{"id":66384,"date":"2026-07-10T01:07:08","date_gmt":"2026-07-09T23:07:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=66384"},"modified":"2026-07-07T16:22:32","modified_gmt":"2026-07-07T14:22:32","slug":"deseo-y-bicentenario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/deseo-y-bicentenario\/","title":{"rendered":"Deseo y Bicentenario"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"66384\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hola, soy Jorge tengo 57 a\u00f1os y hago m\u00fasica en las noches porte\u00f1as, en estudios de grabaci\u00f3n medio oxidados en Villa Crespo, en bares de San Telmo donde el humo se pega a las paredes como recuerdos que no se quieren ir o utilizando las IA generativas, tan de moda hoy, explorando plataformas con mis inquietudes. Gestor institucional de d\u00eda, sesionista de noche. Esa dualidad que me define desde siempre. Pero hay d\u00edas y noches que vuelven en loops, d\u00edas y noches que no tienen que ver con los acordes ni con las negociaciones burocr\u00e1ticas.<\/p>\n<p>El Bicentenario. 2010. Yo ten\u00eda cuarenta y uno (muy taurino) y Viviana treinta y nueve (muy escorpiana). Coctel explosivo.<\/p>\n<p>En este departamento de Congreso, que ahora habito solo, sentado en mi sill\u00f3n ergon\u00f3mico, miro el techo con la guitarra apoyada en mis rodillas, y me doy cuenta que algunos recuerdos no envejecen como nosotros. Se quedan ah\u00ed, intactos, esperando que los toques para que suenen con la misma intensidad del primer d\u00eda, un eco, un delay permanente. Y ese fin de semana largo de mayo, esa mueca del destino, vuelve a m\u00ed con una claridad que desarma. Que desarma y sangra, como dice el cl\u00e1sico.<\/p>\n<p>Viviana y yo llev\u00e1bamos 6 a\u00f1os juntos. Seis a\u00f1os de convivencia, de silencios c\u00f3modos, de domingos en familia, de noches donde el sexo se hab\u00eda vuelto una coreograf\u00eda aprendida de memoria, donde la crisis econ\u00f3mica hab\u00eda dado paso al crecimiento, al celular, a las redes sociales y al desgaste prematuro que produce \u201cla tensi\u00f3n de las relaciones paralelas virtuales\u201d.<\/p>\n<p>Ella era \u2014es, porque sigue existiendo aunque ya no est\u00e9 conmigo\u2014una morocha de esas que definen el paisaje porte\u00f1o: piel morena clara, ojos oscuros que parec\u00edan guardar secretos de mil tangos, una boca grande que sonre\u00eda con toda la cara y un cuerpazo. Fogosa, como dec\u00edan antes, con curvas que no ped\u00edan permiso para existir. Pero hab\u00eda algo en ella, en esos \u00faltimos a\u00f1os, una inquietud que no lograba nombrar.<\/p>\n<p>Todo empez\u00f3 con conversaciones de tipo almohad\u00f3n. Con un &#8220;\u00bfy si probamos con&#8230;?&#8221; susurrados en la oscuridad, cuando la ciudad se hab\u00eda quedado dormida y nosotros est\u00e1bamos todav\u00eda despiertos, sudados, pegados.<\/p>\n<p>Viviana ten\u00eda fantas\u00edas que nunca pudo explorar. Fantas\u00edas que perturbaban \u201cmi universo de paz convivencial\u201d (ya que ven\u00eda de mucha turbulencia y bajos instintos descargados a mansalva). Ella, quer\u00eda un tercero. Pero no cualquier tercero. Quer\u00eda a una mujer. Quer\u00eda probarse a s\u00ed misma, descubrir si ese deseo que sent\u00eda desde adolescente era real o solo una proyecci\u00f3n de su juventud rebelde, ya que le habr\u00eda perjudicado en sus anteriores uniones y el acto de maternar.<\/p>\n<p>De entrada supe cu\u00e1les ser\u00edan las consecuencias y as\u00ed, como as\u00ed, llego el momento:<\/p>\n<p>\u2014Che, Jorge \u2014me dijo una noche de abril, mientras tom\u00e1bamos una birra artesanal y el oto\u00f1o empezaba a te\u00f1ir de amarillo el paisaje urbano\u2014, \u00bfQu\u00e9 onda, Catalina?<\/p>\n<p>Gire mi cabeza con desconfianza. Catalina era la sobrina de Viviana, hija de su hermana mayor. La conoc\u00eda desde los 13, la vi transformarse de una pendeja flaca, pecosa, ins\u00edpida y con braquets en una mujer que llamaba la atenci\u00f3n sin pedirlo. Pelirroja. Ese rojo intenso, natural, que parec\u00eda prenderse fuego cuando el sol le daba de frente. Ten\u00eda 19 a\u00f1os, estudiaba arte dram\u00e1tico, viv\u00eda independizada en Palermo y ten\u00eda una actitud que perturbaba. No porque fuera irrespetuosa, sino porque miraba de frente. Sin verg\u00fcenza. Sin barreras.<\/p>\n<p>\u2014\u201c\u00bfLa Zarina de Rusia?\u201d \u2014respond\u00ed \u2014. \u00bfQu\u00e9 pasa con ella?<\/p>\n<p>Viviana dej\u00f3 su \u201cpinta\u201d en la mesa, agarro con sus manos mi cara y dijo:<\/p>\n<p>\u2014Ella est\u00e1 interesada \u2014dijo\u2014. Le cont\u00e9, nuestras charlas de almohad\u00f3n, nuestros secretos, lo que hablamos. Y ella&#8230; ella quiere probar.<\/p>\n<p>Cerr\u00e9 los ojos y pens\u00e9 \u201cque quilombo, puta madre\u201d. Recuerdo que dej\u00e9 de respirar por unos segundos y confirme que esto se estaba cocinando a fuego lento, sin saberlo. Miss Kat. La pelirroja atrevida que frecuentaba el Baretto de San Telmo donde sol\u00eda tocar; hac\u00eda unos meses, borracha de cerveza, me hab\u00eda dicho al o\u00eddo: &#8220;Tocas como si estuvieras haci\u00e9ndole el amor a la guitarra, Jorge. Es la mejor paja auditiva que tuve en meses&#8221;.<\/p>\n<p>\u2014Afloja, pendeja, que est\u00e1 tu t\u00eda \u2014fue todo lo que pude decir.<\/p>\n<p>\u2014Estoy viva \u2014respondi\u00f3 mientras me miraba incr\u00e9dula por el rechazo, y en esa frase hab\u00eda tanto hambre, tanta necesidad de sentirse real y due\u00f1a de su propio deseo.<\/p>\n<p>Catalina empez\u00f3 a venir, m\u00e1s asiduamente a casa. &#8220;A visitar a la t\u00eda&#8221;, dec\u00eda. Las visitas se alargaban, mientras se sentaba en el sill\u00f3n con las piernas cruzadas de una manera que dejaba ver demasiado, o tal vez era mi imaginaci\u00f3n la que transformaba cada gesto inocente en una provocaci\u00f3n. Viviana la miraba diferente. Hab\u00eda en sus ojos una ternura mezclada con algo m\u00e1s oscuro, m\u00e1s territorial. Me daba cuenta que mi mujer estaba redescubriendo su propio poder, su capacidad de desear y ser deseada por alguien de su mismo sexo, y eso la transformaba. Se mov\u00eda diferente, con una seguridad que me resultaba extra\u00f1a y excitante.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1s tan callado, Jorge? \u2014me dijo Catalina una tarde, mientras Viviana preparaba caf\u00e9 en la cocina y yo fing\u00eda ver el noticiero \u2014. Siempre que vengo, estas en silencio. \u00bfTe incomoda que est\u00e9 ac\u00e1?<\/p>\n<p>Su voz era grave para una mujer joven. Ten\u00eda ese timbre ronco de las fumadoras, aunque ella no fumaba. Era el timbre de quien grita mucho, de quien usa la voz como instrumento.<\/p>\n<p>\u2014Nada que ver \u2014respond\u00ed\u2014. Pero tu comentario, a espaldas de tu t\u00eda en el Baretto, fue raro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfRaro? \u2014se rio de manera estruendosa\u2014. Vos sos el tipo que no le teme a lo raro. Yo misma vi, que cuando haces m\u00fasica con bandas de rock se rompen reglas todo el tiempo. \u00bfPor qu\u00e9 en la cama tendr\u00eda que ser diferente? (Risa y dedo \u00edndice en la boca)<\/p>\n<p>Esa frase me puso a la defensiva, porque ten\u00eda raz\u00f3n. Yo pasaba mi vida rompiendo reglas musicales, desafiando estructuras, buscando el sonido que no se debe buscar.<\/p>\n<p>La semana previa al Bicentenario fue tortuosa, divid\u00eda mi tiempo entre la gesti\u00f3n y la participaci\u00f3n de la instituci\u00f3n en la Feria de las Provincias, ensayos y grilla de presentaciones, ni pensar en vida familiar y cansado hasta para cumplir el deber marital.<\/p>\n<p>El viernes, estuve tocando hasta la madrugada y el s\u00e1bado lleg\u00f3 con un cielo azul intenso, de esos que solo se ven en mayo cuando el invierno a\u00fan no ha manchado todo de gris. Me levante y fui a poner en marcha el stand asignado y delegue la tarea, en mis compa\u00f1eros de trabajo. Volv\u00ed a casa, con el tiempo justo para una siesta reparadora e ir al asado familiar del s\u00e1bado a la noche, en la casa de la cu\u00f1ada en San Isidro. Midiendo mis energ\u00edas ya que estar\u00eda en escenarios alternos de espect\u00e1culos musicales, el domingo y lunes.<\/p>\n<p>El asado fue la ventana para \u201cver qu\u00e9 onda\u201d. Eso acordamos con Viviana, en los d\u00edas previos. Mucha gente, mucho ruido, mucho vino. La familia extendida de Viviana era numerosa. Hab\u00eda primos, sobrinos, hermanos, cu\u00f1ados. Y en medio de ese caos, las tres personas que sab\u00edamos la verdad nos mov\u00edamos con una tensi\u00f3n el\u00e9ctrica invisible para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Recuerdo el olor del costillar de ternero al asador. Ese aroma a grasa quemada, a le\u00f1a humeante, a especias que se caramelizaban. Recuerdo el sonido de las copas chocando, las risas estridentes de los hombres hablando de la selecci\u00f3n, contando chistes verdes y an\u00e9cdotas infladas de vivencias inexactas o inexistentes, el \u201ctruco\u201d de seis y el murmullo constante de veinte conversaciones simult\u00e1neas.<\/p>\n<p>Viviana y Catalina se buscaban con los ojos. Esa b\u00fasqueda constante, generaba un imperceptible pero constante circuito de electricidad cada vez que sus pupilas se encontraban. Yo estaba sentado en una reposera de pl\u00e1stico blanco, con una copa de Malbec que no paraba de llenarse, observando c\u00f3mo Viviana, se transformaba ante mis ojos en alguien que no conoc\u00eda del todo. Alguien m\u00e1s libre, m\u00e1s peligrosa, m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>Fue despu\u00e9s del postre, cuando la familia empezaba a dispersarse en grupos menores, donde comienzo el primer gran movimiento. Catalina se acerc\u00f3 a Viviana en el quincho, donde mi mujer estaba recogiendo platos. Yo estaba cerca, lo suficientemente cerca para ver pero lo suficientemente lejos para parecer involucrado en mi propia conversaci\u00f3n con un primo pol\u00edtico que hablaba de la econom\u00eda, de la crisis de River Plate y del presente de la selecci\u00f3n, etc.<\/p>\n<p>Catalina le dijo algo al o\u00eddo a Viviana. No escuch\u00e9 las palabras, pero vi la respuesta de mi mujer. Un escalofr\u00edo visible que recorri\u00f3 su espalda. Un rubor que subi\u00f3 por su cuello. Y luego, el gesto. Catalina tom\u00f3 la mano de Viviana y la llev\u00f3 hacia los \u00e1rboles del fondo del jard\u00edn. Hacia la sombra. Hacia lo oculto.<\/p>\n<p>Mi coraz\u00f3n lat\u00eda fuerte. Me hablaban. Yo asent\u00eda, en autom\u00e1tico, mientras mi vista se perd\u00eda en la penumbra del fondo donde dos siluetas \u2014una morocha, una pelirroja\u2014se fund\u00edan en una sola.<\/p>\n<p>No vi el beso. Pero lo sent\u00ed. Lo sent\u00ed en mi cuerpo como si me hubieran tocado a m\u00ed. Esa mezcla de celos y excitaci\u00f3n me nublaba la raz\u00f3n. Quer\u00eda ir, quer\u00eda ver, quer\u00eda separarlas y quer\u00eda unirlas. Estaba paralizado, atrapado en mi propia silla de pl\u00e1stico, en la vida de hombre correcto, que forje luego de tanta turbulencia amatoria, de marido fiel en tiempos de redes sociales, de m\u00fasico que vivi\u00f3 demasiado y que deja pasar cosas.<\/p>\n<p>Cuando volvieron, diez minutos despu\u00e9s \u2014una eternidad\u2014, Viviana ten\u00eda los labios hinchados y los ojos brillosos. Catalina ten\u00eda una sonrisa de gato que se comi\u00f3 al canario.<\/p>\n<p>\u2014Gente, nos vamos, Jorge est\u00e1 agotado y tiene que seguir de gira art\u00edstica \u2014fue todo lo que dijo Viviana, tomando mi mano. \u2013 Cata, \u00bfte acercamos? \u2013 y la Zarina asinti\u00f3.<\/p>\n<p>Nadie sospech\u00f3. O tal vez s\u00ed, pero en las familias argentinas se prefiere no ver, no saber, no nombrar.<\/p>\n<p>En el auto, manejando por la autopista hacia Capital, el silencio era denso. Viviana iba en el asiento del copiloto, mirando por la ventana. Catalina iba atr\u00e1s, y pod\u00eda sentir su aliento, su presencia, su calor en mi nuca.<\/p>\n<p>\u2014Fue hermoso \u2014dijo Viviana de pronto, sin volverse\u2014. Besarte. Sentir tu boca.<\/p>\n<p>Las palabras retumbaron en silencio, mire por el espejo y Cata estaba radiante. Y entend\u00ed que esto no era solo sexo. No era solo una fantas\u00eda de tr\u00edo para calentar la rutina matrimonial. Era algo m\u00e1s profundo. Viviana estaba sacando una parte de s\u00ed misma que hab\u00eda enterrado, una parte que la sociedad, la familia, la pareja misma, le hab\u00edan dicho que deb\u00eda ignorar. Y ahora, a los treinta y nueve a\u00f1os, en el Bicentenario de una naci\u00f3n que celebraba doscientos a\u00f1os de libertad, ella estaba reclamando la suya propia.<\/p>\n<p>Llegamos a casa. El PH de entonces, ten\u00eda pisos de parquet y sus ventanas daban a un patio interior silencioso. La ciudad estaba en ebullici\u00f3n por los festejos y nosotros \u00edbamos a una isla de calma para generar una tormenta.<\/p>\n<p>Catalina bajo del auto, cual integrante de la nobleza. No hubo pregunta expl\u00edcita, no hubo acuerdo verbal. Simplemente sucedi\u00f3. Entramos los tres y el aire se volvi\u00f3 irrespirable de tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Viviana fue la primera en moverse. Se acerc\u00f3 a Catalina y la bes\u00f3. Frente a m\u00ed. Sin pedir permiso. Sin mirarme siquiera. Y yo vi, a mi mujer transformarse. Vi c\u00f3mo sus manos, esas manos que conoc\u00edan cada l\u00ednea, cada cicatriz m\u00eda, recorr\u00edan el cuerpo una joven y hermosa hembra. Vi c\u00f3mo su lengua se enredaba con la lengua de la pelirroja, c\u00f3mo sus cuerpos se buscaban, c\u00f3mo sus gemidos se mezclaban en el silencio del living.<\/p>\n<p>Yo estaba parado, con las llaves todav\u00eda en la mano. Sab\u00eda qu\u00e9 hacer pero no sab\u00eda si era bienvenido, si era espectador o participante, si deb\u00eda unirme o retirarme. Era un hombre de cuarenta y un a\u00f1os, m\u00fasico de rock, supuestamente liberal, y sent\u00eda que no entend\u00eda nada.<\/p>\n<p>Fue Viviana quien me rescat\u00f3. Se separ\u00f3 de Catalina, con la respiraci\u00f3n agitada, el pelo desordenado, los ojos brillando con una luz que no hab\u00eda visto en a\u00f1os, y me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Ven\u00ed, amor. Comparto mi regalo con vos.<\/p>\n<p>Me acerqu\u00e9. Catalina me dio espacio, pero no se apart\u00f3. Se qued\u00f3 ah\u00ed, observando, con esa sonrisa atrevida que ya hab\u00eda aprendido a reconocer. Y cuando toqu\u00e9 a Viviana, cuando puse mis manos sobre su piel mientras ella estaba todav\u00eda vibrando del contacto con otra, sent\u00ed algo nuevo. No era posesi\u00f3n. Era comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Ayud\u00e1me a comer este caramelito \u2013 dijo. Mientras le quitaba la ropa, de manera ritual. Catalina se sent\u00eda el centro y era trofeo, a la vez. Puso a disposici\u00f3n sus tetas blancas y pecosas, una para cada uno y empez\u00f3 una noche larga. Quedo totalmente desnuda, gir\u00f3 y con un peque\u00f1o salto se abraz\u00f3 a m\u00ed, con pies y manos, mientras me besaba con furia. Viviana se desvest\u00eda y aprovechaba a besar su espalda y met\u00eda mano desde atr\u00e1s sobre su cl\u00edtoris y su rosada concha.<\/p>\n<p>Cuando estuvo totalmente desnuda, me quit\u00f3 la camisa y sigui\u00f3 con uno, dos y tres dedos dentro de esa hermosa flor, mientras mord\u00eda su cuello y tiraba de su pelo con suaves insultos en su o\u00eddo izquierdo \u2013 \u00bfTe gusta, putita? &#8211; \u00a1Qu\u00e9 calentitos est\u00e1n mis dedos, turrita! &#8211; \u00bfQuer\u00e9s comerte la pija de Jorge? \u2026 Mientras, la zarina clavaba sus u\u00f1as en mi espalda, empezaba a sentir la humedad de su sexo en mi panza incipiente, mientras gem\u00eda pidiendo m\u00e1s y m\u00e1s\u2026 y m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p>Tuvo un orgasmo prolongado abrazada a m\u00ed. Luego, respir\u00f3, tomo aire, se baj\u00f3 de mis brazos, gir\u00f3 180 grados y se puso fren\u00e9tica contra el cuerpo de su t\u00eda. Era lucha cuerpo a cuerpo, lucha en el barro, yo termine de desnudarme y las iba llevando al sill\u00f3n esquinero de tres cuerpos, en el estar principal del PH, que oficiar\u00eda oficialmente como campo de batalla, sexo, amor, risas y orgasmos.<\/p>\n<p>Catalina era atrevida, s\u00ed, pero tambi\u00e9n generosa. Sab\u00eda cu\u00e1ndo retroceder, cu\u00e1ndo impulsar, cu\u00e1ndo simplemente observar. Era como un director de orquesta que conoce el momento exacto de cada instrumento. Y Viviana florec\u00eda y entregaba todo. Se abr\u00eda como una flor que se niega a marchitarse, que reclama su derecho a la luz desde el centro de su propia oscuridad. Luego de varias penetraciones a ambas, me quede de lado recuperando fuerzas y vi en directo el mejor polvo l\u00e9sbico, de t\u00eda y sobrina, de morocha y colorada, de una mujer de mediana edad y una pendeja casi 0 km.<\/p>\n<p>Y luego de esa contienda puede saborear la piel de Viviana mezclada con la de Catalina, la suavidad del cuello de mi mujer, la aspereza de las yemas de los dedos de la pelirroja, el fr\u00edo del piso de madera, el calor de dos cuerpos sobre el m\u00edo, el aguante del sill\u00f3n, el gemido grave de Viviana que solo yo conoc\u00eda, el jadeo agudo de Catalina que era nuevo.<\/p>\n<p>A\u00fan quedaba la sesi\u00f3n en el sommier King Size. Esta vez, las tome de la cintura y las fui nalgueando suavemente, mientras re\u00edan y buscaban elixires varios de origen et\u00edlico. Y fue apote\u00f3sico, luego de una hora de besos, caricias, fellatios, cunnilingus, cabalgatas, misionero simple, doble, llego el descanso. Viviana se abraz\u00f3 y me dec\u00eda al o\u00eddo \u2013 Gracias, mi amor \u2013 y la vulnerabilidad dio paso a un gimoteo, no de verg\u00fcenza sino de alivio. De haberse permitido ser ella misma.<\/p>\n<p>La ternura de Catalina, se evaporo de repente y regreso al minuto, con su mochila. &#8211; Te traje un regalo Vivi, quiero ser tuya y del \u201ct\u00edo\u201d. Acto seguido, le entrego un cinturonga, &#8211; Los quiero a los dos, quiero doble o nada y nos abraz\u00f3 a los dos \u2013 mientras ficcionaba pucheritos de nena malcriada. Mientras, le acomodo el arn\u00e9s a la t\u00eda, la mont\u00f3 sin dudar y empez\u00f3 a cabalgar con fuerza mientras se\u00f1alaba su trasero \u2013 T\u00edo Jorge, \u00bfte hago un mapa? \u2013 y mi otro yo, asalto ese culo hermoso brutalmente, sin concesiones con instinto depredador. As\u00ed paso un rato largo donde dimos rienda suelta a todo tipo de deseo, hasta quedar exhaustos y dormidos<\/p>\n<p>El domingo amaneci\u00f3 gris. T\u00edpico oto\u00f1o porte\u00f1o. Catalina se fue sin desayunar, con un beso en la mejilla para m\u00ed y uno largo y profundo para Viviana. Quedamos desnudos en la cama, mirando el techo, sin saber qu\u00e9 decirnos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s bien? \u2014pregunt\u00e9 finalmente.<\/p>\n<p>Viviana se volvi\u00f3 hacia m\u00ed. Ten\u00eda ojos hinchados, pero la paz que irradiaba era palpable.<\/p>\n<p>\u2014Nunca estuve mejor \u2014dijo\u2014. Y vos&#8230; \u00bfme segu\u00eds queriendo?<\/p>\n<p>La pregunta me doli\u00f3. Porque revelaba su miedo m\u00e1s profundo: que al verla real, completa, con todos sus deseos y complejidades, yo ya no la quisiera. Que la fantas\u00eda del tr\u00edo se convirtiera en la pesadilla del rechazo.<\/p>\n<p>\u2014Te quiero m\u00e1s \u2014dije, y era verdad\u2014. Porque ahora te veo. Te veo toda.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda, el domingo de mayo de 2010, yo ten\u00eda que tocar en un festival en Costanera Sur. Era parte de los festejos del Bicentenario, un escenario montado para la ocasi\u00f3n con bandas locales celebrando el rock nacional. Viviana fue conmigo y Catalina tambi\u00e9n, aunque fingieron no conocerse demasiado ante los ojos de los otros m\u00fasicos.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n estuvo buen\u00edsima. Tocamos temas de Spinetta, de Charly, de Calamaro. La gente cantaba, el r\u00edo brillaba al fondo y todo parec\u00eda vibrar en una frecuencia de alegr\u00eda contenida. Y yo, en el escenario, sent\u00eda que hab\u00eda cambiado. Que mi m\u00fasica sonaba diferente, m\u00e1s libre, m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, cuando recog\u00edamos los instrumentos, Catalina se acerc\u00f3. Tra\u00eda una botella de Rutini en la mochila y una manta en el brazo.<\/p>\n<p>\u2014Conozco un lugar \u2014dijo\u2014. Cerca de ac\u00e1. Donde podemos estar solos.<\/p>\n<p>Fuimos los tres. Un rinc\u00f3n escondido detr\u00e1s de los puestos de comida ya cerrados, cerca del R\u00edo de la Plata. La noche estaba fresca, h\u00fameda. Catalina extendi\u00f3 la manta sobre el pasto h\u00famedo. Viviana se sent\u00f3 entre nosotros dos. Y all\u00ed, con el sonido lejano de otras bandas tocando, con el olor a humedad del r\u00edo, con el sabor a vino en los labios, sucedi\u00f3 la segunda vez.<\/p>\n<p>Fue a\u00fan m\u00e1s urgente, m\u00e1s salvaje. Ya no hab\u00eda nerviosismo, ya no hab\u00eda dudas. Hab\u00eda solo el deseo puro, el hambre de explorar, de sentir. Viviana estaba insaciable. Quer\u00eda todo, quer\u00eda m\u00e1s, quer\u00eda simult\u00e1neamente.<\/p>\n<p>Catalina era un fuego. Se mov\u00eda con una seguridad que desment\u00eda sus 19 a\u00f1os. Sab\u00eda exactamente d\u00f3nde tocar, c\u00f3mo acariciar, cu\u00e1ndo morder. Y Viviana recib\u00eda todo con una entrega que me emocionaba y me excitaba por igual. No hab\u00eda celos. Esa es la verdad que debo contar. Mirar a mi mujer con otra, verla disfrutar, verla gemir bajo los dedos y la boca de otra persona, no gener\u00f3 en m\u00ed el rechazo que la sociedad me hab\u00eda prometido. Gener\u00f3 algo m\u00e1s profundo: una conexi\u00f3n. Una sensaci\u00f3n de que est\u00e1bamos juntos en algo prohibido y hermoso, algo que nos pertenec\u00eda solo a nosotros que termino de nuevo en el PH, donde volvimos a dormir abrazados.<\/p>\n<p>El lunes estuvimos todo el d\u00eda juntos, desayunamos, almorzamos y fuimos juntos al show, mucho m\u00e1s \u00edntimo, m\u00e1s latino, donde yo tocaba la guitarra y el piano para una cantante de boleros de Centroam\u00e9rica. Durante la funci\u00f3n, desde el escenario, yo las ve\u00eda. Sentadas juntas en la penumbra, intercambiando miradas, roz\u00e1ndose los codos, compartiendo un programa. Y yo sab\u00eda. Sab\u00eda que despu\u00e9s, en alg\u00fan camerino, en alg\u00fan ba\u00f1o, en alg\u00fan rinc\u00f3n oscuro del teatro, suceder\u00eda de nuevo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del show, Viviana dijo: Tengo una sorpresa \u2013 Llamo al Administrador y volvi\u00f3 con una llave de salida lateral del Teatro \u2013 Nada mejor que una propina \u2013 dijo mientras re\u00eda mal\u00e9volamente. Esperamos una media hora, mientras se realizaba la limpieza y nos dimos una linda previa (mucho mimos), en el camerino, hasta que son\u00f3 el celular y dijo \u2013 Piedra Libre, vamos al escenario &#8211;<\/p>\n<p>\u2013Le ped\u00ed que deje las luces tenues, esta es nuestra escena &#8211; Catalina hacia moner\u00edas bajo las luces. El tremendo M\u00e9nage a Trois, fue impresionante, improvisamos m\u00e1s poses como si de verdad estuvi\u00e9ramos frente al p\u00fablico y Viviana se entreg\u00f3 por completo, ya nada importaba. Fue su noche. La noche donde explor\u00f3, donde toc\u00f3, donde fue tocada, donde descubri\u00f3 que su bisexualidad no era una fantas\u00eda sino una realidad que la completaba, donde su querida Cata la penetraba una y otra vez y yo reinaba sobre esos cuerpos.<\/p>\n<p>Recuerdo el sabor del champ\u00e1n robado del camerino que bebimos despu\u00e9s, directo de la botella, riendo como locos, como ni\u00f1os que han descubierto un escondite secreto.<\/p>\n<p>Luego de ese fant\u00e1stico fin de semana largo, tuvimos \u00e9picas encamadas pero esto no pod\u00eda durar. Catalina era un cometa pasajero, una visitante en nuestra \u00f3rbita. Viviana y yo deb\u00edamos aprender a incorporar esto a nuestra vida sin depender de una tercera persona, sin convertir a nadie en objeto de nuestra exploraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y pasaron los meses. El Bicentenario se fue, como se fueron tantas cosas. Viviana y yo seguimos juntos otros dos a\u00f1os. Seguimos explorando, a veces solos, a veces con otros. Aprendimos que el amor no es un contrato de exclusividad sino un acuerdo de honestidad. Aprendimos que los prejuicios son solo miedos con nombre elegante. Y aprendimos que el deseo, cuando se nombra y se comparte, puede ser una fuerza que une en lugar de separar. Aprendimos que el cuerpo de la mujer que am\u00e1s no te pertenece, pero puede elegir compartirse contigo. Aprend\u00ed que el deseo no es un r\u00edo lineal que va de A a B, sino un oc\u00e9ano donde las corrientes se mezclan, se separan, vuelven a unirse.<\/p>\n<p>Catalina se fue a Espa\u00f1a al a\u00f1o siguiente. Estudi\u00f3 teatro en Madrid, se cas\u00f3 con un director de cine, tuvo hijos. De vez en cuando manda fotos. Viviana vive ahora en C\u00f3rdoba, con una mujer que la quiere y que entiende su complejidad sin necesidad de explicaciones. Y yo estoy ac\u00e1, en este departamento de Congreso, con mis cincuenta y siete a\u00f1os, mi guitarra en las rodillas, recordando.<\/p>\n<p>El Bicentenario de una naci\u00f3n fue, para nosotros, el bicentenario de nuestra piel. El momento donde dejamos de ser lo que se supon\u00eda que deb\u00edamos ser para convertirnos en lo que \u00e9ramos. Donde entendimos que la libertad no es solo pol\u00edtica, es \u00edntima.<\/p>\n<p>Toco una nota en la guitarra. Una s\u00e9ptima suspendida, ese acorde que nunca resuelve, que siempre deja la puerta abierta. Y pienso en Viviana, en Catalina, en esas noches de mayo donde tres cuerpos se encontraron y descubrieron que el amor, el verdadero amor, no tiene l\u00edmites preestablecidos. Que se expande, se contrae, se transforma. Que es, como la m\u00fasica, un arte de escuchar y de dejarse llevar.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66384\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66384\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Y luego de esa contienda puede saborear la piel de Viviana mezclada con la de Catalina, la suavidad del cuello de mi mujer, la aspereza de las yemas de los dedos de la pelirroja, el fr\u00edo del piso de madera, el calor de dos cuerpos sobre el m\u00edo, el aguante del sill\u00f3n, el gemido grave de Viviana que solo yo<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66384\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66384\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":33134,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-66384","post","type-post","status-publish","format-standard","category-confesiones"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":126,"today_views":126},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66384","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/33134"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=66384"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66384\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":66386,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66384\/revisions\/66386"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=66384"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=66384"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=66384"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}