{"id":66190,"date":"2026-06-18T00:01:50","date_gmt":"2026-06-17T22:01:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=66190"},"modified":"2026-06-17T17:19:52","modified_gmt":"2026-06-17T15:19:52","slug":"al-aire-libre-1-a-7","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/al-aire-libre-1-a-7\/","title":{"rendered":"Al aire libre (1 a 7)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"66190\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">4<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>1.<\/p>\n<p>Cuando la g\u00fcerita se meti\u00f3 de nuevo en la casa rodante y sali\u00f3 de la vista de Manuel, \u00e9l sonri\u00f3 con esperanza y se levant\u00f3 de su silla de metal y mimbre. Esquiv\u00f3 los asadores y fue bordeando el lago, sintiendo su olor a agua pura. Lleg\u00f3 al descampado que, no muy lejos de all\u00ed, serv\u00eda de estacionamiento, y se puso a ver los coches. Eran tres o cuatro. Entre ellos, le gust\u00f3 una troca alta, de vidrios polarizados. Se acerc\u00f3 al parabrisas para verse en su reflejo: alto, aceitunado (aunque eso no se notara gran cosa), con los caireles negros corri\u00e9ndole sobre los hombros hasta bien entrado el pecho.<\/p>\n<p>Sobre brazos y estern\u00f3n, vellos breves, tupidos y rizados. Cuando Manuel sonre\u00eda, se le formaban hoyuelos y unas arruguitas delicadas que, seg\u00fan \u00e9l, le daban madurez. Feliz consigo mismo y m\u00e1s seguro, se air\u00f3 la camiseta magenta, se acomod\u00f3 los lentecitos de vidrio sepia para poder ver por encima de ellos y regres\u00f3 a los asadores.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00f3, el grupo de enfrente hac\u00eda un esc\u00e1ndalo incomprensible y animado. Eran puros hombres, barbudos, entallados en camisetas negras y shorts. Le pareci\u00f3 ver que alguien de ese grupo escupi\u00f3 en direcci\u00f3n suya cuando estaba por sentarse de nuevo en la silla de mimbre. Se rio de lo poco que le importaba.<\/p>\n<p>La casa rodante estaba del otro lado, lejos del agua y de los barbudos. All\u00ed, la g\u00fcerita a\u00fan no hab\u00eda regresado. El que parec\u00eda ser el padre giraba torpemente los carbones, porque la carne iba demasiado lenta. Era bajito, compacto, cuadrado. Ten\u00eda en la nariz un rubor de alcoh\u00f3lico y se mord\u00eda el labio como si eso lo ayudara a resolver el problema del asador. Su guayabera le quedaba de vestido y s\u00f3lo debajo se ve\u00edan unas bermudas largas. La que posiblemente era madre era rubia y alta, y all\u00e1 por los dosmiles debi\u00f3 haber sido muy hermosa. Sosten\u00eda una cuba casi transparente y frunc\u00eda el ce\u00f1o todo lo que pod\u00eda debajo de unos lentes de sol.<\/p>\n<p>Manuel iba tomando notas mentales. Cuidar que la madre no me mire mucho; ver distra\u00eddamente, por aqu\u00ed y por all\u00e1. Averiguar pronto si son gringos.<\/p>\n<p>Manuel no quer\u00eda tener que ejercitar su pedregoso ingl\u00e9s, pero si la ocasi\u00f3n lo exig\u00eda, ya se ve\u00eda diciendo \u201cit\u2019s a b\u00eduriful dey\u201d. Los barbudos s\u00ed que hablaban otra lengua \u2014era dif\u00edcil ignorarlo\u2014, una pastosa, aspirada y viboresca, que a Manuel no le recordaba ninguna otra, salvo quiz\u00e1 el p\u00e1rsel.<\/p>\n<p>De pronto, el asador avent\u00f3 una lengua de fuego y el padre dio un brinco hacia atr\u00e1s. Aliviado por no perder las cejas y feliz por la combusti\u00f3n, el hombrecillo exclam\u00f3 en norte\u00f1o:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, su mecha!<\/p>\n<p>Y Manuel sonri\u00f3 por esta ayuda divina.<\/p>\n<p>2.<\/p>\n<p>Cuando finalmente sali\u00f3, Manuel sabore\u00f3 a la chica con ojos discretos y casi distra\u00eddos, pero con mente descarada. El cuello gr\u00e1cil, los labios tenues, casi imperceptibles, las mejillas pecosas. Reci\u00e9n se hab\u00eda arreglado el cabello largo en un rodete y dos mechones coquetos le rozaban la mand\u00edbula. Su cabello casta\u00f1o, a cierta luz, rozaba el aire con brillos pelirrojos \u2014\u201cg\u00fcerita\u201d, una palabra que encapsulaba el gusto de Manuel, significaba para \u00e9l no \u201crubia\u201d, sino \u201cnotoriamente blanca\u201d.<\/p>\n<p>Era alta \u2014m\u00e1s alta que su madre\u2014, de piernas largas y delgadas, pero fuertes, terminadas en dos nalguitas esf\u00e9ricas, cubiertas apenas por el short de mezclilla. Usaba una playera morada con mangas blancas, que le ca\u00eda holgada, destacando sus brazos p\u00e1lidos, largos como agujas y cubiertos por vellitos suaves.<\/p>\n<p>La madre, sentada en una reposera, le hizo un gesto a la g\u00fcerita para que se acercara. Ella le acerc\u00f3 su o\u00eddo y la madre le susurr\u00f3 algo. Al instante, la chica volte\u00f3 a ver a Manuel. Se irgui\u00f3, camin\u00f3 dos pasos sosteni\u00e9ndole la mirada y entrecerr\u00f3 los ojos con sospecha. Luego (sin que su madre pudiera verla), agreg\u00f3 a esos ojos una sonrisita maliciosa. Se dio la vuelta y le contest\u00f3 desenfadadamente algo a su madre. Fue a la hielera, sac\u00f3 una cerveza y dio un trago tranquilo largo. La madre frunci\u00f3 los ojos, se quit\u00f3 los lentes de sol, estir\u00f3 las piernas y se clav\u00f3 leyendo una novela.<\/p>\n<p>Viendo a Manuel, la g\u00fcerita golpeaba la botella verde con sus u\u00f1as, produciendo un sonido como musical.<\/p>\n<p>3.<\/p>\n<p>Cuando iba por la segunda cerveza, el padre le extendi\u00f3 un plato. Ella no extendi\u00f3 la mano para tomarlo, y se limit\u00f3 a contestar alguna cosa, sonriendo con tranquilidad. Manuel no estaba seguro, porque no pod\u00eda escuchar ni clavar su mirada suficiente como para leer los labios, pero pens\u00f3 que ella estaba rechazando la carne en la hamburguesa, porque de inmediato comenz\u00f3 a picar las papitas de un taz\u00f3n que yac\u00eda en el suelo.<\/p>\n<p>El padre se qued\u00f3 con la mano extendida, m\u00e1s triste que molesto. La madre se levant\u00f3 de su asiento, tom\u00f3 el plato que el hombre le ofrec\u00eda y se sent\u00f3 a comer, molesta.<\/p>\n<p>Manuel ni hab\u00eda comido ni iba a comer hasta que volviera al hostal, donde le esperaban refresco, un bote de arroz fr\u00edo y una barra de amaranto. Sin embargo, a esa hora, en la que el sol de las cinco se mezclaba con el ambiente grasoso de los asadores, el rico calor de la comunidad se le hab\u00eda empezado a pegar en la cara en forma de sudor. M\u00e1s por su apariencia que por su incomodidad, Manuel decidi\u00f3 dejar comer a la familia en paz y acercarse al r\u00edo a lavarse la cara.<\/p>\n<p>Cuando pas\u00f3, los barbudos en frente de \u00e9l chiflaron a una rubia en minifalda que pasaba junto al lago. La rubia hizo una mueca de resignaci\u00f3n. Manuel pens\u00f3 que quiz\u00e1 ser\u00eda momento de alejarse de ellos. Su indiscreci\u00f3n pod\u00eda alejar a la g\u00fcerita, justo cuando hab\u00eda empezado a darle peque\u00f1as muestras de inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 al lago, tom\u00f3 un poco de agua en el cuenco de sus manos y se quit\u00f3 el sudor de la frente y las mejillas. Se quit\u00f3 la camiseta para enjuagar sus hombros. Cuando regres\u00f3, el aire le pareci\u00f3 m\u00e1s fr\u00edo; lo sinti\u00f3 sobre todo en el cuello mojado de la camisa, que se le hab\u00eda pegado a la piel.<\/p>\n<p>Mientras regresaba, a\u00fan a lo lejos, vio c\u00f3mo la g\u00fcerita lo barr\u00eda con los ojos de abajo hacia arriba. Se estaba mordiendo el labio inferior y tard\u00f3 un segundo en dejar de hacerlo, incluso cuando not\u00f3 que Manuel la miraba. \u00c9l le sonri\u00f3, ella entorn\u00f3 los ojos y neg\u00f3 con la cabeza, como diciendo \u201cno vayas a creer que me interesas\u201d. Luego, volvi\u00f3 a sonre\u00edrle.<\/p>\n<p>Justo cuando iba a llegar a su lugar, Manuel vio que uno de los barbudos se estaba llevando su silla de mimbre. La se\u00f1al\u00f3 con el dedo, como diciendo \u201cyo estaba all\u00ed\u201d. El barbudo se detuvo un momento, lo mir\u00f3 a los ojos, le sonri\u00f3 y lo ignor\u00f3. Instal\u00f3 la silla entre sus amigos y pos\u00f3 en ella su desenfadas nalgas.<\/p>\n<p>Manuel volte\u00f3 a ver a la g\u00fcerita, que se carcajeaba. A \u00e9l le gust\u00f3 verla re\u00edr. Ella debi\u00f3 haberlo notado, porque alz\u00f3 los hombros como diciendo \u201cya qu\u00e9\u201d y le sonri\u00f3 con ternura.<\/p>\n<p>4.<\/p>\n<p>Los ojos de Estela barrieron al chico de abajo a arriba. No estaba mal. Desde atr\u00e1s, le gustaron sus pantorrillas morenas y fuertes, y lo que se adivinaba de sus muslos. Le hab\u00eda alcanzado a ver la espalda cuando se lav\u00f3 en el r\u00edo, y estaba muy a juego con esos brazos anchos, con esos hombros fuertes, llenos de tensiones palpables y de circularidades. Sus caireles ten\u00edan un nosequ\u00e9 de pr\u00edncipe azul.<\/p>\n<p>A lo lejos, se ve\u00eda que el chico era un \u201cviciosillo donju\u00e1n de pelo en pecho\u201d, como le hab\u00eda dicho su madre. Si, bueno, pero los hombres m\u00e1s t\u00edmidos y m\u00e1s feos no necesariamente son m\u00e1s respetuosos y m\u00e1s fieles; ella ya sab\u00eda eso\u2026 y su madre tambi\u00e9n deber\u00eda saberlo. S\u00ed, claro, este tipo se ve\u00eda a leguas que no iba a ofrecerle nada m\u00e1s noble que un acost\u00f3n; pero al menos hab\u00eda algo de sincero en lo caliente de su mirada.<\/p>\n<p>Claro, todo esto no se lo pod\u00eda decir a su madre. \u00a1Si supiera que ya no era virgen, arder\u00eda el mundo! Y no es que su madre fuera especialmente conservadora, pero la influencia de la abuela Berta la asustaba mucho. Aquella abuela, mientras recordaba sus historias, balbuceaba siempre aquello de \u00aben mis tiempos, los j\u00f3venes se met\u00edan en causas nobles, en los grandes asuntos; es la industria del cuerpo, de la maldita calentura, la que lo ha podrido todo\u00bb. Y, mezclando franc\u00e9s y espa\u00f1ol, agarraba con u\u00f1as puntiagudas a la hija y a la madre.<\/p>\n<p>Pero bueno, un poco para eso Estela hab\u00eda accedido a salir a estas vacaciones, para estar lejos de la abuela Berta. La verdad es que al principio, la muchacha quer\u00eda pasar un tiempo lindo con sus padres, solos, fuera de esa casa llena de recuerdos viejos y aspiraciones frustradas. Pero parec\u00eda que sus padres no se soportaban, ni entre s\u00ed ni a ellos mismos. As\u00ed, Estela ten\u00eda que divertirse sola.<\/p>\n<p>Y el sexo la divert\u00eda. Pensar en el sexo, m\u00e1s bien. Hac\u00eda poco la hab\u00eda desvirgado, sin pena ni gloria, un pendejito de la universidad que se fue con otra al mes y medio. La traici\u00f3n la molestaba, claro, pero sobre todo, le imped\u00eda presumir con sus amigas de la conquista. Por eso, se le hab\u00eda metido la idea de que un romance de verano, si era un poquito picante, ser\u00eda el chisme perfecto.<\/p>\n<p>Ahora que le hab\u00edan quitado su silla, Don Juan estaba tirado en el pasto, viendo el lago como un h\u00e9roe rom\u00e1ntico. S\u00f3lo cada tanto, la volteaba a ver y siempre que lo hac\u00eda ella le sosten\u00eda la mirada. \u00bfPor qu\u00e9 no se le acercaba? Como Don Juan, la verdad, dejaba bastante que desear.<\/p>\n<p>A lo lejos, padre de Estela vio c\u00f3mo los israel\u00edes cerraban su c\u00edrculo y empezaban a fumar. Se le antoj\u00f3 un cigarro. Tan pronto como se levant\u00f3 de la silla, la madre de Estela reconoci\u00f3 las intenciones de su marido y le dijo con sequedad:<\/p>\n<p>\u2014Claudio, t\u00fa ya no fumas.<\/p>\n<p>El padre se hizo el sordo y camin\u00f3 hacia los israel\u00edes. Se present\u00f3, intent\u00f3 decir algo que pareci\u00f3 hacerles gracias, empez\u00f3 a contar algo. Ellos de pronto lo abrazaron con camarader\u00eda, platicaron con \u00e9l unos minutos y lo despacharon con palmadas en la espalda. Le hab\u00edan puesto en el bolsillo de la guayabera una cajetilla y un encendedor.<\/p>\n<p>Cuando pas\u00f3 a lado de don Juan, el padre de Estela no pudo evitar hacerle un gesto de desprecio al muchacho. \u00c9l no lo vio, pero ella s\u00ed, y le pareci\u00f3 divertido.<\/p>\n<p>Ya de regreso con su familia, Claudio prendi\u00f3 el cigarro, con una amorosa primera calada, como el beso de un amante que el destino nos ha arrebatado de las manos. En medio de su gozo, sinti\u00f3 la mirada de su esposa quem\u00e1ndole la nuca.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo me intoxiqu\u00e9 ya mucho los pulmones tratando de hacer las hamburguesas? \u2014dijo, con acidez. \u2014\u00a1Y mira que tenemos hamburguesas para toda la bendita semana! Yo creo que me puedo permitir un cigarrito, \u00bfno?<\/p>\n<p>Estela present\u00eda una pelea y, tanto la present\u00eda, que cuando empez\u00f3 ni siquiera escuch\u00f3 lo que dec\u00edan a gritos. Mir\u00f3 al don Juan de camisa magenta, que parec\u00eda preocupado con la situaci\u00f3n, y le sonri\u00f3. Se permiti\u00f3 morderse el labio un poquito. \u00c9l estaba confundido.<\/p>\n<p>Cuando madre y padre sintieron que estaban quedando en rid\u00edculo, se metieron a la casa rodante. Si todo sal\u00eda bien, la reconciliaci\u00f3n tardar\u00eda horas. Estela se levant\u00f3 y tom\u00f3 una bolsita de mano caqui. Fue a la hielera y sac\u00f3 dos cervezas. Camin\u00f3 hasta don Juan y le dio una. Haci\u00e9ndole una se\u00f1a, la chica camin\u00f3 hacia el lago. \u00c9l la sigui\u00f3.<\/p>\n<p>Las familias apagaban, algunas comenzaban a levantar los almuerzos y a pensar en irse. Grandes parvadas atravesaban el cielo bailando. De pronto, Estela se detuvo, se puso frente a don Juan y le extendi\u00f3 la mano.<\/p>\n<p>\u2014Estela.<\/p>\n<p>\u2014Manuel, un gusto \u2014contest\u00f3 \u00e9l, estrechando su mano.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo \u201cun placer\u201d? \u2014pregunt\u00f3 ella, agitando el saludo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9? \u2014respondi\u00f3 \u00e9l, turbado, y ella rio.<\/p>\n<p>A Estela le hubiera gustado que se llamara \u201cJuan\u201d, pero ni modo. Mientras se daban aquel apret\u00f3n de manos, ella lo jal\u00f3, le acerc\u00f3 su cara y le dio un beso en la mejilla, pasando el brazo que le quedaba libre sobre el hombro de \u00e9l. As\u00ed, mejilla con mejilla, estuvieron un buen rato.<\/p>\n<p>5.<\/p>\n<p>Le hab\u00edan dado la vuelta al lago, y ahora ve\u00edan infinitamente lejos la peque\u00f1a fogata de los barbudos y la casa rodante. Sentados uno junto al otro sobre las ra\u00edces de un \u00e1rbol, Manuel acariciaba el brazo derecho de Estela, jalando un poquito sus vellos.<\/p>\n<p>\u2014Tienes bonitos brazos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEres de esos raros a los que les gustan velludas? \u2014se le burl\u00f3 Estela.<\/p>\n<p>\u2014Te conviene que existan esos raros, \u00bfno?<\/p>\n<p>Estela sonri\u00f3. Manuel estaba electrizado, oliendo el olor a polvo y madera que la chica emanaba del cuello, y viendo en escorzo las piernitas, casi completamente desnudas, saliendo de los shorts de mezclilla para apuntar al lago.<\/p>\n<p>Como quien no quiere despertar a una persona dormida, Manuel le acerc\u00f3 los labios a la mejilla y la bes\u00f3 suavemente. Dos, tres besos. \u00bfSin reacci\u00f3n? Eso estaba bien. Cuando pensaba acercarse a su oreja, para intentar excitarla, Estela gir\u00f3 la cara y lo vio a los ojos. Manuel se detuvo, sorprendido. Los ojos de los dos quedaron muy juntos, confundi\u00e9ndose como los ojos de un c\u00edclope, y sus narices casi se rozaban. La boca de Estela no sonre\u00eda. \u00bfEstaba molesta?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY bien? \u2014pregunt\u00f3 ella.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY bien qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Estabas bes\u00e1ndome, \u00bfno?<\/p>\n<p>Manuel no pudo m\u00e1s y le bes\u00f3 los labios. Acarici\u00f3 los cabellos de la nuca, que hab\u00edan escapado del rodete, y sinti\u00f3 como, apenas con el beso, empezaba a empalmarse poquito. Los besos eran tranquilos, cortos, tensos. Lo fueron hasta que Estela meti\u00f3 los dientes y succion\u00f3 el labio de Manuel. \u00c9l se derriti\u00f3, y quiso hacer lo mismo con los labios de ella, que no se dejaba, y le retiraba su beso como una cobra.<\/p>\n<p>\u2014Las chicas de mi pueblo no son como t\u00fa \u2014le dijo Manuel, en un arranque de sinceridad.<\/p>\n<p>Estela se rio, como si lo considerara una tonter\u00eda. Se limpi\u00f3 el shot y las piernas de las briznas de pasto que se le hab\u00edan pegado y se puso a caminar de vuelta.<\/p>\n<p>Manuel lo dec\u00eda en serio. Estaba electrizado por Estela. Se hab\u00eda sacado una loter\u00eda que le hab\u00eda tocado muy pocas veces: una chica de familia, pero caliente y despreocupada. Pero Estela ten\u00eda una chispa rara.<\/p>\n<p>\u2014Si no me lo tomo con calma \u2014pens\u00f3 \u00e9l, mientras empezaba a seguirla \u2014Me voy a enamorar muy est\u00fapidamente.<\/p>\n<p>Estela volte\u00f3 con una sonrisa y a Manuel le pareci\u00f3 que pod\u00eda leerle el pensamiento.<\/p>\n<p>6.<\/p>\n<p>Estela quiso perderse un poco entre los \u00e1rboles. Dejaron los m\u00e1rgenes del lago y se internaron por caminos de tierra h\u00fameda, medio desdibujados y, de tanto en tanto, algo tramposos. Varias veces, Estela estuvo a punto de caer y Manuel la detuvo. En esos momentos, se quedaban viendo, como sin saber qu\u00e9 hacer con sus cuerpos; \u00e9l, finalmente, la orillaba contra un \u00e1rbol, la besaba con intensidad, presionando su cabeza, pero protegi\u00e9ndola con una mano entre su pelo y el tronco.<\/p>\n<p>En esos momentos, Estela sent\u00eda la erecci\u00f3n de Manuel. Primero trat\u00f3 de no darle importancia. Luego, para tranquilizarse, tuvo que hacer un chiste:<\/p>\n<p>\u2014Si te sigue creciendo, se te va a salir por debajo de las bermudas.<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n era restarle importancia al asunto, pero Manuel sonri\u00f3 satisfecho de su propio cuerpo, y la sigui\u00f3 besando. Estela se sinti\u00f3 muy tonta, justo antes de perderse en la emoci\u00f3n del beso.<\/p>\n<p>\u00bfHasta d\u00f3nde quer\u00eda llegar ella ese d\u00eda? Su intenci\u00f3n nunca fue entregarse all\u00ed mismo. Quiz\u00e1 ni siquiera quer\u00eda acostarse con \u00e9l. Quiz\u00e1 ni siquiera quer\u00eda fajar con \u00e9l. \u00bfO s\u00ed? Como empez\u00f3 a dudar, Estela intent\u00f3 regresar a los asadores, pero para intentar explicarse todo esto, se hab\u00eda metido en el bosque. Hab\u00edan empezado a subir un monte, y Estela no sab\u00eda c\u00f3mo regresar. Hacia abajo, claro, pero \u00bfc\u00f3mo regresar de lo que estaba haciendo con Manuel? Y, lo m\u00e1s importante, \u00bfya quer\u00eda regresar?<\/p>\n<p>7.<\/p>\n<p>\u2014Oye \u2014le dijo ella, caminando delante de \u00e9l y sin verlo.<\/p>\n<p>\u2014Oigo \u2014contest\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 me quieres hacer? \u2014dijo, gir\u00e1ndose para verlo a los ojos.<\/p>\n<p>\u00c9l trat\u00f3 de penetrar en sus ojos, y por un momento no pudo entenderla.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, \u201chacer\u201d \u2014insisti\u00f3 ella, picando agresivamente con un dedo \u00edndice el pecho de Manuel. \u2014Ya vi tus intenciones. O, m\u00e1s bien, \u201csent\u00ed\u201d tus intenciones. A m\u00ed no me enga\u00f1as.<\/p>\n<p>Manuel por fin volvi\u00f3 a ver esa chispa en sus ojos, y se sinti\u00f3 tranquilo, levant\u00f3 ambas manos, para mostrarse inocente, y comenz\u00f3 a retroceder, mientras Estela lo acusaba. Ay, esa chispa. Manuel iba a darle por su lado, iba a jugar el personaje que Estela le pusiera. Estaba seguro de que si hac\u00eda todo como ella quer\u00eda, esa misma noche se la iba a coger.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSabes que creo que quieres hacerme? \u2014le dijo ella, orill\u00e1ndolo contra un \u00e1rbol, como \u00e9l hab\u00eda hecho varias veces con ella \u2014Conozco a los tipos como t\u00fa, a los tipos que andan probando, como colibr\u00edes.<\/p>\n<p>Manuel insisti\u00f3 en su inocencia, pero con palabras confusas y entrecortadas. Estela se peg\u00f3 contra \u00e9l, respir\u00e1ndole en el o\u00eddo y metiendo una rodilla en la entrepierna de \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014Yo creo \u2014segu\u00eda diciendo ella, mientras frotaba su rodilla \u2014que s\u00f3lo quieres probarme. Que quieres ver c\u00f3mo es mi sabor y que tanta resistencia opone mi concha.<\/p>\n<p>\u2014Pos si ya sabes, \u00bfpor qu\u00e9 vienes? \u2014le contest\u00f3 Manuel.<\/p>\n<p>\u2014Una quiere creer que los hombres son decentes \u2014le contest\u00f3 ella.<\/p>\n<p>Entonces, cambi\u00f3 la rodilla por la mano y empez\u00f3 a acariciar su entrepierna. No tard\u00f3 mucho en reconocer la forma y la direcci\u00f3n del miembro, y empez\u00f3 a masturbarlo. Las bermudas estaban bastante holgadas, as\u00ed que meti\u00f3 su mano y sac\u00f3 aquello. Hizo un capullo con las yemas de sus dedos y, desde la punta, empez\u00f3 a masturbarlo.<\/p>\n<p>\u2014Esta me la debes \u2014le dijo ella.<\/p>\n<p>Manuel no ten\u00eda necesidad de contestar, s\u00f3lo se dej\u00f3 hacer. Ve\u00eda como Estela se mojaba los labios con la lengua, sent\u00eda su respiraci\u00f3n en sus mejillas y cada tanto buscaba sus ojos. Pero ella no quer\u00eda verlo; a veces miraba lo que hac\u00eda su mano, y cambiaba el ritmo. Otra veces su mirada se perd\u00eda en los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>\u2014Gu\u00e1rdatelo \u2014le dijo, finalmente ella, volviendo a caminar hacia los asadores. \u2014Vamos, mi madre debe estar preocupada.<\/p>\n<p>Manuel tard\u00f3 un momento en ajustarse las bermudas y seguir a Estela. Cuando la alcanz\u00f3, le pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa qu\u00e9 quieres hacer conmigo?<\/p>\n<p>Ella lo vio, se rio nerviosamente, y se mordi\u00f3 otra vez el labio, esta vez ligeramente tinto por la saliva de los besos.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66190\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66190\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Entonces, cambi\u00f3 la rodilla por la mano y empez\u00f3 a acariciar su entrepierna. No tard\u00f3 mucho en reconocer la forma y la direcci\u00f3n del miembro, y empez\u00f3 a masturbarlo. Las bermudas estaban bastante holgadas, as\u00ed que meti\u00f3 su mano y sac\u00f3 aquello. Hizo un capullo con las yemas de sus dedos y, desde la punta, empez\u00f3 a masturbarlo. \u2014Esta me<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66190\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66190\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":28446,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-66190","post","type-post","status-publish","format-standard","category-hetero"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":353,"today_views":353},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66190","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/28446"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=66190"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66190\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":66191,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66190\/revisions\/66191"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=66190"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=66190"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=66190"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}