{"id":47380,"date":"2024-05-30T22:00:00","date_gmt":"2024-05-30T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-05-30T22:00:00","modified_gmt":"2024-05-30T22:00:00","slug":"el-nuevo-curso-viii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-nuevo-curso-viii\/","title":{"rendered":"El nuevo curso (VIII)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"47380\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La amplia extensi&oacute;n consegu&iacute;a hacer palidecer la exuberante belleza del delantero. Ornado con pulcros parterres de coloridas flores, inmensos &aacute;rboles de lilas desprovistos ya de sus flores sombreaban parcialmente el c&eacute;sped de intenso color esmeralda. Al fondo destacaba un cenador de madera, cuyas formas curvadas y fant&aacute;sticas casaban a la perfecci&oacute;n con el ambiente del jard&iacute;n. Un peque&ntilde;o ba&ntilde;o para p&aacute;jaros lleno de agua atra&iacute;a a las aves que trinaban euf&oacute;ricas, comiendo semillas de una bandeja llena de ellas colgada de uno de los lilos. Grandes rosales rodeaban el cenador, exhibiendo las que probablemente eran las &uacute;ltimas rosas de la temporada, de colores suaves que iban desde el naranja p&aacute;lido al blanco m&aacute;s puro, en contraste con los capullos de intenso color escarlata. La divisi&oacute;n con la parcela adyacente tan s&oacute;lo estaba marcada por una l&iacute;nea de gravilla blanca, como un camino divisorio perfectamente integrado.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Madre m&iacute;a! &iexcl;Esto es precioso! &iquest;Lo cuida tu abuela ella sola?<\/p>\n<p>&ndash;Casi siempre s&iacute;. Ven &ndash;le pidi&oacute; sonriendo&ndash;, el cenador le construy&oacute; mi abuelo.<\/p>\n<p>Los chicos caminaron entre las flores, sent&aacute;ndose Dami&aacute;n en las escaleras de madera y dejando que Enrique fuese de aqu&iacute; para all&aacute; contempl&aacute;ndolo todo. Isabel sali&oacute; en ese momento de la casa, acerc&aacute;ndose a los chicos con sus pasos vivos y en&eacute;rgicos. Dami&aacute;n sonri&oacute; a su abuela que le hizo un gesto para que siguiese sentado, dirigi&eacute;ndose despu&eacute;s a Enrique. La anciana le agarr&oacute; del brazo con sorprendente fuerza y us&aacute;ndole como soporte pr&aacute;cticamente le arrastr&oacute; hasta donde esperaba su novio, ri&eacute;ndose con disimulo. Las manos de la mujer comenzaban a presentar las primeras deformidades que con el tiempo aquejaban a todos los de edad avanzada, pero su presa era firme y ella no mostraba se&ntilde;al alguna de dolor.<\/p>\n<p>&ndash;Dami, cari&ntilde;o, me voy a llevar a este chico tan encantador a comprar unas cosas para la cena de hoy. &iquest;Te parece bien, tesoro? Mientras tanto te agradecer&iacute;a que pusieras la mesa en el sal&oacute;n.<\/p>\n<p>Enrique mir&oacute; a Dami&aacute;n con los ojos desorbitados, pidiendo &aacute;rnica. Dami&aacute;n sonri&oacute; y se encogi&oacute; de hombros travieso. Su abuela quer&iacute;a conocer a Enrique, tener tiempo a solas con &eacute;l para formarse una mejor opini&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Claro, abuela, preg&uacute;ntale por si hay algo que no le guste comer.<\/p>\n<p>&ndash;Vamos, Enrique, ver&aacute;s qu&eacute; pan m&aacute;s rico hacen aqu&iacute;. Y tambi&eacute;n venden una miel excelente.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se qued&oacute; en el cenador, ri&eacute;ndose hasta que las l&aacute;grimas rodaban por sus mejillas. Su abuela se hab&iacute;a llevado a su novio a toda velocidad, parloteando sin parar del pueblo, la comida y los vecinos. Aunque en principio parec&iacute;a que su estrategia no era la m&aacute;s indicada para obtener informaci&oacute;n, sab&iacute;a que al final del d&iacute;a ya sabr&iacute;a si Enrique merec&iacute;a la pena o no. Esperaba de todo coraz&oacute;n que s&iacute;. Estaba a punto de levantarse para cumplir las &oacute;rdenes de su abuela cuando una manaza grande y pesada cay&oacute; sobre su hombro, apret&aacute;ndolo con tanta fuerza que solt&oacute; un grito de dolor antes de encararse con su propietario.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Vaya! &iexcl;El regreso del hijo pr&oacute;digo!<\/p>\n<p>Domin&aacute;ndole con su altura se encontraba Mateo. Aunque su rostro presentaba una sonrisa en apariencia amistosa sus ojos marrones desped&iacute;an chispas. El coraz&oacute;n del chico empez&oacute; a bombear con m&aacute;s fuerza, mientras lanzaba una mirada r&aacute;pida en direcci&oacute;n a la casa. El arquitecto pareci&oacute; adivinar cu&aacute;l ser&iacute;a su pr&oacute;ximo movimiento, por lo que apret&oacute; a&uacute;n m&aacute;s el hombro del joven que emiti&oacute; un quejido ahogado.<\/p>\n<p>&ndash;T&uacute; y yo tenemos una conversaci&oacute;n pendiente, por lo que espero que seas razonable y vengas a mi casa para que podamos discutir tranquilamente ciertos asuntos. Y ya de paso te llevas los limones que la promet&iacute; a tu abuela.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s loco? No voy a ir a ninguna parte contigo, no tengo nada que hablar ni nada que decir &ndash;sentenci&oacute; intentando aparentar m&aacute;s seguridad de lo que sent&iacute;a.<\/p>\n<p>La sonrisa de Mateo se ensanch&oacute; a&uacute;n m&aacute;s, pero su presa sobre el hombro de Dami&aacute;n no se relaj&oacute; ni un &aacute;pice.<\/p>\n<p>&ndash;Te he visto con tu nuevo &ldquo;amigo&rdquo; &ndash;Dami&aacute;n palideci&oacute; intensamente ante las palabras del hombre, que se inclin&oacute; sobre &eacute;l antes de proseguir&ndash;. Quiz&aacute; deber&iacute;amos esperar a que volviese con tu abuela para hablar los tres, conociendo la velocidad a la que hace las cosas esa mujer, no ser&aacute; mucho esperar &iquest;no te parece? Seguro que a tu &ldquo;amigo&rdquo; le encantar&iacute;a que le contase tooodo lo que s&eacute; de ti.<\/p>\n<p>En ese estado de enfado y rabia Mateo era m&aacute;s que capaz de cumplir con su amenaza. Con las piernas temblorosas se levant&oacute; del cenador y dio un paso en direcci&oacute;n al hombre que afloj&oacute; algo los dedos que apresaban su hombro. Sin una sola palabra, pero sin perder la sonrisa, le condujo por el amplio jard&iacute;n, bordeando la piscina ya vac&iacute;a y entraron en el amplio sal&oacute;n que dominaba todo el piso inferior de la casona de Mateo quien le arrastr&oacute; hasta la barra de la cocina de estilo americano, forz&aacute;ndole a sentarse en uno de los taburetes. Solo entonces le solt&oacute; el hombro. El chico se frot&oacute; la zona resentida y sacando el m&oacute;vil del vaquero mand&oacute; un r&aacute;pido mensaje a Enrique. Tan solo tuvo tiempo de decirle que hab&iacute;a ido a casa del vecino a por unos limones antes de que Mateo exigiese de nuevo su atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y bien? &iquest;Vas a seguir con tu actitud de ni&ntilde;ato caprichoso o vas a explicarme por qu&eacute; cojones llevas casi nueve meses desaparecido? De no saber lo que te cuelga entre las piernas y el tama&ntilde;o que gastas casi pensar&iacute;a que me estabas ocultando un embarazo.<\/p>\n<p>La cruel burla zahiri&oacute; a Dami&aacute;n, que intent&oacute; ignorarla. Mateo le sirvi&oacute; una copa en un elegante vaso. No identific&oacute; el alcohol empleado, solo ol&iacute;a a menta y lim&oacute;n. Desliz&oacute; el vaso lejos de &eacute;l e inspir&oacute; hondo, intentando poner en orden sus ideas para salir de ah&iacute; cuanto antes. El arquitecto nunca hab&iacute;a sido violento f&iacute;sicamente, pero Dami&aacute;n no quer&iacute;a estar con &eacute;l. El hombre sali&oacute; de detr&aacute;s de la barra, con su propia copa en la mano y se sent&oacute; en el taburete contiguo al del joven cort&aacute;ndole una posible retirada.<\/p>\n<p>&ndash;No tengo nada que explicar. Te dije que quer&iacute;a dejarlo, varias veces, y t&uacute; siempre dec&iacute;as que era s&oacute;lo una pataleta m&iacute;a. Te lo dije: lo nuestro se acab&oacute;. Por favor, d&eacute;jame tranquilo.<\/p>\n<p>El chico se puso de pie, dispuesto a irse, pero el hombre le cort&oacute; el paso, r&aacute;pido como una serpiente. Dami&aacute;n retrocedi&oacute;, siempre seguido por el arquitecto. Sus ojos marrones parec&iacute;an llamear y sus manos temblaban de furia. Por primera vez el chico se asust&oacute; realmente. Retrocedi&oacute; paso a paso, intentando mantener la distancia con Mateo que le segu&iacute;a, abandonadas las bebidas en la barra.<\/p>\n<p>&ndash;Eres un ni&ntilde;ato malcriado, un ego&iacute;sta y un caprichoso que se cansa de sus juguetes cuando por fin se los compran &ndash;su voz destilaba veneno, arrinconando m&aacute;s y m&aacute;s a Dami&aacute;n&ndash;. Me perseguiste durante a&ntilde;os, y en cuanto conseguiste lo que quer&iacute;as te aburriste, &iquest;no es as&iacute;?<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;No! &iexcl;Yo te quer&iacute;a! No pod&iacute;a seguir as&iacute;, seguir contigo, era doloroso porque te quer&iacute;a y t&uacute; a mi no.<\/p>\n<p>El hombre empuj&oacute; al joven. Su espalda choc&oacute; contra uno de los pocos pilares que hab&iacute;a en la planta de abajo, al pie de las escaleras. Su nuca golpe&oacute; la madera con un golpe peque&ntilde;o, pero que le caus&oacute; una dolorosa punzada en el cr&aacute;neo. Sus ojos lagrimearon y las grandes manazas de Mateo aprovecharon para retenerle, sujet&aacute;ndole contra la columna y presionando su cuerpo contra el del chico.<\/p>\n<p>&ndash;Claro, yo no te quer&iacute;a &ndash;respondi&oacute; con sarcasmo&ndash;. Por eso te abr&iacute; las puertas de mi casa, por eso te invitaba a cenar, al cine y a salas de m&uacute;sica, por eso sacaba tiempo para estar contigo&hellip; Y precisamente por eso me merec&iacute;a que me dejases por mensaje y desaparecieras, hasta te cambiaste de universidad.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n respiraba en r&aacute;pidos jadeos. Ni siquiera en los peores momentos de su relaci&oacute;n hab&iacute;a visto a Mateo tan enfadado. Incapaz de moverse acab&oacute; por bajar la mirada, sin poder mantener el contacto visual con el hombre que segu&iacute;a sumamente furioso. El arquitecto sujet&oacute; la barbilla de Dami&aacute;n, forz&aacute;ndole a mirarle. Ni siquiera los ojos cuajados de l&aacute;grimas a punto de derramarse ablandaron a Mateo, que le agarr&oacute; con m&aacute;s fuerza.<\/p>\n<p>&ndash;Te vas ocho meses, nueve, en realidad. Y cuando regresas vuelves pavone&aacute;ndote con un mocoso colgado del brazo. &iquest;Tu nuevo juguete? &iquest;C&oacute;mo el que ten&iacute;as en tu cumplea&ntilde;os y con el que estabas dispuesto a joder en mi cama? Eres un caprichoso de mierda, y a&uacute;n tienes que disculparte. Si lo haces y suenas lo suficientemente sincero, quiz&aacute; te perdone. Aunque tendr&aacute;s que esforzarte mucho para que me olvide de este&hellip; hiato forzoso.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute;? &iexcl;No! &ndash;estall&oacute; indignado&ndash;. &iexcl;No voy a pedirte perd&oacute;n por cortar! Vale, no fue la mejor manera, pero no quer&iacute;a seguir contigo y no quiero volver, estoy feliz ahora &iexcl;D&eacute;jame!<\/p>\n<p>&ndash;Respuesta incorrecta &ndash;dijo el arquitecto, en apariencia m&aacute;s calmado&ndash;. Vamos, Dami&aacute;n, no te hagas ahora el dif&iacute;cil, nunca fue tu estilo.<\/p>\n<p>Los labios de Mateo recorrieron el cuello del chico que se tens&oacute; m&aacute;s contra el pilar, paralizado por la sorpresa y el miedo. Toda su fuerza parec&iacute;a haberle abandonado y las piernas apenas pod&iacute;an sostenerle. No sab&iacute;a c&oacute;mo salir de esa situaci&oacute;n. No hac&iacute;a tanto, tener a Mateo as&iacute; habr&iacute;a bastado para que su coraz&oacute;n bailase a ritmo de pasodoble y que todo su cuerpo se derritiese, ahora s&oacute;lo sent&iacute;a incomodidad y el deseo de que parase. El arquitecto besaba tiernamente su piel, recorriendo un camino desde su nuez hasta su oreja y de vuelta a su nuez, alternando a veces con suaves mordiscos que ni siquiera llegaban a marcar.<\/p>\n<p>&ndash;Para. Por favor. Mateo ya est&aacute;, lo nuestro es historia &ndash;puso las manos sobre su pecho, empujando d&eacute;bilmente para apartarle&ndash;. No quiero seguir con esto. No hice nada malo.<\/p>\n<p>&ndash;Mal otra vez &ndash;Dami&aacute;n pod&iacute;a notar la risa en la voz del hombre. Su mano solt&oacute; su barbilla y se col&oacute; por dentro del jersey del chico&ndash;. Venga, &iquest;tambi&eacute;n vas a mentir y me vas a decir que no te gusta esto? Eres una zorra caprichosa.<\/p>\n<p>Sus palabras consegu&iacute;an da&ntilde;arle m&aacute;s que la impotencia al no poder apartarle. Mateo consegu&iacute;a volver a hacerle sentir como un chiquillo enamorado y complaciente. Toda su determinaci&oacute;n quedaba minada, empeque&ntilde;ecida, y las manos del hombre segu&iacute;an avanzando por su cuerpo, ascendiendo hasta casi llegar a tocarle los pezones. Notaba su coraz&oacute;n desbocado golpeteando contra sus costillas. Los dedos del hombre aferraron su pez&oacute;n y las l&aacute;grimas comenzaron a caer por sus mejillas, dejando un rastro salado y que parec&iacute;a quemarle. Un nuevo beso en el cuello le hizo volver la cara, golpe&aacute;ndose de nuevo contra el pilar y apartando ligeramente el rostro de Mateo de la suya.<\/p>\n<p>&ndash;Sigues siendo tan guapo como siempre, yo dir&iacute;a que incluso m&aacute;s &ndash;susurr&oacute; en su o&iacute;do mientras pasaba la lengua por el l&oacute;bulo de su oreja&ndash;. Siempre ha sido tu punto fuerte, eres tan guapo que todo lo dem&aacute;s da igual.<\/p>\n<p>La mano grande y recia del arquitecto descendi&oacute; por su cuerpo. Acariciando sus abdominales y deleit&aacute;ndose en la suavidad de su piel. Mateo sent&iacute;a las manos temblorosas de Dami&aacute;n aferradas a su car&iacute;simo jersey, empuj&aacute;ndole casi sin fuerza. Descendi&oacute; por su cuerpo m&aacute;s y m&aacute;s, soltando el bot&oacute;n del vaquero con una &uacute;nica mano, con habilidad. El joven respiraba en jadeos r&aacute;pidos y entrecortados, manteniendo los ojos cerrados para contener el llanto. Bajando la cremallera del pantal&oacute;n del chico abri&oacute; su bragueta y acarici&oacute; su pene sobre el b&oacute;xer, completamente laxo y carente de vida.<\/p>\n<p>&ndash;Mmmm&hellip; &iquest;qu&eacute; te pasa, coraz&oacute;n? Normalmente esto estaba siempre duro para m&iacute;. &iquest;Miedo esc&eacute;nico despu&eacute;s de tanto tiempo?<\/p>\n<p>&ndash;Por favor&hellip; por favor&hellip; &ndash;suplic&oacute; desesperado, intentando apartarse de nuevo.<\/p>\n<p>Un ruido sordo sobresalt&oacute; a Dami&aacute;n, no as&iacute; a Mateo que compuso una m&aacute;s que aceptable fachada de sorpresa a pesar de la sonrisa que bailaba en sus ojos. El joven sinti&oacute; que se le ca&iacute;a el mundo encima mientras un horror fr&iacute;o ascend&iacute;a por su columna. Enrique estaba al lado de la mesa baja frente al sof&aacute; y el ruido no hab&iacute;a sido otro que la puerta corredera al cerrarse a su espalda. Sus ojos azules parec&iacute;an haber engullido todo su rostro, que reflejaba el mismo horror que el del joven a&uacute;n acorralado contra el pilar de madera. Mateo se retir&oacute; lentamente, afectando arrepentimiento y permitiendo que Dami&aacute;n diese dos pasos temblorosos en direcci&oacute;n a Enrique mientras recompon&iacute;a a toda prisa su ropa. Cuando pensaba que nada pod&iacute;a ir peor, reconoci&oacute; un peque&ntilde;o cuadrado amarillo canario entre los dedos del joven: un preservativo.<\/p>\n<p>Una n&aacute;usea le hizo doblarse en dos, boqueando por respirar mientras su novio dejaba caer el cond&oacute;n al suelo. No le hab&iacute;a visto al entrar, pero estaba claro que Mateo le hab&iacute;a colocado ah&iacute; a prop&oacute;sito. Toda la escena estaba tan bien montada que dese&oacute; darse de bofetadas por no caer antes en la cuenta: el preservativo preparado, las dos copas sobre la barra, ser sorprendidos en una actitud que pod&iacute;a interpretarse de la peor manera posible&hellip; Enrique se limit&oacute; a dejar caer los hombros. Sus ojos segu&iacute;an muy abiertos, pero salvo ese detalle, nada m&aacute;s en su cara permiti&oacute; a Dami&aacute;n averiguar su estado an&iacute;mico.<\/p>\n<p>&ndash;Tu abuela me ha pedido que venga a buscarte &ndash;su voz &aacute;tona carec&iacute;a de cualquier inflexi&oacute;n o emoci&oacute;n.<\/p>\n<p>Girando sobre los talones se march&oacute; de all&iacute; con paso aparentemente sereno. Dami&aacute;n iba a seguirle cuando el arquitecto le agarr&oacute; de nuevo por el brazo, tendi&eacute;ndole una bolsa de pl&aacute;stico llena de fragantes limones. Una ancha e hip&oacute;crita sonrisa se extend&iacute;a por su rostro.<\/p>\n<p>&ndash;No te los olvides.<\/p>\n<p>&ndash;Eres un hijo de puta&hellip; &ndash;escupi&oacute; Dami&aacute;n&ndash; &iexcl;Lo has preparado todo!<\/p>\n<p>&ndash;No sienta bien, &iquest;verdad? Pens&eacute; que, si t&uacute; pod&iacute;as terminar una relaci&oacute;n de manera unilateral, no te enfadar&iacute;as si hac&iacute;a lo mismo. Porque esa relaci&oacute;n con &eacute;l ten&iacute;a que terminar, Dami&aacute;n. No estoy dispuesto a dejarte ir sin luchar.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute;s enfermo &ndash;replic&oacute; sin molestarse en coger la bolsa&ndash;. No vuelvas a acercarte a m&iacute; &iquest;me oyes? &iexcl;No vuelvas a acercarte a m&iacute;!<\/p>\n<p>&ndash;Claro, vete ahora si quieres. Corre detr&aacute;s de tu juguete. Se acabar&aacute; cansando de ti, Dami&aacute;n. S&oacute;lo yo s&eacute; c&oacute;mo tratar a una zorra de tu categor&iacute;a. Y &ndash;a&ntilde;adi&oacute; acerc&aacute;ndose hasta colocar su rostro a escasos cent&iacute;metros del de Dami&aacute;n&ndash; sabes que soy lo mejor que te ha pasado en la vida. El &uacute;nico que sabe c&oacute;mo eres y al que no le da asco.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se zaf&oacute; del arquitecto y sali&oacute; tambaleante al jard&iacute;n, echando a correr para alcanzar a Enrique. Para su sorpresa no consigui&oacute; verlo por ning&uacute;n lado. Se sec&oacute; las l&aacute;grimas con la manga del jersey para no preocupar a su abuela y entr&oacute; en casa. Iba a preguntar a la mujer d&oacute;nde estaba el chico cuando escuch&oacute; la puerta de su cuarto cerrarse. Subi&oacute; los escalones de dos en dos, tan deprisa que a mitad de la escalera tropez&oacute; y se golpe&oacute; la rodilla. Soltando un juramento termin&oacute; de subir y entr&oacute; en el peque&ntilde;o cuarto. Enrique estaba sentado sobre la cama, con las manos en el regazo y en apariencia sereno. Sin saber qu&eacute; decir Dami&aacute;n intent&oacute; acercarse al chico que levant&oacute; una mano para que se detuviese.<\/p>\n<p>&ndash;Enrique&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;No quiero sacar conclusiones err&oacute;neas, Dami&aacute;n. Porque de verdad te quiero much&iacute;simo y no me entra en la cabeza que me invites a venir contigo para ponerme los cuernos y que te pille. As&iacute; que voy a dejar que te expliques y si tu respuesta es la peor posible despu&eacute;s de escucharte ver&eacute; en qu&eacute; autob&uacute;s puedo volver a casa.<\/p>\n<p>&ndash;No&hellip; por favor&hellip;<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se dej&oacute; caer contra la pared, buscando su apoyo con la mano. El aire parec&iacute;a no llegar a sus pulmones. En su visi&oacute;n aparecieron puntos negros que se agrandaban y encog&iacute;an conforme espiraba e inspiraba. Deslizando la espalda por la pared acab&oacute; sentado en el suelo. Encogi&oacute; las piernas y se abraz&oacute; las rodillas, respirando con dificultad e intentando calmarse. Enrique manten&iacute;a la mirada clavada en &eacute;l, ponderando si estaba siendo sincero o si era teatro para librarse. No quer&iacute;a creer que hubiera sido capaz de enga&ntilde;arle, pero hab&iacute;a estado fuera casi tres cuartos de hora y la actitud en la que les hab&iacute;a encontrado era demasiado sospechosa.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te has acostado con &eacute;l?<\/p>\n<p>Los ojos verdosos de Dami&aacute;n se encontraron con los de Enrique y el chico pudo leer la dolorosa verdad en ellos. Inspirando hondo not&oacute; crecer el dolor en su pecho, afilado y cortante como un pu&ntilde;al. Levant&aacute;ndose de la cama recogi&oacute; su mochila. En completo silencio. Dami&aacute;n le miraba sin comprender, con la cabeza embotada y respirando entrecortadamente.<\/p>\n<p>&ndash;Me vuelvo a casa. Te dejar&eacute; las llaves sobre la mesa. D&eacute;jame las m&iacute;as en el buz&oacute;n o donde sea. Puedes devolverme las cosas cuando vuelvas.<\/p>\n<p>Estaba a punto de pasar al lado del joven cuando Dami&aacute;n le agarr&oacute; por la pernera del vaquero, desesperado. Enrique intent&oacute; zafarse pero el pu&ntilde;o se apret&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s. Aferrando la tela como si fuese un salvavidas.<\/p>\n<p>&ndash;Es mi ex &ndash;confes&oacute; al fin con voz ronca.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y? &ndash;pregunt&oacute; Enrique, cruz&aacute;ndose de brazos.<\/p>\n<p>&ndash;Lo que has visto&hellip; es todo lo que ha pasado. No me he acostado con &eacute;l hoy, pero&hellip; nuestra relaci&oacute;n era casi todo eso. Acostarnos. Juro que no quer&iacute;a que me tocase, pero no pod&iacute;a moverme, no sab&iacute;a qu&eacute; hacer. Por favor&hellip; Por favor juro que eso es todo. Cr&eacute;eme por favor &ndash;implor&oacute; desesperado.<\/p>\n<p>Con un suspiro resignado Enrique volvi&oacute; a la cama, arrastrando casi a Dami&aacute;n que se negaba a soltarle el pantal&oacute;n. El joven mir&oacute; a su novio, acurrucado en el suelo y con la cabeza baja, incapaz de hacerle frente. Sus dientes se clavaban en su labio inferior, tan fuerte que hab&iacute;a perdido la circulaci&oacute;n en esa zona y amenazaba con hacerse una herida. Reprimiendo el impulso de despill&aacute;rselos se acomod&oacute; mejor en la cama, con la pierna estirada debido al agarre de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Cu&eacute;ntamelo todo &ndash;pidi&oacute; con amabilidad.<\/p>\n<p>&ndash;Me da much&iacute;sima verg&uuml;enza &ndash;confes&oacute; por fin en un susurro, tan bajo que Enrique tuvo que esforzarse para o&iacute;rlo&ndash;. Me enamor&eacute; de Mateo con casi diecis&eacute;is a&ntilde;os. Estuve dos a&ntilde;os enamorad&iacute;simo de &eacute;l. Tuve m&aacute;s relaciones, pero &eacute;l&hellip; era todo lo que quer&iacute;a. Su casa se ve desde mi ventana, y me pasaba todo el verano suspirando porque me hiciese caso y a la vez me pon&iacute;a muy nervioso si lo hac&iacute;a.<\/p>\n<p>Enrique escuchaba, interesado a su pesar. La voz de Dami&aacute;n temblaba, sub&iacute;a y bajaba como si estuviese reprimi&eacute;ndose para no llorar.<\/p>\n<p>&ndash;Celebr&eacute; los dieciocho en su jard&iacute;n. Nos cedi&oacute; la piscina, y puso alcohol porque mis padres no quer&iacute;an que bebi&eacute;semos, pero &eacute;ramos todos mayores de edad y &eacute;l dijo que estaba bien. Tampoco beb&iacute; demasiado, solo un par de tequilas. Sub&iacute; con C&eacute;sar a su cuarto.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;C&eacute;sar? &ndash;pregunt&oacute; perplejo.<\/p>\n<p>&ndash;Mi ligue de ese momento &ndash;explic&oacute; con la voz tomada&ndash;. &Iacute;bamos a mont&aacute;rnoslo en su cama. Nos descubri&oacute; y no se lo tom&oacute; mal, o eso pens&eacute;. Ech&oacute; a C&eacute;sar, pero a mi me dijo que no le importaba compartir su cama si &eacute;l pod&iacute;a unirse tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Se acost&oacute; contigo.<\/p>\n<p>No era una pregunta. Dami&aacute;n asinti&oacute; con la cabeza, incapaz de contener las l&aacute;grimas por m&aacute;s tiempo.<\/p>\n<p>&ndash;Estaba tan feliz&hellip; tan feliz porque por fin estaba conmigo. Ni siquiera sab&iacute;a que tambi&eacute;n le gustaban los hombres, siempre le hab&iacute;a visto con mujeres. Empezamos a salir, pero&hellip; &ndash;inspir&oacute; hondo, sin dejar de llorar. Enrique se baj&oacute; de la cama y se sent&oacute; en el suelo a su altura, comenzaba a intuir c&oacute;mo terminar&iacute;a la historia y no le gustaba&ndash;. Yo era su secreto. Nadie pod&iacute;a saber que sal&iacute;amos. Es el mejor amigo de mi padre, as&iacute; que ya te imaginas por qu&eacute; no quer&iacute;a que lo contase. Nunca tuvimos una relaci&oacute;n normal. S&iacute;, fuimos al cine, a veces a cenar, me llev&oacute; una vez a un concierto&hellip; pero nunca como novios. S&oacute;lo se portaba as&iacute; en la cama.<\/p>\n<p>&ndash;Sigue, su&eacute;ltalo todo.<\/p>\n<p>&ndash;Me dec&iacute;a una hora y un lugar, y ah&iacute; acud&iacute;a. Normalmente cen&aacute;bamos y despu&eacute;s &iacute;bamos a alg&uacute;n hotel. Cuando consent&iacute;a venir a su casa despu&eacute;s era un mani&aacute;tico de la limpieza. No pod&iacute;a quedar ni una sola prueba de que hab&iacute;a estado con &eacute;l &ndash;los sollozos subieron de volumen antes de que continuase&ndash;. Yo quer&iacute;a una relaci&oacute;n como la que ve&iacute;a que ten&iacute;an todos, poder salir con &eacute;l o hacer cosas juntos sin escondernos, pero cuando sacaba el tema me explicaba que era imposible, que eso no pod&iacute;a ser. A los ocho meses intent&eacute; dejarle.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Lo intentaste?<\/p>\n<p>&ndash;Se lo tom&oacute; como un juego, como si s&oacute;lo quisiera llamar su atenci&oacute;n. Siempre que intentaba dejarle lo tomaba como un&hellip; una prueba de que quer&iacute;a tenerle para m&iacute;. Entonces se volv&iacute;a encantador hasta que me seduc&iacute;a de nuevo. Lleg&oacute; un punto en el que s&oacute;lo quer&iacute;a que me dejase en paz. Mantenerle en secreto me hab&iacute;a aislado de mis amigos, mis padres no sab&iacute;an que yo era gay, o al menos eso cre&iacute;a yo. Sent&iacute;a que no pod&iacute;a hablar con nadie de todo esto y &eacute;l&hellip; &eacute;l segu&iacute;a cit&aacute;ndome para acostarnos juntos. Y yo acced&iacute;a &iquest;sabes? Acced&iacute;a porque pensaba &ldquo;quiz&aacute; ahora est&eacute; enamorado ya de m&iacute;, quiz&aacute; esta vez sea distinto&rdquo;.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;C&oacute;mo saliste de algo as&iacute;?<\/p>\n<p>&ndash;Por mi abuela. Por mi hada madrina. Ella sab&iacute;a que me pasaba algo. Baj&eacute; much&iacute;simo de peso en esa &eacute;poca y empec&eacute; a suspender en la universidad. Cuando me pregunt&oacute; qu&eacute; me pasaba&hellip; estall&eacute; y se lo cont&eacute; todo. Fue tan liberador. Ella quer&iacute;a ir a por &eacute;l, pero creo que yo a&uacute;n le quer&iacute;a, o quiz&aacute; s&oacute;lo quer&iacute;a pasar p&aacute;gina. Llam&oacute; a mis padres y me ayud&oacute; a salir del armario con ellos. Ya sab&iacute;an que yo era gay, pero hab&iacute;an respetado mi silencio. Les cont&oacute; que ten&iacute;a problemas con un chico de la universidad, que se hab&iacute;a encaprichado mucho conmigo, y les convenci&oacute; de que me dejasen cambiarme de facultad a donde estoy ahora. Cambi&eacute; de tel&eacute;fono y les pidi&oacute; que no se lo dijesen a nade &ndash;hizo un peque&ntilde;o descanso, apoyando la frente en las rodillas&ndash;. La verdad ni siquiera s&eacute; c&oacute;mo lo hizo, pero lo hizo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y lo de hoy? &ndash;pregunt&oacute; sin contenerse.<\/p>\n<p>&ndash;Creo que nos estaba viendo. Desde su dormitorio se ve todo el jard&iacute;n. Cuando os fuisteis se acerc&oacute; y dijo que ten&iacute;amos que hablar, o que esperar&iacute;a a que vinieses. Me dio miedo. Miedo de lo que pod&iacute;a decir. Estaba tan furioso&hellip; &ndash;en un gesto inconsciente se masaje&oacute; el hombro, todav&iacute;a dolorido&ndash;. Me agarr&oacute; del hombro y le segu&iacute; a casa. Me sirvi&oacute; una copa, juro que no la toqu&eacute;, y me empuj&oacute; contra el pilar. Despu&eacute;s&hellip; gritamos, o &eacute;l me grit&oacute;. Quer&iacute;a que me disculpase y entonces&hellip; empez&oacute; a tocarme.<\/p>\n<p>Un escalofr&iacute;o recorri&oacute; la espalda de Enrique, que tuvo que hacer grandes esfuerzos por mantenerse sentado y no salir en busca de Mateo, olvidando que no era especialmente alto ni fuerte y que el hombre le sacar&iacute;a al menos diez cent&iacute;metros y quince kilos. Ajeno a la rabia que bull&iacute;a dentro de su novio Dami&aacute;n sigui&oacute; hablando.<\/p>\n<p>&ndash;Me tocaba y dec&iacute;a que ten&iacute;a que disculparme. Pens&eacute; que estaba&hellip; haciendo lo de siempre. Cuando discut&iacute;amos o yo dec&iacute;a que quer&iacute;a dejarle hac&iacute;a eso, empezaba a tocarme y yo me rend&iacute;a. Le dije que era feliz contigo, que ten&iacute;a novio, pero no paraba. No pude apartarle, no s&eacute; explicarlo, pero era como si no tuviese fuerza. Y cuando apareciste t&uacute; lo comprend&iacute;: lo que quer&iacute;a era vengarse, que nos vieses as&iacute; &ndash;por primera vez levant&oacute; la cara y mir&oacute; a Enrique a los ojos&ndash;. Sabe que yo siempre aviso a las personas con las que estoy de a d&oacute;nde voy para que no se preocupen, y que no te habr&iacute;a contado lo nuestro. Lo de los limones era cierto, los ten&iacute;a en una bolsa de pl&aacute;stico. Cuando entraste dijo que yo no era el &uacute;nico que ten&iacute;a derecho a romper una relaci&oacute;n de forma unilateral, pero que &eacute;l hab&iacute;a elegido la nuestra y&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y?<\/p>\n<p>&ndash;Y que no iba a dejarme ir sin luchar.<\/p>\n<p>Enrique se levant&oacute;. Sus ojos habitualmente apacibles reluc&iacute;an cargados de ira. Sus manos temblaban, apretadas en dos pu&ntilde;os que hac&iacute;an resaltar los tendones de sus brazos como cuerdas de acero insertadas bajo la piel. Los labios estaban apretados en una fina l&iacute;nea, y por un instante Dami&aacute;n se peg&oacute; m&aacute;s contra la pared, con el miedo pintado en su cara.<\/p>\n<p>&ndash;Se acab&oacute;. Voy a decirle todo lo que pienso.<\/p>\n<p>La mano de Dami&aacute;n volvi&oacute; a atrapar el vaquero de Enrique, que se la sacudi&oacute; de encima sin mirarle. Ya ten&iacute;a la mano en el pomo de la puerta cuando de nuevo le agarr&oacute;, esta vez por la rodilla.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor&hellip; por favor qu&eacute;date conmigo. Por favor.<\/p>\n<p>Su furia se fue tan r&aacute;pido como hab&iacute;a venido. Arrodill&aacute;ndose junto al chico le estrech&oacute; entre sus brazos. Al acariciar su pelo not&oacute; el bulto duro y caliente que empezaba a crecer en su cr&aacute;neo all&iacute; donde se hab&iacute;a golpeado contra la columna. Enrique sinti&oacute; crecer de nuevo su rabia y procur&oacute; no volver a rozarle siquiera en esa zona, por miedo a hacerle da&ntilde;o. Comenzaba a entender mejor a Dami&aacute;n, aunque la cabeza le daba vueltas con todo lo que el chico le hab&iacute;a contado. Tardar&iacute;a un tiempo en entenderlo todo plenamente.<\/p>\n<p>&ndash;Siento haberte dado motivos a dudar &ndash;musit&oacute; escondido contra el pecho de su novio&ndash;. No deber&iacute;a ser as&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;As&iacute;? &iquest;As&iacute; c&oacute;mo?<\/p>\n<p>&ndash;Mateo&hellip; &eacute;l dice que soy una zorra caprichosa. Puede que tenga raz&oacute;n.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a tristeza en su voz, pero tambi&eacute;n convencimiento. Enrique le agarr&oacute; la cara entre sus manos, con tanta delicadeza que el joven se inclin&oacute; m&aacute;s contra &eacute;l, reconfortado. Cuando su novio le oblig&oacute; a levantar la cabeza cerr&oacute; un momento los ojos, aterrado al pensar que le dejar&iacute;a por ello. Iba a hablar, a disculparse, a pedir de nuevo que por favor no le dejase, cuando Enrique cubri&oacute; sus labios con ambos pulgares.<\/p>\n<p>&ndash;Jam&aacute;s te creas una sola palabra que te diga ese capullo. Jam&aacute;s te creas los insultos de ese imb&eacute;cil porque los dice s&oacute;lo por despecho &ndash;nuevas l&aacute;grimas rodaron por las mejillas de Dami&aacute;n que intent&oacute; hablar, siendo silenciado otra vez por Enrique que sigui&oacute; hablando&ndash;. Yo te quiero. Eres inteligente, dulce, amable y desinteresado. Nunca deb&iacute; dudar de ti, pero te estaba tocando y pens&eacute; que yo no era bastante para ti y por eso pens&eacute; que lo mejor era preguntarte. Cari&ntilde;o, ese hombre te ha maltratado. No te habr&aacute; pegado, pero lo que ha hecho&hellip; &iquest;Por qu&eacute; no me lo contaste antes?<\/p>\n<p>&ndash;Me daba much&iacute;sima verg&uuml;enza. Y ten&iacute;a miedo de que te alejases de m&iacute; si te lo dec&iacute;a. Que me vieses de manera distinta, que pensases peor de m&iacute; por haber sido tan blando.<\/p>\n<p>Enrique se levant&oacute; del suelo, sacudi&eacute;ndose el fondillo de los pantalones ante la mirada extra&ntilde;ada de Dami&aacute;n que permanec&iacute;a aovillado contra la pared. Enrique se acerc&oacute; al chico y sosteni&eacute;ndole por las axilas consigui&oacute; incorporarle. Tuvo que sostenerle un instante antes de que dejase de tambalearse. Cuando estuvo seguro de que no se caer&iacute;a agarr&oacute; el jersey por el borde, tirando de &eacute;l hacia arriba para sacarle.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se dej&oacute; hacer. Si eso era lo que quer&iacute;a, el precio a pagar porque no le dejase estaba m&aacute;s que dispuesto a pagar las veces que hiciera falta. Para su sorpresa, su novio se limit&oacute; a plegar el jersey y dejarle sobre el escritorio. Sac&oacute; del armario la sudadera y el pantal&oacute;n de ch&aacute;ndal que usaba a modo de pijama. Con toda la suavidad del mundo le pas&oacute; la sudadera por la cabeza, consiguiendo no rozarle en ning&uacute;n momento el chich&oacute;n. Agach&aacute;ndose desat&oacute; los cordones de las botas de Dami&aacute;n, ayud&aacute;ndole a sac&aacute;rselas junto con los calcetines. En cuanto se incorpor&oacute; solt&oacute; el bot&oacute;n y la cremallera del vaquero, poniendo buen cuidado en no tocarle la piel. El vaquero cay&oacute; al suelo y Enrique ayud&oacute; al joven a ponerse el viejo ch&aacute;ndal en su lugar.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo? &iquest;Por qu&eacute; me has puesto el pijama? Yo&hellip;<\/p>\n<p>El joven enmudeci&oacute; de pronto, al ver c&oacute;mo Enrique se desvest&iacute;a tambi&eacute;n y se pon&iacute;a su propio pijama. De un manotazo baj&oacute; la persiana, ocultando la ominosa vista de la casa de Mateo. En el cuarto en penumbra consigui&oacute; guiar a Dami&aacute;n hasta la cama, empuj&aacute;ndole con suavidad hasta que le tumb&oacute; en el lado que quedaba pegado a la pared. Ech&aacute;ndose a su lado le atrajo hacia su pecho, estrech&aacute;ndole con suavidad entre sus brazos y acariciando su espalda. A diferencia de las caricias de Mateo, las de su novio le aportaban paz, consol&aacute;ndole profundamente. Dami&aacute;n sorbi&oacute; por la nariz, intentando no volver a llorar.<\/p>\n<p>&ndash;Desah&oacute;gate, cari&ntilde;o &ndash;le susurr&oacute; Enrique acarici&aacute;ndole el cuello&ndash;. Si necesitas llorar, hazlo. Estoy aqu&iacute;, estar&eacute; aqu&iacute;. No voy a irme a ninguna parte. No voy a dejarte.<\/p>\n<p>El dique se rompi&oacute;. Largos sollozos estremecieron el cuerpo de Dami&aacute;n que se aferr&oacute; a Enrique con desesperaci&oacute;n, hundiendo la cara en el pecho de su novio que se limit&oacute; a abrazarle con fuerza, dej&aacute;ndole llorar, dejando que se purgarse por dentro. Sus l&aacute;grimas no tardaron en empapar buena parte de la camiseta del joven, pero ninguno de los dos pareci&oacute; percatarse de ello. Las manos del chico sub&iacute;an y bajaban por su espalda y su cuello, acarici&aacute;ndole con infinita ternura. Enrique pens&oacute; que jam&aacute;s dejar&iacute;a de llorar. Violentos temblores sacud&iacute;an el cuerpo delgado y atl&eacute;tico de Dami&aacute;n como si estuviese aquejado de alguna fiebre especialmente virulenta. Sosteni&eacute;ndole con m&aacute;s fuerza su novio sigui&oacute; acariciando su espalda, siempre sobre la ropa.<\/p>\n<p>Al fin los estremecedores sollozos se mitigaron. Poco a poco fueron remitiendo hasta desaparecer. La respiraci&oacute;n del joven se torn&oacute; regular y sosegada y cuando Enrique retir&oacute; el pelo hacia atr&aacute;s vio que se hab&iacute;a quedado dormido. Ten&iacute;a los ojos hinchados, la nariz y las mejillas enrojecidas y cuando retir&oacute; el cuello de la sudadera apreci&oacute; en su hombro un hematoma que empezaba a aparecer. Con todo el cuidado del mundo se deshizo de su peso, acomod&aacute;ndole en la cama y tap&aacute;ndole con las mantas. Cuando despertase tendr&iacute;a dolor de cabeza y los ojos irritados. En silencio sali&oacute; del cuarto, calzado s&oacute;lo con sus calcetines, y baj&oacute; a la cocina.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Isabel? &iquest;Puedo pedirte un poco de hielo?<\/p>\n<p>&ndash;Si&eacute;ntate, por favor.<\/p>\n<p>El tono serio de la voz de la abuela de su novio no era nada comparado con sus ojos, tristes y carentes de brillo. Parec&iacute;a haber envejecido diez a&ntilde;os de golpe. Incluso sus movimientos eran m&aacute;s lentos de lo acostumbrado. Preocupado el chico se sent&oacute; a la mesa, seguido por Isabel que se sent&oacute; en la silla contigua a la de Enrique.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te encuentras bien?<\/p>\n<p>&ndash;No he podido evitar o&iacute;ros. No era mi intenci&oacute;n, sub&iacute;a s&oacute;lo a deciros que necesitaba ayuda para poner la mesa en el cenador. Enrique&hellip; incluso aunque lo dejes con Dami&aacute;n en alg&uacute;n momento, siempre tendr&aacute;s mi casa abierta. Eres una bell&iacute;sima persona, y mi nieto tiene much&iacute;sima suerte de que est&eacute;s a su lado.<\/p>\n<p>Enrique estrech&oacute; una de las arrugadas manos de la anciana entre las suyas, consiguiendo que a sus ojos asomase de nuevo algo de luz.<\/p>\n<p>&ndash;Le afect&oacute; mucho, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>&ndash;Fue horrible. Ojal&aacute; nunca tengas que ver algo as&iacute; en alguien a quien quieres. Siempre ha sido un chico alegre, sociable y con el que daba gusto estar. De un d&iacute;a a otro dej&oacute; casi de comer, siempre estaba triste o enfadado, perdi&oacute; el contacto con sus amigos y cuando intentaba estudiar pod&iacute;as ver que no era capaz de concentrarse &ndash;la mujer se detuvo, mirando a Enrique con franqueza&ndash;. Quiero much&iacute;simo a mi nieto, como no te puedes imaginar, pero tambi&eacute;n reconozco que la experiencia que pas&oacute; le ha cambiado. Si decides que no puedes lidiar con lo que te ha contado, o con c&oacute;mo es &eacute;l, no te lo reprochar&eacute; jam&aacute;s. No tienes por qu&eacute; arreglar el desastre que caus&oacute; ese hijo de puta.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Sabes que yo antes estaba muy gordo? Como una vaca. Hace unos d&iacute;as me volvi&oacute; a entrar cierta paranoia con mi peso y apart&eacute; de mi lado a Dami&aacute;n porque me daba verg&uuml;enza. Pens&eacute; que si ve&iacute;a c&oacute;mo hab&iacute;a sido me coger&iacute;a asco.<\/p>\n<p>Isabel escuchaba en silencio, sin entender hacia d&oacute;nde quer&iacute;a ir a parar el chico que esboz&oacute; una sonrisa genuina y muy hermosa.<\/p>\n<p>&ndash;De mis a&ntilde;os de bachiller s&oacute;lo tengo una foto m&iacute;a. S&oacute;lo una. En ella salgo con mi mejor amigo en una feria de invierno en la ciudad. En ese momento estaba en mi peso m&aacute;ximo, lleno de granos y con unas gafas horribles. Pens&eacute; que si la ve&iacute;a saldr&iacute;a corriendo, pero ten&iacute;a que verla, ten&iacute;a que saber qui&eacute;n era yo &iquest;me comprendes? &ndash;la mujer asinti&oacute; con la cabeza y el joven prosigui&oacute;&ndash;. No me atrev&iacute;a a mirarle a la cara, me daba much&iacute;simo miedo que me dijese &ldquo;caray, eras asqueroso, no puedo volver a tocarte&rdquo;. Se limit&oacute; a decir que le gustaban mis gafas, y que de seguir como en esa foto me querr&iacute;a igual. Y lo dec&iacute;a de verdad. No me lo dijo porque yo necesitaba escucharlo, s&oacute;lo me lo dijo porque era lo que pensaba.<\/p>\n<p>La abuela sonri&oacute; a su vez. Las preocupaciones se borraron de su rostro que pareci&oacute; perder arrugas y recuperar cierto vigor juvenil. Enrique se maravill&oacute; del cambio operado en la mujer, pero al recordar c&oacute;mo hab&iacute;a criado sola al padre de Dami&aacute;n y despu&eacute;s a su nieto no se sorprendi&oacute;. Acariciando con cuidado las marchitas manos de la anciana continu&oacute; hablando.<\/p>\n<p>&ndash;Despu&eacute;s de eso supe que me quer&iacute;a de verdad. Por eso hoy&hellip; hoy he sido capaz de sentarme y dejar que se explicase. Ha habido un peque&ntilde;o malentendido al principio, pero yo no pienso irme a ninguna parte si &eacute;l me quiere de pareja. Yo le quiero, le quiero much&iacute;simo. Me siento feliz, y afortunado porque se fijase en mi y no se rindiese. Tendr&iacute;as que haberme visto al principio, ni siquiera era capaz de hablar con &eacute;l porque me relaciono fatal con la gente debido a la timidez.<\/p>\n<p>&ndash;Sois dos chicos estupendos. Espero que se&aacute;is felices, juntos o por separado. Y el ofrecimiento del principio era sincero: aunque lo dej&eacute;is, mi casa siempre estar&aacute; abierta para lo que necesites.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias, Isabel.<\/p>\n<p>La mujer le dio un beso en la mejilla, incorpor&aacute;ndose despu&eacute;s con las manos en las caderas. Enrique aprovech&oacute; para pedir un par de cubitos de hielo que la anciana le ofreci&oacute; envueltos en un pa&ntilde;o pulcramente doblado en un plato, pero antes le prepar&oacute; una jarra llena de zumo de naranja y le indic&oacute; d&oacute;nde guardaba las aspirinas. Cargando con la jarra y los hielos consigui&oacute; hacerse con un par de comprimidos y volver al cuarto, donde se dej&oacute; caer agotado en la silla frente al escritorio de Dami&aacute;n. Le parec&iacute;a que hab&iacute;a pasado una eternidad, pero tan solo eran las tres de la tarde. En silencio observ&oacute; como el joven dorm&iacute;a. En los veinte minutos que hab&iacute;a estado con Isabel ni siquiera se hab&iacute;a movido. Empleando el jersey de su novio a modo de almohada se acomod&oacute; como pudo sobre el escritorio. Tan s&oacute;lo necesitaba descansar un momento, aprovechar para serenarse.<\/p>\n<p>Despert&oacute; sobresaltado al notar una presi&oacute;n sobre su rodilla. Al conseguir enfocar la vista vio que tan solo era la mano de Dami&aacute;n, que le sacud&iacute;a con preocupaci&oacute;n. Su actitud t&iacute;mida contrastaba con la aparente seguridad que siempre parec&iacute;a exudar. Enrique se desperez&oacute; escuchando como chascaban sus v&eacute;rtebras y el punzante dolor en el cuello por la postura en la que se hab&iacute;a quedado dormido. Restreg&aacute;ndose los ojos consigui&oacute; por fin centrar la vista en la cara de su chico. Como hab&iacute;a pensado ten&iacute;a los ojos enrojecidos, la cara hinchada y la nariz colorada.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a salido del todo de la cama, por lo que Enrique recogi&oacute; el pa&ntilde;o, ahora empapada de agua helada, y tras escurrirla en el propio plato donde la hab&iacute;a tra&iacute;do se la pas&oacute; por la cara a Dami&aacute;n, con cuidado para no irritarle la piel. El chico se dej&oacute; mimar, abraz&aacute;ndose a la pierna de su novio que se hab&iacute;a sentado en la cama con &eacute;l. Doblando la tela de forma que el hielo que a&uacute;n aguantaba quedase lo m&aacute;s pegado a la piel que era posible, la aplic&oacute; sobre el golpe de su cabeza. Sosteni&eacute;ndolo con una mano sirvi&oacute; el zumo con la otra, pas&aacute;ndoselo al chico junto con una aspirina.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te duele mucho?<\/p>\n<p>&ndash;Te has quedado &ndash;ten&iacute;a la voz ronca y pastosa, pero a&uacute;n as&iacute; pod&iacute;a notar perfectamente su felicidad por ese hecho.<\/p>\n<p>Enrique suspir&oacute; y retir&oacute; el pelo de la cara de Dami&aacute;n. Odiaba ver sus ojos tan irritados y m&aacute;s siendo la causa haber estado llorando por culpa de su ex. Inclin&aacute;ndose sobre &eacute;l le dio un beso en la frente intentando no derramar el vaso de zumo.<\/p>\n<p>&ndash;Claro que me he quedado, soy tu novio &ndash;el chico parec&iacute;a incr&eacute;dulo ante sus palabras, por lo que Enrique sonri&oacute; y le dio un nuevo beso&ndash;. No voy a dejarte porque tu ex sea un cerdo, tuviste mala suerte con &eacute;l y ya. Nos puede pasar a cualquiera. Dime c&oacute;mo est&aacute; tu cabeza, anda.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y si tiene raz&oacute;n? En que soy&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;No &ndash;le cort&oacute; Enrique con severidad&ndash;. No la tiene. Adem&aacute;s, ni siquiera s&eacute; qu&eacute; cosas quieres. No materiales, me refiero a nosotros, como pareja. Nunca hemos hablado de ello.<\/p>\n<p>&ndash;Quiero hacer cosas contigo, ir al cine, de excursi&oacute;n, a la playa&hellip; algo m&aacute;s que no s&oacute;lo estudiar y despu&eacute;s dormir por estar muertos. &ndash;La mirada de inter&eacute;s de Enrique le anim&oacute; a seguir&ndash;. Quiero vivir contigo, no de inmediato, pero quiero llegar a vivir juntos. Quiero que nos graduemos a la vez. Juntos. Me parece algo muy bonito. Y si seguimos juntos despu&eacute;s yo&hellip; no lo s&eacute;, no he pensado mucho m&aacute;s lejos. No quer&iacute;a hacerme ilusiones.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y eso te parece de una zorra ego&iacute;sta como dice &eacute;l? Cari&ntilde;o, a mi me parece algo precioso y coincido contigo. No entiendo por qu&eacute; piensas que alguien que te usaba tiene raz&oacute;n. Y por favor, deja de decir que eres una zorra porque me dan ganas de estrangularle. No lo eres. Punto. &iquest;Y qu&eacute; si tienes tus fantas&iacute;as o eres algo pervertido? &iexcl;Deber&iacute;as ver las veces que me he masturbado yo pensando en ti! &ndash;al ver la mirada de sorpresa y algo m&aacute;s de Dami&aacute;n el chico enrojeci&oacute; y desvi&oacute; la vista hacia el vaso que ten&iacute;a en la mano&ndash;. Es decir&hellip; antes de salir juntos yo&hellip; t&uacute; me gustabas mucho y&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Gracias &ndash;le cort&oacute; Dami&aacute;n sonriendo por primera vez, recuperando parte de su confianza&ndash;. Gracias por estar a mi lado.<\/p>\n<p>&ndash;La cabeza, dime &ndash;orden&oacute; Enrique a&uacute;n ruborizado.<\/p>\n<p>&ndash;Me duele un poco &ndash;confes&oacute; el chico besando el muslo de Enrique&ndash;, pero es s&oacute;lo por haber llorado tanto. El golpe est&aacute; bien mientras no le apriete.<\/p>\n<p>Enrique volvi&oacute; a pasarle el vaso de zumo y la aspirina y sonri&oacute; satisfecho al ver que se tomaba las dos cosas, apurando hasta la &uacute;ltima gota del vaso. Se le rellen&oacute; de nuevo y vio c&oacute;mo volv&iacute;a a vaciarle. La aspirina parec&iacute;a estar haciendo efecto, o quiz&aacute; el l&iacute;quido que se hab&iacute;a tomado. Su voz volv&iacute;a a ser la de siempre y Enrique observ&oacute; que empezaba a estar como siempre, aunque much&iacute;simo m&aacute;s relajado. Su seguridad y carisma segu&iacute;an ah&iacute;, pero ahora tambi&eacute;n detect&oacute; cierta vulnerabilidad que antes no estaba. Sonriendo abraz&oacute; al joven que se incorpor&oacute; en la cama y correspondi&oacute; a sus caricias. Intu&iacute;a que hab&iacute;an cruzado cierta barrera que con el tiempo les habr&iacute;a alejado y estaba feliz por ello. Dami&aacute;n se levant&oacute;, pasando sus largas piernas por el borde de la cama y poni&eacute;ndose de pie.<\/p>\n<p>&ndash;Voy a ir a lavarme un poco, &iquest;te importa? Todav&iacute;a noto su saliva. Tiene que ser psicosom&aacute;tico o algo, pero preferir&iacute;a&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;No tienes que explicarme nada. Ve &ndash;le anim&oacute; Enrique d&aacute;ndole un beso suave sobre sus labios.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se encamin&oacute; al cuarto de ba&ntilde;o estir&aacute;ndose a la vez. Deber&iacute;a tener hambre, pero s&oacute;lo se sent&iacute;a cansado y aliviado por no tener secretos con Enrique. Sab&iacute;a que no le hab&iacute;a contado ni una d&eacute;cima parte de su antigua relaci&oacute;n, pero ahora que hab&iacute;a empezado a hablar ser&iacute;a m&aacute;s sencillo seguir. Frente al espejo se examin&oacute; detenidamente. Nada en su piel revelaba el encuentro con Mateo, al menos a simple vista. Al sacarse la sudadera apreci&oacute; el hematoma que hab&iacute;a florecido en su hombro. Pod&iacute;a notar perfectamente d&oacute;nde le hab&iacute;a besado y sus manos subiendo por su vientre hasta el pez&oacute;n. Era como si le hubiese marcado, quiz&aacute; porque su intenci&oacute;n tan s&oacute;lo hab&iacute;a sido vengarse o por su negativa a detenerse a pesar de casi suplicar.<\/p>\n<p>El chico empap&oacute; una esponja y tras a&ntilde;adir abundante jab&oacute;n se restreg&oacute; la piel. A pesar de la irritaci&oacute;n sigui&oacute; frotando, manteniendo los ojos cerrados y notando como se le aceleraba el pulso al recordar la incomodidad que hab&iacute;a sentido antes. Una l&iacute;nea roja de piel casi levantada sub&iacute;a por su vientre hasta el pez&oacute;n que le hab&iacute;a acariciado. Volvi&oacute; a cargar la esponja de jab&oacute;n, dispuesto a hacer lo mismo con su cuello, cuando la mano de Enrique le detuvo, sujet&aacute;ndole por la mu&ntilde;eca.<\/p>\n<p>&ndash;Me preocupabas y vine a ver. Casi te levantas la piel, so burro. D&eacute;jame a m&iacute;, &iquest;vale?<\/p>\n<p>Dami&aacute;n claudic&oacute; y cedi&oacute; la esponja a Enrique que sonri&oacute; y le sent&oacute; sobre la tapa del v&aacute;ter. Con mucho cuidado pas&oacute; la esponja por el cuello del chico. El delicado aroma a lavanda impregn&oacute; su piel mientras Dami&aacute;n experimentaba un alivio cada vez mayor al librarse de cualquier rastro que Mateo pudiese haber dejado. Ahora que empezaba a tranquilizarse una rabia sorda comenzaba a extenderse por su pecho, calent&aacute;ndole desde dentro. Si as&iacute; era como le pagaba haber dejado las cosas tranquilas en lugar de arruinar su reputaci&oacute;n, perfecto. A ese juego pod&iacute;an jugar dos.<\/p>\n<p>Pareciendo adivinar lo que pasaba por su cabeza en ese momento Enrique se sent&oacute; sobre &eacute;l, sujetando su cara entre las manos y clavando sus ojos azules en los de Dami&aacute;n que se seren&oacute; de inmediato. Sab&iacute;a que era una actitud muy primitiva, pero la idea de que aquel hombre le hubiese manoseado despertaba las mismas sensaciones que sinti&oacute; cuando le vio bailar con aquel desconocido en la discoteca, aunque predominaba por encima de todas ellas la ira. Inclin&aacute;ndole la cabeza ligeramente bes&oacute; todo su cuello, recorriendo el mismo camino que el arquitecto. En un principio el joven se estremeci&oacute;, luchando contra la sensaci&oacute;n de apartarle, pero las manos que le reten&iacute;an eran amables y blandas y apenas s&iacute; ejerc&iacute;an una ligera presi&oacute;n, m&aacute;s una sugerencia que una imposici&oacute;n. Aunque detectaba cierto af&aacute;n posesivo en Enrique su dulzura era tan evidente que consigui&oacute; relajarse y rodearle la cintura con los brazos.<\/p>\n<p>Al llegar al hombro Enrique no pudo contenerse. Yendo despacio, para que supiese lo que pretend&iacute;a y pudiera apartarle si no quer&iacute;a, clav&oacute; sus dientes en la piel blanca, sellando despu&eacute;s el mordisco con sus labios y succionando con fuerza. El gemido de Dami&aacute;n le impuls&oacute; a apretarse m&aacute;s contra &eacute;l, imprimiendo m&aacute;s intensidad a la succi&oacute;n y soltando de golpe la piel. Una marca rojiza y casi perfectamente regular adornaba ahora la piel del chico, antes de llegar al hematoma causado por el agarre del hombre. Con cierto embarazo Enrique bes&oacute; la piel marcada y despu&eacute;s el morado causado por los dedos de Mateo.<\/p>\n<p>&ndash;Perdona, soy un cavern&iacute;cola sin modales &ndash;se disculp&oacute; el joven levant&aacute;ndose del regazo de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se ech&oacute; a re&iacute;r levant&aacute;ndose del v&aacute;ter. Notaba la piel limpia, aunque ligeramente irritada en el vientre. Recogi&oacute; la sudadera y se la ech&oacute; por los hombros, sin vestirse. Sigui&oacute; a Enrique hasta su dormitorio y se sent&oacute; en la cama tras entrelazar sus dedos con los del chico, que le mir&oacute; sin comprender.<\/p>\n<p>&ndash;Me gusta cuando eres un cavern&iacute;cola sin modales.<\/p>\n<p>Enrique sinti&oacute; c&oacute;mo tiraba Dami&aacute;n de &eacute;l, incitando a que se uniese a &eacute;l en la cama. Resisti&oacute; la leve presi&oacute;n y en su lugar se arrodill&oacute; delante del chico, apoyando la barbilla en las rodillas del joven que le acarici&oacute; el pelo, echando hacia atr&aacute;s los revueltos mechones casta&ntilde;os.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s seguro? Cari&ntilde;o, puedo esperar si a&uacute;n no est&aacute;s c&oacute;modo. No tienes nada que demostrar, yo te quiero y puedo esperar si lo necesitas.<\/p>\n<p>&ndash;Si no quieres no es necesario. Lo siento.<\/p>\n<p>Enrique bes&oacute; las rodillas de Dami&aacute;n, subiendo hasta sus muslos antes de que el joven se retirase, subiendo las piernas a la cama y desviando la mirada.<\/p>\n<p>&ndash;M&iacute;rame, mi amor. Claro que quiero. Cuando te he visto antes con &eacute;l solo quer&iacute;a&hellip; no s&eacute;, partirle la cara y la nariz y demostrarte que yo soy mejor &ndash;confes&oacute; avergonzado&ndash;. Lo que no quiero es hacerlo por los motivos equivocados.<\/p>\n<p>&ndash;Solo necesito saber que me quieres, que no te resulto repugnante.<\/p>\n<p>Aquella confesi&oacute;n a media voz conmovi&oacute; a Enrique pues era lo mismo que &eacute;l hab&iacute;a sentido cuando revel&oacute; su antiguo yo a Dami&aacute;n. Sent&aacute;ndose a su lado en la cama sujet&oacute; la cara del joven por la barbilla, inclin&aacute;ndose y bes&aacute;ndole en los labios con ternura. Dami&aacute;n cerr&oacute; los ojos y abraz&oacute; a Enrique, sin presionarle ni pedir nada. Tan solo buscando asidero y consuelo. Enrique acarici&oacute; las ondas rojizas de Dami&aacute;n con sus dedos, deslizando despu&eacute;s las manos por su cuello.<\/p>\n<p>Sus dedos recorrieron la suave piel de su garganta, la curva de su mand&iacute;bula y la peque&ntilde;a ondulaci&oacute;n que marcaba la nuez de Ad&aacute;n. Mientras, su lengua exploraba cada rinc&oacute;n de la boca de Dami&aacute;n, jugaba con la suya, la provocaba y danzaba a su alrededor hasta que ambos se quedaron sin aire. A diferencia de lo que hab&iacute;a pasado con Mateo, ahora el pene de Dami&aacute;n estaba duro, firme, demandaba atenci&oacute;n formando un m&aacute;s que considerable bulto en el ch&aacute;ndal del joven. Sosteni&eacute;ndole por la cintura Enrique subi&oacute; a Dami&aacute;n a su regazo, abraz&aacute;ndole despu&eacute;s y acariciando su espalda.<\/p>\n<p>Introdujo las manos por dentro de la sudadera y acarici&oacute; la piel tersa y suave de la espalda de Dami&aacute;n que gimi&oacute; y se peg&oacute; m&aacute;s a Enrique quien bes&oacute; su cuello, ascendiendo hasta la mand&iacute;bula. Recorri&oacute; el hueso de lado a lado con besos delicados como el aleteo de una mariposa, apenas ligeros roces que consiguieron estremecer a Dami&aacute;n de pies a cabeza, erizando su piel. La lengua del joven encontr&oacute; el l&oacute;bulo de la oreja y ascendi&oacute; por &eacute;l hasta recorrer por completo el contorno, mientras sus manos trazaban fant&aacute;sticas figuras sobre la espalda de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>Levant&oacute; la sudadera del joven y aprovech&oacute; para sac&aacute;rsela, desnud&aacute;ndole de cintura para arriba. Ech&aacute;ndose moment&aacute;neamente hacia atr&aacute;s contempl&oacute; el cuerpo joven y atl&eacute;tico del chico. Pod&iacute;a apreciar los m&uacute;sculos bajo la piel cremosa, los pezones rosados se endurecieron bajo su escrutinio y su respiraci&oacute;n se aceler&oacute; ligeramente. Rozando la adoraci&oacute;n Enrique desliz&oacute; una de sus manos desde la mand&iacute;bula de Dami&aacute;n hasta su ombligo, deteni&eacute;ndose un instante en la horquilla del estern&oacute;n, acariciando el leve hueco que se formaba justo antes de su pecho. Feroces escalofr&iacute;os de placer sacud&iacute;an el cuerpo de Dami&aacute;n que se aferr&oacute; al Enrique, hundiendo sus largos dedos en los rebeldes mechones casta&ntilde;os.<\/p>\n<p>Mir&aacute;ndole fijamente con esos c&aacute;ndidos ojos azules colmados de amor Enrique se inclin&oacute; hacia delante. Sus labios se posaron en el pectoral izquierdo, cubriendo de besos la piel que rodeaba la aureola al mismo tiempo que su mano trazaba el mismo recorrido en el derecho. Su lengua recorri&oacute; primero la piel m&aacute;s rugosa de la aureola para terminar cercando el pez&oacute;n mientras suaves gemidos escapaban de la boca de Dami&aacute;n. Al mismo tiempo que pellizcaba delicadamente el pez&oacute;n derecho, los dientes de Enrique cerraron su presa sobre el izquierdo, pasando a succionar y lamer alternativamente el delicado bulto de carne.<\/p>\n<p>Rodeando su cintura con el brazo libre Enrique se ech&oacute; hacia delante, tumbando a Dami&aacute;n en la cama y quedando &eacute;l sobre el joven, con el cuerpo entre sus piernas. Ahora su bulto quedaba contra su est&oacute;mago. Enrique pod&iacute;a notar su calor y la larga forma del pene de su novio presionar su cuerpo en una tentadora invitaci&oacute;n que no ignor&oacute;. Bes&oacute; ambos pezones una &uacute;ltima vez e incorpor&aacute;ndose a medias agarr&oacute; la cintura del pantal&oacute;n y lo desliz&oacute; hacia abajo, llev&aacute;ndose consigo el b&oacute;xer tambi&eacute;n. Retir&oacute; completamente ambas prendas y las dej&oacute; caer a los pies de la cama.<\/p>\n<p>Totalmente desnudo, Dami&aacute;n sinti&oacute; verg&uuml;enza por primera vez. No pod&iacute;a evitar recordar la reacci&oacute;n de Mateo, sus crueles palabras. Intentando no dejar traslucir sus sentimientos procur&oacute; quedarse quieto, mirando un punto fijo en el techo para no mirar a Enrique ni su cuerpo. Para su sorpresa, la cara de su novio entr&oacute; en su campo visual cuando este volvi&oacute; a subir en lugar de ir hacia abajo como esperaba. Sus manos retuvieron su cara entre ellas sin ejercer presi&oacute;n, tan solo sosteni&eacute;ndole con dulzura. Firme, pero no demandante.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s bien? &iquest;Quieres que siga?<\/p>\n<p>Su tierna preocupaci&oacute;n pareci&oacute; derretir el coraz&oacute;n de Dami&aacute;n. Enrique le trataba con tanto cuidado y tanta dulzura que aquello bastaba para marcar la diferencia y disipar sus temores. Cogiendo ambas manos bes&oacute; los nudillos y las palmas antes de asentir, sonriendo. Enrique aprovech&oacute; para desnudarse tambi&eacute;n, dejando una de sus manos entrelazada con la de su novio que le observaba con esos ojos de gato tan peculiares. Acomod&aacute;ndose entre sus piernas acarici&oacute; un momento sus muslos antes de volver a besar su vientre, descendiendo desde los pectorales hasta el pubis.<\/p>\n<p>Acarici&oacute; los suaves rizos rojizos del pubis. Era el &uacute;nico chico que conoc&iacute;a al que no estar perfectamente depilado le quedaba tan bien. Incluso con el vello su pene parec&iacute;a grande y atractivo. Enrique pas&oacute; la mano por el vello, acariciando y tirando de &eacute;l suavemente, escuchando los tiernos gemidos de Dami&aacute;n que le solt&oacute; la mano para colocar ambas sobre su cabeza. Los suaves mechones casta&ntilde;os del joven se deslizaron entre sus dedos como si fuesen seda.<\/p>\n<p>Enrique baj&oacute; m&aacute;s por el cuerpo de su novio, ignorando su pene por el momento. En cuanto lleg&oacute; a las rodillas bes&oacute; la piel de sus piernas, ascendiendo despu&eacute;s por la cara interna de los muslos mientras alternaba entre besos y suaves mordiscos. Trazando un camino sinuoso a comparsa de los gemidos y los jadeos de Dami&aacute;n. Recordando c&oacute;mo se hab&iacute;a sentido &eacute;l, imit&oacute; a Dami&aacute;n. Mordi&oacute; una peque&ntilde;a porci&oacute;n de la piel tierna de su muslo, muy cerca ya de los test&iacute;culos, y clav&oacute; sus dientes casi hasta el punto del dolor, aunque sin llegar a traspasar la piel en ning&uacute;n momento.<\/p>\n<p>La reacci&oacute;n del joven fue autom&aacute;tica. Dami&aacute;n cerr&oacute; sus piernas de golpe, apretando entre ellas la cabeza de su novio que sonri&oacute; y pas&oacute; la lengua por la marca de dientes reci&eacute;n dejada. Girando apenas la cabeza repiti&oacute; el proceso un poco m&aacute;s abajo, acerc&aacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s a los test&iacute;culos del joven que se aferraba con fuerza a su cabello, tirando de &eacute;l incluso. Pronto los muslos cremosos de Dami&aacute;n estuvieron cubiertos de marcas rojizas de dientes y chupetones que iban desde la mitad de la cara interna del muslo hasta sus test&iacute;culos. Retir&aacute;ndose un momento Enrique pas&oacute; la lengua por ellos, recorriendo la l&iacute;nea media y ascendiendo despu&eacute;s por el pene hasta el glande.<\/p>\n<p>Sujet&aacute;ndolo por la base elev&oacute; de nuevo el prepucio, captur&aacute;ndolo con los labios e introduciendo la punta de la lengua entre la fina piel y el glande, cubriendo ambos de saliva. Las u&ntilde;as de Dami&aacute;n rascaron su cabeza cuando aferr&oacute; su pelo en sendos pu&ntilde;os al tiempo que su novio rodeaba su glande con la lengua hasta presionar la punta contra el orificio. Los gemidos de Dami&aacute;n crecieron en intensidad mientras Enrique met&iacute;a el glande completo en su boca. Sus labios apretaron la corona antes de deslizarse por todo el tronco. Acariciando los test&iacute;culos de su novio fue tragando despacio, acostumbr&aacute;ndose al enorme tama&ntilde;o de Dami&aacute;n que jadeaba sin tregua.<\/p>\n<p>Trag&oacute; despacio una y otra vez, dejando que el pene se deslizase dentro de su garganta hasta que su nariz qued&oacute; contra el pubis de Dami&aacute;n. Poder tragarle entero, los casi veintid&oacute;s cent&iacute;metros, le llenaba de orgullo. Mirando a su novio recorri&oacute; con la lengua todas y cada una de las venas de su pene mientras lo sacaba de su boca. Las caderas del joven comenzaron a moverse al mismo tiempo que lo hac&iacute;a Enrique, acompa&ntilde;&aacute;ndole y llegando m&aacute;s hondo en su garganta. Conocedor de lo mucho que le gustaba a Dami&aacute;n eso, cogi&oacute; una de sus manos y la apret&oacute; contra su garganta. Movi&oacute; la cabeza arriba y abajo y presion&oacute; m&aacute;s la mano contra su cuello, dejando que Dami&aacute;n sintiese como su pene invad&iacute;a su estrecha garganta.<\/p>\n<p>&ndash;Para, para &ndash;jade&oacute; Dami&aacute;n tirando de su pelo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; ocurre? &iquest;Est&aacute;s bien, quieres parar? &ndash;pregunt&oacute; en cuanto tuvo la boca libre.<\/p>\n<p>&ndash;No, no quiero parar, pero si sigues as&iacute; voy a correrme &ndash;confes&oacute; sonriendo&ndash;, y preferir&iacute;a terminar juntos, si puede ser.<\/p>\n<p>&ndash;Oh, cari&ntilde;o&hellip; No te preocupes por eso.<\/p>\n<p>Con una sonrisa traviesa Enrique reanud&oacute; su asalto sobre el chico, separando sus piernas y bajando hasta encontrar el ano de Dami&aacute;n. Su lengua recorri&oacute; cada uno de los peque&ntilde;os pliegues que conformaban la entrada al tiempo que sus dedos comenzaban a presionar suavemente, entrando tan despacio que el chico gimi&oacute; y se movi&oacute; inconscientemente, buscando m&aacute;s. Enrique le sujet&oacute; con dulzura por las caderas y pas&oacute; sus piernas sobre sus hombros, dej&aacute;ndole completamente expuesto. Su lengua encontr&oacute; el camino dentro del joven y, acompa&ntilde;&aacute;ndola por uno de sus dedos, estimul&oacute; la pr&oacute;stata de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>Los gemidos del joven se intensificaron m&aacute;s y m&aacute;s conforme los dedos curiosos de Enrique se iban adentrando en su recto, abri&eacute;ndolo y prepar&aacute;ndolo para recibir su pene. Sent&iacute;a la saliva caliente y h&uacute;meda deslizarse entre sus nalgas, enfri&aacute;ndose conforme iba cayendo y sec&aacute;ndose sobre su piel. Introdujo tres dedos y los movi&oacute; juntos, abri&eacute;ndolos despu&eacute;s y separ&aacute;ndolos para dilatar m&aacute;s. Su lengua consigui&oacute; introducirse con facilidad, recorriendo el interior c&aacute;lido, aunque ya no tan estrecho.<\/p>\n<p>Subiendo de nuevo acomod&oacute; mejor las piernas de su novio sobre sus hombros. No fue directo a penetrarle, en su lugar junt&oacute; su pene con el de Dami&aacute;n, frot&aacute;ndolos a ambos a la vez mientras besaba la mand&iacute;bula del joven, sus mejillas y en especial los hoyuelos, ampliamente marcados ahora debido a la sonrisa del chico. Con id&eacute;ntica sonrisa apoy&oacute; el glande de su pene contra el ano del joven, resisti&eacute;ndose a empujar.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Preparado?<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, por favor. Por favor, cari&ntilde;o&hellip;<\/p>\n<p>Su s&uacute;plica era demasiado dulce. Irresistible. Moviendo lentamente las caderas entr&oacute; despacio. Su pene se adentr&oacute; en el estrecho interior de Dami&aacute;n que gimi&oacute; y se agarr&oacute; a Enrique, clavando sus u&ntilde;as en la espalda desnuda del joven. Acarici&oacute; sus rebeldes mechones casta&ntilde;os, ligeramente h&uacute;medos de sudor, y se hundi&oacute; en sus claros y limpios ojos azules. Puede que Enrique no tuviese tanta experiencia como Mateo o &eacute;l mismo, pero compensaba eso con su absoluta sinceridad y su amor incondicional. Dami&aacute;n bes&oacute; tiernamente al joven, sintiendo como por fin entraban sus dieciocho cent&iacute;metros al completo y como su cuerpo c&aacute;lido y suave se apretaba contra el suyo.<\/p>\n<p>Atento a las reacciones de Dami&aacute;n, Enrique comenz&oacute; a moverse. Se desliz&oacute; hasta que tan solo su glande qued&oacute; dentro para volver a entrar igual de despacio, sin dejar de mover su mano por el pene de Dami&aacute;n. Gotas de l&iacute;quido preseminal manchaban sus dedos, haciendo m&aacute;s sencilla la tarea de masturbarle. Sus gemidos sonaban justo en su o&iacute;do mientras recorr&iacute;a a besos la suave curva de su mand&iacute;bula, descendiendo por su cuello hasta la nuez de Ad&aacute;n.<\/p>\n<p>Enrique gimi&oacute; a su vez, dejando sus labios presionados contra la suave piel del hombro de Dami&aacute;n. Besando el hematoma causado por el agarre de Mateo con infinita ternura comenz&oacute; a moverse m&aacute;s deprisa. Sus caderas se impulsaban adelante y atr&aacute;s sin tregua, cada vez m&aacute;s deprisa, sumando el r&iacute;tmico entrechocar de sus cuerpos al sonido de sus gemidos y jadeos. Lo que al principio hab&iacute;a sido un lento goteo de l&iacute;quido preseminal ahora era casi un chorro continuo, y al bajar la vista Enrique pudo ver el glande de Dami&aacute;n brillante, h&uacute;medo y enrojecido.<\/p>\n<p>Con una sonrisa descendi&oacute; desde su cuello hasta los pezones y mordisque&oacute; el izquierdo mientras bombeaba con m&aacute;s fuerza. Las u&ntilde;as de Dami&aacute;n se clavaron en su nuca y sinti&oacute; como su torso se arqueaba soltando un fuerte gemido que el joven silenci&oacute; con un beso. Espesos chorros de semen mancharon el pecho de ambos y cayeron sobre el vientre de Dami&aacute;n que jadeaba con fuerza. Enrique imprimi&oacute; toda la velocidad que pudo a su pelvis, hundi&eacute;ndose una y otra y otra vez en Dami&aacute;n hasta que su propio orgasmo le alcanz&oacute;, depositando su semen en el interior de su novio que a&uacute;n se aferraba con fuerza a &eacute;l.<\/p>\n<p>Con cuidado para no hacerle da&ntilde;o le ayud&oacute; a bajar las piernas, no sin antes volver a besar cada uno de los muslos de Dami&aacute;n que acarici&oacute; su cara con ternura. Enrique lami&oacute; el semen del joven de su pecho y vientre, limpi&aacute;ndose a s&iacute; mismo con un pa&ntilde;uelo de papel que sac&oacute; de la mochila para tumbarse despu&eacute;s al lado de Dami&aacute;n. El chico se acomod&oacute; junto a Dami&aacute;n y le estrech&oacute; entre sus brazos, tap&aacute;ndole con las mantas.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s bien? &ndash;inquiri&oacute; Enrique preocupado acariciando las ondas cobrizas de Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Mejor que bien. Te quiero, te quiero much&iacute;simo.<\/p>\n<p>&ndash;Deber&iacute;amos bajar y pasar un rato con tu abuela, seguro que est&aacute; preocupada.<\/p>\n<p>&ndash;En un rato. Ahora quiero estar contigo un poquito m&aacute;s &ndash;susurr&oacute; acomod&aacute;ndose sobre el pecho de Enrique que se rio y bes&oacute; suavemente su nuca.<\/p>\n<p>&ndash;Yo tambi&eacute;n te quiero much&iacute;simo.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Gracias a todos por leer este octavo relato de la saga y por el apoyo dado. Espero de coraz&oacute;n que os haya gustado y que sig&aacute;is apoyando esta serie.<\/p>\n<p>Si en alg&uacute;n momento os encontr&aacute;is en la misma situaci&oacute;n que la que se refleja aqu&iacute; entre Dami&aacute;n y Mateo, pedid ayuda. No importa vuestra orientaci&oacute;n sexual o g&eacute;nero, sois v&aacute;lidos y merec&eacute;is recibir ayuda profesional. Que nadie os convenza de lo contrario.<\/p>\n<p>Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 La amplia extensi&oacute;n consegu&iacute;a hacer palidecer la exuberante belleza del delantero. Ornado con pulcros parterres de coloridas flores, inmensos &aacute;rboles de lilas desprovistos ya de sus flores sombreaban parcialmente el c&eacute;sped de intenso color esmeralda. 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