{"id":61049,"date":"2025-07-23T00:02:06","date_gmt":"2025-07-22T22:02:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=61049"},"modified":"2025-07-22T18:50:34","modified_gmt":"2025-07-22T16:50:34","slug":"la-confesion-mi-maestro-y-yo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-confesion-mi-maestro-y-yo\/","title":{"rendered":"La confesi\u00f3n: Mi maestro y yo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"61049\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">34<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Massiel respira lento, sentada frente a Ugo. \u00c9l la observa como siempre: serio, atento, dispuesto a escucharla.<\/p>\n<p>\u2014Amor\u2026 necesito confesarte algo. \u2014Lo suelta de golpe, bajito.\u2014 Llevo un par de semanas con esto\u2026 y no puedo guardarlo m\u00e1s.<\/p>\n<p>Ugo no dice nada. Solo se reclina, cruza los brazos, la mira. Massiel respira hondo. Juega con el borde de su bata, lo acaricia con la yema de los dedos.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cNo fue de la nada\u2026 ni fue planeado, te lo juro. Yo solo iba a la escuela, como siempre. Ya sabes: pasillos largos, pizarras llenas de t\u00e9rminos m\u00e9dicos, caf\u00e9 quemado, el uniforme blanco que me ajusta a la cintura cuando respiro. Yo no hago nada, amor. Solo camino, escucho, tomo notas. Pero a veces siento\u2026 siento esas miradas. Y siempre hay alguien mirando\u2026\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>En la escuela de enfermer\u00eda, Massiel pasa casi desapercibida para quien no se fije bien. Morena, bajita, sencilla, cabello suelto que se enreda con la brisa de los ventiladores, un busto moderado, bonito trasero, nada fuera de lo com\u00fan. Pero para el que se detiene a verla \u2014como Juan, que siempre se sienta atr\u00e1s de ella y se queda viendo c\u00f3mo se le marca la tanga cuando se agacha. O Carlos, que finge que la empuja de broma solo para rozarle la cintura. Ella no hace nada, solo baja la cabeza, se hace la seria. Pero por dentro\u2026 por dentro le gusta.<\/p>\n<p>A veces se detiene en la m\u00e1quina de caf\u00e9 del pasillo. Juega a que no nota esas miradas que la recorren cuando se quita la bata o cuando mete la mano en el bolsillo y la tela se estira justo donde deber\u00eda disimular.<\/p>\n<p>Massiel lo sabe. Y sonr\u00ede. Chiquito. Discreto. Lo justo para que piensen en ella cuando se vayan a su casa.<\/p>\n<p>Massiel no cruza las piernas. Nunca lo hace para coquetear. Su forma de provocar es otra: dejar un bot\u00f3n suelto del escote, dejar que el uniforme dibuje lo que debe cubrir. Sonr\u00ede bajito cuando la miran, pero no se detiene. Sabe que su forma de tentar no es directa: es quedarse callada, dejarse ver y desaparecer.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cMe gusta, amor. Me gusta sentir que mientras yo escucho al maestro hablar de anatom\u00eda, hay uno atr\u00e1s de m\u00ed pensando en mis piernas. Ellos no hacen nada, claro. Son ni\u00f1os.\u201d<\/p>\n<p>\u201cEl doctor V\u00edctor no tiene nada de especial a simple vista: en los 50s, bata blanca floja, gafas que a veces ni usa, una voz grave que llena el sal\u00f3n cuando todos est\u00e1n a punto de dormirse. Yo nunca pens\u00e9 que se me iba a acercar as\u00ed. \u00c9l es serio, siempre habla fuerte en clase, explica todo como si lo leyera de memoria.<\/p>\n<p>Yo no soy perfecta, ya sabes. Paso mis ex\u00e1menes bien, pero no soy la mejor. Por eso no me sorprendi\u00f3 cuando un d\u00eda me dijo: \u201cMassiel, espera un momento despu\u00e9s de clase. Quiero revisar unas cosas contigo.\u201d<\/p>\n<p>\u201cTodos se fueron. Me qued\u00e9 sentada frente a su escritorio, jugando con el cierre de mi mochila mientras \u00e9l hablaba de mis notas. Me dijo que iba bien\u2026 pero que pod\u00eda ir mejor. Que, si quer\u00eda, pod\u00edamos repasar juntos, con calma, para subir mi promedio.\u201d<\/p>\n<p>\u201cYo solo asent\u00ed. Me dio miedo decir no. Pero tambi\u00e9n\u2026 tambi\u00e9n sent\u00ed algo en m\u00ed. No s\u00e9 c\u00f3mo decirlo\u2026\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s, Massiel acept\u00f3 ir a tomar un caf\u00e9. En la cafeter\u00eda de la esquina, se sent\u00f3 frente a V\u00edctor. Pidieron dos caf\u00e9s. Uno se qued\u00f3 fr\u00edo. \u00c9l hablaba de hospitales, de pr\u00e1cticas cl\u00ednicas, de la importancia de aprender a \u201cmanejar situaciones de estr\u00e9s\u201d. Massiel se quit\u00f3 la bata; qued\u00f3 en su blusa de algod\u00f3n: un escote leve, nada vulgar, pero suficiente para que V\u00edctor bajara la vista de vez en cuando.<\/p>\n<p>Afuera pasaba un cami\u00f3n cada diez minutos. Adentro, solo se escuchaba la cafetera goteando detr\u00e1s de la barra. Massiel jugaba con la cucharita. La giraba, la soltaba, volv\u00eda a mirarlo.<\/p>\n<p>V\u00edctor le roz\u00f3 la mano una vez, fingiendo que tomaba la servilleta. Ella no la apart\u00f3. Sinti\u00f3 un leve calor en el pecho, algo que sub\u00eda como corriente el\u00e9ctrica. Se dijo que no era nada. Pero dentro, algo empezaba a abrirse.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cEn el caf\u00e9 hablamos de todo, amor. De la escuela, de mis turnos, de que quiero trabajar en hospital cuando acabe. Me dijo que ah\u00ed uno ve cosas que no ense\u00f1a ning\u00fan libro. Me mir\u00f3 fijo y me dijo que en un hospital no todo es poner inyecciones. Que a veces los pacientes necesitan una enfermera que los relaje; que si un doctor lleva dieciocho horas de guardia, una mano suave puede hacer milagros.\u201d<\/p>\n<p>\u201cYo solo escuchaba, pero dentro de mi cabeza pasaban mil cosas. Pensaba en que deb\u00eda pararme, pagar mi parte, decir \u201cgracias doctor, hasta ma\u00f1ana\u201d. Pero no me mov\u00ed. Segu\u00ed escuchando. Segu\u00ed imaginando.\u201d<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSabes qu\u00e9 hice? Nada. No dije que s\u00ed ni que no. Pero un sudor fr\u00edo se deslizaba en mi espalda, una sensaci\u00f3n de nerviosismo\u2026 pero no del malo que da miedo. Del bueno, que emociona por alguna raz\u00f3n.\u201d<\/p>\n<p>\u201cMe pregunt\u00f3 si sab\u00eda c\u00f3mo \u201cayudar a un paciente a relajarse\u201d. Yo me re\u00ed. Le dije que no le entend\u00eda. Me dijo: \u201cUna buena enfermera sabe aliviar tensi\u00f3n. No solo con medicinas.\u201d<\/p>\n<p>En mi departamento tengo m\u00e1s libros y material.<\/p>\n<p>Sent\u00ed que me ard\u00edan las orejas. No dije nada. Solo jugu\u00e9 con la taza vac\u00eda.<\/p>\n<p>\u00c9l lo tom\u00f3 como un s\u00ed.\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>No hubo m\u00e1s palabras. V\u00edctor pag\u00f3 la cuenta sin preguntar. Massiel lo sigui\u00f3 hasta la puerta. Mientras caminaba detr\u00e1s de \u00e9l hacia el carro, sinti\u00f3 que todos la miraban. Pero nadie la miraba. Solo ella sab\u00eda lo que estaba a punto de pasar\u2026 o lo que quer\u00eda creer que no iba a pasar.<\/p>\n<p>Subi\u00f3 al carro de V\u00edctor como si fuera a una clase m\u00e1s. Una asesor\u00eda privada, dijo \u00e9l. Massiel miraba por la ventana, el pulso en la garganta, una vocecita que le gritaba \u201cvete\u201d. Pero se qued\u00f3.<\/p>\n<p>El carro se detuvo. Bajaron y entraron. El departamento ol\u00eda a loci\u00f3n vieja, caf\u00e9 recalentado y s\u00e1banas guardadas demasiado tiempo. El doctor se quit\u00f3 la bata, puso m\u00fasica instrumental, abri\u00f3 una libreta que no tocaron. Habl\u00f3 de ex\u00e1menes, de pr\u00e1cticas, de t\u00e9cnicas de relajaci\u00f3n. Massiel, sentada en la silla, a la mesa. V\u00edctor, parado detr\u00e1s de ella. Las manos casi roz\u00e1ndole los hombros cuando se\u00f1alaba algo en la hoja. El aire cada vez m\u00e1s pesado. La l\u00ednea entre alumno y maestro, cada vez m\u00e1s delgada.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cCuando sent\u00ed que estaba detr\u00e1s de m\u00ed, mi voz tembl\u00f3. Murmur\u00e9, dijo algo de \u201cayudar a los pacientes\u2026 o a los doctores\u2026 como me explic\u00f3\u2026\u201d<\/p>\n<p>\u201cMe pregunt\u00f3 si de verdad quer\u00eda aprenderlo todo. Yo asent\u00ed. Ten\u00eda miedo, amor. Pero tambi\u00e9n\u2026 algo en m\u00ed quer\u00eda hacerlo. No por \u00e9l. Por m\u00ed. Por ti.\u201d<\/p>\n<p>\u201cMe dijo que primero ten\u00eda que relajarme\u2026 dejarme llevar. Yo solo respir\u00e9 hondo. Sent\u00ed sus manos en mis hombros, bajando lento hasta mis brazos. Me susurr\u00f3 que cerrara los ojos. Que imaginara un turno largo en el hospital\u2026 que lo estaba ayudando a relajarse. Yo solo temblaba. Pero no me apart\u00e9.\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>V\u00edctor le baj\u00f3 la blusa despacio. No hubo palabras. Le bes\u00f3 el cuello, mordi\u00f3 su oreja apenas respiro y ella se estremeci\u00f3. Desliz\u00f3 las manos hasta sus pechos, lento, suave, acariciando sus pezones, sinti\u00e9ndolos tensarse bajo sus dedos. La hizo levantarse y la llev\u00f3 a la cama, sintiendo c\u00f3mo ella respiraba entrecortado. Massiel se dej\u00f3 guiar, la espalda erguida, la mente dividida entre lo prohibido y el deseo.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cMe quit\u00f3 todo, amor. Primero la blusa, luego la falda. Me miraba como si hubiera pagado por verme desnuda. Yo quer\u00eda taparme\u2026 pero me qued\u00e9 quieta. Sent\u00ed sus manos en mi trasero, bajando a mis piernas. Me sent\u00f3 y las abri\u00f3 despacio. Puso su boca ah\u00ed, entre mis muslos. No pod\u00eda parar de gemir. Agarr\u00e9 su cabello, como si eso tapara la culpa. Pensaba en ti\u2026 Pensaba que no deb\u00eda, pero lo estaba haciendo, porque parte de m\u00ed quer\u00eda, porque era mi fantas\u00eda y que cuando llegara a casa, te lo iba a decir\u2026\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>As\u00ed continu\u00f3 el juego con la boca, hasta que ella explot\u00f3 en un gemido fuerte, h\u00famedo, mojando la cama, sus muslos tensos, su espalda arqueada. Ella se estir\u00f3, tom\u00f3 su miembro con la mano, lo sinti\u00f3 tibio, normal, promedio \u2014justo como le gustaban. Lo acarici\u00f3 entre los dedos y susurr\u00f3: \u2014Lo necesito en m\u00ed.<\/p>\n<p>V\u00edctor se levant\u00f3, la gir\u00f3, la tom\u00f3 de la cadera. Le murmur\u00f3 algo sucio al o\u00eddo. Ella solo asinti\u00f3, mordiendo su labio. Y \u00e9l se lanz\u00f3.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cSent\u00ed su cuerpo detr\u00e1s del m\u00edo. Lo empuj\u00f3 despacio\u2026 y luego m\u00e1s fuerte. Me sostuvo con firmeza. El calor me subi\u00f3 desde el vientre hasta el pecho. Me mord\u00ed los labios para no gritar. Le ped\u00ed m\u00e1s. Le susurr\u00e9: \u201cNo pares\u201d. Y no par\u00f3. Yo temblaba y mov\u00eda las caderas al mismo ritmo que \u00e9l y, entre la culpa y el placer, pensaba en ti, amor. Te lo juro. Pensaba que esto te iba a romper. Que me ibas a odiar. Pero tambi\u00e9n\u2026 tambi\u00e9n pensaba que tal vez te iba a encantar. Te conozco\u2026 s\u00e9 lo que miras cuando crees que no te veo. Y aqu\u00ed estoy ahora, cont\u00e1ndotelo\u2026\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>Ella se queda callada. Ugo le acaricia la cara, la mand\u00edbula. Su respiraci\u00f3n ya no es calmada: es pesada, caliente, impaciente. Massiel se muerde el labio, se inclina y pregunta:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa\u2026 quieres que siga? \u00bfQuieres o\u00edr lo que pas\u00f3 despu\u00e9s?<\/p>\n<p>Ugo suelta un suspiro bajo, apenas controlado. Sus dedos se cierran suave en su muslo. Se inclina a su o\u00eddo.<\/p>\n<p>\u2014D\u00edmelo todo, Massy. Hazme verlo. Hazme sentirlo\u2026 mientras me haces lo que quieras.<\/p>\n<p>Massiel sonr\u00ede apenas. Su mano baja, roza la entrepierna y la siente dura. Ella sabe que no hay vuelta atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cDespu\u00e9s\u2026 \u00e9l se apart\u00f3. Me recost\u00f3 boca arriba en la cama. Me mir\u00f3 como si no creyera que lo hab\u00eda hecho. Me pregunt\u00f3 si quer\u00eda seguir. Asent\u00ed, sin decir nada. Sudada, mojada, ardiendo. Sent\u00ed su cuerpo pesado encima de m\u00ed. Sent\u00ed de nuevo c\u00f3mo sal\u00eda y volv\u00eda a entrar, lento, r\u00e1pido, lento otra vez. As\u00ed duramos un buen rato, jadeando, sudando, pegados. Yo ya no pensaba\u2026 solo sent\u00eda.\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>El tiempo se detuvo en aquel departamento. El aire se volvi\u00f3 espeso, cargado de sudor, de gemidos. Mientras V\u00edctor la tomaba, la miraba cerrar los ojos, gemir hasta casi llorar. No era solo placer carnal: era culpa, deseo, la fantas\u00eda hecha carne. Era saberse puta por voluntad propia, saberse de Ugo\u2026 y tambi\u00e9n de otro.<\/p>\n<p>V\u00edctor perdi\u00f3 el ritmo, se cans\u00f3. La edad, el cuerpo ya no le respond\u00eda igual. Su miembro, fl\u00e1cido pero tibio, necesitaba ayuda. Massiel, sin pensar, se inclin\u00f3, se arrodill\u00f3. Le pregunt\u00f3 si quer\u00eda ayuda. \u00c9l dijo que s\u00ed.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cMe arrodill\u00e9. Lo tom\u00e9 con la mano primero, luego lo envolv\u00ed con mis labios. Deslic\u00e9 la lengua, lento, como t\u00fa me ense\u00f1aste. Lo sent\u00ed revivir, crecer, ponerse firme de nuevo. Sabes que lo hago bien, amor. Aprend\u00ed contigo.\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>El doctor gru\u00f1\u00eda frases que ella apenas escuchaba:<\/p>\n<p>\u2014Mira nada m\u00e1s\u2026 la calladita\u2026 la de bata blanca\u2026 la t\u00edmida y seria&#8230; m\u00edrate\u2026 Massiel, qui\u00e9n dir\u00eda. Esto te suma puntos, preciosa.<\/p>\n<p>Su mano la sostuvo por la nuca. Cuando termin\u00f3, fue de golpe. Caliente, amargo, escurrido. Ella trag\u00f3. No hubo romance. Solo la educaci\u00f3n de no escupirlo en su cara.<\/p>\n<p>Massiel<\/p>\n<p>\u201cNo me avis\u00f3, amor. Lo sent\u00ed derramarse, me hice atr\u00e1s para no atragantarme. El sabor era \u00e1spero, casi rancio. No como el tuyo: dulce, limpio, joven. Pero no quise escupirlo. No quer\u00eda que se sintiera viejo, usado. As\u00ed que lo tragu\u00e9 todo.<\/p>\n<p>Se termin\u00f3. Me levant\u00e9. Me vest\u00ed r\u00e1pido, tom\u00e9 mis cosas y sal\u00ed de ah\u00ed temblando, con la cabeza hecha un caos. Sub\u00ed al cami\u00f3n, a\u00fan estaba ardiendo y sent\u00eda que todos me miraban. No s\u00e9 si eran miradas de morbo\u2026 o sentencia. Pero algo era seguro: ten\u00eda que dec\u00edrtelo. Que no pod\u00eda guardarlo. Que si t\u00fa quer\u00edas odiarme\u2026 pod\u00edas hacerlo. Porque yo soy tuya igual.\u201d<\/p>\n<p>\u201cPerd\u00f3name, amor\u2026 o disfr\u00fatame. Pero dime algo\u2026 Dime que no quieres que pare aqu\u00ed.\u201d<\/p>\n<p>Narrador<\/p>\n<p>La habitaci\u00f3n es solo respiraci\u00f3n caliente. Ugo la mira fijamente. Le acaricia la cara, la mand\u00edbula. Le besa suave la frente, los labios, la hace recostarse boca abajo.<\/p>\n<p>Su voz suena ansiosa, firme.<\/p>\n<p>\u2014No quiero que pares, Massy. Quiero que me lo digas todo. Quiero verte hacer m\u00e1s. Quiero verte ser una puta, sin que dejes de ser m\u00eda. Pero la pr\u00f3xima vez\u2026 \u2014le susurra al o\u00eddo\u2014 lo quiero ver yo. No lo hagas sin m\u00ed, \u00bfentendiste?<\/p>\n<p>Massiel asiente, apenas puede hablar. La bata sube, las manos de Ugo la sostienen fuerte. Ya no hay ternura: hay carne, sudor, gemidos bajos.<\/p>\n<p>No es como antes. No hacen el amor, lo desarman. Ugo empuja sin pausa, sin preguntas. Ella arquea la espalda, gime entre mordiscos. Lo prohibido les sabe m\u00e1s dulce. Ella lo provoca, \u00e9l la sostiene.<\/p>\n<p>Massiel se siente usada y amada. Sucia y suya.<\/p>\n<p>Massiel:<\/p>\n<p>\u201cAs\u00ed\u2026 as\u00ed, amor\u2026 Hazlo fuerte. Hazlo como si no fuera tu esposa, sino tu puta. Pero que nadie m\u00e1s lo vea\u2026 solo t\u00fa. Prometo que la pr\u00f3xima\u2026 te preguntar\u00e9 primero\u2026\u201d<\/p>\n<p>Fin<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_61049\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"61049\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>V\u00edctor le baj\u00f3 la blusa despacio. No hubo palabras. Le bes\u00f3 el cuello, mordi\u00f3 su oreja apenas respiro y ella se estremeci\u00f3. Desliz\u00f3 las manos hasta sus pechos, lento, suave, acariciando sus pezones, sinti\u00e9ndolos tensarse bajo sus dedos. La hizo levantarse y la llev\u00f3 a la cama, sintiendo c\u00f3mo ella respiraba entrecortado. Massiel se dej\u00f3 guiar, la espalda erguida, la<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_61049\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"61049\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":31470,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":{"0":"post-61049","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-confesiones"},"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":6608,"today_views":1},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61049","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/31470"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=61049"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61049\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":61051,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61049\/revisions\/61051"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=61049"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=61049"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=61049"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}