{"id":62411,"date":"2025-09-30T00:09:55","date_gmt":"2025-09-29T22:09:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=62411"},"modified":"2025-09-29T15:56:48","modified_gmt":"2025-09-29T13:56:48","slug":"placeres-prohibidos-la-duena-de-diego-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/placeres-prohibidos-la-duena-de-diego-3\/","title":{"rendered":"Placeres prohibidos. La due\u00f1a de Diego (3)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"62411\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">14<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La plaza bull\u00eda con el murmullo de la gente, pero para Diego, solo exist\u00eda Yareni. Su forma de caminar, con un balanceo sensual de las caderas, era hipn\u00f3tica; el vestido blanco floreado se adher\u00eda a su figura, resaltando la curva de sus nalgas y la suavidad de sus muslos dorados, que reluc\u00edan bajo el sol del mediod\u00eda. Sus piernas, largas y torneadas, volv\u00edan loco a Diego, su verga se endurec\u00eda bajo los jeans mientras la segu\u00eda con la mirada, perdido en la fantas\u00eda de tenerlas envueltas alrededor de su cintura.<\/p>\n<p>Los ojos verdes de Yareni brillaban con una mezcla de inocencia y provocaci\u00f3n, y su cabello ondulado cayendo sobre sus hombros, lo ten\u00edan atrapado. Aunque ya la hab\u00eda pose\u00eddo en la fiesta, su ternura ahora, la forma en que sonre\u00eda t\u00edmidamente mientras charlaban, lo encend\u00eda de una manera nueva.<\/p>\n<p>Sentados en una helader\u00eda al aire libre, con el sol calentando sus pieles, Diego no pod\u00eda apartar los ojos de ella. Sus pupilas se alternaban entre los ojos esmeralda de Yareni y el escote del vestido, que dejaba entrever el nacimiento de sus pechos peque\u00f1os pero firmes, los pezones apenas insinuados bajo la tela ligera. Mientras lam\u00edan sus helados, Diego, con una voz grave y cargada de intenci\u00f3n, rompi\u00f3 el silencio: \u2014\u00bfTe gust\u00f3 aquel tr\u00edo en la fiesta? \u2014Sus ojos la recorrieron, deteni\u00e9ndose en sus labios h\u00famedos por el helado. Yareni, ruboriz\u00e1ndose, baj\u00f3 la mirada, sus mejillas se tornaron rosadas. \u2014S\u00ed&#8230; pero m\u00e1s por el tama\u00f1o de tu verga \u2014admiti\u00f3, su voz era suave, pero con un dejo de picard\u00eda que hizo que Diego sintiera un calor subirle por la entrepierna.<\/p>\n<p>\u00c9l se inclin\u00f3 m\u00e1s cerca, su aliento rozaba el rostro de Yareni. \u2014Me fascin\u00f3 estar contigo. Tu cuerpo me vuelve loco, tus ojos, todo t\u00fa&#8230; me gustas mucho \u2014confes\u00f3, su tono era sincero pero cargado de deseo. Yareni, ahora m\u00e1s roja, mordi\u00f3 su labio inferior, su tanga se humedec\u00eda bajo el vestido al escuchar sus palabras. \u2014T\u00fa tambi\u00e9n me gustas \u2014respondi\u00f3, sus ojos se encontraron con los de \u00e9l, una chispa de lujuria destellaba entre ellos. Diego, aprovechando el momento, se acerc\u00f3 a\u00fan m\u00e1s. \u2014\u00bfQuieres ser mi novia? \u2014pregunt\u00f3, su mano rozaba la suya sobre la mesa. Yareni, con el coraz\u00f3n acelerado, asinti\u00f3 de inmediato, una sonrisa iluminaba su rostro.<\/p>\n<p>\u2014Pero&#8230; \u00bfseguir\u00e1s cogiendo con Atziry? S\u00e9 lo que hay entre ustedes \u2014dijo, su voz mezclaba curiosidad y cautela. Diego, con una sonrisa confiada, respondi\u00f3: \u2014Har\u00e9 lo que t\u00fa me pidas. \u2014Yareni, tras un instante de reflexi\u00f3n, lo mir\u00f3 fijamente. \u2014No me molesta, pero mantengamos esto en secreto por ahora. Quiero hablar con Atziry yo misma, tantear el terreno \u2014explic\u00f3, su tono era firme pero suave. A Diego, la idea le cay\u00f3 como anillo al dedo. Sellaron el momento con un beso apasionado, sus lenguas se entrelazaban mientras el sabor del helado se mezclaba en sus bocas, sus cuerpos se acercaron hasta que el calor entre ellos era insoportable.<\/p>\n<p>Tras terminar los helados, Diego tom\u00f3 su mano, con sus dedos entrelazados mientras una corriente de deseo los recorr\u00eda. \u2014Vamos a un hotel cerca de aqu\u00ed \u2014susurr\u00f3, su voz estaba cargada de promesa. Yareni, con los ojos brillantes y la vagina palpitando bajo su vestido, asinti\u00f3 sin dudar.<\/p>\n<p>La puerta de la habitaci\u00f3n del hotel se cerr\u00f3 con un clic suave, sellando a Diego y Yareni en un santuario de deseo. La luz tenue de una l\u00e1mpara ba\u00f1aba la cama en tonos c\u00e1lidos, y ambos se acercaron lentamente, con sus manos entrelazadas, los dedos roz\u00e1ndose con una electricidad que anticipaba lo inevitable. Yareni se recost\u00f3 boca arriba, su vestido blanco floreado sub\u00eda ligeramente por sus muslos dorados, revelando la piel suave que brillaba bajo la luz.<\/p>\n<p>Diego, apoyado sobre un codo, la observ\u00f3 con una intensidad que hac\u00eda que su verga palpitara bajo los jeans. Sus ojos recorr\u00edan cada cent\u00edmetro de su cuerpo: las curvas delicadas de sus caderas, los pechos peque\u00f1os pero firmes que se marcaban bajo la tela, y esos ojos verdes que lo atrapaban como un hechizo. Aunque ya la hab\u00eda pose\u00eddo en la fiesta, esta vez era diferente; un afecto genuino se mezclaba con su lujuria, haciendo que quisiera saborear cada segundo.<\/p>\n<p>Yareni, con su tanguita ya empapada por la anticipaci\u00f3n, no mostraba prisa. Sus labios, entreabiertos, dejaban escapar un suspiro mientras lo miraba, disfrutando la intimidad del momento. Coloc\u00f3 una mano detr\u00e1s de la nuca de Diego, sus dedos rozaron su cabello, y lo jal\u00f3 hacia ella con una suavidad que contrastaba con el fuego que ard\u00eda en su interior. Sus labios se encontraron en un beso lento, casi reverente, sus lenguas se rozaban con una sensualidad pausada, explor\u00e1ndose como si fuera la primera vez.<\/p>\n<p>El sabor dulce del helado a\u00fan persist\u00eda en sus bocas, mezcl\u00e1ndose con el calor de sus alientos. Diego, con una mano libre, comenz\u00f3 a acariciar los muslos de Yareni, sus dedos trazaban c\u00edrculos lentos sobre la piel suave, sintiendo la calidez que emanaba de ella. No levant\u00f3 el vestido, dejando que la tela rozara sus dedos, prolongando la tensi\u00f3n que hac\u00eda que la vagina de Yareni palpitara, sus jugos humedec\u00edan a\u00fan m\u00e1s la tela fina de su tanga.<\/p>\n<p>Cada caricia era una promesa, cada beso una chispa que encend\u00eda sus cuerpos. Yareni arque\u00f3 ligeramente la espalda, sus pechos se presionaban contra el vestido, los pezones endurecidos se marcaban bajo la tela. Diego, con la verga endureci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s, mantuvo el ritmo lento, sus dedos subiendo apenas un poco m\u00e1s por los muslos de Yareni, rozando el borde del vestido sin cruzarlo, saboreando la expectativa. Ella, con un gemido suave contra sus labios, apret\u00f3 m\u00e1s su nuca, profundizando el beso, su lengua danzaba con la suya en un ritmo que anticipaba lo que vendr\u00eda.<\/p>\n<p>Ambos se pusieron de rodillas sobre el colch\u00f3n, sus cuerpos se encontraban tan cerca que el calor de sus pieles se mezclaba. Yareni, con los ojos brillando de deseo, tom\u00f3 la camiseta de Diego y la desliz\u00f3 hacia arriba, revelando su torso musculoso, los pectorales definidos reluc\u00edan con un leve brillo de sudor. Sus manos temblaron ligeramente mientras acariciaba su pecho, sus dedos recorr\u00edan cada m\u00fasculo con una lentitud deliberada. Inclin\u00e1ndose, comenz\u00f3 a besar sus pectorales, su lengua trazaba caminos h\u00famedos sobre la piel salada, saboreando el sabor masculino de Diego. Cada beso era una caricia, sus labios succionaban suavemente, arranc\u00e1ndole un gru\u00f1ido bajo que hizo que su verga palpitara bajo los jeans.<\/p>\n<p>Diego, con la respiraci\u00f3n acelerada, tom\u00f3 el cierre del vestido de Yareni y lo baj\u00f3 con una lentitud que era casi una tortura. La tela se desliz\u00f3, descubriendo primero los hombros delicados, luego los senos peque\u00f1os pero firmes, dejando ver sus pezones rosados erectos bajo la luz tenue. El vestido cay\u00f3 m\u00e1s, revelando el abdomen plano de Yareni, su piel dorada invitaba a ser tocada. Diego se inclin\u00f3, su aliento c\u00e1lido rozaba los senos de Yareni antes de que su lengua los alcanzara.<\/p>\n<p>Lami\u00f3 con cuidado, sus movimientos eran lentos y llenos de pasi\u00f3n, saboreando la suavidad de su piel mientras succionaba un pez\u00f3n, luego el otro, alternando con mordiscos suaves que hac\u00edan que Yareni arqueara la espalda. Sus suspiros eran suaves, casi et\u00e9reos, pero cargados de un placer que nunca hab\u00eda sentido con tanta intensidad. Nadie la hab\u00eda disfrutado as\u00ed, y su cuerpo se rend\u00eda por completo, su tanga estaba empapada bajo el vestido que ahora yac\u00eda en sus caderas.<\/p>\n<p>Yareni, con el coraz\u00f3n acelerado y la vagina palpitando, coloc\u00f3 ambas manos en los hombros de Diego, deteni\u00e9ndolo con un toque firme pero gentil. Se acerc\u00f3 a su o\u00eddo, su cabello ondulado rozaba su mejilla, y susurr\u00f3 con una voz temblorosa de deseo: \u2014Quiero que me hagas sexo oral. \u2014Las palabras, apenas audibles, eran una s\u00faplica cargada de lujuria, su aliento c\u00e1lido enviaba escalofr\u00edos por la espalda de Diego. Su verga, estaba endurecida al m\u00e1ximo, presionaba contra los jeans, ansiosa por complacerla. Yareni, con los ojos entrecerrados y los labios entreabiertos, se entregaba por completo, su cuerpo vibraba con la expectativa de sentir la lengua de Diego explor\u00e1ndola.<\/p>\n<p>Yareni, con un movimiento lento y provocador, se deshizo del vestido floreado, dejando que la tela cayera al suelo como una caricia susurrante, revelando su cuerpo desnudo. Sus pechos peque\u00f1os, coronados por pezones rosados y erectos, y su abdomen plano brillaban bajo la luz suave. Con un gesto deliberado, desliz\u00f3 su tanga empapada por sus muslos, la tela h\u00fameda aterrizaba junto al vestido, dejando su vagina depilada expuesta, reluciendo con sus jugos. Se recost\u00f3 en la cama, su cabello ondulado se esparci\u00f3 sobre la almohada, y con una mirada cargada de deseo, se mordi\u00f3 el pulgar de la mano izquierda de manera atrevida, sus ojos verdes destellaban con una invitaci\u00f3n silenciosa.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 las piernas lentamente, sus muslos dorados se separaron para revelar su cl\u00edtoris hinchado, que comenz\u00f3 a masajear con dedos temblorosos, sus movimientos circulares hac\u00edan que sus jugos brillaran, llamando a Diego con una promesa de placer absoluto.<\/p>\n<p>Diego, hipnotizado por la visi\u00f3n, sinti\u00f3 su verga endurecerse al m\u00e1ximo bajo los jeans, palpitando con una urgencia que apenas pod\u00eda contener. Se acerc\u00f3 con una lentitud deliberada, sus ojos recorrieron cada cent\u00edmetro de Yareni, desde sus pechos hasta la vagina que lo invitaba. Arrodill\u00e1ndose entre sus piernas, coloc\u00f3 sus manos bajo los muslos de ella, levant\u00e1ndolos ligeramente para abrirla a\u00fan m\u00e1s, sintiendo su piel suave y c\u00e1lida bajo sus palmas.<\/p>\n<p>Inclin\u00f3 la cabeza, su aliento caliente rozaba la vagina antes de que su lengua la tocara. Comenz\u00f3 a lamer con una pasi\u00f3n contenida, su lengua traz\u00f3 caminos lentos por los pliegues, saboreando el dulzor salado de sus jugos. Llen\u00f3 su cl\u00edtoris de saliva, succion\u00e1ndolo suavemente antes de hundirse m\u00e1s, explorando cada rinc\u00f3n con una devoci\u00f3n que hac\u00eda que Yareni arqueara la espalda, sus gemidos llenaban la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin dejar de lamer, Diego introdujo dos dedos en su vagina, sintiendo c\u00f3mo las paredes h\u00famedas se contra\u00edan alrededor de ellos. Los movi\u00f3 con un ritmo preciso, entrando y saliendo mientras su lengua segu\u00eda danzando sobre el cl\u00edtoris, alternando entre lamidas r\u00e1pidas y succiones profundas. Yareni, con los ojos en blanco, se retorc\u00eda en la cama, sus manos se aferraban a las s\u00e1banas mientras gem\u00eda apasionadamente, su voz se romp\u00eda en gritos de placer. \u2014\u00a1Te deseo dentro de m\u00ed, ya! \u2014grit\u00f3, su cuerpo temblaba, su vagina empapada palpitaba con una necesidad desesperada. Diego, extasiado por el aroma almizclado de su excitaci\u00f3n y el sabor que lo consum\u00eda, sinti\u00f3 su verga pulsar, ansiosa por complacerla.<\/p>\n<p>Sin detenerse, se movi\u00f3 con agilidad, desabrochando su cintur\u00f3n y deslizando sus jeans y b\u00f3xers por sus muslos, liberando su verga erecta, gruesa y pulsante, que se alz\u00f3 orgullosa bajo la luz suave. Yareni, recostada con las piernas abiertas, y sus jugos goteando por la cama, lo observaba con ojos verdes llenos de deseo, mordiendo su labio mientras masajeaba sus propios pechos, los pezones rosados estaban totalmente endurecidos.<\/p>\n<p>Diego se acomod\u00f3 frente a la entrada de su vagina, la punta de su verga rozaba los pliegues h\u00famedos antes de penetrarla lentamente. Yareni dej\u00f3 escapar un gemido profundo, sus muslos temblaban mientras lo sent\u00eda llenarla, cada cent\u00edmetro de su carne abr\u00eda paso en su interior c\u00e1lido y apretado. Ella lo envolvi\u00f3 con sus piernas, cruz\u00e1ndolas alrededor de su cintura, un abrazo desesperado que gritaba que no quer\u00eda que ese placer terminara. Diego, con movimientos lentos al principio, comenz\u00f3 a embestirla, sus caderas marcaban un ritmo que hac\u00eda que los senos de Yareni rebotaran suavemente. Sus gemidos llenaban la habitaci\u00f3n, mezcl\u00e1ndose con el sonido h\u00famedo de sus cuerpos chocando.<\/p>\n<p>Las embestidas se volvieron m\u00e1s r\u00e1pidas, m\u00e1s intensas, y Diego, inclin\u00e1ndose, captur\u00f3 los labios de Yareni en un beso apasionado, sus lenguas danzaban con una urgencia febril. \u2014Me encantas, estoy enamorado de ti \u2014gru\u00f1\u00f3 contra su boca, sus palabras eran entrecortadas por la lujuria. Yareni, con los ojos entrecerrados y el cuerpo temblando, respondi\u00f3 jadeando: \u2014Yo tambi\u00e9n te amo. \u2014Sus palabras eran un susurro roto, su vagina se contra\u00eda alrededor de la verga de Diego.<\/p>\n<p>Tras varios minutos de embestidas fren\u00e9ticas, Yareni arque\u00f3 la espalda, sus u\u00f1as se clavaron en los hombros de Diego. \u2014\u00a1Me voy a venir! \u2014grit\u00f3, con su voz quebr\u00e1ndose. Diego, sintiendo el cl\u00edmax acercarse, gru\u00f1\u00f3: \u2014Yo tambi\u00e9n, mi amor. \u2014Y entonces, mientras ella le gritaba jadeando: \u2014\u00a1Pr\u00e9\u00f1ame, ll\u00e9name! \u2014, \u00e9l explot\u00f3, llenando su vagina con chorros calientes de semen, su verga palpitaba mientras inundaba su interior.<\/p>\n<p>Yareni, aferr\u00e1ndose a \u00e9l con las piernas, exprimi\u00f3 cada gota, sintiendo el calor de su semen llen\u00e1ndola, sus paredes vaginales se contra\u00edan para retenerlo. Cuando terminaron, exhaustos, Diego se dej\u00f3 caer boca arriba, su pecho sub\u00eda y bajaba con respiraciones pesadas. Yareni, con un brillo de satisfacci\u00f3n en el rostro, se subi\u00f3 encima de \u00e9l, sus muslos dejaron un rastro de sus jugos y el semen de Diego que goteaba sobre sus test\u00edculos.<\/p>\n<p>Lo bes\u00f3 apasionadamente, sus labios se fundieron en un choque h\u00famedo, sus lenguas se exploraban con una ternura que contrastaba con la intensidad de su encuentro. Mientras se besaban, Diego acariciaba su cabello ondulado, sus dedos acariciaban las hebras suaves, y Yareni apoy\u00f3 la cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su coraz\u00f3n. As\u00ed, envueltos en el aroma de su sexo y el calor de sus cuerpos, se quedaron dormidos.<\/p>\n<p>La noche ca\u00eda sobre el departamento, y Diego, al regresar de un largo d\u00eda con su ahora novia, not\u00f3 un destello sutil en una esquina del sal\u00f3n. Una c\u00e1mara de seguridad, discretamente instalada, captaba la escena. Elizabeth, con una blusa ligera que dejaba entrever el contorno de sus grandes senos, explic\u00f3 con una sonrisa casual: \u2014Es por seguridad, sobrino. \u2014Pero sus ojos miel brillaban con un secreto m\u00e1s oscuro. En el fondo, Elizabeth anhelaba grabar las cogidas desenfrenadas que llenaban el departamento de gemidos y sudor.<\/p>\n<p>La idea de conservar esos momentos, de revivirlos una y otra vez en la privacidad de su habitaci\u00f3n, hac\u00eda que su vagina palpitara, su tanga se humedec\u00eda al imaginar los videos de Diego posey\u00e9ndola o a Atziry entreg\u00e1ndose a su primo. Era un placer que guardar\u00eda para s\u00ed misma, un tesoro prohibido que alimentaba su lujuria.<\/p>\n<p>Casi un a\u00f1o pas\u00f3, y la din\u00e1mica en el departamento se volvi\u00f3 un torbellino de deseo oculto. Diego y Elizabeth continuaban sus encuentros clandestinos, sus cuerpos chocaban en la penumbra de la habitaci\u00f3n de ella. Elizabeth, con sus nalgas blancas expuestas y los pezones endurecidos, gem\u00eda mientras Diego la embest\u00eda por la vagina, su verga gruesa la llenaba hasta el borde.<\/p>\n<p>Cada embestida era un secreto compartido, un placer que manten\u00edan oculto de Atziry. Mientras tanto, Atziry y Diego segu\u00edan entreg\u00e1ndose a su pasi\u00f3n, a veces en la intimidad de su habitaci\u00f3n, otras con un descaro que desafiaba las normas. En el sof\u00e1, Atziry, con un short diminuto que dejaba ver sus nalgas, montaba a Diego, su vagina empapada se deslizaba sobre su verga mientras gem\u00eda, ajena a las miradas de su madre.<\/p>\n<p>Elizabeth, desde la penumbra del pasillo o detr\u00e1s de una puerta entreabierta, observaba esas escenas con una mezcla de celos y excitaci\u00f3n. Su mano se deslizaba bajo su ropa, encontrando su cl\u00edtoris hinchado, y se masturbaba en silencio, sus dedos se mov\u00edan al ritmo de los gemidos de Atziry. La visi\u00f3n de la verga de Diego entrando y saliendo de la vagina de su hija, los jugos goteando por sus muslos, la llevaba al borde del \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>A veces, se mord\u00eda los labios para no gritar, sus propios senos los apretaba con la mano libre mientras imaginaba unirse a ellos, pero se conten\u00eda, sabiendo que la c\u00e1mara capturaba cada momento. Los videos, que revisaba en la soledad de su habitaci\u00f3n, eran su vicio privado: im\u00e1genes de Diego embistiendo a Atziry, de sus propios encuentros con \u00e9l, de los gemidos y los cuerpos sudorosos que llenaban el departamento.<\/p>\n<p>Atziry, sumida en su propio placer, nunca not\u00f3 las miradas furtivas de su madre ni los dedos que se deslizaban en su vagina mientras observaba.<\/p>\n<p>Pero un d\u00eda el departamento, cargado de una tensi\u00f3n que se hab\u00eda acumulado durante meses, se convirti\u00f3 en el escenario de una revelaci\u00f3n que cambiar\u00eda todo. Atziry, con el coraz\u00f3n dividido entre la lujuria y la resignaci\u00f3n, ya sab\u00eda del romance entre Diego y Yareni, un secreto que hab\u00eda guardado mientras segu\u00eda entreg\u00e1ndose a las embestidas de su primo en las noches febriles. Pero Elizabeth, atrapada en su propio mundo de deseo y videos prohibidos, permanec\u00eda ajena a la verdad.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda, cuando Diego cruz\u00f3 la puerta del departamento con Yareni de la mano, present\u00e1ndola como su novia, el aire se volvi\u00f3 denso. Yareni, radiante en un vestido ajustado que abrazaba sus caderas y dejaba entrever el contorno de sus pechos peque\u00f1os, sus ojos brillaban con una mezcla de amor y picard\u00eda, sonri\u00f3 t\u00edmidamente. Elizabeth, con una blusa suelta que apenas ocultaba sus grandes senos y un short que resaltaba sus nalgas blancas, sinti\u00f3 una punzada de celos que le apret\u00f3 el pecho, no solo por Diego, sino por Yareni, cuya lengua a\u00fan habitaba sus fantas\u00edas m\u00e1s h\u00famedas.<\/p>\n<p>Elizabeth, luchando por mantener la compostura, forz\u00f3 una sonrisa mientras su vagina palpitaba bajo la tela, traicionada por el recuerdo de aquella madrugada en que Yareni la hab\u00eda devorado. Sus ojos miel recorrieron el cuerpo de la joven, deteni\u00e9ndose en sus labios, imagin\u00e1ndolos entre sus muslos, mientras Diego, con una camiseta que marcaba sus m\u00fasculos y unos jeans que delineaban su verga prominente, hablaba con orgullo de su relaci\u00f3n. Pero la noticia que solt\u00f3 a continuaci\u00f3n fue como un golpe: \u2014Yareni y yo nos vamos a casar \u2014anunci\u00f3, su mano apretaba la de ella.<\/p>\n<p>Elizabeth y Atziry, sentadas en el sof\u00e1, quedaron en shock, sus cuerpos aun vibraban con el eco de los encuentros prohibidos con Diego. Elizabeth sinti\u00f3 una punzada en el pecho, su vagina palpitaba al imaginar a Diego, su verga gruesa llen\u00e1ndola, ahora la perder\u00eda para siempre. Atziry apret\u00f3 los pu\u00f1os, su coraz\u00f3n estaba acelerado por la idea de perder al primo que la hab\u00eda pose\u00eddo en cada rinc\u00f3n del departamento. Ambas, atrapadas en su lujuria y celos, luchaban por procesar la noticia.<\/p>\n<p>Elizabeth, forzando una sonrisa que escond\u00eda el fuego de sus celos, se levant\u00f3 y abraz\u00f3 a Yareni, sus manos rozaban los hombros desnudos de la joven \u2014Les deseo lo mejor \u2014dijo, su voz era dulce pero cargada de un deseo reprimido, sus ojos se detuvieron en los labios de Yareni, recordando su sabor. En un impulso, a\u00f1adi\u00f3: \u2014\u00bfPor qu\u00e9 no se vienen a vivir con nosotras? Haremos espacio. \u2014La oferta, aunque aparentemente inocente, estaba te\u00f1ida de una esperanza desesperada de mantener a Diego cerca, de seguir sintiendo su verga dentro de ella, y tal vez, de volver a probar a Yareni.<\/p>\n<p>Yareni neg\u00f3 con la cabeza, su expresi\u00f3n era firme. \u2014No, Elizabeth. No soportar\u00eda compartir a mi esposo con Atziry \u2014respondi\u00f3, su voz era suave pero decidida, ajena al hecho de que tambi\u00e9n estaba arrancando a Diego de los brazos de Elizabeth. \u2014Nos mudaremos a Monterrey. Mi pap\u00e1 nos dar\u00e1 una casa como regalo de bodas. \u2014Sus palabras cayeron como un golpe, y Atziry, con los ojos llenos de l\u00e1grimas, se levant\u00f3 de un salto. \u2014\u00a1No te lo lleves, Yareni! \u2014suplic\u00f3, su voz se quebraba \u2014. No me importa compartirlo, te lo juro. \u2014Pero Yareni, con una mirada que mezclaba compasi\u00f3n y resoluci\u00f3n, se mantuvo firme. \u2014No quiero eso, Atziry. Lo quiero solo para m\u00ed \u2014dijo, sin saber que sus palabras tambi\u00e9n cortaban el hilo que un\u00eda a Elizabeth con Diego.<\/p>\n<p>Atziry, con el rostro empapado en l\u00e1grimas, corri\u00f3 a su habitaci\u00f3n, el eco de sus sollozos resonaba en el pasillo. Su cuerpo, a\u00fan c\u00e1lido por los recuerdos de Diego penetr\u00e1ndola, temblaba de frustraci\u00f3n, su vagina palpitaba con un deseo que ahora parec\u00eda inalcanzable. Elizabeth, qued\u00e1ndose sola con Diego y Yareni, fingi\u00f3 fortaleza, pero sus celos ard\u00edan como brasas. Su mente evocaba las noches en que Diego la hab\u00eda embestido, su semen llen\u00e1ndola, y las veces que se hab\u00eda masturbado viendo a su hija montarlo.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que sus vidas cambiar\u00edan, que el departamento, impregnado del aroma de sus encuentros prohibidos, perder\u00eda el fuego que los hab\u00eda consumido. Mientras Diego tomaba la mano de Yareni, su verga se marcaba bajo los jeans, Elizabeth sinti\u00f3 un nudo en la garganta, su tanga se empapaba por un deseo que no pod\u00eda expresar. La partida de Diego a Monterrey con Yareni marcaba el fin de una era.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_62411\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"62411\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>A veces, se mord\u00eda los labios para no gritar, sus propios senos los apretaba con la mano libre mientras imaginaba unirse a ellos, pero se conten\u00eda, sabiendo que la c\u00e1mara capturaba cada momento. Los videos, que revisaba en la soledad de su habitaci\u00f3n, eran su vicio privado: im\u00e1genes de Diego embistiendo a Atziry, de sus propios encuentros con \u00e9l, de<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_62411\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"62411\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":31480,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":{"0":"post-62411","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-amor-filial"},"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":3109,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/62411","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/31480"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=62411"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/62411\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":62413,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/62411\/revisions\/62413"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=62411"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=62411"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=62411"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}