{"id":62108,"date":"2025-09-11T00:02:12","date_gmt":"2025-09-10T22:02:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=62108"},"modified":"2025-09-10T23:57:46","modified_gmt":"2025-09-10T21:57:46","slug":"placeres-prohibidos-lujuria-incestuosa-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/placeres-prohibidos-lujuria-incestuosa-1\/","title":{"rendered":"Placeres prohibidos. Lujuria incestuosa (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"62108\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">36<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Elizabeth, a sus 44 a\u00f1os, es un torbellino de sensualidad contenida. Su piel blanca, suave como la porcelana, parec\u00eda captar cada rayo de luz, d\u00e1ndole un brillo et\u00e9reo que invitaba a tocarla. Su cabello rubio, largo y ligeramente ondulado, ca\u00eda como una cascada dorada sobre sus hombros, rozando la curva de su espalda con cada movimiento. Sus ojos, de un miel profundo y magn\u00e9tico, destilaban una mezcla de dulzura y desaf\u00edo, con finas arrugas que solo a\u00f1ad\u00edan car\u00e1cter a su mirada, como si cada l\u00ednea contara una historia de deseo silenciado. Es, sin duda, una mujer que robaba el aliento, su atractivo maduro y natural resultaba casi hipn\u00f3tico.<\/p>\n<p>Sus jeans ajustados se adher\u00edan a sus piernas como una segunda piel, marcando cada contorno de sus muslos firmes y sus caderas redondeadas, un canto a la feminidad que hac\u00eda girar cabezas a su paso. Sobre su torso, un su\u00e9ter holgado de cachemira beige ca\u00eda con una elegancia despreocupada, pero no pod\u00eda disimular del todo la silueta de sus senos prominentes, que se alzaban con una firmeza insolente bajo la tela, insinuando su plenitud con cada respiraci\u00f3n. Su cuerpo esbelto parec\u00eda dise\u00f1ado para el placer, cada curva es una promesa de \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n divorciada, hab\u00eda encontrado un refugio de libertad en la peque\u00f1a casa que, tras a\u00f1os de esfuerzo, finalmente era suya. La vivienda, modesta pero acogedora, estaba impregnada de su esencia: paredes adornadas con detalles c\u00e1lidos, muebles que contaban historias de su vida, y un aire de independencia que se respiraba en cada rinc\u00f3n. Viv\u00eda all\u00ed con su hija Atziry, quien, con apenas 18 a\u00f1os reci\u00e9n cumplidos, era un reflejo vibrante de la belleza de su madre. Atziry ten\u00eda la misma melena rubia, larga y sedosa, que ca\u00eda en cascada sobre sus hombros, y unos ojos caf\u00e9s claro que parec\u00edan destellar con una mezcla de inocencia y picard\u00eda.<\/p>\n<p>Su cuerpo, heredado de Elizabeth, era una sinfon\u00eda de curvas juveniles, con una piel tersa que invitaba a ser admirada. Sol\u00eda usar vestidos frescos, ligeros como el aire, que se adher\u00edan a su figura con una audacia que rozaba lo indecente, dejando entrever la silueta de sus caderas y el contorno de sus senos firmes con cada paso.<\/p>\n<p>Una noche, la casa estaba ba\u00f1ada por la luz plateada de la luna que se colaba por las ventanas. Elizabeth, agotada tras un largo d\u00eda, hab\u00eda decidido relajarse con una copa de vino tinto en el sof\u00e1. Llevaba una bata de seda negra, apenas cerrada, que dejaba entrever la piel blanca de su escote y el borde de un conjunto de lencer\u00eda que abrazaba su cuerpo esbelto. Atziry, por su parte, acababa de regresar de una salida con amigos. Su vestido blanco, casi transl\u00facido bajo la luz, se ce\u00f1\u00eda a su cintura y dejaba al descubierto sus piernas bronceadas, movi\u00e9ndose con una gracia que parec\u00eda desafiar la gravedad.<\/p>\n<p>\u2014Mam\u00e1, \u00bfc\u00f3mo haces para verte as\u00ed de incre\u00edble? \u2014dijo Atziry, dej\u00e1ndose caer en el sof\u00e1 junto a Elizabeth, llena de admiraci\u00f3n y un toque de coqueter\u00eda. Se inclin\u00f3 hacia ella, apoyando una mano en el muslo de su madre, el roce de sus dedos envi\u00f3 un escalofr\u00edo inesperado por la piel de Elizabeth.<\/p>\n<p>Elizabeth sonri\u00f3, sus ojos miel brillaron con un destello juguet\u00f3n mientras tomaba un sorbo de vino. \u2014A\u00f1os de pr\u00e1ctica, cari\u00f1o \u2014respondi\u00f3, su voz era aterciopelada, mientras dejaba la copa en la mesa y se giraba hacia Atziry. La luz de la luna resaltaba las curvas de su hija, el vestido marcaba cada l\u00ednea de su cuerpo joven y tentador. Por un momento, el aire se carg\u00f3 de una tensi\u00f3n inesperada, una corriente el\u00e9ctrica que ninguna de las dos reconoci\u00f3 en voz alta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSabes? \u2014continu\u00f3 Atziry, inclin\u00e1ndose m\u00e1s cerca, su aliento c\u00e1lido roz\u00f3 el hombro de su madre\u2014. A veces me miran como si quisieran comerme&#8230; y no s\u00e9 si me asusta o me gusta.<\/p>\n<p>Elizabeth sinti\u00f3 un calor subir por su pecho, un cosquilleo que no esperaba. La cercan\u00eda de Atziry, el roce de su vestido contra su propia piel despertaba algo profundo, algo que hab\u00eda mantenido enterrado bajo capas de responsabilidad y rutina. \u2014Es porque eres un im\u00e1n, Atziry \u2014susurr\u00f3, su mano movi\u00e9ndose instintivamente para apartar un mech\u00f3n rubio del rostro de su hija, sus dedos deteni\u00e9ndose un segundo de m\u00e1s en la suavidad de su mejilla\u2014. Pero cuidado con lo que despiertas&#8230; no todos saben manejar tanto fuego.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de aquella tensi\u00f3n entre madre e hija, Atziry se levant\u00f3, y se despidi\u00f3 con un beso en la mejilla, dispuesta a irse a dormir.<\/p>\n<p>La mujer es un im\u00e1n para las miradas masculinas, un faro de deseo que atra\u00eda a hombres de todas las edades. Los mayores la observaban con anhelo nost\u00e1lgico, los de su edad con una admiraci\u00f3n te\u00f1ida de envidia, y los m\u00e1s j\u00f3venes con una lujuria descarada que no se molestaban en disimular. Pero ella conoc\u00eda bien esas miradas: no ve\u00edan su alma, solo codiciaban su carne, listos para tomarla y luego abandonarla como un trofeo ef\u00edmero. Esa certeza la hab\u00eda encerrado en una fortaleza de inseguridad, neg\u00e1ndose a salir con cualquiera que intentara conquistarla.<\/p>\n<p>En la quietud de su casa, cuando la noche se volv\u00eda densa y su hija Atziry dorm\u00eda profundamente en la habitaci\u00f3n contigua, Elizabeth encontraba refugio en la intimidad de su alcoba. La luz tenue de una l\u00e1mpara acariciaba su piel mientras se deslizaba bajo las s\u00e1banas, la seda de su camis\u00f3n negro rozaba sus muslos con una suavidad que encend\u00eda su piel. En la mesita de noche, su vibrador aguardaba, un compa\u00f1ero fiel que conoc\u00eda cada rinc\u00f3n de su deseo. Elizabeth amaba el sexo, lo anhelaba con una intensidad que la consum\u00eda. Cada orgasmo que arrancaba de su cuerpo era una explosi\u00f3n que empapaba su colch\u00f3n, un r\u00edo de placer que la dejaba temblando, con la respiraci\u00f3n entrecortada y el coraz\u00f3n latiendo desbocado.<\/p>\n<p>Encendi\u00f3 el vibrador, el zumbido suave llen\u00f3 el silencio de la habitaci\u00f3n. Sus manos, expertas y seguras, guiaron el juguete por la curva de su abdomen, descendiendo lentamente hasta el calor h\u00famedo entre sus piernas. Cerr\u00f3 los ojos, su mente evoc\u00f3 recuerdos prohibidos: penes gruesos y palpitantes que la hab\u00edan llenado en el pasado, la sensaci\u00f3n de chorros calientes de semen derram\u00e1ndose en su interior, marc\u00e1ndola con un placer visceral que a\u00fan la persegu\u00eda. \u2014Dios&#8230; s\u00ed&#8230; \u2014susurr\u00f3 para s\u00ed misma, su voz era un gemido roto mientras el vibrador encontraba su cl\u00edtoris, enviando oleadas de \u00e9xtasis que arqueaban su espalda. Sus caderas se mov\u00edan al ritmo de su deseo, buscando m\u00e1s, siempre m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Quiero&#8230; quiero sentirlo otra vez \u2014murmur\u00f3, perdida en su fantas\u00eda, imaginando un amante sin rostro que la tomaba con fuerza, sus manos apretando sus senos, su boca devorando su cuello. El vibrador se deslizaba con precisi\u00f3n, explorando cada pliegue, cada rinc\u00f3n sensible, mientras su cuerpo se tensaba, al borde del abismo. Elizabeth amaba esa sensaci\u00f3n, la rendici\u00f3n absoluta al placer, el momento en que su cuerpo se deshac\u00eda en espasmos, empapando las s\u00e1banas con su orgasmo.<\/p>\n<p>Pero incluso en la cima de su \u00e9xtasis, una sombra de anhelo persist\u00eda. No quer\u00eda entregarse a cualquiera, no quer\u00eda ser solo un cuerpo para saciar deseos ajenos. Quer\u00eda a alguien que viera m\u00e1s all\u00e1 de su piel, que la reclamara con la misma intensidad con la que ella se entregaba a sus noches solitarias.<\/p>\n<p>Cuando el \u00faltimo estremecimiento la abandon\u00f3, Elizabeth dej\u00f3 caer el vibrador a un lado, su pecho sub\u00eda y bajaba con respiraciones profundas. Se gir\u00f3 hacia la ventana, la luna ilumin\u00f3 su rostro, y susurr\u00f3 al vac\u00edo: \u2014Alg\u00fan d\u00eda&#8230; alguien lo entender\u00e1. \u2014Su cuerpo, a\u00fan palpitante, guardaba la promesa de un placer que no se conformar\u00eda con menos.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s, Elizabeth colg\u00f3 el tel\u00e9fono con un suspiro pesado, el eco de la voz de su hermana Am\u00e9rica a\u00fan resonaba en su mente. La petici\u00f3n hab\u00eda sido inesperada: su sobrino Diego, de 25 a\u00f1os, necesitaba un lugar donde quedarse mientras comenzaba su nuevo trabajo en un despacho de abogados en la Ciudad de M\u00e9xico. La renta en la capital era un lujo que a\u00fan no pod\u00eda permitirse, y Am\u00e9rica hab\u00eda insistido en que ser\u00eda algo temporal.<\/p>\n<p>Elizabeth, con un nudo en el est\u00f3mago, acept\u00f3 a rega\u00f1adientes, aclarando que Diego tendr\u00eda que dormir en el piso de su estudio de arquitectura, un espacio peque\u00f1o lleno de planos y maquetas, ya que la sala era demasiado reducida y las dos \u00fanicas habitaciones de la casa estaban ocupadas por ella y su hija Atziry. \u2014No habr\u00e1 problema, \u00e9l se adaptar\u00e1 \u2014respondi\u00f3 Am\u00e9rica con tono firme antes de cortar la llamada.<\/p>\n<p>Elizabeth se qued\u00f3 mirando el tel\u00e9fono, inquieta. No ve\u00eda a Diego desde hac\u00eda casi ocho a\u00f1os, cuando era un adolescente t\u00edmido. La idea de incorporar a un hombre joven en la din\u00e1mica de su hogar, donde ella y Atziry apenas compart\u00edan ratos breves de charlas espor\u00e1dicas, la llenaba de incertidumbre. \u00bfC\u00f3mo se adaptar\u00edan los tres? \u00bfC\u00f3mo lo tomar\u00eda Atziry?<\/p>\n<p>Esa tarde, Elizabeth decidi\u00f3 hablar con su hija. Sentada en la cocina, con un caf\u00e9 humeante entre las manos, su figura segu\u00eda siendo un im\u00e1n de sensualidad. Sus jeans ajustados abrazaban sus caderas, resaltando la curva de sus muslos, mientras un su\u00e9ter holgado dejaba entrever, con cada movimiento, el contorno de sus senos prominentes bajo un sost\u00e9n de encaje negro. \u2014Atziry, necesito contarte algo \u2014comenz\u00f3, con voz suave pero cargada de cautela\u2014. Tu primo Diego vendr\u00e1 a vivir con nosotras por un tiempo. No puede pagar renta, as\u00ed que dormir\u00e1 en el estudio. \u00bfQu\u00e9 te parece?<\/p>\n<p>Atziry, que estaba apoyada en el mostrador con un vestido blanco ligero que se adher\u00eda a su cuerpo como una segunda piel, dejando poco a la imaginaci\u00f3n, solt\u00f3 una risita emocionada. Sus ojos brillaron con entusiasmo, y su melena rubia cay\u00f3 en cascada sobre sus hombros mientras se acercaba a su madre. \u2014\u00a1Mam\u00e1, eso es genial! \u2014 exclam\u00f3, su voz vibraba de alegr\u00eda\u2014. Diego y yo hablamos por WhatsApp todo el tiempo, es s\u00faper buena onda. Adem\u00e1s, la casa se va a sentir m\u00e1s segura con un hombre aqu\u00ed, \u00bfno crees? \u2014Se inclin\u00f3 hacia Elizabeth, su vestido subi\u00f3 ligeramente por sus muslos bronceados, revelando la curva tentadora de su piel.<\/p>\n<p>Elizabeth sinti\u00f3 un alivio inesperado, mezclado con un cosquilleo que no pudo identificar del todo. La reacci\u00f3n de Atziry era un contraste con su propia inquietud, y la idea de que su hija estuviera tan c\u00f3moda con la llegada de Diego despert\u00f3 en ella una curiosidad que rayaba en lo prohibido. \u2014Me alegra que lo tomes tan bien, cari\u00f1o \u2014respondi\u00f3, con tono m\u00e1s c\u00e1lido, mientras sus ojos recorr\u00edan la figura de Atziry, deteni\u00e9ndose en la forma en que el vestido marcaba sus caderas y dejaba entrever el contorno de sus senos firmes\u2014. Entonces, \u00bfme ayudas a preparar el estudio para que est\u00e9 m\u00e1s c\u00f3modo?<\/p>\n<p>Atziry asinti\u00f3 con una sonrisa traviesa, acerc\u00e1ndose a\u00fan m\u00e1s hasta que el aroma de su perfume c\u00edtrico llen\u00f3 el espacio entre ellas. \u2014Claro, mam\u00e1. Vamos a hacer que ese estudio sea&#8230; irresistible \u2014dijo, su voz baj\u00f3 a un susurro juguet\u00f3n mientras rozaba el brazo de Elizabeth con la punta de sus dedos. Juntas, se dirigieron al estudio, sus cuerpos se mov\u00edan en una sincron\u00eda casi inconsciente. Elizabeth, inclinada sobre una pila de planos, sent\u00eda el roce de la tela de su su\u00e9ter contra su piel, cada movimiento hac\u00eda que sus senos se insinuaran bajo la ropa. Atziry, a su lado, colocaba una s\u00e1bana sobre el colch\u00f3n improvisado, su vestido sub\u00eda peligrosamente por sus muslos mientras se agachaba, dejando al descubierto la suavidad de su piel.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCrees que a Diego le gustar\u00e1? \u2014pregunt\u00f3 Atziry, gir\u00e1ndose hacia su madre con una mirada que destilaba picard\u00eda. Sus manos se deslizaron por la s\u00e1bana, alis\u00e1ndola con una lentitud deliberada, como si estuviera invitando a algo m\u00e1s que una simple conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Elizabeth sinti\u00f3 un calor subir por su pecho, su cuerpo reaccionaba a la cercan\u00eda de su hija y a la idea de Diego invadiendo su espacio. \u2014Si es como t\u00fa dices, no creo que se queje.<\/p>\n<p>El d\u00eda que su sobrino se mudar\u00eda con ellas lleg\u00f3. Diego cruz\u00f3 el umbral, su maleta golpe\u00f3 suavemente contra el marco de la puerta. Elizabeth y Atziry lo recibieron con sonrisas radiantes, el aire estaba cargado de una bienvenida c\u00e1lida pero te\u00f1ida de algo m\u00e1s, algo que vibraba en el espacio entre los tres. Atziry, era un torbellino de energ\u00eda juvenil, sus micro shorts de mezclilla apenas cubr\u00edan la curva de sus muslos, abrazando sus caderas con una audacia que rayaba en lo provocador.<\/p>\n<p>Su blusa de tirantes escotada, de un blanco casi transl\u00facido, dejaba poco a la imaginaci\u00f3n: sin sost\u00e9n, sus pezones erectos se marcaban bajo la tela fina, un detalle que atrajo la mirada de Diego como un im\u00e1n. Sus ojos destellaban con una mezcla de inocencia y picard\u00eda mientras le daba un abrazo r\u00e1pido, su cuerpo roz\u00f3 el de \u00e9l con una naturalidad que parec\u00eda estudiada.<\/p>\n<p>Elizabeth, por su parte, hab\u00eda elegido un vestido floreado que se adher\u00eda a su figura esbelta como una caricia posesiva. El tejido, demasiado entallado, delineaba cada curva de su cuerpo, desde la suavidad de su cintura hasta el contorno prominente de sus senos, que parec\u00edan desafiar la tela con cada respiraci\u00f3n. Su piel blanca brillaba bajo la luz, y su cabello rubio ca\u00eda en ondas sueltas, enmarcando unos ojos miel que observaban a Diego con una mezcla de curiosidad y cautela. La mirada de su sobrino, aunque discreta, recorri\u00f3 el vestido, deteni\u00e9ndose un instante en la forma en que abrazaba sus caderas, pero no dijo nada, solo esboz\u00f3 una sonrisa t\u00edmida que escond\u00eda un destello de algo m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Diego, \u00a1qu\u00e9 bueno que est\u00e1s aqu\u00ed! \u2014dijo Atziry, mientras lo guiaba hacia el estudio de arquitectura, sus caderas se balanceaban con cada paso, sus shorts sub\u00edan ligeramente y revelaban la piel suave de sus nalgas. Elizabeth los sigui\u00f3, consciente de c\u00f3mo el vestido se mov\u00eda contra su cuerpo, la tela rozando sus muslos y enviando un cosquilleo por su piel. El estudio, un espacio peque\u00f1o lleno de planos y maquetas, ol\u00eda a papel y madera, con un colch\u00f3n improvisado en el suelo cubierto por una s\u00e1bana limpia.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed es donde te quedar\u00e1s \u2014dijo Elizabeth.<\/p>\n<p>Se inclin\u00f3 ligeramente para ajustar una almohada, el vestido subi\u00f3 por sus muslos y dej\u00f3 al descubierto un destello de piel que capt\u00f3 la atenci\u00f3n de Diego. \u00c9l, a\u00fan con un dejo de timidez, asinti\u00f3, sus ojos oscuros recorrieron el espacio antes de posarse de nuevo en las dos mujeres. \u2014Gracias, t\u00eda. Est\u00e1 perfecto \u2014murmur\u00f3, con voz profunda enviando un escalofr\u00edo inesperado por la columna de Elizabeth.<\/p>\n<p>Atziry se acerc\u00f3 a \u00e9l, roz\u00f3 su brazo con los dedos mientras se\u00f1alaba una estanter\u00eda. \u2014\u00bfVes? Aqu\u00ed puedes poner tus cosas. No es un palacio, pero mam\u00e1 y yo te haremos sentir en casa \u2014dijo, con tono juguet\u00f3n, mientras se inclinaba hacia adelante, la blusa dej\u00f3 entrever a\u00fan m\u00e1s el contorno de sus pezones. Diego trag\u00f3 saliva, su mirada se desvi\u00f3 r\u00e1pidamente, pero no lo suficiente como para que Elizabeth no lo notara. Ella sinti\u00f3 un calor subir por su pecho, una mezcla de celos y deseo que la tom\u00f3 por sorpresa. La presencia de Diego, joven y viril era como una chispa en un polvor\u00edn, y la reacci\u00f3n de Atziry solo avivaba la llama.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, te dejamos para que te instales \u2014dijo Elizabeth, rompiendo el momento con una sonrisa tensa, aunque sus ojos miel segu\u00edan fijos en Diego, captando la forma en que sus manos fuertes levantaban la maleta. \u00c9l asinti\u00f3, cerrando la puerta del estudio tras ellas con un clic suave que reson\u00f3 en la casa silenciosa.<\/p>\n<p>Las semanas se deslizaban en la peque\u00f1a casa, y la convivencia entre ella, Atziry y Diego hab\u00eda encontrado un ritmo, aunque no exento de tensiones que palpitaban bajo la superficie. Su atenci\u00f3n estaba dividida: la audacia de su hija la ten\u00eda en vilo. Atziry hab\u00eda convertido la casa en un escenario de provocaci\u00f3n, sus vestidos ligeros y micro shorts dejaban poco a la imaginaci\u00f3n, cada movimiento suyo era una invitaci\u00f3n deliberada dirigida a Diego.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, Elizabeth sorprendi\u00f3 a Atziry saliendo de su habitaci\u00f3n en un baby doll de encaje rosa, la tela era tan fina que dejaba traslucir la silueta de sus pezones erectos y el contorno de sus caderas. Se dirig\u00eda a la cocina, donde Diego preparaba caf\u00e9, y su risa cantarina llen\u00f3 el aire mientras se inclinaba sobre la encimera, dejando que el dobladillo del baby doll subiera peligrosamente por sus muslos. \u2014Diego, \u00bfme pasas el az\u00facar? \u2014pregunt\u00f3 con un tono meloso, sus ojos brillaron con picard\u00eda mientras se acercaba a \u00e9l, rozando su brazo con la punta de los dedos. Diego, con una camiseta ajustada que marcaba sus m\u00fasculos y unos jeans que delineaban su figura, desvi\u00f3 la mirada, pero el rubor en su cuello lo traicion\u00f3.<\/p>\n<p>Elizabeth, desde el umbral del estudio, sinti\u00f3 una punzada en el pecho, una mezcla de celos y preocupaci\u00f3n que le apretaba el est\u00f3mago. Observ\u00f3 c\u00f3mo Atziry se mov\u00eda con una confianza descarada, su cuerpo joven vibraba con una sensualidad que parec\u00eda desafiar a Diego a reaccionar. \u2014Cuidado, Atziry, no queremos que Diego se queme con el caf\u00e9 \u2014dijo Elizabeth, su voz estaba cargada de un filo juguet\u00f3n pero firme, mientras entraba a la cocina. Llevaba un vestido ce\u00f1ido que abrazaba su figura esbelta, la tela marcaba cada curva de sus senos y caderas, y not\u00f3 c\u00f3mo los ojos de Diego se deslizaban hacia ella, atrapados por un instante en el escote que dejaba entrever la piel blanca de su pecho.<\/p>\n<p>Diego sonri\u00f3, nervioso, levantando las manos en un gesto de rendici\u00f3n. \u2014Tranquilas, solo estoy tratando de sobrevivir aqu\u00ed \u2014brome\u00f3. Pero sus ojos, oscuros e intensos, se detuvieron en ella un segundo de m\u00e1s, y Elizabeth sinti\u00f3 un calor traicionero subir por su cuerpo. Atziry, ajena o quiz\u00e1s deliberadamente indiferente, se acerc\u00f3 a\u00fan m\u00e1s a Diego, apoyando una mano en su hombro mientras susurraba: \u2014\u00bfSobrevivir? Vamos, primo, que no mordemos&#8230; todav\u00eda. \u2014Su risa era un desaf\u00edo, y el baby doll se desliz\u00f3 un poco m\u00e1s, dejando al descubierto la curva de sus nalgas.<\/p>\n<p>Elizabeth apret\u00f3 los labios, su cuerpo se tens\u00f3 ante el descaro de su hija. En su interior, una lucha ard\u00eda: los celos por la atenci\u00f3n que Atziry reclamaba de Diego se mezclaban con un deseo reprimido que la avergonzaba. Diego, por su parte, manten\u00eda una compostura admirable, desviando la conversaci\u00f3n hacia temas triviales, pero Elizabeth notaba el esfuerzo en su mand\u00edbula tensa, en la forma en que sus manos se cerraban en pu\u00f1os para no ceder a la tentaci\u00f3n. \u2014Atziry, ve a ponerte algo m\u00e1s&#8230; decente \u2014dijo Elizabeth, con tono m\u00e1s autoritario de lo que pretend\u00eda, aunque sus ojos no pudieron evitar recorrer la figura de Diego, imaginando por un instante c\u00f3mo se sentir\u00edan esas manos fuertes contra su piel.<\/p>\n<p>Atziry se encogi\u00f3 de hombros, lanz\u00e1ndole una mirada traviesa a Diego antes de salir contone\u00e1ndose, el baby doll ondeando como una bandera de provocaci\u00f3n. Cuando se quedaron a solas, Elizabeth se acerc\u00f3 a la encimera, su vestido rozaba sus muslos mientras se inclinaba para tomar una taza. \u2014Espero que tu prima no te est\u00e9 incomodando, Diego \u2014susurr\u00f3, su voz era baja y cargada de una intensidad que no pudo contener. Diego trag\u00f3 saliva, su mirada se desliz\u00f3 por el contorno de su figura antes de responder: \u2014No es f\u00e1cil, t\u00eda, pero&#8230; lo intento.<\/p>\n<p>Un viernes por la tarde, la casa estaba envuelta en un silencio inusual, roto solo por el sonido de las hojas de papel que Diego revisaba en el estudio, inmerso en los documentos de un caso que lo ten\u00eda absorto. Atziry se hab\u00eda marchado temprano para un viaje de fin de semana con sus amigos, dejando la casa en una calma que parec\u00eda amplificar cada ruido.<\/p>\n<p>Elizabeth irrumpi\u00f3 por la puerta principal, su respiraci\u00f3n era agitada y ten\u00eda el ce\u00f1o fruncido, cargando un bolso pesado que parec\u00eda reflejar el peso de su d\u00eda. Su vestido negro, ce\u00f1ido como una segunda piel, abrazaba cada curva de su cuerpo esbelto, resaltando la prominencia de sus senos y la firmeza de sus caderas. Su cabello rubio, ligeramente desordenado, ca\u00eda sobre sus hombros, y sus ojos miel destellaban con una mezcla de furia y cansancio.<\/p>\n<p>Diego levant\u00f3 la vista desde el escritorio, notando de inmediato el torbellino de emociones que envolv\u00eda a su t\u00eda. Se puso de pie y se acerc\u00f3 a ella con pasos lentos, su presencia llen\u00f3 el espacio. \u2014T\u00eda, d\u00e9jame ayudarte con eso \u2014dijo, con voz profunda y c\u00e1lida, extendiendo las manos hacia el bolso. Elizabeth, con un gesto brusco, lo apart\u00f3 casi empuj\u00e1ndolo. \u2014Puedo sola, Diego \u2014espet\u00f3, su tono fue cortante mientras el vestido se tensaba contra su piel, dejando entrever el encaje negro de su ropa interior con el movimiento.<\/p>\n<p>Continuar\u00e1\u2026<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_62108\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"62108\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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