{"id":61493,"date":"2025-08-15T00:07:19","date_gmt":"2025-08-14T22:07:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=61493"},"modified":"2025-08-14T18:35:00","modified_gmt":"2025-08-14T16:35:00","slug":"obsesion-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/obsesion-1\/","title":{"rendered":"Obsesi\u00f3n (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"61493\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">41<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>En el a\u00f1o 2016, Santiago, un joven de 18 a\u00f1os con el alma encendida por la pasi\u00f3n de las palabras, comenzaba a destacar como escritor editorial, sus textos estaban cargados con una intensidad que apenas conten\u00eda su juventud. Pero su mundo, tan cuidadosamente construido con letras y sue\u00f1os, se tambale\u00f3 una noche de verano en la colonia Roma, cuando acudi\u00f3 a la fiesta de Andrea, su vecina de toda la vida, una estudiante de psicolog\u00eda de la misma edad cuya presencia era como un rel\u00e1mpago en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>La casa de Andrea vibraba con risas, el tintineo de vasos de tequila y el ritmo pulsante de la m\u00fasica de reggaet\u00f3n que llenaba el aire. Las luces tenues pintaban sombras danzantes en las paredes, y en medio de la multitud, los ojos de Santiago encontraron los de Andrea, un caf\u00e9 almendra que brillaba con una chispa traviesa, una promesa de algo prohibido.<\/p>\n<p>Ella era un espect\u00e1culo, con un cuerpo despampanante a pesar de su juventud, una diosa que parec\u00eda esculpida para tentar. Su blusa ajustada, de un rojo ardiente, abrazaba sus pechos voluptuosos, sus pezones se insinuaban bajo la tela, desafiando las leyes de la f\u00edsica con su firmeza. Sus jeans estaban ce\u00f1idos a su piel, delineaban sus nalgas redondas, firmes, que se mov\u00edan con cada paso al ritmo de la m\u00fasica, un vaiv\u00e9n hipn\u00f3tico que hac\u00eda que los hombres en la sala tragaran saliva y las mujeres la miraran con envidia.<\/p>\n<p>Santiago, con una cerveza en la mano, no pod\u00eda apartar la vista, su pene se endurec\u00eda bajo sus pantalones, su respiraci\u00f3n era agitada mientras ella bailaba, con aquellas caderas bien formadas, su cabello casta\u00f1o ca\u00eda en sus hombros, brillando bajo las luces de la fiesta.<\/p>\n<p>\u2014Santi, \u00bfno vas a bailar? \u2014pregunt\u00f3 Andrea, acerc\u00e1ndose con una sonrisa coqueta, su voz era suave pero cargada de una provocaci\u00f3n que le aceler\u00f3 el pulso.<\/p>\n<p>\u2014No soy tan bueno como t\u00fa \u2014respondi\u00f3 Santiago, su voz temblaba ligeramente, sus ojos recorr\u00edan el contorno de sus curvas, deteni\u00e9ndose en el escote que dejaba entrever la piel cremosa de sus pechos.<\/p>\n<p>Ella sonri\u00f3, era puro fuego, y lo tom\u00f3 de la mano, llev\u00e1ndolo al centro de la pista. \u2014Vamos, escritor, mu\u00e9strame lo que tienes \u2014susurr\u00f3, su aliento c\u00e1lido roz\u00f3 su o\u00eddo, enviando escalofr\u00edos por su espalda.<\/p>\n<p>Bailaron por varios minutos, sus cuerpos se acercaban m\u00e1s de lo que la amistad permit\u00eda, sus caderas lo rozaban, el calor de su piel traspasando la tela. Cada movimiento de Andrea era una tortura exquisita, sus nalgas tocando su entrepierna, su perfume exquisito lo envolv\u00eda, su risa era como una melod\u00eda que lo atrapaba. La qu\u00edmica entre ellos era innegable, un cable el\u00e9ctrico chispeando bajo la superficie, y cuando sus ojos se cruzaron de nuevo, el mundo pareci\u00f3 desvanecerse, dejando solo el latido de sus corazones y el deseo que rug\u00eda en sus venas.<\/p>\n<p>\u2014Ven conmigo \u2014dijo Andrea, con un susurro, mientras lo guiaba hacia el balc\u00f3n, lejos de la multitud, donde la luz plateada de la luna ba\u00f1aba todo en un resplandor et\u00e9reo.<\/p>\n<p>En el balc\u00f3n, el aire fresco de la noche contrastaba con el calor de sus cuerpos. Andrea se apoy\u00f3 en la barandilla, sus nalgas eran resaltadas por sus jeans, su blusa estaba tensa contra sus pechos, parec\u00eda que quer\u00eda reventar, y Santiago sinti\u00f3 su pene palpitar, su deseo estaba al borde de estallar. Se acerc\u00f3, sus manos temblaban, y sus labios se encontraron en un beso apasionado, profundo, sus lenguas se enredaban con una urgencia que era puro vicio. El sabor de sus labios, dulce con un toque de tequila, lo enloqueci\u00f3, y sus manos, t\u00edmidas al principio, rozaron su cintura, sintiendo la calidez de su piel bajo la tela.<\/p>\n<p>\u2014Santi, \u00bfqu\u00e9 haces? \u2014gimi\u00f3 Andrea, pero su voz no era de reproche, sino de entrega, mientras sus manos guiaban las de \u00e9l hacia su blusa, invit\u00e1ndolo a explorar.<\/p>\n<p>Sin pensarlo, Santiago desaboton\u00f3 la blusa, la tela cay\u00f3 a un lado, y retir\u00f3 su brasier, revelando sus pechos gloriosos, grandes, firmes, los pezones eran de un caf\u00e9 claro y en ese momento ya estaban endurecidos. Se inclin\u00f3, su lengua lami\u00f3 uno de ellos, saboreando la piel suave, ligeramente salada por el sudor, mientras su mano estrujaba el otro seno, sintiendo su peso, su firmeza. Andrea gimi\u00f3, un sonido gutural que reson\u00f3 en la noche, sus manos se enredaban en el cabello de Santiago, atrayendo su cabeza hacia ella, hundiendo su rostro entre sus pechos, el calor de su piel envolvi\u00e9ndolo, el aroma de su cuerpo intoxic\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>\u2014Dios, Santi, \u00a1qu\u00e9 rico! \u2014jade\u00f3, mientras su cuerpo se arqueaba, sus nalgas se apretaban contra la barandilla, mientras \u00e9l lam\u00eda con voracidad, chupando sus pezones, arranc\u00e1ndole gemidos que eran m\u00fasica para su alma.<\/p>\n<p>Andrea, con un movimiento fluido, se quit\u00f3 la falda, dej\u00e1ndola caer al suelo, revelando un cachetero de encaje negro que abrazaba sus nalgas perfectas, como esculpidas por un dios lujurioso. Sus piernas tonificadas, largas, brillaban bajo la luna, y el encaje apenas cubr\u00eda su vagina, los pliegues rosados se insinuaban bajo la tela transparente, reluciendo con una humedad que hizo que el pene de Santiago palpitara con una urgencia dolorosa. \u00c9l se arrodill\u00f3, sus manos acariciaron los muslos de Andrea, sus dedos rozaban el borde del cachetero, tentado a arrancarlo, a lamerla hasta que gritara su nombre.<\/p>\n<p>\u2014Santi, espera \u2014dijo Andrea, su voz temblaba, una risa nerviosa escap\u00f3 de sus labios mientras se apartaba, sus manos recogieron y abotonaron r\u00e1pidamente su blusa, subiendo su falda con dedos torpes. \u2014No podemos, somos amigos.<\/p>\n<p>Santiago se qued\u00f3 congelado, su pene estaba erecto, palpitando bajo sus pantalones, su respiraci\u00f3n era agitada, el deseo rug\u00eda en su pecho como una bestia enjaulada. \u2014Andrea, por favor \u2014suplic\u00f3, con frustraci\u00f3n, sus manos aun temblaban con el recuerdo de su piel.<\/p>\n<p>Ella lo mir\u00f3, con una mezcla de deseo y duda, su pecho sub\u00eda y bajaba con rapidez. \u2014Lo siento, Santi, no podemos \u2014susurr\u00f3, antes de girarse y volver a la fiesta, sus nalgas se menearon llenas de deseo, dej\u00e1ndolo solo en el balc\u00f3n, con el coraz\u00f3n acelerado y una erecci\u00f3n que dol\u00eda.<\/p>\n<p>Desde esa noche, el recuerdo de Andrea se convirti\u00f3 en una obsesi\u00f3n que lo persegu\u00eda como un espectro. Cada noche, al cerrar los ojos, ve\u00eda sus nalgas redondas, sus pechos enormes, sent\u00eda el calor de su piel bajo su lengua, escuchaba sus gemidos resonando en su mente. Se masturbaba con furia, imagin\u00e1ndola desnuda, con sus piernas abiertas, su vagina brillando con sus jugos, gritando su nombre mientras la penetraba, pero la realidad de su &#8220;no podemos&#8221; lo dejaba con un vac\u00edo que no pod\u00eda llenar. Durante a\u00f1os, esa noche en el balc\u00f3n se convirti\u00f3 en su tormento, un fuego que ard\u00eda en su alma, alimentado por la frustraci\u00f3n de no haberla hecho suya, de no haber reclamado cada cent\u00edmetro de su cuerpo despampanante.<\/p>\n<p>Nueve a\u00f1os despu\u00e9s de aquella noche en el balc\u00f3n, Santiago, a sus ahora 27 a\u00f1os, se hab\u00eda convertido en un editor independiente, con d\u00edas llenos de manuscritos y deadlines, pero su alma segu\u00eda atrapada en el recuerdo de Andrea. La colonia Roma, con sus calles adoquinadas y sus edificios art d\u00e9co, era un escenario constante de su obsesi\u00f3n, cada esquina era un eco de ese beso apasionado bajo la luna, de sus manos rozando la piel c\u00e1lida de aquellos pechos, de sus gemidos resonando en la noche.<\/p>\n<p>Ahora, Andrea, trabajaba en la tienda de abarrotes de su familia en la Condesa, un sacrificio para apoyar a su madre enferma, a pesar de su t\u00edtulo en psicolog\u00eda. Su cuerpo era a\u00fan m\u00e1s impresionante: esbelto, con una cintura que parec\u00eda esculpida, nalgas redondas y firmes que se delineaban como una obra maestra en sus jeans ajustados, y pechos voluptuosos que tensaban las blusas de algod\u00f3n que usaba, desafiando la gravedad con cada movimiento.<\/p>\n<p>Santiago encontraba cualquier pretexto absurdo para visitar la tienda: un refresco, una lata de at\u00fan, un paquete de chicles, cualquier cosa que le diera una excusa para verla. Entraba con el coraz\u00f3n acelerado, a pesar de que el aire de la Condesa estaba lleno de aromas a caf\u00e9 y pan reci\u00e9n horneado, para \u00e9l, solo exist\u00eda el perfume floral de Andrea, que lo envolv\u00eda como un veneno dulce.<\/p>\n<p>Ella se mov\u00eda tras el mostrador con una gracia felina, sus nalgas se meneaban al agacharse para reponer mercanc\u00eda, la tela de sus jeans se expand\u00eda con aquellas curvas, revelando el contorno de una tanga negra que apenas conten\u00eda su carne. Sus blusas, siempre ajustadas, dejaban ver la curva de sus senos, grandes, firmes, rebotando ligeramente cuando re\u00eda, sus pezones endurecidos marc\u00e1ndose cuando el aire acondicionado de la tienda la rozaba. Cada encuentro era una danza de miradas furtivas, brillando con una chispa que era tanto inocencia como provocaci\u00f3n, y conversaciones casuales que escond\u00edan una tensi\u00f3n sexual que lo consum\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Santi, \u00bfotra vez por un refresco? Vas a terminar con una colecci\u00f3n \u2014dijo ella, apoy\u00e1ndose en el mostrador, su escote se abri\u00f3 ligeramente, dejando entrever la divisi\u00f3n de sus pechos, el borde de un sost\u00e9n de encaje blanco se asomaba.<\/p>\n<p>\u2014Es que aqu\u00ed tienen el mejor surtido \u2014respondi\u00f3 Santiago, con voz temblorosa, sus ojos recorr\u00edan el contorno de sus nalgas mientras ella se giraba para tomar la botella, los jeans se tensaban, delineando cada cent\u00edmetro de su culo perfecto.<\/p>\n<p>Ella rio, y le entreg\u00f3 el refresco, sus dedos rozaron los suyos, enviando una corriente el\u00e9ctrica por su cuerpo. \u2014Siempre tan fiel a la tienda, escritor \u2014susurr\u00f3, inclin\u00e1ndose un poco m\u00e1s para permitirle ver algo m\u00e1s, la tela de su blusa estaba a punto de ceder.<\/p>\n<p>Santiago sal\u00eda de la tienda con el pene endurecido, palpitando bajo sus pantalones, su mente quedaba atrapada en la imagen de Andrea, con ese meneo de nalgas, con el rebotar de sus senos. En la soledad de su departamento, volcaba su obsesi\u00f3n en cuentos er\u00f3ticos que escrib\u00eda en secreto, p\u00e1ginas llenas de descripciones v\u00edvidas de aquella chica que era su obsesi\u00f3n: su vagina reluciendo con jugos, sus nalgas marcadas por nalgadas imaginarias, sus gemidos gritando su nombre mientras la penetraba en cada rinc\u00f3n de su fantas\u00eda.<\/p>\n<p>Cada noche, rele\u00eda sus historias, su mano se deslizaba sobre su pene, masturb\u00e1ndose con una furia que era casi dolorosa, imagin\u00e1ndola desnuda, con sus piernas abiertas, su tanga arrancada, su vagina rosada y h\u00fameda succion\u00e1ndolo, sus pechos rebotando mientras la cog\u00eda contra el mostrador de la tienda, sus gritos de &#8220;\u00a1Santi, c\u00f3geme m\u00e1s!&#8221;, todas esas im\u00e1genes consum\u00edan su mente.<\/p>\n<p>Pero su tormento no estaba solo en su deseo insatisfecho. Iv\u00e1n, el novio de Andrea, un fisicoculturista de m\u00fasculos abultados y mirada posesiva hab\u00eda comenzado a notar las visitas frecuentes de Santiago. Lo ve\u00eda entrar a la tienda, sus ojos oscuros se entrecerraban, su mand\u00edbula se tensaba mientras observaba c\u00f3mo Andrea sonre\u00eda al escritor, c\u00f3mo sus caderas se meneaban al caminar hacia \u00e9l. Una tarde, mientras Santiago pagaba por una lata de at\u00fan que no necesitaba, Iv\u00e1n se acerc\u00f3, su presencia fue imponente llenando el espacio, su camiseta ajustada marcaba cada m\u00fasculo de su pecho.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 tanto vienes a comprar, amigo? \u2014pregunt\u00f3 Iv\u00e1n, con voz grave, cargada de sospecha, apoy\u00e1ndose en el mostrador junto a Andrea, su mano posesiva se deslizaba por su cintura, rozando el borde de sus nalgas.<\/p>\n<p>\u2014Solo cosas que necesito \u2014respondi\u00f3 Santiago, su coraz\u00f3n se aceleraba, y su pene se endurec\u00eda al ver la mano de Iv\u00e1n sobre Andrea, un destello de celos que se mezclaba con deseo.<\/p>\n<p>Andrea re\u00eda, intentando aligerar la tensi\u00f3n, su mano rozaba el brazo de Iv\u00e1n. \u2014Tranquilo, amor, Santi es de la colonia, siempre viene \u2014dijo, pero sus ojos encontraron los de Santiago, brillando con esa chispa que lo enloquec\u00eda, como si supiera el efecto que ten\u00eda en \u00e9l.<\/p>\n<p>Santiago sali\u00f3 de la tienda, su respiraci\u00f3n era agitada, su mente ya estaba atrapada en una fantas\u00eda oscura: Andrea, desnuda sobre el mostrador, con sus nalgas elevadas, su vagina rozada, mientras \u00e9l la penetraba con furia, mientras Iv\u00e1n los observaba, impotente, mientras ella gem\u00eda, \u2014Santi, eres t\u00fa quien me hace suya.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a su departamento, se sent\u00f3 frente a su laptop, sus dedos temblaban mientras escrib\u00eda una nueva historia, describiendo cada detalle de su cuerpo. Se masturb\u00f3 una vez m\u00e1s, con desesperaci\u00f3n, su semen salpic\u00f3 el escritorio, pero la frustraci\u00f3n no se desvanec\u00eda. Era solo un amigo, atrapado en una fachada que lo torturaba, su obsesi\u00f3n por Andrea crec\u00eda con cada visita, cada mirada, cada roce accidental, mientras Iv\u00e1n, con su presencia amenazante, vigilaba desde las sombras.<\/p>\n<p>Una tarde, mientras el cielo de la Ciudad de M\u00e9xico se oscurec\u00eda con nubes de tormenta, Andrea, agobiada por las exigencias de Iv\u00e1n, y la presi\u00f3n de cuidar a su madre enferma, invit\u00f3 a Santiago a quedarse despu\u00e9s del cierre.<\/p>\n<p>\u2014Santi, \u00bfte tomas una cerveza conmigo? Necesito desahogarme \u2014dijo, mientras se apoyaba en el mostrador, su blusa escotada de algod\u00f3n blanco revelaba el valle profundo entre sus pechos, la curva cremosa de su piel brillando bajo la luz tenue de la tienda.<\/p>\n<p>\u2014Claro, Andy \u2014respondi\u00f3 Santiago, su coraz\u00f3n se aceler\u00f3, pero se inclin\u00f3 para sacar dos cervezas fr\u00edas del refrigerador.<\/p>\n<p>Se sentaron en un par de sillas detr\u00e1s del mostrador. La conversaci\u00f3n fluy\u00f3, primero sobre la madre de Andrea, luego sobre el estr\u00e9s de su trabajo, pero sus miradas se volv\u00edan m\u00e1s intensas, sus ojos encontrando los suyos, brillando con una chispa que era puro fuego.<\/p>\n<p>\u2014Iv\u00e1n me est\u00e1 volviendo loca, Santi \u2014confes\u00f3, su voz temblaba, mientras tomaba un sorbo de cerveza, sus labios se humedec\u00edan de una manera exquisita\u2014. A veces siento que me asfixia, que no me deja ser yo.<\/p>\n<p>\u00c9l, conteniendo el deseo que rug\u00eda en su pecho, extendi\u00f3 la mano para consolarla, sus dedos rozaron los suyos.<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa mereces m\u00e1s, Andy. Mereces ser libre \u2014murmur\u00f3, manteniendo fija su mirada en ella, mientras su pene palpitaba, endureci\u00e9ndose al sentir el calor de su mano.<\/p>\n<p>Ella no apart\u00f3 la mano, sus dedos se entrelazaron brevemente, su respiraci\u00f3n se volv\u00eda agitada, sus pechos tensaban su blusa, sus pezones se endurec\u00edan marc\u00e1ndose bajo la tela.<\/p>\n<p>\u2014Gracias, Santi \u2014susurr\u00f3, inclin\u00e1ndose hacia \u00e9l, su escote se abri\u00f3, dejando entrever el encaje blanco de su sost\u00e9n, asomando como una provocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de que pudieran decir m\u00e1s, un trueno reson\u00f3, y la lluvia comenz\u00f3 a azotar la ciudad, un aguacero torrencial comenz\u00f3 a golpear las ventanas de la tienda.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mierda, las cosas de afuera! \u2014grit\u00f3 Andrea, levant\u00e1ndose de un salto, sus nalgas se menearon mientras corr\u00eda hacia la entrada, se blusa se pegaba a su piel con las primeras gotas.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Te ayudo! \u2014dijo Santiago, sigui\u00e9ndola, con el coraz\u00f3n latiendo con fuerza, su mente ya se posaba en la imagen de sus curvas bajo la lluvia.<\/p>\n<p>Corrieron bajo el diluvio, recogiendo cajas de frutas y carteles, el agua los empapaba, la blusa de Andrea se volvi\u00f3 transparente, revelando el encaje de su sost\u00e9n pegado a su piel. Sus jeans, ahora oscuros por la lluvia, abrazaban sus nalgas, delineando cada curva, delineando sus piernas tonificadas con gotas de agua. Santiago, con la camisa pegada al pecho, sent\u00eda su pene endurecerse dolorosamente, su respiraci\u00f3n era agitada mientras la ayudaba a llevar las cajas al almac\u00e9n trasero, un espacio reducido lleno de estantes y el aroma a cart\u00f3n h\u00famedo.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_61493\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"61493\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Cada movimiento de Andrea era una tortura exquisita, sus nalgas tocando su entrepierna, su perfume exquisito lo envolv\u00eda, su risa era como una melod\u00eda que lo atrapaba. La qu\u00edmica entre ellos era innegable, un cable el\u00e9ctrico chispeando bajo la superficie, y cuando sus ojos se cruzaron de nuevo, el mundo pareci\u00f3 desvanecerse, dejando solo el latido de sus corazones y<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_61493\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"61493\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":31480,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-61493","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":5709,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61493","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/31480"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=61493"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61493\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":61495,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61493\/revisions\/61495"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=61493"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=61493"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=61493"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}