{"id":47524,"date":"2024-06-13T22:00:00","date_gmt":"2024-06-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2024-06-13T22:00:00","modified_gmt":"2024-06-13T22:00:00","slug":"una-esposa-modelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/una-esposa-modelo\/","title":{"rendered":"Una esposa modelo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"47524\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">24<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El semen cay&oacute; en la lengua de Isabel. Se hab&iacute;a arrodillado frente a Alejandro y me miraba, orgullosa, mientras su marido dejaba chorrear su leche en su boca hambrienta. La esposa de mi a amante era una reina. M&aacute;s all&aacute; de los plugs que ocupaban nuestros culos respectivos en aquel momento, ten&iacute;amos en com&uacute;n un morbo desproporcionado e indomable.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a llegado a esta maravilla? Pues con m&aacute;s facilidad que lo que me hubiera imaginado.<\/p>\n<p>Con Alejandro compart&iacute;amos la fantas&iacute;a de un trio con su esposa. A escondidas, me hab&iacute;a mandado fotos y videos de sus momentos m&aacute;s &iacute;ntimos y verlos en plena acci&oacute;n me hab&iacute;a particularmente arrechado. Como &eacute;l, Isabel me llevaba diez a&ntilde;os y, como &eacute;l, el tiempo no parec&iacute;a tener cualquier incidencia sobre su cuerpo y su cara. Con unos 44 a&ntilde;os, era una mujer delgada, con las piernas y los brazos finos y firmes, tanto como sus senos. Seguro que todas sus amigas le envidiaban estos hermosos duraznos de quincea&ntilde;era. Su piel bronceada era orneada por unos lunares oscuros y preciosos, en particular su nuca. La hab&iacute;a podido observar en detalle gracias a un video que Alejandro hab&iacute;a grabado desde su punto de vista, mientras la cachaba en cuatro, agarrando su abundante melena morena para que se arqueara m&aacute;s. Isabel no se hab&iacute;a todav&iacute;a enterado de mi existencia que yo ya conoc&iacute;a cualquier rinc&oacute;n de su anatom&iacute;a, de su boca de excelente chupadora a su ano obediente, pasando por sus pezones siempre erguidos y sus ojos marrones de zorra insaciable.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de nuestro &uacute;ltimo encuentro [ver cuento Cicatriz] con Alejandro hab&iacute;amos establecido un plan imparable para poder acabar los tres en la misma cama. Las ganas de Isabel de tener un trio con otra mujer hab&iacute;an facilitado las cosas. Solo nos hab&iacute;a tocado encontrar una forma de &ldquo;conocerme&rdquo;, dado que mi relaci&oacute;n con su esposo deb&iacute;a quedarse secreta. A &eacute;l se le hab&iacute;a ocurrido explicarle que recib&iacute;an a algunos colaboradores suizos y que hab&iacute;an ido a cenar despu&eacute;s de firmar un nuevo contrato. Era un viernes lo cual su hija hab&iacute;a ido a dormir en casa de una compa&ntilde;era del colegio y, para no pasar la noche sola, Isabel se hab&iacute;a juntado con un par de amigas para tomar una copa en su bar favorito. De ah&iacute;, las cosas hab&iacute;an sido de una sencillez indecente: me hab&iacute;a llevado al bar despu&eacute;s de la supuesta cena entre colegas y, al presentarme a su esposa, le hab&iacute;a dicho discretamente &ndash; supuestamente para que yo no lo escuchara &ndash; que hab&iacute;a sentido alguna qu&iacute;mica entre nosotros y que le tra&iacute;a a una potencial compa&ntilde;era para compartirlo. &iquest;Se parece un escenario de pel&iacute;cula? Vaya, &iexcl;perd&oacute;nenme por tener tanta suerte!<\/p>\n<p>Viv&iacute;an en el centro de la ciudad, en un departamento amplio, con un interior moderno. La sala de estar y su sof&aacute; de cuero negro parec&iacute;an sacados de una revista de design, cada mueble u objeto de decoraci&oacute;n estaba colocado con gusto y precisi&oacute;n. Reconoc&iacute; inmediatamente la afici&oacute;n de mi amante para las cosas bellas y ordenadas. Sin ser un mani&aacute;tico del orden, le gustaba organizar su trabajo y el espacio en lo cual viv&iacute;a de una manera meticulosa. A la ocasi&oacute;n de uno de nuestros encuentros, me hab&iacute;a ense&ntilde;ado fotos de su cocina, una cocina de cat&aacute;logo, perfectamente pulcra. Me hab&iacute;a llamado la atenci&oacute;n la isla central y su mesa de trabajo de m&aacute;rmol blanco, con una cesta de metal que conten&iacute;a naranjas &ndash; una mancha de color calculada&ndash;, y sus cuchillos brillantes, ordenados del m&aacute;s grande hacia el m&aacute;s peque&ntilde;o en un im&aacute;n colocado en la pared. Me acord&eacute; lo chistoso que me hab&iacute;a parecido el desface total entre la foto de su cocina donde reinaban el orden y la precisi&oacute;n, y su persona en aquel momento: echado en una cama desordenada por nuestros retozos, sudado, con las mejillas y la barba todav&iacute;a mojadas por mis fluidos. Alejandro era un hombre de contrastes.<\/p>\n<p>No hubo el cl&aacute;sico &ldquo;&iquest;Tomamos un vino?&rdquo; que se hubiera podido imaginar para que nos pongamos c&oacute;modos, no hac&iacute;a falta. Los tres est&aacute;bamos completamente listos y con ganas de la misma cosa, ni siquiera hab&iacute;amos hablado en el camino desde el bar. Apenas llegados, Isabel me invit&oacute; a seguirla hacia el ba&ntilde;o de la forma m&aacute;s natural del universo.<\/p>\n<p>&mdash;Sandra, voy a tomar una ducha r&aacute;pida, &iquest;quieres ir conmigo?<\/p>\n<p>Asent&iacute; en silencio, tomando la mano que me ofrec&iacute;a. Cerr&oacute; la puerta detr&aacute;s de m&iacute;o, abri&oacute; el agua en la ducha italiana y se quit&oacute; la ropa. Me sorprend&iacute;a su actitud tan segura, no parec&iacute;a incomodada al desvelarme su intimidad, al contrario. Met&iacute; eso en la cuenta de que ten&iacute;a un cuerpo hermoso y que le gustaba ense&ntilde;arlo. Alejandro me hab&iacute;a contado que cuando no ten&iacute;an a su hija con ellos, los dos sol&iacute;an ir a playas escondidas para poder disfrutar del sol desnudos. Obviamente, estas salidas de verano no se limitaban a tomar el sol y ba&ntilde;arse, como lo hab&iacute;a podido comprobar con un video suyo. A m&iacute; nunca me hab&iacute;a molestado desnudarme frente a mujeres, lo hac&iacute;a cada vez que iba a la piscina y la experiencia s&aacute;fica que hab&iacute;a tenido hac&iacute;a un a&ntilde;o (ver relato &ldquo;<a href=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/carmela\/\">Carmela<\/a>&rdquo;) hab&iacute;a terminado de quitarme cualquier pudor en presencia de una mujer. Pero al ver en persona a Isabel, perd&iacute; mi facilidad en bajarme los pantalones. Compar&eacute; su cuerpo con lo que ve&iacute;a del m&iacute;o y la inquietud de disgustarle me invadi&oacute; un breve instante.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te vas a duchar vestida? &mdash;me pregunt&oacute;, riendo, al ver que me quedaba inm&oacute;vil mir&aacute;ndola.<\/p>\n<p>Le contest&eacute; que claro que no, escondiendo mi timidez, quit&aacute;ndome tambi&eacute;n la ropa, mirando el piso, un toque inc&oacute;moda. Isabel se meti&oacute; bajo el chorro de agua y abri&oacute; los brazos a modo de invitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ven, rel&aacute;jate&hellip; Vamos a pasar un buen momento&hellip;<\/p>\n<p>La alcanc&eacute; y su abrazo hizo volar mis dudas e inquietudes. Abrazaba como su esposo, con una mezcla perfecta de ternura y deseo. El agua chorreaba sobre nuestros cuerpos desnudos, nuestros senos se pegaron, perec&iacute;a que nuestros pezones se besaban. Alejandro entr&oacute; en el ba&ntilde;o mientras la excitaci&oacute;n me sumerg&iacute;a. Se qued&oacute; fuera de la ducha, mir&aacute;ndonos. Isabel, que le daba la espalda fue la que empez&oacute; las festividades, al pasar su mano entre mis piernas para amasar suavemente mi intimidad. Agarr&eacute; una de sus nalgas, era firme y redonda, me entraron unas ganas de exprimirla con fuerza y clavarle las u&ntilde;as. Mir&eacute; a mi amante como para pedirle permiso quien, con un ligero movimiento de cabeza, me dio la luz verde.<\/p>\n<p>Lo hice, gimi&oacute; y su boca se peg&oacute; a la m&iacute;a, como si fuera la se&ntilde;al que esperaba. El contacto de su barbilla suave contra la m&iacute;a me extra&ntilde;&oacute; un instante, siempre me sorprend&iacute;a esta sensaci&oacute;n al besar a una mujer. Pero al encontrar su lengua, mi excitaci&oacute;n duplic&oacute;, haciendo volar cualquier duda. La reacci&oacute;n de Isabel al ligero dolor de mis u&ntilde;as en su nalga me anim&oacute; a seguir en esta direcci&oacute;n, tom&eacute; uno de sus pezones y lo hice rolar entre mis dedos, como me gustaba que a m&iacute; se me lo hiciera. Su beso se hizo m&aacute;s intenso y su mano apret&oacute; mi entrepierna con m&aacute;s fuerza, entend&iacute; que mi gesto faltaba de convicci&oacute;n. Era claro que su placer en el dolor estaba a otro nivel que el m&iacute;o. Pellizqu&eacute; su pez&oacute;n m&aacute;s fuerte, pasando el l&iacute;mite de lo que yo pod&iacute;a aguantar. Tuvo un respiro hondo y su boca se acerc&oacute; de mi oreja.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; es como me gusta &mdash;me susurr&oacute;.<\/p>\n<p>Alejandro desabrochaba los botones de su camisa mirando mi mano amasar y ara&ntilde;ar el culo de su esposa. Nos sonre&iacute;mos. Dio un paso en la ducha para agarrar un gel de ba&ntilde;o y dejar caer una gota en la mano que le tend&iacute; espont&aacute;neamente. La escena pasaba a espaladas de Isabel que parec&iacute;a saber exactamente lo que le est&aacute;bamos preparando al ver como meneaba lentamente su culo. Nuestras bocas se hab&iacute;an dejado y ahora me besaba y me lamia el cuello. Sus lenguazos tiernos de gata agradecida se mezclaban con el chorro del agua tibia. Entre mis piernas ya ard&iacute;a un fuego vivo. Untado con algo de gel, uno de mis dedos pas&oacute; entre sus nalgas, buscando su hueco. Isabel se arque&oacute;, era lo que esperaba. No me hizo falta apretar su ano para penetrarlo, ella misma lo busc&oacute;, mientras su lengua bajaba de mi cuello a mi teta, con un gemido de placer. Me reconoc&iacute; en su actitud. &iquest;Cu&aacute;ntas veces hab&iacute;a buscado los dedos que se me presentaba para que uno de mis agujeros se los tragara? A Alejandro le gustaba esta actitud que traduc&iacute;a unas ganas intensas, entonces imag&iacute;nense cu&aacute;nto le complac&iacute;a ver el espect&aacute;culo que le est&aacute;bamos regalando.<\/p>\n<p>Tocaba su verga a trav&eacute;s de su jean y su boca se hab&iacute;a entreabierto. Adivinar su lengua brillante de saliva me arrechaba tanto como sentir el ano de su mujer apretar mi dedo, quer&iacute;a cacharla y ser cachada por &eacute;l. Isabel se puso a mover el culo con m&aacute;s insistencia, entend&iacute; sin esfuerzos que quer&iacute;a que la abriera un poco m&aacute;s. Un segundo y, r&aacute;pidamente un tercer dedo alcanz&oacute; al primero en su culo mientras me mamaba. Siempre hab&iacute;a tenido los pezones muy sensibles, hac&iacute;an de mis peque&ntilde;as tetas una zona volc&aacute;nica. Las sensaciones que me transmit&iacute;a siempre me hab&iacute;an excitado mucho y como no lactaba, se hab&iacute;an quedado intactas. Esta morbosa lo hab&iacute;a sentido y aspiraba mi pez&oacute;n con fuerza, cach&aacute;ndose tranquilamente el culo sobre mis dedos. Se hab&iacute;a abierto con una facilidad impresionante, seguramente gracias a la intensa pr&aacute;ctica anal que ten&iacute;a con su pareja. Las im&aacute;genes de uno de sus videos me volvieron a la mente: ella en cuatro, con un dildo de un tama&ntilde;o considerable metido lo suficiente en su culo para mantenerse solito ah&iacute;, chupando a Alejandro. Isabel me sent&iacute;a hervir y me meti&oacute; dos dedos en la concha, fui yo quien tuve el primer suspiro fuerte.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que nuestra invitada est&aacute; muy a gusto, &iquest;no amor? &mdash;le pregunt&oacute; Alejandro a su esposa.<\/p>\n<p>&mdash;Tanto como yo &mdash;le contest&oacute; con una voz lasciva.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya est&aacute;s lista?<\/p>\n<p>La pregunta era para Isabel, pero con la sonrisa que me dirigi&oacute; al pronunciarla, entend&iacute; a qu&eacute; se refer&iacute;a sin mucha dificultad. Me gustaba este juego, cada uno entrando naturalmente en el papel que m&aacute;s le gustaba, sin esfuerzos. Entre dos suspiros, ech&eacute; le&ntilde;a al fuego, tratando de mantener cierta contundencia mientras los dedos de su esposa ocupaban deliciosamente mi concha:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te abr&iacute; lo suficiente, Isabel? &mdash;le pregunt&eacute;, medio burlona.<\/p>\n<p>Era obvio que s&iacute; y que esperaba m&aacute;s, al ver c&oacute;mo mis dedos estaban c&oacute;modos en su culo. Contest&oacute; a su esposo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ya me lo puedes meter, quiero el de metal.<\/p>\n<p>Alejandro, esposo considerado y precavido, hab&iacute;a anticipado los deseos de su mujer y sac&oacute; de su bolsillo un plug plateado. Su tama&ntilde;o me impresion&oacute;, era por lo menos el doble que el que me hab&iacute;a regalado [ver cuento Reencuentro con el lector]. Su mirada hab&iacute;a cambiado, se hab&iacute;a despertado su alma dominadora.<\/p>\n<p>&mdash;Sandra, &iquest;puedes retirar tus dedos del culo de esta perra, por favor?&#8230; Ya, muy bien, separa sus nalgas para que se vea a bien su hueco.<\/p>\n<p>Isabel hab&iacute;a vuelto a chupar mi pez&oacute;n suavemente y gem&iacute;a discretamente de placer, como un ronroneo satisfecho al estar en el centro de nuestra atenci&oacute;n. Alejandro hizo un paso en la ducha unt&oacute; el juguete con algo m&aacute;s de gel de ba&ntilde;o y lo insert&oacute; en el culo de su esposa. Con una repentina intensificaci&oacute;n de sus gemidos, supe que estaba en la parte m&aacute;s ancha. Su esposo la mantuvo as&iacute; un rato, abierta al m&aacute;ximo. Lamentaba no poder verlo, la mirada brillante de morbo de Alejandro que no se perd&iacute;a un segundo de la dilataci&oacute;n de su mujer, me confirmaba que el espect&aacute;culo era un deleite. Cuando el ronroneo de placer de Isabel cedi&oacute; el paso a un gru&ntilde;ido de queja insatisfecha, entend&iacute; que su culo se hab&iacute;a tragado el objeto y que la parte m&aacute;s estrecha no le bastaba. Retir&oacute; sus dedos de mi intimidad, se enderez&oacute;, me dio un beso r&aacute;pido en la boca y mir&oacute; a su esposo con cierta irritaci&oacute;n. Si le gustaba ser dominada y que su esposo la tratara como una perra, era ella quien orquestaba cualquier de sus gestos.<\/p>\n<p>&mdash;Hubieras podido hacerlo con m&aacute;s tiempo, apenas lo sent&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Perd&oacute;n, amor. Te prometo tomar todo el tiempo que t&uacute; quieras cuando te lo voy a retirar&hellip;<\/p>\n<p>Marc&oacute; una pausa, buscando con la mano en su otro bolsillo. Una sonrisa ilumin&oacute; la cara de Isabel al ver lo que sac&oacute; de ah&iacute;. Su mano pas&oacute; entre mis nalgas y uno de sus dedos empez&oacute; a jugar con mi ano.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, Sandra es tu turno, date la vuelta &mdash;me dijo mi amante con un juguete id&eacute;ntico en la mano.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>24 El semen cay&oacute; en la lengua de Isabel. Se hab&iacute;a arrodillado frente a Alejandro y me miraba, orgullosa, mientras su marido dejaba chorrear su leche en su boca hambrienta. La esposa de mi a amante era una reina. 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