{"id":64791,"date":"2026-03-05T01:05:02","date_gmt":"2026-03-05T00:05:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=64791"},"modified":"2026-03-04T18:39:14","modified_gmt":"2026-03-04T17:39:14","slug":"cuando-me-mira-con-esos-ojos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cuando-me-mira-con-esos-ojos\/","title":{"rendered":"Cuando me mira con esos ojos&#8230;"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"64791\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">14<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El sexo es como el amor: no tiene edad si se saben utilizar los recursos y la sensualidad descubre nuevos cauces. Aqu\u00ed tenemos un ejemplo que la perversi\u00f3n hace disfrutar.<\/p>\n<p>Cuando me mira con esos ojos ..<\/p>\n<p>Nadie sabe c\u00f3mo consigui\u00f3 su marido que el \u201ccarasepia\u201d del rey le otorgase la baron\u00eda, pero la combinaba chulescamente con los m\u00faltiples negocios financieros y medi\u00e1ticos, mientras su mujer y sus hijas ocupan las portadas de las revistas \u201ccuquis\u201d del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Fue Dorotea la que entr\u00f3 en Gold Chain aquella ma\u00f1ana con su est\u00fapido vestido de cretona, la muy quica. Garc\u00eda estaba en el otro lado de la tienda, fisgando quien entraba en Humberto Hollister, para comprar los trajes de uso una-sola-vez que su selecta clientela luc\u00eda en fiestas que, seg\u00fan dice Roque, el vendedor m\u00e1s viejo de la tienda, acababan en orgias de alcohol, modernas drogas sint\u00e9ticas que s\u00f3lo circulan en sus dorados ambientes, y sexo desbocado con travestis y cu\u00f1adas de alta alcurnia.<\/p>\n<p>Me compuse el traje y coloqu\u00e9 recta la placa con mi nombre escrito en riguroso dorado y letra Roman Palladin: Rodolfo Ag\u00fcero. Bien visible, porque quer\u00eda intentar salir de aquel agujero de aburrimiento que era la joyer\u00eda, y, por tonta que fuera Dorotea Hollister, si consegu\u00eda contactar visualmente con ella, tendr\u00eda un paso inicial para entrar en el palacete Bellavista.<\/p>\n<p>Me dirig\u00ed a ella y con una sonrisa de film de s\u00e1bado tarde para-toda-la familia, le pregunt\u00e9 ritualmente &#8220;qu\u00e9 desea la se\u00f1ora&#8221;. Ella ten\u00eda unos ojos indignantemente bellos, de un color aguamar encantadores; los labios de un rojo que no se encuentra en cualquier tienda de cosm\u00e9ticos, y los ojos refilados con una delicadeza inimitable. \u00a1Y la sonrisa\u2026! Algo embobado reaccion\u00e9 enseguida a la segunda vez que me dijo que quer\u00eda ver un collar y unos pendientes a juego. &#8220;Naturalmente, se\u00f1ora&#8221;, dije y di un giro de noventa grados como si estuviera girando en un tiovivo bien engrasado.<\/p>\n<p>La conduje al aparador del otro lado y vi la sonrisa falsa y envidiosa, verdaderamente diab\u00f3lica y de temer de Garc\u00eda. Le mostr\u00e9 las doce colecciones reci\u00e9n llegadas ese a\u00f1o. Se prob\u00f3, claro, las doce y eligi\u00f3 la m\u00e1s cara&#8230; y tambi\u00e9n la m\u00e1s elegante. Le coloqu\u00e9 el collar en el cuello de gacela, que desprend\u00eda un suave aroma de perfume cautivador, con un delicado roce que s\u00f3lo yo s\u00e9 aplicar en la zona del cuello que despierta pasiones escondidas a toda hembra de coraz\u00f3n caliente y seco por humedecer. Not\u00e9 un leve estremecimiento contenido y not\u00e9 que mi pecho se inflaba de orgullo: a mis veintinueve a\u00f1os segu\u00eda siendo un maestro en el arte de la seducci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ella misma se coloc\u00f3 los pendientes y se mir\u00f3 en el espejo que servilmente dispuse cerca de su nariz, para que apreciara el olor de mi colonia. Su mirada se desviaba de sus l\u00f3bulos a mis ojos reflejados en el espejo, y viceversa. Era algo traviesa. Yo no dejaba de sonre\u00edr. De repente me pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfC\u00f3mo los ve?&#8221;. Utilic\u00e9 una t\u00e9cnica estilizada, de a\u00f1os de pr\u00e1ctica deshonesta en el comercio de joyer\u00eda, dando un par de segundos de pausa entre miradas a una y otra oreja, luego, m\u00e1s detenidamente al cuello fino y largo de Dorotea y respond\u00ed convincentemente: &#8220;Divinamente, se\u00f1ora. Su elecci\u00f3n ha sido fant\u00e1stica&#8221;. &#8220;Muy bien&#8221;, repuso. &#8220;Me los quedo, pero no me los llevo. \u00bfPodr\u00eda entregarlos en mi casa esta tarde?&#8221; Y extrajo una tarjeta con su nombre y su direcci\u00f3n. &#8220;Yo mismo los llevar\u00e9, se\u00f1ora&#8221;, asegur\u00e9.<\/p>\n<p>A las cinco me present\u00e9, desprendiendo el punto justo de aroma masculino. Me hicieron pasar a un sal\u00f3n descomunal lleno de objetos y cuadros, un par de mesas, divanes, un espejo mural y varias sillas. Esper\u00e9 de pie hasta que la puerta de doble jamba se abri\u00f3 y apareci\u00f3 ella&#8230; \u00a1la baronesa Cornelia!<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 extendiendo su mano, que acerqu\u00e9 y reverenci\u00e9 debidamente, sin besar plebeyamente, como el cretino de Garc\u00eda hubiera hecho. Le di las cajas lujosamente talladas y di la vuelta. La baronesa me estaba taladrando con la mirada, hasta que perd\u00ed la compostura y vacil\u00e9; hasta me ruboric\u00e9. La baronesa era una mujer mayor. Deb\u00eda tener cumplidos los sesenta a\u00f1os. Ten\u00eda una mirada fuerte, segura, serena; los cabellos absolutamente blancos, de ese blanco que s\u00f3lo las mujeres de alta alcurnia tienen. Desprend\u00eda elegancia y cierta gracia y vest\u00eda con una frescura impropia de su edad y condici\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;T\u00f3mese un caf\u00e9, por favor&#8221;, invit\u00f3. Yo puse las pegas de costumbre, pero ella insisti\u00f3 y me tom\u00f3 del brazo, haci\u00e9ndome pasar por una puerta a un sal\u00f3n lateral. Me invit\u00f3 a sentarme en un sill\u00f3n mientras hacia lo propio en uno justo al lado del m\u00edo. Comenz\u00f3 una charla informal, pero muy juiciosa. Nos sonriamos a cada mirada y yo maldec\u00eda mi suerte: esa vieja y no Dorotea&#8230;<\/p>\n<p>A los pocos minutos apareci\u00f3 un bedel. &#8220;T\u00e9&#8221;, dijo ella y me mir\u00f3. &#8220;Otro&#8221;, respond\u00ed a la mirada expectante del sirviente.<\/p>\n<p>La baronesa me fue haciendo preguntas y excus\u00e1ndose por su actitud e incumbencia. Negu\u00e9 y sin darme cuenta ca\u00ed en una red que Cornelia iba tejiendo. Me sent\u00eda un pajarillo ante la sagaz mirada de una cazadora experta. La charla continu\u00f3 hasta m\u00e1s all\u00e1 del t\u00e9. Ella me dijo que me mostrar\u00eda la mansi\u00f3n. Me volvi\u00f3 a tomar del brazo. Yo mir\u00e9 sus ojos, que ten\u00edan un brillo casi juvenil; penetraban en m\u00ed como si mi cuerpo fuera de membrillo confitado. Me condujo por las habitaciones y subimos al piso superior. Las estancias espaciosas, compet\u00edan en lujo y esplendor. Salas, habitaciones, balcones amplios con plantas, alfombras y suelos brillantes, relojes y cuadros, hogares de fuego&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s subimos a la \u00faltima planta. Cornelia se puso frente a m\u00ed y cambi\u00f3 absolutamente. Se acerc\u00f3 y me puso los brazos sobre los hombros. &#8220;\u00bfQuieres?&#8221;, me dijo. Yo, algo azorado mov\u00ed la cabeza como un mu\u00f1eco, arriba y abajo. Me condujo a una habitaci\u00f3n de puerta estrecha. Entramos. La habitaci\u00f3n era enga\u00f1osa. Era larga y ancha, con techo muy alto, decorada con tonos p\u00farpura y rosa. Frente a la puerta de entrada hab\u00eda una cama muy grande y un tocador redondeado; al otro lado un par de sillones y un tresillo. Hab\u00eda dos puertas. Cornelia abri\u00f3 una y daba a un aseo muy amplio; junto a ella, la otra puerta mostraba un cuarto con varios armarios.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 a m\u00ed y me acarici\u00f3 el cabello. Yo venc\u00ed mis reticencias y la bes\u00e9. Ol\u00eda maravillosamente. Si lengua beso mis labios y entr\u00f3 en mi boca; sab\u00eda besar la baronesa; apresaba mi lengua y la mordisqueaba, giraba los labios y besaba mi paladar, jugaba con mi lengua enred\u00e1ndola en la suya. &#8220;Desn\u00fadate&#8221;, orden\u00f3 y sali\u00f3 hacia el aseo.<\/p>\n<p>Al rato sali\u00f3 completamente en pelotas. Su cuerpo no respond\u00eda a la edad que ten\u00eda. Era \u00e1gil, delgada, sus pechos, voluminosos, no estaban, como cab\u00eda esperar, ca\u00eddas; pezones rosados y grandes; pasos felinos, completamente rasurada, la luz trasluc\u00eda unos labios vulvares gruesos. Se dio la vuelta para ir al otro cuarto. Sus nalgas eran redondas y prietas. Comenc\u00e9 a desear hacerle el amor. Probar el sabor de aquella piel de la nobleza, lamer sus pezones, acariciar su culo y follarme aquel co\u00f1o depilado, hacerla gritar de gusto meti\u00e9ndole una polla joven, correrme dentro de la vagina de aquella vieja caliente, llenarla de leche a empujones violentos y penetrantes; hacerla gritar y gemir, hacer que su co\u00f1o se corriera&#8230;<\/p>\n<p>Cornelia sali\u00f3 vestida con un antifaz negro, un cors\u00e9 que dejaba ver las tetas y un tanga con un agujero en la parte de la vulva. Llevaba unas esposas. \u201d\u00bfQuieres jugar?&#8221;, me dijo con una sonrisa p\u00edcara. Dud\u00e9. Finalmente pens\u00e9 que por qu\u00e9 no. &#8220;S\u00ed, dije&#8221;. &#8220;Desn\u00fadate&#8221;. Obedec\u00ed, maquinalmente. Me sorprendi\u00f3 ver qu\u00e9 mi polla estaba trempada, el glande casi sal\u00eds del prepucio. Mis huevos estaban apretados. Cornelia miraba, sin dejar escapar detalles. Examinaba y escrutaba cada movimiento y cada cent\u00edmetro de mi piel. Me excit\u00f3 su examen. Mi tranca se puso erecta al m\u00e1ximo. Ella emiti\u00f3 un leve graznido y un chasquido de sus dedos.<\/p>\n<p>&#8220;Ahora, t\u00fambate, coraz\u00f3n&#8221;, dijo suavemente.<\/p>\n<p>Me puse boca abajo, aplastando mi polla contra la colcha. Ella se sent\u00f3 sobre mis piernas y me coloc\u00f3 las esposas, me dio un cachete en las nalgas y me dio la vuelta. Sac\u00f3 una bebida y me la coloc\u00f3 en los ojos; yo protest\u00e9 un poco, pero me call\u00f3 con un beso profundo y h\u00famedo, mordisqueando mis labios. Me pellizc\u00f3 los pezones y not\u00e9 que se endurec\u00edan. Mi verga estaba tiesa, plana sobre mi vientre, alcanzaba mi ombligo en toda su extensi\u00f3n. La vieja hab\u00eda conseguido que me trempara, me excitara y deseara que jugar\u00e1 con mi pija y me follara. Qued\u00e9 reducido al papel de un esclavo que deseaba que le dieran placer.<\/p>\n<p>Cornelia me cogi\u00f3 el cipote duro y lo apret\u00f3 entre sus dedos. Descubri\u00f3 todo el capullo y lo retorci\u00f3, pero sin hacerme da\u00f1o. Not\u00e9 que la cabeza de mi polla estaba goteando y ella desliz\u00f3 el flujo por el glande. Mi tranca se balance\u00f3 hacia arriba con un par de sacudidas placenteras. Mi boca estaba seca. Deseaba que me hiciera una mamada.<\/p>\n<p>Recib\u00ed un golpe de l\u00e1tigo que son\u00f3 como un zas; restall\u00f3 de nuevo y recib\u00ed una nueva sacudida est\u00e1 vez en el vientre. Luego dej\u00f3 caer varias veces el l\u00e1tigo sobre mi tranca y mis cojones. Me puso m\u00e1s caliente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s me cogi\u00f3 la polla y la volvi\u00f3 a apretar entre los dedos; la agit\u00f3, subi\u00f3 y baj\u00f3 la piel, masturb\u00e1ndome. &#8220;No te corras&#8221;, advirti\u00f3, \u201dQuiero que disfrutes m\u00e1s y que me hagas correr&#8221;. Me puso un pez\u00f3n en los labios. Yo lam\u00ed y succion\u00e9, chup\u00e9 el pez\u00f3n duro de la vieja baronesa; despu\u00e9s me pas\u00f3 el otro. Chup\u00e9 y sorb\u00ed, mientras ella gem\u00eda como un gatito. Sac\u00f3 la teta y me puso los grandes labios de su co\u00f1o en la boca.<\/p>\n<p>Sent\u00ed que se abr\u00eda la raja del higo tan rasurado y me lo apretaba contra la boca. Lam\u00ed la raja y los labios colgantes. Gem\u00eda violentamente. Yo respiraba con dificultad. Le com\u00eda el chocho con deleite. Ten\u00eda un sabor agradable, sorb\u00eda sus flujos y met\u00eda mi lengua enrosc\u00e1ndola dentro. Me gustaba su olor. Ella restregaba el co\u00f1o, se frotaba mientras hund\u00eda en su interior chorreante la lengua. &#8220;C\u00f3metelo todo&#8221;, exigi\u00f3. &#8220;El cl\u00edtoris&#8221;, a\u00f1adi\u00f3 entre jadeos.<\/p>\n<p>Se coloc\u00f3 de forma que not\u00e9 el cl\u00edtoris grande, lobulado, duro y lo bes\u00e9, lo chup\u00e9, lo sorb\u00ed y lo circund\u00e9 hasta que se vino con un largo grito y gemidos. Se corr\u00eda y jadeaba. Y de repente, yo me corr\u00ed tambi\u00e9n. Mi verga era un surtidor. La leche salpicaba y sal\u00eda impregnando el culo de la baronesa, que estaba arrodillada contra mi tranca. Baj\u00f3 a la polla y lami\u00f3 toda su longitud. Yo segu\u00eda y\u00e9ndome. Cuando par\u00e9, Cornelia me quit\u00f3 la venda y las esposas. Se hab\u00eda reanudado y su cuerpo pareci\u00f3 tener unos treinta a\u00f1os. Mir\u00e9 sus ojos de cerca por primera vez. Despu\u00e9s hemos seguido vi\u00e9ndonos cada semana. A Dorotea nunca m\u00e1s la he visto.<\/p>\n<p>Me gusta mi papel con mi vieja amante, sobre todo cuando me mira con esos ojos&#8230;<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_64791\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"64791\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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