{"id":59150,"date":"2025-04-24T00:02:46","date_gmt":"2025-04-23T22:02:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=59150"},"modified":"2025-04-23T17:36:45","modified_gmt":"2025-04-23T15:36:45","slug":"el-principe-y-el-plebeyo-reino-de-mentiras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-principe-y-el-plebeyo-reino-de-mentiras\/","title":{"rendered":"El pr\u00edncipe y el plebeyo: Reino de mentiras"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"59150\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">4<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El reino de Valdor era un tapiz de campos dorados y torres que rozaban el cielo, un lugar donde la tradici\u00f3n pesaba como el m\u00e1rmol. El pr\u00edncipe Adri\u00e1n, heredero de la corona, era un hombre de gran belleza y galanura: cabello negro que ca\u00eda en ondas sobre sus hombros, ojos azules que cortaban como espadas, y una figura esculpida por a\u00f1os de cacer\u00edas y entrenamientos.<\/p>\n<p>Su padre, el rey Edmundo, un hombre de rostro severo y barba gris, gobernaba con mano firme, esperando que su hijo asegurara la dinast\u00eda cas\u00e1ndose con una dama de alta cuna. Pero el coraz\u00f3n de Adri\u00e1n no lat\u00eda por las doncellas que el consejo le presentaba en desfiles de seda y joyas. Lat\u00eda por Lauro, un plebeyo de piel tostada por el sol, manos \u00e1speras y ojos casta\u00f1os que guardaban dulzura.<\/p>\n<p>Se encontraron una tarde de oto\u00f1o, cuando Adri\u00e1n, perdido en el bosque tras una cacer\u00eda, vio a Lauro recogiendo le\u00f1a. El joven tropez\u00f3, y el pr\u00edncipe, con un reflejo r\u00e1pido, lo sostuvo por el brazo. Sus dedos se rozaron, y el aire se carg\u00f3 de una tensi\u00f3n silenciosa. &#8220;Te ayudo&#8221;, dijo Adri\u00e1n, su voz grave cortando el viento. Lauro alz\u00f3 la vista, y en ese instante surgi\u00f3 un sentimiento mutuo entre ellos. Esa noche, incapaz de sacarlo de su mente, Adri\u00e1n regres\u00f3 a la caba\u00f1a. Sin excusas, solo un impulso que lo arrastraba como un r\u00edo.<\/p>\n<p>Llam\u00f3 a la puerta, y cuando Lauro abri\u00f3, sus miradas se cruzaron de nuevo. &#8220;Ten\u00eda que volver a verte&#8221;, murmur\u00f3 el pr\u00edncipe, y eso fue suficiente. Junto al fuego, Adri\u00e1n lo atrajo hacia s\u00ed, sus labios encontr\u00e1ndose en un beso que comenz\u00f3 t\u00edmido y acab\u00f3 voraz. Desat\u00f3 la camisa de Lauro con dedos impacientes, revelando un pecho liso que sub\u00eda y bajaba con cada respiraci\u00f3n. Lo tumb\u00f3 sobre una manta \u00e1spera, y el aire se llen\u00f3 del crujir de la madera y sus jadeos. Las manos de Adri\u00e1n trazaron caminos de fuego sobre la piel de Lauro, descendiendo por sus caderas hasta arrancarle un gemido.<\/p>\n<p>Cuando lo tom\u00f3, fue con una mezcla de fuerza y ternura, sus cuerpos movi\u00e9ndose en un ritmo que los llevaba al borde del delirio. Lauro susurr\u00f3 su nombre, y Adri\u00e1n, perdido en el calor de su entrega, supo que estaba atrapado.<\/p>\n<p>Pero el destino ten\u00eda otros planes. Una ma\u00f1ana, los heraldos recorrieron el reino anunciando un gran baile real: el rey Edmundo y el consejo hab\u00edan decidido que Adri\u00e1n deb\u00eda elegir esposa entre las damas de alta cuna, un paso esencial para su coronaci\u00f3n como rey. Para Lauro, fue un golpe que le cort\u00f3 el aliento: sab\u00eda que el amor de un plebeyo sin t\u00edtulo ni derecho, no pod\u00eda competir con las hijas de nobles ni con las leyes del trono. Para Adri\u00e1n, era una sentencia que lo arrancaba de sus noches secretas, su deber lo obligar\u00eda a renunciar a Lauro.<\/p>\n<p>Se despidieron al alba, bajo un roble, con un beso h\u00famedo de l\u00e1grimas. &#8220;Ve, cumple tu destino&#8221;, susurr\u00f3 Lauro, aunque cada palabra lo desgarraba. Adri\u00e1n apret\u00f3 su mano, incapaz de prometer lo imposible.<\/p>\n<p>La noche del baile, mientras el palacio resplandec\u00eda con antorchas y risas, Lauro se hundi\u00f3 en su soledad junto a la chimenea, el rostro empapado. Entonces, el aire vibr\u00f3, y una figura et\u00e9rea emergi\u00f3: una hada madrina de cabello plateado y ojos sabios. &#8220;No llores, hombrecito&#8221;, dijo, extendiendo un collar de perlas blancas que brillaban con un fulgor suave, como gotas de luna atrapadas en una cadena delicada. &#8220;P\u00f3ntelo, y ser\u00e1s lo que necesites&#8221;. Lauro, con manos temblorosas, lo cerr\u00f3 en su cuello. Un calor lo invadi\u00f3, y su cuerpo se transform\u00f3: sus hombros se redondearon, sus pechos se alzaron, y entre sus muslos naci\u00f3 un secreto rosado y suave.<\/p>\n<p>El hada chasque\u00f3 los dedos, y sus harapos se convirtieron en un vestido de seda azul, tan brillante que parec\u00eda tejido con el cielo nocturno, las perlas blancas resplandeciendo en perfecta armon\u00eda contra el tejido. &#8220;Ve, y toma lo que amas&#8221;, susurr\u00f3 se\u00f1al\u00e1ndole un portal m\u00e1gico por donde pod\u00eda ver la entrada a palacio. Lauro entr\u00f3 por donde se le indic\u00f3 y su hada se desvaneci\u00f3 junto al portal.<\/p>\n<p>El sal\u00f3n real era un torbellino de terciopelo y perfumes cuando Lauro entr\u00f3, transformado por la magia del collar. Los nobles se detuvieron en seco, sus copas a medio camino; las damas apretaron los labios, envidia brillando en sus ojos. El vestido de seda azul flu\u00eda como agua sobre sus nuevas curvas, abrazando su cintura y cayendo en pliegues que susurraban con cada paso. El collar de perlas blancas reluc\u00eda en su garganta, un c\u00edrculo luminoso que capturaba las luces de las ara\u00f1as de cristal y destellaba contra el azul profundo de su atuendo.<\/p>\n<p>Su rostro, suavizado por la magia, ten\u00eda una perfecci\u00f3n casi sobrenatural: p\u00f3mulos altos, labios carnosos y unos ojos casta\u00f1os que brillaban con una mezcla de timidez y determinaci\u00f3n. Adri\u00e1n, sentado junto al trono de su padre, el rey Edmundo, sinti\u00f3 que el aire se le escapaba del pecho. No entend\u00eda el por qu\u00e9 sus ojos se clavaron en ella, en esa figura que parec\u00eda salida de un sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Cuando la m\u00fasica comenz\u00f3, un vals lento y envolvente, Adri\u00e1n baj\u00f3 los escalones y extendi\u00f3 su mano. Lauro la tom\u00f3, y el roce de sus dedos fue una chispa que recorri\u00f3 sus cuerpos. Bailaron, sus cuerpos tan cerca que el calor entre ellos era una promesa muda. El pr\u00edncipe inhal\u00f3 el aroma de Lauro \u2014una mezcla de bosque y algo nuevo, floral y embriagador\u2014, y sus manos, una en su cintura y otra entrelazando la suya, temblaron ligeramente.<\/p>\n<p>Los nobles observaban en silencio, cautivados por su gracia, mientras el rey Edmundo, tamborileando los dedos en el brazo de su trono, frunc\u00eda el ce\u00f1o, intrigado pero receloso. Lauro, con el coraz\u00f3n golpeando contra sus costillas, se inclin\u00f3 en un giro y susurr\u00f3 al o\u00eddo de Adri\u00e1n: &#8220;Soy yo, tu Lauro&#8221;. El pr\u00edncipe se detuvo, sus ojos buscando los de ella, incr\u00e9dulos. Sin una palabra, la llev\u00f3 al jard\u00edn, donde las sombras de los cipreses los ocultaron del bullicio. All\u00ed, bajo la luz plateada de la luna, Lauro se quit\u00f3 el collar.<\/p>\n<p>Su cuerpo cambi\u00f3 en un instante: los pechos se desvanecieron, los hombros se ensancharon, y volvi\u00f3 a ser el hombre que Adri\u00e1n amaba. El pr\u00edncipe lo mir\u00f3, sus ojos brillando con asombro y un deseo renovado. &#8220;Eres m\u00edo, as\u00ed o de cualquier modo&#8221;, jur\u00f3, y lo atrajo hacia s\u00ed. Sus labios se encontraron en un beso feroz, las manos de Adri\u00e1n enred\u00e1ndose en el cabello de Lauro, mientras el vestido azul yac\u00eda olvidado en la hierba.<\/p>\n<p>Esa noche, Adri\u00e1n tom\u00f3 una decisi\u00f3n. Al alba, regres\u00f3 al palacio con Lauro a su lado, el collar de perlas blancas de nuevo en su lugar, transform\u00e1ndola en la mujer que hab\u00eda deslumbrado a todos. Ante el rey Edmundo, la reina madre y el consejo, anunci\u00f3 que ella ser\u00eda su esposa, la futura reina que lo acompa\u00f1ar\u00eda al trono. El sal\u00f3n estall\u00f3 en murmullos. &#8220;\u00bfQui\u00e9n es esta desconocida?&#8221;, pregunt\u00f3 la reina madre, su voz afilada. &#8220;No conocemos su linaje ni su casa&#8221;. El rey Edmundo, con los ojos entrecerrados, a\u00f1adi\u00f3: &#8220;El baile fue para elegir una dama de sangre noble, Adri\u00e1n. El reino espera una alianza, no un capricho&#8221;.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe, con la mand\u00edbula tensa, sostuvo la mirada de su padre. &#8220;Es una extranjera que ha perdido a su familia por la guerra, todo lo que tiene es lo que lleva puesto, pero ahora me tiene tambi\u00e9n a m\u00ed&#8221;, dijo, su tono firme, aunque la mentira pesara. &#8220;Su belleza y su alma son m\u00e1s nobles que cualquier t\u00edtulo. La elijo porque la amo, y porque Valdor merece una reina que inspire&#8221;. Lauro, a su lado, permanec\u00eda erguida, el vestido azul resaltando su figura, las perlas blancas brillando como un halo. Su presencia era un argumento silencioso: parec\u00eda m\u00e1s regia que muchas de las hijas de nobles, su gracia natural eclipsando su desconocido origen.<\/p>\n<p>El consejo protest\u00f3, susurrando sobre tradiciones y linajes, pero el rey Edmundo alz\u00f3 una mano para silenciarlos. Mir\u00f3 a Lauro, luego a su hijo, y suspir\u00f3 pesadamente. &#8220;Tu elecci\u00f3n es inusual, y no me agrada su desconocida procedencia&#8221;, gru\u00f1\u00f3. &#8220;Pero si insistes, y si su belleza puede mantener la paz entre los nobles, que as\u00ed sea. C\u00e1sate con ella, y que tu coronaci\u00f3n siga&#8221;. La reina madre apret\u00f3 los labios, claramente disgustada, pero no contradijo al rey. Adri\u00e1n inclin\u00f3 la cabeza en agradecimiento, aunque sab\u00eda que la aceptaci\u00f3n era a rega\u00f1adientes, sostenida solo por su voluntad y el encanto irresistible de Lauro.<\/p>\n<p>La boda fue un espect\u00e1culo de esplendor, con el rey Edmundo presidiendo desde su trono, su expresi\u00f3n una mezcla de orgullo y resignaci\u00f3n. Los nobles de Valdor asistieron con sonrisas tensas, susurrando sobre la misteriosa &#8220;princesa&#8221; que hab\u00eda cautivado al heredero sin un solo blas\u00f3n que la respaldara. Pero Lauro, radiante en un vestido blanco bordado con hilos de plata, el collar de perlas blancas resplandeciendo en su garganta, eclipsaba las dudas. Su belleza, potenciada por la magia, era un arma que doblegaba corazones y acallaba cr\u00edticas.<\/p>\n<p>Adri\u00e1n, a su lado, la miraba con un orgullo que rayaba en la adoraci\u00f3n, y cuando intercambiaron votos bajo la mirada severa del rey, el reino entero pareci\u00f3 contener el aliento. Esa noche, en la alcoba real, el collar cay\u00f3 al suelo con un tintineo suave, y volvieron a ser dos hombres enredados en su pasi\u00f3n. Adri\u00e1n lo tom\u00f3 con una intensidad que rayaba en lo salvaje, sus manos aferrando las caderas de Lauro mientras lo tumbaba sobre las s\u00e1banas de seda.<\/p>\n<p>El aire se llenaba de sus respiraciones entrecortadas, del roce de sus pieles, del crujir de la cama bajo sus movimientos. Lauro se arqueaba bajo \u00e9l, sus dedos clav\u00e1ndose en los hombros del pr\u00edncipe, sus gemidos ahogados por el lujo que los rodeaba.<\/p>\n<p>Pero los meses trajeron rumores. La &#8220;princesa&#8221; no conceb\u00eda, y las miradas del consejo se volvieron m\u00e1s afiladas, los susurros m\u00e1s insistentes. El rey Edmundo, en una audiencia privada, advirti\u00f3 a Adri\u00e1n: &#8220;Un heredero es tu deber, hijo. Sin descendencia, tu corona estar\u00e1 en duda&#8221;. La presi\u00f3n pesaba como una losa, y Lauro, consciente del riesgo que su secreto corr\u00eda, propuso lo impensable. Una noche, con el collar de perlas blancas puesto, se present\u00f3 ante Adri\u00e1n como mujer. Dej\u00f3 caer su t\u00fanica de lino, y el pr\u00edncipe se qued\u00f3 sin aliento.<\/p>\n<p>Su cuerpo era una visi\u00f3n: pechos llenos que sub\u00edan con cada respiraci\u00f3n, caderas suaves que invitaban al tacto, y un sexo rosado, apenas cubierto por un velo de vello claro. Adri\u00e1n se acerc\u00f3, sus manos temblando mientras recorr\u00edan su piel, desde el cuello hasta la curva de su cintura. &#8220;Eres hermosa&#8221;, susurr\u00f3, y la tumb\u00f3 sobre la cama. Sus labios trazaron un camino lento por su garganta, saboreando su calidez. Lauro, temblando bajo su toque, dej\u00f3 escapar un suspiro que se convirti\u00f3 en gemido cuando las manos de Adri\u00e1n descendieron m\u00e1s abajo, explorando su nueva forma con una mezcla de curiosidad y hambre.<\/p>\n<p>Cuando la penetr\u00f3, fue un acto lento y deliberado, sus cuerpos encontrando un ritmo que los llevaba al borde del \u00e9xtasis. Lauro se aferr\u00f3 a \u00e9l, sus piernas enred\u00e1ndose en las suyas, y el placer los envolvi\u00f3 como una tormenta, sus gritos resonando en la penumbra.<\/p>\n<p>Meses despu\u00e9s, por la magia del collar de perlas, el embarazo de Lauro fue anunciado, y el reino estall\u00f3 en campanas y banquetes. El collar permaneci\u00f3 en su lugar, su magia sosten\u00eda el hijo que crec\u00eda en su vientre. Adri\u00e1n, fascinado por su cuerpo cambiante, no se cansaba de poseerla. Una noche, bajo la luz de las velas, sus manos acariciaron la curva prominente de su vientre, sus labios buscando su piel c\u00e1lida. La tom\u00f3 con una ternura feroz, sus cuerpos movi\u00e9ndose en un vaiv\u00e9n que era tanto amor como lujuria, el calor de su piel mezcl\u00e1ndose con el aroma dulce de la cera derretida.<\/p>\n<p>Cuando naci\u00f3 su hijo, un var\u00f3n de ojos azules como los de su padre, el rey Edmundo sonri\u00f3 por primera vez en meses, y Valdor celebr\u00f3 al nuevo heredero. Pero al quitarse el collar, Lauro no volvi\u00f3 a ser hombre. La magia, sellada por el milagro del parto, lo dejar\u00eda como mujer para siempre. Frente al espejo, toc\u00f3 su rostro femenino, y sus l\u00e1grimas cayeron en silencio. Adri\u00e1n la abraz\u00f3 por detr\u00e1s, sus labios rozando su cuello. &#8220;Te amo as\u00ed, siempre&#8221;, susurr\u00f3, y aunque Lauro asinti\u00f3, una sombra de p\u00e9rdida qued\u00f3 en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Al principio, Adri\u00e1n segu\u00eda busc\u00e1ndola con fervor. La novedad de su cuerpo femenino \u2014tan distinto al Lauro que hab\u00eda conocido en la caba\u00f1a\u2014 lo hab\u00eda encendido como un fuego inesperado. Cada noche, sus manos recorr\u00edan sus curvas con una mezcla de asombro y deseo, y la pose\u00eda con una pasi\u00f3n que parec\u00eda renovada. Pero con el tiempo esa chispa comenz\u00f3 a desvanecerse. Lo que hab\u00eda sido una fascinaci\u00f3n ardiente se apag\u00f3 como una vela gastada; la suavidad de su cuerpo, la delicadeza de su sexo, dejaron de excitarlo.<\/p>\n<p>Su mirada empez\u00f3 a vagar, a\u00f1orando la firmeza y el calor rudo de un cuerpo masculino, como si el hechizo de la novedad se hubiera roto, devolvi\u00e9ndolo al hombre que siempre hab\u00eda sido: uno que no encontraba placer en las formas femeninas. Amaba a Lauro con cada fibra de su ser, pero su deseo f\u00edsico por ella se desdibuj\u00f3, dejando un vac\u00edo que no pod\u00eda nombrar.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando busc\u00f3 a Sir Gael, un caballero de barba oscura y manos fuertes, cuya presencia en la corte siempre hab\u00eda sido discreta pero magn\u00e9tica. Gael era un hombre de gustos amplios, un esp\u00edritu indomable que encontraba placer tanto en la fuerza de un hombre como en la suavidad de una mujer, en someter y ser sometido. Una noche, en un establo bajo la luz temblorosa de una l\u00e1mpara, Adri\u00e1n lo llev\u00f3 a un rinc\u00f3n oscuro. &#8220;Qu\u00e9date quieto&#8221;, murmur\u00f3 el pr\u00edncipe, su voz cargada de autoridad, y Gael obedeci\u00f3 con una sonrisa torcida.<\/p>\n<p>Adri\u00e1n lo tom\u00f3 con una intensidad feroz, sus manos aferrando las caderas del caballero mientras lo penetraba, su cuerpo reclamando cada gemido que escapaba de los labios de Gael. El placer de esa rudeza, de la resistencia y el calor masculino, era lo que hab\u00eda echado de menos, y en cada embestida encontraba un eco del Lauro que ya no pod\u00eda tener. Pero no fue solo lujuria: con cada encuentro, Gael miraba a Adri\u00e1n con una ternura que no pod\u00eda ocultar, y el pr\u00edncipe, aunque lo negaba ante s\u00ed mismo, sent\u00eda que su coraz\u00f3n se abr\u00eda a \u00e9l, un afecto que crec\u00eda como una enredadera silenciosa.<\/p>\n<p>Lauro, atrapada en su forma femenina, tambi\u00e9n buscaba consuelo. Una noche, bajo un roble en el jard\u00edn, Gael la encontr\u00f3 llorando, su vestido empapado por la brisa h\u00fameda. &#8220;Sea cual sea el motivo de tus l\u00e1grimas, cuenta conmigo para ayudarte a sonre\u00edr de nuevo&#8221;, le dijo, su voz grave como un b\u00e1lsamo. La atrajo hacia s\u00ed, y entre ellos surgi\u00f3 una chispa inesperada. \u00c9l la tom\u00f3 contra el \u00e1rbol, sus manos firmes levantando su falda, sus dedos explorando su piel con una ternura que se volv\u00eda posesi\u00f3n. Lauro se perdi\u00f3 en el \u00e9xtasis de ser deseada de nuevo, sus gemidos mezcl\u00e1ndose con el susurro de las hojas.<\/p>\n<p>Para Gael, ella era simplemente la princesa, una mujer de belleza deslumbrante cuya historia desconoc\u00eda; nunca supo del collar, ni de la magia que la hab\u00eda moldeado, y su deseo por ella nac\u00eda de lo que ve\u00eda: una figura fr\u00e1gil pero apasionada que despertaba su instinto protector y su hambre. Lauro, a su vez, comenz\u00f3 a buscar su risa ronca, la calidez de su mirada, el modo en que sus manos parec\u00edan saber exactamente d\u00f3nde tocarla. Un cari\u00f1o profundo naci\u00f3 en ella, un eco del amor que a\u00fan sent\u00eda por Adri\u00e1n.<\/p>\n<p>Los encuentros clandestinos continuaron, y los tres, sin saberlo al principio, tejieron un lazo. Adri\u00e1n amaba la rudeza de Gael, pero tambi\u00e9n su lealtad callada, la forma en que lo miraba como si fuera m\u00e1s que un pr\u00edncipe. Lauro amaba su pasi\u00f3n, pero tambi\u00e9n su escucha, la seguridad que le ofrec\u00eda en un cuerpo que a\u00fan sent\u00eda ajeno. Y Gael, atrapado entre ambos, se enamor\u00f3 de la intensidad del pr\u00edncipe y la vulnerabilidad de la princesa, su coraz\u00f3n dividido y completo a la vez.<\/p>\n<p>Todo estall\u00f3 una noche, cuando Adri\u00e1n entr\u00f3 en la alcoba real y encontr\u00f3 a Gael y Lauro enredados en un frenes\u00ed de gemidos. Ella, con las piernas abiertas, recib\u00eda a Gael, que la tomaba con una mezcla de fuerza y devoci\u00f3n. El pr\u00edncipe se detuvo, su respiraci\u00f3n agitada, pero en lugar de ira, sinti\u00f3 alivio y un deseo ardiente. &#8220;No quiero perderos a ninguno&#8221;, confes\u00f3, su voz quebr\u00e1ndose. Se sentaron en la cama, las s\u00e1banas revueltas, y hablaron hasta el amanecer, desnudando sus miedos y deseos. Pactaron amarse sin reglas, sin culpas.<\/p>\n<p>Desde entonces, la alcoba real fue testigo de un torbellino de pasi\u00f3n. Adri\u00e1n tomaba a Gael con fuerza, sus manos aferrando sus caderas mientras lo penetraba profundamente, el caballero gimiendo su nombre en una rendici\u00f3n que encend\u00eda al pr\u00edncipe como nada m\u00e1s pod\u00eda. Lauro, entre ellos, recib\u00eda los besos de Adri\u00e1n, sus labios encontr\u00e1ndose en un roce breve pero cargado de afecto, mientras Gael la acariciaba con devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>En otras ocasiones, Gael pose\u00eda a Lauro, sus embestidas profundas y r\u00edtmicas resonando en la penumbra, y Adri\u00e1n, sentado a un lado, se dejaba llevar por la visi\u00f3n: sus ojos segu\u00edan el movimiento de los cuerpos, el contraste entre la rudeza de Gael y la suavidad de Lauro, mientras su mano se mov\u00eda sobre s\u00ed mismo, el placer creciendo con cada gemido que escapaba de ellos. Luego se un\u00eda, tomando a Gael de nuevo con una ferocidad que hac\u00eda temblar la cama, sus manos reclamando al caballero mientras los tres se perd\u00edan en un enredo de extremidades y susurros compartidos. Sus cuerpos brillaban con sudor bajo la luz de la luna que se colaba por las cortinas.<\/p>\n<p>As\u00ed vivieron, un tr\u00edo que encontr\u00f3 la felicidad en su reino de secretos.<\/p>\n<p>Fin.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_59150\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"59150\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Junto al fuego, Adri\u00e1n lo atrajo hacia s\u00ed, sus labios encontr\u00e1ndose en un beso que comenz\u00f3 t\u00edmido y acab\u00f3 voraz. Desat\u00f3 la camisa de Lauro con dedos impacientes, revelando un pecho liso que sub\u00eda y bajaba con cada respiraci\u00f3n. Lo tumb\u00f3 sobre una manta \u00e1spera, y el aire se llen\u00f3 del crujir de la madera y sus jadeos. Las manos<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_59150\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"59150\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":25805,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":{"0":"post-59150","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-gays"},"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":1677,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59150","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/25805"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=59150"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59150\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":59152,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59150\/revisions\/59152"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=59150"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=59150"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=59150"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}