{"id":66587,"date":"2026-07-29T00:03:17","date_gmt":"2026-07-28T22:03:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=66587"},"modified":"2026-07-28T16:23:54","modified_gmt":"2026-07-28T14:23:54","slug":"el-cambio-de-alba-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-cambio-de-alba-1\/","title":{"rendered":"El cambio de Alba (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"66587\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">6<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mi nombre es Alba, soy una mujer de 50. Soy divorciada desde hace una d\u00e9cada. Mi vida ahora gira en torno a mi hija, que ya es una joven adulta forjando su propio camino.<\/p>\n<p>Me considero una mujer recatada. Prefiero los vestidos de colores suaves y elegantes, las conversaciones profundas, y encuentro m\u00e1s placer en una tarde de lectura. Mi hogar es mi santuario, un lugar donde puedo ser completamente yo misma sin juicios externos.<\/p>\n<p>Una noche de martes como cualquier otro, estaba recostada en mi recamara, sumida en uno de esos pensamientos vagos. El silencio solo lo romp\u00eda el lejano del ajetreo de la calle.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando mi tel\u00e9fono vibr\u00f3 con esa notificaci\u00f3n tan caracter\u00edstica de Messenger. Sin darle mayor importancia, extend\u00ed el brazo y desbloque\u00e9 la pantalla. La notificaci\u00f3n era de un perfil que no reconoc\u00eda.<\/p>\n<p>Con recelo, pues no sol\u00eda aceptar mensajes de extra\u00f1os, toqu\u00e9 la conversaci\u00f3n. La pantalla se carg\u00f3 por un segundo y una imagen apareci\u00f3. Era la imagen de un miembro masculino, erecto y de un tama\u00f1o que me result\u00f3 obscenamente desproporcionado.<\/p>\n<p>Sent\u00ed un nudo en el est\u00f3mago, una mezcla de asco y una verg\u00fcenza ajena. Debajo de la imagen, un mensaje breve y directo: &#8220;Para usted&#8221;.<\/p>\n<p>Mi primer impulso fue el de la rabia. Mi pulgar se dirigi\u00f3 al bot\u00f3n de bloquear a ese desconsiderado individuo de mi existencia digital y borrar esa imagen ofensiva de mi memoria.<\/p>\n<p>Pero una oleada de indignaci\u00f3n me inund\u00f3. \u00bfY qu\u00e9? \u00bfPensar\u00e1 que soy un mero recipiente pasivo para sus impulsos, una de tantas mujeres destinadas a borrar y callar?<\/p>\n<p>Con la mand\u00edbula tensa, empec\u00e9 a escribir mi reprimenda, un acto de rebeli\u00f3n contra la vulgaridad. Le dar\u00eda una lecci\u00f3n de respeto.<\/p>\n<p>&#8220;Se\u00f1or, no s\u00e9 qui\u00e9n es usted, ni c\u00f3mo ha obtenido mi contacto. Lo que usted ha hecho no es un cumplido, es una forma de acoso. Le sugiero que busque en otro lado a quien perturbar con sus pobres y pat\u00e9ticos intentos de llamar la atenci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>Me sent\u00ed victoriosa, como si hubiera limpiado una mancha sucia de mi d\u00eda. Me dispon\u00eda a bloquearlo cuando la pantalla se ilumin\u00f3 de nuevo con una nueva notificaci\u00f3n. Su respuesta.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfLe gusto? As\u00ed me pone usted al ver las fotos de su galer\u00eda. \u00bfMe va a negar que su cuerpo no reaccion\u00f3 a eso? Si no, \u00bfpor qu\u00e9 me respondi\u00f3?&#8221;<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 inm\u00f3vil. \u00bfFotos de mi galer\u00eda? Un escalofr\u00edo recorri\u00f3. Un p\u00e1nico ciego, comenz\u00f3 a revolver mis recuerdos. \u00bfQu\u00e9 fotos? \u00bfHab\u00eda sido hackeada? \u00bfO hab\u00eda sido descuidada en alg\u00fan momento?<\/p>\n<p>Y lo peor&#8230; esa pregunta final, retumbando en mi cabeza: &#8220;Si no, \u00bfpor qu\u00e9 me respondi\u00f3?&#8221;. Porque era cierto. No lo hab\u00eda bloqueado al instante. Le hab\u00eda respondido. Le hab\u00eda dedicado tiempo, energ\u00eda, palabras.<\/p>\n<p>Escrib\u00ed de vuelta, intentando que mis palabras no delataran el caos que se apoderaba de m\u00ed.<\/p>\n<p>&#8220;No s\u00e9 de qu\u00e9 diablos est\u00e1 hablando. No tiene ninguna foto m\u00eda, le aseguro que no obtendr\u00eda m\u00e1s de m\u00ed que asco. Soy una mujer de cincuenta a\u00f1os, no una ni\u00f1a impresionable. Su intento de intimidarme es pat\u00e9tico. No se meta conmigo&#8221;.<\/p>\n<p>La respuesta lleg\u00f3 casi al instante. Y lo que vi me rob\u00f3 el aliento por completo.<\/p>\n<p>&#8220;No se asuste, no es ninguna foto \u00edntima, pero por lo que veo, las tiene, \u00a1\u00a1eh!!&#8221;.<\/p>\n<p>El mensaje iba acompa\u00f1ado de un video. Con un nudo en la garganta, toqu\u00e9 para reproducirlo. La imagen se carg\u00f3 y mi mundo se detuvo.<\/p>\n<p>All\u00ed, sobre la pantalla brillante de una Tablet, estaba mi cara. Sonre\u00eda profesionalmente, con mi blusa de cuello alto y mi peinado impecable. Y sobre esa imagen, descansando pesadamente sobre mi sonrisa, estaba su miembro.<\/p>\n<p>Un grito ahogado se qued\u00f3 atascado en mi garganta. No era hackeo. No era una foto \u00edntima robada. Era mi imagen p\u00fablica, la que hab\u00eda sido violada, convertida en el lienzo para su depravaci\u00f3n. Mis dedos se movieron con una torpeza que me era ajena hasta que finalmente, logr\u00e9 teclear una respuesta.<\/p>\n<p>&#8220;Usted est\u00e1 enfermo. Necesita ayuda profesional. Lo que est\u00e1 haciendo es delictivo, es una violaci\u00f3n. Me da l\u00e1stima. Deje de molestarme o se arrepentir\u00e1. Esto es su \u00faltima advertencia&#8221;.<\/p>\n<p>Envi\u00e9 el mensaje y dej\u00e9 el tel\u00e9fono boca abajo sobre la colcha, como si pudiera quemarme a trav\u00e9s de la funda. Cerr\u00e9 los ojos con fuerza, intentando borrar esa imagen de mi retina, pero era in\u00fatil.<\/p>\n<p>El tel\u00e9fono vibr\u00f3 de nuevo. No quer\u00eda mirarlo. Sab\u00eda lo que esperaba. Pero una morbosidad que me avergonzaba hasta la m\u00e9dula, me oblig\u00f3 a volver a voltearlo. La respuesta estaba all\u00ed.<\/p>\n<p>&#8220;Aunque me lo niegue, s\u00e9 que seguro tiene una humedad creciendo entre sus piernas&#8221;.<\/p>\n<p>Y debajo, otro video. La c\u00e1mara estaba m\u00e1s cerca. Su mano se mov\u00eda con una rapidez fren\u00e9tica sobre su miembro, que ahora estaba completamente erecto y apuntando directamente a la pantalla de la Tablet.<\/p>\n<p>El sonido de su respiraci\u00f3n agitada y el frote de su piel llenaban el silencio de mi habitaci\u00f3n. Y entonces, vi el cl\u00edmax. Un chorro espeso y blanco brot\u00f3 con fuerza, salpicando la pantalla.<\/p>\n<p>El semen se extendi\u00f3 sobre mi imagen, sobre mis ojos, mi sonrisa, manch\u00e1ndome. La imagen era poderosamente atrayente. El pensamiento me golpe\u00f3 como una bofetada. \u00bfAtrayente? \u00bfD\u00f3nde hab\u00eda surgido esa palabra? Era asquerosa, era humillante&#8230; y, Dios m\u00edo, era magn\u00e9tica. No pod\u00eda apartar la vista.<\/p>\n<p>Mi cuerpo reaccion\u00f3. Un calor profundo se extendi\u00f3 por mi vientre, descendiendo hasta anidarse en el centro de mis piernas. Una humedad. \u00c9l ten\u00eda raz\u00f3n. Mi propio cuerpo me traicionaba, respondiendo a esa humillaci\u00f3n con una pulsi\u00f3n primaria que no reconoc\u00eda como m\u00eda.<\/p>\n<p>Con una agitaci\u00f3n que no entend\u00eda, volv\u00ed a escribir.<\/p>\n<p>&#8220;No sabe nada de m\u00ed. Esto que me muestra&#8230; no es poder, es pat\u00e9tico. Es la necesidad desesperada de un hombre peque\u00f1o de sentir que controla algo. \u00bfCree que esto me da miedo? \u00bfO me excita? Solo me confirma lo que sospechaba: usted es un pobre diablo.<\/p>\n<p>Me sent\u00eda extra\u00f1amente fuerte, como si hubiera logrado darle la vuelta al tablero. Cre\u00ed que lo hab\u00eda herido donde m\u00e1s le dol\u00eda: en su fr\u00e1gil ego. Esperaba una respuesta furiosa o quiz\u00e1s el silencio derrotado. Lo que recibi\u00f3 me desintegr\u00f3 por completo.<\/p>\n<p>&#8220;Ma\u00f1ana quiero que me espere sobre su mesa de centro, recostada sobre ella boca abajo, empinada y con su falda arrollada en su cintura, sus pantys a media pierna y con sus manos abriendo sus nalgas&#8221;.<\/p>\n<p>Le\u00ed la frase una vez, dos, tres. Sent\u00ed n\u00e1useas, un rechazo visceral que me hizo encogerme sobre la cama. Era lo m\u00e1s repugnante que nadie me hab\u00eda pedido jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero entonces, justo debajo de ese pensamiento de p\u00e1nico, otra sensaci\u00f3n comenz\u00f3 a florecer, oscura y traicionera. Era excitaci\u00f3n. Una punzada caliente y h\u00fameda que se expandi\u00f3 desde mi vientre hasta el centro de mis muslos.<\/p>\n<p>La imagen que \u00e9l pintaba con sus palabras era tan v\u00edvida, tan detallada, que mi cuerpo respondi\u00f3 a ella con un estremecimiento involuntario. Mis ojos, pegados a la pantalla, continuaron leyendo.<\/p>\n<p>&#8220;Ya sabe lo que le har\u00e9, pero para eso necesito que me env\u00ede su direcci\u00f3n&#8230; la decisi\u00f3n es suya&#8221;.<\/p>\n<p>Mi mente me ordenaba tirar el tel\u00e9fono, llamar a la polic\u00eda, bloquearlo, borrarlo todo. Pero mis manos ya no me pertenec\u00edan. Mir\u00e9 c\u00f3mo mis dedos, con una autonom\u00eda aterradora, se mov\u00edan sobre la pantalla.<\/p>\n<p>Abrieron el mapa. Pulsaron sobre el icono azul de mi ubicaci\u00f3n. Y luego, con un toque que pareci\u00f3 durar una eternidad, presionaron &#8220;enviar&#8221;.<\/p>\n<p>Luego, su respuesta. Breve. Final. Aterradora.<\/p>\n<p>&#8220;Nos vemos a las diez, deje la puerta abierta&#8221;.<\/p>\n<p>El tel\u00e9fono se me resbal\u00f3 de las manos. Qued\u00e9 all\u00ed, inm\u00f3vil, mirando el techo sin verlo. Tom\u00e9 un respiro profundo, tembloroso. No pod\u00eda creer lo que acababa de pasar. No pod\u00eda creer lo que yo acababa de hacer.<\/p>\n<p>La noche fue un infierno de insomnio. Cada vez que cerraba los ojos, su mensaje se grababa a fuego en el interior de mis p\u00e1rpados.<\/p>\n<p>&#8220;Es una broma&#8221;, me repet\u00eda una y otra vez. &#8220;Un pervertido cobarde que solo se atreve en el anonimato de una pantalla. Nadie se atrever\u00eda. Nadie vendr\u00eda&#8221;. La l\u00f3gica luchaba contra el p\u00e1nico, pero ambas me robaban el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana lleg\u00f3 gris y pesada. Intent\u00e9 encontrar refugio en la rutina. Encend\u00ed la televisi\u00f3n, los noticieros parloteaban sobre cosas que me parec\u00edan de otro planeta. Abr\u00ed un libro, las palabras se convert\u00edan en manchas negras sin sentido.<\/p>\n<p>Mi mente no estaba all\u00ed. Estaba en la mesa de centro, escuchando el eco de su voz en mi cabeza. Y s\u00ed, tambi\u00e9n estaba viendo, una y otra vez, ese video. El chorro de semen manchando mi rostro sonriente.<\/p>\n<p>Un movimiento en el borde de mi visi\u00f3n me devolvi\u00f3 a la realidad. Mir\u00e9 el reloj de la pared. El mundo se detuvo. El sonido del televisor se desvaneci\u00f3. El libro se me cay\u00f3 de las manos. Las nueve y cincuenta y cinco. Record\u00e9 sus palabras con una claridad aterradora. &#8220;Deja la puerta abierta&#8221;.<\/p>\n<p>Mi coraz\u00f3n lat\u00eda con fuerza. Me levant\u00e9 como un aut\u00f3mata. Camin\u00e9 hacia la puerta principal. Mi mano temblaba tanto que me cost\u00f3 trabajo girar el pomo. La abr\u00ed. La calle estaba desierta. Ni un coche, ni un vecino, ni un perro paseando. Solo el silencio y el sol ma\u00f1anero. La dej\u00e9 entreabierta, solo emparejada. Faltaban cinco minutos.<\/p>\n<p>Con una incredulidad que me paralizaba, mis pies me llevaron de vuelta a la sala. All\u00ed estaba. La mesa de centro. Mi mente gritaba, mi cuerpo se mov\u00eda. Con movimientos torpes, sub\u00ed la tela de mi falda hasta anidarla en mi cintura. Mis dedos engancharon mis pantys y los deslizaron hasta que quedaron atrapados a mitad de mis muslos.<\/p>\n<p>Luego me recost\u00e9 sobre el cristal fr\u00edo y levant\u00e9 mis caderas, como \u00e9l hab\u00eda ordenado. Mis manos, temblando, se movieron hacia atr\u00e1s hundi\u00e9ndose en la carne de mis nalgas, abri\u00e9ndome. Exponi\u00e9ndome.<\/p>\n<p>En esa pose pod\u00eda ver el reloj de la pared. Las manecillas se mov\u00edan con una lentitud cruel. Y justo debajo, en su marco de plata, el retrato de mi hija, sonriendo, ajena a todo.<\/p>\n<p>Entre el reloj que marcaba mi cuenta regresiva y la inocencia de mi hija, estaba yo. Alba. Temblando. Exponiendo lo m\u00e1s \u00edntimo de mi ser en el centro de mi propio hogar, esperando a un fantasma que me hab\u00eda deshecho con solo palabras.<\/p>\n<p>La manecilla del segundero avanzaba, cada tic un latido en mi sien. Diez segundos. Nueve. Ocho. El silencio en la casa era absoluto. Siete. Seis. Nada. No o\u00eda nada en la calle. Cinco. Cuatro. Miraba para todos lados. Tres. Dos. Qu\u00e9 est\u00fapida y pat\u00e9tica tonta. Me hab\u00eda dejado llevar por la fantas\u00eda de un pervertido an\u00f3nimo, por la traici\u00f3n de mi propio cuerpo.<\/p>\n<p>Estaba all\u00ed, en mi propia sala, expuesta y en una posici\u00f3n rid\u00edcula para&#8230; para nada. Uno. Las diez en punto. La risa se liber\u00f3, un sonido seco y triste. Me relaj\u00e9, los m\u00fasculos que hab\u00eda mantenido tensos en obediencia se aflojaron.<\/p>\n<p>Estaba a punto de levantarme, de terminar con esta pesadilla y re\u00edrme de mi propia locura, cuando algo son\u00f3. Un rechino largo y agudo. Las bisagras de la puerta principal.<\/p>\n<p>La risa muri\u00f3 en mis labios. Mi coraz\u00f3n, que apenas se estaba calmando, se lanz\u00f3 de nuevo en una carrera fren\u00e9tica. Escuch\u00e9 unas pisadas. No eran apresuradas ni nerviosas. Eran lentas, calculadas. Paso a paso. Hacia m\u00ed.<\/p>\n<p>No me atrev\u00ed a voltear. Segu\u00ed con la cara hacia abajo, mis manos todav\u00eda abriendo mis nalgas, mi cuerpo ahora r\u00edgido como una estatua de piedra.<\/p>\n<p>Sent\u00ed una presencia detr\u00e1s de m\u00ed, una sombra que me cubr\u00eda, un calor que no era m\u00edo. Luego, la voz. Era la misma de mis peores sue\u00f1os, pero ahora era real, vibrando en el aire de mi casa.<\/p>\n<p>&#8220;Vaya, s\u00ed que hab\u00eda imaginado tremenda visi\u00f3n&#8230; pero esto, esto s\u00ed que es un culo hermoso&#8221;.<\/p>\n<p>Sent\u00ed una r\u00e1faga de aire caliente cerca de mi ano. Se estaba inclinando. Me estaba oliendo. La humedad en mi vagina hab\u00eda comenzado. Pod\u00eda sentir c\u00f3mo me lubricaba hasta escurrir lentamente por el interior de mis muslos. La verg\u00fcenza y la excitaci\u00f3n se mezclaban en un c\u00f3ctel embriagador y nauseabundo.<\/p>\n<p>&#8220;La tienes peludita&#8221;, susurr\u00f3. Su aliento caliente rozando mi piel m\u00e1s \u00edntima. &#8220;\u00a1As\u00ed es m\u00e1s rico!&#8221;.<\/p>\n<p>Ten\u00eda raz\u00f3n. Desde el divorcio hab\u00eda abandonado esa rutina de depilaci\u00f3n. Me daba pereza, me parec\u00eda una farsa. Y ahora, este hombre, este violador de mi espacio, estaba coment\u00e1ndolo. Valid\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>Y mi maldito cuerpo, respond\u00eda a sus palabras con una nueva ola de calor. Me sent\u00eda expuesta no solo f\u00edsicamente, sino en mi descuido, en mi intimidad m\u00e1s descuidada.<\/p>\n<p>El sonido de su respiraci\u00f3n era un ronroneo bajo, animal, y al aspirar. Un sonido h\u00famedo y profundo, como si estuviera intentando atrapar mi olor, absorberlo, hacerlo suyo. Y eso, Dios, eso me excitaba de una forma que mi mente se negaba a procesar. Era tan primitivo que mi vagina respondi\u00f3 con otra ola de lubricaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Escuch\u00e9 el crujido de sus rodillas al enderezarse, el sonido de sus botas separ\u00e1ndose un poco m\u00e1s en el suelo. Y luego, el met\u00e1lico sonido de una cremallera bajando. La imagen de su miembro, enorme y arrogante en los videos, me golpe\u00f3 la memoria. Sent\u00ed una punzada en el est\u00f3mago, una mezcla de p\u00e1nico y un hambre voraz.<\/p>\n<p>Y entonces, lo sent\u00ed. Un calor, una dureza de piel viva frot\u00e1ndose contra mi vagina. No entraba, solo se deslizaba moj\u00e1ndose con mi excitaci\u00f3n. Mis labios, obedeciendo a un impulso que no era m\u00edo, parec\u00edan abrirse solos, para besarlo, para saludarlo.<\/p>\n<p>Frot\u00f3 una vez, dos, tres veces, un masaje lento y tortuoso que me ten\u00eda al borde de la locura.<\/p>\n<p>Y de pronto, se detuvo. La ausencia de su contacto fue un shock.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfYa le has dado el culo a alguien? \u00bfA tu marido?&#8221;.<\/p>\n<p>La pregunta me hel\u00f3 la sangre. Mi marido. En todos nuestros a\u00f1os de matrimonio, esa hab\u00eda sido una l\u00ednea que nunca cruzamos. Una barrera de recato, de&#8230; no s\u00e9, de decencia quiz\u00e1s. Nunca lo permit\u00ed. A nadie.<\/p>\n<p>Continu\u00f3, su voz un murmullo bajo y seguro que vibraba sobre mi espalda.<\/p>\n<p>&#8220;\u00a1\u00a1Yo creo que no&#8230; porque si pudieras verte, tu ano palpita impaciente!!&#8221;.<\/p>\n<p>La verg\u00fcenza. Sab\u00eda que ten\u00eda raz\u00f3n. Pod\u00eda sentirlo, una contracci\u00f3n r\u00e1pida y ansiosa en mi entrada trasera, un pulso que delataba mi curiosidad y mi miedo. Contest\u00e9 un &#8220;no&#8221; seco, contenido, casi inaudible. Una confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Tan pronto como la s\u00edlaba abandon\u00f3 mis labios, lo sent\u00ed de nuevo. Pero esta vez no fue en mi vagina. Sent\u00ed la punta de su glande, lisa y caliente, frot\u00e1ndose con una lentitud deliberada contra los pliegues de mi ano. Un gemido involuntario y tembloroso, se me escap\u00f3 de lo m\u00e1s profundo de mi garganta. Un sonido de pura rendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Cerr\u00e9 los ojos, abandon\u00e1ndome por completo a esa fricci\u00f3n lenta y deliberada. Cada movimiento de su glande era una promesa, una amenaza que mi cuerpo recib\u00eda con un temblor ansioso. Disfrutaba esa sensaci\u00f3n prohibida, ese juego en el umbral de algo que nunca hab\u00eda explorado.<\/p>\n<p>Sin avisar, el contacto desapareci\u00f3. La ausencia fue tan brusca que abr\u00ed los ojos, confundida. Pero antes de que pudiera procesar, una humedad caliente y sorprendente me hizo estremecer. Su lengua. Hac\u00eda c\u00edrculos lentos, explorando esa zona con una delicadeza brutal que me desintegraba por dentro.<\/p>\n<p>Mis ojos se pusieron en blanco. Mi mente, casi me abandona por completo, incapaz de procesar la intensidad de lo que estaba sintiendo. Y de pronto, su lengua me traspas\u00f3. La sent\u00ed entrando en m\u00ed, firme y h\u00fameda, movi\u00e9ndose dentro.<\/p>\n<p>Un grito ahogado se perdi\u00f3 en mis manos. Antes cumpl\u00edan su orden de mantenerme abierta, ahora in\u00fatiles intentaban callarme. El control se hab\u00eda desvanecido. Ya no era m\u00edo. Era suyo.<\/p>\n<p>Mi vagina decidi\u00f3 explotar. Un orgasmo me golpe\u00f3 como una ola gigante. No era un orgasmo que yo conociera; este naci\u00f3 de la humillaci\u00f3n, de la prohibici\u00f3n, de esa lengua que me violaba de la forma m\u00e1s \u00edntima imaginable. Era un cl\u00edmax tan poderoso que mi cuerpo se convulsion\u00f3 sobre la mesa.<\/p>\n<p>Medio arque\u00e9 la cabeza hacia atr\u00e1s, el cuello tenso, la boca abierta en un silencio absoluto. Mi lubricaci\u00f3n escurr\u00eda y goteaba, golpeando contra el piso de madera con unos peque\u00f1os &#8220;plink, plink, plink&#8221; que eran la banda sonora de mi completa y total rendici\u00f3n. Era el sonido de mi recato hecho pedazos.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 hacia adelante, a trav\u00e9s del cristal empa\u00f1ado de la mesa, pero no ve\u00eda nada. Solo el caos de placer que me inundaba. Y entonces, su voz, cortando el aire como un latido.<\/p>\n<p>&#8220;Mira nada m\u00e1s, si resultaste ser toda una puta&#8221;.<\/p>\n<p>La palabra no me golpe\u00f3. No me ofendi\u00f3. En medio de los temblores de mi orgasmo, me sent\u00eda definida. Toda mojada y abierta, esa &#8220;puta&#8221; era yo, y en ese momento, no hab\u00eda nada m\u00e1s glorioso.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66587\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66587\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Mi vagina decidi\u00f3 explotar. Un orgasmo me golpe\u00f3 como una ola gigante. No era un orgasmo que yo conociera; este naci\u00f3 de la humillaci\u00f3n, de la prohibici\u00f3n, de esa lengua que me violaba de la forma m\u00e1s \u00edntima imaginable. Era un cl\u00edmax tan poderoso que mi cuerpo se convulsion\u00f3 sobre la mesa. Medio arque\u00e9 la cabeza hacia atr\u00e1s, el cuello<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66587\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66587\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":33378,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[6],"tags":[],"class_list":["post-66587","post","type-post","status-publish","format-standard","category-dominacion"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":390,"today_views":22},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66587","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/33378"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=66587"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66587\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":66588,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66587\/revisions\/66588"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=66587"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=66587"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=66587"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}