{"id":64359,"date":"2026-02-07T00:04:36","date_gmt":"2026-02-06T23:04:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=64359"},"modified":"2026-02-06T21:55:08","modified_gmt":"2026-02-06T20:55:08","slug":"visitando-con-sus-amigos-a-la-tia-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/visitando-con-sus-amigos-a-la-tia-3\/","title":{"rendered":"Visitando con sus amigos a la t\u00eda (3)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"64359\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">30<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Elena cerr\u00f3 los ojos y, por primera vez en toda la noche, decidi\u00f3 simplemente dejarse llevar. No pens\u00f3, no analiz\u00f3, no se pregunt\u00f3 qu\u00e9 significaba esto o qu\u00e9 vendr\u00eda despu\u00e9s. Solo respir\u00f3 profundo, dej\u00f3 que el calor del tequila y las manos ajenas la envolvieran por completo, y se rindi\u00f3 al flujo.<\/p>\n<p>Las bocas llegaron sin orden, sin nombres. Una se pos\u00f3 en su cuello, justo donde la piel se volv\u00eda m\u00e1s sensible, besos suaves al principio que se volvieron m\u00e1s h\u00famedos, m\u00e1s insistentes, dejando un rastro de saliva que se enfriaba con el aire del ventilador. Otra boca encontr\u00f3 la suya: labios que ya conoc\u00eda \u2014quiz\u00e1 Mateo, quiz\u00e1 Diego\u2014, lengua que se deslizaba lenta, explorando sin prisa, saboreando el regusto a lim\u00f3n y sal que a\u00fan quedaba. Elena correspondi\u00f3 con un gemido ahogado que vibr\u00f3 contra esa boca, sus manos subiendo instintivamente para enredarse en el cabello de quien la besaba.<\/p>\n<p>Mientras tanto, otra boca descend\u00eda por su pierna: besos abiertos desde el tobillo, subiendo por la pantorrilla, deteni\u00e9ndose en la corva para lamer despacio la piel sensible de ah\u00ed, luego continuando hacia el interior del muslo. Cada beso era un punto de fuego que se expand\u00eda, y Elena arque\u00f3 la espalda sin querer, un movimiento que hizo que uno de los tirantitos de su blusa negra se deslizara por el hombro, cayendo hasta el codo. La tela se arrug\u00f3, dejando al descubierto el pecho derecho, el pez\u00f3n caf\u00e9 claro ya endurecido por el roce del aire y la anticipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una mano cubri\u00f3 ese pecho al instante. No con rudeza; con reverencia contenida. El pulgar roz\u00f3 el pez\u00f3n en c\u00edrculos lentos, presionando suficiente para hacerla jadear contra la boca que la besaba. Otra mano se pos\u00f3 en su muslo opuesto, dedos que se abr\u00edan y cerraban en la carne suave, subiendo lento, deteni\u00e9ndose justo donde la piel se volv\u00eda m\u00e1s caliente, m\u00e1s h\u00fameda, sin cruzar la l\u00ednea pero amenazando con hacerlo.<\/p>\n<p>El placer era abrumador. Bocas, lenguas, manos, respiraciones calientes contra su piel. Cada roce se sent\u00eda multiplicado, cada beso como una descarga el\u00e9ctrica que bajaba directo entre sus piernas. Elena ya no sab\u00eda qui\u00e9n era qui\u00e9n, ni le importaba. Solo sent\u00eda cuerpos alrededor, respiraciones aceleradas, el roce de telas contra su piel, el calor que crec\u00eda en su vientre como una marea lenta pero imparable.<\/p>\n<p>Nadie hablaba. No hab\u00eda palabras necesarias. Solo sonidos: gemidos bajos, respiraciones entrecortadas, el chasquido h\u00famedo de besos que se separaban y volv\u00edan a unirse, el roce de dedos contra tela y piel. Elena abri\u00f3 la boca para soltar un suspiro cuando una lengua traz\u00f3 la curva de su oreja, mientras otra boca succionaba el pez\u00f3n expuesto, y la mano en su muslo apretaba con m\u00e1s fuerza, los dedos rozando el borde del short gris, sintiendo la humedad que ya se filtraba entre la tela.<\/p>\n<p>Ella levant\u00f3 las caderas un poco, instintiva, buscando m\u00e1s contacto sin pedirlo en voz alta. Las manos respondieron, una se desliz\u00f3 bajo el short, rozando apenas la ropa interior; otra apret\u00f3 el pecho, pellizcando el pez\u00f3n con delicadeza. Las bocas segu\u00edan movi\u00e9ndose, una en su boca, profunda y lenta; otra bajando por el abdomen, besando donde la blusa se hab\u00eda subido; la tercera en muslo, cada vez m\u00e1s al centro.<\/p>\n<p>Elena temblaba de puro exceso de sensaci\u00f3n. El placer crec\u00eda en oleadas, cada vez m\u00e1s dif\u00edciles de contener. Sus manos se mov\u00edan sin control, una enredada en un cabello; la otra aferr\u00e1ndose al respaldo del sof\u00e1 como si necesitara anclarse a algo. El mundo se reduc\u00eda a piel contra piel, a calor, a humedad, a respiraciones que se sincronizaban sin que nadie lo planeara.<\/p>\n<p>Y a\u00fan as\u00ed, nadie apresuraba el final. Todo segu\u00eda lento, deliberado, como si supieran que romper el ritmo ahora ser\u00eda perderlo todo. Solo segu\u00edan tocando, besando, respirando contra ella, dejando que la tensi\u00f3n se acumulara hasta el punto en que ya no hab\u00eda vuelta atr\u00e1s. Elena estaba perdida en eso, en el centro de un torbellino de manos y bocas, que no quer\u00eda que terminara.<\/p>\n<p>Los tocamientos se volvieron m\u00e1s urgentes, menos contenidos. Las manos que antes masajeaban ahora exploraban con hambre contenida: dedos que se deslizaban bajo la tela del short gris, rozando la humedad que ya empapaba la ropa interior; palmas que apretaban los senos con m\u00e1s firmeza, pellizcando los pezones alargados hasta hacerla arquear la espalda. Las bocas se multiplicaban: una succionando el l\u00f3bulo de la oreja, otra trazando la l\u00ednea de la clav\u00edcula, la tercera besando con lengua abierta la cara interna del muslo, cada vez m\u00e1s cerca del centro.<\/p>\n<p>Hubo un instante de duda colectiva, casi palpable. Las respiraciones se detuvieron un segundo. Mateo levant\u00f3 la vista desde el cuello de Elena, buscando sus ojos. Diego, con la mano ya bajo el short, se qued\u00f3 quieto, esperando una se\u00f1al. Luis, que besaba su hombro, se apart\u00f3 apenas, como si temiera haber ido demasiado lejos.<\/p>\n<p>Elena no dijo nada. Solo abri\u00f3 los ojos un poco m\u00e1s, los mir\u00f3 uno por uno con esa mirada vidriosa, pesada de deseo, y asinti\u00f3 despacio. Fue un gesto m\u00ednimo, pero suficiente. No hubo palabras; solo el sonido de su respiraci\u00f3n acelerada y el roce de telas.<\/p>\n<p>Mateo fue el primero en decidirse. Sus manos subieron por los costados de Elena, agarraron el borde de la blusa de tirantitos y la levantaron con lentitud deliberada. Ella cooper\u00f3 al instante: levant\u00f3 los brazos, dej\u00f3 que la prenda se deslizara por su cabeza y cayera al suelo. Sus senos medianos quedaron expuestos por completo, los pezones caf\u00e9 claro erectos, alargados y la excitaci\u00f3n del momento. Elena no se cubri\u00f3; solo respir\u00f3 hondo, el pecho subiendo y bajando.<\/p>\n<p>Diego no se qued\u00f3 atr\u00e1s. Se inclin\u00f3, enganch\u00f3 los dedos en la cintura del short gris y de la ropa interior al mismo tiempo, y los baj\u00f3 juntos por sus caderas delgadas. Elena levant\u00f3 las caderas para ayudarlo, un movimiento instintivo y fluido. El short y las bragas cayeron al suelo, dejando su sexo al descubierto: poco vello, solo un tri\u00e1ngulo recortado arriba, labios hinchados y brillantes de excitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Elena se recost\u00f3 del todo en el sof\u00e1, la cabeza apoyada en el respaldo, las piernas ligeramente abiertas. Los tres chicos se miraron un segundo \u2014un intercambio r\u00e1pido, casi el\u00e9ctrico\u2014 y entonces empezaron a quitarse la ropa. Las camisetas volaron: primero Mateo, revelando un torso joven, definido por el f\u00fatbol y las pesas ocasionales; luego Diego, m\u00e1s ancho de hombros, con algo de vello en el pecho; por \u00faltimo Luis, m\u00e1s delgado pero tonificado, la piel ligeramente bronceada.<\/p>\n<p>Se quedaron en b\u00f3xer, los tres visiblemente erectos, la tela tensa marcando sus formas. Elena los mir\u00f3, realmente los mir\u00f3 por primera vez esa noche. Ya no ve\u00eda a los amigos de su sobrino, a los chicos que hab\u00edan llegado riendo y bromeando. Ve\u00eda hombres. Hombres j\u00f3venes, fuertes, con los m\u00fasculos tensos por el deseo, con los ojos oscuros fijos en ella, respirando agitados. Hombres que la deseaban con una intensidad que hac\u00eda tiempo no sent\u00eda dirigida hacia su cuerpo. Y ella los deseaba igual: los quer\u00eda dentro, los quer\u00eda sobre ella, los quer\u00eda a todos.<\/p>\n<p>Mateo se arrodill\u00f3 entre sus piernas primero. Baj\u00f3 la cabeza despacio, bes\u00f3 el interior de los muslos una \u00faltima vez antes de llegar al centro. Su lengua la abri\u00f3 con suavidad, lamiendo desde abajo hacia arriba, deteni\u00e9ndose en el cl\u00edtoris hinchado para succionarlo con delicadeza. Elena solt\u00f3 un gemido largo, las caderas levant\u00e1ndose hacia su boca. Diego se inclin\u00f3 sobre ella y captur\u00f3 su boca en un beso profundo, lengua contra lengua, mientras su mano libre acariciaba el seno izquierdo, pellizcando el pez\u00f3n. Luis se ocup\u00f3 del derecho: boca caliente cerr\u00e1ndose alrededor del pez\u00f3n, succionando con fuerza, lengua girando en c\u00edrculos.<\/p>\n<p>El placer era cegador. Elena ya no razonaba. Las im\u00e1genes se fragmentaban: la lengua de Mateo movi\u00e9ndose en su cl\u00edtoris, succionando, penetrando ligeramente con la punta; la boca de Diego devorando la suya; los dientes de Luis rozando apenas el pez\u00f3n sensible. Sus manos se mov\u00edan solas: una enredada en el cabello de Mateo, empuj\u00e1ndolo m\u00e1s contra ella; la otra alternando entre la nuca de Diego y el hombro de Luis.<\/p>\n<p>Luego alternaron sin palabras. Diego tom\u00f3 el lugar de Mateo entre sus piernas, su lengua m\u00e1s ancha, m\u00e1s insistente, lamiendo con movimientos largos que la hac\u00edan temblar. Mateo subi\u00f3 y bes\u00f3 su boca, saboreando en sus labios el gusto de su propia excitaci\u00f3n. Luis se qued\u00f3 en los senos, alternando entre uno y otro, mordisqueando suavemente.<\/p>\n<p>Elena ten\u00eda la mirada perdida. Los ojos apenas abiertos, pupilas dilatadas, vidriosos de placer. La boca entreabierta, jadeos constantes, gemidos que sub\u00edan de tono cada vez que una lengua encontraba el punto exacto. Su cuerpo se arqueaba, las caderas movi\u00e9ndose contra la boca que la devoraba, las manos aferr\u00e1ndose a quien estuviera m\u00e1s cerca. El alcohol amplificaba todo: cada lamida se sent\u00eda como una descarga, cada pellizco en los pezones como fuego l\u00edquido que bajaba directo a su sexo.<\/p>\n<p>No hab\u00eda prisa. Solo placer acumulado, cuerpos calientes, respiraciones sincronizadas. Elena estaba abierta, entregada, dispuesta a todo lo que viniera despu\u00e9s, ya no ten\u00eda control sobre su cuerpo; solo era una corriente de sensaciones que la arrastraba. La lengua de Diego entre sus piernas se mov\u00eda con m\u00e1s insistencia ahora: lamidas largas y planas que cubr\u00edan toda su vulva, luego succiones r\u00e1pidas y precisas en el cl\u00edtoris hinchado, alternando con la punta que entraba apenas en su entrada, saboreando la humedad que no dejaba de fluir. Cada roce era como una chispa que se encend\u00eda m\u00e1s fuerte, m\u00e1s cerca del borde. Sus caderas se mov\u00edan solas, empujando contra esa boca, buscando m\u00e1s presi\u00f3n, m\u00e1s profundidad.<\/p>\n<p>Mateo y Luis hab\u00edan subido la intensidad en sus senos: bocas calientes cerr\u00e1ndose alrededor de los pezones, succionando con fuerza r\u00edtmica para enviar descargas directas a su sexo. Las manos de uno apretaban el otro pecho, pellizcando y rodando el pez\u00f3n entre los dedos, mientras la otra mano bajaba por su abdomen, dedos que se hund\u00edan en la carne suave de su vientre y luego volv\u00edan a subir.<\/p>\n<p>El cl\u00edmax lleg\u00f3 como una ola que no se pod\u00eda detener. Empez\u00f3 como un calor profundo en el bajo vientre, un nudo que se apretaba cada vez m\u00e1s con cada lamida, cada succi\u00f3n, cada pellizco. Elena sinti\u00f3 que su interior se contra\u00eda en espasmos involuntarios, los m\u00fasculos de su vagina apret\u00e1ndose alrededor de nada, deseando ser llenada. Su respiraci\u00f3n se volvi\u00f3 jadeos cortos, entrecortados, y entonces estall\u00f3.<\/p>\n<p>Un orgasmo brutal la atraves\u00f3 de pies a cabeza. Grit\u00f3 ahogado contra la boca que la besaba \u2014no recordaba de qui\u00e9n era\u2014, el cuerpo arque\u00e1ndose tanto que casi se levanta del sof\u00e1. Las contracciones eran fuertes, r\u00edtmicas, cada una enviando oleadas de placer que le nublaban la vista, que le hac\u00edan temblar las piernas. Sinti\u00f3 un chorro caliente de humedad salir de ella, empapando la boca de quien la devoraba abajo, y el placer se volvi\u00f3 casi doloroso de tan intenso. Sus u\u00f1as se clavaron en el hombro m\u00e1s cercano, en el cabello que ten\u00eda entre los dedos, y por un momento todo se volvi\u00f3 blanco: solo calor, solo pulsos, solo el eco de su propio gemido prolongado resonando en sus o\u00eddos.<\/p>\n<p>Pero ellos no se detuvieron.<\/p>\n<p>Ni siquiera le dieron tiempo a bajar del pico. La lengua sigui\u00f3 lamiendo, ahora m\u00e1s suave pero sin pausa, recogiendo cada gota de su orgasmo, prolongando las contracciones residuales. Los pezones segu\u00edan siendo succionados, mordisqueados con delicadeza cruel. Elena temblaba, hipersensible, cada roce ahora amplificado al m\u00e1ximo por el alcohol y el cl\u00edmax reciente.<\/p>\n<p>En alg\u00fan momento \u2014no supo cu\u00e1ndo, el tiempo se hab\u00eda vuelto borroso\u2014 sinti\u00f3 que las bocas se apartaban de sus senos. Oy\u00f3 el roce de telas cayendo al suelo, el sonido de b\u00f3xers desliz\u00e1ndose por muslos j\u00f3venes y fuertes. Cuando abri\u00f3 los ojos apenas, los vio: completamente desnudos, los cuerpos tensos, los penes erectos apuntando hacia ella, venosos, brillantes en la punta por la excitaci\u00f3n previa.<\/p>\n<p>Dos de ellos \u2014Mateo y Luis, o quiz\u00e1 Diego y Mateo, ya no distingu\u00eda\u2014 se acercaron a su cara, arrodillados a cada lado del sof\u00e1. Los penes quedaron a cent\u00edmetros de sus labios, calientes, oliendo a piel masculina y deseo crudo. Elena no dud\u00f3. Gir\u00f3 la cabeza hacia uno, abri\u00f3 la boca y lo tom\u00f3 despacio: la cabeza primero, lengua rode\u00e1ndola, saboreando el sabor salado de su humedad. Chup\u00f3 con suavidad, luego m\u00e1s profundo, dejando que se deslizara hasta donde su garganta lo permit\u00eda. Con la mano izquierda alcanz\u00f3 al otro, envolvi\u00e9ndolo con dedos firmes, masturb\u00e1ndolo en movimientos lentos y largos, el pulgar rozando la parte inferior del glande en cada subida.<\/p>\n<p>El tercero \u2014el que hab\u00eda estado entre sus piernas\u2014 sigui\u00f3 bes\u00e1ndola ah\u00ed abajo: lengua plana lamiendo desde el perineo hasta el cl\u00edtoris, succionando suavemente los labios hinchados, entrando con la punta en su entrada todav\u00eda palpitante. Elena sent\u00eda todo al mismo tiempo, una sobrecarga sensorial que la manten\u00eda al borde de otro orgasmo sin haber bajado del primero.<\/p>\n<p>Lo que sent\u00eda era abrumador, en la boca el peso caliente y duro de un pene desliz\u00e1ndose, la piel suave contra su lengua, el sabor salado que se intensificaba con cada movimiento de su cabeza. Cada vez que lo tomaba m\u00e1s profundo, sent\u00eda su propia garganta relajarse, el reflejo de arcada controlado por el deseo, y el gemido que vibraba contra \u00e9l hac\u00eda que el due\u00f1o jadeara.<\/p>\n<p>En la mano sent\u00eda la textura venosa, el calor pulsante, la forma en que se endurec\u00eda m\u00e1s con cada caricia. Sent\u00eda las venas bajo sus dedos, el glande hinchado que se mojaba con su propia saliva cuando cambiaba de mano para lubricarlo mejor. El ritmo era instintivo: apretaba m\u00e1s fuerte cuando el que ten\u00eda en la boca gem\u00eda, aflojaba cuando sent\u00eda que estaba cerca.<\/p>\n<p>Entre las piernas esa la lengua que no paraba, lamiendo su cl\u00edtoris hipersensible hasta hacerla temblar de nuevo, entrando y saliendo de su vagina empapada, recogiendo cada gota de su orgasmo anterior. Cada lamida era como una corriente que sub\u00eda por su columna, haciendo que sus caderas se movieran solas, buscando m\u00e1s fricci\u00f3n.<\/p>\n<p>Elena ya no razonaba. Solo sent\u00eda: bocas, lenguas, penes, manos, calor, humedad, pulsos. Su mirada estaba perdida, ojos entreabiertos y desenfocados, l\u00e1grimas de placer acumulado en las comisuras. Gem\u00eda alrededor del miembro en su boca, el sonido amortiguado pero constante, vibrando contra la carne. Su cuerpo entero era una sinapsis viva: cada roce, cada lamida, cada caricia la llevaba m\u00e1s alto, m\u00e1s profundo en un placer que no ten\u00eda fin.<\/p>\n<p>Y ellos segu\u00edan, sin prisa por terminar, prolongando el momento, alimentando su entrega absoluta.<\/p>\n<p>El que estaba entre sus piernas \u2014Elena ya no distingu\u00eda nombres ni rostros, solo cuerpos calientes y deseosos\u2014 se incorpor\u00f3 despacio. Sus manos temblaban ligeramente cuando se coloc\u00f3 entre sus muslos abiertos. Elena sinti\u00f3 la cabeza roma del pene rozar su entrada: caliente, resbaladiza por su propia humedad y la saliva anterior. Era Diego, quien empuj\u00f3 con timidez al principio, solo la punta entrando, deteni\u00e9ndose como si temiera romper algo. Elena solt\u00f3 un gemido bajo, arqueando las caderas hacia arriba en invitaci\u00f3n muda. \u00c9l entendi\u00f3: empuj\u00f3 un poco m\u00e1s, lento, cent\u00edmetro a cent\u00edmetro, hasta que estuvo completamente dentro.<\/p>\n<p>La sensaci\u00f3n fue abrumadora. Elena sinti\u00f3 c\u00f3mo la llenaba por completo, c\u00f3mo sus paredes internas se ajustaban alrededor de \u00e9l, todav\u00eda sensibles por el orgasmo reciente. Diego se qued\u00f3 quieto un segundo, respirando agitado contra su cuello, y luego empez\u00f3 a moverse: embestidas suaves, casi t\u00edmidas, saliendo casi del todo y volviendo a entrar con cuidado. Cada movimiento hac\u00eda que Elena jadeara, las manos aferradas a los hombros de \u00e9l, las u\u00f1as clav\u00e1ndose en la piel.<\/p>\n<p>Pero la timidez dur\u00f3 poco. El ritmo se aceler\u00f3 casi sin que nadie lo decidiera. Diego empez\u00f3 a bombear con m\u00e1s fuerza, m\u00e1s profundo, el sonido h\u00famedo de sus cuerpos chocando llenando la sala junto con los gemidos ahogados de Elena. Ella levant\u00f3 las piernas, envolvi\u00e9ndolas alrededor de su cintura, clavando los talones en sus gl\u00fateos para que entrara m\u00e1s hondo. Cada embestida golpeaba justo en ese punto interno que la hac\u00eda ver estrellas; el placer volv\u00eda a acumularse, m\u00e1s r\u00e1pido esta vez, m\u00e1s crudo.<\/p>\n<p>De pronto, manos la tomaron por las caderas y la giraron con suavidad pero con decisi\u00f3n. Elena se encontr\u00f3 de rodillas sobre el sof\u00e1, en cuatro, el pecho apoyado en el respaldo, el culo en alto. Alguien \u2014Mateo esta vez\u2014 se coloc\u00f3 detr\u00e1s de ella. Sinti\u00f3 el pene rozar su entrada, luego entrar de un solo empuj\u00f3n firme, llen\u00e1ndola hasta el fondo. Elena grit\u00f3 de placer, la cabeza echada hacia atr\u00e1s. Mateo empez\u00f3 a bombear con fuerza, las manos agarrando sus caderas, tirando de ella hacia atr\u00e1s con cada embestida. El \u00e1ngulo era perfecto: cada golpe llegaba directo al punto sensible, haciendo que sus piernas temblaran.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, otro pene apareci\u00f3 frente a su cara \u2014Luis, o quiz\u00e1s Diego, ya no importaba\u2014. Elena abri\u00f3 la boca sin dudar, tom\u00e1ndolo con avidez. Chupaba con hambre, la lengua girando alrededor del glande, bajando hasta donde pod\u00eda, mientras su cuerpo se sacud\u00eda con cada embestida desde atr\u00e1s. La saliva le corr\u00eda por la barbilla, mezcl\u00e1ndose con el sudor; gem\u00eda alrededor del miembro, vibraciones que hac\u00edan jadear al que ten\u00eda en la boca.<\/p>\n<p>Entonces la cambiaron de nuevo, como si hubieran coreografiado cada movimiento sin hablar. El que estaba detr\u00e1s se sali\u00f3, y Elena se gir\u00f3. Uno de ellos \u2014Diego\u2014 se sent\u00f3 en el sof\u00e1, las piernas abiertas, el pene erecto apuntando al techo. Elena se subi\u00f3 a horcajadas sin que se lo pidieran, gui\u00e1ndolo dentro de s\u00ed con una mano temblorosa. Baj\u00f3 despacio al principio, sintiendo c\u00f3mo la abr\u00eda de nuevo, c\u00f3mo la llenaba en esa posici\u00f3n. Cuando estuvo completamente sentada, solt\u00f3 un gemido largo y empez\u00f3 a moverse: subiendo y bajando, girando las caderas en c\u00edrculos lentos que lo hac\u00edan jadear.<\/p>\n<p>Diego levant\u00f3 las manos a sus senos, los tom\u00f3 con fuerza y se los llev\u00f3 a la boca. Chup\u00f3 un pez\u00f3n con hambre, mordisqueando, lamiendo el otro con la lengua plana mientras Elena aceleraba el ritmo. Los otros dos se acercaron, arrodillados a cada lado del sof\u00e1. Sus penes, duros y brillantes, quedaron frente a la cara de Elena. Ella alternaba: tomaba uno en la boca, chupaba con fuerza unos segundos, luego pasaba al otro, masturbando al primero con la mano h\u00fameda de saliva. A veces los dos a la vez: lengua en uno, mano en el otro, o los dos, glande contra glande rozando sus labios abiertos.<\/p>\n<p>Era una escena cruda, exagerada, irreal. Elena no pod\u00eda creer que estuviera en el centro de eso: tres hombres j\u00f3venes, fuertes, cogi\u00e9ndola sin pausa, sus cuerpos sudorosos chocando contra el suyo, sus gemidos mezcl\u00e1ndose con los de ella. Pero lo estaba disfrutando. Much\u00edsimo. El placer era tan intenso que rayaba en lo abrumador: la sensaci\u00f3n de estar llena por delante y por detr\u00e1s al mismo tiempo, los pezones succionados hasta doler de placer, la boca ocupada alternando entre dos penes calientes, el sabor salado en la lengua, el olor a sexo y sudor llenando todo.<\/p>\n<p>Elena cabalgaba sobre Diego con un ritmo cada vez m\u00e1s fren\u00e9tico, sus caderas girando y bajando con fuerza, sintiendo c\u00f3mo su pene la llenaba por completo, rozando ese punto profundo que la hac\u00eda jadear sin control. El sudor cubr\u00eda su cuerpo delgado por completo: gotas resbalando por su espalda curva, por el valle entre sus senos medianos, empapando los mechones sueltos de su cabello ondulado negro que se hab\u00edan escapado de la coleta deshecha. Su piel brillaba bajo la luz c\u00e1lida de la sala, caliente y pegajosa, el olor a sexo y transpiraci\u00f3n mezcl\u00e1ndose con el zumbido persistente de los ventiladores. Cada movimiento hac\u00eda que sus muslos temblaran, los m\u00fasculos tensos por el esfuerzo, y el placer se acumulaba de nuevo, un nudo apretado en su vientre que se expand\u00eda con cada embestida.<\/p>\n<p>El segundo orgasmo empez\u00f3 con un calor abrasador en su interior, sus paredes internas contray\u00e9ndose alrededor del pene de Diego. Elena grit\u00f3, su cuerpo convulsionando, arque\u00e1ndose hacia atr\u00e1s mientras olas de placer la atravesaban. Sinti\u00f3 un chorro de humedad salir de ella, empapando los muslos de Diego. Sus piernas lo apretaron, temblando, y el sudor se volvi\u00f3 m\u00e1s profuso, resbalando por su abdomen, por sus caderas, dejando rastros brillantes en su piel. No pod\u00eda respirar con normalidad, mientras el cl\u00edmax la dejaba exhausta pero a\u00fan deseosa, el cuerpo hipersensible a cada roce.<\/p>\n<p>Elena, tom\u00f3 el control para llevarlos al final. Alternaba la boca y la mano entre Mateo y Luis con m\u00e1s urgencia, chupando profundo, masturbando con movimientos firmes y r\u00e1pidos, su saliva lubricando todo. Sinti\u00f3 c\u00f3mo Mateo se tensaba primero: su pene palpitando en su boca, y con un gemido ronco, descarg\u00f3 dentro. Elena lo mantuvo un segundo, sintiendo el chorro caliente y salado golpear su lengua.<\/p>\n<p>Luis fue el siguiente. Elena lo masturb\u00f3 con m\u00e1s fuerza, la mano apretando en la base y desliz\u00e1ndose hacia arriba con un giro en la mu\u00f1eca. \u00c9l jade\u00f3, y descarg\u00f3 en su palma abierta, chorros calientes y espesos que se acumularon en su mano. Ella lo mir\u00f3 con ojos vidriosos, sintiendo el calor pegajoso contra su piel, y luego se limpi\u00f3 con una servilleta<\/p>\n<p>Diego, a\u00fan dentro de ella, fue el \u00faltimo. Elena aceler\u00f3 el ritmo, bajando con m\u00e1s fuerza, apretando sus m\u00fasculos internos alrededor de \u00e9l. \u00c9l gru\u00f1\u00f3, y ella se levant\u00f3 justo a tiempo, guiando su pene con la mano para que descargara sobre su vientre: chorros blancos y calientes salpicando su piel sudada, resbalando por su abdomen plano.<\/p>\n<p>Cuando todo termin\u00f3, hubo un silencio breve, roto solo por respiraciones pesadas y el zumbido de los ventiladores. Elena se dej\u00f3 caer un poco hacia adelante, a\u00fan sentada en las piernas de Diego, con el pecho subiendo y bajando. Mir\u00f3 a los tres con una sonrisa cansada pero satisfecha, sin un atisbo de arrepentimiento o esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p>\u2014Vaya&#8230; esto s\u00ed que se sali\u00f3 de control, \u00bfeh? \u2014dijo cansada, soltando una risita suave, como si estuviera comentando un partido de f\u00fatbol que se hab\u00eda ido a tiempos extras.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfUstedes bien?<\/p>\n<p>Mateo, jadeando a\u00fan, sonri\u00f3 y se rasc\u00f3 la nuca. \u2014S\u00ed&#8230; wow, Elena. Fue&#8230; intenso. \u00bfT\u00fa est\u00e1s bien?<\/p>\n<p>Diego, debajo de ella, le roz\u00f3 la cadera con la mano.<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s que bien. Gracias por&#8230; todo.<\/p>\n<p>Luis, el m\u00e1s t\u00edmido, solo asinti\u00f3, con las mejillas sonrojadas.<\/p>\n<p>\u2014Fue incre\u00edble.<\/p>\n<p>Elena rio bajito, negando con la cabeza.<\/p>\n<p>No hubo m\u00e1s palabras profundas; el momento no lo ped\u00eda. Los tres chicos se movieron al sof\u00e1 grande, acomod\u00e1ndose uno al lado del otro, a\u00fan completamente desnudos, sus cuerpos j\u00f3venes y sudorosos reluciendo bajo la luz. Elena se levant\u00f3 despacio, limpi\u00e1ndose el vientre antes de unirse a ellos. Se acost\u00f3 atravesada sobre sus piernas: la cabeza en el muslo de Mateo, el torso sobre el de Diego, y las piernas extendidas sobre Luis. No dijeron mucho. El ambiente era c\u00e1lido, sin prisa por vestirse o analizar lo sucedido.<\/p>\n<p>Dejaron que las caricias continuaran, pero ahora de manera delicada, casi reverente por lo que acababa de pasar. Mateo pas\u00f3 los dedos por su cabello ondulado, desenredando mechones sueltos con suavidad, rozando ocasionalmente su sien y bajando por la curva de su oreja. Diego traz\u00f3 patrones suaves en su espalda, yemas de los dedos siguiendo la columna vertebral, deteni\u00e9ndose en la curva de su cadera para contornearla con lentitud, como si estuviera memorizando la forma de su cuerpo. Luis, con las piernas de Elena sobre \u00e9l, roz\u00f3 los dedos sobre su brazo extendido: desde el hombro hasta la mu\u00f1eca, un toque ligero que hac\u00eda que su piel se erizara de nuevo, pero sin intenciones sexuales; solo un roce reconfortante, como un susurro en la piel.<\/p>\n<p>Elena cerr\u00f3 los ojos, sintiendo el calor de sus cuerpos debajo de ella, el sudor sec\u00e1ndose lentamente en su piel. No hab\u00eda palabras; solo ese silencio c\u00f3modo, roto por respiraciones sincronizadas y el ocasional roce que dec\u00eda m\u00e1s que cualquier di\u00e1logo. Se qued\u00f3 ah\u00ed, dej\u00e1ndose mimar, sabiendo que la noche hab\u00eda sido un escape perfecto y que por ahora, eso era suficiente.<\/p>\n<p>Continuar\u00e1.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_64359\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"64359\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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