{"id":65936,"date":"2026-06-01T00:22:53","date_gmt":"2026-05-31T22:22:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=65936"},"modified":"2026-05-31T21:00:59","modified_gmt":"2026-05-31T19:00:59","slug":"febrero-de-2000-madre-e-hija","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/febrero-de-2000-madre-e-hija\/","title":{"rendered":"Febrero de 2000. Madre e Hija"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"65936\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">4<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El verano todav\u00eda pegaba fuerte en la ciudad, la fiesta popular hab\u00eda te\u00f1ido cada esquina de papelitos y serpentinas. Yo hab\u00eda vuelto temprano del show donde toque como telonero, en las calles Rodrigo sonaba omnipresente donde quiera que se estuviera \u201cA 2000\u201d. Reci\u00e9n separado, treinta y un a\u00f1os, me hab\u00eda refugiado en la m\u00fasica y en la docencia como quien se refugia en un bunker.<\/p>\n<p>No esperaba que aquella noche cambiara todo.<\/p>\n<p>Estaba invitado a una juntada, al reencuentro previo al calendario acad\u00e9mico que se hac\u00eda en casa de Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Mi compa\u00f1era de c\u00e1tedra en Arte y M\u00fasica Contempor\u00e1nea, esa pelirroja de cuarenta a\u00f1os que despachaba teor\u00eda est\u00e9tica con la misma precisi\u00f3n con la que ocultaba su colecci\u00f3n de Ana\u00efs Nin en la biblioteca de su dormitorio. La conoc\u00eda desde hac\u00eda tres a\u00f1os: estricta, esbelta, con perfumes franceses a flor de piel que impregnaba cada sala por la que pasaba. Nunca imagin\u00e9 que bajo sus faldas de tubo y sus blusas de cuello alto se escond\u00eda alguien que fantaseaba con arneses de cinturonga y la piel de otras mujeres.<\/p>\n<p>Su hija Helena estaba de visita. Veinti\u00fan a\u00f1os, estudiante de Letras, una rubia de piernas interminables que ocultaba tras lentes de carey demasiado grandes para su rostro lo que v\u00f3ley le hab\u00eda esculpido en los muslos y las caderas. La hab\u00eda visto algunas veces en la facultad: siempre con un libro, siempre apartada, siempre aparentando inocencia. No sab\u00eda entonces que bajo esos vestidos amplios se ocultaba una criatura morbosa que gem\u00eda con la boca abierta cuando la sujetaban con pa\u00f1uelos de seda.<\/p>\n<p>La fiesta en lo de Mar\u00eda era informal. Unos colegas, mesa regada con buenos vinos, discusi\u00f3n sobre instalaciones sonoras mientras Rodrigo segu\u00eda sonando de fondo en la zona del quincho, donde algunos bailaban. Helena se qued\u00f3 en la sala, fingiendo inter\u00e9s en la charla de otro colega, pero sus ojos \u2014esos ojos claros que los lentes no lograban ocultar del todo\u2014 me segu\u00edan cada vez que me mov\u00eda.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, por su parte, se hab\u00eda empinado el tercer vaso de Malbec antes que yo llegue. Rara vez la ve\u00eda as\u00ed: desinhibida, riendo demasiado alto, roz\u00e1ndome el hombro cada vez que pasaba. &#8220;Jorge, toca algo&#8221;, me ped\u00eda, cuando lo hice, ella cerraba los ojos con una expresi\u00f3n que no ten\u00eda nada que ver con la m\u00fasica.<\/p>\n<p>En lo mejor de la joda se apagaron las luces.<\/p>\n<p>La oscuridad fue total, absoluta, seguida de los murmullos de los invitados y el chirrido de las sillas contra el piso de madera. Alguien buscaba velas y casi todos, se desped\u00edan y se iban. Mar\u00eda se hab\u00eda quedado en silencio, y yo sent\u00ed su mano en mi muslo antes de que mis ojos se adaptaran a la penumbra. &#8220;Qu\u00e9date&#8221;, susurr\u00f3, y su aliento ol\u00eda a vino y a algo m\u00e1s antiguo, m\u00e1s salvaje.<\/p>\n<p>Me levante para guardar la guitarra en el estuche, que hab\u00eda quedado lejos y me encontr\u00e9 en la oscuridad, con un cuerpazo.<\/p>\n<p>Era Helena. En la confusi\u00f3n de las sombras, en el desorden, mis manos tropezaron con una cadera que no reconoc\u00ed, una cintura demasiado joven, demasiado firme. &#8220;\u00bfMar\u00eda?&#8221;, pregunt\u00e9 en voz baja. &#8220;No&#8221;, respondi\u00f3 una voz, y luego sent\u00ed sus labios en mi cuello, sus manos en mi cintur\u00f3n, su urgencia silenciosa. Y nos fuimos donde ella me llevo.<\/p>\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1nto dur\u00f3. El tiempo en la oscuridad es el\u00e1stico, traicionero. S\u00e9 que la tom\u00e9 contra la pared, que sus gemidos quedaron ahogados, que cuando mis dedos encontraron su humedad ella ya estaba lista, desesperada, que cuando la penetr\u00e9 por detr\u00e1s \u2014como ella quer\u00eda\u2014 sent\u00ed que algo se romp\u00eda en ella, alguna resistencia, alguna m\u00e1scara. Los pa\u00f1uelos de seda que llevaba en el bolsillo sirvieron para atarle las mu\u00f1ecas suavemente detr\u00e1s de la espalda. Se vino con la boca abierta contra la pared, aplastando su grito, y nos fuimos en penumbra y en silencio, encontr\u00e9 el estuche y guarde mi guitarra.<\/p>\n<p>Cuando volvi\u00f3 la luz, Helena buscaba algo en el sof\u00e1, los lentes de carey perfectamente acomodados, un libro en las manos que no hab\u00eda estado leyendo. Mar\u00eda, desde la cocina, nos observaba con una sonrisa que no logr\u00e9 descifrar. \u00bfHab\u00eda visto? \u00bfHab\u00eda escuchado? Los invitados se fueron todos, y yo me qued\u00e9, paralizado por la culpa y la excitaci\u00f3n que a\u00fan me recorr\u00eda las venas.<\/p>\n<p>Fue Mar\u00eda quien rompi\u00f3 el silencio.<\/p>\n<p>&#8220;Mi hija se fue a dormir&#8221;, dijo, sirvi\u00e9ndose otro vaso de vino. &#8220;Parece&#8230; contenta&#8221;. Su tono no era acusatorio. Era algo m\u00e1s peligroso: era c\u00f3mplice.<\/p>\n<p>&#8220;Mar\u00eda, yo&#8230; no sab\u00eda que era ella. La oscuridad&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;Lo s\u00e9&#8221;. Se sent\u00f3 a mi lado, demasiado cerca. Su olor me envolvi\u00f3. &#8220;Helena habla mucho de vos, tu inteligencia, tu forma de tocar. Tu&#8230;&#8221; hizo una pausa, sus ojos fijos en los m\u00edos, &#8220;&#8230; tu paciencia&#8221;.<\/p>\n<p>No supe qu\u00e9 responder. Mar\u00eda se inclin\u00f3, y su mano encontr\u00f3 la m\u00eda, todav\u00eda h\u00fameda del sexo con su hija. No apart\u00f3 los dedos. Al contrario: los entrelaz\u00f3 con los suyos.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfSabes qu\u00e9 leo cuando nadie me ve?&#8221;, pregunt\u00f3, y no esper\u00f3 respuesta. &#8220;Leo sobre mujeres que comparten. Sobre madres e hijas que encuentran placer en los mismos cuerpos. Sobre el arn\u00e9s y la entrega&#8221;. Su voz se hab\u00eda vuelto ronca, gutural. &#8220;Tres a\u00f1os llevo fantaseando con esto, Jorge. Tres a\u00f1os desde que te conoc\u00ed. Y esta noche, cuando escuch\u00e9 sus gemidos ahogados&#8230; no sent\u00ed celos. Sent\u00ed&#8230; hambre&#8221;.<\/p>\n<p>Lo que sigui\u00f3 no fue delicado. No fue rom\u00e1ntico. Fue salvaje, desesperado, el desenlace de una tensi\u00f3n que hab\u00edamos acumulado durante semestres enteros de clases compartidas y miradas furtivas. Mar\u00eda me empuj\u00f3 contra el respaldo del sof\u00e1, se mont\u00f3 encima de m\u00ed con agilidad y cuando se desvisti\u00f3 \u2014cuando vi sus pechos peque\u00f1os y firmes, su vientre plano, el vello rojizo entre sus piernas\u2014 supe que hab\u00eda estado deseando esto tanto como yo, aunque por razones diferentes.<\/p>\n<p>Me tom\u00f3 dentro de ella con un gemido que son\u00f3 a victoria. Se movi\u00f3 con una cadencia perfecta, calculada, como si dirigiera una orquesta. Y cuando estaba a punto de venirse, cuando sus u\u00f1as se clavaban en mis hombros, susurr\u00f3: &#8220;Ella lo sabe. Lo plane\u00f3. Los pa\u00f1uelos&#8230; yo se los di y el apag\u00f3n, nos bendijo&#8221;.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n me hizo estallar dentro de ella, un orgasmo tan intenso que vi estrellas. Mar\u00eda se termin\u00f3 segundos despu\u00e9s, mordi\u00e9ndose el labio hasta hacerlo sangrar, y se desplom\u00f3 sobre m\u00ed, jadeante, satisfecha.<\/p>\n<p>&#8220;Helena quiere aprender&#8221;, murmur\u00f3 contra mi pecho. &#8220;Y yo&#8230; quiero ense\u00f1arle. Con el cinturonga. Con nosotros. Los tres&#8221;.<\/p>\n<p>Esa noche, cuando Helena baj\u00f3 a la cocina en busca de agua \u2014con sus lentes de carey y su camis\u00f3n inocente\u2014 no hubo verg\u00fcenza. Solo una mirada c\u00f3mplice, un asentimiento, una invitaci\u00f3n t\u00e1cita.<\/p>\n<p>El tr\u00edo dur\u00f3 tres a\u00f1os. Tres a\u00f1os de encuentros en departamentos vac\u00edos, de tardes en que Mar\u00eda tomaba con su arn\u00e9s a su hija y yo enloquec\u00eda y observaba, aprend\u00eda, participaba. Tres a\u00f1os de sujeciones con pa\u00f1uelos de seda, de sexo anal que Helena ped\u00eda con una educaci\u00f3n que contrastaba con la crudeza de su deseo, de noches en las que madre e hija compart\u00edan no solo mi cuerpo sino sus propios secretos, sus propias caricias, sus propias confesiones.<\/p>\n<p>Nunca supe qui\u00e9n de las dos fue la verdadera arquitecta de aquella primera noche. Quiz\u00e1s ambas. Quiz\u00e1s la oscuridad fue solo una excusa, una cortina de humo para que lo inconfesable pudiera ocurrir sin culpas. Lo cierto es que cuando Rodrigo sonaba de fondo y el vino corr\u00eda, las dos mujeres sab\u00edan exactamente lo que hac\u00edan. Y callaron. Y disfrutaron. Y me arrastraron con ellas a un laberinto de carne y literatura er\u00f3tica del que nunca quise salir.<\/p>\n<p>El principio y el cl\u00edmax de esta relaci\u00f3n fue cuando llego una tercera musa, seis meses despu\u00e9s, cuando el calendario ya marcaba agosto y nuestra trinidad hab\u00eda desarrollado rituales propios: los jueves en el departamento de Mar\u00eda, los fines de semana en la casa de campo que Helena hered\u00f3 de su padre, los pa\u00f1uelos de seda que ahora ocupaban un caj\u00f3n entero junto al arn\u00e9s negro que Mar\u00eda hab\u00eda bautizado como &#8220;el profesor&#8221;.<\/p>\n<p>Helena la trajo una tarde de lluvia, bajo el pretexto de estudiar para un parcial de Literatura Comparada. Luc\u00eda, 22 a\u00f1os, morena de piel aceitunada y cabello negro que llevaba recogido en un mo\u00f1o severo. Estudiante de Bellas Artes, compa\u00f1era de taller de Nadia en grabado. La present\u00f3 como &#8220;mi amiga de las tatoos&#8221;, y cuando Luc\u00eda extendi\u00f3 la mano para saludarme, not\u00e9 que sus dedos estaban manchados de un azul \u00edndigo que no se lavaba, y que sus ojos \u2014caf\u00e9s, enormes, con pesta\u00f1as que nunca hab\u00edan visto r\u00edmel\u2014 me recorrieron de arriba abajo con una evaluaci\u00f3n que no ten\u00eda nada de ingenua.<\/p>\n<p>&#8220;Luc\u00eda lee lo mismo que yo&#8221;, dijo Helena aquella tarde, sirviendo t\u00e9 mientras Mar\u00eda observaba desde su sill\u00f3n con esa sonrisa de gata que ya conoc\u00eda. &#8220;Pero ella es m\u00e1s&#8230; visual&#8221;.<\/p>\n<p>La morena no se inmut\u00f3. Sentada en el borde del sof\u00e1 con sus faldas largas de lino beige y sus blusas de cuello cerrado, Luc\u00eda parec\u00eda haber salido de un cuadro de Vermeer: recatada, iluminada por una luz que no exist\u00eda, inalcanzable. Hasta que habl\u00f3.<\/p>\n<p>&#8220;Helena me cont\u00f3 sobre los pa\u00f1uelos&#8221;, dijo, y su voz era m\u00e1s grave de lo esperado, con un dejo de alg\u00fan pueblo del interior que arrastraba las erres. &#8220;Yo prefiero las cintas de tela. M\u00e1s anchas. Que dejen marcas&#8221;.<\/p>\n<p>Mar\u00eda dej\u00f3 su libro. El silencio se hizo denso, el\u00e9ctrico.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s te cont\u00f3 Nadia?&#8221;, pregunt\u00f3 Mar\u00eda, cruzando las piernas con esa elegancia que siempre preced\u00eda a la tormenta.<\/p>\n<p>Luc\u00eda nos mir\u00f3 a los tres. A m\u00ed, con una curiosidad intelectual que me record\u00f3 a Helena la primera noche. A Mar\u00eda, con un desaf\u00edo que solo las mujeres que han dominado a otras pueden reconocer. Y a Helena, con una complicidad que trascend\u00eda la amistad.<\/p>\n<p>&#8220;Me cont\u00f3 que ustedes saben callar para pasarlo bien&#8221;, dijo Luc\u00eda, y se llev\u00f3 la taza a los labios sin que le temblara la mano. &#8220;Yo tambi\u00e9n s\u00e9 callar&#8221;.<\/p>\n<p>Helena se sent\u00f3 junto a ella, y vi c\u00f3mo sus manos se buscaban bajo la mesa, c\u00f3mo sus dedos se entrelazaban con una familiaridad que suger\u00eda que esta &#8220;amistad&#8221; hab\u00eda sido ensayada en otros escenarios, con otros cuerpos. Luc\u00eda era, descubr\u00ed despu\u00e9s, la due\u00f1a de un apetito que complementaba el de Nadia: mientras la rubia gem\u00eda con la sujeci\u00f3n suave, la morena exig\u00eda la firmeza, la marca, el l\u00edmite exacto entre el dolor y el placer. Practicante de yoga que pod\u00eda doblarse en \u00e1ngulos imposibles, que ten\u00eda un tatuaje de serpiente en la base de la espalda que solo se ve\u00eda cuando la tomabas por detr\u00e1s, que gem\u00eda en lat\u00edn \u2014deus meus\u2014 cuando el orgasmo la sorprend\u00eda.<\/p>\n<p>La primera vez fue en esa misma tarde de lluvia. Mar\u00eda, como directora de orquesta que era, propuso la escena: Helena atada con sus propios pa\u00f1uelos, Luc\u00eda con las cintas de tela que sac\u00f3 de su mochila \u2014cintas de seda azul \u00edndigo, del mismo tono de sus manos\u2014, las dos en el suelo de la biblioteca, sobre alfombras persas que Mar\u00eda nunca hab\u00eda permitido que nadie pisara con zapatos.<\/p>\n<p>&#8220;Ens\u00e9\u00f1ale, Helena&#8221;, orden\u00f3 Mar\u00eda, y ya llevaba puesto el arn\u00e9s, el cinturonga negro que brillaba con la luz tormentosa. &#8220;Ens\u00e9\u00f1ale c\u00f3mo te gusta&#8221;.<\/p>\n<p>Lo que sigui\u00f3 fue un ballet de cuatro cuerpos que dur\u00f3 horas. Helena, sumisa pero guiando, mostr\u00e1ndole a Luc\u00eda c\u00f3mo se abr\u00eda para m\u00ed, c\u00f3mo ped\u00eda el sexo anal con una palabra \u2014&#8221;ahora&#8221;\u2014 que significaba todo un universo. Luc\u00eda, aprendiendo r\u00e1pido, descubriendo que ella prefer\u00eda la doble penetraci\u00f3n, que cuando Mar\u00eda la tomaba con el arn\u00e9s mientras yo estaba en su boca, sus ojos se pon\u00edan en blanco de placer, que las marcas de las cintas en sus mu\u00f1ecas la excitaban tanto como el propio acto, tanto como cuando el macho alfa le perforaba el culo a la due\u00f1a del cinturonga.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, por su parte, encontr\u00f3 en Luc\u00eda algo que ni Helena ni yo pod\u00edamos darle: una rival. Una mujer joven que no se somet\u00eda completamente, que devolv\u00eda cada caricia con otra m\u00e1s fuerte, que uni\u00f3 sus labios a los de mi compa\u00f1era de c\u00e1tedra en un beso que dur\u00f3 minutos mientras Helena y yo observ\u00e1bamos, excitados, fascinados.<\/p>\n<p>Las dos historias en paralelo se convirtieron en cuatro, en ocho, en una red de silencios c\u00f3mplices que se extendi\u00f3. Luc\u00eda compart\u00eda con Helena no solo los libros er\u00f3ticos \u2014desde Ana\u00efs Nin hasta Bataille\u2014 sino tambi\u00e9n los secretos de c\u00f3mo mantener dos vidas: la de la estudiante aplicada que asist\u00eda a mis clases de Teor\u00eda Musical con cuadernos impecables, y la de la amante que los fines de semana se desataba en gemidos que pod\u00edan o\u00edrse desde la calle.<\/p>\n<p>Durante tres a\u00f1os, los cuatro \u2014porque Mar\u00eda y Luc\u00eda desarrollaron su propia intimidad, su propio idioma de miradas y encuentros furtivos cuando Helena y yo no est\u00e1bamos\u2014 mantuvimos el equilibrio precario de este cuarteto. Luc\u00eda trajo nuevas pr\u00e1cticas: el sexo en lugares p\u00fablicos, la provocaci\u00f3n en silencio durante las reuniones de facultad, las marcas de mordidas en zonas que solo las ropas de verano revelaban.<\/p>\n<p>&#8220;Ella es como yo&#8221;, me dijo Helena una noche, cuando Luc\u00eda dorm\u00eda entre nosotros, exhausta, con las cintas a\u00fan atadas a una de sus mu\u00f1ecas. &#8220;Pero m\u00e1s valiente. Yo necesito a mi mam\u00e1 para atreverme. Ella&#8230; ella se atreve sola&#8221;.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fue como Luc\u00eda se convirti\u00f3 en el catalizador, en la que empuj\u00f3 los l\u00edmites m\u00e1s all\u00e1 de donde Mar\u00eda y Helena se hab\u00edan detenido. Fue ella quien propuso el intercambio de roles \u2014Mar\u00eda sometida por todos cada tres encuentros, atada por las cintas que ella misma hab\u00eda tra\u00eddo\u2014, Helena empoderada, usando el arn\u00e9s en doble penetraci\u00f3n con su madre, ella quien organiz\u00f3 el encuentro final, el de despedida, cuando los tres a\u00f1os tocaron a su fin y cada uno debi\u00f3 seguir caminos separados.<\/p>\n<p>Pero esa es otra historia. Y como todas las dem\u00e1s, comenz\u00f3 con un silencio c\u00f3mplice, con una mirada que dec\u00eda &#8220;s\u00e9 que sabes&#8221;, y con la certeza de que entre mujeres que saben callar para pasarlo bien, los hombres solo somos instrumentos, medios para un fin m\u00e1s antiguo y m\u00e1s puro que el placer mismo: la comprensi\u00f3n absoluta de que el deseo, cuando se comparte sin verg\u00fcenza, no conoce de l\u00edmites ni de n\u00fameros.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_65936\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"65936\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Tres a\u00f1os de encuentros en departamentos vac\u00edos, de tardes en que Mar\u00eda tomaba con su arn\u00e9s a su hija y yo enloquec\u00eda y observaba, aprend\u00eda, participaba. Tres a\u00f1os de sujeciones con pa\u00f1uelos de seda, de sexo anal que Helena ped\u00eda con una educaci\u00f3n que contrastaba con la crudeza de su deseo, de noches en las que madre e hija compart\u00edan<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_65936\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"65936\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":33134,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-65936","post","type-post","status-publish","format-standard","category-confesiones"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":594,"today_views":594},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65936","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/33134"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=65936"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65936\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":65937,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65936\/revisions\/65937"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=65936"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=65936"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=65936"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}