute;a en un tirano adamantino y casi cruel. Visto lo cual, no le resultaba extra&ntilde;o que casi todos los empleados prefiriesen trabajar con &eacute;l antes que dirigirse directamente a Diego.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Sebasti&aacute;n! Ven aqu&iacute;, por favor.<\/p>\n<p>Sin decir nada, Sebas se levant&oacute; de su escritorio, recogi&oacute; su tablet y entr&oacute; en el despacho de su jefe sin llamar. Cuando gritaba y usaba su nombre completo m&aacute;s val&iacute;a no andarse con rodeos y entrar directamente, porque significaba que no estaba de humor ni para las cortes&iacute;as m&aacute;s b&aacute;sicas.<\/p>\n<p>&ndash;D&iacute;game.<\/p>\n<p>Plantado en la cara alfombra blanca frente al escritorio de cristal y acero de su jefe se prepar&oacute; para lo que fuese que este quer&iacute;a de &eacute;l, con la tablet a punto y listo para tomar notas. Su jefe parec&iacute;a enfadado, muy muy enfadado. Casi a punto de estallar.<\/p>\n<p>&ndash;Deja la tablet, esto no es directamente del trabajo &ndash;escupi&oacute; desagradable&ndash;. Esos imb&eacute;ciles del taller acaban de llamarme, mi coche no estar&aacute; listo al menos hasta dentro de otras dos semanas. &iexcl;Dos semanas! &iquest;Y qu&eacute; cojones esperan que haga mientras para desplazarme? El mi&eacute;rcoles tenemos que visitar tres terrenos a ver si son &uacute;tiles para nuestras nuevas antenas y no puedo ir en metro hasta all&iacute;.<\/p>\n<p>Sebas le dej&oacute; despotricar un buen rato. Cuando su jefe estaba de ese humor, lo mejor era no interferir y dejar que se desahogase. Si ahora propon&iacute;a algo su jefe se negar&iacute;a a escucharle. Con paciencia dej&oacute; que blasfemase y murmurase hasta que intuy&oacute; que su humor estaba algo mejor. Cuando sus despotriques pasaron a ser sobre la reuni&oacute;n con un empresario chino que hab&iacute;a vuelto a aplazarla por motivos rid&iacute;culos, intuy&oacute; que era hora de intervenir.<\/p>\n<p>&ndash;Se&ntilde;or, si el problema es c&oacute;mo llegar a esos terrenos, yo puedo llevarle en mi coche.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y qui&eacute;n ocupar&aacute; tu lugar aqu&iacute; en la oficina? &ndash;pregunt&oacute; con recelo&ndash;. Sabes que te necesito aqu&iacute; cubriendo el frente mientras yo no est&eacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Marina puede cubrirme sin problemas, se lo dejar&eacute; todo perfectamente detallado y la dejar&eacute; mi n&uacute;mero para que me llame en caso de que sea necesario. Adem&aacute;s, se&ntilde;or, puedo actuar de ch&oacute;fer durante estas semanas en caso de que lo necesite, y ayudarle con las reuniones externas.<\/p>\n<p>Diego se dej&oacute; caer contra el respaldo de su silla. El costoso reloj de oro que siempre llevaba puesto lanz&oacute; brillantes destellos al incidir en &eacute;l la luz del ventanal que ten&iacute;a a sus espaldas. Con un suspiro cansado se frot&oacute; los ojos y se pas&oacute; una mano por el pelo. Sebas se limit&oacute; a esperar, sab&iacute;a que no sacar&iacute;a nada si insist&iacute;a. Adem&aacute;s, no quer&iacute;a que supiese lo mucho que le gustar&iacute;a acudir a esas reuniones, empezar a tener algo m&aacute;s de peso en las decisiones empresariales m&aacute;s all&aacute; de ser un simple secretario sobrevalorado.<\/p>\n<p>&ndash;Supongo que eso solucionar&iacute;a el problema, y te podr&iacute;a venir bien aprender algo m&aacute;s sobre c&oacute;mo funcionan ciertas gestiones. &iquest;Qu&eacute; edad tienes, veintiocho?<\/p>\n<p>&ndash;Veintis&eacute;is, se&ntilde;or.<\/p>\n<p>&ndash;Eres joven, pero trabajas bien y eres cumplidor. S&iacute;, te vendr&aacute; bien venir conmigo. Est&aacute; bien, deja listo el plan para cubrir tus ausencias y reorganiza tu horario para poder venir conmigo. Pasa a recogerme a las siete de la ma&ntilde;ana el mi&eacute;rcoles.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, se&ntilde;or.<\/p>\n<p>No dijo nada, conteniendo su j&uacute;bilo mientras sal&iacute;a del despacho de su jefe. No apreci&oacute; la mirada divertida ni la sonrisilla que empezaba a asomar en el rostro de su jefe. Al principio no hab&iacute;a tenido demasiada fe en Sebas. Le hab&iacute;a contratado en pr&aacute;cticas como asistente personal despu&eacute;s de que el chico se graduase primero de su promoci&oacute;n en ADE, pero hab&iacute;a cogido afecto al chico. Era trabajador, responsable y mucho m&aacute;s ambicioso de lo que su apariencia dulce y accesible parec&iacute;a revelar.<\/p>\n<p>Sebas ten&iacute;a el cabello casta&ntilde;o y ondulado, no demasiado corto, con algunos mechones rozando sus hombros y otros cayendo sobre sus ojos, de un rico tono marr&oacute;n claro y piel morena por el tiempo que pasaba al aire libre. Monitorizaba las redes sociales de sus empleados, por lo que sab&iacute;a que siempre que pod&iacute;a el chico se escapaba a la monta&ntilde;a con la bici o a correr con su perro, un achuchable samoyedo al que pagaba siempre guarder&iacute;a y cuidador. No era especialmente alto, tan solo uno setenta y dos, pero su actitud profesional y en extremo precisa compensaba ese peque&ntilde;o defecto, al igual que el f&iacute;sico perfecto gracias al ejercicio que resaltaba con trajes buenos y camisas en tonos claros. Un detalle que le gustaba era que siempre llevaba corbata, aunque no fuese obligatoria.<\/p>\n<p>Acentuando la sonrisa encendi&oacute; su ordenador para ponerse a trabajar nuevamente. Bien sab&iacute;a que el ofrecimiento del joven no estaba exento de cierto inter&eacute;s personal, motivado sin duda por su ambici&oacute;n y sus ansias de crecer dentro de la empresa, pero no le parec&iacute;a mal del todo. Necesitaba empleados as&iacute;, siempre dispuestos. Como el caballo de carreras que ans&iacute;a estar siempre en la pista. Concedi&eacute;ndose un par de minutos m&aacute;s para s&iacute; mismo, concert&oacute; una cita con su ligue habitual para el martes. Si quer&iacute;a ir a ver esos terrenos con una buena actitud necesitar&iacute;a quemar energ&iacute;a antes.<\/p>\n<p>Ajeno a los pensamientos de su jefe, Sebas se esforz&oacute; al m&aacute;ximo durante esa semana. Sab&iacute;a que si no dejaba todo atado y bien atado Diego no volver&iacute;a a darle una sola oportunidad, y no pensaba dejar que eso sucediese. Trabaj&oacute; codo con codo con Marina para conseguir que supiese todo lo que hacer en su ausencia. Incluso adelant&oacute; buena parte del trabajo del mes siguiente por si acaso. Consult&oacute; por internet los terrenos que iban a visitar y eligi&oacute; su vestuario cuidadosamente.<\/p>\n<p>El mi&eacute;rcoles se levant&oacute; dos horas antes de lo necesario. Se visti&oacute; con un elegante polo azul de manga corta, vaqueros claros y sus deportivas de monta&ntilde;a. El d&iacute;a anterior hab&iacute;a llevado el coche a lavar por dentro y por fuera y hab&iacute;a recabado cuanta informaci&oacute;n pudo sobre los terrenos. Recogi&oacute; las llaves y las gafas de sol y tras introducir en el GPS la direcci&oacute;n de su jefe condujo mientras tarareaba al ritmo de la m&uacute;sica rock que emit&iacute;a la radio esa ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>Aunque ya hab&iacute;a visto antes el chalet de su jefe, no pudo evitar sentir una punzada de envidia al ver la gigantesca construcci&oacute;n de dos plantas. Sin embargo, esos pensamientos se cortaron de golpe cuando la puerta delantera se abri&oacute; y sali&oacute; su jefe, vestido con ropa de calle muy similar a la suya. Nunca le hab&iacute;a visto con otra cosa que no fuesen trajes a medida, por lo que se le comi&oacute; con los ojos mientras llegaba al coche.<\/p>\n<p>Vestido con una camiseta de marca, vaqueros oscuros y botas de monta&ntilde;a estaba muy atractivo. A sus cuarenta y nueve a&ntilde;os se manten&iacute;a en una forma excelente acudiendo a nadar tres veces por semana y al gimnasio otras tres, por lo que su f&iacute;sico era perfecto, acorde a su gran altura de casi un metro noventa y seis. Su cabello se manten&iacute;a fuerte y casi libre de canas, de color negro y peinado con un corte moderno que sin embargo reten&iacute;a cierta esencia formal. Sus ojos oscuros casaban bien con la piel morena de su cara, donde algunas ligeras arrugas marcaban sus rasgos, aport&aacute;ndole un toque distinguido. Sin duda, a su jefe le pasaba lo mismo que al buen vino, mejoraba con la edad.<\/p>\n<p>Para su sorpresa, su jefe cojeaba notablemente. Al sentarse en el asiento del copiloto, la expresi&oacute;n de dolor de Diego no se le pas&oacute; desapercibida. Indeciso sobre c&oacute;mo proceder se limit&oacute; a apagar la radio y arrancar de nuevo el coche, saludando a su jefe para pasar directamente a los temas de trabajo.<\/p>\n<p>&ndash;Buenos d&iacute;as, se&ntilde;or. Tiene en la informaci&oacute;n m&aacute;s relevante de los terrenos en el dossier que est&aacute; en el men&uacute; principal de la tablet. El resto est&aacute; en la carpeta amarilla, ah&iacute; est&aacute; la informaci&oacute;n sobre los antiguos propietarios, el hist&oacute;rico de ventas y el de precios. Y la evoluci&oacute;n del valor del terreno durante los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&ndash;Impresionante, Sebas. Pero fuera del trabajo puedes tutearme si quieres.<\/p>\n<p>&ndash;Vale se&hellip; Diego &ndash;se corrigi&oacute; r&aacute;pidamente.<\/p>\n<p>Ninguno de los dos volvi&oacute; a hablar. De vez en cuando Diego se revolv&iacute;a inc&oacute;modo en su asiento, pero su atenci&oacute;n estaba tan enfocada en el trabajo que ni siquiera parec&iacute;a consciente de su propia incomodidad. Por su parte, Sebas albergaba dudas sobre si deb&iacute;a hablar o no, por una parte, sent&iacute;a curiosidad. Jam&aacute;s hab&iacute;a visto a su jefe manifestar dolor ni nada semejante. Por otro, no sab&iacute;a si deb&iacute;a decir nada. Su relaci&oacute;n era cercana siempre que estuviese restringida al trabajo.<\/p>\n<p>Por fin llegaron al terreno que ten&iacute;a intenci&oacute;n de adquirir. Su propietario, un hombre demasiado mayor como para ir hasta all&iacute;, hab&iacute;a enviado a su hijo como representante y se notaba que el joven estaba ansioso por cerrar la venta, a diferencia de su padre. Sebas dej&oacute; que fuese su jefe el que tomase la iniciativa en la negociaci&oacute;n, observ&aacute;ndole y aprendiendo de su forma desenfadada pero profesional de conducirse. Cuando el labriego estrech&oacute; la mano de su jefe supo que hab&iacute;an conseguido los terrenos, se expandir&iacute;an.<\/p>\n<p>Mientras caminaba de vuelta al coche por la tierra reseca y llena de traicioneras piedras iba euf&oacute;rico. En su contraste, su jefe iba mucho m&aacute;s sereno, procurando disimular el intenso dolor que sent&iacute;a en las piernas y la baja espalda. Al llegar al coche se apoy&oacute; en la ardiente carrocer&iacute;a antes de abrir la puerta, vacilando sobre si entrar o no. Sebas le observ&oacute; preocupado, saliendo del veh&iacute;culo y coloc&aacute;ndose en frente del hombre mayor que le dedic&oacute; una d&eacute;bil sonrisa.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute; bien, se&ntilde;or? Antes le he visto cojear.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; te dije sobre lo de tutearme? &ndash;le reprendi&oacute; con amabilidad&ndash;. No te preocupes, me hice un poco de da&ntilde;o este fin de semana. Nada serio.<\/p>\n<p>&ndash;A m&iacute; no me parece que no sea nada, Diego. Me parece que deber&iacute;as haberte quedado en casa.<\/p>\n<p>&ndash;Es posible &ndash;concedi&oacute; mientras entraba en el coche con una mueca de dolor&ndash;. Pero gracias a este peque&ntilde;o esfuerzo hemos conseguido los terrenos. Ahora podremos presionar al consorcio de Wang para que se decidan respecto a la asociaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Es una perspectiva fant&aacute;stica. Si las condiciones son las adecuadas podr&iacute;a hacer crecer la empresa a nivel internacional.<\/p>\n<p>&ndash;Por cierto, creo que no te lo he dicho, pero tu desempe&ntilde;o ha sido extraordinario. Ma&ntilde;ana ser&iacute;a un buen momento para hablar de un aumento de sueldo. Y por supuesto, volver&aacute;s a participar en estas reuniones y las negociaciones.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Gracias, se&ntilde;or! &iexcl;Muchas gracias!<\/p>\n<p>Absolutamente radiante condujo de vuelta a la ciudad. Iba a proponer parar a tomar una ca&ntilde;a cuando su jefe se le adelant&oacute;, indic&aacute;ndole que parase en su bar-restaurante favorito. Entre los viajes y el tiempo pasado en el campo ya se hab&iacute;a hecho la hora de comer. Pidieron dos men&uacute;s y una cerveza de litro cada uno. Brindando con las jarras de cerveza atacaron la comida con voracidad. De las ca&ntilde;as pasaron a las copas variadas, entre risas y brindis cada vez m&aacute;s entusiastas. Para cuando terminaron la fiesta ya frisaba la noche, y Sebas no estaba en condiciones de conducir.<\/p>\n<p>&ndash;Pide un taxi, lo compartimos. Ya pago yo &ndash;sentenci&oacute; Diego intentando estirar las piernas.<\/p>\n<p>Sebas, obediente, llam&oacute; a un taxi mientras volv&iacute;a a contemplar a su jefe. El aire fr&iacute;o de la noche estaba empezando a despejarle, quit&aacute;ndole la borrachera. Durante la comida hab&iacute;a estado bien, pero ahora volv&iacute;a a mostrar se&ntilde;ales evidentes de estar sufriendo. Preocupado se sent&oacute; a su lado en el taxi, plante&aacute;ndose qu&eacute; pod&iacute;a haberle pasado. Al llegar a la casa de su jefe, le cost&oacute; tres intentos a Diego salir del coche. Dejando que la preocupaci&oacute;n pudiese con &eacute;l, Sebas sali&oacute; del veh&iacute;culo y despidi&oacute; al taxista. Ya pedir&iacute;a otro para &eacute;l.<\/p>\n<p>&ndash;Sebas &iquest;qu&eacute; haces?<\/p>\n<p>&ndash;No est&aacute;s bien, voy a dejarte dentro. No creo que puedas subir s&oacute;lo las escaleras.<\/p>\n<p>Diego iba a protestar cuando se percat&oacute; de los doce escalones del porche delantero de su casa. Iba a volver a rechazar la petici&oacute;n de Sebas cuando este le agarr&oacute; del brazo, soportando parte de su peso. Por debajo del tejido de la ropa, muy fina para las temperaturas de la noche, pod&iacute;a notar el cuerpo c&aacute;lido y musculado de Sebas, que hab&iacute;a tomado el mando con toda facilidad. Cediendo el control se apoy&oacute; en el joven que casi le remolc&oacute; escaleras arriba. En contra de lo esperado no le solt&oacute; en el porche, se qued&oacute; a la espera mientras abr&iacute;a la puerta.<\/p>\n<p>El interior de la casa de Diego apestaba a dinero por los cuatro costados. No era algo ostentoso, pero se notaba la calidad y el lujo en el mobiliario de dise&ntilde;o y en los materiales de calidad que conformaban la edificaci&oacute;n. En mitad del pasillo principal, sin embargo, se encontr&oacute; con la sorpresa de una escalera en forma de caracol que sub&iacute;a al piso superior. Con un resoplido afianz&oacute; m&aacute;s el agarre sobre su jefe que sin embargo se desasi&oacute; de su control.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias, Sebas. No te preocupes, puedo dormir aqu&iacute; abajo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Tu dormitorio est&aacute; abajo? &ndash;pregunt&oacute; dispuesto a ayudarle de nuevo.<\/p>\n<p>&ndash;No, est&aacute; en el piso de arriba, pero puedo quedarme abajo.<\/p>\n<p>La mirada incendiaria que le dedic&oacute; bast&oacute; para hacerle callar. Cuando su empleado volvi&oacute; a sujetarle dej&oacute; caer su peso sobre &eacute;l, emple&aacute;ndole a modo de muleta mientras ascend&iacute;an las escaleras. En cuanto vio la puerta de su dormitorio, sin embargo, intent&oacute; detenerlo de nuevo. Enderez&aacute;ndose e intentando soportar su peso sin que su rostro denotase lo que le costaba. Se hab&iacute;a excedido demasiado hac&iacute;a unos d&iacute;as, pero su empleado no necesitaba ver m&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias por todo, Sebas, pero ahora ser&aacute; mejor que te marches. Ma&ntilde;ana los dos tenemos trabajo que hacer.<\/p>\n<p>&ndash;Ya he subido hasta aqu&iacute;, te ayudar&eacute; a llegar a la cama.<\/p>\n<p>&ndash;Sebas&hellip;<\/p>\n<p>El joven se detuvo de golpe. Incluso en su estado captaba que pod&iacute;a estar excedi&eacute;ndose, cruzando demasiados l&iacute;mites. Sin embargo, sab&iacute;a que su jefe necesitaba su ayuda. Diego era demasiado orgulloso a veces, si eso era lo que le imped&iacute;a aceptar su apoyo, que le diesen. No le iba a dejar en la estacada.<\/p>\n<p>&ndash;Vamos, jefe. No seas as&iacute;, &iquest;te preocupa que vea que tienes el cuarto desordenado o algo?<\/p>\n<p>Antes de que pudiese responder, abri&oacute; la gran puerta de caoba que daba al dormitorio. Diego intent&oacute; detenerle, movi&eacute;ndose m&aacute;s deprisa de lo que pod&iacute;a en su estado. No lleg&oacute; a tiempo. Los ojos casta&ntilde;os de Sebas se abrieron de par en par al tiempo que sus mejillas se te&ntilde;&iacute;an de color. Diego solt&oacute; un gru&ntilde;ido avergonzado mientras se cubr&iacute;a la cara con las manos.<\/p>\n<p>El joven pas&oacute; al dormitorio. Encima de la c&oacute;moda hab&iacute;a varios juguetes de gran tama&ntilde;o. Dildos y vibradores relucientes y listos para usar. Sobre una mesa auxiliar se acumulaban las palas, fustas y l&aacute;tigos diversos. Al lado del moderno cabecero de la cama hab&iacute;a varios juegos de esposas de diversos materiales, desde metal hasta cuero pasando por algunos de pl&aacute;stico. Con los ojos como platos Sebas se gir&oacute; hacia su jefe que manten&iacute;a la cara tapada con las manos. Con un carraspeo avergonzado pas&oacute; por su lado sin mirarle, llamando un taxi al mismo tiempo. Estaba claro: se hab&iacute;a quedado sin empleo por su cabezoner&iacute;a.<\/p>\n<p>Ni siquiera en el taxi pudo apartar de su mente la imagen de lo que hab&iacute;a visto. Lo peor de todo era la furiosa erecci&oacute;n que presionaba sus vaqueros. Por encima incluso de la incertidumbre de lo que pasar&iacute;a con su trabajo estaban los err&aacute;ticos pensamientos sobre su jefe. En el fondo encajaba, alguien como &eacute;l seguro que ten&iacute;a esos gustos. Su mente cargada de alcohol no tard&oacute; en montarse su propia fantas&iacute;a, donde su jefe aparec&iacute;a vestido de cuero y sosteniendo un l&aacute;tigo en sus manos enguantadas de l&aacute;tex negro.<\/p>\n<p>En cuanto lleg&oacute; a su propio piso, much&iacute;simo m&aacute;s moderno, se dirigi&oacute; directamente a la habitaci&oacute;n, donde se baj&oacute; los pantalones y los b&oacute;xers y se masturb&oacute; furiosamente. Acariciando su pene de arriba abajo ahog&oacute; los gemidos contra su mano, mientras su mente calenturienta se encargaba de proporcionarle una er&oacute;tica fantas&iacute;a donde los chasquidos de las fustas se mezclaban con los varoniles gemidos que emit&iacute;a Diego mientras exhib&iacute;a su poder&iacute;o.<\/p>\n<p>Moviendo su mano fren&eacute;ticamente alcanz&oacute; el orgasmo, llen&aacute;ndose de semen el vientre y los muslos. Con un par de jadeos termin&oacute; de desvestirse, meti&eacute;ndose en la ducha antes de caer rendido en la cama. Agotado consigui&oacute; quedarse dormido por fin, despu&eacute;s de dar un par de vueltas sobre el estrecho colch&oacute;n, recordando el tama&ntilde;o de la gran cama de matrimonio de su jefe.<\/p>\n<p>El despertador le arranc&oacute; de brazos de Morfeo. Su cabeza palpitaba dolorosamente con un inicio de resaca que solo se agrav&oacute; en cuanto cay&oacute; en la cuenta de lo que hab&iacute;a pasado ayer. Con una sonora maldici&oacute;n sali&oacute; de la cama directo a la ducha. Si quer&iacute;a arreglar lo de ayer m&aacute;s le val&iacute;a mostrarse sumamente profesional. No conseguir&iacute;a evitar el despido, pero por lo menos conseguir&iacute;a una carta de recomendaci&oacute;n, o al menos esa era su esperanza.<\/p>\n<p>Intentando tener una imagen inmejorable dom&oacute; sus ondas casta&ntilde;as con gomina y las pein&oacute; hacia atr&aacute;s. Eligi&oacute; su mejor corbata y el traje gris con la camisa azul. Zapatos de cuero, impolutos, y calcetines bien conjuntados. Por desgracia para &eacute;l, deber&iacute;a ir a buscar su coche despu&eacute;s del trabajo. Por ahora deber&iacute;a resignarse con otro taxi. Por fortuna ayer se llev&oacute; su bandolera, por lo que la tablet de trabajo segu&iacute;a con &eacute;l. En cuanto lleg&oacute; a la oficina se dirigi&oacute; a su mesa como siempre, encontr&aacute;ndola vac&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y esto? &ndash;pregunt&oacute; con el coraz&oacute;n latiendo dolorosamente en sus o&iacute;dos y en su garganta.<\/p>\n<p>&ndash;&Oacute;rdenes del jefe. Te espera en su despacho &ndash;respondi&oacute; Marina sonriente&ndash;. Al parecer ayer fue muy bien, enhorabuena.<\/p>\n<p>Con las rodillas temblorosas llam&oacute; a la puerta del despacho de Diego, entrando en cuanto recibi&oacute; respuesta. Su jefe permanec&iacute;a en silencio, contemplando el ordenador ensimismado.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ah, Sebas! Perfecto. Por fin tenemos una fecha definitiva para la reuni&oacute;n con Wang, y nuestro equipo de expansi&oacute;n nos ha remitido dos nuevos terrenos que tienen buenas perspectivas sobre el papel. Ampliar&iacute;amos mucho nuestro radio de cobertura si podemos adquirirlos a buen precio.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n mis cosas, se&ntilde;or? &ndash;pregunt&oacute; con un hilo de voz.<\/p>\n<p>&ndash;En tu nuevo despacho. Trabajar&aacute;s en el despacho anexo al m&iacute;o, y tendr&aacute;s derecho a tu propio asistente. Te sugiero que elijas a Marina, es una empleada muy capaz y ya est&aacute; acostumbrada a sustituirte, ser&aacute; f&aacute;cil formarla. Y por supuesto, hay que hablar del aumento de sueldo que te ganaste ayer.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No estoy despedido, se&ntilde;or? &ndash;pregunt&oacute; at&oacute;nito&ndash;. Pens&eacute; que, despu&eacute;s de lo de&hellip;<\/p>\n<p>Su voz muri&oacute; al tiempo que un intenso rubor cubr&iacute;a sus mejillas. Diego suspir&oacute; y levant&aacute;ndose de su escritorio cerr&oacute; la puerta del despacho con pestillo. La desbocada imaginaci&oacute;n de Sebas entr&oacute; en acci&oacute;n, pasando por su cerebro cientos de posibles y er&oacute;ticos escenarios que se vinieron abajo en cuanto Diego volvi&oacute; a sentarse detr&aacute;s de su escritorio. En contra de su costumbre, cogi&oacute; un trozo de papel entre sus dedos y comenz&oacute; a doblarlo una y otra vez mientras manten&iacute;a la mirada baja.<\/p>\n<p>&ndash;Lo que viste pertenece al terreno personal. Admito que no&hellip; Admito que no es algo que me guste que sepa mi empleado, pero eres una pieza muy valiosa en mi empresa como para dejarla ir por algo as&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;La verdad es que fue un poco&hellip; impactante. No sab&iacute;a que te gustase dominar y eso, pero supongo que te pega.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;El qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; dices? &ndash;replic&oacute; extra&ntilde;ado dejando una grulla de origami sobre la mesa&ndash;. Creo que lo has entendido al rev&eacute;s, todo eso es&#8230; m&iacute;o, lo uso conmigo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Me est&aacute;s diciendo &ndash;comenz&oacute; a decir mientras intentaba controlar su rebelde entrepierna, que empezaba a despertar de forma m&aacute;s que visible&ndash;, que t&uacute; eres el&hellip;?<\/p>\n<p>Diego no respondi&oacute; de inmediato, ocultando la cara detr&aacute;s de sus manos. El reloj de oro se desliz&oacute; por su mu&ntilde;eca y Sebas pudo ver la marca rojiza de unas esposas en su mu&ntilde;eca, un roce discreto que bien pod&iacute;a pasar por el roce contra la correa de oro del costoso reloj. Con los ojos como platos reevalu&oacute; todo lo que sab&iacute;a de su jefe. Percat&aacute;ndose de su sorpresa y su confusi&oacute;n Diego suspir&oacute; y cogi&oacute; otro trozo de papel.<\/p>\n<p>&ndash;No creo que lo entiendas, pero bueno, cartas sobre la mesa. S&iacute;, soy el sumiso, el pasivo o como quiera que lo llames. Antes de las reuniones y los eventos vitales me gusta ser dominado y sometido, y ten&iacute;a un gran acuerdo con un amigo, pero la &uacute;ltima sesi&oacute;n se nos fue de las manos y de ah&iacute; que estuviese tan machacado. Todav&iacute;a lo estoy.<\/p>\n<p>&ndash;No&hellip; no lo sab&iacute;a. Ni me lo imaginaba.<\/p>\n<p>Ambos hombres se quedaron en silencio. A Sebas la cabeza le daba vueltas y m&aacute;s vueltas mientras su entrepierna parec&iacute;a decidida a rebelarse. La idea de su jefe someti&eacute;ndose a otro le parec&iacute;a incre&iacute;ble, m&aacute;s cuando &eacute;l sab&iacute;a lo dominante y exigente que era en su trabajo. Sin embargo, ahora estaba delante de &eacute;l y la &uacute;nica palabra que parec&iacute;a describirle era &ldquo;vulnerable&rdquo;.<\/p>\n<p>&ndash;Bueno. Supongo que esto ha sido duro para ti. Mejor intentamos olvidar algo as&iacute;, supongo que lo que haga un viejo en su dormitorio no es interesante para ti. Vuelve al trabajo, Sebas. Y gracias por tu discreci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;No eres tan viejo, yo te follaba.<\/p>\n<p>El silencio se instal&oacute; entre ellos de nuevo. Sorprendido su jefe, mortificado el joven. Las carcajadas de Diego rompieron el silencio que se hab&iacute;a instalado entre ellos, sobresaltando a Sebas que le mir&oacute; dolido.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ay! Perdona hombre, no me re&iacute;a de ti. No tienes que mentir para animarme. Aunque ha sido todo un detalle, vuelve al trabajo.<\/p>\n<p>Enfadado Sebas se levant&oacute; de su silla. Su erecci&oacute;n segu&iacute;a marc&aacute;ndose en la entrepierna de su pantal&oacute;n de traje. En dos zancadas se plant&oacute; delante de Diego, que se hab&iacute;a recostado en su silla y le miraba sin comprender a qu&eacute; ven&iacute;a semejante reacci&oacute;n. Agarr&aacute;ndole por el cabello, Sebas acerc&oacute; la cabeza de su jefe a su entrepierna, dej&aacute;ndole a escasos cent&iacute;metros de su erecci&oacute;n. Diego abri&oacute; los ojos c&oacute;micamente mientras su mirada se mov&iacute;a del bulto que parec&iacute;a apuntarle acusador a la cara de su joven empleado.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te parece esto una broma?<\/p>\n<p>&ndash;No. Lo siento.<\/p>\n<p>&ndash;Si digo algo, lo digo porque es lo que pienso. Y si no te lo quieres creer por lo menos no te r&iacute;as.<\/p>\n<p>Solt&oacute; el cabello de su jefe que se volvi&oacute; a echar atr&aacute;s en su silla. Consciente de lo que acababa de hacer, Sebas se qued&oacute; quieto. La adrenalina recorr&iacute;a su sistema y estaba m&aacute;s excitado de lo que jam&aacute;s hab&iacute;a estado. De no conservar todav&iacute;a un &aacute;pice de cordura, adem&aacute;s de una gran necesidad de mantener su empleo, se bajar&iacute;a all&iacute; mismo los pantalones y demostrar&iacute;a a su jefe lo en serio que iba. Estaba a punto de disculparse cuando su jefe le sorprendi&oacute; de nuevo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te apetecer&iacute;a venir ma&ntilde;ana a mi casa? Sigo sin coche, as&iacute; que podr&iacute;as llevarme y&hellip; ver qu&eacute; surge.<\/p>\n<p>&ndash;Me encantar&iacute;a. &iquest;Nada m&aacute;s salir?<\/p>\n<p>&ndash;En cuanto salgamos, s&iacute;. A las cinco.<\/p>\n<p>&ndash;Vale. Creo que ahora mejor voy a trabar un poco.<\/p>\n<p>D&aacute;ndose la vuelta Sebas se dispuso a salir del despacho de su jefe, cuando Diego le llam&oacute; de nuevo.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ah! Y, Sebas, si vuelves a montar un espect&aacute;culo as&iacute; en el trabajo, consid&eacute;rate despedido de inmediato. Aqu&iacute; dentro sigo siendo tu jefe y venimos a trabajar y a ganar dinero.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Como en una nube, Sebas acudi&oacute; a su nuevo despacho. Tras colocar sus cosas consigui&oacute; apartar de su mente cualquier atisbo de la conversaci&oacute;n que acababa de tener. Deb&iacute;a concentrarse en el trabajo, a pesar de su pene rebelde que segu&iacute;a presionando dentro de sus pantalones. Cuando Diego amenazaba con el despido, su amenaza siempre iba en serio. Al ver la ingente cantidad de mensajes que ten&iacute;a en su bandeja de entrada sumado a toda la investigaci&oacute;n previa que necesitaba para la reuni&oacute;n con Wang se puso manos a la obra, consiguiendo que toda su atenci&oacute;n se enfocase por fin en su trabajo.<\/p>\n<p>Para su suerte, la jornada del viernes fue tan agotadora y fren&eacute;tica como siempre. Diego no dio muestras de inquietud ni de nervios a pesar de que el plan de salir juntos e ir a su casa se manten&iacute;a. Por su parte, Sebas intentaba controlarse, pero la expectaci&oacute;n por lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s le manten&iacute;a en tensi&oacute;n. Estaba nervioso, no sab&iacute;a muy bien lo que podr&iacute;a esperar y ten&iacute;a mucho que digerir. Hac&iacute;a tan solo un d&iacute;a que sab&iacute;a que a su jefe le gustaban los hombres, y m&aacute;s sorprendente era a&uacute;n la revelaci&oacute;n de sus gustos.<\/p>\n<p>Conforme se acercaban las cinco su nerviosismo crec&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s. En cuanto dieron las cinco menos cinco recogi&oacute; su mesa, dej&aacute;ndola preparada para el lunes, y tras ponerse la chaqueta y coger su bandolera y su tablet esper&oacute; a Diego a la entrada de su despacho. Su jefe no se hizo de rogar. A las cinco y tres minutos sali&oacute;, cerr&oacute; con llave su despacho y se despidi&oacute; cordialmente de los pocos empleados que todav&iacute;a pululaban por ah&iacute;. Sebas casi tuvo que correr para alcanzarle y llegar a tiempo al ascensor.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Listo para lo de hoy? Si has cambiado de idea no pasa nada.<\/p>\n<p>Hasta su nariz lleg&oacute; el caro perfume de su jefe. El reducido espacio de la cabina del ascensor parec&iacute;a crear una corriente de intimidad entre ellos. Contemplando largamente al hombre se percat&oacute; de c&oacute;mo abultaba su musculatura la camisa que llevaba, y los veinte cent&iacute;metros de diferencia entre su altura y la de su jefe.<\/p>\n<p>&ndash;A&uacute;n estamos en el trabajo, se&ntilde;or. No quiero una carta de despido sobre mi mesa el lunes.<\/p>\n<p>Diego se ech&oacute; a re&iacute;r de manera disimulada mientras el ascensor se deten&iacute;a en el garaje. Siguiendo a Sebas hasta su coche se percat&oacute; de los contrastes de la personalidad de su empleado. En el trabajo era eficiente y profesional, y en su vida personal parec&iacute;a dulce y cari&ntilde;oso, sobre todo en las fotos con Polar, su samoyedo. Tan solo el otro d&iacute;a hab&iacute;a conseguido atisbar parte de su faceta salvaje, y porque le hab&iacute;a sacado de sus casillas. Nunca se hab&iacute;a planteado nada semejante con su asistente, pero despu&eacute;s del fracaso de su relaci&oacute;n con Nicol&aacute;s necesitaba algo que le revitalizase y le permitiese soltar un poco las riendas. Tan solo esperaba que no afectase a su relaci&oacute;n laboral.<\/p>\n<p>Sebas conduc&iacute;a con aparente calma a pesar de las dudas y los nervios. La pregunta de su jefe le hab&iacute;a sorprendido con la guardia baja y se hab&iacute;a visto incapaz de darle una respuesta clara en uno u otro sentido. Intu&iacute;a que, hasta no verse en la situaci&oacute;n, no sabr&iacute;a si ser&iacute;a capaz de llevar a la pr&aacute;ctica sus fantas&iacute;as. La idea de decepcionar a Diego le asustaba casi m&aacute;s que el no encontrar el humor para hacerlo. Aparc&oacute; su coche dentro de la propiedad de su jefe, en el hueco vac&iacute;o que normalmente ocupaba el deportivo de Diego. Inspirando hondo sali&oacute; del coche y sigui&oacute; a su jefe al interior de la casa.<\/p>\n<p>Plantado dentro del lujoso vest&iacute;bulo, Diego sonre&iacute;a. La expresi&oacute;n de su cara consigui&oacute; enervar a Sebas que mir&oacute; en rededor. Sin perder el extra&ntilde;o gesto le condujo hasta el sal&oacute;n, inmenso y con una vinoteca refrigerada encajada entre dos grand&iacute;simas librer&iacute;as. Cuanto m&aacute;s miraba a su jefe, m&aacute;s sent&iacute;a hervir su sangre en una mezcla de excitaci&oacute;n y enfado que consegu&iacute;a perfectamente erosionar su cordura. Dej&oacute; su bandolera en uno de los car&iacute;simos sillones de cuero y se dirigi&oacute; tranquilo hasta su jefe.<\/p>\n<p>Con una rapidez que sorprendi&oacute; a Diego aferr&oacute; su corbata, emple&aacute;ndola a modo de correa para igualar su altura a la suya. Frente a frente le mir&oacute; a los ojos, encontr&aacute;ndose en ellos dos profundos pozos de s&uacute;plica y deseo. Su pene comenz&oacute; a crecer y supo que pod&iacute;a con ello. Pod&iacute;a tomar las riendas. Pod&iacute;a tener a ese hombre tan poderoso a sus pies.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te diviertes? &ndash;sise&oacute; con maldad tirando con m&aacute;s fuerza de la corbata&ndash;. Ahora no estamos en el trabajo, ahora t&uacute; ya no mandas ni tienes ning&uacute;n poder. Borra esa sonrisa de la cara y mant&eacute;n la mirada baja. &iexcl;Ya!<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute; &ndash;respondi&oacute; el hombre, obedeciendo al instante.<\/p>\n<p>&ndash;A partir de ahora m&aacute;s te vale dirigirte a mi con respeto. Si tienes que responder quiero escuchar un &ldquo;s&iacute;, se&ntilde;or&rdquo;.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, se&ntilde;or.<\/p>\n<p>&ndash;Muy bien. Ve y s&iacute;rveme un vino. Uno bueno, me da igual si es tinto o blanco.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Seguido por la atenta mirada de Sebas, Diego se dirigi&oacute; a su vinoteca mientras el joven se acomodaba en el sof&aacute; de cuero. Afloj&oacute; su corbata y se quit&oacute; la americana mientras su jefe eleg&iacute;a una de sus mejores botellas y una copa ancha. Deposit&oacute; la copa en la mesita frente al sof&aacute; y descorch&oacute; la botella, sirviendo el l&iacute;quido de intenso color y aroma con un gesto elegante. Tendi&oacute; la copa al joven que dio un sorbo, paladeando con deleite la cara bebida. Agarr&aacute;ndolo de nuevo por la corbata le forz&oacute; a acercarse, procurando no ladear la copa para no derramar el vino.<\/p>\n<p>&ndash;Ponte de rodillas. Voy a dejar que t&uacute; tambi&eacute;n bebas.<\/p>\n<p>Diego se arrodill&oacute; a los pies del sof&aacute;. En su mente se mezclaba la humillaci&oacute;n con el deleite. En el trabajo Sebas estaba a sus &oacute;rdenes, corr&iacute;a para complacerle. Ahora hab&iacute;a despertado a un peque&ntilde;o demonio dentro de &eacute;l y las tornas hab&iacute;an cambiado. Sus &aacute;giles dedos le sujetaron por la barbilla mientras daba un sorbo a la copa.<\/p>\n<p>Sus labios te&ntilde;idos de rojo por el vino se acercaron a los suyos, bes&aacute;ndole y pas&aacute;ndole a la vez el vino. Sorprendido por su reacci&oacute;n trag&oacute; el l&iacute;quido, mucho m&aacute;s tibio ahora que cuando lo decant&oacute;. La lengua de Sebas invadi&oacute; su boca. Dominante, demandante. Exploraba cada rinc&oacute;n y forzaba a la suya a moverse y a seguirle el ritmo. Nico jam&aacute;s le hab&iacute;a besado as&iacute; en tres a&ntilde;os de relaci&oacute;n. Un nuevo tir&oacute;n de la corbata reclam&oacute; su atenci&oacute;n cuando sebas se separ&oacute; de &eacute;l, todav&iacute;a con la copa en la mano.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;M&aacute;s vino?<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, se&ntilde;or, por favor. M&aacute;s vino, por favor.<\/p>\n<p>Atendiendo a la s&uacute;plica de su jefe dio un nuevo sorbo. Diego observ&oacute; fascinado c&oacute;mo daba otro sorbo y volv&iacute;a a besarle. De nuevo trag&oacute; todo el l&iacute;quido y de nuevo sinti&oacute; su lengua explorando su boca. Cuando le mordi&oacute; los labios despu&eacute;s del tercer trago no pudo evitar gemir. Sent&iacute;a su erecci&oacute;n presionada dentro de su costoso traje a medida. Al percatarse, Sebas presion&oacute; la entrepierna de su jefe con el pie, compartiendo la copa de vino hasta que la terminaron.<\/p>\n<p>Sin decirle nada afloj&oacute; su corbata, sac&aacute;ndola del cuello de su camisa para volver a apretarla en torno a su cuello para poder seguir us&aacute;ndola a modo de correa. Con una lentitud dolorosa fue soltando los botones de la camisa de su jefe, que aguardaba de rodillas con los brazos a la espalda. El pie de Sebas continuaba presionando con fuerza la erecci&oacute;n de Diego, causando dolorosas punzadas que no hac&iacute;an m&aacute;s que aumentar su excitaci&oacute;n. La camisa qued&oacute; abierta a ambos lados, revelando un pecho grande y de pectorales trabajados en el gimnasio y unos abdominales bien marcados cubiertos por una nube de vello oscuro con alguna que otra cana.<\/p>\n<p>Sebas retir&oacute; la camisa y la chaqueta de Diego lanz&aacute;ndolas sobre el sof&aacute;. Su jefe qued&oacute; desnudo de cintura para arriba, con el pelo revuelto y el torso sacudi&eacute;ndose al ritmo de sus jadeos. A pesar de la orden de mantener la mirada baja de vez en cuando levantaba los ojos, mirando con sumisi&oacute;n a su empleado. Apartando el pie de la entrepierna de Diego, Sebas se incorpor&oacute;. Se desperez&oacute; con agilidad y recogiendo la corbata de su jefe dio un par de tirones para que se incorporase. De pie le dominaba con su estatura, no as&iacute; con su actitud.<\/p>\n<p>&ndash;Vamos, coge la copa y el vino, quiero subir al dormitorio. Tienes una colecci&oacute;n&hellip; interesante.<\/p>\n<p>Por primera vez fue su jefe el que se ruboriz&oacute; intensamente. Hab&iacute;a ido consiguiendo sus juguetes poco a poco, en funci&oacute;n de sus gustos. Hab&iacute;a dejado fuera los que Nico quer&iacute;a usar esa vez, pero lo cierto es que Sebas no hab&iacute;a llegado a ver ni la mitad. Con una sonrisa disfrut&oacute; de la idea de sorprender a su empleado de nuevo, subiendo tras &eacute;l por las escaleras. Al abrir la puerta, Sebas le hizo pasar mientras observaba la inmensa colecci&oacute;n de su jefe, a su entera disposici&oacute;n. Muchos de los cajones de la c&oacute;moda estaban abiertos y mostraban m&aacute;s y m&aacute;s juguetes, muchos de ellos ni siquiera sab&iacute;a para qu&eacute; serv&iacute;an y otros no los hab&iacute;a visto salvo en el porno duro.<\/p>\n<p>&ndash;Eres un vicioso &iquest;eh? Joder, menuda colecci&oacute;n te has montado.<\/p>\n<p>El joven solt&oacute; la corbata-correa y examin&oacute; los diversos juguetes. Su jefe se manten&iacute;a quieto, mir&aacute;ndole de reojo mientras procuraba mantener la vista baja. Si a Sebas le gustaba lo mismo que a &eacute;l, sab&iacute;a que acababa de llevarle al para&iacute;so. Si no le gustaba o lo consideraba demasiado, deber&iacute;a ajustar sus expectativas y guardar buena parte de su colecci&oacute;n. Con el coraz&oacute;n en un pu&ntilde;o observ&oacute; c&oacute;mo el joven se inclinaba en el caj&oacute;n donde guardaba los accesorios de cuero y sacaba un collar de perro y una correa, sonriendo con maldad.<\/p>\n<p>&ndash;Ven &ndash;orden&oacute; tajante&ndash;. Cuando est&eacute;s conmigo fuera del trabajo nada de usar corbata, la corbata es para los que se la ganan, t&uacute; s&oacute;lo mereces un collar de perro y una correa.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Sebas ajust&oacute; el collar con movimientos diestros, sent&aacute;ndose despu&eacute;s en la cama. Sab&iacute;a que su jefe estaba mirando, atento a todos sus movimientos. Muy lentamente se desaboton&oacute; la camisa y la dej&oacute; caer a los pies de la cama, soltando despu&eacute;s el pantal&oacute;n de su traje e inclin&aacute;ndose para librarse de los zapatos y los calcetines. Baj&oacute; el pantal&oacute;n y en el mismo movimiento arrastr&oacute; tambi&eacute;n los sencillos b&oacute;xers grises que llevaba. Diego no pudo resistir m&aacute;s y levant&oacute; la cabeza, encontr&aacute;ndose con dieciocho cent&iacute;metros de carne apuntando directamente a su cara. Bajo el pene colgaban dos test&iacute;culos de tama&ntilde;o medio, bien contenidos dentro de un escroto firme. El pubis mostraba una fina capa de vello casta&ntilde;o ligeramente ondulado y bien recortado.<\/p>\n<p>Afianz&oacute; la correa en la mano derecha mientras agarraba un pu&ntilde;ado de cabello de su jefe en la izquierda. Sin decir palabra orient&oacute; su pene a la boca de Diego que separ&oacute; los labios sin protestar. Sab&iacute;a lo que se esperaba de &eacute;l. Con la pericia que solo puede dar la pr&aacute;ctica rode&oacute; el glande con su lengua un par de veces antes de relajarse y permitir que el joven moviese las caderas, introduci&eacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s en su garganta. Su propio pene presionaba de forma m&aacute;s que evidente contra la tela de su costoso pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>El sabor salado y &aacute;cido del l&iacute;quido preseminal del joven inund&oacute; sus papilas. El chico tir&oacute; de la correa e impuls&oacute; su pelvis hacia delante. Una arcada le cerr&oacute; moment&aacute;neamente la garganta al tiempo que le hac&iacute;a lagrimear. Sinti&oacute; uno de los pies del joven, grande y c&aacute;lido, presionar sobre su erecci&oacute;n frotando y acariciando sobre la tela. Sacando su pene de la boca de su jefe un momento Sebas se inclin&oacute; y desabroch&oacute; la bragueta, dejando &uacute;nicamente el b&oacute;xer azul para cubrir su erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Abriendo su boca con los pulgares volvi&oacute; a meter su r&iacute;gido pene dentro. Agarr&oacute; de nuevo la correa y el cabello y se puso en pie para poder moverse mejor. Su pie ejerci&oacute; m&aacute;s presi&oacute;n sobre el pene del hombre que movi&oacute; las caderas para intentar aliviarlo, separando las piernas en el proceso. Sus manos intentaron acariciar las piernas del joven que le rechaz&oacute; con una mirada de aviso. Diego capt&oacute; la indirecta, dejando las manos a la espalda y bajando los ojos sumisamente. A modo de premio Sebas engarfi&oacute; los dedos de su pie, moviendo despu&eacute;s la planta arriba y abajo antes de apretar de nuevo.<\/p>\n<p>Un gemido ahogado escap&oacute; de la garganta de Diego seguido de una arcada repentina cuando Sebas clav&oacute; su pene dentro de su garganta. Las caderas del joven se mov&iacute;an sin tregua, adelante y atr&aacute;s, una y otra vez. Gruesos chorros de saliva ca&iacute;an desde la comisura de sus labios hasta su regazo, manchando su traje y salpicando su vientre. El intenso sabor salado del l&iacute;quido preseminal de Sebas consegu&iacute;a volverle loco, le espoleaba a tragar m&aacute;s y a intentar que nada se perdiese.<\/p>\n<p>Controlando las arcadas comenz&oacute; a moverse tambi&eacute;n, acompa&ntilde;ando al joven que jade&oacute; satisfecho. Se sent&iacute;a cerca, igual que Diego. Dejando el pie quieto dej&oacute; que fuese su jefe quien se frotase contra &eacute;l. Se satisfac&iacute;a con su cuerpo del mismo modo que &eacute;l lo hac&iacute;a con su boca. Sent&iacute;a como mov&iacute;a la lengua, como recorr&iacute;a cada min&uacute;sculo detalle de su piel, como resegu&iacute;a el trazado de sus venas e incluso llegaba a sacar la lengua intentando alcanzar sus test&iacute;culos. Complaci&eacute;ndole tir&oacute; de su pelo y sac&oacute; el pene de su boca, forzando despu&eacute;s su cabeza contra sus test&iacute;culos.<\/p>\n<p>Diego lami&oacute; con ganas el escroto, levantando los test&iacute;culos con la lengua en su ansia por lamer toda su superficie. Sus labios apresaron uno de los dos y succionaron, intentando tragar y meterlo dentro de la boca en su totalidad. Sobre su cabeza levitaban los gemidos y los jadeos de Sebas, tan er&oacute;ticos como incitantes. Su pelvis se mov&iacute;a sola, frotando su entrepierna contra el pie de su joven ayudante. Una oscura mancha de humedad cada vez mayor se ve&iacute;a en sus b&oacute;xers en el punto exacto donde estaba su glande. A pesar de la advertencia anterior no pudo evitar coger el pie del joven y bajarlo m&aacute;s, presionando contra su entrepierna mientras se frotaba desesperado igual que un perro en celo.<\/p>\n<p>Con un fuerte gemido el joven aferr&oacute; su cabello con ambas manos y le llev&oacute; de nuevo a su pene, haciendo que se tragase toda su longitud de una sola embestida. Sus test&iacute;culos golpearon la barbilla de Diego manch&aacute;ndola de saliva y l&iacute;quido preseminal. Notaba las manos de su jefe acariciando su pantorrilla y manteniendo su pie sobre su erecci&oacute;n, pero se lo permiti&oacute; esta vez. Sus jadeos se aceleraron al mismo ritmo que se mov&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s deprisa. De un tir&oacute;n sali&oacute; de la boca de su jefe y dejando dentro &uacute;nicamente el glande alcanz&oacute; el orgasmo.<\/p>\n<p>Espesos chorros de semen llenaron la boca del hombre que se qued&oacute; quieto, moviendo &uacute;nicamente sus caderas mientras su propio orgasmo le alcanzaba, creando una mancha blanquecina y espesa que traspas&oacute; el tejido el&aacute;stico de sus b&oacute;xers y manch&oacute; el pie del joven que se dej&oacute; caer en la cama entre jadeos. Algo indeciso sobre c&oacute;mo proceder mantuvo el semen en su boca, sin tragarlo, pero sin dejar que saliese a pesar de que pod&iacute;a ver c&oacute;mo resbalaba una gota por el pene de Sebas.<\/p>\n<p>&ndash;Abre la boca, d&eacute;jame ver qu&eacute; tienes &ndash;orden&oacute; el joven incorpor&aacute;ndose sobre los codos.<\/p>\n<p>Obediente, Diego abri&oacute; la boca y ense&ntilde;&oacute; el semen del chico que reten&iacute;a ah&iacute;. A una se&ntilde;al suya trag&oacute;, notando como bajaba por su garganta. Inclin&aacute;ndose hacia delante lami&oacute; el pene del chico hasta dejarlo limpio, consciente de la atenta mirada de Sebas.<\/p>\n<p>&ndash;Ponte de pie.<\/p>\n<p>Con los pantalones por las rodillas se incorpor&oacute;, dejando las manos a los costados sin intentar cubrirse. Incorpor&aacute;ndose de la cama Sebas dio un par de tirones a la correa, apretando la entrepierna de su jefe sobre el b&oacute;xer y acariciando la mancha de semen causada por su orgasmo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te lo has pasado bien? &iquest;Te lo has pasado bien corri&eacute;ndote sin permiso? &iquest;Eh? &iexcl;Responde!<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, se&ntilde;or. Lo siento mucho.<\/p>\n<p>Ech&aacute;ndose sus ondas casta&ntilde;as hacia atr&aacute;s el joven se acerc&oacute; a su jefe. A pesar de mantener la cabeza gacha pudo ver como su mirada le segu&iacute;a mientras se colocaba detr&aacute;s de &eacute;l, siempre sin soltar la correa. D&aacute;ndole un empuj&oacute;n entre las paletillas le hizo caer a la cama boca abajo. Subiendo sobre &eacute;l retuvo sus mu&ntilde;ecas contra la cama y mordi&oacute; su cuello antes de deslizar su lengua hasta su oreja. Apret&oacute; con los dientes el delicado cart&iacute;lago y peg&oacute; sus labios justo a la oreja para susurrarle.<\/p>\n<p>&ndash;Comienza la ronda dos, prep&aacute;rate.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Gracias a todos por la lectura y el apoyo. Espero que os haya gustado y le hay&aacute;is disfrutado mucho. Poco a poco ir&eacute; retomando el ritmo habitual de publicaci&oacute;n, por lo que pido un poco de paciencia si por ahora los relatos se suben demasiado agrupados o con demasiado intervalo entre ellos. Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 20<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>11 El ambiente en la oficina era igual que siempre: agotador. Nadie dudaba de la capacidad de Diego para los negocios, pero su presencia como jefe y presidente de su propia empresa de nuevas comunicaciones resultaba terriblemente intimidante. Era estricto, severo, enfocado al cien por cien en su negocio y muy intimidante. 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