{"id":61628,"date":"2025-08-20T01:32:30","date_gmt":"2025-08-19T23:32:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=61628"},"modified":"2025-08-19T20:10:36","modified_gmt":"2025-08-19T18:10:36","slug":"llamas-prohibidas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/llamas-prohibidas-2\/","title":{"rendered":"Llamas prohibidas (2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"61628\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">19<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La facultad estaba silenciosa al amanecer, el eco de los pasos de Carlos resonando en los pasillos vac\u00edos. Hab\u00eda pasado una semana desde aquel jueves bajo la lluvia, y el recuerdo del beso de Laura segu\u00eda quem\u00e1ndole la piel. Cada clase era una prueba de fuego: verla en la tercera fila, con su cuaderno lleno de garabatos y esa mirada que lo desarmaba, era un recordatorio de lo que hab\u00edan hecho y de lo que no pod\u00edan repetir. Pero su cuerpo y su mente estaban en guerra.<br \/>\nCarlos se encerr\u00f3 en su despacho, intentando concentrarse en un art\u00edculo sobre dolo eventual. Las palabras se desdibujaban en la pantalla, reemplazadas por la imagen de Laura, su blusa desabrochada, su respiraci\u00f3n entrecortada. Sacudi\u00f3 la cabeza, maldiciendo en voz baja. Era un profesor respetado, con una carrera s\u00f3lida y un matrimonio que, aunque desgastado, a\u00fan lo ataba. Cruzar esa l\u00ednea no solo era un riesgo personal; pod\u00eda destruirlo todo.<br \/>\nUn golpe suave en la puerta lo sac\u00f3 de sus pensamientos. Antes de que pudiera responder, Laura entr\u00f3, cerrando la puerta tras de s\u00ed. Llevaba un jersey azul que abrazaba sus curvas y una falda que terminaba justo por encima de las rodillas. Sus ojos verdes ten\u00edan un brillo decidido, como si hubiera tomado una resoluci\u00f3n.\u2014Laura, no deber\u00edas estar aqu\u00ed \u2014dijo Carlos, levant\u00e1ndose de la silla, pero su voz son\u00f3 m\u00e1s d\u00e9bil de lo que pretend\u00eda.<br \/>\nElla dio un paso hacia \u00e9l, ignorando la advertencia. \u2014No he dejado de pensar en ti, Carlos. En lo que pas\u00f3. Y s\u00e9 que t\u00fa tampoco. \u00c9l apret\u00f3 los pu\u00f1os, luchando contra el impulso de acercarse. \u2014Esto es una locura. Soy tu profesor. Estoy casado. Si alguien se entera\u2026<br \/>\n\u00c9l apret\u00f3 los pu\u00f1os, luchando contra el impulso de acercarse. \u2014Esto es una locura. Soy tu profesor. Estoy casado. Si alguien se entera\u2026\u2014Nadie lo sabr\u00e1 \u2014interrumpi\u00f3 ella, acerc\u00e1ndose hasta que solo un escritorio los separaba\u2014. No quiero hacerte da\u00f1o. Solo quiero\u2026 esto. \u2014Su voz tembl\u00f3, pero sus ojos no vacilaron.<br \/>\nCarlos sinti\u00f3 el aire cargarse de nuevo, como aquella tarde en el aula. Sab\u00eda que deb\u00eda echarla, poner fin a esto antes de que se saliera de control. Pero la verdad era que no quer\u00eda. La quer\u00eda a ella, con una intensidad que lo asustaba. Laura rode\u00f3 el escritorio, deteni\u00e9ndose a cent\u00edmetros de \u00e9l. Su perfume, ese mismo aroma suave que lo hab\u00eda perseguido en sue\u00f1os, llen\u00f3 sus sentidos.<br \/>\n\u2014No puedo seguir fingiendo que no siento nada \u2014susurr\u00f3 Laura, posando una mano en su pecho. El contacto fue como una chispa.<br \/>\nCarlos la mir\u00f3, atrapado entre el deber y el deseo. \u2014Laura, esto nos destruir\u00e1. A los dos. Ella neg\u00f3 con la cabeza, sus dedos desliz\u00e1ndose hacia su nuca. \u2014O nos salvar\u00e1. No hubo m\u00e1s palabras. Carlos la atrajo hacia \u00e9l, bes\u00e1ndola con una urgencia que borr\u00f3 toda raz\u00f3n. Esta vez no hab\u00eda lluvia que amortiguara el mundo exterior, solo el latido acelerado de sus corazones y el crujido del escritorio bajo el peso de sus cuerpos.<br \/>\nLas manos de Laura exploraron su camisa, desabroch\u00e1ndola con una mezcla de torpeza y determinaci\u00f3n. \u00c9l respondi\u00f3 levantando su jersey, sus dedos trazando la curva de su cintura, perdi\u00e9ndose en la suavidad de su piel. El despacho, con sus estanter\u00edas llenas de libros y el olor a papel viejo, se convirti\u00f3 en un refugio temporal. Cada caricia era un desaf\u00edo a las reglas, cada beso un paso m\u00e1s hacia un abismo del que no hab\u00eda retorno.<br \/>\nLaura se aferr\u00f3 a \u00e9l, sus labios rozando su o\u00eddo mientras murmuraba su nombre, y Carlos sinti\u00f3 que el mundo fuera de esa habitaci\u00f3n dejaba de existir. Pero el momento se rompi\u00f3 con el sonido de unos pasos en el pasillo. Ambos se quedaron inm\u00f3viles, jadeantes, mientras las voces de dos colegas pasaban frente a la puerta. La realidad irrumpi\u00f3 como un balde de agua fr\u00eda.<br \/>\nCarlos se apart\u00f3, pas\u00e1ndose una mano por el cabello, intentando recuperar el control.\u2014Esto tiene que parar, Laura \u2014dijo, su voz quebrada por la frustraci\u00f3n\u2014. No podemos seguir. Ella lo mir\u00f3, con las mejillas encendidas y los labios hinchados por los besos. \u2014Dime que no me quieres, y me ir\u00e9. Ahora mismo.<br \/>\nCarlos abri\u00f3 la boca, pero las palabras no salieron. No pod\u00eda mentir, no cuando cada fibra de su ser gritaba por ella. Laura dio un paso atr\u00e1s, ajust\u00e1ndose el jersey con una calma que contrastaba con el torbellino en sus ojos.\u2014No me rendir\u00e9, Carlos \u2014dijo suavemente\u2014. S\u00e9 que sientes lo mismo.<br \/>\nSin esperar respuesta, sali\u00f3 del despacho, dejando tras de s\u00ed el eco de su presencia. Carlos se dej\u00f3 caer en la silla, el peso de sus decisiones aplast\u00e1ndolo. Sab\u00eda que deb\u00eda poner fin a esto, hablar con su esposa, establecer l\u00edmites claros. Pero en el fondo, una parte de \u00e9l ya estaba planeando la pr\u00f3xima vez que la ver\u00eda.<br \/>\nEsa noche, en casa, mientras su esposa dorm\u00eda a su lado, Carlos mir\u00f3 el techo, atrapado en el recuerdo de Laura. Las llamas de su deseo eran un incendio que no pod\u00eda apagar, y tem\u00eda que, tarde o temprano, todo arder\u00eda.<br \/>\nEl despacho de Carlos estaba sumido en una quietud que parec\u00eda contener el aliento. La puerta, cerrada con llave tras la salida de Laura, segu\u00eda siendo una barrera fr\u00e1gil contra lo inevitable. Era viernes por la tarde, y la facultad estaba casi desierta, con solo el zumbido lejano de una m\u00e1quina de limpieza rompiendo el silencio. Carlos hab\u00eda intentado trabajar, corregir ex\u00e1menes, cualquier cosa para distraerse, pero el recuerdo de Laura, su voz desafiante y sus manos en su piel, lo persegu\u00eda como un espectro.<br \/>\nUn golpe suave en la puerta lo hizo tensarse. Sab\u00eda qui\u00e9n era antes de abrir. Laura estaba all\u00ed, con una gabardina negra que ca\u00eda hasta las rodillas y el cabello suelto, h\u00famedo por la llovizna de octubre. Sus ojos verdes lo atravesaron, cargados de una determinaci\u00f3n que no admit\u00eda dudas.\u2014Dijiste que no pod\u00edas seguir \u2014dijo ella, entrando sin esperar invitaci\u00f3n\u2014. Pero aqu\u00ed estoy. Y t\u00fa no me Y t\u00fa no me est\u00e1s echando.<br \/>\nCarlos cerr\u00f3 la puerta tras ella, su coraz\u00f3n latiendo con una mezcla de miedo y deseo. \u2014Laura, esto es un error \u2014murmur\u00f3, pero su voz carec\u00eda de firmeza.<br \/>\nElla se acerc\u00f3, dejando caer la gabardina al suelo. Debajo, llevaba un vestido ajustado de color burdeos que marcaba cada curva de su cuerpo. \u2014Entonces, dime que me vaya \u2014susurr\u00f3, deteni\u00e9ndose a un paso de \u00e9l\u2014. D\u00edmelo ahora.<br \/>\nNo pudo. En lugar de eso, sus manos encontraron la cintura de Laura, atray\u00e9ndola hacia \u00e9l con una urgencia que borr\u00f3 cualquier resto de raz\u00f3n. Sus labios se encontraron en un beso profundo, hambriento, que sab\u00eda a transgresi\u00f3n y a promesas rotas. Laura respondi\u00f3 con la misma intensidad, sus dedos desliz\u00e1ndose por el cuello de Carlos, desabrochando los primeros botones de su camisa con una destreza que delataba su deseo.<br \/>\nEl escritorio, testigo mudo de su primer encuentro, volvi\u00f3 a ser su refugio. Carlos la alz\u00f3 con facilidad, sent\u00e1ndola sobre la madera mientras sus manos exploraban la suavidad de su piel bajo el vestido. Laura dej\u00f3 escapar un suspiro cuando \u00e9l bes\u00f3 su cuello, descendiendo lentamente hacia el escote, donde el tejido ced\u00eda ante sus dedos. El calor de sus cuerpos se mezclaba con el aroma a lluvia que se colaba por una ventana entreabierta, creando una atm\u00f3sfera que los aislaba del mundo.<br \/>\nLaura se arque\u00f3 contra \u00e9l, sus manos recorriendo la espalda de Carlos, sintiendo la tensi\u00f3n de sus m\u00fasculos bajo la camisa. \u00c9l, con una mezcla de reverencia y desesperaci\u00f3n, desliz\u00f3 el vestido por sus hombros, revelando la piel p\u00e1lida que hab\u00eda imaginado en cada rinc\u00f3n oscuro de su mente. Cada caricia era un desaf\u00edo a las reglas que los separaban, cada roce un paso m\u00e1s hacia lo prohibido. Ella lo atrajo m\u00e1s cerca, sus piernas rode\u00e1ndolo, y el espacio entre ellos desapareci\u00f3.<br \/>\nEl tiempo se desvaneci\u00f3 en un torbellino de sensaciones. Los dedos de Laura se enredaron en el cabello de Carlos, gui\u00e1ndolo mientras sus labios trazaban senderos ardientes por su clav\u00edcula. \u00c9l respondi\u00f3 con una ternura que contrastaba con la urgencia de sus movimientos, como si quisiera memorizar cada cent\u00edmetro de ella antes de que la realidad los alcanzara. Los gemidos suaves de Laura, amortiguados por el roce de sus cuerpos, llenaban el aire, mezcl\u00e1ndose con el latido acelerado de sus corazones.<br \/>\nCuando sus miradas se encontraron, hab\u00eda algo m\u00e1s que deseo: una vulnerabilidad cruda, un reconocimiento de lo que estaban arriesgando. Carlos acarici\u00f3 su mejilla, su pulgar trazando la curva de sus labios, y Laura lo bes\u00f3 con una intensidad que parec\u00eda querer detener el tiempo. Se movieron juntos, guiados por una necesidad que no pod\u00edan negar, hasta que el mundo exterior dej\u00f3 de importar. El escritorio cruji\u00f3 bajo su peso, los papeles cayendo al suelo, pero ninguno lo not\u00f3.<br \/>\nCuando todo termin\u00f3, se quedaron all\u00ed, jadeantes, con los cuerpos a\u00fan entrelazados. Laura apoy\u00f3 la frente contra el pecho de Carlos, su respiraci\u00f3n c\u00e1lida contra su piel. \u00c9l la abraz\u00f3, sintiendo el peso de lo que hab\u00edan hecho. El silencio era fr\u00e1gil, cargado de preguntas sin respuesta.\u2014No quiero que esto termine \u2014susurr\u00f3 Laura, su voz temblorosa pero firme.<br \/>\nCarlos cerr\u00f3 los ojos, atrapado entre el deseo de aferrarse a ella y el miedo a las consecuencias. \u2014Laura, esto nos va a destruir. Ella levant\u00f3 la mirada, sus ojos brillando con una mezcla de desaf\u00edo y ternura. \u2014O nos har\u00e1 libres.<br \/>\nRecogi\u00f3 su gabardina y, con un \u00faltimo beso que promet\u00eda m\u00e1s, sali\u00f3 del despacho. Carlos se qued\u00f3 solo, con el eco de su presencia y el caos de sus emociones. Sab\u00eda que hab\u00eda cruzado un umbral del que no hab\u00eda vuelta atr\u00e1s, y aunque el miedo lo atenazaba, una parte de \u00e9l no pod\u00eda esperar a verla de nuevo.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_61628\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"61628\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Carlos la alz\u00f3 con facilidad, sent\u00e1ndola sobre la madera mientras sus manos exploraban la suavidad de su piel bajo el vestido. Laura dej\u00f3 escapar un suspiro cuando \u00e9l bes\u00f3 su cuello, descendiendo lentamente hacia el escote, donde el tejido ced\u00eda ante sus dedos. El calor de sus cuerpos se mezclaba con el aroma a lluvia que se colaba por una<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_61628\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"61628\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":30732,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[],"class_list":{"0":"post-61628","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-erotismo-y-amor"},"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":1921,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61628","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/30732"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=61628"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61628\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":61630,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61628\/revisions\/61630"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=61628"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=61628"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=61628"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}