{"id":63858,"date":"2026-01-04T00:15:38","date_gmt":"2026-01-03T23:15:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=63858"},"modified":"2026-01-03T18:56:00","modified_gmt":"2026-01-03T17:56:00","slug":"primavera-prohibida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/primavera-prohibida\/","title":{"rendered":"Primavera prohibida"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"63858\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">8<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>En los albores de 1923, en una peque\u00f1a villa rural de Inglaterra, Eleanor Harrington viv\u00eda en una casa grande y silenciosa que ol\u00eda a cera de abeja y a ausencia. Ten\u00eda treinta y dos a\u00f1os, el cuerpo todav\u00eda firme y suave, la piel p\u00e1lida, de esas que se sonrojan con facilidad, los ojos verdes, habituados a observar y obedecer en silencio.<\/p>\n<p>Su marido, el se\u00f1or Harrington, era un hombre de cincuenta y pocos, alto, seco, con bigote recortado y una voz que nunca sub\u00eda de tono porque no hac\u00eda falta: bastaba con que hablara para que todo el mundo se sometiera a sus \u00f3rdenes. Viajaba mucho por negocios textiles, y cuando estaba en casa hablaba poco con ella. La trataba con correcci\u00f3n distante, como a un mueble caro que hay que cuidar y lucir en sociedad.<\/p>\n<p>Eleanor sab\u00eda cosas de \u00e9l que prefer\u00eda olvidar. Una tarde, a\u00f1os atr\u00e1s, hab\u00eda vuelto antes de tiempo de una visita y lo encontr\u00f3 en su estudio. La puerta estaba entreabierta. Harrington ten\u00eda a una criada joven inclinada sobre el escritorio, la falda subida, las bragas retorcidas a la altura los tobillos. Con una vara fina de abedul le estaba dando golpes secos en el generoso trasero desnudo. No alzaba la voz amenaz\u00e1ndola, no: lo hac\u00eda con calma, reprendi\u00e9ndola en voz baja, como quien ajusta una m\u00e1quina. La chica lloriqueaba, pero no se mov\u00eda. Eleanor se apart\u00f3 sin hacer ruido y nunca le coment\u00f3 nada, ni a \u00e9l ni a nadie.<\/p>\n<p>Desde entonces entendi\u00f3 que su marido no buscaba placer con ella porque lo encontraba en otro sitio: en el control, en el castigo medido, en la piel que se enrojece bajo su mano, en la l\u00e1grima, el temor y la humillaci\u00f3n de los sumisos.<\/p>\n<p>Con ella era correcto, fr\u00edo, r\u00e1pido. Dos minutos los viernes por la noche, luz apagada, camis\u00f3n subido hasta la cintura, casi siempre de espaldas para no mirarla. Despu\u00e9s se daba la vuelta y dorm\u00eda.<\/p>\n<p>Por eso Eleanor se sent\u00eda seca por dentro, como una planta que recibe agua pero nunca sol.<\/p>\n<p>Necesitaba calor, toque, risa.<\/p>\n<p>Necesitaba sentirse deseada.<\/p>\n<p>Thomas era el ayudante que Harrington hab\u00eda contratado para la finca. Veinticuatro a\u00f1os, ancho de hombros, brazos fuertes del trabajo al aire libre, piel morena, ojos azules que miraban de frente. Al principio solo eran saludos corteses. Luego miradas que duraban un segundo de m\u00e1s. Luego roces \u201caccidentales\u201d cuando le pasaba una herramienta o una taza de t\u00e9. Eleanor notaba c\u00f3mo se le aceleraba el pulso cuando \u00e9l estaba cerca. Se sorprend\u00eda a s\u00ed misma imagin\u00e1ndolo sin camisa, imaginando sus manos grandes sobre su piel.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana de mayo, con Harrington en Londres por una semana, Eleanor propuso un paseo en bicicleta. \u2014Para tomar aire \u2014dijo, con una sonrisa que no era del todo inocente.<\/p>\n<p>Thomas acept\u00f3 enseguida. Cargaron la cesta: pan, queso, peras, sidra, el mantel a cuadros rojo y blanco bien doblado al fondo.<\/p>\n<p>Pedalearon por caminos de tierra entre robles y praderas. El vestido floral de Eleanor, ligero, de algod\u00f3n estampado con margaritas, se le sub\u00eda un poco con el viento y dejaba ver las pantorrillas. Re\u00edan. \u00c9l la miraba de reojo. Ella notaba la mirada y no bajaba el vestido.<\/p>\n<p>Llegaron junto a un arroyo. Extendieron el mantel bajo un sauce. Comieron despacio. Thomas cortaba el queso con una navaja; sus dedos rozaban los de ella al pasarle un trozo. Eleanor mord\u00eda una pera y un hilo de jugo le bajaba por la barbilla; \u00e9l se lo limpi\u00f3 con el pulgar, muy despacio.<\/p>\n<p>Se quedaron callados un rato, solo el ruido del agua, la brisa en sus rostros y p\u00e1jaros piando, quiz\u00e1s en busca de pareja.<\/p>\n<p>Jugaron con pajitas de hierba como adolescentes. \u00c9l paso una por su brazo para luego, de manera traviesa, pasarla por el sitio d\u00f3nde los hombres llevan bigote. Ella protest\u00f3 riendo al notar las cosquillas.<\/p>\n<p>Luego \u00e9l \u201cteji\u00f3\u201d un improvisado collar y se lo puso, dejando las manos un segundo de m\u00e1s en su cuello. Ella sinti\u00f3 como el calor nac\u00eda en el vientre y sub\u00eda hasta sus mejillas ruboriz\u00e1ndolas levemente.<\/p>\n<p>De pronto el cielo se cerr\u00f3 llenando el paisaje de sombras. Nubes negras, viento fr\u00edo, y finalmente a lluvia en abundancia.<\/p>\n<p>No hab\u00eda paraguas.<\/p>\n<p>Cogieron las bicis y pedalearon.<\/p>\n<p>\u2014Con este tiempo no llegaremos a casa. \u2014dijo la mujer.<\/p>\n<p>\u2014All\u00ed, un refugio. \u2014se\u00f1al\u00f3 el hombre.<\/p>\n<p>Encontraron un chamizo viejo medio derruido al borde del bosque.<\/p>\n<p>Entraron chorreando.<\/p>\n<p>El vestido de Eleanor se pegaba al cuerpo, marcando los pechos, los pezones endurecidos por el fr\u00edo. La camisa de Thomas se transparentaba, se le ve\u00eda el pecho ancho, el vello oscuro.<\/p>\n<p>Temblaban.<\/p>\n<p>\u2014Nos vamos a helar \u2014dijo \u00e9l, con la voz ronca.<\/p>\n<p>El mantel estaba casi seco, bien enrollado en la cesta.<\/p>\n<p>Eleanor trag\u00f3 saliva.<\/p>\n<p>Sab\u00eda lo que ven\u00eda.<\/p>\n<p>Pero la responsabilidad ante todo.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00edtate la ropa mojada o cogeremos una pulmon\u00eda \u2014murmur\u00f3.<\/p>\n<p>Se dieron la espalda por pudor, pero el espacio era peque\u00f1o. Ella se desabroch\u00f3 el vestido, lo dej\u00f3 caer. Las enaguas siguieron el mismo camino. Qued\u00f3 desnuda, la piel de gallina, los pechos pesados, el sexo oscuro entre los muslos. \u00c9l se quit\u00f3 camisa, pantalones, calzoncillos. Su pene a medio camino, colgando con una leve inclinaci\u00f3n a la derecha.<\/p>\n<p>Ella se dio la vuelta para sentarse, su culo p\u00e1lido, las nalgas separadas por una hendidura generosa que hac\u00eda imposible no pecar.<\/p>\n<p>Se sentaron en el suelo y se envolvieron juntos en el mantel a cuadros. Piel con piel. El calor empez\u00f3 a volver. Eleanor notaba el pecho de \u00e9l contra su espalda, el aliento en la nuca. Notaba tambi\u00e9n c\u00f3mo el miembro de Thomas se endurec\u00eda contra su trasero. Intent\u00f3 no moverse, pero era imposible.<\/p>\n<p>De pronto sinti\u00f3 una presi\u00f3n en el vientre.<\/p>\n<p>La sidra, los nervios\u2026 la tripita cogiendo fr\u00edo.<\/p>\n<p>Necesitaba soltar aire.<\/p>\n<p>Intent\u00f3 contenerlo apretando el esf\u00ednter, pero al poco la necesidad volvi\u00f3 con m\u00e1s fuerza.<\/p>\n<p>\u2014Thomas\u2026 \u2014susurr\u00f3, la voz temblorosa, la cara ardiendo\u2014. Lo siento much\u00edsimo\u2026 pero\u2026 no puedo m\u00e1s. Necesito\u2026 tirarme un pedo.<\/p>\n<p>\u00c9l se qued\u00f3 quieto un segundo y luego habl\u00f3 suave, controlando esa rara excitaci\u00f3n que provoca la intimidad.<\/p>\n<p>\u2014Hazlo. Aqu\u00ed no hay nadie m\u00e1s.<\/p>\n<p>Ella se gir\u00f3 un poco, levant\u00f3 el mantel y muerta de verg\u00fcenza, ventose\u00f3, uno suave, prolongado, pero audible. El alivio fue inmediato. El aroma pas\u00f3 fugaz.<\/p>\n<p>Esperaba que \u00e9l se apartara, que su cuerpo reaccionara traicionando sus modales de caballero\u2026 pero no, al contrario, la abraz\u00f3 m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p>\u2014No pasa nada \u2014susurr\u00f3 contra su oreja mientras su miembro comenzaba a palpitar.<\/p>\n<p>El momento, en vez de romperlo todo, lo hizo m\u00e1s \u00edntimo y excitante. Ella se gir\u00f3 hacia \u00e9l. Se miraron. Se besaron. Primero suave, luego con hambre. Las manos de \u00e9l recorrieron sus pechos, pellizcaron los pezones. Ella baj\u00f3 la mano y agarr\u00f3 el pene duro, caliente, lo acarici\u00f3 despacio.<\/p>\n<p>Un minuto despu\u00e9s, \u00e9l puso el mantel sobre el suelo mientras ella se fijaba en sus gl\u00fateos. Se tumbaron sobre el mantel. \u00c9l se coloc\u00f3 entre sus piernas. Entr\u00f3 despacio, cent\u00edmetro a cent\u00edmetro, hasta llenarla del todo. Eleanor jade\u00f3. Empezaron a moverse juntos, al ritmo de la lluvia que golpeaba el tejado.<\/p>\n<p>Ella clav\u00f3 las u\u00f1as en su espalda. \u00c9l la bes\u00f3 en el cuello, en los pechos. Los ruiditos del chupeteo, los gemidos y el latido agitado del coraz\u00f3n. Llegaron al mismo tiempo, un estremecimiento largo, intenso.<\/p>\n<p>La tormenta ces\u00f3 tan abruptamente como hab\u00eda empezado. El sol asom\u00f3 t\u00edmidamente. Se vistieron con la ropa a\u00fan h\u00fameda y pedalearon de vuelta. Media hora. El viento no era tan fr\u00edo y aun conservaban calor.<\/p>\n<p>Llegaron a la casa de Eleanor, una casona victoriana rodeada de jardines. Su marido estaba lejos, en viaje de negocios.<\/p>\n<p>Subieron directos al ba\u00f1o. Llenaron la tina con agua caliente del calentador. Se desnudaron de nuevo, esta vez sin verg\u00fcenza. Entraron juntos. El agua humeante, el jab\u00f3n resbalando por la piel. Se lavaron mutuamente, despacio, explorando.<\/p>\n<p>Luego, despu\u00e9s de un beso apasionado, despu\u00e9s de que sus lenguas danzaran y exploraran la boca del otro con anhelo, despu\u00e9s\u2026<\/p>\n<p>\u00c9l la levant\u00f3 contra la pared de azulejos, ella le rode\u00f3 la cintura con las piernas.<\/p>\n<p>Volvieron a hacerlo, esta vez m\u00e1s fuerte, m\u00e1s urgente, el agua chapoteando cuando el cog\u00eda impulso para una nueva embestida. Las manos de ella inquietas, revolviendo el cabello del var\u00f3n unos segundos, sobando las nalgas masculinas un instante despu\u00e9s, para volver a agarrarse alrededor del cuello mientras pegaba su cuerpo en un intento por fusionarse con aquella fuente de placer infinito.<\/p>\n<p>Pero la realidad los expuls\u00f3 del para\u00edso demasiado pronto, el reloj no detuvo el camino y la eternidad paso a ser solo una promesa incumplida. Al atardecer, formales y vestidos, se despidieron con un beso cargado de melancol\u00eda. \u201cEsto debe quedar en an\u00e9cdota\u201d, murmur\u00f3 Eleanor, sabiendo que su marido regresar\u00eda pronto y Thomas volver\u00eda a ser solo el empleado.<\/p>\n<p>\u00c9l asinti\u00f3, resignado, tratando de disfrazar su tristeza con una sonrisa para el recuerdo.<\/p>\n<p>Ella pens\u00f3 en su marido, en ese episodio de crueldad. Con rabia dese\u00f3 que su esposo se presentara all\u00ed, los pillara por sorpresa. Ella rescatar\u00eda a su hombre, se ofrecer\u00eda como v\u00edctima para recibir el castigo. En ese momento de desesperaci\u00f3n, no le importar\u00eda nada\u2026 al menos la vara morder\u00eda sus nalgas y la har\u00eda llorar, sollozar por el amor de verdad que ahora, por esa puerta, se alejaba para siempre.<\/p>\n<p>Pero su marido estaba fuera, de viaje, no hab\u00eda nadie que la castigase por su infidelidad.<\/p>\n<p>Solo ella, la casa y el recuerdo de la tormenta que les uni\u00f3 para siempre.<\/p>\n<p>Fin.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_63858\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"63858\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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