{"id":66132,"date":"2026-06-13T00:00:16","date_gmt":"2026-06-12T22:00:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=66132"},"modified":"2026-06-12T19:06:14","modified_gmt":"2026-06-12T17:06:14","slug":"el-convento-de-la-purificacion-eterna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-convento-de-la-purificacion-eterna\/","title":{"rendered":"El convento de la Purificaci\u00f3n Eterna"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"66132\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El Convento de las Hermanas de la Purificaci\u00f3n Eterna se alzaba sobre el acantilado de Sant&#8217;Agata, en la costa amalfitana italiana. Era una construcci\u00f3n del siglo XIV de piedra blanca erosionada por la sal marina, con torretas que parec\u00edan dedos esquel\u00e9ticos se\u00f1alando el cielo tormentoso. La joven sor Isabella lleg\u00f3 una tarde de octubre, cuando la brisa envolv\u00eda los acantilados como un sudario h\u00famedo propio del oto\u00f1o.<\/p>\n<p>Ten\u00eda veinticuatro a\u00f1os, piel tan bella que podr\u00eda ser comparada con porcelana italiana y un hermoso cabello negro que hab\u00eda rapado al tomar los h\u00e1bitos, ahora apenas un vello oscuro que contrastaba con sus ojos color avellana. Hab\u00eda elegido la vida mon\u00e1stica tras la muerte de su madre en un accidente de aviones en costas del mediterr\u00e1neo, buscando no la fe \u2014que nunca hab\u00eda tenido del todo\u2014 sino el olvido y la cura a sus tristezas.<\/p>\n<p>La Madre Superiora, sor Agata, una mujer de sesenta a\u00f1os con ojos grises que parec\u00edan haber visto demasiado, la recibi\u00f3 en el vest\u00edbulo de m\u00e1rmol fr\u00edo, d\u00e1ndole una fr\u00eda bienvenida.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed guardamos silencio desde las ocho de la tarde hasta laudes \u2014dijo, entreg\u00e1ndole el h\u00e1bito de lana gruesa. Pero hay lugares donde el silencio&#8230; se interpreta de forma diferente.<\/p>\n<p>Isabella no entendi\u00f3 la advertencia hasta la tercera noche.<\/p>\n<p>Despert\u00f3 sedienta, pasada la medianoche. El convento dorm\u00eda en una oscuridad absoluta, rota solo por el resplandor de las velas de aceite en los pasillos las cuales con el movimiento del viento generaban sombras danzantes. Camin\u00f3 por el corredor de piedra hacia la cocina, buscando agua, con la garganta seca.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando escuch\u00f3 los gemidos.<\/p>\n<p>No eran de dolor. Ven\u00edan de la capilla privada cuya entrada estaba diagonal a la cocina, una estancia peque\u00f1a reservada para la oraci\u00f3n nocturna de las hermanas de m\u00e1s rango. Isabella se acerc\u00f3, con el coraz\u00f3n martilleando contra sus costillas producto de un leve miedo. La puerta estaba entreabierta, y la luz de las velas proyectaba sombras danzantes sobre la pared.<\/p>\n<p>Lo que vio la dej\u00f3 sin aliento.<\/p>\n<p>Sor Margarita, la tesorera del convento; una mujer de cuarenta a\u00f1os con caderas anchas y busto generoso que el h\u00e1bito apenas disimulaba, estaba arrodillada ante el altar de aquella peque\u00f1a capilla. Pero no rezaba. Estaba desnuda hasta la cintura, el h\u00e1bito recogido en su cintura, mientras sor Beatriz, la bibliotecaria, una morena esbelta de treinta y cinco a\u00f1os, la penetraba con un crucifijo de marfil tallado que deb\u00eda medir quince cent\u00edmetros de largo.<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s profundo \u2014jadeaba sor Margarita, ahh, ahh, siii\u2026.. agarr\u00e1ndose a los bordes del altar\u2014. El se\u00f1or me ve, El se\u00f1or me ve&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Que te vea susurraba sor Beatriz, moviendo el crucifijo con movimientos precisos, casi lit\u00fargicos\u2014. Que vea c\u00f3mo te abres para m\u00ed y dejas tu hermoso culo bien abierto para mi, mientras soltaba un sonrisa complice.<\/p>\n<p>Isabella deber\u00eda haber huido. Deber\u00eda haber corrido a su celda y fingido que nada hab\u00eda pasado. Pero sus pies no obedec\u00edan, y sent\u00eda un calor extra\u00f1o irradiando desde el vientre, un pulso que nunca hab\u00eda experimentado en sus noches. Hizo un peque\u00f1o movimiento producto de la excitaci\u00f3n de su cuerpo y la puerta hizo un sonido de rechinado.<\/p>\n<p>Entonces sor Beatriz la vio.<\/p>\n<p>No hubo susto en sus ojos. Solo una sonrisa lenta, c\u00f3mplice.<\/p>\n<p>\u2014Tenemos espectadora, hermana \u2014dijo, sin detenerse.<\/p>\n<p>Sor Margarita gir\u00f3 la cabeza, el rostro congestionado por el placer, y sus ojos encontraron los de Isabella. Quien apenas se reflejaba con la luz de la vela y su sombra en la puerta entre abierta.<\/p>\n<p>\u2014La nueva \u2014jade\u00f3\u2014. Ven, ni\u00f1a. No temas. Esto tambi\u00e9n es oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Isabella retrocedi\u00f3 un paso, pero sor Beatriz ya se hab\u00eda levantado, el crucifijo reluciendo h\u00famedo entre sus dedos, el h\u00e1bito abierto dejando ver un cuerpo firme y musculoso de nadadora.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNunca has sentido el \u00e9xtasis divino? \u2014pregunt\u00f3, acerc\u00e1ndose\u2014. No el que predican los padres en el p\u00falpito. El verdadero. El que hace que veas a Dios entre las piernas le susurro en baja voz.<\/p>\n<p>La tom\u00f3 de la mano antes de que Isabella pudiera protestar. Su piel estaba caliente, casi quemaba. La guio hacia el altar donde sor Margarita ahora se recostaba, abri\u00e9ndose completamente, mostrando su vagina rosada y h\u00fameda con un cl\u00edtoris un poco pronunciado que palpitaba al ritmo de su respiraci\u00f3n acelerada.<\/p>\n<p>\u2014T\u00f3cala \u2014orden\u00f3 sor Beatriz\u2014. Solo con los dedos. Aprende el mapa del placer prohibido.<\/p>\n<p>Isabella entre temblor y miedo movi\u00f3 su mano por voluntad propia, acariciando el muslo interno de sor Margarita, sintiendo la piel suave, el vello oscuro, el calor creciente en su piel. Cuando sus dedos rozaron sus labios vaginales h\u00famedos, sor Margarita gimi\u00f3, arqueando la espalda.<\/p>\n<p>\u2014Dentro \u2014susurr\u00f3\u2014. Dos dedos. Hazlo en nombre del Padre, del Hijo&#8230;<\/p>\n<p>Isabella penetr\u00f3 a la mujer, sintiendo la carne c\u00e1lida y resbaladiza cerrarse alrededor de sus dedos. Era distinto a tocarse a s\u00ed misma en la oscuridad de su celda. Era poder. Era transgresi\u00f3n. Era algo vivo.<\/p>\n<p>Sor Beatriz se posicion\u00f3 detr\u00e1s de ella, y sinti\u00f3 las manos de la bibliotecaria desabrochar su propio h\u00e1bito, baj\u00e1ndolo hasta dejar sus pechos expuestos al aire fr\u00edo de la capilla. Los pezones rosados se endurecieron instant\u00e1neamente.<\/p>\n<p>\u2014Tienes pechos hermosos \u2014murmur\u00f3 sor Beatriz contra su cuello, mientras una mano descend\u00eda por su vientre\u2014. Pechos Virginales. Pero no por mucho tiempo!.<\/p>\n<p>Cuando los dedos de sor Beatriz encontraron su vagina, Isabella jade\u00f3, inclin\u00e1ndose hacia adelante sobre el altar, manteniendo a\u00fan los dedos dentro de sor Margarita. Era una cadena de placer, un circuito de sacrilegio que las un\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Ma\u00f1ana \u2014susurr\u00f3 sor Beatriz, moviendo los dedos en c\u00edrculos alrededor del cl\u00edtoris de Isabella\u2014. Te llevar\u00e9 a la bodega. All\u00ed est\u00e1 el archivo de los pecados. Cada hermana tiene un cofre con sus juguetes. Crucifijos, s\u00ed, pero tambi\u00e9n cosas que los peregrinos dejan en el confesionario. Dildos de cristal de Venecia. Acariciadores de marfil. Una colecci\u00f3n que har\u00eda palidecer al Papa.<\/p>\n<p>Isabella sent\u00eda que el orgasmo se acercaba, una ola imparable que ven\u00eda desde lo profundo.<\/p>\n<p>\u2014Y sor Agata \u2014continuaba sor Beatriz, mordisqueando la oreja de isabella susurr\u00e1ndole La Madre Superiora tiene el cofre m\u00e1s grande. A ella le gusta observar. Le gusta dirigir. A veces, si te comportas mal \u2014su risa era un soplo c\u00e1lido\u2014. Te deja arrodillarte ante ella mientras te castiga con la lengua.<\/p>\n<p>Sor Margarita se vino entonces, contray\u00e9ndose alrededor de los dedos de Isabella, un grito ahogado que son\u00f3 casi como un canto gregoriano. El placer contagioso empuj\u00f3 a Isabella al borde, y cuando sor Beatriz introdujo dos dedos en su interior mientras su pulgar presionaba su cl\u00edtoris, se deshizo.<\/p>\n<p>Fue un orgasmo religioso, literalmente. Vio estrellas detr\u00e1s de los p\u00e1rpados, y por un instante crey\u00f3 ver la cara de dios, pero no era el dios vengativo de los sermones. Era un dios de carne y sudor, de gemidos y lenguas exploradoras.<\/p>\n<p>Cuando volvi\u00f3 en s\u00ed, estaba despatarrada sobre el altar, entre sor Margarita y sor Beatriz, las tres desnudas en la casa de dios.<\/p>\n<p>\u2014Bienvenida al convento \u2014dijo sor Beatriz, lami\u00e9ndose los dedos con descaro\u2014. Ma\u00f1ana te ense\u00f1ar\u00e9 lo que hace sor Luc\u00eda con las verduras del huerto. Y el jueves&#8230; el jueves es la noche de sor Agata. Te elegir\u00e1 a ti, estoy segura. Le gustan las nuevas. Les gusta su miedo.<\/p>\n<p>Isabella se visti\u00f3 en silencio, las piernas temblorosas, su vagina palpitante todav\u00eda. Cuando regres\u00f3 a su celda, no pudo dormir. Pensaba en los cofres de la bodega, en los juguetes sagrados profanados, en la Madre Superiora observando desde las sombras.<\/p>\n<p>Y por primera vez desde que hab\u00eda tomado los h\u00e1bitos, dese\u00f3 que llegara la noche siguiente.<\/p>\n<p>La bodega se extend\u00eda bajo las cocinas, excavada en la roca misma del acantilado. Para llegar, sor Beatriz guio a Isabella por una escalera de caracol oculta tras una cortina de sacos de harina, descendieron en espiral hasta que el aire se volvi\u00f3 denso, impregnado de humedad salina y el olor terroso del vino almacenado en barricas centenarias.<\/p>\n<p>Al fondo, tras una arcada de ladrillo, se encontraba la c\u00e1mara secreta.<\/p>\n<p>Sor Beatriz encendi\u00f3 una l\u00e1mpara de aceite que proyect\u00f3 sombras titilantes sobre cientos de cajas de madera apiladas contra las paredes de piedra. Cada una llevaba un nombre grabado en lat\u00edn, junto con fechas que databan de siglos atr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014El archivo de los pecados \u2014susurr\u00f3 Beatriz, su voz reverberando en el espacio cerrado\u2014. Cada hermana, desde la fundaci\u00f3n del convento en 1320, ha dejado aqu\u00ed sus&#8230; devociones privadas.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 una caja al azar. Dentro, sobre terciopelo rojo desgastado, yac\u00edan prendas que hicieron que Isabella se ruborizara. Tangas de encaje negro tan finas que parec\u00edan hechas de sombra y aire, hilos de seda que apenas cubrir\u00edan los pliegues m\u00e1s \u00edntimos. Otras eran de color carne, transparentes, con aberturas calculadas.<\/p>\n<p>\u2014Sor Margarita tiene debilidad por la lencer\u00eda francesa \u2014explic\u00f3 Beatriz, levantando una tanga con los dedos, dejando que la luz de la l\u00e1mpara atravesara el encaje\u2014. Mira los detalles. Bordado a mano. Cuesta m\u00e1s que su h\u00e1bito anual.<\/p>\n<p>Isabella toc\u00f3 el tejido. Era exquisito, casi imperceptible contra su piel. Imagin\u00f3 a la robusta sor Margarita usando esto bajo su h\u00e1bito de lana \u00e1spera durante las oraciones matutinas, y sinti\u00f3 un nuevo estremecimiento entre las piernas.<\/p>\n<p>Pero fue la siguiente caja la que hizo que su respiraci\u00f3n se detuviera.<\/p>\n<p>Beatriz abri\u00f3 un cofre m\u00e1s grande, forrado en terciopelo p\u00farpura. Dentro, ordenados como reliquias sagradas, yac\u00edan los vibradores, dildos y plugs.<\/p>\n<p>Eran docenas. Quiz\u00e1s cientos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda algunos antiguos, de marfil y madera noble, tallados con escenas b\u00edblicas pervertidas \u2014Salom\u00e9 danzando, Susana y los viejos\u2014, con formas f\u00e1licas que med\u00edan desde quince hasta veinticinco cent\u00edmetros. Otros eran modernos, de cristal de Murano en tonos \u00e1mbar y esmeralda, algunos con curvas dise\u00f1adas para alcanzar puntos espec\u00edficos. Hab\u00eda de metal, pesados y fr\u00edos al tacto, con rosetones para estimulaci\u00f3n externa. Y en un rinc\u00f3n, envueltos en seda, los m\u00e1s recientes: silicona m\u00e9dica rosa y p\u00farpura, con controles remotos y m\u00faltiples velocidades.<\/p>\n<p>\u2014Sor \u00c1gata colecciona \u2014dijo Beatriz con admiraci\u00f3n\u2014. Cada vez que un benefactor importante muere, deja dinero al convento. Ella usa parte para&#8230; ampliar la colecci\u00f3n. Este \u2014levant\u00f3 uno de cristal verde, grueso como una mu\u00f1eca de adulto, con venas talladas\u2014. Lleg\u00f3 el mes pasado. Lo prob\u00e9. Hace que veas \u00e1ngeles.<\/p>\n<p>Isabella no pod\u00eda apartar la vista. Su mano se movi\u00f3 sola, tomando un vibrador de marfil m\u00e1s peque\u00f1o, del tama\u00f1o de su pu\u00f1o cerrado, con la base ensanchada para no perderse dentro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuieres sentirlo? \u2014pregunt\u00f3 Beatriz, acerc\u00e1ndose por detr\u00e1s, su aliento c\u00e1lido en el cuello de Isabella\u2014. Aqu\u00ed abajo, el silencio es absoluto. Nadie oir\u00e1 tus gritos.<\/p>\n<p>Sin esperar respuesta, Beatriz tom\u00f3 la mano de Isabella y la guio hacia un div\u00e1n cubierto de pieles de cordero, situado en el centro de la c\u00e1mara. Era un mueble obsceno en aquel contexto, claramente dise\u00f1ado para el placer.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00edtate el h\u00e1bito \u2014orden\u00f3\u2014. Quiero verte solo con una de estas.<\/p>\n<p>Seleccion\u00f3 una tanga de hilo negro y dorado, casi invisible, con un peque\u00f1o tri\u00e1ngulo de encaje que apenas cubrir\u00eda el monte de Venus. Isabella se desvisti\u00f3 temblorosa, sintiendo la humedad de la bodega besando su piel desnuda. Cuando Beatriz le coloc\u00f3 la prenda, el hilo se hundi\u00f3 entre sus nalgas, una presi\u00f3n constante y excitante que la hizo gemir.<\/p>\n<p>\u2014Perfecto \u2014susurr\u00f3 Beatriz, arrodill\u00e1ndose ante ella\u2014. Ahora, elige tu instrumento de penitencia.<\/p>\n<p>Isabella mir\u00f3 el cofre abierto, los cristales brillando como gemas. Se\u00f1al\u00f3 uno de tama\u00f1o mediano, de un rosa transl\u00facido, con forma curva y una peque\u00f1a protuberancia en la base.<\/p>\n<p>\u2014Buena elecci\u00f3n \u2014aprob\u00f3 Beatriz\u2014. Ese era de sor Claudia, antes de que la trasladaran a Roma. Tiene tres velocidades. Y es silencioso&#8230; casi.<\/p>\n<p>Beatriz tom\u00f3 el vibrador y lo encendi\u00f3. El zumbido bajo reson\u00f3 en la bodega como un insecto atrapado. Lo acerc\u00f3 a los labios de Isabella, h\u00famedos ya de anticipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014P\u00eddelo \u2014susurr\u00f3 Beatriz\u2014. P\u00eddele al Se\u00f1or que te penetre.<\/p>\n<p>\u2014Por favor \u2014jade\u00f3 Isabella\u2014. Por favor&#8230;<\/p>\n<p>Beatriz desliz\u00f3 la mano libre por debajo de la tanga dorada, encontrando la humedad que empapaba el hilo fino. Con dos dedos, apart\u00f3 la prenda a un lado, dejando expuesto la vagina rosada y palpitante de Isabella.<\/p>\n<p>\u2014Mirada \u2014dijo Beatriz, posicionando la punta del vibrador en la entrada\u2014. El primero siempre duele un poco. Pero es un dolor santo.<\/p>\n<p>Empuj\u00f3.<\/p>\n<p>Isabella grit\u00f3 y luego se mordi\u00f3 los labios, el sonido reboto en las paredes de piedra. El vibrador entr\u00f3 lento, inexorable, llen\u00e1ndola de una forma que ning\u00fan dedo pod\u00eda igualar. Cuando estuvo completamente dentro, Beatriz activ\u00f3 la segunda velocidad.<\/p>\n<p>El placer fue el\u00e9ctrico e inmediato.<\/p>\n<p>Isabella se arque\u00f3 sobre el div\u00e1n, agarr\u00e1ndose a las pieles, las piernas abiertas sin pudor. La tanga dorada cortaba sus nalgas, record\u00e1ndole su desnudez parcial, lo prohibido de todo aquel encuentro.<\/p>\n<p>Beatriz no se detuvo. Con una mano mov\u00eda el vibrador en movimientos circulares, mientras con la otra tomaba otro de los cristales de Murano, m\u00e1s peque\u00f1o, y lo acercaba al culo de Isabella.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDoble penitencia? \u2014pregunt\u00f3, ya empapando la punta en la humedad que goteaba\u2014. Sor Margarita siempre dice que dos agujeros llenos es la verdadera comuni\u00f3n con el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Isabella asinti\u00f3 fren\u00e9tica, incapaz de hablar.<\/p>\n<p>Beatriz penetr\u00f3 su segundo orificio con el cristal fr\u00edo, y Isabella sinti\u00f3 que se desmoronaba. Era demasiado, era perfecto, era sacrilegio puro. Los dos objetos estaban dentro de ella, y la vibraci\u00f3n y el movimiento creaban una resonancia que sent\u00eda hasta en los dientes.<\/p>\n<p>\u2014Mira esto \u2014susurr\u00f3 Beatriz, y con la mano libre abri\u00f3 otra caja cercana.<\/p>\n<p>Dentro hab\u00eda un espejo antiguo, de mano, con marco de plata. Lo posicion\u00f3 entre las piernas de Isabella para que pudiera verse: el cristal saliendo y entrando en su culo, el vibrador en su vagina, la tanga dorada empapada y desplazada, su propio rostro contorsionado por el \u00e9xtasis de placer.<\/p>\n<p>\u2014Eres hermosa pecando \u2014dijo Beatriz\u2014. M\u00e1s hermosa que en la misa. Aqu\u00ed eres real.<\/p>\n<p>Aument\u00f3 la velocidad del vibrador principal al m\u00e1ximo.<\/p>\n<p>Isabella se vino con fuerza brutal, un orgasmo que pareci\u00f3 arrancarle la m\u00e9dula, contracciones que expulsaron casi el cristal de su interior, tuvo un squirt que mancharon el div\u00e1n y las pieles. Grit\u00f3 el nombre de Dios, de la Virgen, de Beatriz, un babel de sacrilegio y adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3, jadeante, deshecha, Beatriz retir\u00f3 los objetos lentamente, con ternura, y lami\u00f3 el cristal limpio con la lengua.<\/p>\n<p>\u2014El sabor de la salvaci\u00f3n \u2014brome\u00f3\u2014. Ahora, v\u00edstete. La Madre Superiora nos espera para la cena. Y ma\u00f1ana&#8230; \u2014guard\u00f3 los vibradores en sus cajas, pero guard\u00f3 la tanga dorada en el bolsillo de su h\u00e1bito\u2014. Ma\u00f1ana te ense\u00f1ar\u00e9 el cofre de sor \u00c1gata. Tiene algo que ninguna otra hermana se atreve a usar. Algo que requiere tres personas.<\/p>\n<p>Isabella se levant\u00f3, las piernas inestables, el cuerpo todav\u00eda sintiendo el placer. Al subir la escalera de caracol, sent\u00eda la humedad de la bodega impregnada en su piel, y sab\u00eda que nunca volver\u00eda a ser la misma.<\/p>\n<p>El convento ten\u00eda secretos que la Iglesia pagar\u00eda cualquier precio por ocultar. Y ella, ahora, era uno de ellos.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66132\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66132\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Dentro hab\u00eda un espejo antiguo, de mano, con marco de plata. Lo posicion\u00f3 entre las piernas de Isabella para que pudiera verse: el cristal saliendo y entrando en su culo, el vibrador en su vagina, la tanga dorada empapada y desplazada, su propio rostro contorsionado por el \u00e9xtasis de placer. \u2014Eres hermosa pecando \u2014dijo Beatriz\u2014. M\u00e1s hermosa que en<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66132\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66132\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":20704,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-66132","post","type-post","status-publish","format-standard","category-bisexuales"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":102,"today_views":102},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66132","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20704"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=66132"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66132\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":66134,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66132\/revisions\/66134"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=66132"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=66132"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=66132"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}