{"id":47512,"date":"2024-06-11T22:00:00","date_gmt":"2024-06-11T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-06-11T22:00:00","modified_gmt":"2024-06-11T22:00:00","slug":"el-juego-prohibido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-juego-prohibido\/","title":{"rendered":"El juego prohibido"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"47512\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">7<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Me llamo Mar&iacute;a, tengo 21 a&ntilde;os y estudio literatura en la universidad. Las noches son mi refugio, cuando la casa est&aacute; en silencio y puedo perderme entre las p&aacute;ginas de mis novelas de BDSM. Nunca pens&eacute; que alguien descubrir&iacute;a mi peque&ntilde;o secreto, pero Carlos, mi hermano mayor de 25 a&ntilde;os, lo hizo.<\/p>\n<p>Nuestros padres decidieron tomarse unas vacaciones, dej&aacute;ndonos solos en casa. La ausencia de ellos no fue exactamente como esperaba: la nevera vac&iacute;a, el olor a humedad en el aire, y el constante sonido de la televisi&oacute;n de Carlos retumbando en las paredes.<\/p>\n<p>Sospechaba que Carlos hab&iacute;a le&iacute;do mi diario. Para descubrirlo, escrib&iacute; una fantas&iacute;a sobre ser dominada por &eacute;l. Mi plan era avergonzarlo, pero Carlos es un rival astuto; me sigui&oacute; el juego y dej&oacute; un contrato con todos los detalles de nuestra relaci&oacute;n amo-sumisa dentro de mi diario.<\/p>\n<p>Empiezo a leer el contrato, sintiendo una mezcla de verg&uuml;enza y rabia al ver las condiciones. Carlos tendr&iacute;a acceso a mi cuerpo cuando &eacute;l lo deseara, sus castigos ser&iacute;an spanking, y nuestra relaci&oacute;n terminar&iacute;a cuando regresaran mis padres. Mi orgullo me impulsa a firmarlo como una muestra de que quiero devolverle la jugada psicol&oacute;gica, para ver hasta d&oacute;nde est&aacute; dispuesto a llegar. No me rendir&eacute; sin dar batalla en este juego psicol&oacute;gico, pues tambi&eacute;n percibo el miedo y la verg&uuml;enza en &eacute;l al no poder mirarme a la cara y decirlo de frente.<\/p>\n<p>Una vez lo firm&eacute;, mientras &eacute;l ve&iacute;a la tele en la sala, tir&eacute; el contrato sobre la mesa dej&aacute;ndolo caer con impacto para ver su cara de verg&uuml;enza al sentir que yo soy capaz de jugar. Me retir&eacute; a mi cuarto creyendo que hab&iacute;a ganado, al ver que Carlos se march&oacute; a la calle.<\/p>\n<p>Pasadas dos horas, Carlos regres&oacute; a la casa y abri&oacute; la puerta de mi cuarto, lanzando un paquete sobre mi cama. Me dijo que me esperaba en la sala en 10 minutos. Al abrir el paquete, descubr&iacute; ropa de lencer&iacute;a muy sexy, lo que me llen&oacute; de verg&uuml;enza. Pasaron unos veinte minutos de indecisi&oacute;n y finalmente decid&iacute; jugar; no lo dejar&iacute;a ganar.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a la sala, diez minutos tarde, deliberadamente. Carlos estaba sentado en el sill&oacute;n, su expresi&oacute;n oscura. Sin decir una palabra, se&ntilde;al&oacute; el reloj, la tensi&oacute;n palpable en el aire. Sent&iacute; un nudo en el est&oacute;mago, pero mantuve mi postura desafiante. Quer&iacute;a ver si era capaz de seguir adelante con el castigo, si realmente estaba dispuesto a cumplir con su parte del contrato.<\/p>\n<p>Carlos se levant&oacute;, sus pasos lentos y medidos. Me tom&oacute; del brazo y me llev&oacute; hacia el sof&aacute;, su mano firme. Sent&iacute; una mezcla de miedo y anticipaci&oacute;n, la lencer&iacute;a rozando mi piel sensible. Me orden&oacute; inclinarme, y dud&eacute; un segundo antes de obedecer. La verg&uuml;enza se mezclaba con la excitaci&oacute;n, la tela suave contra mi piel desnuda.<\/p>\n<p>Sent&iacute; su mano levantarse, y el primer golpe reson&oacute; en la habitaci&oacute;n con un fuerte &quot;&iexcl;plas!&quot;. El dolor era punzante, un ardor que se extend&iacute;a r&aacute;pidamente. Cada golpe siguiente intensificaba esa mezcla de sensaciones. &quot;&iexcl;Plas! &iexcl;Plas!&quot;, los sonidos llenaban el aire, y mi respiraci&oacute;n se hac&iacute;a m&aacute;s pesada. No pude contenerme m&aacute;s y romp&iacute; a llorar, l&aacute;grimas calientes corriendo por mis mejillas. El llanto no era solo de dolor, sino de liberaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Las l&aacute;grimas ca&iacute;an silenciosas, mezcl&aacute;ndose con el sudor que perlaba mi frente. Sent&iacute; una oleada de rabia mezclada con desesperaci&oacute;n; sab&iacute;a que a&uacute;n no hab&iacute;amos cruzado la l&iacute;nea del sexo, y esa iba a ser mi carta bajo la manga. Sab&iacute;a que no era capaz, que solo trataba de hacerme perder. Empec&eacute; a creer que en ese momento &eacute;l se iba a rendir.<\/p>\n<p>Carlos me dej&oacute; tranquila por el resto de la tarde, pensativo y callado. Creo que meditaba lo ocurrido. Una oleada de victoria me invadi&oacute; al ver que todo se mantuvo sin sexo. Decid&iacute; vestirme con una malla bien ajustada, haciendo &eacute;nfasis en mi vagina, para provocar su deseo sexual. Mientras cen&aacute;bamos en el comedor, lo mir&eacute; a los ojos y, con voz desafiante y llena de poder y sexualidad, le dije: &quot;Puedes renunciar si quieres&quot;.<\/p>\n<p>Regres&eacute; a mi habitaci&oacute;n, con el coraz&oacute;n aun latiendo por la intriga y la tensi&oacute;n sin resolver. Sab&iacute;a que mi desaf&iacute;o no hab&iacute;a sido respondido por Carlos; su temor ante el tab&uacute; parec&iacute;a haberle paralizado. Sin embargo, no pude evitar sentir una oleada de enojo mezclada con una excitante sensaci&oacute;n de poder. Conoc&iacute;a bien su terquedad y su competitividad; sab&iacute;a que este juego estaba lejos de terminar.<\/p>\n<p>Me recost&eacute; en la cama, sintiendo el peso de la incertidumbre sobre mis hombros. Aunque hab&iacute;a provocado su ira, tambi&eacute;n hab&iacute;a sembrado la semilla del desaf&iacute;o. Sab&iacute;a que &eacute;l responder&iacute;a de alguna manera, quiz&aacute;s no de inmediato, pero estaba segura de que no dejar&iacute;a pasar mi atrevimiento sin consecuencias. La idea me excitaba y me aterraba al mismo tiempo, pero estaba lista para lo que viniera.<\/p>\n<p>La oscuridad de la habitaci&oacute;n era s&oacute;lo un reflejo de la tormenta emocional que se agitaba dentro de m&iacute;. Mis pensamientos daban vueltas, anticipando el pr&oacute;ximo movimiento de Carlos, pregunt&aacute;ndome qu&eacute; forma tomar&iacute;a su respuesta. A pesar de la tensi&oacute;n, una chispa de emoci&oacute;n se encendi&oacute; en lo m&aacute;s profundo de mi ser, alimentando mi determinaci&oacute;n de no retroceder en este juego de poder que hab&iacute;amos comenzado<\/p>\n<p>La tensi&oacute;n se corta en el aire cuando escucho un ligero golpe en mi puerta. Al no recibir respuesta, me incorporo en la cama y me acerco, notando que la puerta est&aacute; entreabierta, sin seguro. &quot;Pasa&quot;, murmuro, pero el silencio es la &uacute;nica respuesta que obtengo. Intrigada, me levanto y me acerco a la puerta, encontrando una nota escrita a mano en una hoja en blanco. Mis ojos siguen las palabras con una mezcla de sorpresa y miedo: &quot;Te espero en mi habitaci&oacute;n para hacerte m&iacute;a&quot;.<\/p>\n<p>Mi coraz&oacute;n comienza a latir con fuerza, la respiraci&oacute;n se agita y el miedo se acrecienta. Este era su movimiento, su respuesta a mi desaf&iacute;o. Pero su debilidad al no entrar directamente en mi habitaci&oacute;n me da una ventaja. Si piensa que con esta nota me rendir&eacute;, se equivoca. Es mi oportunidad de hacer que se rinda, de demostrarle que no soy tan f&aacute;cilmente dominada como &eacute;l cree. La decisi&oacute;n est&aacute; tomada; no retroceder&eacute; en este juego de poder que hemos comenzado.<\/p>\n<p>Decido confrontar la situaci&oacute;n de frente, con una determinaci&oacute;n fr&iacute;a palpable en mi mirada. Salgo de mi habitaci&oacute;n y me dirijo hacia la suya con paso firme, el coraz&oacute;n latiendo con fuerza en mi pecho. Golpeo su puerta con fuerza, sin darle tiempo para anticiparse.<\/p>\n<p>La puerta se abre de golpe, revelando a Carlos en el umbral. Su expresi&oacute;n es una mezcla de desaf&iacute;o y expectativa mientras me observa con atenci&oacute;n. Sin decir una palabra, me toma de la mano y me arrastra hacia su habitaci&oacute;n, cerrando la puerta con un golpe seco detr&aacute;s de nosotros.<\/p>\n<p>Decidida a demostrar mi valent&iacute;a y desafiar su autoridad, subo a la cama sin titubear. Sin mediar palabra, me bajo las bragas y adopt&oacute; una posici&oacute;n de cuatro patas, lista para ser penetrada. S&eacute; que se va a rendir ante mi desaf&iacute;o.<\/p>\n<p>Carlos acepta el desaf&iacute;o, su presencia llena la habitaci&oacute;n con un aire de dominio. Me penetra, el sonido de nuestros cuerpos chocando y las s&aacute;banas crujientes se mezclan con mis gemidos y suspiros. Mis gritos retumban en la habitaci&oacute;n, acompa&ntilde;ados por el sonido de sus manos impactando mi trasero: &quot;&iexcl;Plas! &iexcl;Plas!&quot;. Cada embestida es salvaje, cada movimiento lleno de intensidad y pasi&oacute;n. Carlos ejerce su dominio sobre mi cuerpo con fuerza y determinaci&oacute;n, llev&aacute;ndome al &eacute;xtasis con cada movimiento. En ese momento, me entrego por completo al placer, dej&aacute;ndome llevar por la vor&aacute;gine de sensaciones.<\/p>\n<p>Una vez que todo termin&oacute;, me levant&eacute; y volv&iacute; a mi habitaci&oacute;n. Cerr&eacute; la puerta y me dej&eacute; caer en la cama. Las l&aacute;grimas comenzaron a correr por mi rostro antes de que siquiera pudiera entender lo que estaba sintiendo. El silencio de la casa, solo roto por mis sollozos, era ensordecedor.<\/p>\n<p>Me sent&iacute;a miserable, como una puta barata. No pod&iacute;a creer lo que hab&iacute;a hecho. El deseo de ganar ese juego est&uacute;pido hab&iacute;a nublado mi juicio, llev&aacute;ndome a romper todas las barreras del decoro y la moral. Ahora, la culpa y la verg&uuml;enza me consum&iacute;an. No pod&iacute;a dejar de pensar en la expresi&oacute;n de Carlos, en la intensidad de lo que hab&iacute;amos compartido. Todo se sent&iacute;a sucio, roto.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Qu&eacute; me pasa?&quot; me pregunt&eacute; en voz baja, mi voz temblando con el peso de las emociones. &quot;&iquest;C&oacute;mo pude caer tan bajo?&quot;<\/p>\n<p>Me acurruqu&eacute; en posici&oacute;n fetal, abrazando mis rodillas con fuerza. Las l&aacute;grimas no dejaban de brotar, limpiando una parte de la suciedad que sent&iacute;a dentro de m&iacute;. La habitaci&oacute;n, que hab&iacute;a sido mi refugio, ahora se sent&iacute;a como una prisi&oacute;n. Cada rinc&oacute;n me recordaba lo que hab&iacute;a sucedido en la habitaci&oacute;n de Carlos, la intensidad del momento, el dolor y el placer mezclados en una danza retorcida.<\/p>\n<p>Quer&iacute;a desaparecer, borrar ese momento de mi vida. Pero sab&iacute;a que no pod&iacute;a. Tendr&iacute;a que vivir con las consecuencias de mis acciones, enfrentando la realidad de lo que hab&iacute;a hecho. La batalla hab&iacute;a dejado cicatrices, no solo en mi cuerpo, sino en mi alma.<\/p>\n<p>Carlos me llevaba m&aacute;s y m&aacute;s adentro de su mundo oscuro. Cada d&iacute;a, me empujaba m&aacute;s all&aacute; de mis l&iacute;mites, poniendo a prueba mi resistencia y mi voluntad. Disfrutaba humill&aacute;ndome, encontrando placer en mi sumisi&oacute;n y en la sensaci&oacute;n de poder absoluto que ejerc&iacute;a sobre m&iacute;. Uno de sus juegos consist&iacute;a en la garganta profunda, oblig&aacute;ndome a chupar y tragarme todo, convirti&eacute;ndome en su puta.<\/p>\n<p>Me somet&iacute;a a pruebas cada vez m&aacute;s degradantes, despoj&aacute;ndome de mi dignidad y autoestima. Me obligaba a realizar actos de sumisi&oacute;n en privado, exponi&eacute;ndome a su control y a la sensaci&oacute;n de humillaci&oacute;n constante. A pesar del dolor y la humillaci&oacute;n, no renunciaba. Sin previo aviso, aparec&iacute;a, me bajaba las bragas y me follaba. Me obligaba a estar siempre sin ropa interior, solo para su placer, para penetrarme cuando le diera la gana.<\/p>\n<p>Me aferraba a mi orgullo herido, neg&aacute;ndome a darle a Carlos la satisfacci&oacute;n de la rendici&oacute;n. Cada d&iacute;a que pasaba, mi odio hacia &eacute;l crec&iacute;a, pero tambi&eacute;n lo hac&iacute;a mi determinaci&oacute;n de no permitir que me quebrara. La batalla se volv&iacute;a m&aacute;s intensa con el tiempo, y yo sab&iacute;a que llegar&iacute;a un punto en el que tendr&iacute;a que elegir entre mi dignidad y mi cordura.<\/p>\n<p>Pero por ahora, segu&iacute;a resistiendo, aferr&aacute;ndome a la esperanza de que alg&uacute;n d&iacute;a encontrar&iacute;a una forma de escapar de las cadenas que Carlos hab&iacute;a puesto a mi alrededor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>7 Me llamo Mar&iacute;a, tengo 21 a&ntilde;os y estudio literatura en la universidad. Las noches son mi refugio, cuando la casa est&aacute; en silencio y puedo perderme entre las p&aacute;ginas de mis novelas de BDSM. 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