{"id":65149,"date":"2026-03-28T00:50:41","date_gmt":"2026-03-27T23:50:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=65149"},"modified":"2026-03-27T20:00:29","modified_gmt":"2026-03-27T19:00:29","slug":"dilema-de-una-buena-tia-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/dilema-de-una-buena-tia-4\/","title":{"rendered":"Dilema de una buena t\u00eda (4)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"65149\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">66<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La puerta del dormitorio son\u00f3 como un disparo en el silencio espeso de la casa.<\/p>\n<p>Mis pasos fueron los primeros, mec\u00e1nicos, como si caminara sobre un filo. Los de do\u00f1a Carmen, justo detr\u00e1s de m\u00ed, eran m\u00e1s lentos, arrastrados por un peso que no era f\u00edsico. El pasillo, de pronto, se sinti\u00f3 kilom\u00e9trico. La luz del sal\u00f3n, que entraba a trav\u00e9s del arco, era demasiado brillante, demasiado cruda.<\/p>\n<p>Diego segu\u00eda en el mismo sitio, recostado en el sof\u00e1. El short de algod\u00f3n fino era una mentira de tela. La forma de su erecci\u00f3n, gruesa, recta, obscenamente definida contra el tejido, nos recibi\u00f3 como un desaf\u00edo silencioso. \u00c9l no se movi\u00f3. Solo sus ojos, oscuros y cargados de una comprensi\u00f3n que me hel\u00f3 la sangre, se desplazaron desde la pantalla del televisor hasta nosotras.<\/p>\n<p>\u2014T\u00eda \u2014dijo, y su voz era ronca, diferente.<\/p>\n<p>\u2014Diego \u2014respond\u00ed, pero el nombre se me ator\u00f3 en la garganta.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmen se adelant\u00f3 un paso. En su postura a\u00fan quedaba un vestigio de autoridad, de la mujer que se abotonaba hasta el cuello. Pero sus manos, entrelazadas frente a su falda, temblaban ligeramente.<\/p>\n<p>\u2014Muchacho \u2014comenz\u00f3, con el tono que usaba para rega\u00f1ar a Andr\u00e9s de peque\u00f1o\u2014. Sof\u00eda y yo hemos hablado. Ese\u2026 malestar que describes. No es sano. Un hombre no puede estar as\u00ed. La congesti\u00f3n puede traer problemas mayores.<\/p>\n<p>Era un discurso m\u00e9dico, prestado, hueco. Diego la mir\u00f3, sin pesta\u00f1ear.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 podemos hacer, do\u00f1a Carmen? \u2014pregunt\u00f3, y su inocencia sonaba falsa. Demasiado perfecta. Era la pregunta de un ni\u00f1o perdido, pero sus ojos no eran los de un ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmen trag\u00f3 saliva. El sonido fue seco, audible en la quietud de la sala.<\/p>\n<p>\u2014Podemos\u2026 ayudarte \u2014dijo, y las palabras cayeron como piedras en un estanque\u2014. Yo puedo\u2026 empezar. Con la mano. Es lo que hace una enfermera. Por salud.<\/p>\n<p>El silencio que sigui\u00f3 fue absoluto. Diego no dijo nada. Solo su respiraci\u00f3n se hizo un poco m\u00e1s profunda, y el bulto en su entrepierna pareci\u00f3 crecer, latir bajo la tela delgada.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmen se acerc\u00f3. Sus pasos eran lentos, medidos. Se detuvo junto al sof\u00e1, y por un momento, la vi congelada, mirando aquella prominencia como si fuera una serpiente a la que deb\u00eda dominar. Luego, con un movimiento que pareci\u00f3 costarle una fuerza sobrehumana, extendi\u00f3 la mano.<\/p>\n<p>Sus dedos, p\u00e1lidos y con venas marcadas, se posaron sobre la tela del short, justo en la punta de la erecci\u00f3n. Diego emiti\u00f3 un jadeo sordo, involuntario, y cerr\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmen comenz\u00f3 a frotar. Al principio, con torpeza, a trav\u00e9s de la tela. Un movimiento circular, t\u00edmido, profesional. Pero la tela se oscureci\u00f3 casi de inmediato, empapada por la humedad que ya rezumaba. El sonido era h\u00famedo, vergonzoso. Diego gimi\u00f3, y su pelvis se arque\u00f3 ligeramente, buscando la presi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed\u2026 \u2014murmur\u00f3 do\u00f1a Carmen, pero ya no nos hablaba a nosotras. Se hablaba a s\u00ed misma\u2014. As\u00ed es como debe ser. Por salud.<\/p>\n<p>Sus dedos se enconaron. Tir\u00f3 del el\u00e1stico del short hacia abajo, solo lo suficiente. La cabeza del pene, viol\u00e1cea, brillante de l\u00edquido preseminal, emergi\u00f3 sobre el borde de la tela. Do\u00f1a Carmen contuvo la respiraci\u00f3n. Luego, con decisi\u00f3n repentina, envolvi\u00f3 su pu\u00f1o alrededor del miembro y comenz\u00f3 a masturbarlo con movimientos largos y firmes.<\/p>\n<p>Yo no pod\u00eda moverme. No pod\u00eda respirar. La escena me clavaba los pies al suelo. Ver la mano de mi suegra, esa mano que s\u00f3lo hab\u00eda visto sostener rosarios y planchar camisas, desliz\u00e1ndose con avidez sobre la carne hinchada de mi sobrino\u2026 era una profanaci\u00f3n. Y era lo m\u00e1s excitante que hab\u00eda visto en mi vida.<\/p>\n<p>El sonido era obsceno. El roce de su piel contra la suya, h\u00famedo, r\u00e1pido. Los gemidos bajos y animales que Diego ya no pod\u00eda contener. Do\u00f1a Carmen jadeaba, su rostro estaba congestionado, y una gota de sudor le corr\u00eda por la sien. Sus ojos estaban fijos en su trabajo, con una concentraci\u00f3n feroz, devota.<\/p>\n<p>Pero pasaron los minutos, y aunque el pene de Diego palpitaba y goteaba, aunque su cuerpo se tensaba en oleadas de placer, el cl\u00edmax no llegaba. \u00c9l abri\u00f3 los ojos, vidriosos de frustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014No\u2026 no puedo \u2014jade\u00f3\u2014. Lo siento, do\u00f1a Carmen. No es suficiente. Duele\u2026 duele m\u00e1s.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmen se detuvo. Su mano segu\u00eda agarrada a \u00e9l, temblando. Me mir\u00f3. En sus ojos ya no hab\u00eda c\u00e1lculo, ni justificaci\u00f3n. Solo hab\u00eda p\u00e1nico, y debajo del p\u00e1nico, una necesidad tan voraz como la m\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Sof\u00eda \u2014susurr\u00f3\u2014. La blusa. Ahora.<\/p>\n<p>No fue una orden. Fue una s\u00faplica.<\/p>\n<p>Mis dedos, entumecidos, encontraron los botones de mi blusa. Cada uno que se abr\u00eda era una rendici\u00f3n, una confesi\u00f3n muda. La tela se separ\u00f3. El aire fr\u00edo de la sala me golpe\u00f3 los pechos, y mis pezones, ya duros y sensibles, se erizaron al instante. No llevaba sost\u00e9n.<\/p>\n<p>Diego emiti\u00f3 un sonido gutural. Sus ojos se clavaron en m\u00ed con una intensidad que me quem\u00f3 la piel.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed \u2014dijo do\u00f1a Carmen, y su voz era ronca de excitaci\u00f3n\u2014. M\u00edrala, muchacho. M\u00edrala bien.<\/p>\n<p>Su mano reanud\u00f3 el movimiento, m\u00e1s r\u00e1pida, m\u00e1s desesperada. Yo me qued\u00e9 all\u00ed, inm\u00f3vil, ofreci\u00e9ndome. El rubor me sub\u00eda por el cuello, pero la humedad entre mis piernas era un r\u00edo indetenible. Esto era pecado. Esto era traici\u00f3n. Y mi cuerpo, al borde del abismo, cantaba de gozo.<\/p>\n<p>A\u00fan no era suficiente.<\/p>\n<p>Los m\u00fasculos del vientre de Diego se contra\u00edan, su respiraci\u00f3n era un jadeo fren\u00e9tico, pero el alivio no llegaba. Su mirada, suplicante, se pos\u00f3 en mi sexo, oculto bajo la falda.<\/p>\n<p>\u2014Sof\u00eda\u2026 \u2014gimi\u00f3 do\u00f1a Carmen, y en su voz hab\u00eda l\u00e1grimas de frustraci\u00f3n carnal\u2014. Lo otro. Lo que hablamos.<\/p>\n<p>No. No pod\u00eda. Era la l\u00ednea. La \u00faltima l\u00ednea.<\/p>\n<p>Pero la l\u00ednea ya se hab\u00eda cruzado hac\u00eda rato, y solo nos hab\u00edamos mentido para no verlo.<\/p>\n<p>Con movimientos que no sent\u00eda m\u00edos, me di la vuelta. Agarr\u00e9 el borde de mi falda y la levant\u00e9 lentamente, por encima de mis caderas, exponiendo las nalgas y, finalmente, la tela empapada de mi tanga. Un hilillo de mi propia excitaci\u00f3n hab\u00eda bajado por mi muslo interno.<\/p>\n<p>Eso debi\u00f3 bastar como estimulo suficiente para Diego. Pero yo no escuchaba.<\/p>\n<p>Algo m\u00e1s antiguo que la raz\u00f3n, m\u00e1s hambriento que el miedo, tom\u00f3 el control de mis dedos. Sin que nadie me lo pidiera, sin que hubiera palabra ni gesto que lo justificara, mis pulgares se engancharon en el el\u00e1stico de la tanga. La lujuria me guiaba como un hilo invisible, tensado por los jadeos de Diego, por la urgencia desesperada en la voz de Carmen, por la presi\u00f3n de ese momento que parec\u00eda desgarrar el tiempo mismo.<\/p>\n<p>La baj\u00e9. Lento. Deliberadamente seductora.<\/p>\n<p>La tela h\u00fameda se desliz\u00f3 por mis muslos, cent\u00edmetro a cent\u00edmetro, hasta quedar enredada en mis rodillas. El aire fr\u00edo me golpe\u00f3 la piel expuesta. Mi sexo, completamente depilado, brillaba bajo la luz del sal\u00f3n, hinchado y visiblemente mojado, los pliegues separados por la excitaci\u00f3n, el cl\u00edtoris erguido y expuesto como una ofrenda profanada.<\/p>\n<p>Diego dej\u00f3 de respirar.<\/p>\n<p>Su mirada se clav\u00f3 en m\u00ed con una intensidad que sent\u00ed f\u00edsica, una quemadura en la carne de mis nalgas. Era m\u00e1s que deseo. Era hambre de algo que no sab\u00eda nombrar, que no pod\u00eda entender todav\u00eda, pero que su cuerpo joven registraba con absoluta certeza: esto, esto era la fruta prohibida, el recuerdo que se grabar\u00eda en \u00e9l para siempre, el fantasma que perseguir\u00eda en cada mujer futura, en cada oscuridad, en cada mano propia que no fuera suficiente.<\/p>\n<p>Lo sab\u00eda. A nivel subconsciente, animal, lo sab\u00eda.<\/p>\n<p>Y aun as\u00ed, no pude detenerme.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 as\u00ed, inm\u00f3vil, ofreci\u00e9ndome. La humedad de mi excitaci\u00f3n brillaba obscenamente, invitando. Provocando. Desafiando al muchacho a que me olvidara, a que alguna vez volviera a sentirse completo sin esta imagen grabada en su memoria.<\/p>\n<p>El grito de Diego fue ahogado, brutal. Su cuerpo se convulsion\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ahora! \u2014rugi\u00f3 do\u00f1a Carmen, y su mano se convirti\u00f3 en un pist\u00f3n fren\u00e9tico.<\/p>\n<p>\u2014Dios santo \u2014susurr\u00f3 do\u00f1a Carmen, y su voz era de puro terror.<\/p>\n<p>Pero su mano no se detuvo.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando \u00e9l rompi\u00f3. Un gemido largo, desgarrado, sali\u00f3 de su garganta. Su cuerpo se arque\u00f3 como un arco, separ\u00e1ndose del sof\u00e1. Y yo, con la falda a\u00fan levantada, vi c\u00f3mo, por primera vez, la punta de su pene se abr\u00eda y un chorro grueso y blanco sal\u00eda disparado, seguido por otro, y otro, manchando su vientre, la mano de do\u00f1a Carmen, el sof\u00e1.<\/p>\n<p>El olor, acre y masculino, llen\u00f3 la sala al instante.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmen no solt\u00f3 el miembro hasta que dej\u00f3 de palpitar. Jadeaba, mirando la leche que goteaba de sus nudillos con una expresi\u00f3n de asombro absoluto. Luego, lentamente, como despertando de un trance, levant\u00f3 la vista hacia m\u00ed.<\/p>\n<p>Yo baj\u00e9 la falda. Me di la vuelta. Nos miramos.<\/p>\n<p>Diego gimi\u00f3, un sonido d\u00e9bil y satisfecho, y se dej\u00f3 caer de espaldas en el sof\u00e1. Sus ojos estaban cerrados, una expresi\u00f3n de alivio total, casi beat\u00edfica, le relajaba los rasgos. El miembro, a\u00fan semierecto y brillante, reposaba sobre su vientre, en medio del desorden que hab\u00edamos provocado. La inocencia forzada hab\u00eda desaparecido por completo. Ahora solo hab\u00eda un joven saciado, y el poder que ejerc\u00eda sobre nosotras nunca hab\u00eda sido m\u00e1s claro, ni m\u00e1s aterrador.<\/p>\n<p>\u2014Gracias \u2014murmur\u00f3, sin abrir los ojos. La palabra son\u00f3 genuina, infantil casi, y eso lo hizo infinitamente peor.<\/p>\n<p>El silencio que sigui\u00f3 fue casi sagrado.<\/p>\n<p>Diego solt\u00f3 un largo suspiro de satisfacci\u00f3n y, con movimientos lentos y pesados, se incorpor\u00f3 hasta quedar sentado en el sof\u00e1. Su miembro a\u00fan semierecto descansaba sobre su vientre, brillando bajo la luz del sal\u00f3n.<\/p>\n<p>En ese preciso momento, do\u00f1a Carmen \u2014que segu\u00eda arrodillada frente a \u00e9l\u2014 gir\u00f3 bruscamente el torso hacia m\u00ed, todav\u00eda en cuclillas, como si intentara esconderse de \u00e9l. Su rostro estaba congestionado, los ojos muy abiertos y brillantes. La falda se le hab\u00eda subido casi hasta la cintura en la posici\u00f3n en la que estaba, dejando sus muslos p\u00e1lidos completamente expuestos.<\/p>\n<p>Entonces lo vi.<\/p>\n<p>Su mano derecha estaba entre sus piernas, presionando con fuerza sobre la tela de sus bragas. Justo en el centro hab\u00eda una mancha oscura y grande de humedad que se extend\u00eda obscenamente. Sus dedos se mov\u00edan en peque\u00f1os c\u00edrculos lentos, casi inconscientes, como si su cuerpo actuara por cuenta propia.<\/p>\n<p>Cuando nuestras miradas se encontraron, do\u00f1a Carmen me lanz\u00f3 una mirada c\u00f3mplice, casi desesperada. Sus ojos dec\u00edan claramente: No s\u00e9 qu\u00e9 le pasa a mi cuerpo\u2026 no puedo controlarlo.<\/p>\n<p>Por un instante eterno, ninguna de las dos habl\u00f3. Solo nos miramos, compartiendo esa verg\u00fcenza ardiente y esa excitaci\u00f3n traicionera.<\/p>\n<p>Luego, como si despertara de un sue\u00f1o, do\u00f1a Carmen pareci\u00f3 darse cuenta de lo que estaba haciendo. Sus dedos se detuvieron bruscamente. Parpade\u00f3 varias veces, horrorizada consigo misma. Con un esfuerzo visible, apart\u00f3 la mano de entre sus piernas y se levant\u00f3 torpemente, baj\u00e1ndose la falda en c\u00e1mara lenta. Lo hizo d\u00e1ndole la espalda a Diego, como si al no verlo, \u00e9l tampoco pudiera verla a ella.<\/p>\n<p>La tela descendi\u00f3 con lentitud vergonzosa sobre sus muslos, cubriendo la evidencia de su excitaci\u00f3n. Cuando por fin la falda estuvo en su sitio, do\u00f1a Carmen se qued\u00f3 quieta un segundo, respirando agitadamente, con la mirada clavada en el suelo.<\/p>\n<p>Diego, a\u00fan sentado en el sof\u00e1, no pareci\u00f3 notar nada. Ten\u00eda los ojos entrecerrados, respirando con calma, disfrutando del agotamiento placentero que le hab\u00edamos regalado.<\/p>\n<p>Yo, en cambio, no pod\u00eda apartar la imagen de la mente: la mano de mi suegra temblando entre sus piernas, la mancha oscura en sus bragas, esa mirada de absoluta rendici\u00f3n que me hab\u00eda dedicado.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmen finalmente se atrevi\u00f3 a mirarme de nuevo. Esta vez ya no hab\u00eda justificaci\u00f3n m\u00e9dica ni discurso de &#8220;por salud&#8221;. Solo quedaba una verdad cruda flotando entre nosotras:<\/p>\n<p>Las dos est\u00e1bamos perdidas.<\/p>\n<p>Diego murmur\u00f3 casi dormido, con voz satisfecha:<\/p>\n<p>\u2014Gracias\u2026 de verdad.<\/p>\n<p>Ninguna de las dos contest\u00f3.<\/p>\n<p>El reloj sigui\u00f3 tic-tac, indiferente, mientras el olor a sexo segu\u00eda flotando espeso en el aire, record\u00e1ndonos lo que ya no podr\u00edamos borrar nunca.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_65149\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"65149\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>En ese preciso momento, do\u00f1a Carmen \u2014que segu\u00eda arrodillada frente a \u00e9l\u2014 gir\u00f3 bruscamente el torso hacia m\u00ed, todav\u00eda en cuclillas, como si intentara esconderse de \u00e9l. Su rostro estaba congestionado, los ojos muy abiertos y brillantes. La falda se le hab\u00eda subido casi hasta la cintura en la posici\u00f3n en la que estaba, dejando sus muslos p\u00e1lidos completamente expuestos<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_65149\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"65149\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":32647,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-65149","post","type-post","status-publish","format-standard","category-amor-filial"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":9333,"today_views":16},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65149","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32647"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=65149"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65149\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":65151,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65149\/revisions\/65151"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=65149"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=65149"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=65149"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}