{"id":66878,"date":"2026-08-22T00:22:31","date_gmt":"2026-08-21T22:22:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=66878"},"modified":"2026-08-21T08:08:26","modified_gmt":"2026-08-21T06:08:26","slug":"los-albaniles-en-casa-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/los-albaniles-en-casa-2\/","title":{"rendered":"Los alba\u00f1iles en casa (2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"66878\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">37<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Al d\u00eda siguiente volvieron m\u00e1s temprano.<\/p>\n<p>No eran tres. Eran cinco. El Negro, el Colo, el Chino, y dos amigos que trajeron como \u201cayudantes\u201d: Ram\u00f3n y H\u00e9ctor. Ram\u00f3n era m\u00e1s bajo y ancho, de cuello grueso y manos enormes. H\u00e9ctor era flaco, alto, con cara de pocos amigos y una pija que se le marcaba igual de pesada que las de los dem\u00e1s. Los cinco paraguayos. Todos con el mismo olor a cemento, sudor y ganas.<\/p>\n<p>Sabrina los recibi\u00f3 en la puerta con un vestido corto clarito que apenas le cubr\u00eda el culo. Nada abajo. Ni bombacha ni corpi\u00f1o. La concha depilada a cero, lisa, y el vestido se le pegaba a la piel apenas caminaba. Los pezones se le marcaban perfectos contra la tela. Estaba mojada desde que escuch\u00f3 las voces.<\/p>\n<p>Hab\u00eda dejado a los pibes en lo de la suegra con una excusa cualquiera. El marido, esta vez, no se hab\u00eda ido a laburar. Estaba en casa.<\/p>\n<p>Cuando los cinco entraron al living y vieron al tipo sentado en el sill\u00f3n, leyendo el diario como si nada, se les cort\u00f3 la respiraci\u00f3n un segundo. El Negro mir\u00f3 a Sabrina. El Colo apret\u00f3 la mand\u00edbula. El Chino dio un paso atr\u00e1s. Ram\u00f3n y H\u00e9ctor se miraron entre ellos. Pensaron que se les hab\u00eda cagado el plan. Que el marido hab\u00eda vuelto y ahora hab\u00eda que hacerse los boludos y laburar de verdad.<\/p>\n<p>El marido baj\u00f3 el diario despacio. Los mir\u00f3 uno por uno. Despu\u00e9s mir\u00f3 a su mujer, que estaba parada junto a la mesada de la cocina, con el vestido corto subido un poco m\u00e1s de lo necesario. Sonri\u00f3 con una calma que a los paraguayos les result\u00f3 m\u00e1s peligrosa que un grito.<\/p>\n<p>\u2014Pasen \u2014dijo\u2014. Hoy no van a laburar.<\/p>\n<p>Los cinco se quedaron quietos.<\/p>\n<p>\u2014Los invit\u00e9 yo \u2014sigui\u00f3 el marido, levant\u00e1ndose del sill\u00f3n\u2014. A gozar de mi mujer. As\u00ed que no se hagan los pelotudos. S\u00e1quense la ropa cuando yo les diga y h\u00e1ganle lo que les diga. Yo me voy a quedar sentado ac\u00e1 y voy a mirar todo. \u00bfQued\u00f3 claro?<\/p>\n<p>Hubo un silencio denso. El Negro fue el primero en asentir. Despu\u00e9s el Colo. Los otros tres siguieron. Sabrina no dijo nada. Solo se pas\u00f3 la lengua por los labios y mir\u00f3 a su marido con esa sonrisa fr\u00eda que \u00e9l ya conoc\u00eda.<\/p>\n<p>El marido se sent\u00f3 de nuevo, esta vez en una silla que hab\u00eda acercado al centro del living, de frente a todo. Cruz\u00f3 las piernas y apoy\u00f3 los codos en los muslos.<\/p>\n<p>\u2014Sabrina. Sacate el vestido.<\/p>\n<p>Ella se lo sac\u00f3 de un solo movimiento. Qued\u00f3 completamente desnuda. Tetas medianas, panza suave, culo enorme, concha depilada a cero, lisa y ya brillante de lo mojada que estaba. No se tap\u00f3 nada.<\/p>\n<p>\u2014Ahora ustedes \u2014orden\u00f3 el marido\u2014. Todos. Ropa afuera.<\/p>\n<p>Los cinco se desvistieron. Las pijas fueron apareciendo una por una: enormes, pesadas, ya semiduras. El Negro la ten\u00eda m\u00e1s gruesa. El Colo m\u00e1s larga. El Chino curva. Ram\u00f3n casi tan gruesa como el Negro. H\u00e9ctor, venosa y oscura.<\/p>\n<p>El marido los mir\u00f3 y habl\u00f3 con voz baja, clara, sin apuro:<\/p>\n<p>\u2014Primero la van a manosear entre todos. De pie. Sin meterla todav\u00eda. Quiero ver c\u00f3mo le tocan las tetas, el culo, la concha. Que le digan cosas. Que la traten de puta. Despu\u00e9s la van a arrodillar y le van a dar de mamar los cinco, en ronda, hasta que se le llene la cara de baba. Cuando yo diga, la van a poner en cuatro en el piso y se la van a coger por turnos. Primero en la concha. Despu\u00e9s en el orto. Quiero que le acaben adentro siempre. Que le dejen la leche chorreando. Si alguno acaba antes, espera y vuelve a meterla. No quiero que la dejen hasta que est\u00e9 hecha un desastre. \u00bfSe entendi\u00f3?<\/p>\n<p>Asintieron.<\/p>\n<p>Se acercaron. El Negro fue el primero en ponerle las manos en el culo. Le apret\u00f3 los cachetes con fuerza, separ\u00e1ndolos, mir\u00e1ndole el orto. El Colo le agarr\u00f3 una teta y se la meti\u00f3 en la boca, chupando el pez\u00f3n con ruido. El Chino le pas\u00f3 dos dedos por la concha depilada y se los meti\u00f3 de una, encontr\u00e1ndola ya empapada. Ram\u00f3n se puso atr\u00e1s y le frot\u00f3 la pija enorme entre los cachetes del culo, sin entrar. H\u00e9ctor le agarr\u00f3 el pelo y le levant\u00f3 la cara para mirarla a los ojos.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 rica puta que sos \u2014le dijo el Negro al o\u00eddo, apret\u00e1ndole el culo\u2014. Ayer te llenamos y hoy volv\u00e9s a pedir.<\/p>\n<p>Sabrina jadeaba. No se defend\u00eda. Se dejaba tocar por las diez manos. Le pellizcaban los pezones, le abr\u00edan la concha lisa, le separaban el orto, le escup\u00edan adentro de la boca. El marido los miraba desde la silla, sin tocarse todav\u00eda, solo observando c\u00f3mo su mujer era manoseada por cinco tipos.<\/p>\n<p>\u2014De rodillas \u2014orden\u00f3.<\/p>\n<p>Sabrina se arrodill\u00f3 en el piso del living. Los cinco se le plantaron alrededor. El Negro le puso la pija en la boca primero. Ella la abri\u00f3 y se la fue metiendo hasta donde pudo, babosa, haciendo ruido. Despu\u00e9s el Colo. Despu\u00e9s el Chino. Despu\u00e9s Ram\u00f3n. Despu\u00e9s H\u00e9ctor. Fue pasando de una a otra, chupando, tragando saliva, pas\u00e1ndoselas por la cara, dejando que le golpearan la garganta. Les corr\u00eda baba por la barbilla y le ca\u00eda en las tetas. El marido los miraba en silencio.<\/p>\n<p>\u2014Ahora en cuatro \u2014dijo.<\/p>\n<p>Sabrina se puso en cuatro sobre la alfombra. El culo enorme hacia arriba, la concha depilada abierta y brillante. El Negro se arrodill\u00f3 detr\u00e1s, le apoy\u00f3 la pija gruesa entre los labios y se la fue metiendo despacio, cent\u00edmetro a cent\u00edmetro, hasta el fondo. Sabrina solt\u00f3 un gemido largo. El Negro empez\u00f3 a cogerla con ritmo de caballo: profundo, constante, sin apuro al principio. Cada embestida le hac\u00eda rebotar las tetas y. El Colo se le puso adelante y le meti\u00f3 la pija en la boca al mismo tiempo. Los otros tres se pajeaban mirando.<\/p>\n<p>El Negro le avis\u00f3 cuando estaba por terminar:<\/p>\n<p>\u2014Uy, ya voy a acabar\u2026<\/p>\n<p>Se enterr\u00f3 hasta el fondo y le llen\u00f3 la concha de leche caliente, chorros gruesos. Cuando sac\u00f3 la pija, la leche empez\u00f3 a salir sola. El Colo no esper\u00f3. Se cambi\u00f3 de lugar, se la meti\u00f3 en la concha llena y la cogi\u00f3 m\u00e1s r\u00e1pido, m\u00e1s bruto. La leche del Negro le sal\u00eda alrededor de la pija cada vez que entraba. Cuando acab\u00f3 tambi\u00e9n lo hizo adentro. Gotas empezaron a caer en la alfombra.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el turno de El Chino. Le escupi\u00f3 el orto, le meti\u00f3 dos dedos y despu\u00e9s la pija. Sabrina grit\u00f3 cuando entr\u00f3 la punta. El Chino la cogi\u00f3 sin piedad, agarr\u00e1ndole un cachete para abrirle m\u00e1s. Acab\u00f3 adentro del orto.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n y H\u00e9ctor siguieron. Uno en la concha, el otro en la boca. Despu\u00e9s se intercambiaron. Ram\u00f3n se la cogi\u00f3 por el orto hasta acabarle adentro otra vez. H\u00e9ctor le llen\u00f3 la boca. Sabrina se puso de pie, se acerc\u00f3 al marido abri\u00f3 la boca mostr\u00e1ndole toda la leche por unos segundos, cerr\u00f3 la boca y la trag\u00f3 toda.<\/p>\n<p>El marido habl\u00f3 de nuevo, la voz tranquila:<\/p>\n<p>\u2014Ahora la levantan. La van a coger de pie, entre dos. Uno adelante y uno atr\u00e1s. Los otros le sostienen las piernas si hace falta. Quiero ver c\u00f3mo se la meten los dos al mismo tiempo.<\/p>\n<p>El Negro y el Colo la levantaron entre los dos. El Negro se la meti\u00f3 en la concha de frente. El Colo se coloc\u00f3 atr\u00e1s y se la fue metiendo en el orto despacio, mientras ella gem\u00eda con la boca abierta. Cuando los dos estuvieron adentro, empezaron a moverse. Sabrina qued\u00f3 colgada entre las dos pijas, los pies sin tocar el piso, las tetas rebotando. Los otros tres se acercaron y le frotaban las pijas por el cuerpo, le apretaban las tetas, le pellizcaban los pezones con tanta fuerza que la hac\u00edan gritar. El marido los miraba sin parpadear.<\/p>\n<p>Los dos acabaron casi juntos. El Negro en la concha. El Colo en el orto. La leche les sali\u00f3 a presi\u00f3n cuando sacaron las pijas. Sabrina se dobl\u00f3, sostenida solo por las manos de los paraguayos, temblando.<\/p>\n<p>No termin\u00f3 ah\u00ed. El marido los hizo seguir. Les orden\u00f3 que la pusieran otra vez en cuatro y que se la cogieran por turnos una vez m\u00e1s, todos en el orto, uno atr\u00e1s del otro, sin sacarla del todo entre cada uno. Que le dejaran las cinco cargas adentro. Sabrina apenas pod\u00eda sostenerse. Cada vez que uno acababa, el siguiente se met\u00eda en el orto lleno y segu\u00eda. La leche le chorreaba en cantidad, le bajaba por los muslos, le manchaba la panza cuando la daban vuelta. La alfombra, el piso, sus propias piernas: todo estaba blanco y brillante.<\/p>\n<p>Cuando el \u00faltimo termin\u00f3, el marido se qued\u00f3 callado un rato largo. Solo miraba a su mujer tirada en el piso, las piernas abiertas, la concha y el orto abiertos y chorreando, la cara sucia de baba y leche, el cuerpo marcado por las manos de los cinco.<\/p>\n<p>\u2014V\u00e1yanse \u2014dijo finalmente\u2014. Ma\u00f1ana no hace falta que vengan.<\/p>\n<p>Los alba\u00f1iles se limpiaron como pudieron, se vistieron en silencio y salieron. Ninguno mir\u00f3 atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando la puerta se cerr\u00f3, el marido se levant\u00f3 de la silla, se acerc\u00f3 a Sabrina y se arrodill\u00f3 entre sus piernas. Se sac\u00f3 la pija \u2014dura, roja, abandonada\u2014 y se la meti\u00f3 de una en la concha llena. Ella jade\u00f3 y le rode\u00f3 la cintura con las piernas, d\u00e9bil.<\/p>\n<p>\u2014Contame \u2014le dijo al o\u00eddo, cogiendo lento\u2014. Contame c\u00f3mo se sinti\u00f3 tener cinco pijas us\u00e1ndote mientras yo miraba.<\/p>\n<p>Sabrina habl\u00f3 con la voz rota, sin dejar de mirarlo a los ojos. Le cont\u00f3 cada embestida, cada vez que le llenaron la concha y el orto, el peso de los dos adentro al mismo tiempo, el gusto de la leche en la boca, la sensaci\u00f3n de estar completamente abierta y manchada mientras \u00e9l los dirig\u00eda desde la silla. \u00c9l la escuch\u00f3 hasta el final. Y cuando acab\u00f3 adentro de ella, lo hizo en silencio, apret\u00e1ndola contra el piso sucio.<\/p>\n<p>Sabrina le acarici\u00f3 el pelo con dedos temblorosos y le susurr\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014La pr\u00f3xima\u2026 \u00bftraemos m\u00e1s?<\/p>\n<p>\u00c9l no contest\u00f3. Solo la bes\u00f3 en la boca, sabiendo que iba a probar la mezcla de los cinco.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_66878\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"66878\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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