{"id":66528,"date":"2026-07-22T00:30:42","date_gmt":"2026-07-21T22:30:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=66528"},"modified":"2026-07-21T16:37:42","modified_gmt":"2026-07-21T14:37:42","slug":"sol-rio-y-octubre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/sol-rio-y-octubre\/","title":{"rendered":"Sol, r\u00edo y octubre"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"66528\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">11<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El sol de octubre ca\u00eda sobre el Delta del Paran\u00e1 como una manta pesada, h\u00fameda, envolviendo todo en esa luz dorada caracter\u00edstica de la primavera argentina. Yo \u2014Viviana, treinta y nueve a\u00f1os, escorpiana hasta la m\u00e9dula\u2014 sent\u00eda c\u00f3mo la humedad se adher\u00eda a mi piel morena mientras Jorge, mi pareja desde hac\u00eda seis a\u00f1os, cargaba las mochilas desde la lancha colectivo hasta el deck de madera de nuestra caba\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTrajiste el vino? \u2014pregunt\u00f3 Jorge, cuarenta y uno, taurino obstinado, con esos hombros de m\u00fasico sesionista que hab\u00edan cargado tantos teclados y amplificadores a lo largo de los a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014En la bolsa negra \u2014respond\u00ed, sec\u00e1ndome el sudor de la frente.<\/p>\n<p>La puerta de la caba\u00f1a contigua se abri\u00f3 con un chirrido seco, y emergi\u00f3 una mujer que parec\u00eda irradiar luz propia. Alta, pelo casta\u00f1o lacio que le llegaba hasta la cintura, pecas dispersas sobre p\u00f3mulos altos y unos ojos verdes que me atravesaron desde veinte metros de distancia. Estaba en bata, claramente reci\u00e9n salida de la ducha, y besaba a una rubia joven que llevaba una mochila colgada.<\/p>\n<p>Los besos no eran de despedida amistosa. Eran besos de lengua, de manos que se aferran a cinturas, de cuerpos que se reconocen. La rubia \u2014una chica de ojos claros, veintitantos, vestida con ropa deportiva\u2014 se separ\u00f3 finalmente, sonri\u00f3 con complicidad, y camin\u00f3 hacia el muelle donde esperaba la lancha colectivo que nosotros acab\u00e1bamos de abandonar.<\/p>\n<p>Nuestras miradas se cruzaron \u2014las de la mujer alta y las m\u00edas\u2014 y algo el\u00e9ctrico, inmediato, pas\u00f3 entre nosotras. Un reconocimiento. Una pregunta. Una promesa. Se acomod\u00f3 sus anteojos de carey y levanto su mano elegantemente<\/p>\n<p>\u2014Viviana \u2014llam\u00f3 Jorge, ajeno al intercambio\u2014. \u00bfTrajiste los f\u00f3sforos?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014murmur\u00e9, sin apartar los ojos de ella.<\/p>\n<p>Ella se qued\u00f3 en el umbral de su puerta, la bata apenas cerrada, y me sonri\u00f3. Una sonrisa lenta, escorpio contra escorpio, aunque todav\u00eda no supi\u00e9ramos eso.<\/p>\n<p>Dos horas despu\u00e9s, ya instalados, con la ropa guardada y el mate circulando, salimos al espacio com\u00fan que compart\u00edan las caba\u00f1as.<\/p>\n<p>El r\u00edo murmuraba detr\u00e1s de los sauces, y el aire comenzaba a oler a humo de parrilla y a flores silvestres. Caminamos por la orilla del rio mientras mir\u00e1bamos el transito fluvial, un gran buque tanque con bandera de Paraguay, barcazas de dragado, lanchas y si prestabas atenci\u00f3n ve\u00edas como bajaban los aviones rumbo al aeropuerto internacional de Ezeiza. Una tarde deseada, en c\u00e1mara lenta con sonido ambiente.<\/p>\n<p>Tras el recorrido vimos a nuestros vecinos.<\/p>\n<p>La mujer \u2014Marcela, supimos despu\u00e9s\u2014 vest\u00eda ahora un pantal\u00f3n de lino blanco y una camiseta negra que dejaba ver la piel bronceada de su espalda. Junto a ella, un hombre de cincuenta y nueve a\u00f1os, plateado, elegante, con el cuerpo de alguien que hace ejercicios a diario. Amador, present\u00f3 ella con una reverencia, a su marido.<\/p>\n<p>\u2014Vimos que llegaban en la lancha colectiva \u2014dijo Amador, con una voz profunda, tranquila\u2014. Nosotros vinimos en la nuestra. Una Canestrari 225, amarrada ah\u00ed atr\u00e1s. \u00bfLes gustar\u00eda dar una vuelta ma\u00f1ana?<\/p>\n<p>Jorge, siempre sociable, acept\u00f3 de inmediato. Yo segu\u00eda sintiendo la mirada de Marcela sobre mi piel como si fuera tacto f\u00edsico. Hab\u00eda algo all\u00ed, algo que ella hab\u00eda visto en m\u00ed y que yo hab\u00eda visto en ella. Una familiaridad peligrosa.<\/p>\n<p>La cena fue en la parrilla com\u00fan. Carne, vino tinto, charla sobre m\u00fasica \u2014Jorge y Amador descubrieron que ambos hab\u00edan tocado en la escena jazz\u00edstica de Buenos Aires en los noventa\u2014 y silencios c\u00f3mplices entre Marcela y yo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHacen yoga? \u2014pregunt\u00f3 ella, dirigi\u00e9ndose espec\u00edficamente a m\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014A veces \u2014respond\u00ed\u2014. Pero prefiero el baile. El contacto f\u00edsico sin filtros.<\/p>\n<p>\u2014Interesante elecci\u00f3n de palabras \u2014dijo Marcela, y sus ojos verdes brillaron.<\/p>\n<p>Amador y Jorge intercambiaron una mirada. Los hombres siempre captan antes de lo que creen. Hay una frecuencia, un c\u00f3digo entre varones que se activa cuando el ambiente se carga de posibilidades.<\/p>\n<p>\u2014Nosotros&#8230; \u2014empez\u00f3 Amador, girando su copa de vino\u2014. Tenemos una relaci\u00f3n abierta. Desde hace a\u00f1os \u2013 solt\u00f3 sin mucho pre\u00e1mbulo-.<\/p>\n<p>Jorge tom\u00f3 mi mano sobre la mesa. \u00c9l experimento conmigo mi bisexualidad, esa necesidad que a veces me despertaba de sentir el cuerpo de una mujer bajo mis manos, de esa rabia contenida que solo el sexo salvaje pod\u00eda disipar.<\/p>\n<p>\u2014Nosotros nos tentamos\u2026 recientemente \u2014dije yo, y mi voz son\u00f3 m\u00e1s firme de lo que sent\u00eda\u2014. Por mi&#8230;digamos, naturaleza. Mientras enrulaba mi pelo con la mano libre.<\/p>\n<p>Marcela se inclin\u00f3 hacia adelante. Sus pechos, maduros y pesados, se presionaron contra el borde de la mesa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe gustar\u00eda ver la lancha? \u2014pregunt\u00f3\u2014. Ahora. Antes de que oscurezca del todo.<\/p>\n<p>La Canestrari 225 era hermosa, impecable, con capacidad para ocho personas. La cubierta de popa era amplia, con cojines blancos y una mesa plegable. El r\u00edo oscurec\u00eda a nuestro alrededor, y los sonidos de la naturaleza se intensificaban.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos los cuatro en la cubierta. La tensi\u00f3n era palpable, una red el\u00e9ctrica que nos conectaba a todos. Jorge y Amador hablaban en voz baja de cuerdas y acordes, mientras Marcela y yo nos hab\u00edamos quedado en silencio cerca de la baranda.<\/p>\n<p>\u2014La chica de esta ma\u00f1ana \u2014dije finalmente\u2014. Era&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Una amante \u2014complet\u00f3 Marcela, sin pudor\u2014. Estudiante de yoga vital. Veintitr\u00e9s a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY Amador?<\/p>\n<p>\u2014 Disfruta. A veces observa. A veces participa. A veces tiene sus propias&#8230; distracciones.<\/p>\n<p>Me volv\u00ed hacia ella. Est\u00e1bamos tan cerca que pod\u00eda sentir su aliento, pod\u00eda ver las motas doradas en sus ojos verdes.<\/p>\n<p>\u2014 Hace poco estuvimos con una personita especial, una coloradita de ensue\u00f1o \u2014 confes\u00e9, y la verdad me sab\u00eda a liberaci\u00f3n\u2014. Luego de contenerme durante muchos a\u00f1os, me solt\u00e9 definitivamente y este fin de era para consolidarnos m\u00e1s, necesit\u00e1bamos m\u00e1s tranquilidad, menos recitales y esa vor\u00e1gine pero nunca se sabe\u2026<\/p>\n<p>Marcela levant\u00f3 la mano y toc\u00f3 mi mejilla. Su piel estaba c\u00e1lida, seca, firme.<\/p>\n<p>\u2014Entonces es hora de continuar \u2014dijo, y sus labios se posaron sobre los m\u00edos.<\/p>\n<p>El beso fue como caer al agua despu\u00e9s de a\u00f1os de sed. Sus manos \u2014manos de profesora de yoga, fuertes, conscientes de cada m\u00fasculo\u2014 se deslizaron por mi espalda, aferr\u00e1ndose a mis caderas, presion\u00e1ndome contra ella. Sent\u00ed sus pechos contra los m\u00edos, la dureza de sus muslos, la urgencia de su lengua buscando la m\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando nos separamos, jadeando, vi que Jorge y Amador nos observaban. No con celos, sino con esa complicidad masculina que es pura energ\u00eda sexual contenida. Jorge y Amador, se dieron la mano, sonrieron y se frotaban las mismas y reconocieron en silencio: \u201cestamos aqu\u00ed, somos parte de esto, pero esto es de ellas\u201d.<\/p>\n<p>\u2014Vamos adentro \u2014dijo Amador, y su voz era un gru\u00f1ido bajo\u2014. Vamos a la caba\u00f1a de nuevo. Y partimos por el camino de graba, todos abrazados y sonriendo.<\/p>\n<p>El dormitorio ol\u00eda a madera barnizada y agua de r\u00edo. Hab\u00eda una cama amplia, casi un tatami elevado, con s\u00e1banas blancas y almohadones esparcidos. La luz de la luna entraba por las ventanas, pintando todo de plata.<\/p>\n<p>Marcela me tom\u00f3 de la mano y me guio hasta el centro de la cama. Jorge y Amador se quedaron en los bordes, sentados en sillas bajas, observando. Hab\u00eda algo ritual en eso, algo de templo y sacrificio. Ellos eran los sacerdotes que presenciaban el reencuentro de dos diosas.<\/p>\n<p>Marcela desabroch\u00f3 mi blusa con dedos expertos. Yo hice lo mismo con su camiseta. Cuando nuestros pechos desnudos se encontraron \u2014los m\u00edos morenos y firmes, los suyos p\u00e1lidos y pesados, con pezones oscuros y grandes\u2014 gemimos al un\u00edsono.<\/p>\n<p>\u2014Dios \u2014suspir\u00e9, y fue una plegaria.<\/p>\n<p>Ella me empuj\u00f3 hacia abajo, sobre las s\u00e1banas, y su boca comenz\u00f3 un viaje descendente. Besos en mi cuello, donde mi pulso lat\u00eda desbocado. Besos en mis clav\u00edculas. Besos en la curva de mis senos, hasta que captur\u00f3 mi pez\u00f3n entre sus labios y succion\u00f3 con fuerza.<\/p>\n<p>Mis caderas se arquearon involuntariamente ante el beso de la hembra hambrienta de carne femenina.<\/p>\n<p>Marcela descendi\u00f3 m\u00e1s. Su lengua traz\u00f3 un camino h\u00famedo por mi est\u00f3mago, se detuvo en mi ombligo, y luego encontr\u00f3 el borde de mi pantal\u00f3n corto.<\/p>\n<p>\u2014M\u00edralos \u2014susurr\u00f3 contra mi piel\u2014. Mira c\u00f3mo nos observan.<\/p>\n<p>Gir\u00e9 la cabeza. Jorge y Amador se hab\u00edan desvestido parcialmente. Sus manos se mov\u00edan sobre sus propias erecciones \u2014Jorge grueso y oscuro, Amador largo y p\u00e1lido\u2014 mientras nos observaban. No se tocaban entre s\u00ed; hab\u00eda una l\u00ednea invisible que ninguno cruzar\u00eda, una masculinidad que se respetaba incluso en la licencia. Pero sus ojos&#8230; sus ojos devoraban lo que Marcela hac\u00eda conmigo.<\/p>\n<p>Marcela me despoj\u00f3 de los shorts y la ropa interior en un movimiento fluido. Qued\u00e9 desnuda ante ella, ante ellos, y en lugar de verg\u00fcenza sent\u00ed un poder salvaje. Era la exhibici\u00f3n de mi verdadera naturaleza, la puesta en escena de mi bisexualidad no como defecto sino como arte.<\/p>\n<p>Ella separ\u00f3 mis muslos con sus manos y su lengua encontr\u00f3 mi centro.<\/p>\n<p>El grito que solt\u00e9 no fue teatral. Marcela sab\u00eda exactamente qu\u00e9 hacer: no la timidez torpe de los primeros encuentros, sino la precisi\u00f3n de alguien que conoce el cuerpo femenino porque comparte sus secretos. Su lengua trazaba c\u00edrculos alrededor de mi cl\u00edtoris, luego descend\u00eda para penetrarme, luego volv\u00eda. Dos dedos \u2014largos, fuertes, con callos de a\u00f1os de esterillas de yoga\u2014 se deslizaron dentro de m\u00ed mientras su boca segu\u00eda trabajando.<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s \u2014gem\u00ed\u2014. Por favor, m\u00e1s.<\/p>\n<p>Ella aceler\u00f3 el ritmo. Mis caderas se mov\u00edan contra su rostro, buscando fricci\u00f3n, buscando ese borde del precipicio. Vi a Jorge acercarse, arrodillarse junto a la cama, y tomar uno de mis pechos con su boca. La combinaci\u00f3n \u2014Marcela entre mis piernas, Jorge en mi pecho, la mirada de Amador desde la silla\u2014 me llev\u00f3 al l\u00edmite.<\/p>\n<p>Cuando me vine, fue con un sollozo que parec\u00eda arrancarse de lo m\u00e1s profundo de mi ser. Marcela no se detuvo; sigui\u00f3 lamiendo, succionando, prolongando el orgasmo hasta que tuve que empujar su cabeza, demasiado sensible, demasiado expuesta.<\/p>\n<p>\u2014Ahora vos \u2014dije, y mi voz son\u00f3 extra\u00f1a, ronca, posesiva.<\/p>\n<p>La invert\u00ed sobre la cama. Ella se dej\u00f3 hacer, una sonrisa de anticipaci\u00f3n en sus labios h\u00famedos con mi propia esencia. Yo me posicion\u00e9 entre sus piernas, maravill\u00e1ndome de la vista: su sexo, m\u00e1s p\u00e1lido que el m\u00edo, con vello casta\u00f1o y labios gruesos, ya hinchados de deseo.<\/p>\n<p>Comenc\u00e9 a lamerla sin timidez. Hab\u00eda algo de venganza en mi acci\u00f3n, de reclamo. La saboreaba profundamente, metiendo mi lengua en su vagina, luego subiendo para rodear su cl\u00edtoris con la punta. Ella gem\u00eda, sus manos agarrando las s\u00e1banas, sus caderas rotando contra mi boca.<\/p>\n<p>\u2014Dios, Viviana \u2014jade\u00f3\u2014. Sos buen\u00edsima&#8230;<\/p>\n<p>No dej\u00e9 que terminara la frase. Introduje dos dedos en ella, curv\u00e1ndolos hacia arriba, buscando ese punto rugoso que sab\u00eda que har\u00eda que se deshiciera. Con mi otra mano, busqu\u00e9 a tientas y encontr\u00e9 la pierna de Jorge. Lo guie hasta nosotras, hasta la cabecera de la cama donde Marcela yac\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Cogetela \u2014orden\u00e9, mirando a mi pareja a los ojos\u2014. Mientras yo la como.<\/p>\n<p>Jorge no dud\u00f3. Se posicion\u00f3 entre las piernas abiertas de Marcela, y vi c\u00f3mo su pene \u2014duro, familiar, m\u00edo\u2014 se hund\u00eda en ella. Marcela grit\u00f3, una mezcla de sorpresa y placer, y yo segu\u00ed lami\u00e9ndola, ahora con el sabor adicional de su excitaci\u00f3n mezclada con la humedad de su cuerpo.<\/p>\n<p>El movimiento de Jorge sobre ella hac\u00eda que su pelvis se empujara contra mi boca. Era un ritmo perfecto, una sinfon\u00eda de tres cuerpos. Amador se hab\u00eda acercado tambi\u00e9n, y ahora estaba de pie junto a la cama, masturb\u00e1ndose lentamente mientras observaba a su mujer ser penetrada por mi marido y comida por m\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Cambio \u2014dijo Amador de repente, y su voz era un l\u00e1tigo de autoridad.<\/p>\n<p>Jorge se retir\u00f3 de Marcela, brillante y duro. Amador tom\u00f3 su lugar, pero en lugar de penetrar a su esposa, me tom\u00f3 a m\u00ed desde atr\u00e1s. Estaba a cuatro patas sobre la cama, mi rostro todav\u00eda entre los muslos de Marcela, cuando sent\u00ed la punta de Amador presionando contra mi entrada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfS\u00ed? \u2014pregunt\u00f3, y era una cortes\u00eda, un chequeo final.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014gru\u00f1\u00ed\u2014. C\u00f3geme. C\u00f3gete a las dos.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 con una lentitud torturante. Era diferente a Jorge \u2014m\u00e1s largo, menos grueso, con un \u00e1ngulo que me hac\u00eda ver estrellas\u2014. Comenc\u00e9 a moverme entre ellos: mi lengua en Marcela, mi concha siendo reclamada por su marido. Era una cadena de placer, un circuito cerrado de electricidad er\u00f3tica.<\/p>\n<p>Jorge se acomod\u00f3 de costado y ofreci\u00f3 su amigo a los labios sedientos de Marcela y ella accedi\u00f3 hasta su garganta. Si quer\u00eda un plano fotogr\u00e1fico, no hab\u00eda una mejor desde mi posici\u00f3n. Como mamaba esa mujer y como me taladraba su marido.<\/p>\n<p>Marcela se vino primero, con un grito que debi\u00f3 haberse escuchado en las caba\u00f1as vecinas. Su cuerpo se contrajo, sus muslos se cerraron sobre mi cabeza, y sent\u00ed el pulso de su orgasmo contra mi lengua. Eso me empuj\u00f3 al borde, y cuando Amador aceler\u00f3 el ritmo, golpeando ese punto profundo dentro de m\u00ed, me vine con fuerza, con un grito ahogado contra el vientre tembloroso de Marcela.<\/p>\n<p>Amador se retir\u00f3 en el \u00faltimo segundo, y su semen cay\u00f3 sobre mi espalda en calientes chorros. Jorge, que se hab\u00eda retirado por el grito org\u00e1smico de Marcela, se acerc\u00f3 y me tom\u00f3 por las caderas. \u00c9l no pregunt\u00f3; me conoc\u00eda lo suficiente para saber que quer\u00eda m\u00e1s, siempre m\u00e1s.<\/p>\n<p>Me penetr\u00f3 con una urgencia salvaje. Yo estaba todav\u00eda sensible, casi dolorida del orgasmo anterior, pero mi cuerpo respondi\u00f3 a \u00e9l como siempre lo hac\u00eda: con entrega total, con esa mezcla de amor y lujuria que nos hab\u00eda mantenido juntos durante seis a\u00f1os. Marcela se desliz\u00f3 de debajo de m\u00ed y se posicion\u00f3 a mi lado, bes\u00e1ndome mientras Jorge me daba \u201cmatraca\u201d con fuerza, sus manos agarrando mis caderas con esa posesi\u00f3n taurina que tanto me excitaba.<\/p>\n<p>\u2014Mirame \u2014susurr\u00f3 Marcela contra mi boca\u2014<\/p>\n<p>Gire un instante y en el espejo del armario vi nuestra imagen: yo, morena y despeinada, entre el cuerpo p\u00e1lido de ella y la fuerza oscura de Jorge. Amador observaba desde un lado, ya recuper\u00e1ndose, ya listo para la segunda ronda. \u00c9ramos una pintura de sexo sin censura, de adultos que hab\u00edan decidido que el deseo no ten\u00eda por qu\u00e9 caber en cajas peque\u00f1as.<\/p>\n<p>Jorge se vino dentro de m\u00ed, con ese gemido ronco que conoc\u00eda tan bien, y me dej\u00f3 caer sobre Marcela. Los tres nos quedamos all\u00ed, enredados, jadeantes, mientras el r\u00edo segu\u00eda su curso indiferente y la brisa suave mec\u00eda los sauces.<\/p>\n<p>El fin de semana se convirti\u00f3 en un torbellino de carne y confesiones.<\/p>\n<p>A primera hora del s\u00e1bado y con un tacto propio de caballeros, Jorge y Amador subieron a la lancha y partieron a pescar. Marcela y yo nos devoramos en el altar ya inaugurado, utilizando almohadas, almohadones, cojines para montarnos la una sobre la otra, tribalismo salvaje, b\u00fasqueda fren\u00e9tica de cl\u00edmax sobre cl\u00edmax. Ella me ense\u00f1\u00f3 posiciones que solo dos cuerpos femeninos pueden lograr: la tijera, el 69 profundo, el roce de cl\u00edtoris contra cl\u00edtoris hasta el borde del desmayo, besos negros estimulantes y fatales.<\/p>\n<p>En un loco instante de nuestra ronda amatoria, Marcela dijo:<\/p>\n<p>\u2014Tengo otra amante fija \u2014 mientras yo la penetraba con un consolador que ella guardaba en el caj\u00f3n \u2014. Una exalumna del Instituto. Veinticinco a\u00f1os. Amador, no sabe.<\/p>\n<p>-No te creo- dije. \u2013Si mamita y me parece que encontr\u00f3 competencia, parece-<\/p>\n<p>-Mmm, que jugadora- susurre en su o\u00eddo<\/p>\n<p>\u2014Yo tengo fantas\u00edas \u2014admit\u00ed, jadeando\u2014. Con quien mamucha &#8211; Con compa\u00f1eras de trabajo. Con la dentista. Con cualquiera que me mire de cierta manera.<\/p>\n<p>\u2014Que putita resulto mi nueva amante\u2014 La rabia \u2014sigui\u00f3, y sus ojos verdes brillaron\u2014. Canal\u00edzala. El sexo es el \u00fanico lugar donde la rabia es sagrada. El frenes\u00ed duro mucho y nos dej\u00f3 de cama.<\/p>\n<p>Luego del almuerzo, caminata, siesta y atenci\u00f3n a mi torito, nos dispusimos a cenar el pescado fresco, producto de nuestros proveedores y hubo m\u00e1s vino.<\/p>\n<p>Los cuatro nos reunimos en nuestra caba\u00f1a \u2014m\u00e1s amplia\u2014 y el sexo se volvi\u00f3 m\u00e1s salvaje, complejo y coreografiado. Los hombres nos observaban mientras Marcela y yo mont\u00e1bamos un espect\u00e1culo: ella acostada, yo sobre ella en posici\u00f3n inversa, nuestras bocas en los sexos de la otra, nuestras manos explorando cada pliegue, cada orificio.<\/p>\n<p>Jorge y Amador se masturbaban juntos, a cent\u00edmetros de distancia, sus hombros casi toc\u00e1ndose, sus manos movi\u00e9ndose en sincron\u00eda. No se tocaban entre s\u00ed \u2014esa era la regla t\u00e1cita, la frontera invisible\u2014 pero sus miradas se cruzaban, y hab\u00eda algo profundamente er\u00f3tico en esa complicidad masculina, en ese reconocimiento de que ambos estaban all\u00ed por nosotras, para nosotras.<\/p>\n<p>Cuando no pudieron m\u00e1s, nos tomaron. Jorge me penetr\u00f3 por detr\u00e1s mientras yo segu\u00eda comiendo a Marcela; Amador tom\u00f3 a su esposa por el otro extremo. Nos mov\u00edamos como un solo organismo, un animal de ocho extremidades y cuatro centros de placer. Los gritos se mezclaban, las manos se aferraban a caderas, a pechos, a cabellos.<\/p>\n<p>En alg\u00fan momento, Marcela y yo nos besamos mientras \u00e9ramos penetradas, nuestras lenguas encontr\u00e1ndose en un espacio compartido de abandono total. Fue entonces cuando ambas nos vinimos, en un orgasmo doble que pareci\u00f3 durar minutos, nuestros cuerpos convulsionando en ondas sincronizadas.<\/p>\n<p>Los hombres terminaron sobre nosotras, marcando nuestras espaldas, nuestros vientres, con su posesi\u00f3n l\u00edquida. Y luego, retomaron aprovechando nuestro estado. Hicieron intercambio y nos penetraron analmente ambas, mismo frenes\u00ed. Amador me cabalgaba fren\u00e9ticamente, me dec\u00eda cosas muy sucias sobre su mujer y Jorge destrozaba a esa Diosa que admiraba. Yo me manten\u00eda firme en cuatro aguantando las embestidas y ella se relaj\u00f3, se recost\u00f3 boca abajo y se entreg\u00f3 a ese animal, que parec\u00eda pose\u00eddo, que la ten\u00eda tomada del cuello y mord\u00eda su oreja intermitentemente, que embest\u00eda ciegamente y que ella gozaba ciegamente. Todos terminamos al un\u00edsono y esta vez como venganza por el espect\u00e1culo de posesi\u00f3n deje que la leche de Amador quedara adentro, quer\u00eda un trofeo l\u00edquido en mi culo.<\/p>\n<p>En la quietud posterior, yacimos enredados, cuatro cuerpos brillantes de sudor y semen, respirando el mismo aire cargado de feromonas, y all\u00ed la coreograf\u00eda se volvi\u00f3 m\u00e1s perversa.<\/p>\n<p>La doble penetraci\u00f3n se impon\u00eda y sin consultar mont\u00e9 a Amador y Jorge me tomo de atr\u00e1s, ya estaba como loca habl\u00e1ndole al o\u00eddo a Amador sobre como me cog\u00eda a su mujer cuando me levantan de los pelos y veo a Marcela con el cinturonga. De inmediato me puse a chupar ese falo artificial, mientras chupaba esa herramienta puesta en la cadera de Marcela, Amador abajo y Jorge arriba, era la \u201chead line\u201d del cuento. Luego toco que Jorge fuera montado por Marcela, mientras recib\u00eda a su hombre por detr\u00e1s y yo me colocaba el arn\u00e9s y recib\u00eda una felaci\u00f3n digna de ser real aunque fuera artificial.<\/p>\n<p>Cuando nuestros soldados comenzaron a descansar, Marcela se recost\u00f3 y ofreci\u00f3 su cuerpo de par en par y loca por el instante cabalgue tipo amazona sobre ella. Ella ten\u00eda el arn\u00e9s pero yo el control. Fue incre\u00edble.<\/p>\n<p>Luego que nuestros mutuos amantes se fueran a su caba\u00f1a y est\u00e1bamos por dormir, escucho al o\u00eddo \u2014Esto no cambia nada \u2014 era Jorge en la oscuridad, y su voz era suave, taurina, segura\u2014. Y lo cambia todo.<\/p>\n<p>Ten\u00eda raz\u00f3n. No \u00e9ramos una pareja de swingers tradicionales, buscando intercambios mec\u00e1nicos, los encuentros con mi sobrina Catalina nos hab\u00edan fogueado pero esto era algo m\u00e1s peligroso: dos parejas que hab\u00edan encontrado en el sexo salvaje una forma de habitar verdades que la vida cotidiana no permit\u00eda.<\/p>\n<p>El lesbianismo oculto de Marcela, contenido en su matrimonio respetable de barrio porte\u00f1o de alcurnia. Mi propia bisexualidad, que hab\u00eda amenazado durante a\u00f1os con corroer mi relaci\u00f3n con Jorge hasta que decidimos abrirla, primero con Catalina y ahora en una isla del Delta del Paran\u00e1. Expuesta a la luz, dejar que respirara.<\/p>\n<p>Despertamos tipo 10 y nos fuimos a desayunar con Marcela y Amador. All\u00ed continuamos sin tapujos, hasta usamos manteca recreando la famosa escena de la pel\u00edcula. El sol de la ma\u00f1ana era suave, prometedor. Hicimos el amor con la lentitud de quienes saben que el tiempo se acaba pero la memoria persistir\u00e1.<\/p>\n<p>Hasta reclamamos nuestro espacio. Marcela y yo, esta vez sin espectadores, simplemente nos acariciamos, nos besamos, nos dijimos cosas que no ten\u00edan nombre pero que ambas entend\u00edamos. La rabia que ella mencionaba \u2014esa rabia de mujeres que han tenido que contenerse, dividirse, ocultarse\u2014 se transform\u00f3 en ternura, en reconocimiento mutuo.<\/p>\n<p>\u2014No estamos rotas \u2014dijo ella, aferr\u00e1ndose a mi cabello\u2014. Estamos completas. Simplemente en pedazos que no encajan en el rompecabezas normal.<\/p>\n<p>\u2014El v\u00ednculo \u2014dije yo, entendiendo\u2014. No la relaci\u00f3n. El v\u00ednculo es lo que importa.<\/p>\n<p>Al terminar, Jorge y Amador estaban en la lancha con todo preparado para el almuerzo. No hab\u00eda celos, solo la certeza de que hab\u00edamos encontrado algo raro: una forma de ser fieles a la verdad de nuestros cuerpos sin traicionar el amor que nos hab\u00eda tra\u00eddo hasta all\u00ed.<\/p>\n<p>Luego almuerzo, ordenamos nuestras cosas. Se ofrecieron a llevarnos hasta las guarder\u00edas n\u00e1uticas pero preferimos esperar la lancha colectivo.<\/p>\n<p>Al despedirnos con abrazos y apasionados besos, escuchamos la pregunta, de boca de Marcela:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNos vemos de nuevo? \u2014 Su voz sonaba esperanzada, no posesiva.<\/p>\n<p>\u2014El fin de semana que viene \u2014dije yo, antes de que pudiera pensarlo\u2014. Vengan a nuestro PH. M\u00e1s privado. M\u00e1s espacio para&#8230; todo.<\/p>\n<p>Marcela sonri\u00f3, esa sonrisa lenta de escorpio que hab\u00eda iniciado todo.<\/p>\n<p>\u2014Traer\u00e9 a mi amante \u2014 me susurro\u2014. Para que conozcas a alguien m\u00e1s joven. M\u00e1s&#8230; salvaje y se\u00f1uelo para estos hombres sedientos (riendo como loca)<\/p>\n<p>Jorge y Amador intercambiaron esa mirada c\u00f3mplice. Dos hombres que hab\u00edan aprendido que compartir no era perder, sino multiplicar. Que la frontera de su masculinidad no estaba en qui\u00e9n tocaban, sino en c\u00f3mo permit\u00edan que sus mujeres fueran completamente ellas mismas.<\/p>\n<p>Cuando la lancha colectivo lleg\u00f3 para llevarnos de vuelta a la civilizaci\u00f3n, nos despedimos con promesas vagas, n\u00fameros de tel\u00e9fono anotados en los celulares de \u00e9poca. Marcela y yo nos miramos una \u00faltima vez, y en esa mirada hab\u00eda todo: el sexo salvaje de la noche anterior, la ternura de la ma\u00f1ana, y la promesa de m\u00e1s.<\/p>\n<p>El v\u00ednculo, pens\u00e9 mientras el bote se alejaba del muelle. Eso era lo que sosten\u00edamos. No las estructuras r\u00edgidas de la monogamia, no las etiquetas de &#8220;pareja&#8221; o &#8220;amante&#8221;. Solo el v\u00ednculo, el hilo invisible que nos conectaba a los cuatro en un secreto compartido, en una rabia canalizada hacia el placer m\u00e1s puro.<\/p>\n<p>Jorge tom\u00f3 mi mano en la lancha, y supe que hab\u00edamos cruzado un umbral. No hab\u00eda vuelta atr\u00e1s, ni la quer\u00edamos. El Delta se alejaba detr\u00e1s de nosotros, pero lo que hab\u00eda sucedido all\u00ed \u2014la liberaci\u00f3n, la verdad, el sexo sin censura\u2014 nos acompa\u00f1ar\u00eda para siempre.<\/p>\n<p>Ya nada fue igual luego de octubre de 2010 y el Delta del Paran\u00e1.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66528\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66528\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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