{"id":67009,"date":"2026-09-01T00:04:57","date_gmt":"2026-08-31T22:04:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/?p=67009"},"modified":"2026-08-31T09:00:36","modified_gmt":"2026-08-31T07:00:36","slug":"mi-novia-me-convencio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mi-novia-me-convencio-2\/","title":{"rendered":"Mi novia me convenci\u00f3 (2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"67009\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Escuch\u00e9 el sutil roce de la planta del pie descalzo de Indhira contra el suelo, buscando a tientas su chancla olvidada. Se la calz\u00f3 apresuradamente y el caracter\u00edstico y r\u00edtmico clack-clack de la suela de goma contra el suelo de terrazo de la consulta comenz\u00f3 a aproximarse a la camilla. Cada paso era una cuenta atr\u00e1s hacia mi absoluta exposici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014P\u00f3ngase aqu\u00ed, a mi lado \u2014orden\u00f3 la doctora Valenzuela, indic\u00e1ndole el hueco exacto entre ella y la l\u00e1mpara hal\u00f3gena\u2014. Observe directamente a trav\u00e9s de las valvas del esp\u00e9culo. Como pareja del paciente, es importante que entienda lo que ocurre. Vea esa coloraci\u00f3n rosada y la congesti\u00f3n de los vasos internos. Justo ah\u00ed es donde la tensi\u00f3n muscular acumulada bloquea el flujo correcto.<\/p>\n<p>Indhira se situ\u00f3 a escasos cent\u00edmetros de mi rostro de espaldas, tan cerca que pude percibir el calor de su cuerpo y el aroma de su perfume mezclado con el olor a antis\u00e9ptico de la cl\u00ednica. El clack de su chancla se detuvo en seco. Escuch\u00e9 su respiraci\u00f3n entrecortada justo encima de m\u00ed mientras se inclinaba para mirar in situ lo que el metal abr\u00eda en mi interior. Estaba completamente expuesto, de rodillas, ante la mirada cl\u00ednica de dos profesionales y los ojos encendidos de deseo y asombro de mi propia novia.<\/p>\n<p>\u2014Mire aqu\u00ed \u2014insisti\u00f3 la doctora Valenzuela, apuntando con el indicador enguantado hacia el centro del canal expuesto\u2014. Esa ligera inflamaci\u00f3n en la mucosa corrobora que la tensi\u00f3n no es solo psicol\u00f3gica, sino puramente f\u00edsica.<\/p>\n<p>Indhira dej\u00f3 escapar un suspiro ahogado, incapaz de articular palabra. El morbo inmenso de la situaci\u00f3n la hab\u00eda dejado completamente impresionada, paralizada al ver la crudeza del metal abriendo mi anatom\u00eda bajo la luz cegadora. Sus ojos iban de la fr\u00eda concentraci\u00f3n de la ur\u00f3loga a mi cuerpo tr\u00e9mulo, asimilando la sumisi\u00f3n total en la que me encontraba. El clack sutil de su chancla contra el suelo al cambiar el peso del cuerpo delat\u00f3 lo mucho que le costaba mantenerse firme ante semejante impacto visual.<\/p>\n<p>\u2014Bien, la inspecci\u00f3n visual est\u00e1 completa \u2014determin\u00f3 la doctora, pero no hubo rapidez en sus actos.<\/p>\n<p>Con una superioridad aplastante y una parsimonia que rozaba lo deliberado, la ur\u00f3loga comenz\u00f3 a girar la manivela para cerrar las vallas met\u00e1licas. El proceso fue un suplicio de lentitud milim\u00e9trica. Cada mil\u00edmetro que el acero ced\u00eda se sent\u00eda como una eternidad, prolongando el roce del instrumental contra las paredes internas de manera calculada. Sab\u00eda que lo hac\u00eda para evaluar la respuesta contr\u00e1ctil del esf\u00ednter, pero la extrema lentitud solo aumentaba mi agon\u00eda y el deleite visual de mi novia, que no apartaba la mirada.<\/p>\n<p>Cuando el esp\u00e9culo fue retirado por completo con un sutil sonido h\u00famedo, la enfermera Marta intervino de inmediato, manteniendo su rol estrictamente profesional pero riguroso.<\/p>\n<p>\u2014Procedo a la toma de muestra epitelial para el frotis de control\u2014anunci\u00f3 la ayudante.<\/p>\n<p>Sin darme tiempo a recuperarme del vac\u00edo del metal, sent\u00ed el tacto firme de un largo bastoncillo de algod\u00f3n introduci\u00e9ndose brevemente en la zona para recoger la muestra. El contraste de texturas me hizo apretar los dientes. Acto seguido, Marta tom\u00f3 varias gasas est\u00e9riles y, con movimientos firmes, circulares y concienzudos, comenz\u00f3 a limpiar el exceso de gel lubricante que goteaba por mi piel. La presi\u00f3n de la enfermera para dejar la zona impecable prolongaba mi exposici\u00f3n, oblig\u00e1ndome a mantener los gl\u00fateos elevados ante los ojos fascinados de Indhira.<\/p>\n<p>\u2014Hemos terminado, Javier. Puedes bajarte de la camilla \u2014anunci\u00f3 la ur\u00f3loga, d\u00e1ndose la vuelta para desechar sus guantes en el contenedor biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Al incorporarme y apoyar los pies en el suelo, la situaci\u00f3n alcanz\u00f3 su punto \u00e1lgido de timidez. Lejos de amansarse, la estimulaci\u00f3n prolongada de la pr\u00f3stata unida al morbo psicol\u00f3gico absoluto de la escena provocaron que mi cuerpo reaccionara de forma radical: mi miembro estaba m\u00e1s erecto, r\u00edgido y apuntando hacia arriba que nunca en toda la tarde. Camin\u00e9 hacia la silla con las piernas ligeramente abiertas, intentando ocultar en vano mi estado mientras me limpiaba los restos de gel y comenzaba a ponerme la ropa a toda prisa.<\/p>\n<p>La doctora se sent\u00f3 de nuevo tras su escritorio. Mientras yo me abrochaba la camisa de espaldas, Indhira se acerc\u00f3 a la mesa, metiendo de nuevo sus pies en las chanclas de forma descuidada. Sus mejillas segu\u00edan encendidas.<\/p>\n<p>\u2014F\u00edsicamente, Javier est\u00e1 perfecto \u2014explic\u00f3 la doctora en tono anal\u00edtico\u2014. No hay varicocele, la pr\u00f3stata es sana y la respuesta vascular que acabo de presenciar demuestra que no hay un problema de riego. Su problema en el coito es puramente psicol\u00f3gico: ansiedad de ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>En ese momento, aprovechando que yo estaba concentrado pele\u00e1ndome con los botones de los pantalones, la doctora Valenzuela se inclin\u00f3 hacia adelante. Clav\u00f3 sus ojos imponentes en Indhira y, bajando la voz a un susurro confidencial y autoritario, le dio ciertas instrucciones en secreto:<\/p>\n<p>\u2014Tu novio responde de manera excelente a la dominaci\u00f3n, la exposici\u00f3n y el control, Indhira. Lo he visto en su pulso y en su anatom\u00eda. Si quer\u00e9is solucionar vuestros problemas en la cama, esta noche en casa toma t\u00fa el control absoluto. Ord\u00e9nale, exponlo y hazlo esperar. No dejes que tome la iniciativa. Esa es mi prescripci\u00f3n m\u00e9dica.<\/p>\n<p>Indhira asinti\u00f3 despacio, con una sonrisa felina dibuj\u00e1ndose en sus labios mientras devoraba con la mirada el secreto compartido con la ur\u00f3loga.<\/p>\n<p>El viaje de vuelta en el coche era un hervidero de tensi\u00f3n. Ninguno de los dos hablaba, pero el habit\u00e1culo estaba cargado del mismo morbo que hab\u00edamos dejado en la consulta. Yo conduc\u00eda con la vista fija en la carretera, a\u00fan abrumado por la humillaci\u00f3n y el placer involuntario de la camilla. Indhira iba a mi lado, con una pierna cruzada, balanceando su chancla de manera r\u00edtmica, letal.<\/p>\n<p>De repente, al pasar junto a un camino vecinal rodeado de \u00e1rboles, apartado de la carretera principal y completamente solitario, Indhira rompi\u00f3 el silencio con una voz que no admit\u00eda r\u00e9plicas.<\/p>\n<p>\u2014Javi, para el coche ah\u00ed. Ahora mismo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9? Pero si ya casi estamos en ca&#8230;<\/p>\n<p>\u2014He dicho que pares, Javi. En la zona de sombra, bajo esos \u00e1rboles \u2014interrumpi\u00f3 ella, mir\u00e1ndome con una fijeza y una autoridad que nunca antes le hab\u00eda visto. Era exactamente la misma energ\u00eda imponente que la doctora Valenzuela hab\u00eda desplegado en la consulta.<\/p>\n<p>Gir\u00e9 el volante y detuve el motor en mitad de la absoluta tranquilidad del paraje solitario. El silencio nos envolvi\u00f3. Me gir\u00e9 para mirarla, con el coraz\u00f3n lati\u00e9ndome con fuerza en la garganta.<\/p>\n<p>Indhira no esper\u00f3. Se desabroch\u00f3 el cintur\u00f3n, se quit\u00f3 las chanclas y se sent\u00f3 a horcajadas sobre mis muslos, acorral\u00e1ndome contra el asiento del conductor. Su respiraci\u00f3n era caliente y r\u00e1pida contra mi cuello.<\/p>\n<p>\u2014La doctora me ha dado una receta muy espec\u00edfica para tu problema, Javi \u2014susurr\u00f3 en mi o\u00eddo, mientras sus manos bajaban decididas hacia la cremallera de mi pantal\u00f3n, buscando la erecci\u00f3n que a\u00fan no hab\u00eda deca\u00eddo\u2014. Y vamos a empezar a cumplirla ahora mismo. No te vas a mover, no vas a tocarme y vas a hacer exactamente todo lo que yo te ordene.<\/p>\n<p>El motor se detuvo y el crujido de las ramas bajo las ruedas dio paso a un silencio absoluto. Indhira me mir\u00f3 fijamente, con los ojos encendidos por una determinaci\u00f3n que dejaba claro que el control de la situaci\u00f3n ya no me pertenec\u00eda. La influencia de la doctora Valenzuela flotaba en el aire del habit\u00e1culo.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00edtatelo todo, Javi. Abre la puerta y sal del coche \u2014orden\u00f3 con una voz baja, firme y pausada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAqu\u00ed? \u2014pregunt\u00e9, mirando de reojo las copas de los \u00e1rboles y el sendero desierto\u2014. Indhira, cualquiera podr\u00eda pasar al lado nuestro.<\/p>\n<p>\u2014Es una orden. Sal. Desnudo \u2014repiti\u00f3, sin pesta\u00f1ear.<\/p>\n<p>El choque de adrenalina y morbo me recorri\u00f3 el cuerpo. Abr\u00ed la puerta del conductor y baj\u00e9 al camino de tierra. El aire fresco de la tarde golpe\u00f3 mi piel completamente desnuda, intensificando la sensibilidad de cada cent\u00edmetro de mi cuerpo, que segu\u00eda en un estado de erecci\u00f3n imponente. Salir al exterior en esas condiciones, sabiendo el riesgo de ser visto, multiplicaba por mil la vulnerabilidad que hab\u00eda sentido en la camilla de la consulta.<\/p>\n<p>Indhira se gir\u00f3 hacia el asiento trasero y cogi\u00f3 una manta de viaje gruesa. Sali\u00f3 del coche descalza, dejando caer sus chanclas en la alfombrilla. Con movimientos lentos y calculados, extendi\u00f3 la manta sobre el suelo de tierra y hojas secas, a la sombra de los \u00e1rboles. Justo despu\u00e9s, fijando sus ojos en los m\u00edos, comenz\u00f3 a desvestirse. Se quit\u00f3 la camiseta, el sujetador y los pantalones con una parsimonia exasperante, dej\u00e1ndome contemplar su silueta bajo la luz filtrada del bosque.<\/p>\n<p>Cuando qued\u00f3 completamente desnuda sobre la manta, se arrodill\u00f3 en el centro. Su piel contrastaba con el tejido oscuro. Me mir\u00f3 desde abajo, pero con una autoridad absoluta en el rostro.<\/p>\n<p>\u2014Ac\u00e9rcate \u2014me indic\u00f3, se\u00f1alando el espacio frente a ella\u2014. Antes de que hagamos nada, vas a hacerme exactamente lo mismo que me hiciste aquella noche en la playa de Fuerteventura. \u00bfTe acuerdas?<\/p>\n<p>Un escalofr\u00edo me recorri\u00f3 la espalda al recordar aquella noche bajo las estrellas de las Canarias. El sonido del mar, la arena fina y el viento c\u00e1lido. Aquella vez, la iniciativa hab\u00eda sido m\u00eda, pero ahora las tornas hab\u00edan cambiado: era ella quien me exig\u00eda ese recuerdo como una orden directa, utilizando mi propia memoria para someterme a su placer.<\/p>\n<p>\u2014Me acuerdo perfectamente \u2014respond\u00ed con la garganta seca, arrodill\u00e1ndome frente a ella en los l\u00edmites de la manta.<\/p>\n<p>\u2014Pues empieza \u2014sentenci\u00f3, echando la cabeza hacia atr\u00e1s y entrelazando las manos detr\u00e1s de su nuca, exponiendo su cuerpo por completo\u2014. No te dejes ni un solo mil\u00edmetro. Hazlo exactamente igual.<\/p>\n<p>Me acerqu\u00e9 lentamente, sintiendo el aroma de su piel mezclado con el olor a pino y tierra h\u00fameda. Comenc\u00e9 inclin\u00e1ndome hacia su cuello, recorriendo con la punta de la lengua la l\u00ednea de su clav\u00edcula mientras mis manos, a\u00fan temblorosas por la tensi\u00f3n de la consulta, delineaban sus caderas con suavidad. Indhira solt\u00f3 un gemido ahogado al sentir mi boca descendiendo hacia sus pechos. El recuerdo de Fuerteventura reviv\u00eda en mitad de aquel bosque solitario, pero esta vez con la urgencia y el morbo acumulados de una tarde de exposici\u00f3n absoluta. Su cuerpo se arque\u00f3 hacia el m\u00edo, buscando el calor de mi piel desnuda, mientras el riesgo de la intemperie dictaba el ritmo de cada una de nuestras respiraciones.<\/p>\n<p>Mis labios segu\u00edan descendiendo por su vientre, recreando cent\u00edmetro a cent\u00edmetro aquella noche en la playa, cuando un sonido n\u00edtido rompi\u00f3 la calma del bosque. El crujido seco de una rama rota y el roce de unas pisadas sobre la hojarasca resonaron a unos pocos metros, ocultos tras la maleza del camino forestal.<\/p>\n<p>Nos quedamos congelados un instante. Mi coraz\u00f3n dio un vuelco salvaje. Est\u00e1bamos en mitad de la naturaleza, completamente desnudos sobre una manta, expuestos a que cualquier senderista o guardabosques nos descubriera en pleno acto. Mir\u00e9 a Indhira a los ojos, esperando ver p\u00e1nico o la orden de salir corriendo hacia el coche.<\/p>\n<p>Sin embargo, lo que vi en sus pupilas dilatadas fue pura gasolina. La idea de ser observados, combinada con la adrenalina acumulada desde la consulta de la doctora, actu\u00f3 como el detonante definitivo. Lejos de asustarse, la respiraci\u00f3n de Indhira se volvi\u00f3 ca\u00f3tica, profunda y cargada de una lascivia incontrolable.<\/p>\n<p>\u2014No pares \u2014me orden\u00f3 en un susurro ardiente, con una urgencia que nunca antes le hab\u00eda escuchado\u2014. Hazlo ya, Javi. Ahora mismo. Y dame duro.<\/p>\n<p>El miedo a ser descubiertos desat\u00f3 una fuerza arrolladora en los dos. Indhira me agarr\u00f3 por los hombros con una fuerza sorprendente y me tir\u00f3 hacia atr\u00e1s, tumb\u00e1ndome bocarriba sobre la manta. Se coloc\u00f3 a horcajadas sobre m\u00ed con una velocidad felina. Su mirada era salvaje, desafiante hacia el bosque y posesiva conmigo. Se guio con las manos y, de un solo movimiento firme y descendiente, se entreg\u00f3 por completo a mi erecci\u00f3n, que se encontraba en su punto de m\u00e1xima rigidez.<\/p>\n<p>Un gemido un\u00edsono y sordo escap\u00f3 de nuestras gargantas, ahogado por el viento entre las copas de los \u00e1rboles. La conexi\u00f3n fue el\u00e9ctrica, perfecta. El problema de mantenimiento de la erecci\u00f3n se hab\u00eda disuelto por completo bajo el peso del morbo absoluto y el peligro real.<\/p>\n<p>Indhira comenz\u00f3 a moverse sobre m\u00ed con un ritmo fren\u00e9tico, salvaje e implacable, aplicando al pie de la letra la prescripci\u00f3n de dominaci\u00f3n de la ur\u00f3loga. Sus caderas sub\u00edan y bajaban sin darnos tregua, mientras yo me aferraba a su cintura, sintiendo el sudor de su piel y la velocidad de sus embestidas. Cada crujido lejano de las hojas del bosque, cada sombra que se mov\u00eda a lo lejos, no hac\u00eda m\u00e1s que acelerar nuestras pulsaciones, empuj\u00e1ndonos hacia el l\u00edmite.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n psicol\u00f3gica de la camilla, las manos de l\u00e1tex de la doctora, el viaje en silencio y el riesgo inminente de la intemperie colisionaron en un cl\u00edmax \u00e9pico. Indhira arque\u00f3 la espalda, apretando sus m\u00fasculos p\u00e9lvicos con una intensidad descomunal mientras ara\u00f1aba mis hombros. Yo perd\u00ed el control por completo; el est\u00edmulo era demasiado puro, demasiado intenso. Con un \u00faltimo movimiento sincronizado y violento, ambos alcanzamos un orgasmo explosivo y demoledor bajo el cielo abierto, liberando toda la energ\u00eda contenida de la ma\u00f1ana en un espasmo largo y compartido.<\/p>\n<p>Nos dejamos caer el uno sobre el otro, exhaustos, con el pecho agitado y los corazones latiendo desbocados contra las costillas. El bosque volvi\u00f3 a quedar en silencio, roto solo por nuestras respiraciones entrecortadas. Nos miramos, c\u00f3mplices de una locura que hab\u00eda empezado en una fr\u00eda sala m\u00e9dica y hab\u00eda terminado de la forma m\u00e1s salvaje posible.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_67009\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"67009\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" =0 title=\"\"><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>La tensi\u00f3n psicol\u00f3gica de la camilla, las manos de l\u00e1tex de la doctora, el viaje en silencio y el riesgo inminente de la intemperie colisionaron en un cl\u00edmax \u00e9pico. Indhira arque\u00f3 la espalda, apretando sus m\u00fasculos p\u00e9lvicos con una intensidad descomunal mientras ara\u00f1aba mis hombros. Yo perd\u00ed el control por completo; el est\u00edmulo era demasiado puro, demasiado intenso. Con un<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_67009\" class=\"pvc_stats total_only  \" data-element-id=\"67009\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon medium\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":20456,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[6],"tags":[],"class_list":["post-67009","post","type-post","status-publish","format-standard","category-dominacion"],"a3_pvc":{"activated":true,"total_views":185,"today_views":185},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67009","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20456"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=67009"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67009\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":67010,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67009\/revisions\/67010"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=67009"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=67009"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=67009"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}