{"id":64108,"date":"2026-01-20T15:32:22","date_gmt":"2026-01-20T14:32:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=64108"},"modified":"2026-01-20T15:10:26","modified_gmt":"2026-01-20T14:10:26","slug":"la-estudiante-china-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-estudiante-china-1\/","title":{"rendered":"La estudiante china (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"64108\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">14<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Al lado de su abuela, Horacio meneaba los fideos, tostados a fuego lento sobre una cama de aceite y ajo. Los dej\u00f3 caer con cuidado en la olla hirviendo\u2026 pero el cuidado le ven\u00eda de la costumbre; en realidad, Horacio estaba distra\u00eddo. Conforme avanzaba en la comida, ten\u00eda que partirse entre el guiso y la sopa. Mientras la abuela exprim\u00eda limones grandes y amarillos, algo hizo mal Horacio: la zanahoria hizo un mal clavado, o algo en el sart\u00e9n sonaba como si se estuviera pegando.<\/p>\n<p>\u2014No est\u00e1s aqu\u00ed, m\u2019hijito \u2014le dijo do\u00f1a Imelda a su nieto. \u2014Aterr\u00edzate, por favor, que las chicas van a llegar de la universidad y les tenemos que tener la comida lista. Es la primera semana y necesitamos dar una buena impresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero do\u00f1a Imelda no le habr\u00eda podido decir algo que lo distrajera m\u00e1s. De golpe se juntaron en la cabeza de Horacio todas sus impresiones de la semana pasada.<\/p>\n<p>Primero vio a una chica hermosa entrar en la casa de hu\u00e9spedes de do\u00f1a Imelda. Era Nadia. El cabello lacio, de un negro brillante como el plumaje de un zanate. La piel muy p\u00e1lida, pero fresca y brillante. La cara terminada en una barbilla fina, en contraste con dos mejillas carnosas, con hoyuelos sonrientes. La boca roj\u00edsima de fr\u00edo, con un labio inferior hinchado y vibrante. La nariz respingada, las orejas peque\u00f1as. Dos ojos rasgados pero bien abiertos, abismales y resplandecientes.<\/p>\n<p>Horacio ten\u00eda como norma no mirar el cuerpo de las mujeres, mucho menos el de las chicas que llegaban a hospedarse en la casa de hu\u00e9spedes de do\u00f1a Imelda. No siempre era f\u00e1cil, puesto que llegaban sobre todo grandes mujeres de Europa del Este, rubias y de facciones fuertes, que ansiaban que sus cuerpos fueran tocados alguna vez por de sol del Tr\u00f3pico. Horacio sent\u00eda por sus cuerpos una mezcla de temor y reverencia, as\u00ed que procuraba estar m\u00e1s o menos ausente cuando llegaban ellas. Cuando ten\u00eda que servirles de comer o pedirles la mensualidad, intentaba mirarlas a los ojos, pero terminaba mirando al piso. Con Nadia era diferente.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 usando un pesado saco rojo, con botones de un dorado opaco, y a Horacio le pareci\u00f3 que la mism\u00edsima Rep\u00fablica Popular estaba cruzando su puerta. El saco era intimidante y el color era agresivo para los ojos, lo que potenciaba el naciente enamoramiento de Horacio: esa clase de atracci\u00f3n que nos hace sentir un poco torpes y un poco tristes. Por otro lado, as\u00ed vestida era muy dif\u00edcil saber c\u00f3mo era el cuerpo de Nadia, lo que le permit\u00eda a Horacio mirarla con cierta frecuencia.<\/p>\n<p>El lunes, cuando do\u00f1a Imelda la recibi\u00f3 en casa, se sirvi\u00f3 caf\u00e9 y galletas en la sala. La chica pase\u00f3 la vista a su alrededor. Al ver el piso de duela y muebles pesados de madera, a Nadia le parec\u00eda que aquello era una enorme galleta de jengibre. Le gustaban los cuadros que pintaban lagos con nen\u00fafares, la mesita de centro de piedra verde y el acogedor chirrido de los sillones viejos. \u201cEsto es muy de abuela\u201d, se dijo. Mientras Nadia sonre\u00eda con cierta condescendencia, Horacio cre\u00eda estarla entendiendo.<\/p>\n<p>Empezaron los tres a hablar como por pura f\u00f3rmula. Sin saber muy bien c\u00f3mo pas\u00f3, la pasi\u00f3n de Horacio por China (su escritura, su historia tecnol\u00f3gica, la Revoluci\u00f3n Cultural, su econom\u00eda justa y pujante), le soltaron la lengua enfrente de Nadia. La chica lo ve\u00eda con ternura, pero tambi\u00e9n con un extra\u00f1amiento alegre. El espa\u00f1ol de Nadia estaba muy lejos de ser perfecto, pero entend\u00eda lo suficiente como para saber que Horacio era un chico de casa, amable e inofensivo.<\/p>\n<p>Nadia casi pod\u00eda sentir c\u00f3mo el inter\u00e9s de Horacio por China se mezclaba con la visible atracci\u00f3n que sent\u00eda hacia ella. De repente, Nadia se descubri\u00f3 poni\u00e9ndose la mano en la mejilla, subiendo las cejas exageradamente, fingiendo atenci\u00f3n por el chico y haci\u00e9ndole con los ojos peque\u00f1as muestras de inter\u00e9s.<\/p>\n<p>El martes en la noche, Nadia terminaba de acomodar las pocas cosas que tra\u00eda. Como quer\u00eda ponerse c\u00f3moda llevaba solamente un pantal\u00f3n de piyama y una blusa barata de colores grises, bastante ce\u00f1ida al cuerpo. El trabajo de adaptar el cuarto a sus necesidades parec\u00eda no haberle sacado sudor, sino solamente haberle abierto los poros y enrojecido la piel de las mejillas y los hombros. Si alguien sudaba, era m\u00e1s bien el cuarto.<\/p>\n<p>Cuando Horacio toc\u00f3 a la puerta de su cuarto para avisarle de la cena, Nadia abri\u00f3 la puerta por reflejo. Horacio s\u00f3lo la hab\u00eda conocido con la formalidad del primer encuentro, y encontrarse cara a cara con un cuerpo inesperado tom\u00f3 por sorpresa todas sus defensas. El pantal\u00f3n era tan discreto como puede ser una piyama (aunque a Horacio le hizo de golpe visualizar a Nadia arropada en la cama), pero la blusa ce\u00f1ida le revelaba a Horacio dos pechos enormes. Quiz\u00e1 eran (pens\u00f3 en ese momento, sin querer) los dos pechos m\u00e1s grandes que hab\u00eda visto.<\/p>\n<p>El tono rojizo de las mejillas y los hombros de Nadia, le hizo pensar en si sus pechos se habr\u00edan ruborizado tambi\u00e9n. Los tonos distintos de grises de la tela hac\u00edan imposible saber, pero por un segundo (justo antes de recuperar la compostura) Horacio pens\u00f3 haber distinguido la forma de sus pezones, r\u00edgidos por el fr\u00edo.<\/p>\n<p>Nadia estaba encantada de haber desestabilizado al chico, pero no pod\u00eda mostrarlo. Hizo como si no advirtiera nada, y le pidi\u00f3 a Horacio que entrara un momento. Se sent\u00f3 en su escritorio, sac\u00f3 una agenda con horarios y lugares, y le pidi\u00f3 al chico ayuda para saber qu\u00e9 transportes deb\u00eda tomar para llegar aqu\u00ed o all\u00e1. As\u00ed pasaron diez minutos. Horacio hab\u00eda olvidado completamente la cena, y empez\u00f3 a hacerle preguntas a Nadia sobre China y sobre el chino, mientras hac\u00eda todo lo posible por verla a los ojos. Se ve\u00eda que estaba tan inc\u00f3modo como encantado. Nadia le contestaba, con cierto tono de cansancio, pero al mismo tiempo hac\u00eda hacia atr\u00e1s los hombros y la cabeza, con coqueter\u00eda, incitando a Horacio a mirar el peque\u00f1o escote de su blusa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe puedo pedir algo, que seguramente te han pedido mil veces? \u2014pregunt\u00f3 finalmente Horacio<\/p>\n<p>\u2014S\u00f3lo no vayas a decir que un beso \u2014se burl\u00f3 Nadia.<\/p>\n<p>El rubor le invadi\u00f3 a Horacio todo el cuerpo y durante unos segundos no pudo hablar. Finalmente, dijo lo que ten\u00eda pensado:<\/p>\n<p>\u2014No, no. Claro que no. Que me escribas algo en hanzi.<\/p>\n<p>Nadia tom\u00f3 un estil\u00f3grafo de su escritorio y sujet\u00f3 la mu\u00f1eca izquierda de Horacio.<\/p>\n<p>\u2014Este es mi nombre real \u2014le dijo, en voz baja, mientras dibujaba signos en el brazo izquierdo de Horacio; los signos cruzaron su mu\u00f1eca y entraron en el dorso de su mano.<\/p>\n<p>Porque claro que Nadia no era el nombre real de nuestra chica, sino el que eligi\u00f3 cuando empez\u00f3 a estudiar espa\u00f1ol. Su familia no ten\u00eda ning\u00fan v\u00ednculo con M\u00e9xico, pero Nadia se enamor\u00f3 de las ruinas de Uxmal cuando las vio en una enciclopedia de piel roja y dorada.<\/p>\n<p>\u2014Nos vamos a M\u00e9xico \u2014sentenci\u00f3 un d\u00eda la ni\u00f1a, en un chino largo y muy nasal.<\/p>\n<p>\u2014La ni\u00f1a est\u00e1 loca \u2014le dijo su padre a su madre, ignorando a Nadia.<\/p>\n<p>Pero no estaba loca. S\u00f3lo se le hab\u00eda metido esa idea en la cabeza. Sus padres desaprobaron que tomara clases de espa\u00f1ol, pero igual las pagaron; desaprobaron que entrara a la carrera de Historia, pero igual lo permitieron; se horrorizaron cuando les digo que se ir\u00eda de intercambio a M\u00e9xico.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQue no se acuerdan? Yo les dije que me iba a ir a M\u00e9xico \u2014les dijo, sonriendo.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, sus padres la desaprobaron. Pero igual la fueron a despedir al aeropuerto, sonriendo. La madre llor\u00f3 y el padre le dio un beso en la frente.<\/p>\n<p>Yo creo que si hubiera conseguido que sus padres la llevaran a Uxmal de ni\u00f1a, Nadia no se hubiera obsesionado con estudiar en M\u00e9xico. Porque hab\u00eda tres cosas que distinguieron a Nadia desde muy jovencita: su palidez, la negrura brillante de sus ojos y su delicada necesidad por desafiar siempre a la autoridad. Durante el viaje a M\u00e9xico, Nadia not\u00f3 como los hombres del avi\u00f3n se quedaban viendo sus labios rojos. La chica los miraba a los ojos, a veces con ira, a veces con burla. A veces, solamente con los ojos vac\u00edos, como si pensara en algo m\u00e1s grande que ellos. Los hombres sent\u00edan que Nadia estaba leyendo sus almas y desviaban la mirada; entonces, ella sonre\u00eda para sus adentros.<\/p>\n<p>El d\u00eda que Nadia escribi\u00f3 su verdadero nombre sobre la mu\u00f1eca de Horacio, \u00e9l la vio a los ojos y sinti\u00f3 eso mismo: el vac\u00edo. Entonces Nadia le gui\u00f1\u00f3 el ojo y los dos bajaron a cenar.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles llegaron m\u00e1s estudiantes para el semestre que iba a comenzar en la universidad, pero Horacio ni siquiera se qued\u00f3 a recibirlas con caf\u00e9 y galletas. Se encerr\u00f3 en su cuarto con la luz apagada y el brazo sobre los ojos, repitiendo en silencio el verdadero nombre de Nadia.<\/p>\n<p>El jueves, mientras Horacio cocinaba junto a su abuela, desde el cuarto de Nadia se escuch\u00f3 un grito agudo e iracundo. El chico vio a do\u00f1a Imelda con ojos de ansiedad.<\/p>\n<p>\u2014Ve a ver qu\u00e9 tiene la chinita \u2014le dijo do\u00f1a Imelda. \u2014Tocas a la puerta y le preguntas si todo est\u00e1 bien. Si todo est\u00e1 bien, te quiero aqu\u00ed mismo en treinta segundos.<\/p>\n<p>No bien oy\u00f3 a su abuela, Horacio sali\u00f3 corriendo, subi\u00f3 por las escaleras, tom\u00f3 aliento y sinti\u00f3 vibrar su pecho por los nervios. Cerr\u00f3 los ojos para relajarse y golpe\u00f3 delicadamente la puerta con los nudillos, cuatro veces.<\/p>\n<p>\u2014Nadia, soy Horacio. \u00bfEst\u00e1 todo bien?<\/p>\n<p>\u2014No bien \u2014dijo Nadia.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? \u2014insisti\u00f3 Horacio, sintiendo que su voz sonaba m\u00e1s preocupada de lo que le hubiera gustado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Fr\u00edo! \u2014grit\u00f3 Nadia del otro lado de la puerta<\/p>\n<p>Se escuch\u00f3 a Nadia tratar de buscar palabras m\u00e1s precisas, balbuceando algo. Luego, abri\u00f3 la puerta y jal\u00f3 a Horacio hacia adentro.<\/p>\n<p>Nadia usaba solamente una toalla amarrada encima de su pecho. Como la chica era delgada, se notaba cu\u00e1n prominentes eran sus pechos por la manera en la que la toalla ca\u00eda holgada, bamboleando fantasmalmente en torno a su cuerpo.<\/p>\n<p>Horacio necesito un gran aplomo para no estar boquiabierto. En un golpe de sensatez, decidi\u00f3 que deb\u00eda mirar s\u00f3lo un segundo, que deb\u00eda ver muy fugazmente a Nadia para ya jam\u00e1s olvidarla. Durante ese instante se esforz\u00f3 en memorizar sus hombros desnudos, abiertos y como puntiagudos; la piel p\u00e1lida y perlada, como una hoja de papel al sol; los ojos negros, rasgados pero grandes; los muslos delgados que se adivinaban debajo de la toalla; esos pechos ocultos que, sin embargo, eran sin lugar a dudas los pechos m\u00e1s grandes que hab\u00eda visto toda su vida.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl agua de tu ba\u00f1o est\u00e1 fr\u00eda? Hay un problema con la caldera seguramente\u2026 Em.. No es un d\u00eda de viento, as\u00ed que seguramente lo que pas\u00f3 es que se acab\u00f3 el gas. \u00bfQu\u00e9 hacer?&#8230; Podr\u00edamos pedir un tanque, pero quiz\u00e1, si tienes prisa, mejor podr\u00edamos calentarte agua para que te ba\u00f1es con una palangana.<\/p>\n<p>En \u00e9ste momento, Horacio trag\u00f3 saliva. Durante su largo y entrecortado di\u00e1logo, Horacio se esforz\u00f3 por no pensar en el cuerpo de Nadia, pero en este \u00faltimo momento no pudo evitar pensar en ella como en una escultura de Afrodita, agach\u00e1ndose para tomar agua de una palangana y verti\u00e9ndola sobre su espalda desnuda. En este momento, finalmente, Horacio se ruboriz\u00f3.<\/p>\n<p>Durante el medio minuto que Horacio habl\u00f3, Nadia a\u00fan tuvo en mente su ba\u00f1o. Trataba de seguir, en su mente, las soluciones que \u00e9l le daba en espa\u00f1ol. Ahora, por fin entend\u00eda lo que estaba pasando. No entend\u00eda muy bien por qu\u00e9 la idea de la palangana excitaba a Horacio\u2026 de hecho, no estaba muy segura de saber qu\u00e9 era una palangana. Pero definitivamente Horacio estaba pensando en ella\u2026 en su toalla.<\/p>\n<p>\u2014Horacio, Horacio \u2014mal pronunci\u00f3 Nadia. \u2014Yo ya s\u00e9 qu\u00e9 tienes. Est\u00e1 bien. No tienes por qu\u00e9 estar nervioso todo el tiempo conmigo. S\u00f3lo soy una persona.<\/p>\n<p>Mientras dec\u00eda esto, Nadia le tom\u00f3 la mano fuertemente, m\u00e1s como un pol\u00edtico que como una amiga. Luego se la solt\u00f3 y llev\u00f3 la mano al dobladillo que ajustaba su toalla.<\/p>\n<p>\u2014Creo que si me ves, vas a darte cuenta de que no hay nada de que temerme.<\/p>\n<p>Nadia entonces se solt\u00f3 la toalla. Horacio desvi\u00f3 la vista de forma instintiva, pero Nadia le tom\u00f3 la barbilla con fuerza. Como \u00e9l todav\u00eda ten\u00eda los ojos fuertemente cerrados, ella continu\u00f3 hablando:<\/p>\n<p>\u2014No entiendo muy bien si es una diferencia cultural \u2014minti\u00f3. \u2014Creo que los cuerpos s\u00f3lo son cuerpos. No es nada sexual. Velo como algo did\u00e1ctico, chico. Ya no eres un ni\u00f1o y no puedes tener miedo de las mujeres toda tu vida.<\/p>\n<p>Horacio era una persona t\u00edmida, pero sobre todo era una persona razonable. Y lo que estaba diciendo Nadia le parec\u00eda razonable. Es verdad que su miedo a las mujeres que le atra\u00edan no era normal. Lo sensato era combatirlo, \u00bfno? Y hab\u00eda una chica lo suficientemente noble y abierta como para ayudarlo.<\/p>\n<p>Horacio abri\u00f3 los ojos. Tuvo s\u00f3lo unos segundos para ver, pero le bast\u00f3. La cintura de Nadia era peque\u00f1a y esbelta; sus muslos s\u00ed eran fuertes y peque\u00f1os. Quiz\u00e1 su trasero tambi\u00e9n lo fuera. \u00a1Pero ese pecho! Levantado, redondo y p\u00e1lido, enrojecido por el fr\u00edo en la parte en la que los senos empezaban a confundirse con el estern\u00f3n, con un pez\u00f3n enorme, alzado como un monte, de un color moreno cargado e hipn\u00f3tico.<\/p>\n<p>Horacio ya era consciente de que su entrepierna empezaba a incomodarle. Ahora ten\u00eda una erecci\u00f3n visible y muy estorbosa. Nadia ri\u00f3 juguetona. Tom\u00f3 a toda prisa su toalla del suelo y le dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 pervertido resultaste! \u00bfQu\u00e9 va a decir tu abuela?<\/p>\n<p>Horacio puso una cara triste e intent\u00f3 irse. Nadia, culpable, lo llam\u00f3 y hasta tuvo que tomarlo de la mano para evitar que se fuera.<\/p>\n<p>\u2014Estaba jugando. No es contra ti \u2014le confes\u00f3, con ojos tiernos.<\/p>\n<p>Luego, se acerc\u00f3 a Horacio hasta estar muy cerca de su cara. Sac\u00f3 su lengua y lami\u00f3 al chico, desde su barbilla hasta sus labios, una sola vez. Luego sonri\u00f3 y lo dej\u00f3 irse, muy confundido.<\/p>\n<p>Nadia se ba\u00f1\u00f3 con palangana (y averigu\u00f3 que era eso). Claro est\u00e1, no le dijo nada do\u00f1a Imelda sobre la perversi\u00f3n de su nieto. Esa noche, Horacio se masturb\u00f3 furiosamente.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_64108\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"64108\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Horacio necesito un gran aplomo para no estar boquiabierto. En un golpe de sensatez, decidi\u00f3 que deb\u00eda mirar s\u00f3lo un segundo, que deb\u00eda ver muy fugazmente a Nadia para ya jam\u00e1s olvidarla. Durante ese instante se esforz\u00f3 en memorizar sus hombros desnudos, abiertos y como puntiagudos; la piel p\u00e1lida y perlada, como una hoja de papel al sol; los ojos<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_64108\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"64108\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":28446,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[24],"tags":[],"class_list":{"0":"post-64108","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-primera-vez"},"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":6106,"today_views":12},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64108","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/28446"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=64108"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64108\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":64110,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64108\/revisions\/64110"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=64108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=64108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=64108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}