{"id":64302,"date":"2026-02-03T00:06:34","date_gmt":"2026-02-02T23:06:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=64302"},"modified":"2026-02-02T21:58:38","modified_gmt":"2026-02-02T20:58:38","slug":"bendicion-del-hijo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/bendicion-del-hijo-2\/","title":{"rendered":"Bendici\u00f3n del hijo (2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"64302\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">40<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Pasaron los d\u00edas desde aquella noche y don Mario ya no fue el mismo con Andr\u00e9s. Le quit\u00f3 el trabajo pesado, lo llamaba a almorzar como si fueran viejos conocidos y, entre sonrisas medidas, empez\u00f3 a hablarle de un posible ascenso.<\/p>\n<p>Era domingo por la tarde, y la casa estaba en esa calma perezosa de fin de semana. Paula estaba en la cocina preparando un caf\u00e9, vestida con uno de sus conjuntos favoritos para estar en casa: un shortcito de algod\u00f3n suave que se pegaba a sus caderas y una camiseta vieja sin sost\u00e9n, de esas que se transparentaban un poco cuando se mov\u00eda bajo la luz de la ventana. Andr\u00e9s entr\u00f3 desde la sala, con el celular en la mano, fingiendo revisar mensajes, pero en realidad midiendo el momento perfecto para soltar lo que ten\u00eda en mente. Se apoy\u00f3 en la encimera, cruzado de brazos, y la mir\u00f3 con esa sonrisa casual que usaba cuando quer\u00eda decirle algo sin que pareciera interrogatorio.<\/p>\n<p>\u2014Ma, \u00bfDon Mario anda cambiado conmigo en la oficina? \u2014empez\u00f3 Andr\u00e9s, bajando la voz como si compartiera un secreto\u2014. Me quit\u00f3 el turno de fin de semana, me invit\u00f3 a almorzar el jueves&#8230; hasta me habl\u00f3 de un ascenso. \u00bfNo te parece raro?<\/p>\n<p>Paula se gir\u00f3 con el vaso en la mano, sonriendo inocente mientras le pasaba uno a \u00e9l. Sus pezones se marcaban levemente contra la tela de la camiseta.<\/p>\n<p>\u2014Ay, hijo, qu\u00e9 bueno. Se ve que te valora mucho \u2014respondi\u00f3 ella, aunque su sonrisa no lleg\u00f3 del todo a los ojos\u2014. La otra noche cuando vino por los papeles fue&#8230; atento, s\u00ed, pero se sobrepas\u00f3 un poco. Me dio una palmada en el culo, \u00bfte lo puedes creer? Dijo que era una broma, pero se le notaba que quer\u00eda tocar m\u00e1s. El pobre se puso rojo como tomate, aunque no puedo negar que me dio algo de coraje. Luego de esa confesi\u00f3n Mam\u00e1 sonri\u00f3.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s tom\u00f3 un sorbo lento, dejando que el silencio se estirara un segundo.<\/p>\n<p>\u2014Me cae bien el viejo, es que&#8230; no s\u00e9, parece que le gustas mucho. Te mira como si quisiera devorarte entera. \u00bfT\u00fa no te diste cuenta? La otra noche, cuando te inclinaste por el cargador, se le par\u00f3 la respiraci\u00f3n. El hombre casi se ahoga con el caf\u00e9, y no era por la temperatura, jajaja. Se le quedaron los ojos fijos en tu culo mama, te lo juro. Creo que por un segundo vio el para\u00edso y se olvid\u00f3 hasta de su propio nombre.<\/p>\n<p>Paula solt\u00f3 una risita suave, sonroj\u00e1ndose un poquito, pero sin apartar la mirada. Se apoy\u00f3 en la encimera frente a \u00e9l, cruzando los brazos bajo los pechos, lo que los elev\u00f3 un poco m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Ay, Andr\u00e9s, no seas tan gr\u00e1fico, por favor \u2014dijo Paula, mordi\u00e9ndose el labio inferior un instante, como si estuviera debatiendo consigo misma\u2014. La verdad es que s\u00ed me di cuenta&#8230; de las miradas, de c\u00f3mo se le pon\u00eda la cara cuando me mov\u00eda.. Pero hijo, pero don Mario es feo. Es gordo, calvo, con esa barriga que parece que va a reventar la camisa&#8230;No es el tipo de hombre que uno imagina besando o tocando me da un poco de asco la verdad\u2026<\/p>\n<p>Andr\u00e9s se acerc\u00f3 un paso m\u00e1s, apoyando una mano en la cintura de Sandra, bajando la voz para que sonara m\u00e1s \u00edntimo, m\u00e1s confidencial. Su aliento roz\u00f3 la oreja de ella mientras la sent\u00eda tensarse bajo su dedo pulgar, que trazaba c\u00edrculos lentos sobre la tela fina de su vestido.<\/p>\n<p>\u2014Sabe que no es solo una broma \u2014murmur\u00f3 Andr\u00e9s, con esa calma peligrosa que hac\u00eda que Sandra sintiera c\u00f3mo se le erizaba la piel\u2014. Cuando te agachaste, no solo vio tu culo, se imagin\u00f3 c\u00f3mo ser\u00eda poder tocarlo, y meterte la verga, jajaja. Se lo notaba en la cara, en c\u00f3mo se le trag\u00f3 la saliva. El viejo te estaba desmontando en su mente<\/p>\n<p>Paula se qued\u00f3 quieta, el pulgar de Andr\u00e9s todav\u00eda presionando suave en su cintura, trazando c\u00edrculos que le erizaban la piel bajo la camiseta fina. Sinti\u00f3 c\u00f3mo su respiraci\u00f3n se aceleraba un poco, el shortcito pegado a las caderas de pronto le parec\u00eda demasiado ajustado, como si el algod\u00f3n absorbiera el calor que empezaba a acumularse entre sus piernas. Trag\u00f3 saliva audible, los pezones endureci\u00e9ndose contra la tela vieja, traicion\u00e1ndola.<\/p>\n<p>\u2014Andr\u00e9s&#8230; no hables as\u00ed, por favor \u2014susurr\u00f3 ella, la voz ronca, entrecortada, pero no apart\u00f3 la mano de inmediato\u2014. Me pones&#8230; me pones caliente con esas palabras tan sucias. No deber\u00eda, \u00bfsabes? don Mario es un viejo feo, gordo, con esa barriga que le cuelga y esa calva brillosa&#8230; me da asco solo imaginarlo desnudo, sudado, oliendo a tabaco viejo. Pero cuando dices que se imagin\u00f3 meti\u00e9ndomela&#8230; joder, hijo. \u00bfpiensas que soy una puta o qu\u00e9?<\/p>\n<p>Andr\u00e9s sonri\u00f3, sin soltarla. Su mano subi\u00f3 por su espalda hasta la nuca, oblig\u00e1ndola a mirarlo a los ojos.<\/p>\n<p>\u2014No, mam\u00e1. No eres una puta, pero me har\u00edas muy feliz si me ayudas a lograr el ascenso.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl ascenso? \u2014repiti\u00f3 ella, casi sin aliento\u2014. \u00bfMe est\u00e1s diciendo que&#8230; que todo esto es por tu trabajo? \u00bfQu\u00e9 quieres que deje que ese viejo feo me mire, me toque un poco&#8230; solo para que te suban el sueldo?<\/p>\n<p>\u2014Eres&#8230; eres un hijo de puta, Andr\u00e9s \u2014susurr\u00f3<\/p>\n<p>Paula se fue a su a su cuarto luego de conocer las verdaderas intenciones de su hijo.<\/p>\n<p>(Paula a sus 38 a\u00f1os de edad no es delgada ni gordita; est\u00e1 perfecta, con curvas que parecen dise\u00f1adas para ser agarradas. Sus tetas son medianas, pero parece que la gravedad no hiciera efecto y mas cuando no tiene sost\u00e9n, con pezones que se erizan bajo la tela m\u00e1s fina, y se balancean con cada movimiento que hace, como si pidieran a gritos que las liberen de cualquier sost\u00e9n. Su culo, en cambio, es una obra de arte: redondo, firme y prominente, una hembra que pocos han tenido la fortuna de montar.<\/p>\n<p>Cuando camina por la casa en su pijama de dormir \u2014esos diminutos tangas que apenas cubren su concha y los sostenes que dejan ver m\u00e1s de la cuenta\u2014, no hay hombre que no mire. Su piel est\u00e1 bronceada, suave al tacto, y sus caderas se balancean con esa cadencia provocadora que promete placer sin palabras.).<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el resto de la tarde en un silencio tenso, con Paula encerrada en su cuarto, procesando las palabras de Andr\u00e9s. La casa parec\u00eda m\u00e1s peque\u00f1a, el aire cargado de esa confesi\u00f3n que hab\u00eda roto algo entre ellos. Andr\u00e9s se qued\u00f3 en la sala, fingiendo trabajar en la laptop, pero su mente daba vueltas al plan: el ascenso, el morbo de ver a su madre ceder poquito a poco ante don Mario. Sin embargo, la noche traer\u00eda una sorpresa inesperada, un giro que acelerar\u00eda esa curiosidad sucia que ambos hab\u00edan despertado.<\/p>\n<p>Ya eran las nueve cuando el timbre son\u00f3, rompiendo la quietud. Andr\u00e9s frunci\u00f3 el ce\u00f1o \u2014no esperaba a nadie\u2014, pero fue a abrir. En la puerta estaba don Luis, el vecino del piso de abajo, un hombre de unos 65 a\u00f1os, viudo, con una barriga prominente que tensaba su camisa manchada de sudor, la cabeza calva y brillante bajo la luz del pasillo, y una barba desali\u00f1ada que ol\u00eda vagamente a cigarro rancio.<\/p>\n<p>Era feo, tosco, con manos grandes y callosas de haber trabajado toda la vida como plomero jubilado. &#8220;Muchacho, perdona la hora&#8221;, balbuce\u00f3 con voz ronca, rasc\u00e1ndose la nuca. &#8220;Se me rompi\u00f3 una tuber\u00eda en el ba\u00f1o y no tengo herramientas. \u00bfTu mam\u00e1 no tendr\u00e1 una llave inglesa o algo? La m\u00eda se me perdi\u00f3 en el desastre&#8221;. Andr\u00e9s dud\u00f3 un segundo, pero vio la oportunidad: un tercero inesperado, a\u00fan m\u00e1s feo y repulsivo que don Mario, perfecto para probar el morbo que hab\u00eda encendido en Paula esa tarde.<\/p>\n<p>Llam\u00f3 a su madre desde la sala, y Paula sali\u00f3 del cuarto con desgana, ya vestida para dormir: un tanga diminuto de encaje negro que apenas cubr\u00eda su concha depilada, dejando visibles las curvas de sus nalgas bronceadas, y un top corto de sat\u00e9n que se ce\u00f1\u00eda a sus tetas medianas, los pezones endurecidos marc\u00e1ndose contra la tela fina sin sost\u00e9n. Caminaba con esa cadencia hipn\u00f3tica, las caderas balance\u00e1ndose, el culo redondo y firme movi\u00e9ndose como una promesa prohibida.<\/p>\n<p>No esperaba visitas, as\u00ed que no se molest\u00f3 en cubrirse m\u00e1s; despu\u00e9s de todo, era solo el vecino, ese viejo inofensivo que a veces sub\u00eda por az\u00facar o sal. &#8220;Ay, don Luis, qu\u00e9 pas\u00f3&#8221;, dijo ella con su voz dulce, inclin\u00e1ndose un poco sobre la mesita del pasillo para buscar en un caj\u00f3n de herramientas que Andr\u00e9s le hab\u00eda se\u00f1alado. El top se abri\u00f3 lo justo para que el vecino viera el valle profundo entre sus tetas, los pezones rosados asomando casi por completo, mientras el tanga se tensaba sobre su culo, dejando expuesto el borde inferior de las nalgas.<\/p>\n<p>Don Luis trag\u00f3 saliva audible, los ojos clavados en ese espect\u00e1culo sin disimulo. Su barriga sub\u00eda y bajaba m\u00e1s r\u00e1pido, y Andr\u00e9s, desde el sof\u00e1, observaba de reojo, notando c\u00f3mo el viejo se ajustaba disimuladamente el pantal\u00f3n, donde una erecci\u00f3n torpe empezaba a hincharse bajo la tela. &#8220;Es&#8230; es la tuber\u00eda, se\u00f1ora Paula&#8221;, murmur\u00f3 el vecino, acerc\u00e1ndose un paso m\u00e1s de lo necesario. &#8220;Si me presta la llave, se la devuelvo ma\u00f1ana&#8221;. Paula, ajena al principio, se inclin\u00f3 m\u00e1s para rebuscar en el caj\u00f3n bajo, el tanga subi\u00e9ndose inevitablemente y dejando a la vista la raja de su culo, el encaje negro hundi\u00e9ndose entre las nalgas firmes.<\/p>\n<p>Don Luis no pudo resistir: extendi\u00f3 una mano temblorosa, como para &#8220;ayudarla&#8221; a estabilizarse, y la pos\u00f3 en su cadera, los dedos gordos rozando el borde del tanga. &#8220;Cuidado, no se caiga&#8221;, dijo con voz ronca, pero su mano se qued\u00f3 all\u00ed un segundo de m\u00e1s, apretando suave la carne suave y bronceada, sintiendo el calor de su piel.<\/p>\n<p>Paula se tens\u00f3 un instante, un cosquilleo traicionero subi\u00e9ndole por el vientre hasta el co\u00f1o, recordando las palabras de Andr\u00e9s esa tarde. &#8220;Ay, don Luis, no se preocupe&#8221;, murmur\u00f3 con una risita nerviosa, enderez\u00e1ndose despacio pero sin apartar la mano del viejo de inmediato. Sus tetas se balancearon con el movimiento, los pezones duros como piedras bajo el sat\u00e9n, y el vecino no quitaba los ojos de all\u00ed, la lengua humedeci\u00e9ndose los labios secos.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s, oculto en la penumbra de la sala, sent\u00eda su propia polla endurecerse dolorosamente en los pantalones, el morbo explotando: ver a su madre, perfecta y curvil\u00ednea, dejando que un viejo feo y sudado como don Luis la tocara casual, aunque fuera solo un roce, era m\u00e1s sucio y excitante de lo que hab\u00eda imaginado. El vecino finalmente solt\u00f3 la mano, pero no antes de dar una palmada ligera en la nalga de Paula. &#8220;Gracias, se\u00f1ora. Es usted un \u00e1ngel&#8230; y qu\u00e9 bien se ve esta noche&#8221;. El sonido carnoso reson\u00f3 en el pasillo, y Paula solt\u00f3 un gemidito bajo, involuntario, el tanga empap\u00e1ndose un poquito m\u00e1s entre las piernas.<\/p>\n<p>Don Luis se fue con la herramienta en la mano, la erecci\u00f3n evidente en su pantal\u00f3n, balbuceando un &#8220;buenas noches&#8221; ronco. Paula cerr\u00f3 la puerta, las mejillas ardiendo, y se gir\u00f3 hacia Andr\u00e9s con una mirada mixta de verg\u00fcenza y calor. &#8220;Hijo&#8230; ese viejo se pas\u00f3 un poquito, \u00bfno? Me toc\u00f3 la cadera y&#8230; el culo&#8221;. Andr\u00e9s se levant\u00f3 despacio, acerc\u00e1ndose con esa sonrisa calculadora. &#8220;Pero no lo paraste, ma. Te quedaste quieta un segundo, dejando que su mano sudorosa apretara tu culo. \u00bfTe moj\u00f3? \u00bfTe excit\u00f3 que un cerdo m\u00e1s feo que don Mario te mirara las tetas y te tocara as\u00ed, casual pero con ganas de follarte?&#8221;.<\/p>\n<p>Paula se qued\u00f3 un rato m\u00e1s en la puerta cerrada, el cuerpo a\u00fan temblando por el roce inesperado de don Luis. El tanga negro estaba empapado, pegado a su concha hinchada, y cada paso que daba hacia su cuarto hac\u00eda que el encaje rozara su cl\u00edtoris sensible, envi\u00e1ndole peque\u00f1as descargas de placer culpable. Cerr\u00f3 la puerta con llave, se apoy\u00f3 contra ella y dej\u00f3 escapar un suspiro largo, entrecortado. Las palabras de Andr\u00e9s resonaban en su cabeza como un eco sucio: \u201cme har\u00edas muy feliz si me ayudas a lograr el ascenso\u201d. Y lo peor era que una parte de ella \u2014esa parte d\u00e9bil, sumisa, que siempre hab\u00eda dicho \u201cs\u00ed\u201d para no molestar\u2014 ya estaba cediendo.<\/p>\n<p>Se dej\u00f3 caer en la cama, las piernas abiertas sin darse cuenta, el top subido hasta debajo de las tetas. Cerr\u00f3 los ojos y, sin poder evitarlo, su mente retrocedi\u00f3 quince a\u00f1os atr\u00e1s, a cuando ten\u00eda 23, reci\u00e9n separada del padre de Andr\u00e9s, viviendo en un apartamento peque\u00f1o en el centro de Medell\u00edn. Era una \u00e9poca en que a\u00fan no sab\u00eda decir \u201cno\u201d con fuerza, cuando su car\u00e1cter blando la hac\u00eda aceptar casi cualquier cosa con tal de no generar conflicto.<\/p>\n<p>Record\u00f3 una noche de viernes, despu\u00e9s de una fiesta de barrio. Hab\u00eda bebido lo justo para que el mundo se sintiera suave y borroso. El vecino de al lado, un tipo de unos 50 a\u00f1os llamado don Ramiro \u2014gordo, calvo, con manos \u00e1speras de mec\u00e1nico y un olor permanente a aceite y sudor\u2014, la hab\u00eda acompa\u00f1ado hasta la puerta \u201cpor seguridad\u201d. Ella, con un vestido corto que se le sub\u00eda cada vez que se mov\u00eda, le hab\u00eda dicho \u201cgracias, don Ramiro, ya estoy bien\u201d. Pero \u00e9l no se fue. Se qued\u00f3 all\u00ed, mir\u00e1ndola con ojos vidriosos, y murmur\u00f3 algo como \u201cest\u00e1s muy linda esta noche, Paula\u2026 d\u00e9jame entrar un ratito, solo para asegurarme de que est\u00e9s bien\u201d.<\/p>\n<p>Ella dud\u00f3. Quer\u00eda decirle que no, que se fuera. Pero las palabras se le atoraron en la garganta. \u201cBueno\u2026 solo un ratito\u201d, susurr\u00f3, abriendo la puerta. Apenas entr\u00f3, don Ramiro cerr\u00f3 detr\u00e1s de \u00e9l y la empuj\u00f3 suavemente contra la pared del pasillo. Sus manos grandes y callosas subieron por sus muslos, arrugando el vestido hasta la cintura. \u201cShh, tranquila, mamita\u2026 solo quiero verte un poquito m\u00e1s\u201d, gru\u00f1\u00f3, mientras le bajaba las bragas de un tir\u00f3n. Paula se qued\u00f3 quieta, las piernas temblando, el coraz\u00f3n lati\u00e9ndole en la garganta. No grit\u00f3, no lo empuj\u00f3. Solo cerr\u00f3 los ojos y dej\u00f3 que pasara.<\/p>\n<p>\u00c9l le meti\u00f3 dos dedos gruesos y \u00e1speros en la concha sin preliminares, bombeando r\u00e1pido mientras su otra mano le apretaba una teta por encima del vestido. \u201cEst\u00e1s mojada, perra\u2026 te gusta, \u00bfverdad?\u201d, jadeaba contra su cuello. Paula no respondi\u00f3. Solo gem\u00eda bajito, el cuerpo traicion\u00e1ndola, las caderas movi\u00e9ndose involuntariamente contra esos dedos invasores. Don Ramiro se baj\u00f3 el cierre del pantal\u00f3n con una mano, sac\u00f3 una polla gruesa, venosa y corta, y la frot\u00f3 contra su muslo. \u201cAbre las piernas m\u00e1s, mamita\u2026 d\u00e9jame meterla aunque sea un poquito\u201d. Ella no dijo nada. Solo separ\u00f3 un poco m\u00e1s las piernas, d\u00e9bil, sumisa, mientras \u00e9l empujaba la cabeza gorda dentro de su co\u00f1o empapado.<\/p>\n<p>La foll\u00f3 all\u00ed mismo, de pie contra la pared, embisti\u00e9ndola con gru\u00f1idos animales. Cada empuj\u00f3n hac\u00eda que sus tetas rebotaran libres bajo el vestido, los pezones duros rozando la tela \u00e1spera. Paula no participaba activamente; solo se dejaba. Gem\u00eda suave, las l\u00e1grimas mezcl\u00e1ndose con el sudor, el placer sucio y forzado subi\u00e9ndole por la espalda. \u00c9l dur\u00f3 poco: tres o cuatro embestidas fuertes y se corri\u00f3 dentro de ella, llen\u00e1ndole la concha con chorros calientes y espesos que se le escurrieron por los muslos cuando sali\u00f3. \u201cBuena ni\u00f1a\u201d, murmur\u00f3, d\u00e1ndole una palmada en el culo antes de subirse el cierre y salir como si nada.<\/p>\n<p>Paula se qued\u00f3 all\u00ed, apoyada en la pared, el vestido arrugado, el semen goteando por sus piernas, la concha palpitando de un orgasmo que no hab\u00eda querido tener. No llor\u00f3 hasta despu\u00e9s, cuando se meti\u00f3 a la ducha y se lav\u00f3 como si pudiera borrar la verg\u00fcenza. Pero esa noche marc\u00f3 algo en ella: la certeza de que su cuerpo siempre responder\u00eda, aunque su mente dijera \u201cno\u201d. Y esa debilidad, esa incapacidad para poner l\u00edmites firmes, era la misma que ahora la hac\u00eda mojarse pensando en don Mario\u2026 y en don Luis\u2026 y en lo que Andr\u00e9s quer\u00eda que hiciera.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 los ojos en la oscuridad de su cuarto. Su mano ya estaba entre las piernas, los dedos rozando el tanga empapado. Se masturb\u00f3 despacio, recordando el olor a sudor de don Ramiro, el roce \u00e1spero de sus dedos, la sensaci\u00f3n de ser usada sin poder \u2014o sin querer\u2014 detenerlo. Se corri\u00f3 en silencio, mordi\u00e9ndose la almohada, el cuerpo convulsionando mientras imaginaba que no era su mano la que la tocaba, sino la de un viejo feo y gordo que entraba sin permiso.<\/p>\n<p>Cuando el orgasmo pas\u00f3, se qued\u00f3 quieta, respirando agitada, las l\u00e1grimas humedeci\u00e9ndole las mejillas. Sab\u00eda que esa noche no era el final. Era solo el comienzo. Andr\u00e9s la hab\u00eda visto ceder una vez m\u00e1s\u2026 y ahora quer\u00eda que lo hiciera de nuevo, esta vez por \u00e9l, por el ascenso, por el morbo compartido.<\/p>\n<p>Cerr\u00f3 los ojos, exhausta, y murmur\u00f3 para s\u00ed misma en la oscuridad:<\/p>\n<p>\u201cQu\u00e9 puta d\u00e9bil soy\u2026\u201d<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_64302\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"64302\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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