{"id":62118,"date":"2025-09-13T00:02:39","date_gmt":"2025-09-12T22:02:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=62118"},"modified":"2025-09-12T15:28:10","modified_gmt":"2025-09-12T13:28:10","slug":"placeres-prohibidos-lujuria-incestuosa-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/placeres-prohibidos-lujuria-incestuosa-2\/","title":{"rendered":"Placeres prohibidos. Lujuria incestuosa (2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"62118\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">25<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Pero apenas dio un paso, su expresi\u00f3n se suaviz\u00f3, y un suspiro escap\u00f3 de sus labios. \u2014Lo siento, Diego, no quise&#8230; \u2014murmur\u00f3, sus ojos encontraron los de \u00e9l, una chispa de vulnerabilidad brillaba en ellos. Diego sonri\u00f3, un gesto que destilaba comprensi\u00f3n y algo m\u00e1s, algo que hizo que el coraz\u00f3n de Elizabeth latiera m\u00e1s r\u00e1pido. \u2014No te preocupes, est\u00e1s estresada. Ven, vamos a tu habitaci\u00f3n \u2014dijo, su mano roz\u00f3 ligeramente el brazo de ella, un contacto que envi\u00f3 un escalofr\u00edo por su piel.<\/p>\n<p>Elizabeth lo sigui\u00f3, su cuerpo a\u00fan tenso, pero cediendo a la calidez de su oferta. Entraron a su habitaci\u00f3n, donde la luz tenue de una l\u00e1mpara arrojaba sombras suaves sobre las s\u00e1banas deshechas. Diego se\u00f1al\u00f3 la cama con un gesto firme. \u2014Acu\u00e9state, t\u00eda. Qu\u00e9date ah\u00ed, voy a traerte un t\u00e9 \u2014orden\u00f3, su voz estaba cargada de una autoridad que hizo que Elizabeth sintiera un calor inesperado en su bajo vientre. Confundida, pero intrigada por la intensidad de su sobrino, obedeci\u00f3, dejando que su cuerpo se hundiera en el colch\u00f3n. El vestido se subi\u00f3 ligeramente por sus muslos, revelando la piel blanca y suave, y ella no hizo nada por ajustarlo, sus ojos permanecieron fijos en la figura de Diego mientras sal\u00eda de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando volvi\u00f3 con una taza humeante, Diego se acerc\u00f3 al borde de la cama, sent\u00e1ndose tan cerca que Elizabeth pudo sentir el calor que emanaba de su cuerpo. \u2014Toma, esto te relajar\u00e1 \u2014dijo, entreg\u00e1ndole el t\u00e9, sus dedos rozaron los de ella con una lentitud que parec\u00eda deliberada. Elizabeth tom\u00f3 un sorbo, el l\u00edquido c\u00e1lido se desliz\u00f3 por su garganta, pero su atenci\u00f3n estaba en Diego, en la forma en que sus ojos oscuros recorr\u00edan su figura, deteni\u00e9ndose en el escote del vestido, donde la tela apenas conten\u00eda la curva de sus senos.<\/p>\n<p>\u2014Gracias, Diego \u2014susurr\u00f3, su voz era m\u00e1s suave, casi un ronroneo, mientras dejaba la taza en la mesita de noche y se recostaba de nuevo, su cuerpo relaj\u00e1ndose, pero vibrando con una tensi\u00f3n nueva. \u00c9l se inclin\u00f3 hacia ella, su rostro a cent\u00edmetros del suyo, el aire entre ellos cargado de electricidad. \u2014\u00bfQuieres que te ayude a relajarte un poco m\u00e1s con un masaje? \u2014pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Elizabeth, recostada en su cama, sinti\u00f3 el peso del d\u00eda disolverse bajo la mirada intensa de Diego. Sus palabras a\u00fan resonaban en el aire, cargadas de una promesa que hac\u00eda que su piel vibrara, y ella, con el coraz\u00f3n latiendo desbocado, asinti\u00f3 con un susurro apenas audible. \u2014S\u00ed, Diego&#8230; me ayudar\u00eda mucho \u2014dijo, con un murmullo aterciopelado que traicionaba el deseo que crec\u00eda en su interior.<\/p>\n<p>Sin dudarlo, Elizabeth se levant\u00f3 de la cama con una gracia felina, sus dedos temblaron ligeramente mientras desabrochaban el vestido negro que abrazaba su figura. La tela se desliz\u00f3 por su cuerpo esbelto, cayendo al suelo con un susurro, dejando al descubierto una tanga de encaje negro que se hund\u00eda provocativamente entre sus nalgas, resaltando la curva perfecta de su trasero. Su sost\u00e9n, tambi\u00e9n de encaje, apenas conten\u00eda la plenitud de sus senos, que se alzaban con cada respiraci\u00f3n, su piel blanca brillaba bajo la luz tenue de la l\u00e1mpara. No le import\u00f3 que Diego la viera as\u00ed, expuesta y vulnerable; al contrario, la idea de sus ojos recorri\u00e9ndola encend\u00eda un fuego en su bajo vientre.<\/p>\n<p>Diego, sentado al borde de la cama, contuvo el aliento, sus ojos oscuros devoraban cada cent\u00edmetro del cuerpo de su t\u00eda. La curva de su espalda, suave y elegante, lo hipnotizaba, una extensi\u00f3n de piel que anhelaba tocar, acariciar, reclamar. Sus manos se apretaron contra el colch\u00f3n, luchando contra el impulso de extenderse hacia ella, de recorrer con los dedos esa carne que parec\u00eda llamarlo. En lugar de ceder, se levant\u00f3 con un movimiento controlado, y la ayud\u00f3 a acostarse boca abajo sobre las s\u00e1banas. \u2014Rel\u00e1jate, t\u00eda \u2014dijo, su tono de voz era bajo y cargado de una tensi\u00f3n que no pod\u00eda ocultar, mientras tomaba una s\u00e1bana y la colocaba con cuidado sobre sus nalgas y piernas, dejando al descubierto solo la extensi\u00f3n de su espalda.<\/p>\n<p>Elizabeth, con el rostro hundido en la almohada, sinti\u00f3 un pinchazo de decepci\u00f3n. Hab\u00eda malinterpretado el gesto de Diego, asumiendo que cubrirla era una se\u00f1al de rechazo, que su cuerpo semidesnudo lo hab\u00eda incomodado. Resignada, decidi\u00f3 entregarse al masaje que \u00e9l le ofrec\u00eda, aunque su piel a\u00fan ard\u00eda por el roce de su mirada. \u2014Est\u00e1 bien&#8230; hazlo \u2014susurr\u00f3, su voz estaba te\u00f1ida de una mezcla de rendici\u00f3n y anhelo, mientras su cuerpo se relajaba contra el colch\u00f3n, la tanga de encaje rozaba su piel con cada movimiento.<\/p>\n<p>Diego verti\u00f3 un poco de crema en sus manos, el aroma a lavanda llen\u00f3 la habitaci\u00f3n mientras se inclinaba sobre ella. Sus dedos, c\u00e1lidos y fuertes, encontraron la piel de su espalda, desliz\u00e1ndose con una presi\u00f3n lenta y deliberada que arranc\u00f3 un suspiro de los labios de Elizabeth. Cada roce era una caricia contenida, un baile de deseo reprimido que hac\u00eda que su cuerpo se arqueara ligeramente, buscando m\u00e1s contacto. \u2014Dios, Diego&#8230; tienes buenas manos \u2014gimi\u00f3 suavemente, su voz estaba cargada de una sensualidad que no pudo reprimir, mientras sent\u00eda c\u00f3mo los dedos de \u00e9l exploraban la curva de sus hombros, descendiendo por su columna con una precisi\u00f3n que la hac\u00eda temblar.<\/p>\n<p>Diego, luchando contra el calor que sub\u00eda por su propio cuerpo, mantuvo el control, sus manos se mov\u00edan con una mezcla de ternura y firmeza. Pero cada vez que sus dedos rozaban los costados de Elizabeth, cerca de la curva de sus senos o el borde de la s\u00e1bana que cubr\u00eda sus nalgas, sent\u00eda una corriente el\u00e9ctrica que amenazaba con romper su compostura. \u2014Solo quiero que te sientas bien, t\u00eda \u2014murmur\u00f3, con voz ronca, mientras sus manos se deten\u00edan un instante en la base de su espalda, justo donde la tanga desaparec\u00eda entre sus nalgas, un territorio que lo tentaba m\u00e1s all\u00e1 de lo permitido.<\/p>\n<p>Elizabeth cerr\u00f3 los ojos, su cuerpo vibraba bajo el toque de su sobrino, cada caricia avivaba un deseo que hab\u00eda reprimido durante demasiado tiempo. La s\u00e1bana que cubr\u00eda sus nalgas parec\u00eda una barrera fr\u00e1gil, una l\u00ednea que ambos sab\u00edan que pod\u00edan cruzar con un solo movimiento. Pero por ahora, se dejaba consentir, su piel ard\u00eda bajo las manos de \u00e9l, atrapada en un juego de contenci\u00f3n y deseo que la hac\u00eda estremecer con cada roce.<\/p>\n<p>Los minutos se deslizaban en la habitaci\u00f3n de Elizabeth, envueltos en el aroma embriagador de la crema corporal de lavanda y el calor que emanaba de sus cuerpos. Ella, tendida boca abajo sobre el colch\u00f3n, sent\u00eda las manos de Diego deslizarse por su espalda, sus dedos fuertes pero cuidadosos trazaban caminos de calor sobre su piel blanca. La tanga de encaje negro se hund\u00eda entre sus nalgas, una provocaci\u00f3n silenciosa que parec\u00eda gritar en la quietud de la habitaci\u00f3n. Pero a medida que los segundos se convert\u00edan en minutos, Elizabeth not\u00f3 que Diego no cruzaba la l\u00ednea invisible que los separaba.<\/p>\n<p>Sus caricias, aunque expertas, se manten\u00edan castas, restringidas a la extensi\u00f3n de su espalda, sin aventurarse hacia los territorios que su cuerpo anhelaba en secreto. Una punzada de decepci\u00f3n se instal\u00f3 en su pecho. \u201cNo le intereso\u201d, pens\u00f3, su mente se nublaba por la inseguridad. \u201cSolo ve a una vieja de 44 a\u00f1os, no a una mujer\u201d. Resignada, decidi\u00f3 rendirse al placer del masaje, dejando que el roce de sus manos apaciguara la tormenta de su cuerpo.<\/p>\n<p>Pero mientras se entregaba al tacto, un remordimiento ardiente la atraves\u00f3. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda desear que Diego, su sobrino, la tomara? \u00bfQu\u00e9 clase de locura la llevaba a imaginar sus manos fuertes explorando m\u00e1s all\u00e1 de su espalda, desliz\u00e1ndose por la curva de sus caderas, hundiendo los dedos en la carne suave de sus nalgas? El peso de la culpa la envolvi\u00f3, y su cuerpo, agotado por el estr\u00e9s del d\u00eda y la intensidad del momento, se dej\u00f3 llevar por el sue\u00f1o. Sus p\u00e1rpados se cerraron, su respiraci\u00f3n se volvi\u00f3 lenta y profunda, y su figura, semidesnuda bajo la s\u00e1bana que apenas cubr\u00eda sus piernas, qued\u00f3 a merced de la quietud.<\/p>\n<p>Diego, por su parte, estaba atrapado en su propio torbellino de deseo. Sus manos, resbaladizas por la crema, recorr\u00edan la espalda de Elizabeth con una reverencia casi religiosa, cada m\u00fasculo, cada curva, un lienzo que lo hipnotizaba. La piel de su t\u00eda, suave y c\u00e1lida, era un sue\u00f1o que lo hab\u00eda perseguido desde que era un adolescente. La hab\u00eda observado entonces, en reuniones familiares, su figura esbelta envuelta en vestidos que lo dejaban sin aliento, su risa encend\u00eda fantas\u00edas que nunca se atrevi\u00f3 a confesar. Ahora, con ella bajo sus manos, la realidad superaba cualquier imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con dedos temblorosos, desabroch\u00f3 el sost\u00e9n de encaje negro, liberando su espalda por completo. La prenda se abri\u00f3, dejando al descubierto la piel impecable que lo hac\u00eda contener el aliento, su cuerpo estaba tenso por el esfuerzo de no ceder a la tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Quer\u00eda m\u00e1s. Quer\u00eda deslizar sus manos bajo la s\u00e1bana, explorar la curva de sus nalgas, sentir el calor de su piel contra la suya. Pero la duda lo paralizaba. \u00bfY si ella lo rechazaba? \u00bfY si un movimiento en falso la hac\u00eda enojar, lo acusaba de cruzar un l\u00edmite imperdonable? Su mente era un campo de batalla entre el deseo y el miedo. Decidi\u00f3 buscar una se\u00f1al, un indicio en el rostro de Elizabeth que le diera permiso para avanzar. Se inclin\u00f3 hacia ella, su aliento c\u00e1lido roz\u00f3 su hombro mientras estudiaba su perfil. Pero lo que vio lo detuvo en seco: sus ojos estaban cerrados, su respiraci\u00f3n era pausada, su cuerpo relajado en un sue\u00f1o profundo. La decepci\u00f3n lo golpe\u00f3, pero tambi\u00e9n un alivio culpable. No habr\u00eda se\u00f1ales, no esa noche.<\/p>\n<p>Diego continu\u00f3 el masaje, sus manos se mov\u00edan con una ternura que escond\u00eda el fuego que lo consum\u00eda. Cada roce sobre su espalda era una caricia contenida, un deseo reprimido que lo hac\u00eda apretar los dientes. La tanga de Elizabeth, apenas visible bajo la s\u00e1bana, era una tentaci\u00f3n constante, un recordatorio de lo cerca que estaba de cruzar un umbral que cambiar\u00eda todo. Pero se contuvo, sus dedos deteni\u00e9ndose en la base de su columna, donde la piel se volv\u00eda a\u00fan m\u00e1s suave, casi suplicando ser tocada. \u2014Eres perfecta \u2014susurr\u00f3, tan bajo que las palabras se perdieron en el silencio, mientras sus ojos recorr\u00edan la figura dormida de su t\u00eda, grabando cada detalle en su memoria.<\/p>\n<p>La habitaci\u00f3n estaba cargada de una tensi\u00f3n que no se disipar\u00eda, un deseo que ambos sent\u00edan pero que, por ahora, permanec\u00eda atrapado en la penumbra.<\/p>\n<p>Sentado al borde de la cama, sinti\u00f3 el peso del deseo aplastar cualquier rastro de arrepentimiento. La figura de Elizabeth, dormida boca abajo sobre el colch\u00f3n, era una visi\u00f3n que incendiaba sus sentidos. La s\u00e1bana apenas cubr\u00eda sus piernas, y la tanga de encaje negro, hundida entre sus nalgas, era una provocaci\u00f3n que lo empujaba m\u00e1s all\u00e1 de la raz\u00f3n. Su respiraci\u00f3n se aceler\u00f3, un torbellino de lujuria y audacia apoder\u00e1ndose de \u00e9l. \u201cSi no es ahora, \u00bfcu\u00e1ndo?\u201d, se dijo, su voz interna un rugido que ahogaba cualquier duda.<\/p>\n<p>Lentamente, se levant\u00f3, sus manos temblaban de anticipaci\u00f3n mientras retiraba la s\u00e1bana con un movimiento deliberado, dejando al descubierto el cuerpo casi desnudo de su t\u00eda. La tanga, una fina l\u00ednea de encaje, enmarcaba las nalgas redondas y firmes de Elizabeth, su piel blanca resplandec\u00eda bajo la luz tenue de la l\u00e1mpara.<\/p>\n<p>Diego sac\u00f3 su celular, su pulso era err\u00e1tico mientras activaba la c\u00e1mara. El deseo lo consum\u00eda, y la idea de ser descubierto solo avivaba el fuego en su interior. Enfoc\u00f3 el lente en esas nalgas perfectas, capturando cada curva, cada detalle, con una precisi\u00f3n que rayaba en la obsesi\u00f3n. Su respiraci\u00f3n era pesada, casi un jadeo, mientras tomaba fotos, el clic del dispositivo resonaba en la quietud de la habitaci\u00f3n. Pero no era suficiente. Quer\u00eda m\u00e1s, quer\u00eda grabar cada rinc\u00f3n de ese cuerpo que lo hab\u00eda atormentado en sue\u00f1os durante a\u00f1os.<\/p>\n<p>Encendi\u00f3 la funci\u00f3n de video, su mano temblaba mientras se acercaba, los dedos rozaron el borde de la tanga. Con una lentitud que era casi reverente, separ\u00f3 la prenda, desliz\u00e1ndola hacia un lado para revelar el ano rosado de su t\u00eda, un secreto \u00edntimo que lo hizo contener el aliento. La imagen en la pantalla era hipn\u00f3tica, cada detalle amplificado por su deseo.<\/p>\n<p>Con un movimiento audaz, Diego abri\u00f3 lentamente las piernas de Elizabeth, sus manos eran firmes pero cuidadosas, como si temiera romper la fantas\u00eda. La tanga, ahora desplazada, dejaba al descubierto los labios h\u00famedos de su vagina, brillando bajo la luz, una invitaci\u00f3n silenciosa que lo hac\u00eda arder. Grab\u00f3 cada segundo, su celular capturaba la escena con una claridad que lo estremec\u00eda. Luego, incapaz de resistirse, dej\u00f3 el tel\u00e9fono a un lado, asegur\u00e1ndose de que siguiera grabando, y con la misma mano que hab\u00eda movido la tanga comenz\u00f3 a explorar.<\/p>\n<p>Sus dedos rozaron los pliegues h\u00famedos, desliz\u00e1ndose con una lentitud torturante, sintiendo la calidez y la suavidad que lo volv\u00edan loco. Sab\u00eda que su t\u00eda podr\u00eda odiarlo por esto, que cruzar este l\u00edmite era un riesgo que pod\u00eda destruirlo todo, pero el deseo era m\u00e1s fuerte que cualquier temor. Su toque era deliberado, cada movimiento un desaf\u00edo a su propia cordura, mientras su otra mano se apretaba contra su propio muslo, conteniendo el impulso de ir m\u00e1s lejos.<\/p>\n<p>\u2014Eres todo lo que siempre quise \u2014susurr\u00f3 Diego, su voz era apenas audible, un murmullo cargado de hambre mientras sus dedos segu\u00edan explorando, sintiendo c\u00f3mo el cuerpo de su t\u00eda, incluso dormida, parec\u00eda responder con una humedad que lo enloquec\u00eda. La habitaci\u00f3n estaba cargada de una tensi\u00f3n el\u00e9ctrica, el aire denso con el peso de un deseo prohibido que Diego ya no pod\u00eda contener. Sab\u00eda que estaba jugando con fuego, que cada segundo lo acercaba m\u00e1s al borde de un abismo, pero la visi\u00f3n de Elizabeth, expuesta y vulnerable bajo sus manos, era algo que no quer\u00eda que terminara.<\/p>\n<p>Diego, con el coraz\u00f3n latiendo como un tambor en su pecho, detuvo la grabaci\u00f3n en su celular, asegur\u00e1ndose de guardar el contenido que hab\u00eda capturado, un tesoro prohibido que lo hac\u00eda temblar de adrenalina. La habitaci\u00f3n estaba envuelta en una penumbra c\u00e1lida, la luz de la l\u00e1mpara resaltaba la figura de su t\u00eda, dormida boca abajo, su piel blanca brillaba como un lienzo de deseo.<\/p>\n<p>La tanga de encaje negro, apenas una l\u00ednea entre sus nalgas era una invitaci\u00f3n que Diego ya no pod\u00eda ignorar. Con manos temblorosas, se despoj\u00f3 de su ropa, su camiseta y jeans cayeron al suelo en un susurro, dejando al descubierto su cuerpo atl\u00e9tico, tenso por la anticipaci\u00f3n. Su erecci\u00f3n, ya era dura y palpitante, un testimonio de los a\u00f1os de fantas\u00edas que lo hab\u00edan atormentado desde la adolescencia.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 al colch\u00f3n, su respiraci\u00f3n era agitada mientras se acostaba lentamente sobre el cuerpo de Elizabeth, el calor de su piel contra la suya enviaba una corriente el\u00e9ctrica por todo su ser. Con un movimiento cuidadoso, volvi\u00f3 a deslizar la tanga a un lado, sus dedos rozaron la suavidad de sus nalgas antes de posicionarse. La penetr\u00f3 con una lentitud agonizante, su verga se hund\u00eda en la estrechez c\u00e1lida y h\u00fameda de su vagina, un lugar que lo acog\u00eda con una intensidad que lo volvi\u00f3 loco. Era la misma carne que hab\u00eda dado vida a su prima 18 a\u00f1os atr\u00e1s, y la idea de esa conexi\u00f3n prohibida lo enardec\u00eda a\u00fan m\u00e1s. Entraba y sal\u00eda, cada embestida era un delirio de placer, su cuerpo se mov\u00eda con una mezcla de reverencia y urgencia.<\/p>\n<p>Diego inclin\u00f3 la cabeza, sus labios rozaron la espalda de Elizabeth, bes\u00e1ndola con una devoci\u00f3n febril. La piel de su t\u00eda, suave y c\u00e1lida, era un mapa que \u00e9l exploraba con besos h\u00famedos, sus manos acariciaban la curva de sus hombros, descendiendo por los costados de su cuerpo. \u2014Te amo, t\u00eda \u2014susurr\u00f3, con voz rota por el deseo, las palabras escapaban entre jadeos mientras segu\u00eda movi\u00e9ndose dentro de ella\u2014. Te he deseado siempre&#8230; quiero cogerte una y otra vez. \u2014Cada embestida era una declaraci\u00f3n, cada roce un juramento de su obsesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Con una mano apoyada en el colch\u00f3n para sostenerse, Diego desliz\u00f3 la otra bajo el cuerpo de Elizabeth, buscando con una precisi\u00f3n instintiva hasta encontrar su seno derecho. Lo apret\u00f3 con firmeza, sintiendo la suavidad de su carne ceder bajo sus dedos, el pez\u00f3n blando y c\u00e1lido contra su palma.<\/p>\n<p>El contacto lo hizo gemir, un sonido gutural que llen\u00f3 la habitaci\u00f3n mientras sus caderas se aceleraban, el ritmo de sus movimientos era m\u00e1s desesperado. La tanga, ahora arrugada a un lado, era un recordatorio de la l\u00ednea que hab\u00eda cruzado, pero Diego ya no pensaba en consecuencias. Su cuerpo, su mente, todo estaba consumido por la sensaci\u00f3n de estar dentro de ella, de reclamar el objeto de sus sue\u00f1os adolescentes en un acto que lo liberaba y lo condenaba al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Elizabeth, atrapada en el sue\u00f1o, no se mov\u00eda, pero su cuerpo parec\u00eda responder, su respiraci\u00f3n cambiaba ligeramente con cada embestida, un eco inconsciente del placer que Diego le arrancaba. \u00c9l, perdido en la lujuria, apret\u00f3 su seno con m\u00e1s fuerza, sus labios besaban la nuca de su t\u00eda, el aroma de su piel alimentaba su frenes\u00ed. La habitaci\u00f3n era un santuario de deseo, el aire era denso con el calor de sus cuerpos y el sonido de su respiraci\u00f3n entrecortada, mientras Diego se entregaba por completo a la fantas\u00eda que hab\u00eda anhelado durante m\u00e1s de una d\u00e9cada.<\/p>\n<p>Ella en un sue\u00f1o v\u00edvido, se encontraba tendida sobre una playa dorada, los rayos del sol acariciaban su piel blanca como lenguas de calor que lam\u00edan su espalda, sus nalgas y sus piernas. El bikini negro que llevaba era apenas una tira de tela, la parte inferior se hund\u00eda entre sus nalgas, dejando al descubierto la curva firme de su trasero, mientras la parte superior apenas conten\u00eda la plenitud de sus senos. La arena tibia se adher\u00eda a su piel, y el sonido de las olas era un murmullo que se mezclaba con su respiraci\u00f3n agitada. A su lado, Diego, con su cuerpo bronceado y musculoso, la miraba con unos ojos oscuros que ard\u00edan de deseo. Su presencia era magn\u00e9tica, cada m\u00fasculo definido bajo la luz del sol, su ba\u00f1ador ajustado marcaba una erecci\u00f3n que no intentaba ocultar.<\/p>\n<p>\u2014T\u00eda, no puedo esperar m\u00e1s&#8230; quiero penetrarte \u2014dijo \u00e9l en el sue\u00f1o, con voz grave y cargada de urgencia, mientras se inclinaba hacia ella, su aliento c\u00e1lido roz\u00f3 su cuello.<\/p>\n<p>Ella, con el coraz\u00f3n acelerado, sinti\u00f3 un calor l\u00edquido recorrer su cuerpo, concentr\u00e1ndose entre sus muslos. \u2014Me encantar\u00eda, Diego&#8230; pero sabes que no podemos, somos familia \u2014respondi\u00f3, su voz era un susurro tembloroso, cargado de deseo y conflicto. Pero \u00e9l, desafiante, la tom\u00f3 por las caderas con manos fuertes, gir\u00e1ndola hasta ponerla en cuatro, sus rodillas hundi\u00e9ndose en la arena caliente.<\/p>\n<p>\u2014No me importa \u2014gru\u00f1\u00f3 Diego, sus dedos deslizaron el bikini hacia un lado con una lentitud que era casi una tortura, dejando al descubierto la humedad reluciente de su vagina. \u2014M\u00edrate, est\u00e1s escurriendo por m\u00ed \u2014dijo, con voz cargada de lujuria que la hizo estremecer. Elizabeth, con la piel erizada, gir\u00f3 la cabeza para mirarlo, sus ojos miel brillaban con una mezcla de rendici\u00f3n y desaf\u00edo. \u2014C\u00e1llate y m\u00e9temela ya sobrino \u2014orden\u00f3, con un gemido desesperado, su cuerpo arque\u00e1ndose hacia \u00e9l, invit\u00e1ndolo a reclamarla.<\/p>\n<p>Diego no dud\u00f3. La penetr\u00f3 con una embestida profunda, su verga la llen\u00f3 por completo, cada movimiento arrancaba un gemido de sus labios. Entraba y sal\u00eda con un ritmo que la volv\u00eda loca, la arena se pegaba a sus rodillas mientras sus caderas chocaban con las de ella. Sus manos, grandes y c\u00e1lidas, subieron por su torso, desliz\u00e1ndose bajo el bikini para masajear sus senos, apret\u00e1ndolos con una mezcla de ternura y posesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los pezones de Elizabeth, duros y sensibles respond\u00edan a cada roce, enviando oleadas de placer que la hac\u00edan jadear. \u2014Dios, Diego&#8230; m\u00e1s \u2014gimi\u00f3, su voz estaba rota por el \u00e9xtasis, sintiendo c\u00f3mo su humedad se deslizaba por sus muslos, empapando la arena bajo ella. Estaba excitad\u00edsima, perdida en la sensaci\u00f3n de ser tomada con una pasi\u00f3n que la consum\u00eda.<\/p>\n<p>Pero entonces, una sombra cruz\u00f3 la playa. Su hermana Am\u00e9rica apareci\u00f3 de repente, su rostro estaba lleno de reproche. \u2014\u00a1Elizabeth, no puedes hacer esto, es tu sobrino! \u2014grit\u00f3, su voz cortaba el aire como un l\u00e1tigo. Antes de que Elizabeth pudiera responder, Atziry emergi\u00f3 de las olas, su cuerpo joven y curvil\u00edneo estaba envuelto en un bikini blanco que apenas conten\u00eda su figura. \u2014\u00a1Para, mam\u00e1! \u00a1Diego es m\u00edo! \u2014espet\u00f3. La escena se volvi\u00f3 ca\u00f3tica, las voces de su hermana y su hija se mezclaron en un eco que la arranc\u00f3 del sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Continuar\u00e1\u2026<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_62118\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"62118\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Se acerc\u00f3 al colch\u00f3n, su respiraci\u00f3n era agitada mientras se acostaba lentamente sobre el cuerpo de Elizabeth, el calor de su piel contra la suya enviaba una corriente el\u00e9ctrica por todo su ser. Con un movimiento cuidadoso, volvi\u00f3 a deslizar la tanga a un lado, sus dedos rozaron la suavidad de sus nalgas antes de posicionarse. La penetr\u00f3 con una<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_62118\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"62118\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":31480,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":{"0":"post-62118","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-amor-filial"},"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":5505,"today_views":1},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/62118","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/31480"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=62118"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/62118\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":62120,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/62118\/revisions\/62120"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=62118"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=62118"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=62118"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}