{"id":62400,"date":"2025-09-30T00:09:16","date_gmt":"2025-09-29T22:09:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=62400"},"modified":"2025-09-29T15:28:39","modified_gmt":"2025-09-29T13:28:39","slug":"tierras-doradas-2-marcada-por-las-tierras-doradas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/tierras-doradas-2-marcada-por-las-tierras-doradas\/","title":{"rendered":"Tierras Doradas (2): Marcada por las Tierras Doradas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"62400\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">4<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El rugido del portal a\u00fan resonaba en los o\u00eddos de Valeria Montes cuando el mundo se asent\u00f3 a su alrededor, reemplazando el almac\u00e9n polvoriento de Brooklyn por una selva densa y sofocante. El aire era espeso, cargado de humedad y el zumbido fren\u00e9tico de insectos invisibles. Su cabello rubio, un r\u00edo de oro l\u00edquido, se pegaba a su piel sudorosa, enmarcando unos ojos azules que destellaban con una mezcla de miedo y desaf\u00edo. Su cuerpo voluptuoso, con curvas que tensaban la tela de su camiseta negra y jeans ajustados, parec\u00eda fuera de lugar en este mundo primitivo, como una diosa ca\u00edda en un reino de bestias. El Ojo de las Sombras, el espejo que la hab\u00eda tra\u00eddo aqu\u00ed, yac\u00eda en la tierra, sus runas serpentinas ahora apagadas, como si se burlaran de su destino.<\/p>\n<p>Antes de que pudiera orientarse, el crujido de ramas rompi\u00f3 el silencio. Cinco hombres emergieron de la maleza, sus armaduras de cuero ra\u00eddo brillando bajo la luz moteada. Eran cazadores de esclavos, con rostros curtidos por el sol y cicatrices que hablaban de una vida de violencia. El l\u00edder, Kravos, un hombre corpulento con una cicatriz que le cruzaba la cara como un r\u00edo seco, la mir\u00f3 con ojos que ard\u00edan de codicia y deseo. Sus compa\u00f1eros, un grupo de lobos hambrientos, recorrieron con la mirada el cuerpo de Valeria: sus pechos generosos, la curva de sus caderas, la piel clara que contrastaba con la suciedad de la selva. Ella sinti\u00f3 sus miradas como manos invisibles, y un escalofr\u00edo le recorri\u00f3 la espalda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 tenemos aqu\u00ed? \u2014gru\u00f1\u00f3 Kravos, su voz un ronroneo oscuro mientras se acercaba\u2014. Una extranjera con carne de reina. Jalizar pagar\u00e1 en oro por esta belleza.<\/p>\n<p>Valeria retrocedi\u00f3, su coraz\u00f3n latiendo como un tambor, pero la selva era un laberinto sin salida. \u2014Al\u00e9jense \u2014sise\u00f3, su voz temblando pero cargada de fuego, mientras agarraba el espejo como si fuera un arma. Los hombres rieron, un sonido gutural que reson\u00f3 en los \u00e1rboles, y uno de ellos, un tipo flaco con dientes amarillos y ojos febriles, lanz\u00f3 una red que la atrap\u00f3 como a una presa. Valeria cay\u00f3 al suelo, el aliento escap\u00e1ndosele en un jadeo, las cuerdas mordiendo su piel. Intent\u00f3 forcejear, pero Kravos la inmoviliz\u00f3, sus manos \u00e1speras sujet\u00e1ndola con una fuerza que promet\u00eda dolor.<\/p>\n<p>\u2014Tranquila, paloma \u2014dijo, su aliento apestando a vino agrio mientras rasgaba su camiseta con una daga, dejando su piel expuesta al aire h\u00famedo. La chaqueta de cuero cay\u00f3 al suelo, seguida de los jirones de su camiseta, revelando la curva voluptuosa de sus pechos y la suavidad de su vientre. Valeria apret\u00f3 los dientes, su rostro ardiendo de humillaci\u00f3n, pero sus ojos azules brillaban con una furia que no pod\u00edan domar. Los hombres la rodearon, sus miradas lujuriosas devor\u00e1ndola como hienas. Uno de ellos, un joven con el rostro cubierto de mugre, se acerc\u00f3 demasiado, su respiraci\u00f3n agitada mientras sus manos temblaban de deseo. Murmur\u00f3 algo en un idioma gutural, sus ojos fijos en la piel desnuda de Valeria, y ella sinti\u00f3 una oleada de asco cuando \u00e9l se apart\u00f3, jadeando, su cuerpo estremeci\u00e9ndose en un \u00e9xtasis privado que dej\u00f3 una mancha h\u00fameda en la tierra.<\/p>\n<p>Kravos ri\u00f3, un sonido seco y cruel. \u2014\u00bfTan excitado est\u00e1s por la mercanc\u00eda, Grunt? Ya tendr\u00e1s tu turno. Todos lo tendr\u00e9is. \u2014Su mirada se pos\u00f3 de nuevo en Valeria, y esta vez no hab\u00eda solo codicia, sino una intenci\u00f3n oscura y posesiva. \u2014Primero, probemos lo que vamos a vender.<\/p>\n<p>La arrastraron a un claro cercano, donde la luz del sol se filtraba a trav\u00e9s del dosel de la jungla, iluminando un parche de tierra h\u00fameda. Valeria forceje\u00f3, escupi\u00f3, maldijo en un idioma que no entend\u00edan, pero eran demasiado fuertes. Sus brazos fueron retorcidos detr\u00e1s de su espalda y atados con una correa de cuero \u00e1spera. Kravos la empuj\u00f3 hacia delante, haci\u00e9ndola ponerse a cuatro patas sobre la tierra fr\u00eda y las hojas muertas. La posici\u00f3n era profundamente humillante, exponiendo completamente su desnudez a sus captores.<\/p>\n<p>\u2014Mira esa piel, suave como la seda de Tricarnia \u2014murmur\u00f3 uno de los hombres, escupiendo en la tierra.<\/p>\n<p>Kravos se arrodill\u00f3 detr\u00e1s de ella. Valeria oy\u00f3 el ruido de su cintur\u00f3n siendo desabrochado. \u2014Esto no es personal, extranjera \u2014dijo, su voz ronca\u2014. Es solo para recordarte tu lugar. Y para recordarnos a nosotros el bot\u00edn que tenemos.<\/p>\n<p>Antes de que pudiera prepararse, una mano \u00e1spera se enred\u00f3 en su cabello, tirando de su cabeza hacia atr\u00e1s. Otro hombre, el flaco de los dientes amarillos, se arrodill\u00f3 frente a ella, desabroch\u00e1ndose los pantalones. \u2014Abre la boca, puta \u2014orden\u00f3, y cuando ella apret\u00f3 los labios, \u00e9l le pellizc\u00f3 la nariz hasta que, jadeando por aire, se vio forzada a abrirla. \u00c9l se introdujo brutalmente, ahogando sus gritos, golpeando la parte posterior de su garganta hasta que las l\u00e1grimas nublaron su visi\u00f3n. El sabor a sal, sudor y suciedad la hizo arcadas, pero la mano en su cabello la manten\u00eda inmovilizada.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Kravos se posicion\u00f3 detr\u00e1s. No hubo preparaci\u00f3n, ni lubricaci\u00f3n, solo la fuerza bruta de un hombre acostumbrado a tomar lo que quer\u00eda. Con un empuje brutal, la penetr\u00f3. Valeria grit\u00f3, el sonido ahogado por la carne en su boca. El dolor fue desgarrador, un fuego blanco que le desgarr\u00f3 el interior. \u00c9l se movi\u00f3 con embestidas duras y ritmicas, cada una sacudiendo todo su cuerpo, frotando su piel contra la tierra \u00e1spera. Los otros hombres observaban, animando a su l\u00edder con gru\u00f1idos y risas, haciendo comentarios soeces sobre su cuerpo y c\u00f3mo ellos ser\u00edan los siguientes.<\/p>\n<p>Fue un abuso no solo de su cuerpo, sino de su mism\u00edsima esencia. La convirti\u00f3 en un objeto, un trozo de carne para ser usado y descartado. El hombre de su boca se vino con un gru\u00f1ido, echando su semilla amarga en su garganta, y se apart\u00f3, dej\u00e1ndola toser y jadear. Kravos continu\u00f3 un minuto m\u00e1s, sus manos agarrando sus caderas con tanta fuerza que supo que le dejar\u00edan moretones, antes de alcanzar su propio cl\u00edmax con un rugido gutural, derram\u00e1ndose dentro de ella con un calor que sinti\u00f3 como una nueva marca de verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>\u00c9l se retir\u00f3, y por un momento, solo qued\u00f3 el sonido de su propia respiraci\u00f3n entrecortada y el zumbido de la selva. Luego, una patada en el costado la hizo rodar sobre la espalda, exponiendo su vulnerabilidad a los cielos indiferentes.<\/p>\n<p>\u2014La marca \u2014dijo Kravos, abroch\u00e1ndose su cintur\u00f3n, su voz de nuevo profesional, como si lo que acababa de pasar no fuera m\u00e1s que un tr\u00e1mite.<\/p>\n<p>La arrastraron hacia el fuego que ard\u00eda en un c\u00edrculo de piedras. Uno de los hombres, un gigante con una barba trenzada, sac\u00f3 un hierro candente del fuego, su punta brillando con un rojo infernal. Valeria ya ni forcejeaba. El vac\u00edo y el dolor la entumecian. La sujetaron con fuerza, sus cuerpos apret\u00e1ndose contra ella, sus alientos c\u00e1lidos y codiciosos rozando su piel. Kravos la empuj\u00f3 al suelo, boca abajo, y la daga cort\u00f3 lo que quedaba de sus jeans, dejando su nalga izquierda expuesta.<\/p>\n<p>El hierro candente se acerc\u00f3, y el dolor fue un rel\u00e1mpago blanco que le arranc\u00f3 un grito ahogado. La marca, una runa en forma de serpiente enroscada, se grab\u00f3 en su piel, el olor a carne quemada llenando el aire, mezcl\u00e1ndose con el olor a sexo y sudor. Valeria jade\u00f3, l\u00e1grimas de rabia y dolor cayendo por sus mejillas, pero su mente, ahora fr\u00eda y afilada como el cristal, memorizaba cada rostro, cada insulto, cada sensaci\u00f3n. Jurando venganza.<\/p>\n<p>La arrojaron, desnuda y temblorosa, a una jaula de hierro en un carro tirado por bestias escamosas que gru\u00f1\u00edan como demonios. Las barras fr\u00edas mord\u00edan su piel, y la paja sucia apenas cubr\u00eda su cuerpo, rozando los lugares doloridos. El Ojo de las Sombras, confiscado por Kravos, estaba envuelto en un trapo, como si temieran su poder. Mientras el carro traqueteaba por un sendero fangoso, Valeria se acurruc\u00f3, cubriendo su desnudez lo mejor que pudo, su cabello rubio cayendo como un velo sucio sobre sus hombros. El collar de bronce pesaba en su cuello, un recordatorio constante de su nueva realidad, y las marcas en su cuerpo \u2014la visible en su nalga y las invisibles en su interior\u2014 ard\u00edan como fuegos que no se apagaban. Pero en su interior, el fuego de su esp\u00edritu, ahora alimentado por una fr\u00eda y pura furia, ard\u00eda m\u00e1s fuerte. No se rendir\u00eda. No en este mundo.<\/p>\n<p>El viaje a Jalizar fue un tormento de calor, hambre y miradas lujuriosas. Los hombres no la tocaron m\u00e1s all\u00e1 de atarla y darle agua, pero sus comentarios \u2014sobre su cuerpo, sobre los placeres que los compradores disfrutar\u00edan, recordando su &#8220;prueba&#8221; en la selva\u2014 eran dagas en su orgullo. Valeria memoriz\u00f3 sus nombres, sus risas, prometi\u00e9ndose que pagar\u00edan. El carro cruz\u00f3 llanuras abrasadas y r\u00edos turbios, hasta que las c\u00fapulas agrietadas de Jalizar aparecieron, brillando como un espejismo podrido bajo el sol implacable.<\/p>\n<p>La Ciudad de los Ladrones era un caos vivo. Las calles, un laberinto de adoquines rotos y callejones oscuros, apestaban a especias, sangre y sudor. Mercaderes gritaban, ladrones acechaban, y el aire vibraba con el tintineo de monedas y el siseo de dagas desenvainadas. El carro se detuvo en el mercado de esclavos, una plaza abarrotada donde plataformas de madera exhib\u00edan a hombres y mujeres encadenados, sus cuerpos expuestos como mercanc\u00eda. Valeria fue sacada de la jaula, el collar de bronce reluciendo en su cuello, la marca en su nalga palpitando con cada paso. Desnuda, con solo su cabello rubio cubriendo parcialmente su cuerpo, sinti\u00f3 el peso de cientos de ojos: mercaderes, nobles, asesinos, todos devor\u00e1ndola con miradas que mezclaban deseo y crueldad.<\/p>\n<p>Kravos la empuj\u00f3 a una plataforma, donde un mercader gordo, con anillos en cada dedo, la examin\u00f3 como si fuera una joya rara. \u2014\u00a1Una diosa extranjera! \u2014grit\u00f3 a la multitud, su voz resonando sobre el bullicio\u2014. Cabello de oro, ojos como zafiros, y un cuerpo que har\u00eda arder los altares de Nemea. \u00a1Pujen, se\u00f1ores, por una esclava que encender\u00e1 vuestras noches!<\/p>\n<p>Valeria tembl\u00f3, no de fr\u00edo, sino de una furia que quemaba m\u00e1s que cualquier marca en su piel. Su belleza, que en su mundo hab\u00eda sido un arma, aqu\u00ed era una cadena. La multitud rug\u00eda, levantando monedas y joyas, sus gritos cargados de lujuria. Una mujer alta, envuelta en una capa negra, se acerc\u00f3, sus ojos brillando con un inter\u00e9s que era tanto calculador como hambriento. \u2014El Gremio de las Sombras pagar\u00e1 por ella \u2014dijo, su voz un susurro sedoso que cortaba como una daga\u2014. Esta extranjera tiene\u2026 potencial.<\/p>\n<p>Las pujas subieron, el aire cargado de codicia y deseo. Valeria, de pie en la plataforma, alz\u00f3 la barbilla, sus ojos azules destellando con un desaf\u00edo que silenciaba a los m\u00e1s cercanos. El collar de bronce pesaba en su cuello, las marcas en su cuerpo ard\u00edan como promesas de venganza, pero su esp\u00edritu segu\u00eda intacto. No sab\u00eda qu\u00e9 era el Gremio de las Sombras, ni qu\u00e9 horrores la esperaban en Jalizar, pero una cosa era segura: no ser\u00eda una presa para siempre. Mientras las cadenas tintineaban y la multitud rug\u00eda, Valeria jur\u00f3 que escapar\u00eda, que har\u00eda pagar a quienes la humillaron, y que el fuego de su alma consumir\u00eda este mundo de oro y sangre.<\/p>\n<p>El mercado de esclavos de Jalizar era un caldero de lujuria y codicia, donde las almas se vend\u00edan bajo el sol abrasador. Valeria Montes, encadenada y expuesta, sent\u00eda el peso de cientos de ojos sobre su cuerpo desnudo. Su cabello rubio, un r\u00edo de oro desordenado, ca\u00eda sobre sus hombros, apenas cubriendo sus pechos generosos, mientras sus ojos azules ard\u00edan con una furia que desafiaba su humillaci\u00f3n. El collar de bronce, grabado con runas serpentinas, pesaba en su cuello como una sentencia, y la runa quemada en su nalga izquierda palpitaba, un recordatorio candente de su cautiverio. Pero su postura \u2014ment\u00f3n alzado, curvas voluptuosas desafiando la verg\u00fcenza\u2014 gritaba una rebeld\u00eda que ni las cadenas pod\u00edan apagar.<\/p>\n<p>La puja hab\u00eda terminado con una voz que cort\u00f3 el aire como una daga envuelta en seda. \u2014La extranjera es m\u00eda \u2014declar\u00f3 una mujer alta, envuelta en una capa negra que se adher\u00eda a su figura como una sombra viva. Sus ojos, oscuros como la noche, recorrieron a Valeria con una mezcla de crueldad y deseo, y su sonrisa promet\u00eda tormentos que har\u00edan sonrojar a Nemea. Era La Viuda Negra, l\u00edder del Gremio de las Sombras, una belleza de cabellos negros que ca\u00edan como una cascada de \u00e9bano, su piel p\u00e1lida contrastando con labios rojos como la sangre. Su presencia era un veneno dulce, cada movimiento cargado de una lujuria s\u00e1dica que hac\u00eda temblar a los presentes. \u2014Esta \u2014dijo, su voz un susurro que erizaba la piel\u2014, ser\u00e1 un placer romperla.<\/p>\n<p>Los esclavistas de Kravos entregaron a Valeria a los hombres de La Viuda Negra, quienes la arrastraron por un callej\u00f3n oscuro hacia un edificio de piedra cubierto de enredaderas. Sus botas resonaban en el suelo, y el aire ol\u00eda a incienso, vino y un trasfondo met\u00e1lico, como sangre seca. Valeria fue arrojada a una celda subterr\u00e1nea, una c\u00e1mara h\u00fameda con un catre de paja y cadenas colgando de las paredes. La Viuda Negra se detuvo frente a los barrotes, sus ojos recorriendo el cuerpo de Valeria con una avidez que era tanto depredadora como sensual. \u2014Tu belleza es un arma, extranjera \u2014dijo, sus dedos rozando el aire como si pudiera tocarla desde la distancia\u2014. Pero aqu\u00ed, en mis dominios, aprender\u00e1s a sangrar por ella.<\/p>\n<p>Le arrojaron una t\u00fanica de gasa negra, tan fina que era casi transparente, que se ce\u00f1\u00eda a sus curvas como una caricia traicionera. El collar de bronce pesaba en su cuello, las runas latiendo como un coraz\u00f3n maligno, y Valeria sinti\u00f3 el fr\u00edo de la celda contra su piel. Se sent\u00f3 en el catre, su cuerpo temblando de rabia y cansancio, pero su mente era un torbellino de recuerdos. Cerr\u00f3 los ojos, y la imagen de Lucas apareci\u00f3: su cabello oscuro, su sonrisa p\u00edcara, el calor de sus manos en su piel. En Brooklyn, su deseo hab\u00eda sido un incendio, sus cuerpos entrelazados en una danza de pasi\u00f3n que la hac\u00eda sentir invencible. Ahora, en esta celda, el recuerdo de su toque era un tormento dulce, un eco de un mundo perdido. Su mano roz\u00f3 su muslo, la gasa desliz\u00e1ndose bajo sus dedos, y por un momento, se permiti\u00f3 imaginarlo, su fuerza, su calor, un refugio contra la crueldad de Jalizar. Pero el sonido de pasos rompi\u00f3 el hechizo, y abri\u00f3 los ojos, su rostro ardiendo de frustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un guardia entr\u00f3 en la celda, un hombre fornido con una barba desali\u00f1ada y ojos que destilaban lujuria. Su armadura de cuero cruji\u00f3 mientras se acercaba, su mirada recorriendo la t\u00fanica transl\u00facida, deteni\u00e9ndose en las curvas de Valeria con una codicia que la hizo apretar los pu\u00f1os. \u2014La Viuda quiere verte \u2014gru\u00f1\u00f3, pero su tono era un ronroneo oscuro, cargado de intenciones\u2014. Pero primero, veamos qu\u00e9 tan dispuesta est\u00e1s a complacer.<\/p>\n<p>Valeria se puso de pie, su cabello rubio cayendo como un desaf\u00edo, sus ojos azules brillando con desprecio. \u2014T\u00f3came, y te arrancar\u00e9 los ojos \u2014sise\u00f3, su voz baja pero afilada como una daga. El guardia ri\u00f3, acerc\u00e1ndose m\u00e1s, su mano extendi\u00e9ndose hacia su rostro. Pero su lujuria lo hizo descuidado. Valeria esquiv\u00f3 su agarre, su cuerpo movi\u00e9ndose con una agilidad nacida de la desesperaci\u00f3n, y lo empuj\u00f3 contra los barrotes. El hombre gru\u00f1\u00f3, su deseo transform\u00e1ndose en rabia, pero antes de que pudiera atacarla, un grito desde el pasillo lo detuvo. \u2014\u00a1D\u00e9jala, idiota! \u2014ladr\u00f3 otro guardia\u2014. La Viuda no comparte sus juguetes.<\/p>\n<p>El guardia retrocedi\u00f3, su respiraci\u00f3n agitada, su mirada a\u00fan fija en Valeria con una mezcla de frustraci\u00f3n y deseo. Dej\u00f3 caer un saco de tela en el suelo, murmurando maldiciones, y sali\u00f3 de la celda. Valeria se arrodill\u00f3, su coraz\u00f3n latiendo con fuerza, y abri\u00f3 el saco. Dentro estaba el Ojo de las Sombras, el espejo que la hab\u00eda tra\u00eddo a este mundo. Su marco de bronce, grabado con runas serpentinas y figuras de demonios, mujeres danzantes y bestias con colmillos, parec\u00eda latir con un brillo verde enfermizo. El cristal no reflejaba la celda, sino un torbellino de sombras salpicado de destellos dorados, como un cielo roto.<\/p>\n<p>Valeria lo levant\u00f3, sus manos temblando, pero el peso de la realidad la golpe\u00f3. Este era su \u00fanico v\u00ednculo con su mundo, con Lucas, con la vida que hab\u00eda perdido. Antes de que pudiera reaccionar, el guardia regres\u00f3, arranc\u00e1ndole el espejo con un gru\u00f1ido. \u2014\u00a1Eso no es para ti! \u2014rugi\u00f3, pero su torpeza fue fatal. El Ojo de las Sombras cay\u00f3 al suelo, el cristal estallando en mil fragmentos que brillaron como l\u00e1grimas de estrellas. Un viento fr\u00edo llen\u00f3 la celda, un lamento sobrenatural que parec\u00eda venir de las entra\u00f1as de otro mundo. Las runas del marco se apagaron, y Valeria sinti\u00f3 un vac\u00edo aplastante en su pecho. El espejo estaba roto. Su esperanza de regresar a Brooklyn, de volver a sentir los brazos de Lucas, de perderse en su calor, se hab\u00eda desvanecido. Estaba atrapada en las Tierras Doradas, un mundo de sangre, oro y deseos oscuros, donde nunca volver\u00eda a ver a su amante.<\/p>\n<p>Las l\u00e1grimas rodaron por sus mejillas, pero no eran de derrota. La furia creci\u00f3 en su interior, un fuego que quemaba m\u00e1s que la marca en su nalga. Si este mundo la quer\u00eda esclava, tendr\u00eda que pelear por su libertad. Si no pod\u00eda volver, entonces har\u00eda que Jalizar temblara ante su nombre.<\/p>\n<p>Horas m\u00e1s tarde, el mismo guardia regres\u00f3, su respiraci\u00f3n cargada de vino barato. Esta vez, no hubo advertencia. Empuj\u00f3 la puerta de la celda y se abalanz\u00f3 sobre Valeria, que estaba sentada en el catre. La inmoviliz\u00f3 contra la pared fr\u00eda, su peso aplast\u00e1ndola.<\/p>\n<p>\u2014La Viuda est\u00e1 ocupada \u2014buf\u00f3, su aliento f\u00e9tido en su rostro\u2014. Dice que no compartimos, pero una probadita no le har\u00e1 da\u00f1o a nadie.<\/p>\n<p>Una de sus manos \u00e1speras se enred\u00f3 en su cabello, tirando con fuerza, mientras la otra busc\u00f3 liberar su propia entrepierna.<\/p>\n<p>\u2014\u00c1breme esa boca, puta rubia \u2014orden\u00f3, con los ojos vidriosos por la lujuria y el alcohol\u2014. O te la abro yo.<\/p>\n<p>Valeria forceje\u00f3, escupi\u00f3, pero era demasiado d\u00e9bil. La punta de su miembro, dura y repulsiva, roz\u00f3 sus labios cerrados. Ella apret\u00f3 la mand\u00edbula, neg\u00e1ndose, la humillaci\u00f3n quem\u00e1ndole la garganta. \u00c9l gru\u00f1\u00f3, enfadado, y levant\u00f3 la mano para abofetearla.<\/p>\n<p>\u2014Parece que mis instrucciones no son lo suficientemente claras para algunos \u2014una voz cort\u00f3 la atm\u00f3sfera como un latigazo. Fr\u00eda, afilada y llena de una autoridad letal.<\/p>\n<p>El guardia se paraliz\u00f3 de inmediato, su rostro palideciendo visiblemente incluso en la penumbra. Se apart\u00f3 de Valeria tan r\u00e1pido que tropez\u00f3 con sus propios pies.<\/p>\n<p>En la entrada de la celda, envuelta en los pliegos de su vestido de seda negra, estaba La Viuda Negra. Su belleza era glacial, sus ojos oscuros brillaban con una furia silenciosa que era m\u00e1s aterradora que cualquier grito.<\/p>\n<p>\u2014Cre\u00ed haber dicho que este juguete era solo m\u00edo \u2014dijo, su voz apenas un susurro, pero cada palabra cargada de veneno.<\/p>\n<p>\u2014Mi\u2026 Mi Dama, yo solo\u2026 ella me provoc\u00f3\u2026 \u2014tartamude\u00f3 el guardia, retrocediendo.<\/p>\n<p>\u2014C\u00e1llate \u2014lo interrumpi\u00f3 ella. Sin siquiera alzar la voz. Hizo un gesto leve con la mano. Dos guardias m\u00e1s, impecables y de rostros impasibles, aparecieron detr\u00e1s de ella. \u2014Llevad a este insecto a los pozos. Que reflexione sobre su insubordinaci\u00f3n entre los gusanos.<\/p>\n<p>El guardia suplic\u00f3, pero se lo llevaron a rastras, su suerte sellada. La Viuda Negra entonces pos\u00f3 su mirada en Valeria, que se hab\u00eda incorporado, jadeando, cubri\u00e9ndose instintivamente con los jirones de gasa. La rabia en los ojos de la mujer se transform\u00f3 en una curiosidad fr\u00eda y posesiva.<\/p>\n<p>\u2014Parece que necesito dejar las cosas muy claras \u2014murmur\u00f3, avanzando hacia Valeria. Su dedo, con una u\u00f1a larga y afilada, le levant\u00f3 la barbilla con una presi\u00f3n que no admit\u00eda rechazo\u2014. Cada parte de ti me pertenece. Tu desobediencia, tu fuego\u2026 y tu sumisi\u00f3n. Ven.<\/p>\n<p>Agarr\u00f3 del collar de bronce de Valeria y tir\u00f3, no con brutalidad, pero con una fuerza inexorable que no invitaba a la resistencia. La sac\u00f3 de la celda y la condujo a trav\u00e9s de pasillos cada vez m\u00e1s lujosos, alej\u00e1ndose de los calabozos hasta llegar a unas estancias privadas.<\/p>\n<p>Los aposentos de La Viuda Negra eran una extensi\u00f3n de ella: opulentos, oscuros y sensuales. Tapices de terciopelo negro, muebles de \u00e9bano tallado, y el aroma pesado de un incienso ex\u00f3tico y embriagador. Arroj\u00f3 a Valeria al centro de la habitaci\u00f3n, sobre una gruesa alfombra de pieles oscuras.<\/p>\n<p>\u2014Has desperdiciado mi tiempo y has tentado a mi propiedad \u2014dijo, despoj\u00e1ndose lentamente de su pesado vestido negro hasta quedar en una vaporosa bata de seda que apenas velaba sus propias curvas. Se reclin\u00f3 en un div\u00e1n bajo, abriendo las piernas con una intimidad deliberada y dominante. Su vello p\u00fabico, tan oscuro y sedoso como el cabello de su cabeza, formaba un tri\u00e1ngillo perfecto y cuidado.<\/p>\n<p>\u2014Vas a aprender el precio de la insubordinaci\u00f3n, y el sabor de tu due\u00f1a \u2014susurr\u00f3, su voz un hilo de miel envenenada\u2014. Ac\u00e9rcate. Y empieza a lamer. No parar\u00e9 hasta que mi placer haya borrado todo rastro de tu mundo anterior de tu lengua.<\/p>\n<p>Valeria, temblorosa de rabia, humillaci\u00f3n y una extra\u00f1a y terrible fascinaci\u00f3n, comprendi\u00f3 que esta no era una violaci\u00f3n bruta, sino una lecci\u00f3n mucho m\u00e1s profunda y perversa. Con el peso del collar apretando su garganta y los fragmentos rotos de su vieja vida clavados en el alma, se arrastr\u00f3 hacia adelante. El aroma \u00edntimo y almizclado de la Viuda llen\u00f3 sus sentidos. Cada lametada, cada gemido forzado que escapaba de sus labios, era un clavo m\u00e1s en el ata\u00fad de Valeria Montes, la periodista de Brooklyn. Y con cada hora que pasaba, sinti\u00f3 c\u00f3mo ese antiguo yo se desvanec\u00eda, reemplazado por algo m\u00e1s fr\u00edo, m\u00e1s duro y imbuido de una oscuridad que empezaba a sentirse extra\u00f1amente como poder.<\/p>\n<p>La Viuda Negra apareci\u00f3 en la puerta, su silueta envuelta en sedas negras, su cabello \u00e9bano cayendo como una cortina de sombras. Sus labios rojos se curvaron en una sonrisa s\u00e1dica, sus ojos brillando con una lujuria que promet\u00eda tormentos exquisitos. \u2014El espejo est\u00e1 roto \u2014dijo, su voz un susurro que acariciaba y cortaba al mismo tiempo\u2014. Pero t\u00fa, extranjera, a\u00fan tienes un prop\u00f3sito. \u2014Se acerc\u00f3, sus dedos rozando el collar de bronce en el cuello de Valeria, luego desliz\u00e1ndose por su clav\u00edcula, un toque que era tanto posesi\u00f3n como provocaci\u00f3n\u2014. Me gusta romper cosas bellas \u2014murmur\u00f3, su aliento c\u00e1lido contra la mejilla de Valeria\u2014. Y t\u00fa, mi querida, ser\u00e1s una obra maestra.<\/p>\n<p>Valeria retrocedi\u00f3, su cuerpo temblando de rabia y algo m\u00e1s, un calor traicionero que la confund\u00eda. La Viuda Negra ri\u00f3, un sonido que era tanto melod\u00eda como amenaza, y se\u00f1al\u00f3 una puerta al fondo de la celda. \u2014Prep\u00e1rala \u2014orden\u00f3 a los guardias\u2014. Esta noche, la extranjera servir\u00e1 en la taberna del gremio. Veremos cu\u00e1nto tiempo arde su fuego antes de que se consuma.<\/p>\n<p>Mientras la llevaban por un pasillo oscuro, el collar de bronce pesando en su cuello, Valeria sinti\u00f3 el peso de su nueva realidad. El Ojo de las Sombras estaba roto, Lucas era un recuerdo perdido, pero su esp\u00edritu segu\u00eda intacto. La Viuda Negra pod\u00eda disfrutar torturando a sus esclavas, pero Valeria no ser\u00eda una presa f\u00e1cil. En este mundo de dagas, deseos y sombras, aprender\u00eda a pelear, a seducir, a sobrevivir. Y alg\u00fan d\u00eda, la mujer de cabellos negros pagar\u00eda por cada marca, cada cadena, cada mirada que hab\u00eda intentado quebrarla.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_62400\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"62400\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>\u2014Parece que mis instrucciones no son lo suficientemente claras para algunos \u2014una voz cort\u00f3 la atm\u00f3sfera como un latigazo. Fr\u00eda, afilada y llena de una autoridad letal. El guardia se paraliz\u00f3 de inmediato, su rostro palideciendo visiblemente incluso en la penumbra. Se apart\u00f3 de Valeria tan r\u00e1pido que tropez\u00f3 con sus propios pies. 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