{"id":64870,"date":"2026-03-09T00:16:24","date_gmt":"2026-03-08T23:16:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=64870"},"modified":"2026-03-08T21:13:32","modified_gmt":"2026-03-08T20:13:32","slug":"susana-regresa-a-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/susana-regresa-a-casa\/","title":{"rendered":"Susana regresa a casa"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"64870\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">52<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Susana siempre hab\u00eda sido esa chica que no destacaba por su belleza, pero conquistaba con su sonrisa eterna y su verborrea inagotable. A los 19 a\u00f1os, con sus gafas azules modernas enmarcando unos ojos vivaces, su cuerpo regordete y sus curvas suaves, no era la t\u00edpica reina de la universidad. Pero su simpat\u00eda la hac\u00eda irresistible: charlaba con todo el mundo, contaba an\u00e9cdotas divertidas y siempre ten\u00eda una r\u00e9plica ingeniosa. Por eso, cuando decidi\u00f3 independizarse, lo hizo con la cabeza alta. \u201cNecesito mi espacio\u201d, le dijo a su padre, empacando sus cosas en una maleta ra\u00edda.<\/p>\n<p>Seis meses despu\u00e9s, el sue\u00f1o se desmoron\u00f3. El alquiler devoraba su sueldo de camarera a media jornada, y las facturas se acumulaban como nubes de tormenta. No le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que volver a casa, con la cola entre las piernas.<\/p>\n<p>Su padre, un hombre viudo de 45 a\u00f1os, ya no viv\u00eda solo. Ahora compart\u00eda la casa con Vanesa, una mujer de 38 a\u00f1os, alta y curvil\u00ednea, con el cabello negro azabache y una autoridad natural que intimidaba. Y estaba Pedro, el hijo de Vanesa, de 18 a\u00f1os: alto, atl\u00e9tico, con ojos verdes penetrantes y una sonrisa ladeada que hac\u00eda que las chicas en el instituto se derritieran. Susana lo vio por primera vez al cruzar la puerta, y sinti\u00f3 un cosquilleo inesperado. \u201cBienvenida a la familia\u201d, dijo \u00e9l, extendiendo la mano con una calidez que la desarm\u00f3.<\/p>\n<p>Discutieron su regreso en la cocina, bajo la luz fr\u00eda de la l\u00e1mpara colgante. El padre parec\u00eda aliviado, pero Vanesa cruz\u00f3 los brazos, evalu\u00e1ndola. \u201cPuedes quedarte, pero hay reglas. Toque de queda a las once, ayuda en la casa, y si las rompes\u2026 disciplina.\u201d Susana frunci\u00f3 el ce\u00f1o, pero firm\u00f3 el papel que le pusieron delante: un acuerdo casero, casi rid\u00edculo, donde aceptaba vivir all\u00ed y someterse a \u201cmedidas correctivas\u201d si incumpl\u00eda. \u201cEs por tu bien\u201d, dijo su padre, d\u00e1ndole una palmada en el hombro. Ella pens\u00f3 que era una formalidad, nada serio.<\/p>\n<p>La adaptaci\u00f3n fue dura. Por las noches, el silencio de la casa vieja se romp\u00eda con los gemidos ahogados de su padre y Vanesa. El muelle oxidado de la cama cruj\u00eda r\u00edtmicamente, como un metr\u00f3nomo er\u00f3tico, record\u00e1ndole que la intimidad ajena estaba a solo una pared de distancia. Susana se tapaba los o\u00eddos, pero no pod\u00eda evitar imagin\u00e1rselos: los cuerpos sudados entrelazados, las manos explorando curvas familiares. Le provocaba un calor inc\u00f3modo entre las piernas, una mezcla de envidia y excitaci\u00f3n que la hac\u00eda revolverse en la cama.<\/p>\n<p>Al desayuno, se cruzaba con Pedro. \u00c9l, con el pelo revuelto del sue\u00f1o, en camiseta ajustada que marcaba sus pectorales, la miraba con una intensidad que la pon\u00eda nerviosa. \u201c\u00bfDormiste bien?\u201d, preguntaba, sirvi\u00e9ndose cereales, y sus ojos bajaban un segundo a sus caderas. Susana respond\u00eda con su verborrea habitual: \u201c\u00a1Puf, como una marmota en hibernaci\u00f3n! \u00bfY t\u00fa, futuro deportista?\u201d. Pero por dentro, notaba c\u00f3mo su presencia la alteraba. Lo que m\u00e1s le fastidiaba era el toque de queda: volver a las once como una adolescente la hac\u00eda sentir atrapada.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, sin querer, entr\u00f3 en el ba\u00f1o compartido. La puerta no estaba cerrada con llave, y all\u00ed estaba Pedro, de espaldas, orinando. Susana se qued\u00f3 paralizada un segundo: vio los calzoncillos blancos bajados a media nalga, revelando un culo firme con vello joven y oscuro esparcido como una sombra incipiente. Y el pene\u2026 abultado, hinchado, probablemente de una paja reciente. \u00c9l se gir\u00f3 ligeramente, sobresaltado, pero no grit\u00f3. Solo se subi\u00f3 los calzoncillos con prisa y murmur\u00f3: \u201cTranquila, no pasa nada\u201d. Susana sali\u00f3 roja como un tomate, mortificada. Por fortuna, Pedro no lo aire\u00f3. Pero desde entonces, sus miradas en el desayuno ten\u00edan un matiz nuevo, como si compartieran un secreto picante.<\/p>\n<p>La universidad era su escape. Ese viernes, despu\u00e9s de clases, se qued\u00f3 con amigos. Jaime, un chico moreno y descarado, la acorral\u00f3 en el bar con cervezas y risas. El alcohol flu\u00eda, y pronto estaban bes\u00e1ndose en un rinc\u00f3n oscuro. Sus manos bajaron a su culo regordete, apret\u00e1ndolo con descaro, amasando la carne blanda bajo los vaqueros. Susana se dej\u00f3 llevar: el calor de su boca, el roce de sus dedos, la excitaci\u00f3n creciendo en su entrepierna. \u201cEres tan suave\u201d, murmur\u00f3 \u00e9l, y ella rio, respondiendo con su simpat\u00eda: \u201c\u00a1Cuidado, que muerdo!\u201d.<\/p>\n<p>Se le fue el tiempo.<\/p>\n<p>Cuando mir\u00f3 el reloj, eran las doce y media.<\/p>\n<p>Corri\u00f3 a casa, el coraz\u00f3n lati\u00e9ndole fuerte. Entr\u00f3 con sigilo, pasando frente a la habitaci\u00f3n de sus \u201cpadres\u201d. El muelle cruj\u00eda a\u00fan, pero se detuvo. Pedro sal\u00eda del ba\u00f1o en calzoncillos, el bulto frontal evidente, la piel morena brillando bajo la luz tenue. La vio y levant\u00f3 una ceja. Susana le hizo un gesto de silencio, y \u00e9l asinti\u00f3, con una sonrisa c\u00f3mplice. Pero entonces, la puerta de la habitaci\u00f3n se abri\u00f3. Vanesa sali\u00f3 en ropa interior: un sujetador negro que realzaba sus pechos generosos y unas braguitas de encaje que dejaban poco a la imaginaci\u00f3n. Su piel estaba sonrosada, el pelo revuelto; claramente acababa de follar. Se\u00f1al\u00f3 el reloj de pared con una u\u00f1a roja.<\/p>\n<p>\u2014Llegas tarde. Prep\u00e1rate para el castigo.<\/p>\n<p>Susana sinti\u00f3 un nudo en el est\u00f3mago. Se meti\u00f3 en su habitaci\u00f3n, el p\u00e1nico subiendo como bilis. \u201cMe largo ahora mismo\u201d, pens\u00f3, mirando la ventana. Pero la realidad la aplast\u00f3: sin dinero, sin amigos cerca, \u00bfad\u00f3nde ir\u00eda? Se sent\u00f3 en la cama, baj\u00f3 la cabeza y se resign\u00f3. El castigo era inevitable, y algo en ella, quiz\u00e1s la culpa o un morbo oculto, la hac\u00eda quedarse.<\/p>\n<p>Vanesa entr\u00f3 minutos despu\u00e9s, con un cintur\u00f3n de cuero ancho en la mano, el mismo que usaba su padre para \u201ccorregir\u201d a su propia mujer. Susana la mir\u00f3, ingenua.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9 es eso?<\/p>\n<p>\u2014Para calentarte el culo. Incl\u00ednate sobre la cama.<\/p>\n<p>Susana trag\u00f3 saliva. Se levant\u00f3 y vio que la puerta estaba abierta. \u201cCierra la puerta\u201d, pens\u00f3, pero Vanesa intuy\u00f3 lo que pensaba.<\/p>\n<p>\u2014En esta casa, los castigos no se esconden. Todo el mundo aprende.<\/p>\n<p>La chica protest\u00f3, pero obedeci\u00f3. Se inclin\u00f3, apoyando las manos en el colch\u00f3n. Vanesa chasque\u00f3 la lengua.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed no. Pantalones y braguitas abajo.<\/p>\n<p>Susana se enderez\u00f3, roja de verg\u00fcenza. \u201c\u00bfQu\u00e9? \u00a1No!\u201d. Pero la mirada de Vanesa era acero. Con manos temblorosas, se baj\u00f3 los vaqueros y las braguitas rosas, dejando al aire su culo regordete, blanco y suave, con unas estr\u00edas leves en las caderas. El aire fresco le eriz\u00f3 la piel, y sinti\u00f3 la vulnerabilidad total: expuesta, infantilizada.<\/p>\n<p>Vanesa se acerc\u00f3, separando ligeramente las nalgas para inspeccionar. \u201cVaya, vaya\u2026 pelitos en el culo\u201d. Susana balbuce\u00f3: \u201c\u00a1No es nada! \u00a1Por favor!\u201d. Pero Vanesa sali\u00f3 y volvi\u00f3 con unas pinzas de depilar, plateadas y afiladas.<\/p>\n<p>\u2014No te muevas. Si te mueves, llamo a mi hijo para que nos ayude.<\/p>\n<p>La amenaza la paraliz\u00f3. La idea de Pedro vi\u00e9ndola as\u00ed, sujet\u00e1ndola\u2026 era humillante. Obedeci\u00f3. Vanesa se arrodill\u00f3, y la chica separ\u00f3 sus propias nalgas haciendo uso de sus manos, exponiendo el ano rosado y fruncido. Hab\u00eda solo cinco o seis pelitos oscuros. Cada tir\u00f3n era un pinchazo agudo, como una aguja caliente. Susana mordi\u00f3 la s\u00e1bana, l\u00e1grimas brotando, pero el dolor era soportable. Lo peor era la intimidad violada: el roce de los dedos de Vanesa, el aliento c\u00e1lido cerca de su piel sensible. Cuando termin\u00f3, el ano estaba limpio, enrojecido, hipersensible.<\/p>\n<p>Ahora, el cintur\u00f3n. Vanesa lo dobl\u00f3, probando el chasquido en el aire. \u201cVeinte. Cuenta\u201d. El primer golpe cay\u00f3 con fuerza, un ardor explosivo que le arranc\u00f3 un gemido. Susana apret\u00f3 los dientes, pero al tercero, las l\u00e1grimas rodaron. Cada azote resonaba en la habitaci\u00f3n, la carne temblando, enrojeci\u00e9ndose en franjas cruzadas. Al d\u00e9cimo, sollozaba abiertamente, el escozor como fuego. Sab\u00eda que Pedro y su padre lo o\u00edan todo: los golpes, sus quejas, su humillaci\u00f3n. Al veinte, se derrumb\u00f3 en la cama, el culo ardiendo, las nalgas marcadas.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, el desayuno fue tenso. Pedro la mir\u00f3 con una mezcla de compasi\u00f3n y algo m\u00e1s, un brillo curioso. No dijo nada, pero Susana sinti\u00f3 su mirada en su trasero cuando se levant\u00f3 por caf\u00e9. Por la tarde, los padres se fueron a una cena.<\/p>\n<p>Ella estaba castigada, estudiando en su cuarto.<\/p>\n<p>Pedro llam\u00f3 a la puerta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s bien? \u2014pregunt\u00f3, entrando con una sonrisa t\u00edmida.<\/p>\n<p>Estaba guapo: vaqueros ajustados, camiseta que marcaba sus hombros. Educado, comprensivo.<\/p>\n<p>Susana levant\u00f3 la vista, sus gafas azules resbalando un poco. \u201cS\u00ed, solo\u2026 estudiando\u201d.<\/p>\n<p>Pero la qu\u00edmica flotaba: el secreto compartido, la soledad, el atractivo de \u00e9l. Charlaron: ella con su verborrea, cont\u00e1ndole an\u00e9cdotas de la uni; \u00e9l riendo, acerc\u00e1ndose. Pronto, los besos llegaron, suaves al principio, intensos despu\u00e9s. La ropa sobr\u00f3: \u00e9l le quit\u00f3 la camiseta, besando su cuello, bajando a las tetas suaves y pesadas, lamiendo los pezones endurecidos con la lengua caliente y h\u00fameda. Susana jade\u00f3, sus manos en el pelo de \u00e9l.<\/p>\n<p>La mano de Pedro baj\u00f3 a su culo, amasando las nalgas a\u00fan sensibles, el escozor reviviendo con cada apret\u00f3n. \u201cCuidado\u2026\u201d, murmur\u00f3 ella, pero el placer ahogaba la molestia y ella, de ninguna manera, quer\u00eda renunciar a \u00e9l.<\/p>\n<p>Se tumbaron en la cama, desnudos.<\/p>\n<p>\u00c9l sac\u00f3 un cond\u00f3n de su bolsillo, se lo puso con prisa.<\/p>\n<p>La penetr\u00f3 despacio, llen\u00e1ndola con su pene abultado, el mismo que hab\u00eda visto por accidente.<\/p>\n<p>Susana gimi\u00f3, el dolor del culo fundi\u00e9ndose con el placer intenso: cada embestida rozaba su cl\u00edtoris, sus paredes internas contray\u00e9ndose. \u201cEst\u00e1s tan buena\u201d, gru\u00f1\u00f3 \u00e9l, acelerando. Ella se arque\u00f3, clavando las u\u00f1as en su espalda, el orgasmo llegando como una ola: un temblor profundo, un grito ahogado, el \u00e9xtasis borrando todo.<\/p>\n<p>Se quedaron abrazados, sudados, riendo bajito.<\/p>\n<p>Susana pens\u00f3: quiz\u00e1s este regreso no era tan malo despu\u00e9s de todo.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_64870\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"64870\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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